La periodista y escritora Elisabeth G. Iborra es la profesional que hay detrás de La Sumillera de la Carne y la primera española titulada como sommelier de carne por la Universidad de Buenos Aires. Desde su diplomatura ha alternado España y Argentina, y este octubre vuelve a España tras encadenar los eventos del ciclo Carne y vino con Finca Bandini y Marmoleo.app.

¿Qué es exactamente un sumiller de carne y por qué no existía esta figura en España?
Un sumiller de carne es el equivalente al sumiller de vinos, pero especializado en el universo cárnico. De cara al consumidor, analiza características organolépticas de diferentes carnes, escoge razas y calidades, asesora sobre cortes óptimos, diseña experiencias, evalúa procesos de maduración y recomienda técnicas y puntos de cocción idóneos. Y, sobre todo, ayuda a que los restaurantes escojan y comuniquen mejor sus carnes para que los clientes puedan apreciar su valor.
En Argentina esta profesión se formalizó en 2019, pero en España aún no tenemos esta especialización reconocida, a pesar de que tenemos grandes profesionales en el sector. El problema es que se sigue tratando la carne como un producto básico, cuando en realidad requiere conocimientos técnicos para sacarle el mejor partido, en homenaje al animal. No es de recibo recocer una chuleta de vaca sin la costra de la reacción de Maillard; cualquier corte que se precie necesita un protocolo de cocción y servicio tan cuidado como un gran vino.
¿Por qué decidiste ir hasta Buenos Aires para formarte?
Porque Argentina es la Harvard de la carne mundial. Allí la sumillería cárnica se enseña con rigor académico en la Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Veterinaria, algo que en España me encantaría replicar en un futuro cercano.
Para ser sincera, me lié la manta a la cabeza porque, después de 25 años escribiendo sobre viajes, vinos y gastronomía, vi que necesitaba esta formación oficial para comunicar mejor de cara al consumidor y para poder ayudar de verdad a restaurantes y productores a conectar con sus clientes.
España tiene razas autóctonas extraordinarias como la lurra vasca, la rubia gallega o sus bueyes, por poner algunos ejemplos que son verdaderas joyas, pero nos falta poner en valor nuestra cultura técnica ancestral a nivel mundial. ¡Aún leo en redes que España tiene malas carnes y me pongo enferma!
¿Cuáles son las principales diferencias entre la cultura cárnica argentina y la española?
Son dos filosofías completamente diferentes. Argentina se centra en la técnica del asado, que es religión, con sus cortes típicos: chorizos, mollejas, chinchulines, entraña, vacío, tira de asado y colita de cuadril. Fíjate que su parrilla contiene, sobre todo, vacuno. Y en su consumo diario, compran carne fresca alimentada a grano porque priorizan la terneza, y los animales alimentados a pasto y más grandes les parecen demasiado intensos y duros. No lo son necesariamente, y seguro que ganan más terneza con la maduración, pero esta tendencia es muy minoritaria allí.
España, en cambio, tiene una barbacoa más diversa donde caben cerdo, cordero y distintos cortes de la res. Aquí criamos los animales en extensivo, alimentados a pasto durante más años, con terminación a grano en intensivo durante los últimos 90 días, obteniendo así ejemplares más grandes con piezas más contundentes en el plato. De hecho, lo habitual en nuestros restaurantes cárnicos es la vaca vieja madurada de distintas razas, por no hablar de nuestros bueyes con largas maduraciones para los paladares más avanzados.
Tu libro Especialista en carnes en 24 horas, que publica Planeta Gastro en enero de 2027, ya está en proceso de ilustración. ¿Cómo va a cambiar la forma en que los españoles entienden la carne?
Lo que pretendo con este libro, como con todos los anteriores, es democratizar conocimientos que hasta ahora solo tenían unos pocos expertos y estaban muy desperdigados. Yo he ido entrevistando a muchos de ellos en Europa e Hispanoamérica para mi podcast y, junto a las conferencias a las que he asistido durante dos décadas, los artículos que he escrito sobre carnes y las clases de sumillería de la UBA, he recopilado material para lanzar esta enciclopedia cárnica para todos los públicos.
Lo he concentrado en 24 capítulos de la forma más divulgativa y amena posible, para que cualquier persona pueda pasar de ser un consumidor básico a un «meatlover honorífico» que entiende desde la historia evolutiva de nuestro consumo de carne hasta los principios básicos del carnívoro consciente y del bienestar animal.
¿Qué errores cometen habitualmente los consumidores con la carne?
La mayoría de los expertos coinciden conmigo en que el principal error está en el punto de cocción, porque cada corte tiene su punto perfecto para mayor disfrute de sus cualidades y no todo se puede cocinar igual. La carne muy hecha pierde los jugos y toda la gracia.
También me sabe fatal que la gente se haya acostumbrado a comprar carne envasada en el supermercado, que lleva muchos aditivos y conservantes, en lugar de aprovechar la sabiduría del carnicero. En la carnicería tradicional puedes preguntar por cortes buenos y baratos, y que te recomienden el método de cocción ideal para sacarle el mejor provecho.
Además, entre otras cosas, explico por qué sacar la carne de la nevera 30–60 minutos antes de cocinarla, cómo interpretar el marmoleado de un wagyu, o por qué ciertos vinos potencian molecularmente los sabores de determinados cortes. Todo con base científica, pero con un lenguaje accesible.
Te graduaste en Buenos Aires en octubre de 2025, pero no te quedaste allí. ¿Qué hiciste en España antes de volver a instalarte en Argentina?
Volví a España en noviembre de 2025 y estuve hasta junio de este año. Hice catas como la de la longaniza de Graus o en el restaurante Birolla, en Zaragoza; preparé varios reportajes para El suplemento Gourmets de El Periódico y Etheria Magazine sobre los mejores restaurantes de carnes de España; entrevisté a muchos de los mejores chefs y parrilleros españoles que están entre los 100 best steak houses, y participé como ponente en varias ferias como HIP (Horeca Professional Expo), Charcutexpo y Meat & Fire con presentaciones de libros y cata de carnes guiada.
¿Y qué has estado haciendo en Argentina desde junio?
Desde que volví en junio, he guiado las degustaciones del ciclo Carne y vino con la bodega Finca Bandini y creado con mi socia, la sommelier May López Lapenna, nuestros propios Eventos Connect para Marmoleo.app, con las entradas agotadas en varios de ellos. Y ya tenemos más ciclos planificados para la primavera y el verano por toda Argentina. Es impresionante la acogida que están teniendo estas propuestas de degustaciones entre los argentinos, e incluso los chilenos; mientras que en España parece que los restauradores no ven el partido que le podrían sacar, no solo para hacer acciones distintas, sino para fidelizar a un público que quizás todavía no les conoce.
¿Entonces para qué vuelves a España?
Bueno, aparte de ver a mis seres queridos, no voy a dejar de intentar difundir la cultura cárnica en mi país. Regreso solamente un mes y diez días entre octubre y noviembre. Ya estoy gestionando degustaciones de carnes con vinos en restaurantes y hoteles de lujo; y me han invitado a dar una cata para profesionales en el BCN Gastronomic Forum y a participar como jurado del Campeonato de parrilleros de Okelan. Ya en enero de 2027 sale con Planeta Gastro mi libro Especialista en carne en 24 horas, así que tendré que volver.
Formas parte de varias redes internacionales de parrilleros y sumilleres de carne. ¿Por qué estás impulsando también una asociación en España?
Soy miembro de la Asociación Argentina de Sommeliers de Carne y del consejo consultivo internacional de la Asociación de Asadores y Parrilleros. Y conjuntamente estamos registrando ya la Asociación Española de Sumilleres de Carne, para que los alumnos de las formaciones oficiales puedan certificarse profesionalmente.
Por otro lado, estás implementando servicios de consultoría y asesoría cárnica. ¿En qué consisten?
Por un lado, asesoría a restaurantes para optimizar sus cartas cárnicas: contacto con proveedores, rediseño de menús, capacitación de equipos y protocolos de servicio. Algunos estudios apuntan a que un restaurante que implementa estrategias de sumillería cárnica puede incrementar su ticket medio hasta en un 30–40 %.
Por otro lado, estoy ayudando a restaurantes, parrillas, asadores y empresas cárnicas a comunicar su carne de forma que conecte con sus clientes potenciales, de forma que aumente la percepción de valor, aumente el ticket medio y tengan mejores reseñas y, por tanto, más retorno e incluso afiliados.
Y puedo ofrecer capacitación para los comerciales de la industria cárnica: desde ganaderos que quieren posicionar mejor su carne, hasta cadenas de distribución que buscan diferenciarse necesita que sus comerciales profundicen en su conocimiento porque la trazabilidad y la comunicación del valor añadido son claves para vender más y mejor.
¿Crees que España está preparada para esta innovación?
Más que preparada, necesita desesperadamente formación reglada. En Europa en general, tenemos las mejores materias primas del mundo, pero las estamos infrautilizando. Países como Japón han sabido posicionar su wagyu como producto de lujo mundial, mientras nosotros seguimos vendiendo la mayoría de nuestras razas como si fueran un producto normalito. Tenemos 39 razas autóctonas reconocidas por el Ministerio y casi nadie lo sabe, por tanto, no se compran y entran en peligro de extinción porque a los ganaderos no les sale rentable mantenerlas.
La buena noticia es que el consumidor español cada vez está más educado y dispuesto a pagar por experiencias gastronómicas únicas, por eso creo que los restaurantes que incorporen la figura del sumiller de carne van a tener una ventaja competitiva enorme. Y los que no, se quedarán atrás. Por eso también quiero llegar a un convenio con una universidad española para formar a más profesionales y no ser la única diplomada.
¿Algún mensaje final para los lectores?
Creo que ser carnívoro en el siglo XXI implica también ser consciente. Sin bienestar animal, no hay carne de calidad.
Cuando escogemos una carne, tenemos que tener en cuenta que un animal que vive sin estrés, además de ser lo éticamente correcto, produce una carne de mejor calidad. El estrés genera hormonas que deterioran la textura y el sabor, así que no nos conviene a ninguno.
Es más, contrariamente a lo que nos intentan vender, la ganadería orgánica y regenerativa bien gestionada puede ser parte de la solución ambiental: una hectárea con pastoreo racional secuestra más carbono del que libera el animal durante toda su vida.
Mi recomendación es simple: elige calidad sobre cantidad, apoya a productores que respetan al animal y al entorno, y disfruta sin culpa sabiendo que tu decisión es informada. El futuro no pasa por eliminar la carne, sino por producirla y consumirla de manera más inteligente y respetuosa.
Más información en marmoleo.app · www.elisabethgiborra.com · www.iborraandcom.agency

































































