La Supernatural, la chuleta afinada es la última innovación de Joselito

Una con­jun­ción cós­mi­ca es lo que ocu­rrió ese día en la bode­ga de Jose­li­to en el pue­blo de Gui­jue­lo de Sala­man­ca cuan­do se jun­ta­ron Chur­chill, San Mar­tin y José Gómez. Que las con­di­cio­nes de seca­do en ese pue­blo sal­man­tino son úni­cas es por todos cono­ci­dos, pero que allí se pudie­ra afi­nar la car­ne recién mata­da de los cer­dos Jose­li­to a nadie se le había ocu­rri­do. Cien­to cin­cuen­ta años des­pués de la crea­ción de la mar­ca Jose­li­to, pasó por allí Vic­tor Chur­chill, con­si­de­ra­do el mejor car­ni­ce­ro del mun­do, Alex San Mar­tin, geren­te de ese refe­ren­te cár­ni­co que es San­mar­tí 1850 y que fue la pio­ne­ra en impor­tar la car­ne de wag­yu a nues­tro país, y José Gómez como anfi­trión de esta reu­nión a 3 ban­das, y de esta char­la salió la últi­ma inno­va­ción de Jose­li­to.

La Supernatural

La Super­na­tu­ral

 

Mr. Chur­chill, este but­cher aus­tra­liano con ape­lli­do de esta­dis­ta inglés, que regen­ta una tien­da mara­vi­llo­sa en Aus­tra­lia, y que más bien pare­ce una joye­ría con sus impo­lu­tas pie­zas per­fec­ta­men­te colo­ca­das, uni­do a San Mar­tin y José Gómez encon­tra­ron el poten­cial de afi­nar las car­nes fres­cas de Jose­li­to en esa bode­ga de seca­do don­de dor­mían plá­ci­da­men­te jamo­nes, pale­tas y demás embu­ti­dos de Jose­li­to. Y siguien­do el ejem­plo de los maes­tros afi­na­do­res de que­sos comen­za­ron a expe­ri­men­tar con la téc­ni­ca del afi­na­do, de ver cómo actúa el ambien­te sobre esas pie­zas, como el seca­de­ro le pro­por­cio­na a la chu­le­ta unos mati­ces y sabo­res úni­cos.

Del resul­ta­do de este afi­na­mien­to, no con­fun­dir con madu­ra­ción, duran­te algo más de dos meses, tene­mos el nue­vo cor­te fres­co de la gama Jose­li­to Nude: La Super­na­tu­ral, una chu­le­ta, de entre 300 y 400 gra­mos, pro­ce­den­te de una pie­za ente­ra de chu­le­te­ro de unos 14 kilos. Este cor­te inclu­ye las cos­ti­llas y el lomo Jose­li­to que ya se comer­cia­li­za en fres­co.

La Supernatural

La Super­na­tu­ral (sin cor­tar)

 

Para su con­su­mo en casa usar bra­sa o sar­tén muy calien­te, y sin acei­te u otra gra­sa por­que ya la va des­pren­dien­do poco a poco y que se vaya hacien­do len­ta­men­te comen­zan­do por la zona del hue­so. En el pla­to se cor­ta muy fácil­men­te, pare­ce man­te­qui­lla, y de sabor dul­ce en boca, de esas golo­sas bello­tas que comió el golim­bro cer­do cuan­do reali­zó la mon­ta­ne­ra en su últi­ma eta­pa de vida antes de pasar a ser fiam­bre.

Para su reser­va de com­pra en la web de Jose­li­to

© 2020 José María Toro. All rights reser­ved

 

 

 

Los vinos españoles son los grandes ganadores de la XVIII Edición de los Premios Bacchus, consiguiendo 21 Medallas Gran Bacchus de Oro

De las 25 Meda­llas Gran Bac­chus de Oro con­ce­di­das este año 2020,  21 han sido para vinos de Espa­ña. Las otras 4 meda­llas con el máxi­mo reco­no­ci­mien­to se han repar­ti­do entre Méxi­co, Aus­tra­lia, Ita­lia y Eslo­va­quia.

Foto de los catadores

Foto de fami­lia de los cata­do­res pro­fe­sio­na­les de la XVIII Edi­ción de Pre­mios Bac­chus

 

Del 6 al 9 de mar­zo se han reu­ni­do 80 cata­do­res pro­fe­sio­na­les, entre los mejo­res del pla­ne­ta, para ele­gir entre los casi 1.600 vinos pro­ce­den­tes de 22 paí­ses, que se han pre­sen­ta­do al con­cur­so. Este año Bac­chus ha con­se­gui­do su mayo­ría de edad y como con­cur­so con­so­li­da­do de pres­ti­gio ha con­ta­do con un panel de cata de cam­pa­ni­llas. Pri­me­ros espa­das del mun­do del vino no han que­ri­do per­der­se la opor­tu­ni­dad de valo­rar estos cal­dos. Ade­más como nove­dad se ha incor­po­ra­do al con­cur­so con cate­go­ría pro­pia el Ver­mut, con el obje­ti­vo de dar una guía de cali­dad al con­su­mi­dor de las ela­bo­ra­cio­nes exis­ten­tes, acom­pa­ñan­do de esta gui­sa a los tin­tos, blan­cos, rosa­dos, espu­mo­sos y dul­ces.

Catadores profesionales

Máxi­ma con­cen­tra­ción de los cata­do­res pro­fe­sio­na­les

 

Orga­ni­za­do por la Unión Espa­ño­la de Cata­do­res, es el úni­co con­cur­so en Espa­ña reco­no­ci­do por la OIV (Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal de la Viña y el Vino) y se tra­ta de la gran cita espa­ño­la con el mun­do del vino. Bac­chus se inte­gra en VINOFED, la fede­ra­ción que une a los más repu­tados conur­sos a nivel mun­dial. Ade­más de reco­no­ci­mien­to del Minis­te­rio de Agri­cul­tu­ra, Ali­men­ta­ción y Medio Ambien­te de Espa­ña.

Cla­si­fi­ca­ción de las Meda­llas

Siguien­do el sis­te­ma de cata a cie­gas las meda­llas que se con­ce­den son las siguien­tes:

  • Gran Bac­chus de Oro supe­rior a 92 pun­tos has­ta 100 pun­tos
  • Bac­chus de Oro entre 88 y 92 pun­tos
  • Bac­chus de Pla­ta entre 84 e infe­rior a 88 pun­tos

Cate­go­rías de vinos

  • tin­tos
  • blan­cos
  • rosa­dos
  • espu­mo­sos
  • dul­ces
  • ver­muts

Cata­do­res

Los par­ti­ci­pan­tes como cata­do­res han sido ele­gi­dos entre los siguien­tes per­fi­les:

  • Mas­ter of Wine como el inglés Tim Trip­tree (que es ade­más direc­tor inter­na­cio­nal de Christie´ss) jun­to a sus com­pa­trio­tas Andrew Howard, Ed Adams, Sarah Jane Evans y Eli­za­beth Gabay; David Forer de EEUU, Harriet Tin­dal de Irlan­da, Hei­di Maki­nen de Fin­lan­dia
  • Mas­ter Som­me­lier como Adam Paw­los­ki de Polo­nia, Eric Zwie­bel de Fran­cia, y Kath­ri­ne Lar­sen de Dina­mar­ca
  • Sumi­lle­res como Ras­mus Mar­quart (Mejor Sumi­ller por los Paí­ses Escan­di­na­vos)
  • Res­pon­sa­ble de com­pras de gran­des super­fi­cies e impor­ta­do­ras, como el norue­go Stef­fen Riis Chris­tian­sen, Pro­duct Mana­ger del Vin­mo­no­po­let.
  • Perio­dis­tas espe­cia­li­za­dos y pres­cip­to­res como Gabrie­la Zim­mer de Uru­guay, Rocío Ama­dor de Méxi­co, Ilo­na Grau de Sui­za o Edi­ta Dur­co­va de Eslo­va­quia.

Fun­cio­na­mien­to de la cata a cie­gas

Un total de 65 cata­do­res divi­di­dos en 13 jura­dos de 5 cata­do­res cada uno, han esta­do catan­do duran­te las 4 jor­na­das téc­ni­cas que ha dura­do el con­cur­so. Tal como indi­ca el enun­cia­do de este párra­fo, los vinos se pre­sen­ta a cada jura­do den­tro de una fun­da negra con un códi­go para tener en el más estric­to ano­ni­ma­to a la mar­ca que se escon­de. La cata es indi­vi­dual y per­so­nal pero en cada mesa hay un pre­si­den­te que hace de coor­di­na­dor. Los vinos se pre­pa­ran en una sala sin con­tac­to con el seve­ro jura­do y es ser­vi­do por sumi­lle­res pro­fe­sio­na­les.

La ficha de cata

Este impre­so inclu­ye los aspec­tos téc­ni­cos a valo­rar: la fase visual (lim­pi­dez, apec­to apar­te de la lim­pi­dez), olfa­ti­va (fran­que­za, inten­si­dad posi­ti­va y cali­dad), gus­ta­ti­va (fran­que­za, inten­si­dad posi­ti­va, per­sis­ten­cia armo­nio­sa y cali­dad) y por últi­mo armo­nía y apre­cia­ción glo­bal, pun­tuán­do­se entre 0 y 100 pun­tos. Una vez relle­na­da por los estric­tos cata­do­res se intro­du­cen en un pro­gra­ma infor­má­ti­co para que los com­pu­ten y de ahí se deci­dan las meda­llas de Gran Bac­chus de Oro, Bac­chus de Oro y Bac­chus de Pla­ta entre las dife­ren­tes cate­go­rías cla­si­fi­ca­to­rias de los cal­dos.

Ficha de cata de la XVIII Edición de los Premios Bacchus

La ficha de cata de la XVIII Edi­ción de los Pre­mios Bac­chus

 

Resul­ta­do final de vinos pre­mia­dos con la Meda­lla Gran Bac­chus de Oro 2020

Medallas Gran Bacchus de Oro 2020

Lis­ta­do de los vinos Meda­llas Gran Bac­chus de Oro 2020

 

Vinos con la Medalla Gran Bacchus de Oro 2020

Vinos pre­mia­dos con la Meda­lla Gran Bac­chus de Oro 2020. Foto­gra­fía gen­ti­le­za del Con­cur­so Bac­chus

 

Más infor­ma­ción en la web de Bac­chus

© 2020 José María Toro. All rights reser­ved

Llorando por esos mundos

Soy llo­ro­na. Lo con­fie­so sin pudor. Me con­mue­ve has­ta una hor­mi­ga coja. Cosas de la vida. Supon­go que por eso he derra­ma­do muchas lágri­mas por esos mun­dos de dios. A veces me han emo­cio­na­do pai­sa­jes memo­ra­bles,  de esos que cor­tan la res­pi­ra­ción y te hacen pen­sar que aún estás en la cama. En otras oca­sio­nes, las per­so­nas  que habi­ta­ban esos luga­res han sido la ins­pi­ra­ción  de esos “hips, hips” épi­cos. Como quie­ra que sea, ahí van algu­nas de mis llan­ti­nas geo­grá­fi­cas más impo­nen­tes. Que cons­te que hay unas cuan­tas más pero no quie­ro abu­rrir­les dema­sia­do con mis sollo­zos via­je­ros.

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San­ta María Nove­lla (Flo­ren­cia) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Flo­ren­cia: des­cu­brí el famo­so “sín­dro­me de Stendhal” en el via­je del Ins­ti­tu­to. Iba pasean­do albo­ro­ta­da por las calles de la ciu­dad tos­ca­na ‑cir­cuns­tan­cia nor­mal cuan­do tie­nes  die­ci­sie­te años y estás con tus ami­gos–  cuan­do me tro­pe­cé con la Igle­sia de San­ta María Nove­lla en una esqui­na.  No pude evi­tar­lo y me entró un tele­le de los gran­des. El cora­zón a mil y alu­ci­nan­do con tan­ta belle­za. Lagri­mo­nes por doquier y la cara de póquer de  mis com­pa­ñe­ros. He repe­ti­do la visi­ta a Flo­ren­cia en dos oca­sio­nes más y en las dos, el mis­mo “parra­que”. Quién sabe si en otra vida me hin­ché a pas­ta y piz­za.
  1. San Gimig­nano: segui­mos en Ita­lia. Fue en algu­na revis­ta de via­jes que des­cu­brí este pue­ble­ci­to medie­val rodea­do de mura­llas y viñe­dos. Esta­ba entre mis visi­tas pen­dien­tes des­de hacía mucho tiem­po. Hace unos meses pude cono­cer­lo y no me decep­cio­nó en abso­lu­to. No sé si fue el vino que me había toma­do momen­tos antes o la emo­ción atra­pa­da en la gar­gan­ta. Lo cier­to es que al cru­zar la  Puer­ta de San Gio­van­ni con la male­ta en la mano, llo­vía a mares entre mis pes­ta­ñas.
  1. Puen­te de Brooklyn: atra­ve­sar el puen­te que une Nue­va York con Brooklyn al ano­che­cer es una expe­rien­cia memo­ra­ble. Si lo haces un once de sep­tiem­bre des­pués de visi­tar la” Zona Cero”, tu cora­zon­ci­to segu­ro que toca en la puer­ta.
  1. Ausch­witz: Sobran las pala­bras. Reco­rrer el mayor cam­po de exter­mi­nio nazi de la his­to­ria, deja sin alien­to has­ta al alma más áspe­ra. Bello y terri­ble.
  1. San­tia­go de Chi­le: en esta oca­sión las lágri­mas fue­ron de ale­gría. Y de la bue­na. Cono­cer a mi ami­ga Pau­la tras más de una déca­da de amis­tad ciber­né­ti­ca hizo que me ena­mo­ra­ra de esta ciu­dad encan­ta­do­ra y  de sus mara­vi­llo­sos habi­tan­tes.
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Peri­to Moreno. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Peri­to Moreno: en ple­na Pata­go­nia, una masa de hie­lo blan­ca y bri­llan­te se cue­la en tus neu­ro­nas. El guía había avi­sa­do: esta es la “cur­va de los sus­pi­ros”. Al doblar­la y des­cu­brir uno de los gla­cia­res más her­mo­so del pla­ne­ta, es inevi­ta­ble poner­se las gafas de sol y rom­per a llo­rar en silen­cio.
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El Faro del Fin del Mun­do. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. El Faro del Fin del Mun­do: tam­bién en Argen­ti­na, per­di­do en un islo­te fren­te a las cos­tas de Ushuaia, este peque­ño y tími­do faro des­lum­bra por su sen­ci­llez rotun­da. Rodea­do de focas y aves emer­ge del mar y hace tem­blar tus cimien­tos.
  1. Tokio: en la capi­tal nipo­na llo­ré de can­san­cio des­pués de vein­te jor­na­das mara­to­nia­nas sin ape­nas poder dor­mir. Pero sobre todo llo­ré con dis­cre­ción el últi­mo día cuan­do nos des­pe­di­mos de Iku­ko Yama­sa­ki. Mi pri­mo y yo hici­mos “couch­sur­fing” en su casa (en tér­mi­nos colo­quia­les que­dar­se de gorra don­de te dejen) y cuan­do nos acom­pa­ñó al metro rum­bo al aero­puer­to nos dijo adiós con un abra­zo muy fuer­te: una acción ines­pe­ra­da para el carác­ter japo­nés, poco dis­pues­to a mos­trar afec­tos de mane­ra tan evi­den­te.
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Pri­sión de Alca­traz. San Fran­cis­co. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. San Fran­cis­co: Sales can­sa­dí­si­ma del avión y unos poli­cías con cara de “pit bull” te retie­nen duran­te más de dos horas sin dar expli­ca­cio­nes. Al final te dejan ir con la cabe­za gacha y des­pués un agen­te his­pano te cuen­ta que hay una fugi­ti­va con tu nom­bre. Sí, tam­bién se llo­ra un poqui­to de ner­vios y ali­vio cuan­do lle­gas sana y sal­va al hotel.
  1. Holly­wood: Paseo de la fama. Entre las dos mil estre­llas que lo pue­blan, encuen­tro la de Michael Jack­son. Me paro en seco, hago el “moon­walk”, can­to “Thri­ller” y, por supues­to, me emo­ciono has­ta las tran­cas.
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Gran Barre­ra de Coral (Aus­tra­lia) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Gran Barre­ra de Coral (Aus­tra­lia): sobre­vo­lar en avio­ne­ta el mayor arre­ci­fe tur­que­sa del pla­ne­ta tie­ne miga. Sin glu­ten, por favor.  La mez­cla de colo­res nubla los sen­ti­dos. Una expe­rien­cia des­lum­bra­do­ra que hay que tener antes de que el calen­ta­mien­to glo­bal la haga impo­si­ble.
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Desa­yuno con vis­tas impa­ga­bles en Cien­fue­gos (Cuba) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Cien­fue­gos (Cuba): Una ciu­dad pre­cio­sa y una habi­ta­ción en una casi­ta fami­liar jun­to al Cari­be autén­ti­co por trein­ta euros el día. Doña Dora, una cuba­na con muchos años que con­ta­ba his­to­rias reales mien­tras dis­fru­ta­bas de los mejo­res desa­yu­nos del mun­do en el embar­ca­de­ro.  ¿Cómo no des­pe­dir­se de ella y de su hogar con un abra­zo cáli­do y lagri­mi­tas en los ojos?
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Fes­ti­val de Euro­vi­sión 2016 en Esto­col­mo. Foto­gra­fía de la euro­fan Noe­mi Mar­tin

  1. Esto­col­mo: En esta ciu­dad he llo­ra­do dos veces. La pri­me­ra de frío. Ocho gra­dos bajo cero no se lle­van dema­sia­do bien,  más cuan­do vie­nes de Cana­rias y se te ha ocu­rri­do pasar la maña­na en Skan­sen, un museo con ani­ma­les al aire libre. Menos mal que el vino calien­te espe­cia­do tie­ne efec­tos inme­dia­tos cuan­do se toman un par de vasos segui­dos. La segun­da, en el  fes­ti­val de Euro­vi­sión hace unos meses. Ese himno tele­vi­si­vo de todos cono­ci­do, esas ban­de­ras albo­ro­ta­das y esa “euro­fan” dan­do rien­da suel­ta a sus emo­cio­nes sin cor­tar­se un pelo. El resul­ta­do: rímel embo­rro­na­do y unos cuan­tos klee­nex  arru­ga­dos  en el bol­si­llo.

Has­ta aquí un resu­men de mis llan­tos más sona­dos. Mien­tras ideo una segun­da entre­ga, te reto a que, como yo,  hagas memo­ria via­je­ra. Segu­ro que tú tam­bién has llo­ra­do algu­na vez por esos mun­dos. ¿Lo recuer­das?

BSO Llo­rar y llo­rar de Vicen­te Fer­nán­dez

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos.

 

El día que morí

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The Twel­ve Apostles. Aus­tra­lia. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin.

Era sep­tiem­bre de 2015 y dibu­ja­ba la cos­ta del sur de Aus­tra­lia, reco­rrien­do la Great Ocean Road. La míti­ca carre­te­ra aus­tra­lia­na, her­ma­na de la Ruta 66, per­fi­la­ba el camino entre acan­ti­la­dos y valles. Bar­cos enca­lla­dos y peque­ños pue­blos con olor a surf y cer­ve­za Carl­ton acom­pa­ña­ban el tra­yec­to entre Mel­bour­ne y Port Camp­bell. Entre ellos, imá­ge­nes super­pues­tas: cam­pos de golf con can­gu­ros mas­can­do cés­ped y koa­las enca­ra­ma­dos en copas de aro­má­ti­cos euca­lip­tos. Vida y asfal­to, ham­bur­gue­sas y vino de Yarra Valley.

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Great Ocean Road. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Cuan­do lle­ga­mos al faro del Cabo Otway, el más anti­guo de Aus­tra­lia, sen­tí que mi alma había arri­ba­do a uno de los extre­mos del mun­do. Mi fin tam­bién esta­ba cer­ca. El Mar de Tas­ma­nia era tes­ti­go de mi inquie­tud y las olas fre­né­ti­cas se unían al lati­do ner­vio­so del cora­zón. Aurí­cu­la-Ven­trícu­lo. Una anti­gua esta­ción de telé­gra­fo regis­tra­ba mi pul­so lan­zán­do­lo al espa­cio. SOS.

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Cabo Otway. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

El atar­de­cer gol­pea­ba las ven­ta­ni­llas del coche mien­tras nos acer­cá­ba­mos con pri­sa a los Doce Após­to­les. Ace­le­ra­dor y rugi­dos de Océano, vien­to en los oídos, cas­ca­bel de ser­pien­tes. Ves­per­tino vér­ti­go.

Y ahí esta­ban. Entre lágri­mas sala­das inun­da­do el ros­tro. Como vigías eter­nos, emer­gen de la are­na y suben al cie­lo. Tocan los últi­mos rayos de sol. Mien­tras, sue­ño estar fue­ra de mi cuer­po. No he sido tan mala, supon­go. Esos gigan­tes de pie­dra deben cus­to­diar el paraí­so. Cie­rro los ojos y llo­ro.

Cuan­do des­pier­to, siguen ahí. Blan­cos espí­ri­tus de cali­za. Natu­ra­le­za divi­na entre auto­pis­tas y pel­da­ños de made­ra. Los Doce Após­to­les duer­men por siem­pre en mi reti­na, tatua­dos en la base de mis pár­pa­dos. Me recuer­dan que tal vez la muer­te no sea tan terri­ble.

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The Twel­ve Apostles. Aus­tra­lia. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin.

 

BSO de este post Aus­tra­lia- In The Arms Of An Angel

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Café con gatos

Si tu peque­ño com­pa­ñe­ro de mesa te dice “miau” en lugar de “vale”; si la alfom­bra bajo tus pies está reple­ta de rato­nes de tela, plu­me­ros y pelo­tas; si notas que una cola pelu­da se enre­da en tu tobi­llo y una len­gua áspe­ra te roza la mano, tran­qui­lo no has des­em­bar­ca­do en Gato­lan­dia pero sí en algo muy pare­ci­do: un “Cat Café”.

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Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

El ori­gen de estos gari­tos feli­nos se encuen­tra en Tai­pei don­de se abrió la pri­me­ra cafe­te­ría gatu­na hace casi vein­te años. La idea se exten­dió como la pól­vo­ra (nun­ca mejor dicho) y lle­gó a Japón, un país aman­te de sus “nekos” como nin­guno, don­de ofi­cial­men­te hay casi una trein­te­na. Sepan uste­des, para el archi­vo de “cul­tu­ri­lla gene­ral”,  que el típi­co gato de la for­tu­na que ven­den en las tien­das de chi­nos, es en reali­dad una tra­di­ción impor­ta­da del País del Sol Nacien­te.

 

Aun­que ya había pasa­do por la puer­ta de algu­na “can­ti­na con bigo­tes” en Lon­dres, Sin­ga­pur y Tokio, hace poco me deci­dí a entrar en el recién inau­gu­ra­do Cat Café de Mel­bour­ne. Des­pués de unas sema­nas de via­je, me acor­da­ba mucho de mi gato, así que con mi curio­si­dad habi­tual y sin áni­mo de sus­ti­tuir­le, con­tra­té por Inter­net una cita de una hora con cator­ce mini­nos aus­tra­lia­nos total­men­te des­co­no­ci­dos. Sue­na fuer­te, ¿ver­dad? La expe­rien­cia, des­de lue­go, es úni­ca. Una vez lle­gas a la recep­ción del Café  y com­prue­ban que has hecho la reser­va y el corres­pon­dien­te abono de diez dóla­res (unos sie­te euros), te colo­can una acre­di­ta­ción al cue­llo y te invi­tan a subir a la plan­ta de arri­ba. Antes, tie­nes que lavar­te las manos con­cien­zu­da­men­te, no vayas a infec­tar a alguno de los “resi­dents” del Café. Ya en la par­te alta te encon­tra­rás varias habi­ta­cio­nes con mesi­tas y sillo­nes para huma­nos pero tam­bién con jugue­tes para gatos, cua­dros de gatos, libros de gatos y por supues­to muchí­si­mos gatos cam­pan­do a sus anchas.  Alre­de­dor de ellos, muje­res y niños en su mayo­ría, con ganas de jugar, rela­jar­se y dis­fru­tar de un té o un café aca­ri­cian­do a un felino lus­tro­so.

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Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

El Cat Cafe Mel­bour­ne, ade­más de ser el pri­mer local con gatos que se pone en mar­cha en Aus­tra­lia, es tam­bién una tien­da reple­ta de arti­lu­gios sor­pren­den­tes para aman­tes de los mini­nos: des­de lápi­ces y toa­llas a cami­se­tas, bisu­te­ría  o figu­ri­tas varias.  Eso sí, sien­do obje­ti­vos, no espe­res un café gour­met ni una tar­ta de cho­co­la­te para siba­ri­tas. En este lugar está cla­ro que  lo impor­tan­te es el entorno y la com­pa­ñía. Un con­se­jo: reser­va hora tem­prano, a ser posi­ble por la maña­na. A las sie­te de la tar­de, los pobres bichos, aun­que sin duda viven como reyes, ya están un poco can­sa­dos de tan­to “cuchi, cuchi”.

 

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Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Si des­pués de leer estas pelu­das líneas, te han entra­do ganas de dejar a un lado el estrés y tomar  un capuc­cino con un minino cari­ño­so y sobón, pue­des visi­tar­me. Mal­com, el gato más hedo­nis­ta de este pla­ne­ta, esta­rá encan­ta­do de  hacer­te com­pa­ñía. Si Tene­ri­fe te que­da lejos de casa, en Madrid tie­nes La Gato­te­ca, que ha cele­bra­do recien­te­men­te su segun­do cum­plea­ños, y en Bar­ce­lo­na está a pun­to de abrir “Espai DeGats”, otro Cat Café soli­da­rio reple­to de ani­ma­li­tos que espe­ran tu cari­ño y tu posi­ble adop­ción.

 

¿Quién ha dicho “miau”?

BSO: Every­body wants to be a cat (del clá­si­co Dis­ney “Los Aris­to­ga­tos”)

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