Receta muy fácil de la salsa con Pimentón de la Vera DOP que querrás usar para todo

La his­to­ria del pimien­to (de don­de pro­ce­de el Pimen­tón de la Vera) se pier­de en la memo­ria de los tiem­pos de Amé­ri­ca y es Colón quien la tra­jo en 1493 a Espa­ña en su ter­cer via­je como posi­ble sus­ti­tu­to de la pimien­ta que se traía de Orien­te. Es en el siglo XV cuan­do los frai­les del Monas­te­rio de Gua­da­lu­pe cul­ti­va­ron el pimien­to y lo exten­die­ron a otros monas­te­rios de la mis­ma orden has­ta lle­gar has­ta el Monas­te­rio de Yus­te (don­de se reti­ró Car­los V de Ale­ma­nia y I de Espa­ña) en la comar­ca extre­me­ña de la Vera. El pimen­tón tuvo una gran poder eco­nó­mi­co para esta comar­ca al ser nece­sa­rio su uso para las cha­ci­nas. Su seca­do a humo y moli­dos en moli­nos de pie­dra es lo que aca­ban de dar­le su sabor carac­te­rís­ti­co y que lo dife­ren­cia de otros pimen­to­nes. Según el pimien­to usa­do ten­dre­mos dife­ren­tes mati­ces de sabor como dul­ce, agri­dul­ce o pican­te. 

Está reco­no­ci­do como DOP por la Unión Euro­pea des­de el 2007 como garan­tía de cali­dad, arte­sa­nía y ela­bo­ra­ción tra­di­cio­nal. 

Rece­ta:

Ingre­dien­tes: 

AOVE varie­dad arbe­qui­na (más sua­ve) 

una cebo­lla, 2 gajos de ajo y pere­jil

Pimen­tón dul­ce (o pican­te al gus­to)

1 ó 2 cucha­ra­das sope­ras de hari­na para espe­sar

1 vaso de vino blan­co (pue­de ser un vaso de agua). Pre­fe­ri­mos el vino blan­co por­que le apor­ta­rá mati­ces y ade­más lue­go te lo bebe­rás.

1 kilo de meji­llo­nes (alme­jas o cual­quier otro bival­vo)

Pan 

Ela­bo­ra­ción

Pica­mos la cebo­lla, el ajo y pere­jil todo muy fino y lo pone­mos en una sar­tén con un cho­rri­to de AOVE. A fue­go sua­ve duran­te 5 minu­tos has­ta que esté dora­da la cebo­lla y el ajo, anña­dién­do­le el pimen­tón dul­ce (o pican­te según sea tu gus­to) para que tome color. Se le aña­de la hari­na y vamos remo­vien­do para que no se for­me gru­mos. Aña­di­mos el vaso de vino blan­co. Se deja a fue­go sua­ve y mien­tas vamos remo­vien­do has­ta que espe­se a nues­tro gus­to. 

En la sal­sa pone­mos los meji­llo­nes pre­via­men­te lim­pios y has­ta que se abran, Una vez abier­to ya los pue­des comer. Y un buen pan para mojar a dis­cre­ción.

Buen pro­ve­cho.