Mi madre: la mujer orquesta

Mi madre es cocinera, costurera, peluquera, doctora, psicóloga y maestra. Mi madre es la mujer orquesta. Acepta todos los empleos sin protesta. Labora a destajo en todos sus trabajos. Un chollo, vamos. Sacó la plaza hace años y se niega a retirarse. Toca el bombo, la guitarra y sobre todo las castañuelas. Es lo que tiene ser una mujer orquesta.

Mi madre montó una guardería de nietos hace tiempo. La atiende con ilusión, sábados, festivos y adviento. Hasta duerme con los niños por si les despierta un grillo. La mujer orquesta nunca se acuesta por el día. Ni aunque le toque la lotería.

Mi madre es médica de guardia, abogada defensora y asesora espiritual. Es la mujer orquesta total. Mi madre trabaja sin sueldo y con una sonrisa en la cara. Nunca para.

Mi madre es la mujer orquesta y hoy se merece un día de fiesta.

BSO Las manos de mi madre de Mercedes Sosa

© 2017 Noemi Martin. All rights reserved.

Mi padre

Mi padre me enseñó a mirar la vida con ojos poéticos.  A que las cosas buenas me alegraran mucho y las tristes me rasgaran el alma. A afrontar los problemas con un toque de dulzura. Quizá por eso a los dos nos pican los mosquitos. Debe ser esta sangre azucarada. También a hablar menos y escribir más. Y a emocionarme sin medida y sin prejuicios. Ya lo saben.

Mi padre me preparó para ser una chica educada. La consigna era clara. No te olvides de dar los buenos días a todo el mundo. Incluso a los bichos con pelo o plumas, tipo gallo o gallinas: -Hola Teo. -Hola Pintas. Los forjadores de esos “huevos felices” tan ricos se merecen un respeto y un saludo.

Mi conciencia sobre el valor del dinero también es obra de mi progenitor. Cien pesetas por una canción en inglés y doscientas por una melodía en el “organito” a pilas. Que quede claro que, con poco éxito, intentó forjar una artista. Aunque siempre nos queda la palabra y la existencia: obra de arte regalada y eternamente agradecida. Sorbitos de café leyendo el periódico.

Mi padre me mostró los colores de la naturaleza y el apego a la tierra isleña. Mandarinas, higos y nísperos dorados en la huerta. Verduras por doquier, fresquitas y cultivadas con amor y constancia. Como todos los proyectos importantes. Cestos de fruta y sueños para obsequiar a familia y amigos. Generosidad inusitada.

Mi padre me enseñó a pisar uvas y no pisar gente. Geografía humana y divina. Volcanes de consejos y recuerdos. Viajes en las enciclopedias y en la carretera. Trayectos de conversaciones rumbo al trabajo. Piedras en el camino. Algunas grandes, otras pequeñas. Y como la canción: rodar y rodar. Siempre hacia delante.  Mi padre me enseñó muchas cosas. Y las que aún le quedan.

BSO Papá cuéntame otra vez Ismael Serrano

© 2017 Noemi Martin. All rights reserved 

Autentiqum o la artesanía como verdadero lujo

En medio de este disparatado, loco, ansioso y estresado mundo, hay un escogido grupo de gentes que conservan la cordura: ellos son los artesanos. Son como un soplo de aire puro,  productores de proximidad, de km.0,  que buscan la relación personal por encima de ventas masivas y agresivas. Reflejan su magia y su universo de sueños en cada producto que materializan.  Los hay de todo tipo desde ebanistas, orfebres, modistos, etc. y también podríamos incluir en esta categoría a los cocineros. Son capaces de crear con sus manos, gracias a su experiencia adquirida con los años y su incontenida genialidad, verdaderas obras de arte, piezas estéticamente hermosas y que además tienen la particularidad de ser únicas e irrepetibles. Comprar productos artesanos es una decisión particular y porque no nos conformamos con un modelito que lo lleva todo el mundo y  queremos destacar nuestra personalidad con ese pañuelo, sombrero o joya que refleje nuestro espíritu elevado.

Hay un cierto prejuicio social hacia todo el tema del trabajo manual. Por el contrario, toda la comunidad educativa, tanto psicólogos como pedagogos infantiles, insisten en lo beneficioso que representa para los niños, y lo no tan niños. Se estimula y refuerza los procesos mentales, exige atención y concentración, se memorizan pasos, se desarrolla la perserverancia y la paciencia (debería de ser asignatura de recuperación para más de un adulto), se trabaja la creatividad (presente en el lóbulo derecho del cerebro), se mejora la psicomotricidad en general y en particular el área motora fina al coger soltura en el manejo de los dedos como herramientas. Para acabar esta lista de ventajas, cada vez que un niño afronta un reto y logra su objetivo se le está aumentando su autoestima, siempre y cuando se vea reconocido tanto en el lenguaje verbal como en el más importante “no verbal”.

joya artesanía

Joya artesana de Autentiqum. Fotografía gentileza de Mireia Casamada

Conocer Autentiqum y a Mireia Casamada, como su alma mater, me ha abierto un mundo nuevo. Comprender el leitmotiv que los unes y los apasionas ha sido entrar en una nueva dimensión de profesionales que buscam la belleza, la estética, la perfección en definitiva, sobre la cual, filósofos y humanistas han vertido ríos de tinta en sus eruditos libros durante siglos. Ellos son más prácticos y terrenales, buscan esa misma hermosura pero plasmada en sus trabajos. Este grupo está formado por Marian Reyes, Anna Albert, Carles Martí y Dolors Just en el ámbito textil de sombreros, bolsos y estampados. Por otro lado, y como alquimistas del siglo XXI en busca de la piedra filosofal, están los joyeros Rodrigo Mendoza y Núria Alvarez de Lara.

“El arte es la firma, el diseño es la marca, la ARTESANIA es la huella” Octavio Paz

© 2016 José María Toro. All rights reserved

 

 

Porque estamos vivos

Porque estamos vivos. Sólo por eso despidamos el 2016 con una sonrisa. Adiós amigo. Y mira que has sido puñetero y quisquilloso. Pero estamos vivos. Un año más. Doce meses con sus lunas brillantes y estrellas estrelladas.

Porque estamos vivos. Prometo que el año que llega será más cariñoso. Como un bebé muy tierno. Y si nace violento, inventaremos refugios de paz donde escondernos. Que tiren bombas. Que caigan misiles. Que suenen sirenas. Seremos fuertes, pacientes y optimistas. Porque respiramos y eso es ya una victoria y un punto de partida.

Porque estamos vivos. Y el sol nos lo recuerda. Y podemos bailar con dolor de rodillas. Mercromina en el alma. Luz para nuestros sueños. Chocolate que cura las heridas abiertas.

Porque estamos vivos. Coge una copa y brinda. Con amor y cerezas. Comienza desde cero, o desde menos ocho. Vístete de alegría. Este será tu año. Hagamos un conjuro: olvidar el pasado. Reír hasta agotarnos. Soltar. Dejar pasar. Con un “abracadabra”, mis mejores deseos: Muy Feliz Año Nuevo.

© 2016 Noemi Martin. All rights reserved

Cómete el mundo

No entiendo muy bien a la gente que atraviesa un océano enorme y al llegar a su destino busca desesperadamente un restaurante español para comerse una paella o una tortilla patria. ¡Qué me lo expliquen, por favor!. Una cosa es que lleves dos meses en Vietnam sobreviviendo con arroz y verduras y de repente divises “Casa Manolo” y rompas a llorar de emoción. Otra es que aterrices en Santiago de Chile y no descanses hasta encontrar unas croquetas ibéricas y un bar de tapas.

La gastronomía, amigos, forma parte del paisaje, del alma de los lugares y tengo claro que prefiero gastarme los cuartos en un buen restaurante de comida tradicional que tres euros en una hamburguesa de plástico y un refresco para irme de tiendas. Por supuesto que cada uno es libre de hacer lo que quiera con su presupuesto y su paladar pero, en mi caso, cuando repaso las fotos de mis viajes no suelo sonreír cuando me veo en la puerta de una iglesia de la que no recuerdo el nombre dos días después. Lo hago cuando me reconozco feliz tomando unos vinos en aquel restaurante perdido de un pueblecito del norte de Argentina o probando el mejor sushi que he comido en mi vida en el Mercado de Pescado de Tokio.

Que quede claro que cuando hablo de disfrutar de la gastronomía de un país o de una zona no me refiero a quemar la visa en un restaurante con tres estrellas Michelin (qué tampoco está mal alguna vez en la vida si puedes permitírtelo) hablo de sitios con encanto, con olores y sabores típicos, con lugareños amables que te expliquen sus costumbres y te enseñan sus cocinas. Me refiero a los guisos de esa maravillosa señora vestida de negro con manos de oro y mirada amable o del cocinero joven que ha rescatado las recetas de sus abuelos. No te pido que cuando viajes comas guiso de perro o sesos de mono. Tampoco que renuncies a tus principios si eres vegano o pasas del azúcar. No quiero que vayas a restaurantes lujosos, si como yo, eres de gustos sencillos. Tampoco es preciso que cruces la frontera porque en nuestro país encontrarás una cocina increíblemente variopinta. Basta con que empieces a ser un poquito curioso y que consideres que conocer y disfrutar de la gastronomía de un lugar es casi tan importante o en algunos casos incluso más, que visitar sus museos y paisajes. El planeta está repleto de sabores por conquistar. ¡Cómete el mundo!

BSO Me como el mundo aliñao de Carlos Chaouen

© 2016 Noemi Martin. All rights reserved

 

 

Gloria y la felicidad

En 2017 se cumplen cien años del nacimiento de la popular escritora Gloria Fuertes y su imagen vuela ya por el mundo impresa en la cola de un  Boeing 737-800 de NorwegianComo una metafórica travesía a la infancia guiada por la genial comandante Gloria. Le hubiera gustado, estoy segura.

Poeta de niños y también de adultos. Genio y figura. Mujer de verso en pecho, como el título de uno de sus libros. Filósofa de la vida. Pacifista, humorista, surrealista. Y ahora “pilota”. O casi.

¿Y qué tendrá qué ver Gloria Fuertes con la felicidad del título? ¿Y por qué escribo sobre ella en un blog dedicado a las buenas experiencias? Es sencillo. Porque leer a Gloria es precisamente un viaje a la felicidad, a mi niñez. Quizá a la tuya. Porque una tarde con un té y sus libros es alegría y optimismo en cada letra. Porque “el dragón tragón”, “el hada acaramelada” y “don Pato y don Pito”, están en mis recuerdos más divertidos y alocados. Porque sus rimas y colores forman parte de mi vida y mi costado ingenuo. Porque no me perdía “La cometa blanca”. Y porque, lo admito sin pudor alguno y con contundencia: “amo a Gloria Fuertes”.

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Fotografía de Noemi Martin

En esta sociedad de urgencias y dramas, nos haría bien desempolvar su “diccionario estrafalario” y empezar a darle un nuevo significado a las cosas. Recordar ante las desigualdades y el machismo, que es posible una navidad con “las tres reinas magas”. Y también superar nuestras dificultades como “el camello cojito” y saber que podemos llegar a nuestro destino después de caídas y pinchazos.

Gloria no es una escritora únicamente para niños. No sólo porque una parte de su poesía –como “Pecábamos como ángeles” o “Isla ignorada”- tenga un calado más intenso y conmovedor. Lo es porque sus historias  y su esencia valiente nos ayudan a sonreír y a seguir fabricando quimeras.

Harta de políticos egoístas con ceño fruncido, alguna vez he fantaseado imaginando a Gloria Fuertes como presidenta del gobierno, recitando poemas y luchando por la igualdad desde su bondad y sensibilidad social. Quizá con ella, éste sería un país más tranquilo y feliz. Al menos más divertido.

Qué bonito es soñar. Qué bonito es contar. Gracias por enseñármelo, querida Gloria.

BSO La cometa blanca interpretada por Rosa León.

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Noche Solidaria en el Liceu de Barcelona

Por segundo año consecutivo, en la noche del jueves 15 de Septiembre, el Liceu de Barcelona respiró más que nunca bondad y humanidad. Al anochecer se reunieron 400 anónimos altruistas por un fin común, por una causa solidaria: pagar por asistir a la cena benéfica en el magnífico escenario del Gran Teatre del Liceu barcelonés. El destino de los fondos fue íntegramente para la ONG el Casal dels Infants.

Una cena orquestada en los fogones por 4 chefs condecorados con estrellas de la famosa guía roja francesa: Carles Gaig, Nandu Jubany, Carles Abellán y Albert Adrià, que generosamente cocinaron y crearon un menú para la ocasión, de esos de recordar y grabar con tinta indeleble en la memoria poética y más hedonista. Todo ello maridado con los vinos y cavas Gramona y musicalmente con un reportorio de canciones interpretadas por el Coro de este templo operístico.

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El director comercial de Gramona junto a los 4 chefs: Carles Gaig, Nandu Jubany, Albert Adrià y al micrófono Carles Abellán. Fotografía de José María Toro

Los 41.000 euros recaudados este año, superando con creces la recaudación del anterior, por la venta de los tickets a través de LetsBonus, empresa colaboradora en este acto y especializada en la venta de productos de ocio, se destinarán a labores educativas y de inserción social de niños y jóvenes en riesgo de exclusión social. El Casal dels Infants presta atención en barrios marginales dónde el día a día de estos niños está lleno de dificultades. Distritos como el Raval y el Besós de Barcelona, La Mina de Sant Adrià del Besós, o ciudades como Santa Coloma de Gramenet, Badalona y Salt son los beneficiarios de sus actividades que apenas son portadas de los grandes rotativos. Un trabajo silencioso de más de 1000 desconocidos voluntarios, que muchas veces pasa desapercibido para una gran mayoría, pero muy valioso para la sociedad en general y para sus receptores en particular. Muchachos y muchachas vapuleados por situaciones ajenas a ellos, como el protagonista de “Los 400 golpes” de Truffaut, y que vuelven a creer en el futuro y en sí mismos, niños y niñas que descubren que se puede volver a sonreír, que vuelven a amar ir al colegio porque alguien les ayuda con refuerzo escolar al salir de clase y les explican con detalle y cariño las lecciones del día, evitando el absentismo escolar y el abandono definitivo. Chicos y chicas motivados en formarse y prueba de ello fue que treinta de ellos participaron activamente en esta gran cena como camareros y camareras.

El Gran Teatre del Liceu, situado en un extremo del barrio del Raval barcelonés, abrió sus puertas y acogió desinteresadamente en su espacio principal para que se celebrara este magnífico acto tal como se merecía, porque es un evento que debe brillar con luz propia.

© 2016 José María Toro. All rights reserved.

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