Taller de Gin-tonic Premium 5th Gin en El Petit Celler de Barcelona.

Recien­te­mente se cele­bró en El Petit Celler de Barcelona un mag­ní­fi­co y didác­ti­co taller de Gin-ton­ic Pre­mi­um con el elen­co de gine­brar 5th Gin del grupo Destil.leries del Maresme Brands magis­tral­mente impar­tido por Jor­di Boada.
Ame­nas expli­ca­ciones teóri­c­as sobre el nove­doso sis­tema de elab­o­ración que pasa por 3 des­ti­la­ciones y que se infu­siona con botáni­cos y fru­tas has­ta obten­er orig­i­nales y lla­ma­tivos col­ores y sabores para seguir a con­tin­uación con la degustación de las 4 gine­bras disponibles en el mer­ca­do de esta mar­ca de Arenys de Munt. Los nom­bres elegi­dos para cada una de ellas son todo un guiño a los 4 ele­men­tos bási­cos de la naturaleza.
La flo­ral 5th Water, de col­or azul turque­sa bril­lante e hip­no­ti­zante. Aro­mas her­báceos y espe­ci­a­dos. Muy agrad­able en boca que recuer­da a las notas flo­rales, dom­i­nan­do el ene­bro y el corian­dro. Para acom­pañar con un tar­tar de pesca­do o carne y ahumados.
La golosa 5th Fire, indi­ca­da para todos los que rehúyen del acen­tu­a­do sabor amar­go. De mag­néti­co col­or rosa, aro­mas en nar­iz a fru­tas del bosque, fre­sa y grosel­la, con ret­ro­gus­to amar­go de ene­bro. Para armo­nizar con unos bom­bones o inclu­so con un hojal­dre de fru­tas del bosque obviamente.
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Fotografía de Alvaro Quintana

La cítri­ca 5th Earth, para los incondi­cionales del limón. De un col­or amar­il­lo inten­so, que ya nos pre­dispone a pen­sar en los aro­mas que esconde. En boca la acidez dom­i­na con un ret­ro­gus­to de man­da­ri­na dulce. Para mari­dar con frit­uras de pesca­do para que la acidez nos limpie la boca tras cada sorbo.

La 5th Air o gine­bra base, es una Lon­don dry gin muy pura a par­tir de la cual se elab­o­ra toda la gama. Es la más neu­tra pero a la vez la que da más juego. De col­or trans­par­ente y ribetes pla­ta, en nar­iz aro­mas de ene­bro y en boca es suave con algu­na nota amar­ga. Per­fec­ta para casar con comi­da japone­sa y marisco cocido.

Los pre­cios de esta gama de gine­bra, de ele­gante dis­eño, gira en torno a los 20 euros.

BSO Fad­ed el tema del noruego Alan Walk­er can­ta­do por la frágil voz de Ise­lim Solheim.

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La botella original de color ámbar de Pilsner Urquell

Pil­sner Urquell, orig­i­nar­ia de Pilsen en la región checa de Bohemia, puede decir con orgul­lo que es la primera cerveza tipo Pil­sner de la his­to­ria. La rec­eta orig­i­nal de 1842 ‑for­mu­la­da por primera vez por Josef Groll en la cerve­cería Pilsen’s Burgess Brew­ery-  se ha man­tenido intac­ta en los más de 170 años de exis­ten­cia. De gran pop­u­lar­i­dad mundi­al des­de sus ini­cios, sólo ha esta­do inter­rumpi­do su ful­gu­rante éxi­to por las tene­brosas épocas de las Guer­ras Mundi­ales y pos­te­ri­or­mente por la sor­didez de un blo­queo políti­co, rena­cien­do en los últi­mos tiem­pos como ave Fénix para situ­arse en el lugar que le cor­re­sponde y por enci­ma de modas pasajeras.

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Cerveza Pil­sner Urquell en su botel­la orig­i­nal de col­or ámbar.

Los com­po­nentes bási­cos de esta cerveza rubia que le dan per­son­al­i­dad propia son por un lado el agua suave uti­liza­da para su elab­o­ración que hace que no per­sista el amar­gor car­ac­terís­ti­co de esta bebi­da. En segun­do lugar el aro­ma flo­ral del lúpu­lo noble denom­i­na­do Saaz que le da col­or amar­il­lo, respon­s­able a su vez de la cal­i­dad y abun­dan­cia de la espuma, y tam­bién del sabor refres­cante y amar­go. El ter­cer pun­to es el inten­so sabor a mal­ta por el uso de la mac­eración en la decoc­ción. Y por últi­mo, el uso de levaduras de fer­mentación a baja tem­per­atu­ra medi­ante la uti­lización de este tipo de hon­go unicelu­lar de tipo lager, alma­ce­nan­do pos­te­ri­or­mente el pro­duc­to en los sub­ter­rá­neos (lagern) donde una tem­per­atu­ra fres­ca y estable va madu­ran­do la cerveza poco a poco.

Esta más que cen­te­nar­ia cerve­cera da una vuelta a su ori­gen arte­sanal, recu­peran­do los envas­es de col­or ámbar del ini­cio, porque evi­tan alteraciones de su con­tenido provo­cadas por la luz y tam­bién se cam­bia el dis­eño de la eti­que­ta en línea con los mar­betes usa­dos durante todo este tiem­po. Todo un guiño de retorno a los ini­cios que no ha pasa­do desapercibido por sus con­sum­i­dores habit­uales y fieles seguidores de la mar­ca que val­o­ran en gran man­era esa hon­esti­dad de la cerve­cera checa.

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Vino para dos. Capítulo 14

Lo admi­to. Después de pro­tag­oni­zar la esce­na con Julia me sien­to ago­ta­da, vacía. La Con­de­sa Zales­ka, hija del Conde Drácu­la, me ha vam­p­i­riza­do en una sola toma. Quiero estar en casa, en mi cama, en mi espa­cio. Nece­si­to tum­barme al sol, ahuyen­tar a los ánge­les oscuros que me ron­dan y dejar de son­reír para Jai un instante.

Respiro. Días sur­re­al­is­tas y sen­timien­tos encon­tra­dos al doblar la esquina del alma. Empiezo a ser con­sciente de donde me encuen­tro. Tam­bién sigo arran­can­do los péta­los de mi esquizofréni­ca mar­gari­ta men­tal. ¿Espero a Jai o aban­dono el tablero de aje­drez? Los relo­jes blan­d­os de Dalí se der­riten en mi pecho. Salto del blan­co al negro en locu­ra transitoria.

Reconoz­co que durante esta huí­da frenéti­ca me he sen­ti­do valiosa. Es lo que tiene trans­for­marse en el oscuro obje­to de deseo –tal vez claro- de un hom­bre al que idol­a­tras. Cuan­do Jai me mira me sien­to bel­la. Cuan­do me escucha, inteligente. Me encan­ta tropezarme con sus ojos asom­bra­dos y su den­tadu­ra bril­lante al aten­der cualquiera de mis ocur­ren­cias. Y que se ría. Y que me revuel­va el cabel­lo pen­san­do que estoy loca. Las his­to­rias que conoce mi famil­ia y he con­ta­do mil veces a mis ami­gos, son nuevas para él. Los vinos, los sabores, los aro­mas com­par­tidos, los lugares que pisamos…El sexo cada noche. La vida se vuelve un vesti­do a estre­nar y eso me gus­ta después de acu­mu­lar tan­ta ropa sucia en mi corazón-lavadora.

Sin embar­go, a pesar de todo, en muchos momen­tos me des­cubro como el tra­je largo de fin de año que acabará sucio tras bailar toda la noche. Con que­maduras de cig­a­r­ro, con las lente­jue­las rodan­do por el sue­lo y guarda­do en el armario has­ta la próx­i­ma ocasión. Si la hay. Aho­ra que estoy sola me sien­to así. Sé que sue­na extraño pero son demasi­adas emo­ciones con­den­sadas en tan poco tiem­po. Y me estoy ahogan­do aquí, en una nube, jun­to al muelle de San Francisco.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Miro a mi alrede­dor y por fin me deci­do. Las fotos de Jai con Julia por todos los rin­cones del salón me provo­can, me pin­chan. Maldita polaroid. Com­praré los bil­letes para largarme a Tener­ife lo antes posi­ble. Si Jai resuelve sus con­flic­tos famil­iares, vuelve a la Isla y quiere verme, allí estaré:  esperán­dole para com­par­tir océanos y acroba­cias. Si pre­fiere quedarse con su her­mana y los tacones “Empire State” de Julia, regre­saré a mi vida de siem­pre e inten­taré encon­trar a alguien nor­mal. Si es que existe alguien nor­mal en este plan­e­ta delirante.

Después de unos min­u­tos con­cen­tra­da, local­i­zo un bil­lete para mañana a las tres de la tarde. Lo ten­dré en mis manos antes de que Jai vuel­va del hos­pi­tal, así no podrá con­vencerme para me quede unos días en la ciu­dad. No sé como estará Clau­dia pero aho­ra sólo puedo pen­sar en mí. El peón retro­cede y regre­sa a la casil­la de sal­i­da. No hay vuelta atrás. Le doy al botón de reser­var, pon­go el número de mi  pas­aporte, la tar­je­ta de crédi­to y el mail. Correo recibido en déci­mas de segun­do. En unas horas estaré volan­do: jet lag sobre jet lag, éxo­do y exilio.

Con el pasaje com­pra­do me meto en la bañera. Chet Bak­er me fro­ta la espal­da y me susurra “Every­thing depends on you”: todo depende de ti. Sue­na su trompe­ta. Heroí­na en mis venas. Cojo un bote con gel de vainil­la y canela y me lleno de espuma has­ta la pun­ta de las ore­jas. Luego me doy cuen­ta de que el jabón debe ser de Julia porque es el olor que impreg­na  el  aparta­men­to. Sin pen­sar­lo, agar­ro con fuerza el man­go de la ducha y me desin­fec­to con agua hirvien­do a pre­sión.  Me arde la piel. Es el ras­tro escar­la­ta de la reina rubia.

Me pon­go los vaque­ros y mi abri­go azul mari­no para bajar a la calle. Jun­to al edi­fi­cio hay una cafetería veg­ana mod­er­na y lumi­nosa: “Love in the sea”. Me tomo un té con leche de soja y un car­rot cake. Al fon­do, el local tiene una pequeña tien­da con ropa étni­ca y bisutería de pla­ta: el típi­co espa­cio hip­py-chic. Me prue­bo un vesti­do de seda col­or bur­deos con aire japonés,  ajus­ta­do has­ta la rodil­la con aber­turas lat­erales. Esta hecho para mí. Se pega a mi cuer­po como si for­mara parte de mi piel pero es ele­gante y sutil. Creo que es lo mejor que puedo encon­trar para nues­tra des­pe­di­da esta noche, al fin y al cabo me he com­por­ta­do como una especie de geisha des­de que nos conoci­mos. Jun­to con el vesti­do me lle­vo un par de zap­atos, un pan­talón negro, dos camise­tas blan­cas, un col­lar de lapis­lázuli y un abri­go de paño. Luego cru­zo la acera y entro en una corsetería. Arra­so con el escaparate. No sé para qué.

Subo de nue­vo al aparta­men­to, después de pasear un rato jun­to al embar­cadero. Me pesa el cuer­po como si hubiera subido cin­co kilos del golpe. Dejo las bol­sas en un rincón y me tomo la ter­cera copa de vino de la tarde. Mien­tras la últi­ma gota roza mi gar­gan­ta, defi­no mi últi­ma juga­da en el tablero. Cuan­do ven­ga Jai le pre­gun­taré si me quiere. Sin vueltas, sin reco­dos. Nece­si­to saber­lo antes de irme.

BSO: Every­thing depens on you de Chet Baker

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Vino para dos. Capítulo 13

Cin­co segun­dos de silen­cio. Escán­er mutuo.

Ella con un vesti­do negro ajus­ta­do y tacones “Empire State”. Labios rojos, cabel­lo rubio per­fec­to y bol­so de Chanel: por­ta­da del “Vogue”.

Yo lucien­do una man­ta de cuadros esco­ce­ses adereza­da con una camise­ta de Jai, cal­cetines de deporte y pelo revuel­to. Restos de crois­sant en la comisura de los labios: papel de per­iódi­co arrugado.

Mien­tras las miradas se cruzan en asalto de sables, en mi cabeza sue­na la ban­da sono­ra de Vér­ti­go. Pura intu­ición. Aplau­sos, por favor. Nece­si­to alien­to para pro­tag­oni­zar esta escena.

-¿Y tú quién eres? Tienes una pin­ta hor­ri­ble, me dice Julia.

Inglés amer­i­cano, caí­da de pes­tañas. Des­dén agre­si­vo y cara de repul­sión. Los idiomas no son mi fuerte pero puedo enten­der­la perfectamente.

-Soy una ami­ga de Jai. ¿Quién eres tú?.

Lo sé, por supuesto. Pero en este instante saco mi osadía a flote. Nor­mal­mente habi­ta dormi­da en lo más pro­fun­do de mi océano par­tic­u­lar pero en casos extremos sale a la super­fi­cie a modo de salvavidas.

Ella me mira orgul­losa, despec­ti­va, humil­lante, fría, sober­bia y todo el saco de sinón­i­mos del dic­cionario: “No sé qué haces aquí, niña. I´m his wife”. Esto últi­mo tam­bién puedo tra­ducir­lo inmedi­ata­mente: “Soy su esposa”.

De repente un tablero de aje­drez se cuela en mi cabeza. Fog­o­na­zos en blan­co y negro. Julia se erige en la reina. Yo soy un sim­ple peón. El rey, en el hos­pi­tal, vis­i­tan­do al cabal­lo des­bo­ca­do. No pien­so jugar la par­ti­da. Como una torre de marfil me ele­vo alti­va: ‑Sí, lo eres.  Pero, por lo que me han con­ta­do, sólo has­ta que Jai arregle los pape­les del divor­cio. Por cier­to, cuan­do bajes las escaleras, ten cuida­do con los tacones. No te vayas a torcer un tobil­lo, querida.

Cier­ro la puer­ta de golpe. Imag­i­no a Scar­lett O’Hara  en  “Lo que el vien­to se llevó” hacien­do lo mis­mo. Por primera vez en mi vida me sien­to una autén­ti­ca diva del celu­loide y me río. Estoy tem­b­lan­do. Luego me aso­mo por la mir­il­la. La reina del Vogue saca su telé­fono rosa y hace una lla­ma­da que no recibe respues­ta. Después otra y otra. Está unos min­u­tos ron­dan­do mi madriguera y al final se mar­cha. Ella y su cara de odio. Como una loba enferma.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Reflex­iono sobre mi inter­pretación y camino has­ta la coci­na sil­ban­do. Me sir­vo una copa de vino cal­i­for­ni­ano de la botel­la que había abier­to Jai y eli­jo a Nina Simone para brindar con ella en este momen­to de éxta­sis supre­mo. Sue­na en mi móvil “The oth­er woman”: La otra mujer. Soy inmen­sa­mente feliz durante unos segundos.

Al ter­mi­nar la can­ción, descen­so a toda veloci­dad en mi mon­taña rusa emo­cional. Loop­ing sin cin­turón de seguri­dad y rompo a llo­rar estru­en­dosa­mente. No sé que estoy hacien­do en San Fran­cis­co con un tipo que ni siquiera me ha dicho “te quiero”. Tal vez es pron­to pero lo nece­si­to. Me estoy volvien­do loca, supongo.

Las lágri­mas res­bal­an por mi ros­tro y caen sobre la man­ta. Gotas gigantes post-adren­a­li­na. Me sien­to sola y empiezo a pen­sar si volver a Tener­ife sería una opción mejor que esper­ar a que Jai Ack­er­man resuel­va su vida y deci­da si for­mo parte de ella. Ten­go miedo de que me haya men­ti­do. Me ater­ror­iza hundirme en el mar.

En ese momen­to recuer­do los viernes en los que acud­ía sin fal­ta a nue­stro restau­rante jun­to al Atlán­ti­co para ver­le cenar des­de la dis­tan­cia. Me sen­tía sat­is­fecha sim­ple­mente con obser­var al actor descono­ci­do con su copa en la mano. Aho­ra he per­di­do la noción del tiem­po y la per­spec­ti­va. ¿Qué estoy hacien­do en esta casa en medio de todos estos per­son­ajes extraños?

Sigue con­mi­go Nina Simone: inten­sa y vul­ner­a­ble. Cojo el telé­fono y empiezo a mirar vue­los de vuelta a España. Quizá pue­da regre­sar aho­ra mis­mo a casa.

BSO:  The oth­er woman de Nina Simone

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Un hotelito con alma

Érase una vez una her­mosa casa seño­r­i­al canaria del siglo XVIII que con el paso de los años se con­vir­tió en un hotelito rur­al cáli­do y apaci­ble lla­ma­do “Hotel Emblemáti­co San Marcos”

Situ­a­do en el pre­cioso munici­pio de Icod de los Vinos, al norte de Tener­ife, la casita con­ta­ba con seis habita­ciones, a cual más bel­la, que recibía a via­jeros de todo el mun­do dis­puestos a dis­fru­tar de un alo­jamien­to con per­son­al­i­dad úni­ca. Las habita­ciones, con extra­or­di­nar­ios techos de madera, esta­ban dec­o­radas con mimo para que sus moradores pudier­an des­cansar en un entorno rela­jante y espe­cial. Al abrir las ven­tanas, podían divis­arse paisajes verdes y oír a los gal­li­tos can­tar al amanecer. Salas de lec­tura con exce­lentes pin­turas y un del­i­ca­do patio inte­ri­or ador­na­do con flo­res com­pleta­ban el pequeño paraí­so icodense.

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Hotel Emblemáti­co San Macos. Fotografía de Noe­mi Martin

Los desayunos en la casa se servían en una cómo­da estancia cono­ci­da como  “La Bode­gui­ta”. Eran sen­cil­los pero com­ple­tos, ide­ales para empezar el día con áni­mo y ganas de recor­rer la Isla. Fru­ta fres­ca, embu­ti­dos, huevos, pan, biz­co­chos, zumo, yogurt  y café recién hecho ‑pri­morosa­mente servi­dos- des­perta­ban al via­jero, tras la cal­ma de la noche en las calles contiguas.

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Hotel Emblemáti­co San Mar­cos. Fotografía de Noe­mi Martin

Cer­ca del Hotel, regen­ta­do por gente amable y son­ri­ente, los lugareños pasea­ban felices al amparo del Dra­go Mile­nario, un árbol anciano y mági­co a cuya san­gre se atribuían propiedades cura­ti­vas y alrede­dor del cual gira­ban numerosas leyen­das.  Además, el pueblo con­ta­ba con encan­ta­do­ras plazas e  igle­sias y una gru­ta vol­cáni­ca lla­ma­da “La Cue­va del Vien­to” que mar­avil­l­a­ba a todos los visitantes.

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Hotel Emblemáti­co San Mar­cos. Fotografía de Noe­mi Martin

Lo mejor de esta breve his­to­ria sin rematar es que ‑aunque pudiera pare­cer­lo- no for­ma parte de la fan­tasía de una soñado­ra incor­reg­i­ble sino que es una real­i­dad adorable de la que podrás dis­fru­tar cuan­do te apetez­ca. El Hotel Emblemáti­co San Mar­cos existe, tiene alma propia, y te espera risueño en el tran­qui­lo munici­pio de Icod de los Vinos.

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Hotel Emblemáti­co San Mar­cos. Fotografía de Noe­mi Martin

Si lo vis­i­tas, te pare­cerá estar inmer­so en el esce­nario de un col­ori­do cuen­to canario. Retro­ced­erás en el tiem­po mien­tras tus pies suben los pel­daños de madera de la escalera inte­ri­or para lle­gar a tu estancia. Estoy segu­ra de que será inolvid­able escribir el final de este rela­to con tu expe­ri­en­cia que, además, podrás rematar proban­do los deli­ciosos cal­dos de la zona.

El norte de la Isla de Tener­ife tiene un encan­to espe­cial y este hotelito guar­da su esen­cia entre sus pare­des de piedra. Un gran des­cubrim­ien­to que me apetecía com­par­tir con todos los ami­gos hedonistas.

Hotel Emblemáti­co San Mar­cos C/ Hér­cules, 11 Icod de los Vinos 38430. San­ta Cruz de Tener­ife. España. Tel. 922 816 509

BSO de este post Las transeúntes de Jorge Drexler

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Vino para dos. Capítulo 12

Esta­mos al otro lado del mun­do y el frío del Oeste irrumpe en mis hue­sos al bajar por la esca­ler­il­la del avión. Noto como cru­jen mis rodil­las mien­tras la real­i­dad me toca en el hom­bro: ¿Estás ahí,  pequeña Ana?

Recor­ro el aerop­uer­to con el equipa­je de mano que hice en Tener­ife diez días atrás, cuan­do cené por primera vez en casa de Jai. Menos de dos sem­anas que pare­cen media vida con­cen­tra­da en unos sor­bos de Petrus.

Después de pasar los con­troles de seguri­dad, tomamos un taxi al aparta­men­to. Jai le da la direc­ción al con­duc­tor con voz tem­blorosa: 238 Cer­vantes Boule­vard, en el bar­rio de Mari­na. Sor­pren­den­te­mente las llaves siem­pre via­jan con él, en su bol­sil­lo, atadas con un lazo de seda verde, aunque haga dos años que no pise San Fran­cis­co.

Jai está nervioso y ape­nas habla durante el trayec­to. Sólo apri­eta mi mano de cuan­do en cuan­do. El hom­bre seco y duro con la mandíbu­la de Gre­go­ry Peck tiene la mira­da húme­da y líneas mar­cadas alrede­dor de los ojos. Podrían ser las horas de avión pero me con­fiesa que está angus­ti­a­do e inqui­eto. Julia no le ha dado demasi­a­dos detalles sobre el esta­do de salud de su her­mana pero ha sido como si la lla­ma­da hubiera bor­ra­do el pasa­do y sus rece­los de un pluma­zo. Jai tenía que estar con ella en este momen­to. Lo tuvo claro en el primer segun­do. Su madre había muer­to hacía cin­co años y a su padras­tro y padre de Clau­dia lo imag­i­na en su bode­ga de Napa, al mar­gen de todo, como siempre.

Son las cin­co de la tarde y el taxi nos deja en el aparta­men­to. Hora del té, tiem­po del tú. Miro a mi alrede­dor y vuel­vo a sen­tirme en una pelícu­la. Esta vez soy espec­ta­do­ra, no pro­tag­o­nista. ¿Adiv­ina quién viene a cenar esta noche? Así es mi vida en los últi­mos tiem­pos. De plató en plató. De cine en cine. Hoy toca Vér­ti­go.

El edi­fi­cio es un pequeño e inmac­u­la­do bloque de tres plan­tas jun­to al antiguo puer­to pes­quero de la ciu­dad. Puedo oír el mar. El azul, como la músi­ca y el vino, siem­pre nos acom­paña. Esta vez se pre­sen­ta en for­ma de Pací­fi­co pen­e­trante y potente. Al abrir la puer­ta, el espa­cio, mod­er­no y enorme, huele a vainil­la y canela. Parece imposi­ble que allí no viva nadie des­de hace meses. Debe ser el ras­tro de Julia impreg­na­do en cada grieta.

Dejamos las male­tas en la puer­ta y pasamos al salón. Jai inten­ta dis­im­u­lar la emo­ción. Yo espero en la esquina jun­to a un sofá rojo, inca­paz de sen­tarme. Con­tem­p­lo la esce­na. Veo a un hom­bre-niño en su primer día de guardería: per­di­do, escu­d­riñán­do­lo todo con sus ojos carame­lo. Un David de Miguel Angel asus­ta­do. La cara B de un vini­lo a la deriva.

Jai me lla­ma y vamos a la coci­na con la bol­sa de paste­les que hemos com­pra­do en el aerop­uer­to. Desa­parece y vuelve con una botel­la de vino.

-Aún siguen ahí, me dice. Me ale­gro de que no se las hayan bebido todas.

Inten­to no mirar demasi­a­do los detalles que me rodean. Hay fotos famil­iares por todos lados. Jai coge una que está  pega­da en la nev­era: él en medio de dos mujeres que se repiten en los por­tar­retratos que he vis­to de refilón, a cual más bella.

-Son ellas, me cuen­ta. Yo asien­to y por las descrip­ciones cin­e­matográ­fi­cas que me ha dado pre­vi­a­mente, puedo dis­tin­guir­las per­fec­ta­mente. Julia es la rubia ele­gante y sen­su­al con vesti­do cor­to y esco­ta­do. Su her­mana Clau­dia, la more­na del­ga­da con los ojos de Jai y cha­que­ta de cuero negra.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Tomamos una copa de vino cal­i­for­ni­ano con unos pequeños crois­sants france­ses, mien­tras sue­na  John Coltrane en el tocadis­co del salón. Curiosa merien­da para apaciguar el jet lag y la ansiedad de Jai. La mía está aparca­da, encer­ra­da en el segun­do piso de mi cere­bro, como si esto no fuera con­mi­go. Aho­ra for­mo parte del públi­co. Los guion­istas me han deja­do fuera por un momento.

Después de nues­tra atípi­ca hora del té, Jai se va direc­to a la ducha.  Mien­tras, yo me que­do en el sofá oyen­do músi­ca y leyen­do una revista de moda en inglés. Ten­dré que pon­erme al día. Estoy hecha un desas­tre. Levan­to la vista unos segun­dos y asumo que me encuen­tro en una casa llena de fantasmas.

El pro­tag­o­nista de mi his­to­ria aparece a los diez min­u­tos.  Está impeca­ble, sobrio y más atrac­ti­vo que nun­ca: camisa azul mari­na y abri­go gris en la mano. Per­fume a madera y ámbar. Vaque­ros y mira­da enig­máti­ca. Voz de locu­tor de radio: ‑me voy al hos­pi­tal a ver a Clau­dia. Si te apetece, date un baño. Y si quieres, en lo que vuel­vo, puedes pasear por la zona y com­prar algo de ropa. Imag­i­no que todas tus camise­tas, como las mías, tienen que ir direc­tas a la lavado­ra. Inten­taré no tar­dar demasiado.

Jai me da un beso en los labios y una copia de las llaves del aparta­men­to con una J que cuel­ga de una argol­la dora­da. Intuyo que pertenece a Julia. Cier­ra la puer­ta y me que­do sola. Sigo repasan­do la revista para no mirar demasi­a­do a mi alrede­dor. Le doy al off a mi curiosi­dad. Al final me que­do dormi­da unos instantes.

De repente me despier­ta el tim­bre de la puer­ta. Supon­go que es Jai que se ha olvi­da­do algo. No pien­so. Estoy aún en modo avión. Cru­zo el salón envuelta en la man­ta de cuadros del sofá y voy direc­ta a la puer­ta de la entra­da. Cuan­do la abro me encuen­tro con Julia y sus ojos fero­ces de frente.

BSO: In a sen­ti­men­tal mood de John Coltrane.

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Le Bouchon by Giuseppe (Mercer Hoteles Barcelona)

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Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

El Bar­ri Gótic de Barcelona es un dis­tri­to urbano de excep­ción car­ga­do de his­to­ria que ya es his­to­ria (val­ga la redun­dan­cia), que guar­da celosa­mente rin­cones inigual­ables, con igle­sias y edi­fi­cios civiles de un pasa­do glo­rioso entre sus calles laberín­ti­cas y estre­chas, con nom­bres que evo­can un ayer mem­o­rable, de mon­jes guer­reros como el Car­rer dels Tem­plers (Calle de los Tem­plar­ios), de un pasa­do judío como el Car­rer del Call, el paso de la Inquisi­ción como lo recuer­da el escu­do del Museu Marés del Car­rer dels Comtes y que pasa muchas veces desapercibido, o calles que evo­can el mar­tirio sufri­do por los primeros cris­tianos defen­di­en­do su fe como la Baix­a­da de San­ta Eulalia. Es en esta bar­ri­a­da, entre ves­ti­gios de la antigüedad que aso­man por doquier, donde se alza Mer­cer Hotel Barcelona en un edi­fi­cio feliz­mente recu­per­a­do por el pres­ti­gioso e inter­na­cional­mente cono­ci­do arqui­tec­to Rafael Mon­eo, que ha sabido inte­grar como nadie restos de las antiguas for­ti­fi­ca­ciones romanas con una estruc­tura de esti­lo góti­co y recu­peran­do sabi­a­mente fres­cos orig­i­nales en una de sus salas, para con­ver­tir este hotel en una expe­ri­en­cia úni­ca e inigual­able para sus huéspedes.

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Le Bou­chon by Giuseppe Ian­not­ti. Mer­cer Hote­les Barcelona

Sólo en este mar­co incom­pa­ra­ble con per­son­al­i­dad que bril­la con luz propia, podía inte­grarse la coci­na del chef Giuseppe Ian­noti, nat­ur­al de Telese Terme y dónde tiene su restau­rante Krè­sios, en la ital­iana provin­cia de Ben­even­to. Un cocinero que ha venido para quedarse y fusion­ar su coci­na con la autóc­tona. Lo suyo por los fogones es de una vocación pre­coz, des­de los 6 años. Los avatares de la vida le llevó a grad­uarse en Inge­niería Infor­máti­ca lo cual le ha aña­di­do un conocimien­to trans­ver­sal a su par­tic­u­lar man­era de enten­der la coci­na, como él la define basa­da en la “búsque­da, la inspiración, la imag­i­nación y la espon­tanei­dad” Pre­mi­a­do con el galardón de “Gio­vanne del­l’an­no” by l’E­spres­so y el “Pre­mio ven­t’an­ni” de San Pel­le­gri­no. Está con­sid­er­a­do como uno de los Jóvenes Restau­radores de Europa. Además está con­dec­o­ra­do des­de el 2013 con una estrel­la Miche­lin. Ha tans­porta­do su aplau­di­da y recono­ci­da coci­na mod­er­na, con toques clási­cos pero ele­gantes, des­de la Cam­pa­nia has­ta la ciu­dad de Bar­ci­no. Un guiño de la his­to­ria. Des­de comien­zos del 2016 ges­tiona toda la restau­ración de este emblemáti­co hotel bou­tique 5 estrellas.

Un primer acer­camien­to a su coci­na más desen­fada­da y casu­al es en Le Bou­chon by Giuseppe, dónde sus raíces ital­ianas enraizan con la nues­tra más pop­u­lar de tapas o lo que vienen sien­do platos pequeños, cre­an­do una sim­bio­sis muy enrique­ce­do­ra. Con entra­da direc­ta des­de el hotel o des­de la calle, abier­ta a todo el mun­do hospeda­dos o no, tras su gran portón de madera de unos 3 met­ros de altura y que da paso a un espa­cio diá­fano y amplio, de techos altos, con grandes vigas de madera que se apoy­an en anchas pare­des con­stru­idas con grandes piedras. Sue­lo de madera que le da calidez con­trastan­to con los fríos pedr­us­cos, una ilu­mi­nación tenue, mesas de madera alter­nan con las de már­mol blan­co, aunque mi preferi­da es la alarga­da que invi­ta a com­par­tir con descono­ci­dos tur­is­tas de paso, y por supuesto para gru­pos. De una estéti­ca rever­sion­a­da y recon­ver­ti­da de los antigu­os bares de bar­rio que abun­dan por toda la ciu­dad Con­dal. Su insin­u­ante colec­ción col­orista de sifones que con­vi­dan a parar y hac­er el ver­mut pre­vio a la comi­da, con ris­tras de ajos y tomates de pen­jar (col­gar) a la vista para pedir irrefle­na­mente ese pan con tomate tan sabroso y tan nue­stro. No pasan desapercibidas las 3 sim­páti­cas cabezas de toro, cuál tro­feos, un car­tel de una cor­ri­da tau­ri­na bené­fi­ca del míti­co gran espa­da José Tomás o los espe­jos de la pared con la descrip­ción de los platos prin­ci­pales escritas a mano con rotu­lador blan­co espe­cial para vidrio con ese caligrafía tan pecu­liar, anárquica pero boni­ta a la vez, que nos recuer­da un tiem­po pretéri­to en el cual las horas pasa­ban más lenta­mente que aho­ra, con boni­tos men­sajes que nos dibu­jan son­risas como “con vergüen­za ni se come ni se almuerza” o  expre­siones muy cata­lanas como “a la taula i al llit al primer crit” (a la mesa y a la cama al primer aviso)

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Chips de patatas cor­tadas a mano acom­paña­do de sus sal­sas ketchup, may­one­sa y bar­ba­coa. En Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

Platos degus­ta­dos:

Deli­ciosos chips de pata­ta cor­tadas a mano acom­paña­do de sus sal­sas ketchup, may­one­sa y de barbacoa.

Vitel­lo ton­na­to coci­na­do a baja tem­per­atu­ra rel­leno de hue­vo duro con alca­parras y atún en aceite.

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Ham­bur­gue­sa de vaca vie­ja y de sepia. En Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

Diver­ti­da ham­bur­gue­sa de sepia con lechuga cor­ta­da en juliana, may­one­sa, ajo y cítri­cos. Pan negro elab­o­ra­do con la propia tin­ta de la sepia.

Sabrosa ham­bur­gue­sa de vaca vie­ja acom­paña­da de cebol­la, bacon, que­so, champiñones, mostaza, ricot­ta y enel­do. Coci­na­da a 40ºC para no perder los jugos de la carne.

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Gnoc­chis de pata­ta, tomates y alme­jas. En Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

Vibrantes gnoc­chis de pata­ta, tomate y almejas.

Un pla­to clási­co y mem­o­rable, que además es la espe­cial­i­dad del chef Giuseppe Ian­not­ti, son las albóndi­gas en ragú con carne de cer­do y tern­era, elab­o­ran­do su sal­sa con 3 tipos de tomate. Para mojar pan sin ningún remordimien­to, has­ta dejar el pla­to bien rebaña­do. Un pan que merece men­ción espe­cial por su cal­i­dad y por estar prepara­do con levadu­ra madre con más de 75 años de existencia.

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Albóndi­gas en ragú. En Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

La parte dulce recoge la más pura tradi­ción del sur del país de la bota como el babá al ron con cre­ma y amarena.

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Babà al ron. Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

El clási­co e imperdi­ble tiramisú con melin­dros al café, crum­bles de cacao, cre­ma ingle­sa, sifón de mas­car­pone con una tex­tu­ra etérea y café en polvo.

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Tiramisú. Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

Pastiera, un pas­tel típi­co napoli­tano, prepara­do con ricot­ta, cre­ma ingle­sa de vainil­la, y aro­mas cítri­cos de naran­ja y limón para con­seguir un postre ligero y refrescante.

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Pastiera napoli­tana. Le Bou­chon by Giuseppe. Mer­cer Hote­les Barcelona.

Para acom­pañar los postres con un chupi­to de Il Liquore Stre­ga, infu­sion­a­do con aprox­i­mada­mente 70 hier­bas y espe­cias prove­nientes de todos el mun­do, según una antigua y sec­re­ta rec­eta de tradi­ción famil­iar. Ligero sabor amar­go para con­trastar con el dulce.

Menú busi­ness los mediodías a 25 euros. Pre­cio medio 25–30 euros.

Mer­cer Hote­les Barcelona Car­rer dels Lledó, 7 08002 Barcelona Tel. 933 107 480

 © 2016 José María Toro. Todos los dere­chos reservados

 

 

 

 

 

 

 

Va de vida, va de versos…

Vida

Vida que vuela volan­do buena

va cam­i­nan­do subi­en­do cuestas.

Vida que vuela volan­do buena

acari­cian­do y bor­ran­do penas.

 

Vida que vuela de mis amores, dame tu mano de seis colores.

Corre curiosa por calle­jones llenos de flo­res y de canciones.

Vida de azú­car y de limones, vida de vinos y vividores.

Vida vivi­da con mil dolores, vida del cielo de los ratones.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Amor

El amor enam­ora­do es por todos condenado.

El amor cor­re­spon­di­do te tiene siem­pre vendido.

El amor a su man­era es siem­pre fer­oz espera.

Enam­órate de ti y diles “kikirikí”.

 

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Fotografía de Noe­mi Martin

Esper­an­za 

Verde como una man­zana, da saltos como una rana.

Agár­rala de una pata, que esté qui­eta y no se vaya.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Valen­tía

Sigue el camino de cora­zones y no te pares en los rincones.

 

Paz

No está en Alca­traz, esa paz mi paz.

No está tan lejana ni es tan extranjera,

esa paz,  mi paz, es mi prisionera.

 

Sube por mi san­gre, vive en mi cabeza.

Esa paz guer­rera no me deja ilesa.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Amis­tad

Ami­ga, ami­ga­ble, amis­tosa, amiga:

pan calen­ti­to con mantequilla,

vino con que­so, tardes de fiesta,

llo­ra mi ami­ga mien­tras te alejas.

 

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Fotografía de Noe­mi Martin

Ale­gría

Mira que boni­ta y como le que­da el vesti­do mal­va con las azucenas.

Mira su son­risa y esos ojos grandes y ese pelo al vien­to y esos dos volantes.

Mira lo que puedas pero con cuida­do, que no se dé cuen­ta de que estás mirando.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Fe 

Fa, fe, fi, fo,fu:

fe que tienes tú

Fa, fe, fi, fu, fo:

Fe que ten­go yo.

 

Tran­quil­i­dad

No me molesten dice el car­tel que a mí me dieron este hotel.

No me molestes, no seas pesa­do: los cal­z­on­cil­los están lavados.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Ama­bil­i­dad

Pase ust­ed primero dice el caballero a esa her­mosa dama que no es un florero.

Sién­tese tran­quila que yo me levan­to prom­ete el mucha­cho sin ningún espanto.

Le lle­vo la com­pra, le dejo pasar, le agar­ro la puer­ta cuan­do vaya a entrar.

Qué gus­to, qué rico. Me encan­ta esta gente.

Qué bueno, qué suerte. Sed amables siempre.

 

Gen­erosi­dad

No me seas rata, no metas la pata: el ser gen­eroso es el mejor gozo.

Regala son­risas, sal de tu agu­jero, vive ale­gre­mente y abre el monedero.

 

Opti­mis­mo

Todo sal­drá bien. Vivirás cien años. Amor y ale­gría te darán la mano.

La salud de hier­ro; pla­ta en el bol­sil­lo; corazón de oro. ¿Pa qué más, mi niño?

 

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Fotografía de Noe­mi Martin

Leal­tad

Estaré a tu lado decía mi amigo.

Estaré a tu lado, ven­ci­do o hundido.

Sin pier­nas sin bra­zos y has­ta sin cabeza.

Si me nece­si­tas no me iré de fiesta.

 

Agradec­imien­to

Igual que a la luna se lo doy al viento,

por ten­erte cer­ca en todo momento

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Fotografía de Noe­mi Martin

 

Aceptación

Esto es lo que hay. No busques afuera.

Acep­ta la vida. Esa es la manera.

 

BSO Son­ríe de Rosana

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados

Cafè Mandacarú. (Poble Sec) Barcelona

El barcelonés bar­rio del Poble Sec está en con­tin­ua trans­for­ma­ción. De ser un bar­rio dor­mi­to­rio de obreros con una situación priv­i­le­gia­da, por su cer­canía al cen­tro geográ­fi­co de la ciu­dad y tam­bién a uno de los pul­mones verdes de la Ciu­dad Con­dal que es la mon­taña de Mon­tjuïc, ha pasa­do a con­ver­tirse en un vibrante hervidero de nuevas ten­den­cias. Una bar­ri­a­da de calles estre­chas y que aún con­ser­va esa sen­sación de pueblo con sus casas de poca altura y dónde los veci­nos se siguen salu­dan­do por el nom­bre. Los locales de este pop­u­lar dis­tri­to están vivien­do una meta­mor­fo­s­is muy intere­sante a niv­el gas­tronómi­co, de vinos, cul­tur­al y musi­cal como es el caso de Cafè Man­dacarú que une estas 4 ofer­tas muy hedo­nistas en un solo local, y que recoge fiel­mente el ideario de sus fun­dadores. Han crea­do un espa­cio que es un bar à vins, se sir­ven tapas y platil­los veg­e­tar­i­anos, es tam­bién un gin & cock­tail bar y pro­gra­ma reg­u­lar­mente concier­tos de músi­ca en direc­to. Todo este mar­co incom­pa­ra­ble se ha ges­ta­do a par­tir de la enrique­ce­do­ra mez­cla de cul­turas y de intere­ses de sus fun­dadores: la dis­eñado­ra grá­fi­ca brasileña Sheila y el músi­co catalán Cristian.

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Inte­ri­or. Foto gen­tileza de Cafè Mandacarú.

La pared izquier­da de la entra­da es toda una declaración de inten­ciones de amor por la pin­tu­ra, impre­siona porque está total­mente cubier­ta de cuadros hereda­dos del abue­lo del propi­etario y que son copias de grandes pin­tores clási­cos, de temáti­ca reli­giosa, bode­gones y algu­na esce­na cos­tum­brista bur­gue­sa de épocas pretéri­tas muy intere­sante. Un segun­do espa­cio, estráte­gi­ca­mente situ­a­do en el cen­tro del local por su acús­ti­ca, está ocu­pa­do por un fla­mante piano de cola y una tari­ma a modo de esce­nario para concier­tos en vivo de jazz, pop o de sen­su­al músi­ca brasileira, de músi­cos itin­er­antes de primer niv­el con­sagra­dos en los esce­nar­ios inter­na­cionales y nacionales así como tam­bién de jóvenes prome­sas. Final­mente se pasa al come­dor de pare­des desnudas mostran­do sin rubor las piedras orig­i­nales a la vista que le apor­ta mucha nat­u­ral­i­dad  al con­jun­to. Bóvedas de vuelta cata­lana con vigas de madera que le dan calidez. No pasa desapercibi­da la gran puer­ta de madera de aire mod­ernista en una de las pare­des, jun­to con los reco­le­tos rin­cones con sil­lones y la escalera en hier­ro for­ja­do que le otor­gan per­son­al­i­dad y carácter.

El ori­gen del nom­bre del local hace ref­er­en­cia al man­dacarú que es la flor de una especie de cac­tus orig­i­nario de Brasil que habi­ta en zonas desér­ti­cas. Pop­u­lar­mente se cree que al flo­re­cer es pronós­ti­co de llu­via y por tan­to está aso­ci­a­do por simil­i­tud a la fer­til­i­dad y la esper­an­za. Tam­bién es pro­tag­o­nista de la can­ción “O Xote das Meni­nas” del músi­co Luiz Gon­za­ga.

Prac­ti­can una coci­na veg­e­tar­i­ana gourmet, es decir bajo esta premisa gas­tronómi­ca cre­an deli­ciosos platos salud­ables con una cuida­da presentación.

Platos y vinos degustados:

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Due­to de hum­mus de gar­ban­zos y lente­jas. Fotografía gen­tileza de Cafè Mandacarú.

Aper­i­tivos: Bli­n­is con cre­ma de alca­chofas y caviar de tomate. Hum­mus de lente­jas y gar­ban­zos. Cava María Rigol Ordi Reser­va Brut.

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Cro­que­tas de espinacas a la cata­lana y cro­que­tas de 3 que­sos. Fotografía gen­tileza de Cafè Mandacarú

Tapas: Cro­que­tas de espinacas a la cata­lana. Cro­que­tas de 3 que­sos y Boni­atos bravos. Casa­dos con Abadal Picapoll de Bode­gas Abadal.

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Boni­atos bravos. Fotografía gen­tileza de Cafè Mandacarú

Refres­cante tar­tar mediter­rá­neo de tomates a la mostaza, agua­cate, alca­parras y ger­mi­na­dos. Deli­cia de pata­ta con­fi­ta­da y cebol­la carameliza­da al romero con que­so de cabra grati­na­do. Ennovi­a­do con un vino nat­ur­al: La Ger­mana de Cellers Pas­cona. Vino de Pueblo (Montsant) Aro­mas de manzana.

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Tar­ta mediter­rá­neo de tomates a la mostaza, agua­cate, alca­parras y ger­mi­na­dos. Fotografía gen­tileza de Cafè Mandacarú

Para limpiar de sabores: orig­i­nal gaz­pa­cho de remo­lacha, aceite de cilantro y nieve de que­so fresco.

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Canelones de ver­du­ri­tas con bechamel espe­cial del chef. Fotografía gen­tileza de Cafè Mandacarú.

Platil­los: canelones de ver­du­ri­tas con bechamel espe­cial del chef. Espec­tac­u­lar risot­to de oli­vas negras, tomates sec­os y alba­ha­ca. Armo­niza­do con Atrepat. Molí dels Capel­lans. Con­ca de Barberà.

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Esto­fa­do ahu­ma­do de gar­ban­zos con nísca­los (rov­el­lons) Fotografía gen­tileza de Cafè Mandacarú

Vibrante esto­fa­do ahu­ma­do de gar­ban­zos con nísca­los (rov­el­lons) con Nuet. Vall­Dolina. Penedés.

Postre: Pana­cot­ta de cas­tañas con con­fi­tu­ra de boni­atos y naran­jas. Acom­paña­do de Car­ratell Ran­ci del Montsant. Capçanes.

Coci­na abier­ta a par­tir de las 19h. Sába­dos y domin­gos abren tam­bién al mediodía. Menú musi­cal por 37,60 euros. Pro­duc­tos gas­tronómi­cos y enológi­cos de prox­im­i­dad para la creación de platos y para mari­da­jes con los vinos de la car­ta. Intere­sante ofer­ta de cock­tails como after­work, pre­vi­a­mente a la cena, o como primera copa de la noche, elab­o­ra­dos por Cris­t­ian, que pasó un perío­do de apren­diza­je de más de dos años en la cock­tel­ería Gim­let del Born.

Cafè Man­dacarú Car­rer Mag­a­l­hães, 35 Barcelona 08004 telé­fono 93 441 40 17

BSO de este post O Xote das Meni­nas de Luiz Gon­za­ga. No podía ser de otra manera

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Tenerife, Isla hedonista

 

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Tener­ife. Fotografía de Noe­mi Martin

Surgió en medio del Atlán­ti­co para hac­er las deli­cias de los enam­ora­dos del buen vivir. Estoy segu­ra de que es su cometi­do. Si hay una isla en el Plan­e­ta que merece el títu­lo de “Hedo­nista may­or del reino”, sin duda, es ésta des­de donde escribo.

Ser hedo­nista en Tener­ife es muy sen­cil­lo. No es pub­li­ci­dad bara­ta ni pros­elit­ismo isleño. Lo afir­mo con obje­tivi­dad abso­lu­ta porque me encan­ta ser feliz y lle­vo sién­do­lo en este lugar durante cua­tro décadas. Y cada día dis­fru­to más de sus rin­cones sor­pren­dentes y de su mar­co azul.

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Tener­ife. Fotografía de Noe­mi Martin

Ser hedo­nista en Tener­ife es facilísi­mo. No hace fal­ta que te esfuerces: el plac­er y la belleza te rodean. En el mes de febrero aún más. Esta­mos en Car­naval y la gente son­ríe entre lente­jue­las y pelu­cas de col­ores. No impor­ta que hayas pasa­do un mal día, que tu madre esté enfer­ma o tu con­tra­to sea pre­cario. Tam­poco que te haya deja­do tu novio o ten­gas un sarpul­li­do en la cara por hin­charte a choco­late. Para eso está el maquil­la­je y las care­tas. En esta Isla la ale­gría te perseguirá has­ta encon­trarte de frente. No huyas, cobarde.

Ser hedo­nista en Tener­ife está chu­pa­do. Tienes a tu dis­posi­ción un sol esplén­di­do durante casi todos los días del año. Vit­a­m­i­na D por un tubo, aba­jo el dolor de hue­si­tos  y los catar­ros. Puedes tum­barte en una playa de are­na suave cual lagar­to vivi­dor. O darte un baño los fines de sem­ana. O hac­er surf, buceo o vela. Tam­bién sen­tarte en una ter­raci­ta tran­quila a tomar un café o una cerveza mien­tras el astro rey te con­tem­pla y tú le susurras al oído: ¡gra­cias por calen­tarme tan bien, querido!

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Tener­ife. Fotografía de Noe­mi Martin

Ser hedo­nista en Tener­ife es un juego de niños…o de may­ores. ¿A quién no le gus­ta un buen vino? En esta Isla colec­cionamos cal­dos sabrosos y “guach­inch­es” por doquier.  Somos exper­tos en sabore­ar con plac­er una “carne fies­ta” con “una cuar­ta” o un pla­to de que­so de cabra acom­paña­dos de una con­ver­sación ami­ga­ble y una mano en el hom­bro. ¿Y qué me dicen de unas pap­i­tas arru­gadas con mojo y pesca­do salado?

Ser  hedo­nista en Tener­ife es lo más nor­mal del mun­do. Porque puedes res­pi­rar y entu­si­as­marte mien­tras recor­res senderos que bor­dean paisajes increíbles. Porque el cielo está limpio y las estrel­las se dis­tinguen en la noche. Porque un Vol­cán grandioso nos cui­da des­de lo alto, entre un mar de nubes y retamas.

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Tener­ife. Fotografía de Noe­mi Martin

Ser hedo­nista en Tener­ife es muy factible. Teatro, concier­tos de músi­ca clási­ca, jazz o rock, un Audi­to­rio bril­lante a la oril­la del mar, museos,  exposi­ciones de fotografía, fes­ti­vales var­ios y mucha sed de cultura.

Ser hedo­nista en Tener­ife está tira­do. Los canarios somos car­iñosos y cer­canos. No hay may­or plac­er sen­so­r­i­al que recrearse en los rin­cones de esta acuarela gigante,  su gas­tronomía, sus vinos y su miel, recor­rién­dola con un isleño afable.

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Tener­ife. Fotografía de Noe­mi Martin

Así que total­mente con­ven­ci­da de que la ofer­ta,  además de ten­ta­do­ra es real,  lan­zo una invitación al aire: ami­gos hedo­nistas del plan­e­ta Tier­ra (y de otros si se ter­cia), aquí les esperamos.

Sean felices.

BSO de este post Huel­las del can­tau­tor tin­er­feño Pedro Guerra

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