Paradojas de La Habana (Cuba)

 

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La Habana (Cuba) Fotografía de Noe­mi Martin

Gente ale­gre, infe­li­ci­dad. Parado­jas de La Habana: ciu­dad con­traste, ciu­dad con trastos. Espíri­tus que bailan al son de la pena. Cha­ranga entre lágri­mas. Mar­char, quedarse…Mojitos y daiquiris. Leche cor­ta­da y jabón. Jineteras ilustradas y euros. Pesos cubanos, pesos con­vert­ibles que se trans­for­man en arroz y fri­joles. Habana vie­ja: dulce esce­nario que bril­la bajo un sol asfixi­ante.  Habana anciana: sueños der­rum­ba­dos en la noche, bajo la luna y el cañon­a­zo. Andamios que emer­gen como gigantes joroba­dos. Basura en los rin­cones. Dólares y cubal­i­bres. Humo de Cohi­ba y olor a café caliente. Y de fon­do: el cha cha chá, las pitas de los Chevro­let, el dis­cur­so de Fidel…Y más allá, silen­ci­a­do: el tic tac lento de los cora­zones  guer­rilleros. Destier­ro uni­ver­si­tario en una Isla negra y blan­ca.  Aje­drez del Caribe. Dolor entre risas.…

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Fotografía de Noe­mi Martin

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Fotografía de Noe­mi Martin

BSO Habaname por Car­los Valera

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados

 

Feliz Navidad 2015

En esta época que des­ped­i­mos un año y salu­damos al nue­vo que está a la vuelta de la esquina, en ese momen­to ínti­mo de reflex­ión cuan­do la noche de Navi­dad apag­amos las luces, es cuan­do nos ponemos a hac­er bal­ance de lo bueno y malo que decía la can­ción de Mecano, de mirar hacia atrás y son­reír con todo el camino anda­do y de res­pi­rar fuerte para seguir la hoja de ruta pro­gra­ma­da previamente.

Entre los sueños cumpli­dos ‑y que esta­ban en el pro­gra­ma- está la con­sol­i­dación del blog, el vino Her­ma­co que ya está disponible y por fin se puede dis­fru­tar, el mari­da­je de vino, choco­late (de Fer­rer Pastis­sers) y per­fume (Ainea y L’essence de Badalona)  ya es una real­i­dad. Otros no esta­ban escritos en el bor­rador de hace un año y han apare­ci­do como por arte de magia o quizás por algu­na inex­plic­a­ble con­jun­ción de plan­e­tas, esos alin­eamien­tos que de vez en cuan­do ocur­ren y que como un tren ‑de esos que sólo pasan pocas veces por delante nue­stro– al que hay que subirse en mar­cha sin pen­sárse­lo mucho. Y ese rega­lo no plan­i­fi­ca­do ha sido la ampliación de colab­o­radores del blog, con otros esti­los que lo enrique­cen, como Noe­mi des­de Tener­ife con var­ios post,s  pub­li­ca­dos ya y su emo­cio­nante nov­ela por entre­gas ‑hoy día de Navi­dad nos ha regal­a­do el capí­tu­lo 8 de la apa­sio­n­ante his­to­ria de sus muy hedo­nistas pro­tag­o­nistas Ana y Jai– Des­de Madrid, Rosa, una apa­sion­a­da del vino y del rock and roll, fan incondi­cional de Loquil­lo. Tam­bién des­de la Ciu­dad Con­dal, Lour­des, Nuria y Gem­ma apoyan­do en la orga­ni­zación, sesiones de fotografía y su pos­te­ri­or retoque ‑ya se sabe que una ima­gen vale más que mil pal­abras- Geòr­gia apor­tan­do ideas y nuevas rutas, Jor­di como des­cubri­dor de vinos intere­santes, Ricard inves­ti­gan­do nuevas car­tas de cócte­les, Pilar, Angela y Vicky duplicán­dome donde hiciera fal­ta, Dani con su cámara réflex a cues­ta, David, Adrià y Jazmín echan­do una mano en el tema de las cervezas arte­sanales. Y como hay que ten­er ampli­tud de miras… ahí están Alex des­de Aix-en-Provence y Ricar­do des­de Helsin­ki pasan­do información.

Los nuevos propósi­tos para el 2016 ya están escritos con tin­ta indele­ble en un archi­vo de mi mate­ria gris. Des­de luego toda esa lista está llena de momen­tos muy hedo­nistas, de nuevas sen­sa­ciones y emo­ciones ¡para qué negarlo!

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Árbol de Navi­dad real­iza­do a par­tir de 96 bom­bones Ferrero-Rocher

Brindo des­de este púl­pi­to que me facili­ta inter­net por muchos años de con­tin­uar con este sueño que es una real­i­dad y com­par­to la ale­gría con Fer­rero-Rocher por cumplir 25 años ¡qué boni­to es sumar años! y los miro como un ref­er­ente a seguir. De ahí mi par­tic­u­lar hom­e­na­je a esta empre­sa ital­iana con su dulce y ten­ta­dor árbol de Navi­dad que pre­side el salón de mi casa for­ma­do por 96 bom­bones de la icóni­ca mar­ca Fer­rero. Les felic­i­to tam­bién por el leit­mo­tiv de la cam­paña de pub­li­ci­dad de este año: “Saborea la belleza”, que entra den­tro del uni­ver­so hedo­nista. No me puedo sen­tir más identificado.

Brindo por todos los deseos cumpli­dos y por los que nos fal­tan por cumplir. Brindo por todos los que se lev­an­tan una y otra vez por seguir sus sueños. Y brindo muy espe­cial­mente por los que no se rinden. ¡En algún momen­to nos encon­traremos por el camino! ¡Feliz Navi­dad y un Feliz Año muy hedo­nista!

BSO de este post White Christ­mas de Michael Bublé con Kel­lie Pickler.

© 2015 José María Toro. Todos los dere­chos reservados

 

 

Vino para dos. Capítulo 8

La cuchara se que­da clava­da en la tar­ta de que­so y yo me que­do clava­da en la silla.

Tran­quila Ana. Res­pi­ra. No te anticipes. Tran­quila. Respira. 

Él vuelve a la mesa y son­ríe. Hay sol en sus ojos y niebla en los míos. Las notas del piano me gol­pean: Arrived­er­ci Jai.  Des­or­den men­tal y gal­letas de almendra.

-¿Quién es Clau­dia? Dime. Mi cara se ten­sa. Tra­go sali­va con sabor a ricot­ta.

Jai coge el móvil y ve el men­saje en la pan­talla. Mira­da con­ge­la­da durante segun­dos infinitos.

-Clau­dia es mi her­mana. Sus­pi­ra, baja los pár­pa­dos. Exha­la­m­os a la vez.

Me sien­to estúp­i­da y aver­gon­za­da. En mi cabeza aparece la voz de Dinah Wash­ing­ton. Can­ta “Mad about the boy”.  Lo sé. Estoy loca por él. Tomo un tro­zo de pas­tel y lo engul­lo nerviosa.

Durante unos min­u­tos el silen­cio se sien­ta en la mesa. Jai ter­mi­na su espres­so. Yo supli­co bom­bones al camarero.

-No es tan sen­cil­lo como pien­sas, Ana. Clau­dia y yo no nos hemos vis­to des­de hace dos años. No hablam­os pero me envía el mis­mo men­saje cada sem­ana. Sin fal­ta. Yo no respon­do. Es una situación dolorosa y com­pli­ca­da. Voy a nece­si­tar algo más que dos copas de Plavac para con­tártela. En Dubrovnik te hablaré de mi her­mana y tam­bién de Julia. Pero Roma es sagra­da. No quiero que te lleves mal­os recuer­dos. Ni tú ni esta ciu­dad se lo merecen. 

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Fotografía de Noe­mi Martin

Después del desayuno, dejamos el equipa­je en la recep­ción del hotel y sal­imos a dar una vuelta. Cam­i­namos de mano por la via Margut­ta vis­i­tan­do antic­uar­ios y pequeñas galerías de arte. Gotas de mar refres­ca­ban nues­tra mente.

Le con­té a Jai que mi vida amorosa había sido algo pare­ci­do a una cata de vinos imposi­bles. Unos me habían deja­do resaca, otros un sabor áci­do. El últi­mo era opa­co, insípi­do y triste. A pesar de todo no aban­don­a­ba la búsque­da.  Esta­ba dis­pues­ta a encon­trar un cal­do dulce y equi­li­bra­do. Nece­sita­ba aro­mas limpios, ale­gres, con alma. Como decía mi ami­ga Nora recor­dan­do una cita famosa: “la  vida era demasi­a­do cor­ta para beber vinos mal­os”.  Ya era hora de brindar con el mejor. Un Mal­bec argenti­no, ¿tal vez?

De vuelta al hotel recogi­mos nues­tras cosas, tiramos unas mon­edas en la Fontana di Tre­vi, nos tomamos un té caliente en la Piaz­za Navona y, como todos los tur­is­tas, juramos regre­sar a Roma.

Nue­stro próx­i­mo des­ti­no esta­ba sólo a unas horas de avión. Me esper­a­ba la his­to­ria de Jai, Clau­dia y Julia nar­ra­da entre las pare­des amu­ral­ladas de Dubrovnik. Eran días de vino y rosas. Quizá de espinas enve­ne­nadas. Lo úni­co cier­to es que la Navi­dad toca­ba a mis puer­tas y que mi corazón, cada vez más bor­ra­cho, sólo repetía: ¡qué bel­lo es vivir!

BSO: Mad About The Boy por Dinah Washington

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados

Lonja de Tapas. Restaurant & Vinateria

El chef ejec­u­ti­vo Jor­di Aros del Grupo Ador­na de restau­ración apues­ta por la coci­na de mer­ca­do y mediter­ránea en miniatu­ra, por la ofer­ta de tapas y raciones de cal­i­dad y una preparación sin florit­uras super­flu­as. Este chef ‑con un cur­ricu­lum envidi­a­ble- se ha for­ma­do como primer espa­da de los fogones en las rep­utadas CETT, Esco­la de Restau­ració i Hoste­latge de Barcelona y Espai Sucre, todas de la Ciu­dad Con­dal. Ante­ri­or­mente de recalar con su sabiduría en Lon­ja de Tapas había esta­do tra­ba­jan­do en Can Bosch (con 1 estrel­la Miche­lin) y un stage en el Restau­rante de Martín Berasategui ( con 3 estrel­las de la men­ciona­da guía roja francesa).

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Pared del inte­ri­or de Lon­ja de Tapas dec­o­ra­da con las tapas de las cajas de madera de vino.

El restau­rante insignia del grupo Lon­ja de tapas de Plà de Palau,7 ocu­pa un espa­cio de dos plan­tas y una priv­i­le­gia­da ter­raza exte­ri­or en el barcelonés bar­rio del Born con vis­tas a la Casa Llot­ja de Mar, el históri­co edi­fi­cio de esti­lo neo­clási­co.

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Las patatas bravas de Lon­ja de tapas.

Su inte­ri­or deno­ta una clara vocación de apues­ta por el vino de cal­i­dad como es el caso de ten­er una de las pare­des for­radas de tapas de madera de cajas de vino de las mejores bode­gas del país. Y otra de las pare­des está cubier­ta con una gran estantería donde se exhiben todo el catál­o­go de botel­las disponibles en la car­ta con ver­daderas joyas como Paisajes, Louro de uva godel­lo de Rafael Pala­cios, además de otras mar­cas clási­cas y más conocidas.

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Tomate seco con pesto, alca­chofa en aceite y lon­chas de parmesano

Platos degus­ta­dos: con­trasta­do camem­bert frito ‑de vicio- con sal­sa de fru­tos rojos. Impre­scindible pro­bar las patatas bravas con ese picante adic­ti­vo que te hace repe­tir una y otra vez. Capri­chosas gam­bas con su gabar­di­na y su sal­sa tár­tara para com­ple­men­tar. Sabrosos tomates sec­os con pesto, alca­chofas en aceite de oli­va y lámi­nas de parme­sano. Ham­bur­gue­sa hecha a mano con un gen­eroso foie de pato acom­paña­do de sus patatas fritas. Jugosa y sabrosa pieza de 225 gramos de entre­cot de tern­era a la plan­cha con patatas fritas, espár­ra­gos y una lámi­na de tomate. Final dulce con un hela­do de gal­leta de oreo y un vibrante coulant de choco­late con aceite de oli­va y sal. Todo mari­da­do con Arnegui un cri­an­za de la DOC Rio­ja.

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Coulant de choco­late con aceite de oli­va y sal.

Pre­cio medio a la car­ta 25–30 euros. Opción de menú degustación de difer­entes tapas por 19 euros. Menús para gru­pos. Intere­sante opción de coci­na inin­ter­rump­i­da de 12h has­ta la medi­anoche y has­ta la 1h de la madru­ga­da las noches de viernes y sábado.

Lon­ja de tapas Plà de Palau, 7 Barcelona 08003 Telé­fono 932 687 258

BSO de este post 1,000 Ships de un rit­mo con­ta­gioso como la son­risa de su can­tante Rachel Plat­ten.

© 2015 José María Toro. Todos los dere­chos reservados

 

 

Fira del Vi Novell (Feria del Vino Nuevo)

El otoño nos trae algunos momen­tos de melan­colía porque los lar­gos días de playa y sol del ver­a­no se han queda­do atrás. Por con­tra, esta estación nos regala momen­tos úni­cos para vivir y com­par­tir, como esos paseos por bosques cer­canos, cuan­do los árboles se vis­ten con sus mejores galas, y recor­rien­do sus caminos más secre­tos podemos dis­fru­tar de esa pale­ta cromáti­ca tan rica que nos regalan cada año. El monop­o­lizante col­or verde de las hojas, en sus difer­entes gamas, se cam­bian por los ocres, rojos y amarillos.

Copa para degus­tar los difer­entes vinos.

 

Las viñas no son aje­nas a esta trans­for­ma­ción y sus hojas comien­zan a mar­chi­tarse y a caerse en cuan­to entramos en el mes de Octubre. Mien­tras tan­to en las bode­gas del Hem­is­fe­rio Norte, las uvas siguen su evolu­ción has­ta con­ver­tirse en vino. Y es a finales de Noviem­bre cuan­do las difer­entes empre­sa elab­o­rado­ras ya están preparadas para com­par­tir sus vinos  más jóvenes, lozanos y rebosantes de mocedad, cuál ado­les­centes que quieren com­erse el mun­do. Es el momen­to en el cual todo el mun­do que rinde trib­u­to a Baco, cel­e­bra la lle­ga­da de esos vinos con fies­tas conmemorativas.

La barcelone­sa tien­da de vinos Vila Vinite­ca con­mem­o­ra cada año esa nue­va pre­sentación y del elen­co de bode­gas que asistieron probamos los sigu­ientes vinos:

  • Blan­cos: “Temps de flor” de Sumar­ro­ca de la D.O. Penedés. Ges­sa­mi de Gra­mona. El gal­lego Ter­ras Gau­da de la D.O. Rías Baixas. Un Muga blan­co. De Castil­lo de Mon­jardin el que elab­o­ran con la pre­mi­a­da uva chardonnay.
  • Tin­tos: Arta­di, Mur­murón y Ostatu.
De la impli­cación de los com­er­ciantes del bar­rio en esta fies­ta pudi­mos degus­tar las sigu­ientes tapas:
- Macar­rones con pato de la Vinya del Senyor.
- Cal­do con pelota y cas­tañas de la Esco­la d’Hostele­ria Hofmann.
- Ver­di­nas con cen­tol­lo de Llamber.
- Riquísi­mo Pulled pork
- cal­los prepara­dos por Com­erç, 24
Aho­ra toca esper­ar como evolu­cionarán los her­manos may­ores de estos vinos que se con­ver­tirán en cri­an­zas, reser­vas o grandes reservas.
 © 2015 José María Toro. Todos los dere­chos reservados 

Vino para dos. Capítulo 6

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Fotografía de Noe­mi Martin

El sol otoñal calenta­ba la ter­raza del áti­co y el mar nos reclam­a­ba a gri­tos. A las nueve de la mañana, la playa vacía esta­ba esperán­donos con las olas abier­tas. El abra­zo del agua fría sobre mi piel remató el efec­to del café amar­go: adren­a­li­na y fue­gos arti­fi­ciales en el cere­bro. Decidí recu­per­ar el tiem­po per­di­do sin perder más tiem­po. Toca­ba apren­der a vivir de nue­vo. Dis­fru­tar y sen­tir sin límites for­marían parte de mi plan de estu­dios hedo­nista. Aspira­ba a matrícu­la de hon­or en desvarío e imprudencia.

Después de un cha­puzón rápi­do, mien­tras Jai se quita­ba la sal en la ducha y en el tocadis­cos Dean Mar­tin canta­ba opti­mista On an evening in Roma”, con todos mis sen­ti­dos despier­tos, con­testé el men­saje de Nora. “Tut­to bene amore. Lo úni­co que quiero saber es si Jai Ack­er­man es un asesino en serie. Responde sí o no. Si no ha mata­do a nadie estaré bien. Lo prome­to”. Nora tardó cin­co segun­dos en escribir. “Aún no. Por aho­ra sólo es un peri­odista famoso. Buenos días y bue­na suerte”. La infor­ma­ción parecía cor­rec­ta. Según lo poco que me había con­ta­do de su vida per­son­al, Jai esta­ba escri­bi­en­do un libro. Lo hacía por las noches, por eso era tan estric­to con sus horar­ios. Se senta­ba ante su orde­nador a las diez y cuar­to en pun­to, después de cenar.

Con el móvil en la mano y una son­risa en los labios, tomé aire y me dejé lle­var por la músi­ca ital­iana que son­a­ba fes­ti­va. Recordé que en nue­stro “test de com­pat­i­bil­i­dad” ambos habíamos elegi­do Roma. Luego con­sulté si había vue­los direc­tos des­de Tener­ife. En tres horas y media partía uno des­de el aerop­uer­to del sur de la Isla y qued­a­ban dos plazas libres.

Jai sal­ió del baño sil­ban­do con una toal­la blan­ca alrede­dor de la cin­tu­ra y me guiñó un ojo. Era alto, esbel­to y ele­gante como un galán del Hol­ly­wood clási­co. Tenía el tor­so bron­cea­do y se nota­ba que hacía deporte aunque sin exce­sos. De  nue­vo, una esce­na cin­e­matográ­fi­ca traviesa. Le gusta­ba jugar y actu­ar pero yo no iba a ser menos. En respues­ta a su descaro sin medi­da, le pro­puse una secuen­cia aún más osa­da: ¿Te apete­cería pro­bar un vino ital­iano esta noche? Si nos damos prisa podríamos cenar en el Traste­vere. Mi Gre­go­ry Peck par­tic­u­lar no dudó: “Si es un buen vino me parece una idea genial, ragaz­za. Mis asun­tos pueden esperar”

Com­pré dos bil­letes de ida y reservé un hotelito pre­cioso jun­to a la Fontana di Tre­vi, en el tiem­po que Jai tardó en vestirse, coger su abri­go y llenar una mochi­la pequeña. Mis “Vaca­ciones en Roma esta­ban en mar­cha y yo me imag­in­a­ba recor­rien­do la Via Vene­to en Ves­pa como Audrey Herp­burn en el papel de la alo­ca­da prince­sa Ana.

A pesar de que el plan parecía un delirio pre­cip­i­ta­do, me sen­tía más feliz y segu­ra que nun­ca. Además, hacía un año que no cogía días libres. Ya avis­aría a Nora y a mis pacientes. Así, sin pen­sar demasi­a­do en lo que haríamos, cogi­mos el coche y pasamos por mi aparta­men­to de camino al aerop­uer­to. Nun­ca me había cam­bi­a­do de ropa y prepara­do un equipa­je de mano en tan sólo ocho min­u­tos. Después, de nue­vo a la car­retera, rum­bo a la Ciu­dad Eter­na.

Las horas en el avión pasaron acel­er­adas, casi tan­to como mis nuevos sen­timien­tos. Hablam­os sobre gas­tronomía y cine, leí­mos y nos besamos frenéti­ca­mente sin ten­er en cuen­ta al resto de los pasajeros. Cuan­do por un momen­to volví a la real­i­dad, estábamos ater­rizan­do en Fiu­mi­ci­no y empecé a sali­var fan­tase­an­do con un pla­to de que­so pecori­no y unos riga­toni a la car­bonara acom­paña­dos de un vino maravilloso.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Cam­i­nan­do por la ter­mi­nal del aerop­uer­to, el aire olía ya a alba­ha­ca, orégano y fras­cati. No eran alu­ci­na­ciones de una psicólo­ga dis­parata­da. Esta­ba en Roma y por fin la “dolce vita” toca­ba en mi puerta.

BSO de este post On an evening in Roma de Dean Mar­tin

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados 

La festival. Una tienda de vinos hipster en el barcelonés barrio de Gracia.

 

La Fes­ti­val. The place to vi C/ de Ver­di, 67 Barcelona 08012 Telé­fono 930 232 281

Pron­to la británi­ca bib­lia hip­ster de Mon­o­cle se fijará en esta recién inau­gu­ra­da tien­da de vinos y la incluirá en su nómi­na de impre­scindibles en la Ciu­dad Con­dal, para que toda la tribu urbana res­i­dente en Barcelona que comul­ga con esta religión, y los forá­neos de paso por la cap­i­tal cata­lana, vayan en pere­gri­nación para com­prar algunos de sus vinos a la ven­ta. Aunque el obje­ti­vo final es ser una ref­er­en­cia para todos los apa­sion­a­dos del vino en gen­er­al, y en espe­cial, para los intere­sa­dos en los elab­o­ra­dos bajo los cánones de prox­im­i­dad, de la ecología, la biod­inámi­ca y nat­u­rales, sean o no veci­nos del bar­rio de Gra­cia.

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Gar­rafas reci­clabes para rel­lenar de vino Organ­ic & Orgas­mic de La Festival

Los depen­di­entes no son ajenos a esta ola de mod­ernidad y con su look ‑al menos el día de la inau­gu­ración- de bar­ba pobla­da, repeina­dos para atrás, con sus camisas a cuadros mod­e­lo leñador de Port­land, y tirantes para suje­tar los vaque­ros, son guiños indis­cutibles de la estéti­ca del hip­ster­is­mo.
La ubi­cación tam­poco está deja­da al azar, y entre ele­gir el bar­rio del Born más de pos­tureo, es acer­tadísi­ma la pref­er­en­cia por Gra­cia, y conc­re­ta­mente la calle Ver­di, 67, casi enfrente de la sala míti­ca de cine, donde se siguen proyectan­do pelícu­las ente indies, sub­ti­t­u­ladas y de cul­to. La calle del céle­bre com­pos­i­tor ital­iano es un eje com­er­cial den­tro de la vecin­dad por donde pasa todo lo que tiene que pasar en este emblemáti­co distrito.

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Selec­ción de vinos del grupo “De tra­ca i mocador” de La Festival

Su inte­ri­or de pare­des desnudas con los ladril­los rojos a la vista le da per­son­al­i­dad al espa­cio, sin adornos super­flu­os para no despis­tar al vis­i­tante de la ver­dadera estrel­la de la tien­da que es el vino. Tam­bién cuen­ta con una sala anexa que sirve de pre­senta­ciones, catas y degusta­ciones. Aprovechan las colum­nas para hac­er una sin­gu­lar división de la mate­ria pri­ma, es decir, aquí no se cat­a­lo­ga por D.O., ni por col­ores, ni por pre­cios, sino por una sim­patí­ca clasi­fi­cación del tipo “D’un sol glop” (de un sor­bo) donde están los vinos fres­cos, sin com­pli­ca­ciones, que se beben ráp­i­da­mente y en cualquier momen­to del día, para el aper­i­ti­vo o el after­work.“Per un bon tiberi” (para una bue­na comi­da) en las que se orde­nan vinos que se mere­cen su tiem­po y una com­pañía en con­so­nan­cia como un domin­go en famil­ia, para Navi­dad, para una cena for­mal, para una cel­e­bración, para lo canelones de la yaya, o ese día que ten­emos anto­jadi­zo y sacamos el cocinil­las que lle­va­mos den­tro. “De tra­ca i mocador” (lit­eral­mente de tra­ca y pañue­lo, que ven­dría a ser espec­tac­u­lar, de quitarse el som­brero)  para los momen­tos impor­tantes de la vida, como una con­quista amorosa, para impre­sion­ar o para un hom­e­na­je solo o en bue­na compañía.

Es dig­no de alabar a los pro­mo­tores de esta tien­da por la recu­peración de las vie­jas bar­ri­c­as ‑que le da un plus de aut­en­ti­ci­dad- como las cada vez más escasas bode­gas de bar­rio, para vender vino y ver­mú a granel medi­ante pre­ciosos tiradores-sur­tidores de rabioso dis­eño por donde expen­den vinos cata­lanes que sean ecológi­cos, biod­inámi­cos y nat­u­rales a pre­cios democráti­cos. Una prue­ba más de la clara vocación de reci­cla­je y de acer­car el buen vino de bodegueros de prox­im­i­dad a mon­tos ase­quibles, rompi­en­do el mito de que el vino de cal­i­dad es caro. Para ello dispo­nen de una sim­páti­cas gar­rafas para rel­lenar con el eslo­gan impre­so de “organ­ic & orgas­mic”.

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Botel­la de Fosc en La Festival

El leit­mo­tiv  de esta nove­dosa tien­da es la defen­sa en espe­cial de los vinos cata­lanes, pero tam­bién de todos aque­l­los que respon­dan al con­cep­to de viti­cul­tura orgáni­ca con lo que for­man un elen­co de 500 ref­er­en­cias selec­cionadas espe­cial­mente por la dis­tribuido­ra Human Vins.
Todo este proyec­to es con­se­cuen­cia de la unión de  6 incon­formis­tas vin­cu­la­dos al mun­do del dios Baco: Rubén Par­era e Iñi­go Haugh­ey  como vitic­ul­tores de Fin­ca Par­era, Josep Lava­do y Ludovic Dar­blade como sumilleres de Human Vins, y Alex y Albert Vir­gili elab­o­radores de Casa Berg­er,  unidos por una clara vocación lúdi­ca y pedagóg­i­ca de acer­car este tipo de vinos poco con­ven­cionales a todo tipo de públi­co, hip­sters o no, con talleres y vis­i­tas a los elaboradores.

Como dirían sus pen­sadores: ¡Salud y festival!

La BSO es la emiso­ra de radio de Mon­o­cle (no podía ser otra)

 

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Vino para dos. Capítulo 5

La músi­ca son­a­ba inmen­sa erizán­dome el alma. El aire olía a mar y Jai cogió mi mano temerosa entre la suyas. Bail­am­os en la ter­raza has­ta que las velas se apa­garon. Luego en el salón y en el dor­mi­to­rio. La luna pequeña y tími­da nos con­tem­pla­ba mien­tras nos deslizábamos entre las sábanas y Sina­tra susurra­ba “Fly me to the moon”. A mi alrede­dor: pare­des desnudas, libros de via­jes y vinos, un portátil y dis­cos antigu­os. En la cama: un hom­bre inten­so con notas espe­ci­adas y algún recuer­do bal­sámi­co de fon­do. En mi boca: un tra­go cáli­do y equi­li­bra­do. Era per­fec­to. Me llen­a­ba el sabor a madera y choco­late de su piel, el tac­to vig­oroso de su pelo y el tat­u­a­je del­i­ca­do en su costa­do. En cur­si­va, como el nom­bre de un vino rotun­do, se dibu­ja­ba “Memen­to Vivere” (Acuér­date de vivir).

 

Hici­mos el amor sor­bo a sor­bo. Parecía que nos hubiéramos bebido en otro espa­cio y otro tiem­po. Quizá en el Harlem neoy­orquino de los años trein­ta, después de un concier­to de Ella Fitzger­ald. Jai se me anto­ja­ba un mal­bec argenti­no, ele­gante y mis­te­rioso. Yo, según me declaró en su castel­lano de tani­nos suaves, le record­a­ba a un mal­vasía dulce y vol­cáni­co. Esta­ba claro que el vino empa­pa­ba nue­stros poros y nues­tra exis­ten­cia. Ambos habíamos cre­ci­do entre raci­mos de uvas. Mis abue­los eran los dueños de una bode­ga en Tener­ife y su padras­to en el Valle de Napa, al norte de Cal­i­for­nia. Además, su famil­ia mater­na poseía uno de los viñe­dos más impor­tantes de la Patagonia. 

 

Las horas pasaron ver­tig­i­nosas y el sol nos des­pertó para regalarnos un amanecer radi­ante. Son­reí­mos ren­di­dos tras la vendimia apa­sion­a­da. Habíamos pisa­do nue­stros miedos y nos­tal­gias, al menos por una noche. Dejamos la cama sabore­an­do abra­zos, dis­puestos a preparar jun­tos un desayuno ren­o­vador. Nos movíamos de modo nat­ur­al en la coci­na, entre guiños cóm­plices. Me sen­tía cómo­da y desin­hibi­da, con una camisa enorme y el pelo revuel­to, como Jane Fon­da en “Descal­zos por el Par­que” mien­tras el olor a café inund­a­ba el salón. Jai decidió entonces bajar a bus­car un par de crois­sants y yo me quedé exprim­ien­do naran­jas con la cabeza en las nubes y los pies descal­zos sobre el parqué.

 

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Fotografía de Noe­mi Martin

Esta­ba dis­traí­da recor­dan­do los momen­tos mági­cos de la noche, cuan­do percibí el sonido lejano de un men­saje en mi móvil. Me acerqué a los sil­lones y rescaté el telé­fono per­di­do entre los cojines. Era mi ami­ga Nora, que pre­ocu­pa­da porque no había dado señales de vida, me pre­gunt­a­ba por la cena y decía que tenía algo impor­tante que con­tarme sobre Jai Ack­er­man. Iba a respon­der­le en el momen­to jus­to en el que oí las llaves en la puer­ta. Dejé el móvil sobre la bar­ra de la coci­na y dirigí la vista hacia la entra­da. Jai volvía de la calle con una bol­sa de paste­les recién hornea­d­os en una mano y un ramo de ester­li­cias en la otra. Por una vez en mi vida, era espe­cial y olvidé ráp­i­da­mente el men­saje de Nora. Ya le con­tes­taría cuan­do estu­viera tran­quila en casa.

 

Nos sen­ta­mos en la ter­raza y decidi­mos bajar a darnos un baño después de desayu­nar. A pesar de que ya estábamos entran­do en diciem­bre, la mañana era cál­i­da y res­p­lan­de­ciente y yo siem­pre llev­a­ba un bañador en el maletero del coche.

 

Después de brindar con una copa de zumo de naran­ja, mi “mal­bec” cogió un crois­sant y empezó a untar­lo con con­fi­tu­ra de papaya mien­tras me mira­ba cau­ti­vador, ofre­cién­dome azú­car moreno para el café. Yo, ensimis­ma­da y aún entre sueños, lo esta­ba toman­do total­mente amar­go. Seguía en la luna de Sina­tra con el cuer­po ago­ta­do y el corazón reple­to de dul­ces can­ciones de amor.

BSO de este post: Fly me to the moon (Frank Sina­tra)

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados 

Café con gatos

Si tu pequeño com­pañero de mesa te dice “miau” en lugar de “vale”; si la alfom­bra bajo tus pies está reple­ta de ratones de tela, plumeros y pelotas; si notas que una cola pelu­da se enre­da en tu tobil­lo y una lengua áspera te roza la mano, tran­qui­lo no has desem­bar­ca­do en Gatolan­dia pero sí en algo muy pare­ci­do: un “Cat Café”.

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Fotografía de Noe­mi Martin

El ori­gen de estos gar­i­tos feli­nos se encuen­tra en Taipei donde se abrió la primera cafetería gatu­na hace casi veinte años. La idea se extendió como la pólvo­ra (nun­ca mejor dicho) y llegó a Japón, un país amante de sus “nekos” como ninguno, donde ofi­cial­mente hay casi una trein­te­na. Sep­an ust­edes, para el archi­vo de “cul­turil­la gen­er­al”,  que el típi­co gato de la for­tu­na que venden en las tien­das de chi­nos, es en real­i­dad una tradi­ción impor­ta­da del País del Sol Naciente.

 

Aunque ya había pasa­do por la puer­ta de algu­na “can­ti­na con big­otes” en Lon­dres, Sin­ga­pur y Tokio, hace poco me decidí a entrar en el recién inau­gu­ra­do Cat Café de Mel­bourne. Después de unas sem­anas de via­je, me acord­a­ba mucho de mi gato, así que con mi curiosi­dad habit­u­al y sin áni­mo de susti­tuir­le, con­traté por Inter­net una cita de una hora con catorce mini­nos aus­tralianos total­mente descono­ci­dos. Sue­na fuerte, ¿ver­dad? La expe­ri­en­cia, des­de luego, es úni­ca. Una vez lle­gas a la recep­ción del Café  y com­prue­ban que has hecho la reser­va y el cor­re­spon­di­ente abono de diez dólares (unos siete euros), te colo­can una acred­itación al cuel­lo y te invi­tan a subir a la plan­ta de arri­ba. Antes, tienes que lavarte las manos con­cien­zu­da­mente, no vayas a infec­tar a alguno de los “res­i­dents” del Café. Ya en la parte alta te encon­trarás varias habita­ciones con mesi­tas y sil­lones para humanos pero tam­bién con juguetes para gatos, cuadros de gatos, libros de gatos y por supuesto muchísi­mos gatos cam­pan­do a sus anchas.  Alrede­dor de ellos, mujeres y niños en su may­oría, con ganas de jugar, rela­jarse y dis­fru­tar de un té o un café acari­cian­do a un feli­no lustroso.

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Fotografía de Noe­mi Martin

El Cat Cafe Mel­bourne, además de ser el primer local con gatos que se pone en mar­cha en Aus­tralia, es tam­bién una tien­da reple­ta de artilu­gios sor­pren­dentes para amantes de los mini­nos: des­de lápices y toal­las a camise­tas, bisutería  o fig­u­ri­tas varias.  Eso sí, sien­do obje­tivos, no esperes un café gourmet ni una tar­ta de choco­late para sibar­i­tas. En este lugar está claro que  lo impor­tante es el entorno y la com­pañía. Un con­se­jo: reser­va hora tem­pra­no, a ser posi­ble por la mañana. A las siete de la tarde, los pobres bichos, aunque sin duda viv­en como reyes, ya están un poco cansa­dos de tan­to “cuchi, cuchi”.

 

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Fotografía de Noe­mi Martin

Si después de leer estas pelu­das líneas, te han entra­do ganas de dejar a un lado el estrés y tomar  un capuc­ci­no con un mini­no car­iñoso y sobón, puedes vis­i­tarme. Mal­com, el gato más hedo­nista de este plan­e­ta, estará encan­ta­do de  hac­erte com­pañía. Si Tener­ife te que­da lejos de casa, en Madrid tienes La Gatote­ca, que ha cel­e­bra­do recien­te­mente su segun­do cumpleaños, y en Barcelona está a pun­to de abrir “Espai DeGats”, otro Cat Café sol­i­dario reple­to de ani­mal­i­tos que esper­an tu car­iño y tu posi­ble adopción.

 

¿Quién ha dicho “miau”?

BSO: Every­body wants to be a cat (del clási­co Dis­ney “Los Aristogatos”)

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