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Un mordisco (sin gluten) a Canadá

Canadá es espaciosa y verde como un campo de fútbol gigante o de lacrosse, el juego nacional junto con el hockey sobre hielo. Una cifra de sólo treinta y seis millones de habitantes en el segundo país más grande del mundo permite que aquí se pueda vivir holgadamente. Basta con ver los jardines de las casas con sus mesitas y mecedoras. Hay césped por todos los lados, hasta en medio de los carriles de las autopistas. Y hay lagos gigantes y glaciares, ballenas, islas, campos de golf por doquier, bodegas y ciudades afables como el carácter de los canadienses. Al menos en el mordisco dulce y sin gluten que saboreé. Porque este es un país tan inmenso que no creo ni que su soberana, la Reina Isabel II, lo haya recorrido de norte a sur. Necesitaría mucho tiempo. Cuando decides ir a Canadá a menos de que dispongas de un par de meses, como mínimo, debes elegir. Mi opción, como primer acercamiento a este enorme país es la costa este. Un coche en el aeropuerto de Toronto y todo a babor entre camiones gigantescos, algunos de película, y caravanas de todo tipo. Aquí casi todo el mundo tiene una en el patio de su casa.  

Típicas casas canadienses en una calle de Gananoche

Stonewater Bed and Breakfast en Gananoque

 

El primer punto importante del recorrido después de hacer noche en Oshawa, es Kingston. En esta pequeña ciudad, la más antigua de Canadá se respira un ambiente entre clásico y moderno aderezado con mucho jazz en vivo. Hay tiendecillas y bares para elegir. Como a gustos eco no hay quien me gane, me quedo con un vistoso supermercado de productos naturales, muchos a granel: el Tara Natural Foods, donde compramos una miel deliciosa, y Le Chien Noir, un bistro francés con vinos de un montón de sitios, hasta albariños había, y unas ensaladas espectaculares.

Kingston

Kingston

 

A unos 30 kilómetros de Kingston, la cita absolutamente ineludible es en Gananoque. Este curioso pueblecito rezuma tranquilidad en sus calles plagadas de las típicas casas bajas canadienses con sus banderas ondeantes. Dan ganas de ponerse unas mallas y unas zapatillas de deporte y lanzarse a correr por sus parques, donde por cierto, vi plantadas coliflores. Su punto fuerte, además de su calma inquebrantable, es ser muelle de partida hacia las famosas Mil Islas, un fantástico must cuando viajas a la zona. Un lugar ideal para dormir junto al puerto es el Stonewater Manor B&B. Las habitaciones son preciosas y sus dueños que también regentan un fabuloso pub irlandés anexo (con burgers gluten free, algunas veganas) son encantadores. Además, sirven unos desayunos espléndidos que incluyen unas tostadas sin gluten con mantequilla y una tortilla de champiñones para llorar de alegría.

Casa en las Mil Islas

Casa en las Mil Islas

 

Ottawa, capital candienses y siguiente parada, se merece medio día de viaje y una noche en el Blue Cactus para beber una copa de vino del Niágara con una bandeja gigante de boniato frito. Antes, visita los puestos y cafés del animado mercado Byward, las exclusas del Canal Rideau, los edificios del Parlamento que recuerdan al Westminster de Londres y, si tienes tiempo, la National Gallery. Luego sigue tu rumbo sin mirar atrás.

Ottawa

Un rincón para winelovers en Ottawa

 

Después de Ottawa nos dirigimos hacia el Parque Nacional de la Mauricie y hacemos parada para dormir y cenar en Shawinigan a pocos kilómetros del Parque. Este refugio natural donde habitan osos negros, alces y castores, es una auténtica maravilla, sobre todo cuando descubrimos una playa desierta en uno de los lagos que la inundan. Qué bien sabe un baño en aguas cristalinas. Un picnic con productos de la zona y a soñar. Rumbo al norte, tras abandonar el Parque, recorremos un paraje plagado de lagos para dormir en La Tuque, una localidad con su propia estación de esquí alpino, donde recomiendo el BB La guite du parc. Si eres gluten free, éste es tu lugar porque su dueña es celíaca. Como una de las características de la condición canadiense junto con la amabilidad es la honestidad, haciendo caso a nuestra anfitriona, cenamos en Le Boke: buenos vinos y un confit de pato con risotto de setas y verduritas para recordar todo el viaje.

Parque Nacional de La Maurice

Parque Nacional de La Maurice

 

Desde La Tuque avanzamos hacia el Lago St. Jean durante desérticos kilómetros para darnos un bañito helado en la villa de Roverbal y acabar en la ciudad de Alma, concretamente en La Maison de Matelot, un sencillo hotelito de 5 habitaciones, una terraza con vistas de agua dulce y deliciosos desayunos gluten free. La vida es hermosa. A orillas del lago, preciosas casitas se suceden. Es el lujo canadiense que consiste en tener a tu disposición un trocito de lago con un embarcadero o unas tumbonas. Así que salvo en las playas autorizadas, los accesos a St. Jean son privados. Un lugar ideal en el Lago para coger una bici y pasar el día con un buen picnic es el Parque Nacional de la Pointe-Taillon, un refugio de castores y preciosos senderos acompañado de kilómetros de playas sosegadas. Al norte del lago Saint Jean, visita el pequeño pueblo de Perinboka. Pedirás a tu dios o a la lotería nacional asilo en uno de esos rincones.

Maison de Matelot

Maison de Matelot

 

Después de abandonar Alma y haber cenado en Mario Tremblay o en el Café du Clocher, en ambos sirven un jugoso salmón, dirígete a Tadossac pasando por el fantástico Parque Nacional des Monts Valin. Los lagos siguen siendo los mejores compañeros pero su placidez y sus fantásticas casas no dejan de asombrar al visitante. Tadossac es uno de los lugares del mundo más importantes para avistar ballenas, además de situarse junto a un hermoso fiordo. Los cetáceos se pueden divisar desde un barco o zodiac pero también a simple vista desde la costa. Recorre el paseo que parte del puerto y si vas entre junio y noviembre las verás jugueteando entre las olas. El pueblo es un enclave agradable y animado en medio de la tranquila Canadá. Además, alberga una preciosa capilla que es la iglesia de madera más antigua del país. Para tomar una ensalada de pato o una burger de salmón (opción gluten free) pasa por el Pick Up Grillé. Para el mejor café (bio) de la zona, acércate al vecino pueblo de L’Anse de Roche. En el único que hay, el Casta Fjord, su estrambótica encargada hará que el paseo merezca aún más la pena. Para una cena deliciosa dirígete al Café Bohème. Un consejo, como no admiten reservas, vete como a eso de las 8:30h (cierran a las 10h) cuando los “no españoles” están terminando.

Tadossac

Café Bohème en Tadossac

 

En Quebec, la única ciudad amurallada del Norte de América, huele a Paris y a las palomitas con mantequilla y caramelo de Marys. Me entenderás cuando la visites. Pasea por sus calles, entra en sus galerías de arte y sus tiendas de antigüedades. Date un paseo por el mercado, compra las manzanas y fresas más vivas que he visto y si necesitas algo más dulce prueba el sirope de Maple. No te olvides de disfrutar de un almuerzo ecológico en el bistro organic L’orygin (tienen una carta de vinos inmensa) y para cenar y arruinar la dieta del medio día, toma una fantástica pizza de queso de cabra sin gluten en La Piazzetta. Y ya que estamos de quesos, encuentra los mejores, incluidos algunos de Fuerteventura, en la calle Saint Jean (Épicerie Européenne), donde podrás escuchar música en vivo en algunos de sus locales. Recuerda visitar el barrio de Saint Roth para conocer la parte más alternativa de la city y sus múltiples cafeterías. Por cierto, en esta ciudad se habla español. En cinco establecimientos encontramos encantandores canadienses que lo dominaban a la perfección. Nuestra elección para dormir fue una habitación abuhardillada en el sencillo y pintoresco hotelito Maison Ste-Ursule, dentro del colorido y musical casco histórico.

Quebec. La Perle

Quebec. La Perle

 

La última parada de nuestro viaje es la ciudad de Toronto, una gran urbe de más de seis millones de personas provenientes de todos los rincones del planeta. Quizás Toronto no tiene el saber estar ni la elegancia parisina de Quebec pero tiene chispa. Y de la buena. Basta con caminar sus calles y acercarse al barrio bohemio de Kensington para comprobarlo. Ropa de segunda mano, tiendas bio y un montón de garitos donde tomar comidas del mundo ¿qué tal unos tacos y un margarita en el mejicano Pancho y Emiliano? Otro lugar imperdible de la ciudad para los gluten free y también para los amantes de la comida venezolana es el Arepa Café, con platos deliciosos y contundentes que sirven como catering al equipo local de béisbol, el querido Blue Jays. En Toronto, además de probar una deliciosas pakoras en Little India, visita la famosa torre CN que lidera la ciudad desde lo alto si no temes a las colas. También, acércate a sus museos, al puerto o a la conocida Casa Loma. Por último, no te olvides de tomar algo en el mercado de St. Lawrence, el mejor del mundo según National Geographic.

Centro de Toronto

Centro de Toronto

 

Para terminar el mordisco canadiense, nos acercamos una jornada a las famosas Cataratas del Niágara. Por cierto, cómprate un chubasquero si no quieres terminar empapado. Luego, disfruta del día como quieras, tienes todo tipo de actividades para realizar pero no te quedes sin deleitarte con una copa de vino autóctono con vistas al estratosférico caudal de agua.

Cataratas del Niágara

Cataratas del Niágara

 

Ya en el aeropuerto Pearson de Toronto, rumbo a casa, el ansia viajera no ha quedado saciada. O a lo mejor es gula. La sensación es la de querer ver más y más verde. Y más azul. En la sonrisa llevo el impulso quimérico de tomar un coche o un avión y dirigirnos hacia Vancouver para seguir descubriendo paisajes fantásticos y ciudades amigables. En el espíritu, el anhelo navegante de continuar saboreando esa fruta enorme y jugosa que es Canadá.

© 2018 Noemi Martin . All rights reserved. 

 

 

 

 

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Luang Prabang: en cuerpo y alma

Confieso mi ignorancia sin vergüenza alguna. No había oído hablar de Luang Prabang hasta que decidí visitar el sudeste asiático. Ese día, hace unos meses, hice lo que todos, acudir a San Google con fe y devoción: por favor, desde tu inmensidad absoluta, muéstrame los lugares más bellos de Asia. Y allí, en la pantalla, compartiendo podium con otras ciudades más conocidas, se me rebeló la pequeña y encantadora Luang Prabang en el corazón de Laos.

Guía Camboya Laos

Guía Camboya Laos

 

Luang Prabang es uno de los centros religiosos más importantes de Asia. Más de cincuenta templos o “wats” jalonan sus mágicas callecitas plagadas de terrazas y galerías de arte al más puro estilo francés que recuerdan su pasado colonial. Un paisaje único, Patrimonio de la Humanidad, que mezcla el naranja de las túnicas budistas con el rojo intenso del vino de Burdeos. Aquí, en este enclave amable y sosegado, lo tienes todo: puedes meditar, hacer yoga, recibir clases de cocina asiática y disfrutar de una copa nocturna o un delicioso croissant ¿Quién ha dicho que es contradictorio? Además, los monjes también comen helados.

Monje comprando un helado

Monje comprando un helado

 

Unos de los atractivos de la ciudad es la ceremonia de entrega de limosnas en la que los monjes reciben arroz y otros alimentos de los fieles. Es un ritual típico de muchos países budistas pero que en este espacio plagado de templos maravillosos, cobra una fuerza especial. Minutos antes de las seis de la mañana, los monjes, la mayoría niños, salen de sus lugares de oración y recorren en hilera las callejuelas de Luang Prabang. Merece la pena levantarse temprano para ver la ceremonia, pero siempre desde el máximo respeto, entendiendo la religiosidad del acto y sin meterse en medio para sacar fotos. Ya hay bastantes en internet. Los monjes lo agradecerán y regresarán en silencio a sus “wats” para continuar la jornada. Tú puedes volver a tu hotel o aprovechar para ver el amanecer desde el río Mekong: el alma líquida del sudeste asiático. Cuatro mil trescientos kilómetros de vida atravesando seis países.

Río Mekong

Río Mekong

 

Otro de los puntos fuertes de Luang Prabang es su colorido mercadillo nocturno. Centenares de puestos escrupolosamente ordenados recorren la avenida principal de la ciudad. Los artesanos y vendedores exponen sus sedas, cerámicas o bordados sin atosigar a los visitantes. Es lo que tiene Luang Prabang: esa calma brillante que lo impregna todo. Junto al mercadillo central, en el extremo sur, huele a comida local. Arroz glutinoso, verduras y carne especiada. Ceviche de pescado, bambú y papaya. Dulce y picante. Sabores laosianos por un par de euros. Y todo ello junto a una Beerlao, la mítica y aromática cerveza del país.

Mercado

Mercado nocturno de Luang Prabang

 

En las afueras de la ciudad, más allá de los ríos Mekong y Nam Khan se suceden las aldeas y los templos. Cascadas, bosques y pájaros iluminan el paisaje. Todo está donde tiene que estar. Todo es lo que tiene que ser. Al abandonar Luang Prabang, después de varios días respirando sus rincones, muchas sensaciones en la retina, el paladar, el oído y el corazón. Si hay que elegir, me quedo con tres: el dorado de las estatuas de Buda, el sonido del silencio en sus decenas de templos y la sonrisa amable de los laosianos. Allí te esperan. En cuerpo y alma.

Buda

Estatua de Buda en el jardín de uno de los templos

 

Un desayuno con un buen café: Le Cafe Ban Vat Sene. Una clase de yoga y un té: Utopía. Una cena con vistas al mercado: Indigo House. Una copa de vino francés: Tangor.

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Escapada al idílico Val d’Aran y visita a las instalaciones de Caviar Nacarii

Nacarii, la firma del caviar fresco y artesano de la Val d’Aran, ofrece este agosto grandes ofertas en sus tratamientos cosméticos en las Termas  de Baronía de Les, menús degustación con caviar en algunos restaurantes y la posiblidad de visitar su piscifactoría de Les y su tienda en Vielha.

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Fotografía gentileza de Caviar Nacarii

 

Para los que huyen de las masificaciones de las playas en el mes de agosto, existe una escapada alternativa en ese paraíso pirenaico de gran belleza que es la Val D’ Aran. Entre sus altas montañas y aguas puras y cristalinas se cultiva el caviar Nacarii, uno de los más prestigiosos de Europa  y de los pocos que solo ofrece producto fresco y artesanal. La experiencia puede ser múltiple dadas las grandes posiblidades de este producto en gastronomía y en cosmética.

Por una parte se puede contratar  una sesión antiaging en las Termas de Baronía, enclavadas en un entorno espectacular para combinar su circuito termal con un tratamiento  de belleza con crema de caviar  u otras de sus muchas propuestas  relajantes y rejuvenecedoras.

Por otra se puede visitar la planta de acuicultura de  Nacarii en Les, para conocer en primera persona como se cultiva este preciado caviar en un entorno espectacular y  de forma  totalmente artesanal, además de visitar su tienda de Vielha para comprar productos gourmet y de belleza o  realizar catas allí mismo  de la tres variedades de Nacarii maridadas con cava o vodka. En las visitas guiadas se explica  el origen y la biología de los esturiones, sus características, la producción y por último la elaboración del caviar. La visita dura aproximadamente una hora y se realizan a las 12h y a las 16h. También en francés e italiano los miércoles y sábados a las 10:30h. Para más información, precios y reserva previa en la web de Caviar Nacarii

La visita se puede completar con un menú degutación alrededor del caviar Nacarii y el esturión, en el restaurante Es Arraitzes de Garos. Sugerentes y más que apetitosos platos como el cucurucho al carbón relleno de humus con aji panca y Caviar Nacarii o el Tiradito nikkei de esturión del Val d´Aran. Platos firmados por su chef César Mory Sahami,  peruano de origen japonés, afincado en la Val d´Aran hace 4 años. Todo ello en un marco incomparable de elegancia y buen gusto gestionado por parte de Cristina Anca Nastase.

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Tienda de Caviar Nacarii en Vielha

 

La preceptiva visita a la tienda de Caviar Nacarii, en el Paseo de la Libertad, 14 de Vielha, para comprar sus productos para auto consumo o como regalo para nuestros seres queridos, será de las últimas cosas a hacer en esta bucólica escapada de la gran ciudad y coger fuerzas antes de volver al trabajo y a la rutina.

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Tratamiento con Caviar Nacarii en las Termas de Baronía de Les

 

El uso del caviar Nacarii en cosmétia es muy beneficioso para la piel como su crema antiaging (59,90 euros) de día que regenera y renueva las estructuras celulares , así como su poderosa acción anti-radicales libre y antioxidante celular o el agua termal (9,90 euros) Pack de los dos productos por 65 euros. En Termas Baronía de Les situado en Camino de la Lana, s/n, Les.

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Cosméticos con Caviar Nacarii de las Termas de Baronía de Les

 

Más información de este preciado producto en la web de Caviar Nacarii

© 2018 José María Toro. All rights reserved.

 

Respirando Oporto

Oporto, entramado de callejuelas y pendientes mirando al Duero. Terrazas bajo la luna. Tejados y azulejos por doquier. El naranja. El azul.  Iglesias y tiendas de diseño. Una hora menos, como en Canarias.

Oporto

Oporto

 

Sushi y bacalao a la brasa. Latas de sardinas decoradas. Vino tinto y verde. Barras de gin tonic. Lo moderno. Lo clásico y lo decadente. La librería Lello. Harry Potter y los versos portugueses de Pessoa.

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Latas de conservas en La Casa Oriental

 

El sonido del tren en la Estación de Sao Bento. Un barco que te espera navegando el Douro. Puentes de hierro cruzando el cielo. Bodegas sonrientes. Muito obrigado.

Viajeros y turistas en la estación de Sao Bento

Viajeros y turistas en la estación de Sao Bento

 

Café con pasteles de Belém. La vida desde lo alto. La Torre de los Clérigos. El funicular. Un puñado de flores. Caminar de la mano. Sensaciones duplicadas. Fados y melancolía.

La Torre de los Clérigos, uno de los símbolos de la ciudad

La Torre de los Clérigos, uno de los símbolos de la ciudad

 

Banderitas de colores. Luciérnagas imaginarias en cada esquina. Bolsos de corcho. Collares de botones. La mágica ribeira. Tabernas en la noche. La Catedral. Magallanes explorando el mundo.

Escaparate de Aramarte. Artesanía con botones, en una de las calles principales

Escaparate de Aramarte. Artesanía con botones, en una de las calles principales

 

Oporto, cuesta arriba con la sonrisa puesta y una apuesta segura: volver a pasearte pronto, a beberte, a mirarte reflejada en la orilla del río y también en mi libreta.

© 2018 Noemi Martin. All rights reserved.

São Miguel: espíritu verde

Hortensias y azaleas en los andenes y en el alma. Me las llevé puestas. Y el color de sus valles frondosos. Y el azul enmarcándolo todo.

São Miguel o San Miguel, la Isla Verde, engancha. Debe ser la belleza pura y sosegada de las Azores. Hipnotizan sus lagos y su esencia volcánica, lava que besa el Atlántico y se encuentra con la de las Canarias, sus hermanas macoronésicas. 

Los paisajes azorianos impregnan las retinas de los visitantes para siempre. Asomarse al Mirador do Rei y contemplar las Sete Cidades es una experiencia de cuento. De hecho, hay una leyenda en torno a los dos lagos. Una de amores desdichados e imposibles. No podría ser de otra manera estando en tierras de aire tan profundamente melacónlico.

Sete Cidades

Sete Cidades

 

Aquí, entre Nueva York y Lisboa, como leí en algún lugar, el mar se interrumpe. Y se interrumpe bien. Con cuidado, con respeto. Sin urbanizaciones desaliñadas y traicioneras, rompiendo el paisaje.

En San Miguel, la mayor de las nueve Islas Azores, todo es limpio y sereno. Como un jardín gigante cuidado por duendes. Duendes que se ocupan de las flores y de pastorear cientos de rebaños de vacas felices. También de hervir el agua en las Calderas de Furnas y de cultivar las deliciosas piñas tropicales que se venden en los mercados locales y se exportan al resto del país.

Mirador de Nordeste

Mirador de Nordeste

 

En San Miguel se bebe vino volcánico a temperatura ambiente. Trece grados en invierno y veintitrés en verano. Es la media primaveral. Quesos isleños acompañan a los caldos elaborados con uvas autóctonas. Quesos de San Miguel pero también de San Jorge o Pico. Algunos deliciosos, elaborados con leche de vaca no pasteurizada. Y es que la ganadería es uno de los principales motores de la economía azoriana.

Playa de San Roque

Playa de San Roque

 

El turismo que llega a las Islas es por ahora moderado. Es el mejor momento para enamorarse de las Azores, de sus pueblos y de su arquitectura, la tradicional y la moderna y sostenible. Aquí la gente viene a hacer senderismo y a descansar, no busca tostarse al sol en sus playas. Aunque si te toca un tiempo amable y soleado, también es posible. San Miguel tiene costa con banderas azules, playas ligeras sin atestar. Algunas como San Roque, vigiladas por una deliciosa iglesia que casi es faro para los hombres de la mar, es ideal para un baño cerca de la capital, Ponta Delgada. Otras como Santa Bárbara son el refugio ideal para surferos y modernillos.

Lago de Fogo

Lago de Fogo

 

Entre los paisajes de San Miguel, aparte de los espectaculares Lagos de las Sete Cidades, se hace imprescindible visitar el de Fogo. El descenso, algo escarpado, merce la pena. Veinte minutos para encontrar una imagen idílica: un lago rodeado de vegetacion y poblado por aves en el fondo de un cráter muchas veces oculto tras la niebla. También impresionante es Furnas, sus calderas y las piscinas de aguas sulfurosas del Parque de Terra Nostra. Y los miradores y los merenderos, cuidados y pulcros, donde los isleños sacan sus viandas y se echan una siestita en plena naturaleza.

Ponta Delgada

Ponta Delgada

 

Después de patear la Isla de arriba a abajo y tomarte un té de las plantaciones azorianas en alguno de sus acogedores pueblos como Ribeira Grande o Villafranca do Campo, finaliza tus días con una buena cena en Ponta Delgada. La oferta de restaurantes y terrazas en la capital es bastante amplia. Te recomiendo que no te vayas sin probar el bife “Alcides” en el hotel del mismo nombre, una enorma tabla de queso con un tinto en la Taberna Acor o una deliciosa ensalada en la terracita de Calçada do Cais.

Mirador de Santa Iria

Mirador de Santa Iria

 

Las Azores, como ves, son mucho más que su famoso Anticiclón o el lugar donde se forjó la invasión de Irak. Son las Islas de las ballenas, de los prados verdes, de la tranquilidad y el respeto al medio ambiente, de las cuatro estaciones en un día. Es el momento de descubrir, San Miguel, la más grande de todas. Si después de visitarla te arrepientes, escríbeme.

© 2018 Noemi Martin. All rights reserved.

Eurovisión desembarca en Lisboa

Todos a bordo es el grito de guerra que se escucha estos días en Lisboa. El lema de este año:  “All aboard”  es un acierto. No hay duda. Porque aquí, a pesar de las banderas, las canciones y la competición, todos estamos en el mismo barco. En la capital portuguesa ha desembarcado el buque Eurovisión, una nave llena de fiesta, alegría, tolerancia y mucha música, la que se escucha en sus calles y sus plazas. La que se cuela por los balcones y los azulejos de colores.

Eurovisión en Lisboa

Eurovisión en Lisboa

 

En el Altice Arena, en el Eurovillage o en Eurocafé las cosas están claras. Aunque todos queremos que nuestro país participe con una buena canción y los españoles recuerdan con “saudade”  el “La, la, la”  de hace cincuenta años, lo importante es estar y compartir, reencontrase con viejos amigos y vivir el momento. Con disfraz, bandera o lo que te apetezca. Aquí y ahora eres absolutamente libre, nadie te juzga. Además este año, en Lisboa, el aliciente es de primera. Porque esta es una ciudad amable y llena de encanto. Basta con pasear por Alfama o el Barrio Alto para descubrir por qué. El fado, el tranvía 28, el bacalao a la brasa, el vino del Duero….

Lisboa

Elevador de Santa Justa. Lisboa

 

Lisboa se ha preparado a conciencia para dar lo mejor de sí misma este doce de mayo. Y si no, que se lo pregunten a los miles de eurofans que se reúnen en sus rincones, que abarrotan sus plazas y miradores. En esta fiesta a orillas del Atlántico no hay edad, ni vergüenza. Hay ganas de ser feliz y muchas, muchas canciones.

Tanvía en Lisboa

Tranvía 28 en Lisboa

 

Las apuestas pasan por Chipre, Francia, Israel y Noruega. España y su balada parece que no acaban de cuajar. Este es un año potente. En cualquier caso y cuando Eurovision 2018 aún no ha acabado, los eurofans ya piensan en la edición de 2019. Mientras tanto, toca disfrutar a tope de la final. Todos a bordo, Eurovisión ha desembarcado en Lisboa con todo su arsenal.

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Un paseo por las viñas y bodegas de la D.O. Ribeiro, la más antigua de Galicia

Este recorrido es solo una pequeña muestra de todo lo que nos podemos encontrar en la Denominación de Origen más antigua de Galicia.

Finca Teira es la Adega de Manuel Formigo, que recogió el testigo a su padre cuando se licenció en enología, y se dedicó a trabajar las tierras familiares con plantas de más de 40 años de edad, en un suelo granítico arenoso, sin materia orgánica, con terrazas protegidas a base de muros de piedra para dominar las descontroladas tormentas que arrasan con rabia cuando se dejan caer por este valle del río Avia. Vinos degustados Formigo, Finca Teira fiel reflejo del terruño de la zona donde está, Teira X que es todo un homenaje al rey Alfonso X El Sabio que mencionó en sus Cantigas al ribeiro y también es un guiño a la “x” de la uva treixadura. Cholo monovarietal de loureira, la que tiene el ciclo más largo, la primera en brotar y la más tardía en madurar. Tostado es un vino de uvas pasas, que se extrae de un mosto muy concentrado para conseguir un vino dulce y lo guarda en una barrica de la cual saca la misma cantidad que ingresa cada año.

Finca Teira

Finca Teira

 

Terra do Castelo funciona como una cooperativa formada por 104 viticultores y que el leitmotiv es trabajar con variedades autóctonas sobre un total de 110 hectáreas, formadas por 1.000 parcelas que van desde las 3 hectáreas a la más pequeña de apenas llega a los 40 metros cuadrados. La vendimia la comienzan con godello y torrontés. Para recibir la uva de tantos viticultores tienen un estricto sistema de organización para evitar cuellos de botella innecesarios y que podrían echar a perder la uva recogida. Vinos degustados: Selección treixadura sobre lías, un vino elegante, profundo, fino y maduro. Treixadura 2016 de aromas a manzana y pomelo. Godello 2015 con notas florales, hierba fresca, anís silvestre, cítricas de pomelo y limón. Sensación 2015 recuerda a la fruta tropical, a piña y también a manzana.

Terra do Castelo

Terra do Castelo

 

Adega Val do Deva, de colleteira (1), hay muy pocas mujeres en la zona de Ribeiro al mando de una bodega. Aprendió a hacer vino de su padre y sigue haciéndolo a su manera. Esta mujer valiente y hecha a sí misma, comparte su trabajo de dentista con la de bodeguera y mesonera del negocio de tapas que tiene en la planta de nivel de calle. Hace vino tinto porque le gustaba a su padre, porque así puede expresar su personalidad como bodeguera y porque según ella, el vino blanco es lo más fácil. Deja los raspones para que le dé aromas de madera pero los controla para que no cojan aromas verdosos.

Val do Deva

Val do Deva

 

Casal de Armán Hoy es la cuarta generación de este grupo familiar que se dedica a elaborar vinos en Ribeiro. Un viejo casal del siglo XVIII en ruinas y ahora felizmente restaurado que además de la bodega es un hotel rural y restaurante de cocina gallega. Para aumentar su producción han recuperado tierras abandonadas de los montes y usando el mismo sistema de muros. Los vinos que elabora esta bodega son 7 cupos que son los más comerciales, Casal de Armán más estructurados y por último Armán Finca Misenhora y Armán Os Loureiro que son vinos de parcelas muy escogidas.

Casal de Armán

Casal de Armán

 

Casal de Armán.

Casal de Armán. Hotel rural, restaurante y bodega

 

Priorato de Razamonde situado en los terrenos de un antiguo convento de benedictinos que cultivaban la viña para producir el vino necesario para la Santa Misa, con vistas impagables e imperdibles del río Miño y de las montañas gallegas. Entre edificios del siglo XVII, un hórreo, la fragua y unos jardines son el escenario ideal para hacer vino de Ribeiro.  Hoy representa una bodega moderna que le mueve el transmitir toda la esencia de Galicia. Se componen de 20 hectáreas de viñas plantadas en espaldera, mayoritariamente de uvas blancas (treixadura, godellos y loureiras) y un 10% de uvas negras. Su máxima es la calidad y para ello apuestan por la producción integrada y solo embotellan vino que salga de sus propias viñas.

Priorato de Razamonde

Priorato de Razamonde

 

Ramón do Casar Comenzaron en el año 2000 y solo elaboran vino blanco a partir de treixadura, godello y albariño. Entre los muchos premios recogidos en estos años pueden presumir de ser el único ribeiro premiado en el Challenge du Vin 2017. Sus etiquetas rinden homenaje al incansable fotógrafo Alberto Martí, recientemente fallecido en el 2017. Su espíritu elevado y sensible captó como nadie con su cámara fotográfica escenas cotidianas de la Galicia en blanco y negro de las décadas de los 50 y 60. Inmortalizó escenas costumbristas y también el drama de la emigración. Vinos que cuentan historias y etiquetas que reflejan una época pasada no muy lejana y que sigue vive en el recuerdo de las gentes de esta tierra.

Ramón do Casar

Ramón do Casar

 

Adega Pousadoiro Es la historia de Alfredo, un veterinario reconvertido en colleteiro (1) que heredó la pasión familiar por el cultivo de la viña. Le tocó acualizar tanto la viña como la bodega con la única consigna de hacer un vino lo más ecológico posible y buscando no perder los aromas de la fruta. Introduce este zumo de uvas en tinas para darle esa sensación de batonnage, como si estuvieran en sus lías (microorganismos, principalmente levaduras, encargadas de realizar la fermentación alcohólica, y en menor grado bacterias).

Adega Pousadoiro

Adega Pousadoiro

 

Más información en Denominación de Origen Ribeiro

(1)  colleteiro/a (cosechero/a) elabora su vino exclusivamente con sus propias uvas y máximo puede producir 60.000 litros al año.

BSO Milladoiro en el concierto realizado en el Teatro Rosalía de Castro de A Coruña.

© 2018 José María Toro. All rights reserved.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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