Enoturismo en el Penedès: Parés Baltà. Vinos y cavas ecológicos, biodinámicos y naturales

Cuan­do se vive una situa­ción de cri­sis sani­ta­ria, y por ende eco­nó­mi­ca, como la que esta­mos vivien­do del coro­na­vi­rus, para lo cual no está­ba­mos pre­pa­ra­dos ni en el peor de los sue­ños de Holly­wood, bus­ca­mos cla­vos ardien­do don­de aga­rrar­nos para vol­ver a tener espe­ran­za de que todo vol­ve­rá a la nor­ma­li­dad. Segu­ra­men­te de lo que más extra­ña­mos, en líneas gene­ra­les, es el de vol­ver a abra­zar a nues­tros seres que­ri­dos, com­par­tir comi­das con ami­gos y fami­lia­res y vol­ver a via­jar, amén de que cada uno par­ti­cu­lar­men­te año­re algo muy con­cre­to.

Si se con­tro­la ade­cua­da­men­te esta pan­de­mia pron­to vol­ve­re­mos a abra­zar y com­par­tir comi­das y cenas, y lo de via­jar segu­ra­men­te se redu­ci­rá a lo más pró­xi­mo, a todos aque­llos sitios que en otras cir­cuns­tan­cias, sani­ta­ria­men­te con­tro­la­das, hubié­ra­mos des­car­ta­dos con la pere­gri­na excu­sa de “ya iré más ade­lan­te que eso está cer­ca”.

El enotu­ris­mo, con­jun­ta­men­te con el via­je cul­tu­ral y por supues­to de sol y pla­ya se colo­can en las pri­me­ras posi­cio­nes de elec­ción para el via­je de pro­xi­mi­dad de este verano raro de 2020.

Parés Baltà. Fotografía gentileza de Emma Espejo

Parés Bal­tà. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Emma Espe­jo

Las dife­ren­tes ofer­tas de enotu­ris­mo ade­más de cono­cer de pri­me­ra mano los vinos, tam­bién ofre­cen reco­rri­dos por la viña acer­cán­do­nos la natu­ra­le­za para entrar en con­tac­to con ella, con expli­ca­cio­nes de cómo se cul­ti­va de una for­ma res­pe­tuo­sa con el medio ambien­te siguien­do los cri­te­rios cer­ti­fi­ca­dos de la agri­cul­tu­ra eco­ló­gi­ca y bio­di­ná­mi­ca tal como hacen en Parés Bal­tà. Una bode­ga con más de 230 años de his­to­ria en el Pene­dés, con cons­tan­cia de viñas plan­ta­das en las pos­tri­me­rías del siglo XVIII. Actual­me­ne es la ter­ce­ra gene­ra­ción de la fami­lia Cusi­né la que está al man­do, Joan y Josep Cusi­né Carol que con­jun­ta­men­te con sus espo­sas, María Ele­na Jimé­nez y Mar­ta Casas, como enó­lo­gas, han situa­do a esta bode­ga en una refe­ren­cia en vinos y cavas de cali­dad tan­to den­tro del mer­ca­do nacio­nal como del  inter­na­cio­nal.

Parés Baltà. Fotografía gentileza de Emma Espejo

Parés Bal­tà. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Emma Espe­jo

Toda la vida eno­ló­gi­ca gira en torno a la ori­gi­nal masía de Parés Bal­tà que data de 1790. La ane­xa sala de barri­cas, reno­va­da y amplia­da hace unos años, es el espa­cio don­de se depo­si­tan los vinos para que ten­gan la crian­za ópti­ma. En la refor­ma se res­pe­tó la arqui­tec­tu­ra ori­gi­nal que garan­ti­za poder man­te­ner los vinos a una tem­pe­ra­tu­ra ideal, inclu­so cuan­do en el perío­do caní­cu­lar las tem­pe­ra­tu­ras son muy ele­va­das en el exte­rior. La cava es la par­te más pro­fun­da, situa­da a 10 metros bajo tie­rra, y dón­de enve­je­cen los espu­mo­sos con el mer­cu­rio esta­ble duran­te todo el año alre­de­dor de 15ºC.

Parés Baltà. Fotografía gentileza de Emma Espejo

Inte­rior de la cava de Parés Bal­tà. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Emma Espe­jo

Todos los vinos y cavas de Parés Bal­tà se ela­bo­ran a par­tir de viñe­dos pro­pios dis­tri­bui­dos en 5 cer­ca­nas fin­cas de pro­pie­dad. Cada uno expre­sa las carac­te­rís­ti­cas pro­pias del terri­to­rio con su dife­ren­cias par­ti­cu­la­res de sue­lo, cli­ma y varie­da­des cul­ti­va­das. Vinos pro­ce­den­tes de agri­cul­tu­ra eco­ló­gi­ca con prác­ti­cas como el uso de ove­jas que lim­pian fácil­men­te el viñe­do y que el úni­co ras­tro que deja­rán tras su paso será un abono natu­ral para el cam­po o las abe­jas como cóm­pli­ces de una correc­ta poli­ni­za­ción. Todo ello redun­da­rá en una tie­rra más sana y no con­ta­mi­na­da al no usar her­bi­ci­das, ni pes­ti­ci­das ni abo­nos quí­mi­cos. Des­de el 2011 expe­ri­men­ta­ron con la bio­di­ná­mi­ca que se rige por el calen­da­rio lunar y la influen­cia del uni­ver­so para aumen­tar la fer­ti­li­dad de las plan­tas y con­trol natu­ral de las pla­gas, y un año más tar­de se siguen esos prin­ci­pios en todas las fin­cas. La últi­ma nove­dad ha sido incor­po­rar el vino natu­ral a la bode­ga, ela­bo­ra­do a par­tir de la fer­men­ta­ción alcohó­li­ca natu­ral en ánfo­ras de arci­lla. Este tipo de enva­se, que ya lo usa­ban los íbe­ros cuan­do habi­ta­ron este lugar hace más de 2.000 años, pro­vo­ca una hiper­oxi­da­ción que hace pre­ci­pi­tar todas las par­tí­cu­las oxi­da­bles y de esta mane­ra se obtie­ne un vino lim­po y cris­ta­lino sin inter­ven­ción huma­na.

Parés Baltà. Fotografía gentileza de Emma Espejo

Cata en Parés Bal­tà. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Emma Espe­jo

Los vinos y cavas están seg­men­ta­dos de la siguien­te for­ma:

  • Micro­cu­vée: de pro­duc­ción limi­ta­da y sola­men­te cuan­do la cali­dad de la aña­da es altí­si­ma.
  • R‑Evolution: a par­tir de varie­da­des dis­tin­ti­vas del Pene­dès.
  • Ori­gen: el vino más joven y fres­co, para el día a día, fácil de beber.
  • Cavas: segu­ra­men­te la mejor repre­sen­ta­ción de esta bode­ga que une la tra­di­ción y la más rabio­sa actua­li­dad.
La masía y el pai­sa­je del viñe­do están pen­sa­dos para las dife­ren­tes opcio­nes de enotu­ris­mo como: mari­da­je de que­sos o cho­co­la­te con los vinos pro­pios en el incom­pa­ra­ble mar­co de la masía, visi­ta a la bode­ga para fina­li­zar con una cata comen­ta­da, paseo en 4x4 por las viñas para enten­der el con­cep­to de terroir, de la bio­di­ná­mi­ca y siem­pre para fina­li­zar con una degus­ta­ción de los vinos y cavas.
Propuesta de maridaje con el vino Calcari de Parés Baltà

Pro­pues­ta de mari­da­je con el vino Cal­ca­ri de Parés Bal­tà. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Nuria Teje­dor

Más infor­ma­ción de los vinos y de la ofer­ta enotu­rís­ti­ca así como de la tien­da onli­ne en la web de Parés Bal­tà

Parés Bal­tà. Masía Can Bal­tà, s/n. 08796 Pacs del Pene­dès (Bar­ce­lo­na). Telé­fono 938 901 399.

© 2020 José María Toro. All rights reser­ved

Jean Leon Xarel.lo 2019 de la gama Nativa, es la última incorporación a la bodega que rinde tributo a la historia de su fundador

La bode­ga Jean Leon ha crea­do Nati­va, una nue­va gama de vinos ela­bo­ra­da con varie­da­des autóc­to­nas cata­la­nas,. Esta colec­ción se estre­na con Jean Leon Xarel.lo 2019, un mono­va­rie­tal de la uva que le da nom­bre, y que sin duda es la que mejor repre­sen­ta el carác­ter del Pene­dès, para con­se­guir un vino fres­co y joven pero con mucho aro­ma, todo un tri­bu­to a la tie­rra que eli­gió su fun­da­dor en los años sesen­ta del siglo XX para ela­bo­rar su pro­pio vino.

JEAN LEON_Xarel.lo_2019_Gama Nativa

Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Jean Leon

 

Nota de cata

  • visual: color ama­ri­llo bri­llan­te con ribe­te ver­do­so.
  • nariz: aro­mas cítri­cos, de hino­jo y nuez mos­ca­da para dejar sen­tir de fon­do a fru­ta blan­ca.
  • boca: su ele­gan­te aci­dez nos da fres­cu­ra en toda la boca. Por su crian­za en lías finas nos apor­ta un final sua­ve y endul­za­do por el volu­men y la unto­si­dad.

Mari­da­je

Este vino de pro­duc­ción eco­ló­gi­ca cer­ti­fi­ca­da está pen­sa­do para acom­pa­ñar ensa­la­das, “xató”, arro­ces, ver­du­ras asa­das, que­sos, car­nes blan­cas y pla­tos orien­ta­les.

Eti­que­ta

Bote­lla de color ver­de con eti­que­ta seri­gra­fia­da de 4 bal­do­sas cata­la­nas, don­de están repre­sen­ta­das en las esqui­nas moti­vos vege­ta­les y en el cen­tro de cada una de ella, una estre­lla de 8 pun­tas que repre­sen­ta a la rosa de los vien­tos con sus cua­tro rum­bos late­ra­les. Vie­ne a repre­sen­tar la impor­tan­cia de la fuer­za del dios Eolo y la cli­ma­to­lo­gía para la viti­cul­tu­ra. Este azu­le­jo está fecha­do entre los siglos XVII y XIX, coin­ci­dien­do en el tiem­po con la expan­sión del viñe­do y la comer­cia­li­za­ción de los vinos en el Pene­dès.

La his­to­ria de Jean Leon

Una his­to­ria emo­cio­nan­te y de pelí­cu­la, la de Jean Leon, un visio­na­rio de su tiem­po, hecho a sí mis­mo, y todo un ejem­plo de lucha con­ti­núa ante la adver­si­dad, que como ave fénix se levan­ta­ba de sus pro­pias ceni­zas, y que con­fir­ma que el sue­ño ame­ri­cano se cum­ple. Una exis­ten­cia que bien se podría incluir en el catá­lo­go de “Vidas ejem­pla­res” para leer y apren­der.

Jean Leon, o mejor dicho, Ángel Cefe­rino Carrión, así es como lo bau­ti­za­ron en San­tan­der en 1928, cono­ció des­de muy peque­ño la tra­ge­dia y el tener que rein­ven­tar­se con­ti­nua­men­te. Su ciu­dad de naci­mien­to que­ma­da por un des­vas­ta­dor incen­dio, la dra­má­ti­ca muer­te de su padre y de su her­mano mayor cuan­do ape­nas tenía 13 años, la hui­da a Fran­cia para evi­tar su incor­po­ra­ción al ser­vi­cio mili­tar obli­ga­to­rio, sien­do decla­ra­do pró­fu­go en nues­tro país. Sus 7 inten­tos falli­dos de mar­char­se de Fran­cia como poli­zón en bar­co direc­ción Gua­te­ma­la, y cuan­do lo con­si­gue a la octa­va vez el bar­co no lle­ga a ese país cen­tro­ame­ri­cano sino a Esta­dos Uni­dos. Escon­di­do por el bar­co lo aca­ba des­cu­brien­do un mari­ne­ro negro que le da de comer y ade­más le ense­ña pala­bras en inglés, con­vir­tién­do­se en su ángel de la guar­da duran­te toda la tra­ve­sía. Una vez en la ciu­dad de los ras­ca­cie­los entra a tra­ba­jar como fre­ga­pla­tos en el bar de un parien­te de su padre, tra­ba­ja plu­ri­em­plea­do como taxis­ta con la licen­cia 3055 (núme­ro que dará nom­bre a uno de sus renom­bra­dos vinos), una vez le roban su docu­men­ta­ción apro­ve­cha y deci­de ins­cri­bir­se en USA con el nom­bre de Jus­to Ramón León, y que más tar­de lo con­vir­tió en Jean Leon . Un cúmu­lo de vici­si­tu­des más y por fin una alie­na­ción de pla­ne­tas, una de esas con­jun­cio­nes mági­cas que hay que apro­ve­char sí o sí, hizo que su des­tino cam­bia­ra de ter­cio y cono­cie­ra a Sina­tra, y a James Dean con quién se aso­ció para abrir un res­tau­ran­te has­ta que el acci­den­te de coche trun­có la carre­ra del actor pro­ta­go­nis­ta de la pelí­cu­la Al este del Edén. Final­men­te se deci­dió a abrir La Sca­la por su cuen­ta. Muy bue­na coci­na ita­lia­na, mucha dis­cre­ción, y una bue­na bode­ga de vinos lo con­vir­tió en el epi­cen­tro de Holly­wood, el lugar don­de ver y ser vis­to, don­de todas las estre­llas de la épo­ca que­rían ir a cenar.

Pero para un res­tau­ran­te de cam­pa­ni­llas como el suyo fal­ta­ba tener su pro­pio vino, y en esta labor se puso en 1962 has­ta que encon­tró en el Pene­dès 150 hec­tá­reas dón­de sus­ti­tu­yó las cepas autóc­to­nas y les injer­tó varie­da­des de caber­net sau­vig­non, caber­net franc y char­don­nay. En 1963 plan­tó las cepas del viñe­do “La Sca­la” con el mis­mo nom­bre que su res­tau­ran­te cali­for­niano. En 1967 le lle­gó el turno a las cepas de char­don­nay en el viñe­do deno­mi­na­do “Vin­ya Gigi”, y en 1968 plan­tó en la “Vin­ya Le Havre”. En 1969 lle­gó la pri­me­ra cose­cha de caber­net sau­vig­non en “La Sca­la” con­vir­tién­do­se de esta mane­ra en la pri­me­ra cose­cha de esta uva en Espa­ña y que una vez con­ver­ti­do en reser­va se sir­vió ínte­gra­men­te en el res­tau­ran­te La Sca­la de San­ta Móni­ca Bou­le­vard. A par­tir de aquí fue con­si­guien­do gran­des reco­no­ci­mien­tos en el mun­do viní­co­la. Otro infor­tu­nio, esta vez de salud, en 1994 con un diag­nós­ti­co de cán­cer avan­za­do le vino a agriar toda su ale­gría. Cons­cien­te de su fatal des­tino pasó su lega­do a la Fami­lia Torres como digno segui­dor de su filo­so­fía.

Jean Leon en la actua­li­dad

Des­de el 2010 está diri­gi­da la bode­ga por Mireia Torres y ha con­se­gui­do que ten­ga el pri­mer reco­no­ci­mien­to de “Vino de Fin­ca” en el Pene­dès a 4 de sus vinos. Se tra­ta de la máxi­ma dis­tin­ción con­ce­di­da por la Gene­ra­li­tat de Cata­lun­ya a vinos pro­ce­den­tes de un úni­co viñe­do, de un tipo de sue­lo con­cre­to y micro­cli­ma para con­se­guir la máxi­ma expre­sión. Todos los vinos tie­nen la cer­ti­fi­ca­ción de orgá­ni­cos des­de el año 2012. Actual­men­te expor­tan a 40 paí­ses.

Más infor­ma­ción en la web de Jean Leon y para com­prar este vino en la tien­da onli­ne sin gas­tos de envío has­ta el pró­xi­mo 29 de mar­zo de 2020 intro­du­cien­do el códi­go ENVIOGRATIS

© 2020 José María Toro. All rights reser­ved

Llorando por esos mundos

Soy llo­ro­na. Lo con­fie­so sin pudor. Me con­mue­ve has­ta una hor­mi­ga coja. Cosas de la vida. Supon­go que por eso he derra­ma­do muchas lágri­mas por esos mun­dos de dios. A veces me han emo­cio­na­do pai­sa­jes memo­ra­bles,  de esos que cor­tan la res­pi­ra­ción y te hacen pen­sar que aún estás en la cama. En otras oca­sio­nes, las per­so­nas  que habi­ta­ban esos luga­res han sido la ins­pi­ra­ción  de esos “hips, hips” épi­cos. Como quie­ra que sea, ahí van algu­nas de mis llan­ti­nas geo­grá­fi­cas más impo­nen­tes. Que cons­te que hay unas cuan­tas más pero no quie­ro abu­rrir­les dema­sia­do con mis sollo­zos via­je­ros.

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San­ta María Nove­lla (Flo­ren­cia) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Flo­ren­cia: des­cu­brí el famo­so “sín­dro­me de Stendhal” en el via­je del Ins­ti­tu­to. Iba pasean­do albo­ro­ta­da por las calles de la ciu­dad tos­ca­na ‑cir­cuns­tan­cia nor­mal cuan­do tie­nes  die­ci­sie­te años y estás con tus ami­gos–  cuan­do me tro­pe­cé con la Igle­sia de San­ta María Nove­lla en una esqui­na.  No pude evi­tar­lo y me entró un tele­le de los gran­des. El cora­zón a mil y alu­ci­nan­do con tan­ta belle­za. Lagri­mo­nes por doquier y la cara de póquer de  mis com­pa­ñe­ros. He repe­ti­do la visi­ta a Flo­ren­cia en dos oca­sio­nes más y en las dos, el mis­mo “parra­que”. Quién sabe si en otra vida me hin­ché a pas­ta y piz­za.
  1. San Gimig­nano: segui­mos en Ita­lia. Fue en algu­na revis­ta de via­jes que des­cu­brí este pue­ble­ci­to medie­val rodea­do de mura­llas y viñe­dos. Esta­ba entre mis visi­tas pen­dien­tes des­de hacía mucho tiem­po. Hace unos meses pude cono­cer­lo y no me decep­cio­nó en abso­lu­to. No sé si fue el vino que me había toma­do momen­tos antes o la emo­ción atra­pa­da en la gar­gan­ta. Lo cier­to es que al cru­zar la  Puer­ta de San Gio­van­ni con la male­ta en la mano, llo­vía a mares entre mis pes­ta­ñas.
  1. Puen­te de Brooklyn: atra­ve­sar el puen­te que une Nue­va York con Brooklyn al ano­che­cer es una expe­rien­cia memo­ra­ble. Si lo haces un once de sep­tiem­bre des­pués de visi­tar la” Zona Cero”, tu cora­zon­ci­to segu­ro que toca en la puer­ta.
  1. Ausch­witz: Sobran las pala­bras. Reco­rrer el mayor cam­po de exter­mi­nio nazi de la his­to­ria, deja sin alien­to has­ta al alma más áspe­ra. Bello y terri­ble.
  1. San­tia­go de Chi­le: en esta oca­sión las lágri­mas fue­ron de ale­gría. Y de la bue­na. Cono­cer a mi ami­ga Pau­la tras más de una déca­da de amis­tad ciber­né­ti­ca hizo que me ena­mo­ra­ra de esta ciu­dad encan­ta­do­ra y  de sus mara­vi­llo­sos habi­tan­tes.
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Peri­to Moreno. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Peri­to Moreno: en ple­na Pata­go­nia, una masa de hie­lo blan­ca y bri­llan­te se cue­la en tus neu­ro­nas. El guía había avi­sa­do: esta es la “cur­va de los sus­pi­ros”. Al doblar­la y des­cu­brir uno de los gla­cia­res más her­mo­so del pla­ne­ta, es inevi­ta­ble poner­se las gafas de sol y rom­per a llo­rar en silen­cio.
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El Faro del Fin del Mun­do. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. El Faro del Fin del Mun­do: tam­bién en Argen­ti­na, per­di­do en un islo­te fren­te a las cos­tas de Ushuaia, este peque­ño y tími­do faro des­lum­bra por su sen­ci­llez rotun­da. Rodea­do de focas y aves emer­ge del mar y hace tem­blar tus cimien­tos.
  1. Tokio: en la capi­tal nipo­na llo­ré de can­san­cio des­pués de vein­te jor­na­das mara­to­nia­nas sin ape­nas poder dor­mir. Pero sobre todo llo­ré con dis­cre­ción el últi­mo día cuan­do nos des­pe­di­mos de Iku­ko Yama­sa­ki. Mi pri­mo y yo hici­mos “couch­sur­fing” en su casa (en tér­mi­nos colo­quia­les que­dar­se de gorra don­de te dejen) y cuan­do nos acom­pa­ñó al metro rum­bo al aero­puer­to nos dijo adiós con un abra­zo muy fuer­te: una acción ines­pe­ra­da para el carác­ter japo­nés, poco dis­pues­to a mos­trar afec­tos de mane­ra tan evi­den­te.
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Pri­sión de Alca­traz. San Fran­cis­co. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. San Fran­cis­co: Sales can­sa­dí­si­ma del avión y unos poli­cías con cara de “pit bull” te retie­nen duran­te más de dos horas sin dar expli­ca­cio­nes. Al final te dejan ir con la cabe­za gacha y des­pués un agen­te his­pano te cuen­ta que hay una fugi­ti­va con tu nom­bre. Sí, tam­bién se llo­ra un poqui­to de ner­vios y ali­vio cuan­do lle­gas sana y sal­va al hotel.
  1. Holly­wood: Paseo de la fama. Entre las dos mil estre­llas que lo pue­blan, encuen­tro la de Michael Jack­son. Me paro en seco, hago el “moon­walk”, can­to “Thri­ller” y, por supues­to, me emo­ciono has­ta las tran­cas.
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Gran Barre­ra de Coral (Aus­tra­lia) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Gran Barre­ra de Coral (Aus­tra­lia): sobre­vo­lar en avio­ne­ta el mayor arre­ci­fe tur­que­sa del pla­ne­ta tie­ne miga. Sin glu­ten, por favor.  La mez­cla de colo­res nubla los sen­ti­dos. Una expe­rien­cia des­lum­bra­do­ra que hay que tener antes de que el calen­ta­mien­to glo­bal la haga impo­si­ble.
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Desa­yuno con vis­tas impa­ga­bles en Cien­fue­gos (Cuba) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Cien­fue­gos (Cuba): Una ciu­dad pre­cio­sa y una habi­ta­ción en una casi­ta fami­liar jun­to al Cari­be autén­ti­co por trein­ta euros el día. Doña Dora, una cuba­na con muchos años que con­ta­ba his­to­rias reales mien­tras dis­fru­ta­bas de los mejo­res desa­yu­nos del mun­do en el embar­ca­de­ro.  ¿Cómo no des­pe­dir­se de ella y de su hogar con un abra­zo cáli­do y lagri­mi­tas en los ojos?
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Fes­ti­val de Euro­vi­sión 2016 en Esto­col­mo. Foto­gra­fía de la euro­fan Noe­mi Mar­tin

  1. Esto­col­mo: En esta ciu­dad he llo­ra­do dos veces. La pri­me­ra de frío. Ocho gra­dos bajo cero no se lle­van dema­sia­do bien,  más cuan­do vie­nes de Cana­rias y se te ha ocu­rri­do pasar la maña­na en Skan­sen, un museo con ani­ma­les al aire libre. Menos mal que el vino calien­te espe­cia­do tie­ne efec­tos inme­dia­tos cuan­do se toman un par de vasos segui­dos. La segun­da, en el  fes­ti­val de Euro­vi­sión hace unos meses. Ese himno tele­vi­si­vo de todos cono­ci­do, esas ban­de­ras albo­ro­ta­das y esa “euro­fan” dan­do rien­da suel­ta a sus emo­cio­nes sin cor­tar­se un pelo. El resul­ta­do: rímel embo­rro­na­do y unos cuan­tos klee­nex  arru­ga­dos  en el bol­si­llo.

Has­ta aquí un resu­men de mis llan­tos más sona­dos. Mien­tras ideo una segun­da entre­ga, te reto a que, como yo,  hagas memo­ria via­je­ra. Segu­ro que tú tam­bién has llo­ra­do algu­na vez por esos mun­dos. ¿Lo recuer­das?

BSO Llo­rar y llo­rar de Vicen­te Fer­nán­dez

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos.