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Celebración del quinto aniversario de la conexión Barcelona París en tren de alta velocidad

La conexión en tren de Alta Velocidad entre Barcelona y París ha cumplido ya cinco años de funcionamiento. Desde su puesta en marcha, operado por Renfe-SNCF en Cooperación, marcó un antes y un después en el acercamiento de personas de los dos países por este medio ferroviario y que cada día gana más adeptos por la comodidad que supone de ir de centro a centro de ambas ciudades. Las personas que sufren aerofobia tienen un gran aliado para desplazarse sin tener que sufrir. Hoy en día podemos movernos en alta velocidad por casi toda Europa, saliendo desde Sevilla podemos llegar a Londres sin tener que coger un avión.

Para celebrar esta efemérides que unió España y Francia hace ya un lustro, Renfe-SNCF en Cooperación, organizó un viaje especial desde Barcelona a París, con un servicio de restauración de campanillas a cargo de los chefs Mario Sandoval, por parte de España, y de Romain Formell, como representante de Francia. Los viajeros del mencionado tren pudieron disfrutar de la alta cocina de estos chefs con estrellas Michelin. Una vez en la capital francesa, se finalizó el evento con una cena gastronómica en la Residencia de la Embajada de España en París a cargo de ambos chefs.

Chef Mario Sandoval

Chef Mario Sandoval

 

Durante el trayecto del 19 de noviembre desde la Ciudad Condal a la Ville Lumière, ambos cocineros realizaron un showcooking “Fast Train & Slow Food”, pensado de antemano para la ocasión. Mario Sandoval con 2 estrellas Michelin en su restaurante Coque de Madrid preparó un taco de sésamo y un delicioso macaron, todo un guiño al país vecino, de pimentón con torta del casar cremosa. El chef Roamin Fornell condecorado con una estrella de la famosa guía de tapas rojas por su restaurante Caelis, elaboró un foie frío con anguila y una lata de coliflor y King Crab en tributo al tristemente fallecido en agosto pasado el chef Joël Robuchon, que consiguió ser el cocinero con más entrellas Michelin del mundo.

Chef Romain Fornell

Chef Romain Fornell

 

Después un viaje de algo más de 6 horas, es el tiempo que se tarda en alcanzar la capital del Sena, el embajador español en Francia, Don Fernando Cardera, y el Director General de Renfe-SNCF en Cooperación, Yann Monod, ofrececieron una recepción para autoridades y periodistas especializados en gastronomía. Los parlamentos a cargo del Sr. Javier Alonso, Director General adjunto de Renfe-SNCF en Cooperación, comentó que la acción “Fast Train & Slow Food” no sería la única para potenciar el uso del tren de alta velocidad para unir ambos países y que la siguiente estaría relacionado con la moda. Valoró como muy positivo el balance de este corredor durante estos 5 años ya que actualmente representa un 11% de la cuota de mercado de este mismo recorrido y que se rentabiliza gracias a las parades intermedias del trayecto. Señaló que además del avión tenían que competir con las nuevas plataformas de coches compartidos. Remitiéndose a los números explicó que es un servicio que conecta hasta 21 ciudades españolas y francesas a través de 4 líneas, que ya han viajado más de 4 millones de viajeros, con más de 19.000 circulaciones recorriendo un total de 2.600 millones de kilométros, es decir, lo mismo que dar la vuelta al mundo 65.000 veces. El tren de alta velocidad como lo conocemos hoy en día, es el resultado del esfuerzo de coordinar 3 gestores de infraestructuras como Adif, RFF y TP Ferro y que los dos operadores ferroviarios pusieron todo su know how para sacar adelante este titánico proyecto.

La cena preparada a 4 manos por los chefs citados anteriormente fue la siguiente:

  • Guiso de boletus edulis con pilpil de rocoto y piñones, como entrante a cargo del chef Sandoval. Estuvo acompañado de Hatzidakis Cuvée número 15 de Grecia.
Boletus edulis

Boletus edulis

 

  • El primer plato también fue preparado por el chef madrileño y se trató de un escabeche de foie al oloroso con mango encurtido y piel de picantón crujiente. Ennoviado con una copa de vino Palo Cortado Viejo de Jerez.
Escabeche de foie

Escabeche de foie

 

  • Para el segundo plato ya entró en escena el chef Romain Fornell con su lubina al velo de estragón. Emparejado con un chardonnay de Bourgogne con barrica.
Lubina

Lubina

 

  • El cambio de tercio a los postres también fue ejecutado por Fornell y preparó un Montblanc de castañas para casarlo con un Pedro Ximénez de Jerez.
Montblanc de castañas

Montblanc de castañas

 

Más información de horarios y precios de los trenes en Renfe-SNCF en cooperación con trayectos desde las estaciones de Madrid, Zaragoza, Tarragona, Barcelona, Girona, Figueres, Perpignan, Carcassonne, Toulouse, Narbonne, Béziers, Agde, Séte, Montpellier, Nîmes, Avignon, Aix-en-Provence, Marseille, Valence, Lyon, París.

© 2018 José María Toro. All rights reserved.

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Un mordisco (sin gluten) a Canadá

Canadá es espaciosa y verde como un campo de fútbol gigante o de lacrosse, el juego nacional junto con el hockey sobre hielo. Una cifra de sólo treinta y seis millones de habitantes en el segundo país más grande del mundo permite que aquí se pueda vivir holgadamente. Basta con ver los jardines de las casas con sus mesitas y mecedoras. Hay césped por todos los lados, hasta en medio de los carriles de las autopistas. Y hay lagos gigantes y glaciares, ballenas, islas, campos de golf por doquier, bodegas y ciudades afables como el carácter de los canadienses. Al menos en el mordisco dulce y sin gluten que saboreé. Porque este es un país tan inmenso que no creo ni que su soberana, la Reina Isabel II, lo haya recorrido de norte a sur. Necesitaría mucho tiempo. Cuando decides ir a Canadá a menos de que dispongas de un par de meses, como mínimo, debes elegir. Mi opción, como primer acercamiento a este enorme país es la costa este. Un coche en el aeropuerto de Toronto y todo a babor entre camiones gigantescos, algunos de película, y caravanas de todo tipo. Aquí casi todo el mundo tiene una en el patio de su casa.  

Típicas casas canadienses en una calle de Gananoche

Stonewater Bed and Breakfast en Gananoque

 

El primer punto importante del recorrido después de hacer noche en Oshawa, es Kingston. En esta pequeña ciudad, la más antigua de Canadá se respira un ambiente entre clásico y moderno aderezado con mucho jazz en vivo. Hay tiendecillas y bares para elegir. Como a gustos eco no hay quien me gane, me quedo con un vistoso supermercado de productos naturales, muchos a granel: el Tara Natural Foods, donde compramos una miel deliciosa, y Le Chien Noir, un bistro francés con vinos de un montón de sitios, hasta albariños había, y unas ensaladas espectaculares.

Kingston

Kingston

 

A unos 30 kilómetros de Kingston, la cita absolutamente ineludible es en Gananoque. Este curioso pueblecito rezuma tranquilidad en sus calles plagadas de las típicas casas bajas canadienses con sus banderas ondeantes. Dan ganas de ponerse unas mallas y unas zapatillas de deporte y lanzarse a correr por sus parques, donde por cierto, vi plantadas coliflores. Su punto fuerte, además de su calma inquebrantable, es ser muelle de partida hacia las famosas Mil Islas, un fantástico must cuando viajas a la zona. Un lugar ideal para dormir junto al puerto es el Stonewater Manor B&B. Las habitaciones son preciosas y sus dueños que también regentan un fabuloso pub irlandés anexo (con burgers gluten free, algunas veganas) son encantadores. Además, sirven unos desayunos espléndidos que incluyen unas tostadas sin gluten con mantequilla y una tortilla de champiñones para llorar de alegría.

Casa en las Mil Islas

Casa en las Mil Islas

 

Ottawa, capital candienses y siguiente parada, se merece medio día de viaje y una noche en el Blue Cactus para beber una copa de vino del Niágara con una bandeja gigante de boniato frito. Antes, visita los puestos y cafés del animado mercado Byward, las exclusas del Canal Rideau, los edificios del Parlamento que recuerdan al Westminster de Londres y, si tienes tiempo, la National Gallery. Luego sigue tu rumbo sin mirar atrás.

Ottawa

Un rincón para winelovers en Ottawa

 

Después de Ottawa nos dirigimos hacia el Parque Nacional de la Mauricie y hacemos parada para dormir y cenar en Shawinigan a pocos kilómetros del Parque. Este refugio natural donde habitan osos negros, alces y castores, es una auténtica maravilla, sobre todo cuando descubrimos una playa desierta en uno de los lagos que la inundan. Qué bien sabe un baño en aguas cristalinas. Un picnic con productos de la zona y a soñar. Rumbo al norte, tras abandonar el Parque, recorremos un paraje plagado de lagos para dormir en La Tuque, una localidad con su propia estación de esquí alpino, donde recomiendo el BB La guite du parc. Si eres gluten free, éste es tu lugar porque su dueña es celíaca. Como una de las características de la condición canadiense junto con la amabilidad es la honestidad, haciendo caso a nuestra anfitriona, cenamos en Le Boke: buenos vinos y un confit de pato con risotto de setas y verduritas para recordar todo el viaje.

Parque Nacional de La Maurice

Parque Nacional de La Maurice

 

Desde La Tuque avanzamos hacia el Lago St. Jean durante desérticos kilómetros para darnos un bañito helado en la villa de Roverbal y acabar en la ciudad de Alma, concretamente en La Maison de Matelot, un sencillo hotelito de 5 habitaciones, una terraza con vistas de agua dulce y deliciosos desayunos gluten free. La vida es hermosa. A orillas del lago, preciosas casitas se suceden. Es el lujo canadiense que consiste en tener a tu disposición un trocito de lago con un embarcadero o unas tumbonas. Así que salvo en las playas autorizadas, los accesos a St. Jean son privados. Un lugar ideal en el Lago para coger una bici y pasar el día con un buen picnic es el Parque Nacional de la Pointe-Taillon, un refugio de castores y preciosos senderos acompañado de kilómetros de playas sosegadas. Al norte del lago Saint Jean, visita el pequeño pueblo de Perinboka. Pedirás a tu dios o a la lotería nacional asilo en uno de esos rincones.

Maison de Matelot

Maison de Matelot

 

Después de abandonar Alma y haber cenado en Mario Tremblay o en el Café du Clocher, en ambos sirven un jugoso salmón, dirígete a Tadossac pasando por el fantástico Parque Nacional des Monts Valin. Los lagos siguen siendo los mejores compañeros pero su placidez y sus fantásticas casas no dejan de asombrar al visitante. Tadossac es uno de los lugares del mundo más importantes para avistar ballenas, además de situarse junto a un hermoso fiordo. Los cetáceos se pueden divisar desde un barco o zodiac pero también a simple vista desde la costa. Recorre el paseo que parte del puerto y si vas entre junio y noviembre las verás jugueteando entre las olas. El pueblo es un enclave agradable y animado en medio de la tranquila Canadá. Además, alberga una preciosa capilla que es la iglesia de madera más antigua del país. Para tomar una ensalada de pato o una burger de salmón (opción gluten free) pasa por el Pick Up Grillé. Para el mejor café (bio) de la zona, acércate al vecino pueblo de L’Anse de Roche. En el único que hay, el Casta Fjord, su estrambótica encargada hará que el paseo merezca aún más la pena. Para una cena deliciosa dirígete al Café Bohème. Un consejo, como no admiten reservas, vete como a eso de las 8:30h (cierran a las 10h) cuando los “no españoles” están terminando.

Tadossac

Café Bohème en Tadossac

 

En Quebec, la única ciudad amurallada del Norte de América, huele a Paris y a las palomitas con mantequilla y caramelo de Marys. Me entenderás cuando la visites. Pasea por sus calles, entra en sus galerías de arte y sus tiendas de antigüedades. Date un paseo por el mercado, compra las manzanas y fresas más vivas que he visto y si necesitas algo más dulce prueba el sirope de Maple. No te olvides de disfrutar de un almuerzo ecológico en el bistro organic L’orygin (tienen una carta de vinos inmensa) y para cenar y arruinar la dieta del medio día, toma una fantástica pizza de queso de cabra sin gluten en La Piazzetta. Y ya que estamos de quesos, encuentra los mejores, incluidos algunos de Fuerteventura, en la calle Saint Jean (Épicerie Européenne), donde podrás escuchar música en vivo en algunos de sus locales. Recuerda visitar el barrio de Saint Roth para conocer la parte más alternativa de la city y sus múltiples cafeterías. Por cierto, en esta ciudad se habla español. En cinco establecimientos encontramos encantandores canadienses que lo dominaban a la perfección. Nuestra elección para dormir fue una habitación abuhardillada en el sencillo y pintoresco hotelito Maison Ste-Ursule, dentro del colorido y musical casco histórico.

Quebec. La Perle

Quebec. La Perle

 

La última parada de nuestro viaje es la ciudad de Toronto, una gran urbe de más de seis millones de personas provenientes de todos los rincones del planeta. Quizás Toronto no tiene el saber estar ni la elegancia parisina de Quebec pero tiene chispa. Y de la buena. Basta con caminar sus calles y acercarse al barrio bohemio de Kensington para comprobarlo. Ropa de segunda mano, tiendas bio y un montón de garitos donde tomar comidas del mundo ¿qué tal unos tacos y un margarita en el mejicano Pancho y Emiliano? Otro lugar imperdible de la ciudad para los gluten free y también para los amantes de la comida venezolana es el Arepa Café, con platos deliciosos y contundentes que sirven como catering al equipo local de béisbol, el querido Blue Jays. En Toronto, además de probar una deliciosas pakoras en Little India, visita la famosa torre CN que lidera la ciudad desde lo alto si no temes a las colas. También, acércate a sus museos, al puerto o a la conocida Casa Loma. Por último, no te olvides de tomar algo en el mercado de St. Lawrence, el mejor del mundo según National Geographic.

Centro de Toronto

Centro de Toronto

 

Para terminar el mordisco canadiense, nos acercamos una jornada a las famosas Cataratas del Niágara. Por cierto, cómprate un chubasquero si no quieres terminar empapado. Luego, disfruta del día como quieras, tienes todo tipo de actividades para realizar pero no te quedes sin deleitarte con una copa de vino autóctono con vistas al estratosférico caudal de agua.

Cataratas del Niágara

Cataratas del Niágara

 

Ya en el aeropuerto Pearson de Toronto, rumbo a casa, el ansia viajera no ha quedado saciada. O a lo mejor es gula. La sensación es la de querer ver más y más verde. Y más azul. En la sonrisa llevo el impulso quimérico de tomar un coche o un avión y dirigirnos hacia Vancouver para seguir descubriendo paisajes fantásticos y ciudades amigables. En el espíritu, el anhelo navegante de continuar saboreando esa fruta enorme y jugosa que es Canadá.

© 2018 Noemi Martin . All rights reserved. 

 

 

 

 

Luang Prabang: en cuerpo y alma

Confieso mi ignorancia sin vergüenza alguna. No había oído hablar de Luang Prabang hasta que decidí visitar el sudeste asiático. Ese día, hace unos meses, hice lo que todos, acudir a San Google con fe y devoción: por favor, desde tu inmensidad absoluta, muéstrame los lugares más bellos de Asia. Y allí, en la pantalla, compartiendo podium con otras ciudades más conocidas, se me rebeló la pequeña y encantadora Luang Prabang en el corazón de Laos.

Guía Camboya Laos

Guía Camboya Laos

 

Luang Prabang es uno de los centros religiosos más importantes de Asia. Más de cincuenta templos o “wats” jalonan sus mágicas callecitas plagadas de terrazas y galerías de arte al más puro estilo francés que recuerdan su pasado colonial. Un paisaje único, Patrimonio de la Humanidad, que mezcla el naranja de las túnicas budistas con el rojo intenso del vino de Burdeos. Aquí, en este enclave amable y sosegado, lo tienes todo: puedes meditar, hacer yoga, recibir clases de cocina asiática y disfrutar de una copa nocturna o un delicioso croissant ¿Quién ha dicho que es contradictorio? Además, los monjes también comen helados.

Monje comprando un helado

Monje comprando un helado

 

Unos de los atractivos de la ciudad es la ceremonia de entrega de limosnas en la que los monjes reciben arroz y otros alimentos de los fieles. Es un ritual típico de muchos países budistas pero que en este espacio plagado de templos maravillosos, cobra una fuerza especial. Minutos antes de las seis de la mañana, los monjes, la mayoría niños, salen de sus lugares de oración y recorren en hilera las callejuelas de Luang Prabang. Merece la pena levantarse temprano para ver la ceremonia, pero siempre desde el máximo respeto, entendiendo la religiosidad del acto y sin meterse en medio para sacar fotos. Ya hay bastantes en internet. Los monjes lo agradecerán y regresarán en silencio a sus “wats” para continuar la jornada. Tú puedes volver a tu hotel o aprovechar para ver el amanecer desde el río Mekong: el alma líquida del sudeste asiático. Cuatro mil trescientos kilómetros de vida atravesando seis países.

Río Mekong

Río Mekong

 

Otro de los puntos fuertes de Luang Prabang es su colorido mercadillo nocturno. Centenares de puestos escrupolosamente ordenados recorren la avenida principal de la ciudad. Los artesanos y vendedores exponen sus sedas, cerámicas o bordados sin atosigar a los visitantes. Es lo que tiene Luang Prabang: esa calma brillante que lo impregna todo. Junto al mercadillo central, en el extremo sur, huele a comida local. Arroz glutinoso, verduras y carne especiada. Ceviche de pescado, bambú y papaya. Dulce y picante. Sabores laosianos por un par de euros. Y todo ello junto a una Beerlao, la mítica y aromática cerveza del país.

Mercado

Mercado nocturno de Luang Prabang

 

En las afueras de la ciudad, más allá de los ríos Mekong y Nam Khan se suceden las aldeas y los templos. Cascadas, bosques y pájaros iluminan el paisaje. Todo está donde tiene que estar. Todo es lo que tiene que ser. Al abandonar Luang Prabang, después de varios días respirando sus rincones, muchas sensaciones en la retina, el paladar, el oído y el corazón. Si hay que elegir, me quedo con tres: el dorado de las estatuas de Buda, el sonido del silencio en sus decenas de templos y la sonrisa amable de los laosianos. Allí te esperan. En cuerpo y alma.

Buda

Estatua de Buda en el jardín de uno de los templos

 

Un desayuno con un buen café: Le Cafe Ban Vat Sene. Una clase de yoga y un té: Utopía. Una cena con vistas al mercado: Indigo House. Una copa de vino francés: Tangor.

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Escapada al idílico Val d’Aran y visita a las instalaciones de Caviar Nacarii

Nacarii, la firma del caviar fresco y artesano de la Val d’Aran, ofrece este agosto grandes ofertas en sus tratamientos cosméticos en las Termas  de Baronía de Les, menús degustación con caviar en algunos restaurantes y la posiblidad de visitar su piscifactoría de Les y su tienda en Vielha.

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Fotografía gentileza de Caviar Nacarii

 

Para los que huyen de las masificaciones de las playas en el mes de agosto, existe una escapada alternativa en ese paraíso pirenaico de gran belleza que es la Val D’ Aran. Entre sus altas montañas y aguas puras y cristalinas se cultiva el caviar Nacarii, uno de los más prestigiosos de Europa  y de los pocos que solo ofrece producto fresco y artesanal. La experiencia puede ser múltiple dadas las grandes posiblidades de este producto en gastronomía y en cosmética.

Por una parte se puede contratar  una sesión antiaging en las Termas de Baronía, enclavadas en un entorno espectacular para combinar su circuito termal con un tratamiento  de belleza con crema de caviar  u otras de sus muchas propuestas  relajantes y rejuvenecedoras.

Por otra se puede visitar la planta de acuicultura de  Nacarii en Les, para conocer en primera persona como se cultiva este preciado caviar en un entorno espectacular y  de forma  totalmente artesanal, además de visitar su tienda de Vielha para comprar productos gourmet y de belleza o  realizar catas allí mismo  de la tres variedades de Nacarii maridadas con cava o vodka. En las visitas guiadas se explica  el origen y la biología de los esturiones, sus características, la producción y por último la elaboración del caviar. La visita dura aproximadamente una hora y se realizan a las 12h y a las 16h. También en francés e italiano los miércoles y sábados a las 10:30h. Para más información, precios y reserva previa en la web de Caviar Nacarii

La visita se puede completar con un menú degutación alrededor del caviar Nacarii y el esturión, en el restaurante Es Arraitzes de Garos. Sugerentes y más que apetitosos platos como el cucurucho al carbón relleno de humus con aji panca y Caviar Nacarii o el Tiradito nikkei de esturión del Val d´Aran. Platos firmados por su chef César Mory Sahami,  peruano de origen japonés, afincado en la Val d´Aran hace 4 años. Todo ello en un marco incomparable de elegancia y buen gusto gestionado por parte de Cristina Anca Nastase.

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Tienda de Caviar Nacarii en Vielha

 

La preceptiva visita a la tienda de Caviar Nacarii, en el Paseo de la Libertad, 14 de Vielha, para comprar sus productos para auto consumo o como regalo para nuestros seres queridos, será de las últimas cosas a hacer en esta bucólica escapada de la gran ciudad y coger fuerzas antes de volver al trabajo y a la rutina.

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Tratamiento con Caviar Nacarii en las Termas de Baronía de Les

 

El uso del caviar Nacarii en cosmétia es muy beneficioso para la piel como su crema antiaging (59,90 euros) de día que regenera y renueva las estructuras celulares , así como su poderosa acción anti-radicales libre y antioxidante celular o el agua termal (9,90 euros) Pack de los dos productos por 65 euros. En Termas Baronía de Les situado en Camino de la Lana, s/n, Les.

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Cosméticos con Caviar Nacarii de las Termas de Baronía de Les

 

Más información de este preciado producto en la web de Caviar Nacarii

© 2018 José María Toro. All rights reserved.

 

Respirando Oporto

Oporto, entramado de callejuelas y pendientes mirando al Duero. Terrazas bajo la luna. Tejados y azulejos por doquier. El naranja. El azul.  Iglesias y tiendas de diseño. Una hora menos, como en Canarias.

Oporto

Oporto

 

Sushi y bacalao a la brasa. Latas de sardinas decoradas. Vino tinto y verde. Barras de gin tonic. Lo moderno. Lo clásico y lo decadente. La librería Lello. Harry Potter y los versos portugueses de Pessoa.

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Latas de conservas en La Casa Oriental

 

El sonido del tren en la Estación de Sao Bento. Un barco que te espera navegando el Douro. Puentes de hierro cruzando el cielo. Bodegas sonrientes. Muito obrigado.

Viajeros y turistas en la estación de Sao Bento

Viajeros y turistas en la estación de Sao Bento

 

Café con pasteles de Belém. La vida desde lo alto. La Torre de los Clérigos. El funicular. Un puñado de flores. Caminar de la mano. Sensaciones duplicadas. Fados y melancolía.

La Torre de los Clérigos, uno de los símbolos de la ciudad

La Torre de los Clérigos, uno de los símbolos de la ciudad

 

Banderitas de colores. Luciérnagas imaginarias en cada esquina. Bolsos de corcho. Collares de botones. La mágica ribeira. Tabernas en la noche. La Catedral. Magallanes explorando el mundo.

Escaparate de Aramarte. Artesanía con botones, en una de las calles principales

Escaparate de Aramarte. Artesanía con botones, en una de las calles principales

 

Oporto, cuesta arriba con la sonrisa puesta y una apuesta segura: volver a pasearte pronto, a beberte, a mirarte reflejada en la orilla del río y también en mi libreta.

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São Miguel: espíritu verde

Hortensias y azaleas en los andenes y en el alma. Me las llevé puestas. Y el color de sus valles frondosos. Y el azul enmarcándolo todo.

São Miguel o San Miguel, la Isla Verde, engancha. Debe ser la belleza pura y sosegada de las Azores. Hipnotizan sus lagos y su esencia volcánica, lava que besa el Atlántico y se encuentra con la de las Canarias, sus hermanas macoronésicas. 

Los paisajes azorianos impregnan las retinas de los visitantes para siempre. Asomarse al Mirador do Rei y contemplar las Sete Cidades es una experiencia de cuento. De hecho, hay una leyenda en torno a los dos lagos. Una de amores desdichados e imposibles. No podría ser de otra manera estando en tierras de aire tan profundamente melacónlico.

Sete Cidades

Sete Cidades

 

Aquí, entre Nueva York y Lisboa, como leí en algún lugar, el mar se interrumpe. Y se interrumpe bien. Con cuidado, con respeto. Sin urbanizaciones desaliñadas y traicioneras, rompiendo el paisaje.

En San Miguel, la mayor de las nueve Islas Azores, todo es limpio y sereno. Como un jardín gigante cuidado por duendes. Duendes que se ocupan de las flores y de pastorear cientos de rebaños de vacas felices. También de hervir el agua en las Calderas de Furnas y de cultivar las deliciosas piñas tropicales que se venden en los mercados locales y se exportan al resto del país.

Mirador de Nordeste

Mirador de Nordeste

 

En San Miguel se bebe vino volcánico a temperatura ambiente. Trece grados en invierno y veintitrés en verano. Es la media primaveral. Quesos isleños acompañan a los caldos elaborados con uvas autóctonas. Quesos de San Miguel pero también de San Jorge o Pico. Algunos deliciosos, elaborados con leche de vaca no pasteurizada. Y es que la ganadería es uno de los principales motores de la economía azoriana.

Playa de San Roque

Playa de San Roque

 

El turismo que llega a las Islas es por ahora moderado. Es el mejor momento para enamorarse de las Azores, de sus pueblos y de su arquitectura, la tradicional y la moderna y sostenible. Aquí la gente viene a hacer senderismo y a descansar, no busca tostarse al sol en sus playas. Aunque si te toca un tiempo amable y soleado, también es posible. San Miguel tiene costa con banderas azules, playas ligeras sin atestar. Algunas como San Roque, vigiladas por una deliciosa iglesia que casi es faro para los hombres de la mar, es ideal para un baño cerca de la capital, Ponta Delgada. Otras como Santa Bárbara son el refugio ideal para surferos y modernillos.

Lago de Fogo

Lago de Fogo

 

Entre los paisajes de San Miguel, aparte de los espectaculares Lagos de las Sete Cidades, se hace imprescindible visitar el de Fogo. El descenso, algo escarpado, merce la pena. Veinte minutos para encontrar una imagen idílica: un lago rodeado de vegetacion y poblado por aves en el fondo de un cráter muchas veces oculto tras la niebla. También impresionante es Furnas, sus calderas y las piscinas de aguas sulfurosas del Parque de Terra Nostra. Y los miradores y los merenderos, cuidados y pulcros, donde los isleños sacan sus viandas y se echan una siestita en plena naturaleza.

Ponta Delgada

Ponta Delgada

 

Después de patear la Isla de arriba a abajo y tomarte un té de las plantaciones azorianas en alguno de sus acogedores pueblos como Ribeira Grande o Villafranca do Campo, finaliza tus días con una buena cena en Ponta Delgada. La oferta de restaurantes y terrazas en la capital es bastante amplia. Te recomiendo que no te vayas sin probar el bife “Alcides” en el hotel del mismo nombre, una enorma tabla de queso con un tinto en la Taberna Acor o una deliciosa ensalada en la terracita de Calçada do Cais.

Mirador de Santa Iria

Mirador de Santa Iria

 

Las Azores, como ves, son mucho más que su famoso Anticiclón o el lugar donde se forjó la invasión de Irak. Son las Islas de las ballenas, de los prados verdes, de la tranquilidad y el respeto al medio ambiente, de las cuatro estaciones en un día. Es el momento de descubrir, San Miguel, la más grande de todas. Si después de visitarla te arrepientes, escríbeme.

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Eurovisión desembarca en Lisboa

Todos a bordo es el grito de guerra que se escucha estos días en Lisboa. El lema de este año:  “All aboard”  es un acierto. No hay duda. Porque aquí, a pesar de las banderas, las canciones y la competición, todos estamos en el mismo barco. En la capital portuguesa ha desembarcado el buque Eurovisión, una nave llena de fiesta, alegría, tolerancia y mucha música, la que se escucha en sus calles y sus plazas. La que se cuela por los balcones y los azulejos de colores.

Eurovisión en Lisboa

Eurovisión en Lisboa

 

En el Altice Arena, en el Eurovillage o en Eurocafé las cosas están claras. Aunque todos queremos que nuestro país participe con una buena canción y los españoles recuerdan con “saudade”  el “La, la, la”  de hace cincuenta años, lo importante es estar y compartir, reencontrase con viejos amigos y vivir el momento. Con disfraz, bandera o lo que te apetezca. Aquí y ahora eres absolutamente libre, nadie te juzga. Además este año, en Lisboa, el aliciente es de primera. Porque esta es una ciudad amable y llena de encanto. Basta con pasear por Alfama o el Barrio Alto para descubrir por qué. El fado, el tranvía 28, el bacalao a la brasa, el vino del Duero….

Lisboa

Elevador de Santa Justa. Lisboa

 

Lisboa se ha preparado a conciencia para dar lo mejor de sí misma este doce de mayo. Y si no, que se lo pregunten a los miles de eurofans que se reúnen en sus rincones, que abarrotan sus plazas y miradores. En esta fiesta a orillas del Atlántico no hay edad, ni vergüenza. Hay ganas de ser feliz y muchas, muchas canciones.

Tanvía en Lisboa

Tranvía 28 en Lisboa

 

Las apuestas pasan por Chipre, Francia, Israel y Noruega. España y su balada parece que no acaban de cuajar. Este es un año potente. En cualquier caso y cuando Eurovision 2018 aún no ha acabado, los eurofans ya piensan en la edición de 2019. Mientras tanto, toca disfrutar a tope de la final. Todos a bordo, Eurovisión ha desembarcado en Lisboa con todo su arsenal.

© 2018 Noemi Martin. All rights reserved.

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