Llorando por esos mundos

Soy llorona. Lo confieso sin pudor. Me conmueve hasta una hormiga coja. Cosas de la vida. Supongo que por eso he derramado muchas lágrimas por esos mundos de dios. A veces me han emocionado paisajes memorables,  de esos que cortan la respiración y te hacen pensar que aún estás en la cama. En otras ocasiones, las personas  que habitaban esos lugares han sido la inspiración  de esos “hips, hips” épicos. Como quiera que sea, ahí van algunas de mis llantinas geográficas más imponentes. Que conste que hay unas cuantas más pero no quiero aburrirles demasiado con mis sollozos viajeros.

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Santa María Novella (Florencia) Fotografía de Noemi Martin

  1. Florencia: descubrí el famoso “síndrome de Stendhal” en el viaje del Instituto. Iba paseando alborotada por las calles de la ciudad toscana -circunstancia normal cuando tienes  diecisiete años y estás con tus amigos-  cuando me tropecé con la Iglesia de Santa María Novella en una esquina.  No pude evitarlo y me entró un telele de los grandes. El corazón a mil y alucinando con tanta belleza. Lagrimones por doquier y la cara de póquer de  mis compañeros. He repetido la visita a Florencia en dos ocasiones más y en las dos, el mismo “parraque”. Quién sabe si en otra vida me hinché a pasta y pizza.
  1. San Gimignano: seguimos en Italia. Fue en alguna revista de viajes que descubrí este pueblecito medieval rodeado de murallas y viñedos. Estaba entre mis visitas pendientes desde hacía mucho tiempo. Hace unos meses pude conocerlo y no me decepcionó en absoluto. No sé si fue el vino que me había tomado momentos antes o la emoción atrapada en la garganta. Lo cierto es que al cruzar la  Puerta de San Giovanni con la maleta en la mano, llovía a mares entre mis pestañas.
  1. Puente de Brooklyn: atravesar el puente que une Nueva York con Brooklyn al anochecer es una experiencia memorable. Si lo haces un once de septiembre después de visitar la” Zona Cero”, tu corazoncito seguro que toca en la puerta.
  1. Auschwitz: Sobran las palabras. Recorrer el mayor campo de exterminio nazi de la historia, deja sin aliento hasta al alma más áspera. Bello y terrible.
  1. Santiago de Chile: en esta ocasión las lágrimas fueron de alegría. Y de la buena. Conocer a mi amiga Paula tras más de una década de amistad cibernética hizo que me enamorara de esta ciudad encantadora y  de sus maravillosos habitantes.
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Perito Moreno. Fotografía de Noemi Martin

  1. Perito Moreno: en plena Patagonia, una masa de hielo blanca y brillante se cuela en tus neuronas. El guía había avisado: esta es la “curva de los suspiros”. Al doblarla y descubrir uno de los glaciares más hermoso del planeta, es inevitable ponerse las gafas de sol y romper a llorar en silencio.
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El Faro del Fin del Mundo. Fotografía de Noemi Martin

  1. El Faro del Fin del Mundo: también en Argentina, perdido en un islote frente a las costas de Ushuaia, este pequeño y tímido faro deslumbra por su sencillez rotunda. Rodeado de focas y aves emerge del mar y hace temblar tus cimientos.
  1. Tokio: en la capital nipona lloré de cansancio después de veinte jornadas maratonianas sin apenas poder dormir. Pero sobre todo lloré con discreción el último día cuando nos despedimos de Ikuko Yamasaki. Mi primo y yo hicimos “couchsurfing” en su casa (en términos coloquiales quedarse de gorra donde te dejen) y cuando nos acompañó al metro rumbo al aeropuerto nos dijo adiós con un abrazo muy fuerte: una acción inesperada para el carácter japonés, poco dispuesto a mostrar afectos de manera tan evidente.
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Prisión de Alcatraz. San Francisco. Fotografía de Noemi Martin

  1. San Francisco: Sales cansadísima del avión y unos policías con cara de “pit bull” te retienen durante más de dos horas sin dar explicaciones. Al final te dejan ir con la cabeza gacha y después un agente hispano te cuenta que hay una fugitiva con tu nombre. Sí, también se llora un poquito de nervios y alivio cuando llegas sana y salva al hotel.
  1. Hollywood: Paseo de la fama. Entre las dos mil estrellas que lo pueblan, encuentro la de Michael Jackson. Me paro en seco, hago el “moonwalk”, canto “Thriller” y, por supuesto, me emociono hasta las trancas.
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Gran Barrera de Coral (Australia) Fotografía de Noemi Martin

  1. Gran Barrera de Coral (Australia): sobrevolar en avioneta el mayor arrecife turquesa del planeta tiene miga. Sin gluten, por favor.  La mezcla de colores nubla los sentidos. Una experiencia deslumbradora que hay que tener antes de que el calentamiento global la haga imposible.
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Desayuno con vistas impagables en Cienfuegos (Cuba) Fotografía de Noemi Martin

  1. Cienfuegos (Cuba): Una ciudad preciosa y una habitación en una casita familiar junto al Caribe auténtico por treinta euros el día. Doña Dora, una cubana con muchos años que contaba historias reales mientras disfrutabas de los mejores desayunos del mundo en el embarcadero.  ¿Cómo no despedirse de ella y de su hogar con un abrazo cálido y lagrimitas en los ojos?
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Festival de Eurovisión 2016 en Estocolmo. Fotografía de la eurofan Noemi Martin

  1. Estocolmo: En esta ciudad he llorado dos veces. La primera de frío. Ocho grados bajo cero no se llevan demasiado bien,  más cuando vienes de Canarias y se te ha ocurrido pasar la mañana en Skansen, un museo con animales al aire libre. Menos mal que el vino caliente especiado tiene efectos inmediatos cuando se toman un par de vasos seguidos. La segunda, en el  festival de Eurovisión hace unos meses. Ese himno televisivo de todos conocido, esas banderas alborotadas y esa “eurofan” dando rienda suelta a sus emociones sin cortarse un pelo. El resultado: rímel emborronado y unos cuantos kleenex  arrugados  en el bolsillo.

Hasta aquí un resumen de mis llantos más sonados. Mientras ideo una segunda entrega, te reto a que, como yo,  hagas memoria viajera. Seguro que tú también has llorado alguna vez por esos mundos. ¿Lo recuerdas?

BSO Llorar y llorar de Vicente Fernández

© 2016 Noemi Martin. Todos los derechos reservados.

 

Menú degustación de la trufa en Crowne Plaza Barcelona

La tuber melanosporum o trufa negra o trufa de Périgord desde tiempo inmemorable ha sido objeto de deseo. Se la cita en la Biblia donde se la definía como “manzanas del amor”, y las diferentes culturas egipcias, griegas y romanas disfrutaron de sus aromas. Galeno le atribuyó propiedades afrodisiacas y Brillat-Savarin en su brillante Filosofía del gusto reafirmó esta convicción popular en la Meditación VI, obviamente gastronómica. Y así hasta nuestros tiempos cibernéticos actuales.

Los principales productores de trufas son Francia, España e Italia. Dentro de España las principales especies que crecen son la trufa de verano (Tuber aestivum vitt), trufa de otoño negra (Tuber brumale) y la apreciada trufa negra. Las mayores zonas truferas naturales en nuestro país se encuentran en El Maestrazgo, entre las provincias de Castellón y Teruel, creciendo en terrenos calizos permeables, de textura franca y con algo de pendiente, junto a árboles truferos (principalmente las encinas) ya que este apreciado hongo se forma en simbiosis con ellos. En Catalunya se encuentran entre las estribaciones pirienaicas y la cordillera costera catalana.

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Tostadas con diferentes tipos de trufas. Crowne Plaza Barcelona. Fotografía de José María Toro

Este tesoro está escondido a unos 20 centímetros debajo de tierra. Los recolectores, aunque reconozcan ciertas pistas irrefutables, finalmente necesitan la ayuda de perros adiestrados capaces de detectar sus inconfundibles aromas. De la dificultad en su localización y su alta cotización en los mercados gastronómicos le ha valido el sobrenombre de diamante negro.

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Trufita de foie-gras y crocante con mango. Tostada de foie con micro-mesclum, piñones y trufa. Crowne Plaza Barcelona. Fotografía de José María Toro

El “Menú degustación de la Trufa” del Hotel Crowne Plaza Barcelona nos acerca este manjar, que es todo aroma en su momento justo de maduración, y que combinado sabiamente con otros alimentos nos regala sensaciones nuevas. A cargo de Pau Santamaría, hijo del malogrado y siempre recordado chef Santi Santamaría, se puede disfrutar hasta el próximo 24 de Marzo de 2016 en el restaurante El Mall situado en el interior de las instalaciones del hotel.

Platos degustados:

Aperitivos de trufita de foie-gras y crocante con mango y sublime tostada de foie con micro-mesclum, piñones y trufa. Todo soberbiamente armonizado con Aire de L’Origan Cava Brut Nature, con el fin de provocar que las burbujas hagan salir los aromas de la tierra.

Entrante: Patata nature, huevo poché y trufa con brou de gallina. Acompañado del mismo cava.

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Rollitos de lenguado con crema de ostras trufadas y hortalizas crujientes. Crowne Plaza Barcelona. Fotografía de José María Toro

Degustación de un elegante arroz cremoso con calçots, cecina y láminas de trufa melanosporum. Casado con una copa de Lágrima Rosado de Navarra.

Rollitos de lenguado con crema de ostras trufadas y hortalizas crujientes. Ennoviado con una copa de Scala Dei, un Priorat elaborado con uva garnacha.

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Braseado de solomillo con contrastes y salsa Perigordina. Crowne Plaza Barcelona. Fotografía de José María Toro

Braseado de solomillo con contrastes y salsa Perigordina y el camaleónico Scala Dei anterior.

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Chou Crumble y crema de caramelo. Crowne Plaza Barcelona. Fotografía de José María Toro

Espectacular postre Chou Crumble y crema de caramelo combinado con Masía Estela Dolç Natural Solera, de l’Empordà.

Crowne Plaza Barcelona Fira Center de Avda. Rius i Taulet, 1-3 de Barcelona 08004, está situado estratégicamente junto al recinto ferial de Fira de Barcelona, en la falda de la montaña de Montjuïc, muy cerca del popular barrio del Poble Sec y también del centro de la ciudad.

Fuentes: “Enciclopedia del Gourmet” de Juan Muñoz Ramos y “Fisiología del gusto” de J.A. Brillat-Savarin

© 2016 José María Toro. Todos los derechos reservados

 

Le Bouchon by Giuseppe (Mercer Hoteles Barcelona)

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Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

El Barri Gótic de Barcelona es un distrito urbano de excepción cargado de historia que ya es historia (valga la redundancia), que guarda celosamente rincones inigualables, con iglesias y edificios civiles de un pasado glorioso entre sus calles laberínticas y estrechas, con nombres que evocan un ayer memorable, de monjes guerreros como el Carrer dels Templers (Calle de los Templarios), de un pasado judío como el Carrer del Call, el paso de la Inquisición como lo recuerda el escudo del Museu Marés del Carrer dels Comtes y que pasa muchas veces desapercibido, o calles que evocan el martirio sufrido por los primeros cristianos defendiendo su fe como la Baixada de Santa Eulalia. Es en esta barriada, entre vestigios de la antigüedad que asoman por doquier, donde se alza Mercer Hotel Barcelona en un edificio felizmente recuperado por el prestigioso e internacionalmente conocido arquitecto Rafael Moneo, que ha sabido integrar como nadie restos de las antiguas fortificaciones romanas con una estructura de estilo gótico y recuperando sabiamente frescos originales en una de sus salas, para convertir este hotel en una experiencia única e inigualable para sus huéspedes.

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Le Bouchon by Giuseppe Iannotti. Mercer Hoteles Barcelona

Sólo en este marco incomparable con personalidad que brilla con luz propia, podía integrarse la cocina del chef Giuseppe Iannoti, natural de Telese Terme y dónde tiene su restaurante Krèsios, en la italiana provincia de Benevento. Un cocinero que ha venido para quedarse y fusionar su cocina con la autóctona. Lo suyo por los fogones es de una vocación precoz, desde los 6 años. Los avatares de la vida le llevó a graduarse en Ingeniería Informática lo cual le ha añadido un conocimiento transversal a su particular manera de entender la cocina, como él la define basada en la “búsqueda, la inspiración, la imaginación y la espontaneidad” Premiado con el galardón de “Giovanne dell’anno” by l’Espresso y el “Premio vent’anni” de San Pellegrino. Está considerado como uno de los Jóvenes Restauradores de Europa. Además está condecorado desde el 2013 con una estrella Michelin. Ha tansportado su aplaudida y reconocida cocina moderna, con toques clásicos pero elegantes, desde la Campania hasta la ciudad de Barcino. Un guiño de la historia. Desde comienzos del 2016 gestiona toda la restauración de este emblemático hotel boutique 5 estrellas.

Un primer acercamiento a su cocina más desenfadada y casual es en Le Bouchon by Giuseppe, dónde sus raíces italianas enraizan con la nuestra más popular de tapas o lo que vienen siendo platos pequeños, creando una simbiosis muy enriquecedora. Con entrada directa desde el hotel o desde la calle, abierta a todo el mundo hospedados o no, tras su gran portón de madera de unos 3 metros de altura y que da paso a un espacio diáfano y amplio, de techos altos, con grandes vigas de madera que se apoyan en anchas paredes construidas con grandes piedras. Suelo de madera que le da calidez contrastanto con los fríos pedruscos, una iluminación tenue, mesas de madera alternan con las de mármol blanco, aunque mi preferida es la alargada que invita a compartir con desconocidos turistas de paso, y por supuesto para grupos. De una estética reversionada y reconvertida de los antiguos bares de barrio que abundan por toda la ciudad Condal. Su insinuante colección colorista de sifones que convidan a parar y hacer el vermut previo a la comida, con ristras de ajos y tomates de penjar (colgar) a la vista para pedir irreflenamente ese pan con tomate tan sabroso y tan nuestro. No pasan desapercibidas las 3 simpáticas cabezas de toro, cuál trofeos, un cartel de una corrida taurina benéfica del mítico gran espada José Tomás o los espejos de la pared con la descripción de los platos principales escritas a mano con rotulador blanco especial para vidrio con ese caligrafía tan peculiar, anárquica pero bonita a la vez, que nos recuerda un tiempo pretérito en el cual las horas pasaban más lentamente que ahora, con bonitos mensajes que nos dibujan sonrisas como “con vergüenza ni se come ni se almuerza” o  expresiones muy catalanas como “a la taula i al llit al primer crit” (a la mesa y a la cama al primer aviso)

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Chips de patatas cortadas a mano acompañado de sus salsas ketchup, mayonesa y barbacoa. En Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

Platos degustados:

Deliciosos chips de patata cortadas a mano acompañado de sus salsas ketchup, mayonesa y de barbacoa.

Vitello tonnato cocinado a baja temperatura relleno de huevo duro con alcaparras y atún en aceite.

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Hamburguesa de vaca vieja y de sepia. En Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

Divertida hamburguesa de sepia con lechuga cortada en juliana, mayonesa, ajo y cítricos. Pan negro elaborado con la propia tinta de la sepia.

Sabrosa hamburguesa de vaca vieja acompañada de cebolla, bacon, queso, champiñones, mostaza, ricotta y eneldo. Cocinada a 40ºC para no perder los jugos de la carne.

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Gnocchis de patata, tomates y almejas. En Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

Vibrantes gnocchis de patata, tomate y almejas.

Un plato clásico y memorable, que además es la especialidad del chef Giuseppe Iannotti, son las albóndigas en ragú con carne de cerdo y ternera, elaborando su salsa con 3 tipos de tomate. Para mojar pan sin ningún remordimiento, hasta dejar el plato bien rebañado. Un pan que merece mención especial por su calidad y por estar preparado con levadura madre con más de 75 años de existencia.

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Albóndigas en ragú. En Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

La parte dulce recoge la más pura tradición del sur del país de la bota como el babá al ron con crema y amarena.

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Babà al ron. Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

El clásico e imperdible tiramisú con melindros al café, crumbles de cacao, crema inglesa, sifón de mascarpone con una textura etérea y café en polvo.

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Tiramisú. Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

Pastiera, un pastel típico napolitano, preparado con ricotta, crema inglesa de vainilla, y aromas cítricos de naranja y limón para conseguir un postre ligero y refrescante.

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Pastiera napolitana. Le Bouchon by Giuseppe. Mercer Hoteles Barcelona.

Para acompañar los postres con un chupito de Il Liquore Strega, infusionado con aproximadamente 70 hierbas y especias provenientes de todos el mundo, según una antigua y secreta receta de tradición familiar. Ligero sabor amargo para contrastar con el dulce.

Menú business los mediodías a 25 euros. Precio medio 25-30 euros.

Mercer Hoteles Barcelona Carrer dels Lledó, 7 08002 Barcelona Tel. 933 107 480

 © 2016 José María Toro. Todos los derechos reservados

 

 

 

 

 

 

 

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