Vino para dos. Capítulo 20

He vuel­to a pin­tar, a escribir, a bailar. Después de muchos años en penum­bra inte­ri­or, veo la luz y no en la mira­da de un hom­bre. Ayer me revisé en el espe­jo aten­ta­mente. Comien­zo a ten­er algu­nas arru­gas pero por primera vez mis ojos bril­lan sin necesi­dad de faros acce­so­rios. Sien­to que estoy empezan­do a ser yo. Un yo mejor, pau­sa­do y sober­a­no. Un yo aún enam­ora­do pero sen­sato. Me cues­ta dejar de pen­sar en Jai pero aho­ra ocu­pa otro puesto. Va detrás de mí o a mi lado pero no delante. No sé si algu­na vez me recuer­da. Si era cier­to que me quería. A veces le perci­bo en la dis­tan­cia, como un velero detrás del rompe­o­las. Otras, le noto en mí, ancla­do firme en una esquina de mi ven­trícu­lo izquier­do.  ¿Has­ta cuán­do? ¿Quién lo sabe?

En estos meses de res­ur­rec­ción des­de que volví de San Fran­cis­co han sido mila­grosas las con­ver­sa­ciones con Mar­cos. Su for­ma de ver las cosas es tan clara y limpia que es imposi­ble no con­fi­ar en sus pal­abras sabi­as. Me encan­ta pon­er el manos libres y tomar un café cuan­do sale del hos­pi­tal después de algu­na de sus inter­ven­ciones de siete horas. Y está sereno y feliz. Y me con­ta­gia la san­gre, la bilis y las neu­ronas. Ojalá todos los virus fuer­an como Marcos.

Pero además de Mar­cos, tam­bién mi ami­ga Nora ha resul­ta­do impre­scindible en la géne­sis de esta nue­va Ana: la Ana deci­di­da, la no tor­tu­ra­da. Nora es mi com­pañera en la con­sul­ta. Estu­di­amos psi­cología jun­tas, lo decidi­mos en el primer cur­so del insti­tu­to. Siem­pre ha esta­do a mi lado. Supon­go que es la her­mana que no tuve. Mi con­fi­dente en cal­ma sabe de Jai, de Pedro, de Óscar, de mi primer desamor a los quince años.  Mi pelir­ro­ja favorita se aca­ba de sep­a­rar de su mari­do, hace cin­co meses, y como tam­poco tiene hijos, además de com­par­tir horas de tra­ba­jo, pasamos muchas tardes jun­tas, oyen­do músi­ca y pase­an­do jun­to al mar.

Nora cono­ció a mi ángel Mar­cos hace un par de sem­anas. Via­jamos a un fes­ti­val de jazz en Grana­da. Hom­e­na­je a Chet Bak­er y hom­e­na­je a la amis­tad, a la antigua y a la recién naci­da. Me mar­avil­ló la com­pli­ci­dad que surgió durante la cena de pre­sentación. Tres almas embar­gadas que encuen­tran su reden­ción en una copa de vino jun­to a La Alham­bra. “Los peca­dos nos harán libres”, reza aho­ra el lema del “Trío Bak­er”. Después de un fin de sem­ana reple­to de instan­táneas ‑de ésas que cuel­gas en la nev­era para son­reír al bus­car una man­zana- Nora me con­fesó que Mar­cos la había cau­ti­va­do. Su cabeza orde­na­da, sus manos de ciru­jano, su voz tem­pla­da y sedante… Sospe­cho que a mí tam­bién me habrían enam­ora­do si Jai no con­tin­uara vara­do en mi pecho.

 

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Fotografía de Noe­mi Martin

Admi­to que a veces he tenido la tentación de coger el móvil y enviar­le un men­saje. Algu­nas noches de insom­nio pon­go el telé­fono jun­to al vaso de leche con miel y le veo al otro lado del mun­do. Le imag­i­no salien­do del tra­ba­jo, escri­bi­en­do de via­jes en su orde­nador, yen­do a cenar al Kuro­sawa, proban­do vinos nuevos. Debo ser una ingen­ua pero nun­ca le pien­so con otra mujer. Le sien­to solo, sanán­dose, como yo.

Lo cier­to es que los meses pasan y mi vida con­tinúa. En la con­sul­ta puedo dar con­se­jos que aho­ra me creo y en mi día a día todo se va ponien­do en su sitio. Como un puz­zle gigante. Pre­fiero aprovechar la luz para nadar, leer y recon­stru­irme. Lo de salir después de la pues­ta de sol lo dejo sólo para ir a algu­na cena o un concier­to. Quizá me estoy volvien­do un poco bea­ta. Eso dice Nora.

Esta noche, sin embar­go, es espe­cial, úni­ca. Es mi noche favorita del año. Ni trein­ta y uno de diciem­bre, ni navi­dad, ni cumpleaños. A mí me apa­siona la magia de San Juan. Lo poco que que­da por que­mar de la Ana apoc­a­da y vac­ilante, arderá para siem­pre al salir las estrel­las. Ten­drá que ser así porque hoy me toca ser valiente. Cuan­do se apaguen las hogueras en la playa, comien­za una fies­ta en “nues­tra ter­raza” jun­to al Atlán­ti­co. No la he pisa­do des­de la últi­ma vez que cené con Jai, en mi otra vida, hace seis meses. Aunque he pen­sa­do que tal vez no sea bue­na idea volver sobre mis pasos, Nora insiste en que es lo últi­mo que me que­da por hac­er para nac­er de nue­vo. Y ésta es la noche.

Sobre la cama veo mi vesti­do blan­co, mis san­dalias planas y mi áni­mo atre­v­i­do. Tam­bién está mi bol­so de cristal­i­tos azules car­ga­do de sueños y hechizos. Ojalá no me arrepi­en­ta cuan­do al volver apague la luz de mi habitación y abra la ven­tana para que entre el aro­ma a alquimia y madera que­ma­da. San Juan me espera.

BSO: Let’s Get Lost Chet Baker

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados.

Vino para dos. Capítulo 19

Ater­ricé en Tener­ife hace seis meses. No he sabido nada de Jai en este tiem­po. A pesar de que  habi­ta mul­ti­pli­ca­do en mis neu­ronas y de que lo perci­bo en cada can­ción y en cada gota de vino que pasa por mi gar­gan­ta, estoy tran­quila. Ten­go la certeza de que algún día nos encon­traremos y todo será sen­cil­lo. Supon­go que podré expli­car­le que com­pré el bil­lete de vuelta después de encon­trarme con Julia en su aparta­men­to y llen­arme de angus­tia. Imag­i­no que seré capaz de hablar­le abier­ta­mente de mi male­ta de miedos y com­ple­jos. No espero nada. Quizá no lleg­amos a cono­cer­nos lo sufi­ciente. No añoro imposi­bles pero sé que nues­tras vidas revueltas volverán a tropezarse en algún tic-tac de nues­tra existencia.

Durante estos meses he revisa­do mi cere­bro y he hecho limpieza de sen­timien­tos y cul­pas. He pasa­do el cepil­lo por cada esquina de mi alma y he fro­ta­do a con­cien­cia mi corazón man­cha­do de dudas. Una hoguera imag­i­nar­ia. Una niña que saltan­do alrede­dor se con­vierte en mujer mien­tras arden sus mis­e­rias. Así he pasa­do estos cien­to ochen­ta días sin Jai.

En el vue­lo de San Fran­cis­co a Madrid conocí a Mar­cos, mi ángel de la guar­da. Cosas que suce­den en aviones transoceáni­cos: asien­tos con­tigu­os, his­to­rias que coin­ci­den y un plan­e­ta que con­tar. Llev­a­ba tres horas escri­bi­en­do ver­sos com­pul­si­va­mente sin pro­bar boca­do des­de la cena con Jai la noche ante­ri­or, cuan­do pasó un sobre­car­go ofre­cien­do bebi­da. –Una botel­li­ta de tin­to cal­i­for­ni­ano, por favor. Llené la copa de plás­ti­co y me lo tomé de golpe. Sin pen­sar. Direc­to al corazón como una flecha líqui­da. A los dos min­u­tos esta­ba marea­da y res­pi­ran­do entrecor­tada­mente. Mar­cos me miró de reo­jo y me pre­gun­tó en voz baja si esta­ba bien. Dos vasos de agua, un par de choco­lati­nas y seis horas bas­taron para desple­gar mi vida sobre la mesi­ta acce­so­ria. Mejor que cualquier pelícu­la de estreno.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Mar­cos tenía cin­cuen­ta años y era médi­co, ciru­jano cardía­co. Aunque ya en casa me di cuen­ta de que era un tipo muy atrac­ti­vo, en medio de la zozo­bra no me habría per­cata­do ni del azul de los ojos de Paul New­man. Todo era negro. Todo daba igual. Lo úni­co que me atrapó de su per­sona fue su tono amable y llano, y, sobre todo, su capaci­dad para extir­par mi ataque de dolor de un pluma­zo. Con del­i­cadeza extrema. Él sabía per­fec­ta­mente lo que era vivir atra­pa­do en el gris porque había cam­i­na­do una mon­taña pare­ci­da a la mía: un padre exi­gente y severo, muchos fra­ca­sos y un corazón des­gar­ra­do y recom­puesto a base de amor pro­pio. La mejor sutu­ra, según me contó.

Hablam­os y nos con­fe­samos here­jías sin pudor, como si nos cono­ciéramos de otro tiem­po, de otro espa­cio. Esa con­ver­sación mág­i­ca entre rui­do de motores, lágri­mas y son­risas cer­canas, cam­bió la direc­ción de mis pasos. Cuan­do nos des­ped­i­mos en Madrid con un abra­zo y la prome­sa de seguir en con­tac­to, me di cuen­ta de que no podía seguir amar­ra­da a la oscuri­dad de mis pen­samien­tos para siem­pre. Tenía que abrir ven­tanas al lle­gar a casa. Aire, luz, cal­ma, confianza…eso necesitaba.

Me costó con­tar­le a mi madre que tal y como augura­ba, las cosas con Jai no habían sali­do bien. Pero, para mi sor­pre­sa, no me regañó como otras veces. Creo que no pudo porque ya no esta­ba ante una niña llorosa. Imag­i­no que se dio cuen­ta de que había empeza­do a cre­cer de golpe. Así que por primera vez nos encon­tramos cara a cara como dos mujeres ser­e­nas y fran­cas. Y me gustó sen­tirme así. Esta­ba bien eso de ser fuerte.

Días más tarde me sen­té en mi habitación y mien­tras escuch­a­ba a  Nina Simone escribí una larga car­ta a mi padre: le di las gra­cias por la vida recibi­da pero tam­bién le rogué una tregua per­pet­ua. Yo no aspira­ba a ser la mejor, no desea­ba ser una mujer per­fec­ta. Tam­poco quería morir de un infar­to en un despa­cho como le había suce­di­do a él. Sólo anhela­ba una exis­ten­cia tran­quila. Úni­ca­mente nece­sita­ba empezar a amarme para apren­der a amar bien. Al ter­mi­nar la car­ta la metí en una botel­la de vino vacía y me acerqué al muelle. Esta­ba feliz. La tiré al Atlán­ti­co una noche de luna llena. Sabía que bucearía lig­era entre estrel­las y cabal­li­tos de mar has­ta encon­trar sus cenizas sal­adas y entre­gar­les mi mensaje.

BSO: Tomor­row Is My Turn Nina Simone

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados.

 

 

Entrevista a Espido Freire

Espido Freire: “Me hace feliz la sensación de encontrarme a gusto conmigo”

 

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©Espi­do Freire

 

A la escrito­ra le ha costa­do sen­tir que le agra­da su com­pañía pero el logro se percibe en su energía des­bor­dante. Espi­do Freire crea his­to­rias y ensayos, imparte con­fer­en­cias y cur­sos, acu­mu­la seguidores en insta­gram (@espidofreire) y, además, dis­fru­ta de la vida con la con­cien­cia tran­quila. Han pasa­do diecio­cho años des­de que se pub­licara su primera nov­ela “Irlan­da”. Con los cuarenta ya cumpli­dos y un Pre­mio Plan­e­ta en su enorme mochi­la de éxi­tos, Espi­do Freire ha apren­di­do mucho de sí mis­ma.  Su blog es un ejem­p­lo claro de que la lit­er­atu­ra no está reñi­da con la moda, la gas­tronomía y la feli­ci­dad. Cer­cana, sen­cil­la y com­pro­meti­da con los prob­le­mas de nues­tra sociedad, pre­sen­ta su nue­vo ensayo: “La vida frente al espe­jo”. Así es el día a día de una escrito­ra que cam­i­na jun­to a sus lectores. 

Empezare­mos por la hora de lev­an­tarnos, ¿qué desayu­nas un día de tra­ba­jo? ¿Y qué tomas un día espe­cial, de fiesta?

A diario desayuno sal­a­do, por lo gen­er­al, y de man­era con­sis­tente. Una tor­tilla de clara de hue­vo, salmón ahu­ma­do, o jamón de pavo, o tosta­da de aceite, con o sin jamón ibéri­co; o con que­so. Una quiche del día ante­ri­or… Hay muchas opciones: fru­ta, té, pan inte­gral, zumo de ver­duras o fru­tas… Los días de fies­ta, si desayuno fuera, tomo algún dulce o chur­ros, o una cha­p­a­ta con aceite, tomate y jamón en un lugar en el que las bor­dan. O migas de pas­tor. No soy muy escrupu­losa, como se ve.

¿Eres de las que pones músi­ca nada más saltar de la cama o te tomas el cafecito/té escuchan­do las noticias?

Ningu­na de las dos cosas (por lo gen­er­al, ten­go que sacarme a las gati­tas de enci­ma, primero), pero despier­to nor­mal­mente con energía alta y de buen humor.

Después de la ducha, abres el armario de par en par. ¿Qué encontramos? 

De todo. ¿Qué nece­si­tas? Lo ten­go. Mi armario es la envidia de mis amigas.

La mañana se va ráp­i­da­mente y se acer­ca la hora de com­er, descúbrenos un lugar ide­al para quedar con ami­gos. No piens­es ni un min­u­to en dieta o comi­da sana. ¿Qué te pides?

Sue­lo com­er en un restau­rante japonés cer­ca de mi casa, el Ayala Japón. Sashi­mi, tem­pu­ra de ver­duras y una lubi­na al ponzu. Si estoy en puer­to de mar, y hay marisco, me pierde. Sobre todo el buey de mar.

¿Postre o café para una sobreme­sa de tertulia?

Más un té que un postre. Pre­fiero com­er a tomar postre. Quizás luego meriende algo, un boca­di­to de algo rico.

Hemos comi­do, char­la­do… ¿Eres de las que si pueden, se enrol­lan en la man­ti­ta después de almorzar? ¿Te pone la siesta?

Sí, con la edad, y esto es muy deca­dente, val­oro cada vez más la sies­ta. Y me sien­ta muy bien (antes no).

¿Y qué tal se lle­va Espi­do Freire con el deporte? ¿For­ma parte de su ruti­na o está olvi­da­do en un cajón?

Pues odio el deporte con todo mi corazón pero no me que­da más reme­dio de hac­er una ruti­na de ejer­ci­cio y esti­ramien­tos diar­ios, porque padez­co de la espal­da. Tam­bién sal­go a cam­i­nar y a veces nado.

Pasamos al “momen­to músi­ca”. ¿La escuchas en el coche? ¿En el móvil? ¿Mien­tras escribes? Cuén­tanos. ¿Qué sue­na en tu día a día en los últi­mos tiempos?

Músi­ca casi siem­pre, sí, me hace com­pañía. Aho­ra escu­cho inten­si­va­mente  a Arvo Pärt. No es pre­cisa­mente ale­gre, pero me gusta.

Pues bien, una vez com­pro­ba­do que eres amante de la músi­ca, hemos deci­di­do invi­tarte a buen concier­to. Elige: puedes volar al pasa­do y escoger un clási­co imposi­ble o quedarte en el pre­sente. El plan­e­ta musi­cal está a tu disposición.

Pues a uno de Bowie, que acabamos de perder­lo. Y nun­ca le vi en concier­to, aunque lo conocí muy breve­mente en Lon­dres, hace muchos años.

Además, el Blog Hedo­nista te regala un via­je de una sem­ana con todos los gas­tos paga­dos para desconec­tar. ¿A dónde te vas sin pen­sar demasiado?

A Nue­va York. Sin dudar­lo. Aunque ten­go pen­di­ente Islandia, que no conoz­co y me encan­taría, una sem­ana en Nue­va York resul­ta irresistible.

A la vuelta de tu escapa­da, quedas con unos cole­gas para tomar algo. ¿Cerveza o vino para acom­pañar la conversación?

Vino, nun­ca he bebido cerveza. Aunque serían ellos los que lo dis­fru­tarían, yo no bebo alco­hol des­de hace un par de años.

Ya estás en casita. Antes de irte a la cama, ¿te embadur­nas de cre­ma, rezas, med­i­tas? ¿Saltas sobre el colchón como una tigresa?

Me des­maquil­lo, med­i­to sobre lo ocur­ri­do durante el día, hago una breve lista de los pen­di­entes para el día sigu­iente, mimo un poco a las gati­tas, por turnos, y me acuesto.

A la hora de dormir, un rati­to antes, ¿eres de las que leen, ven la tele…? ¿Qué nos encon­tramos en tu mesil­la de noche?

Siem­pre, sal­vo que esté ago­ta­da, leo. Si duer­mo en un hotel puede que vea la tele, en mi habitación no la ten­go. En mi mesi­ta hay cre­ma de labios, una botel­la de agua, el móvil, pañue­los de papel, var­ios libros, y un botel­li­ta de mi per­fume Halloween.

Por fin apa­gas la luz has­ta el día sigu­iente. ¿Es tem­pra­no o ya han son­ado las cam­panadas? ¿Duer­mes de un tirón o a tropezones?

Inten­to acostarme pron­to, pero casi nun­ca lo con­si­go antes de las cam­panadas… quizás hoy o mañana. Duer­mo bas­tante bien, no impor­ta dónde ni cómo.

¿Con qué sueñas cuan­do te pones en modo avión?

Sueño todas las noches y recuer­do bas­tante bien los sueños. Depende, claro: a veces resuel­vo prob­le­mas mien­tras duer­mo, otras regre­san los con­flic­tos de otras épocas que no he logra­do resolver… pero por lo gen­er­al, son sueños agradables.

Nos des­ped­i­mos, Espi­do. ¿Qué es lo que te hace más feliz en este momen­to de tu vida?

La con­cien­cia tran­quila, la sen­sación de encon­trarme a gus­to con­mi­go. De haber apren­di­do mucho de mí y sen­tir que me agra­da mi com­pañía. A mí me ha costa­do mucho lograr eso que, para mucha gente, resul­ta muy sencillo.

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados

Don Giovanni de Andrea Tumbarello. Barcelona

Hace ya un tiem­po, des­de medi­a­dos del 2014, que Andrea Tum­barel­lo, desem­bar­có en Barcelona de la mano de NH Hotel Group, ocu­pan­do un espa­cio diá­fano en el inte­ri­or de uno de los hote­les insignia del grupo sito en la barcelone­sa calle de Déu i Mata, 69–99. Situ­a­do estratégi­ca­mente su come­dor dis­fru­ta de amplios ven­tanales abier­tos a ese oasis verde urbano denom­i­na­do Jardins de Sant Joan de Déu, delim­i­ta­do en el norte por el hor­i­zon­tal “ras­ca­cielo tum­ba­do” de l’Illa Diag­o­nal y por el flan­co sur por el pro­pio hotel NH Col­lec­tion Con­stan­za de Barcelona donde se ubi­ca. El inte­ri­or del restau­rante es sobrio, carece de adornos super­flu­os, pero ele­gante con sus maderas oscuras con­tra­stan­do con la tapicería clara de los asien­tos cre­an­do una atmós­fera atrac­ti­va y con mucho esti­lo para que nada reste pro­tag­o­nis­mo a los platos que salen de su cocina.

Todo un cúmu­lo de casu­al­i­dades prop­i­cias, como si de una caram­bo­la del bil­lar se tratase, hizo que Andrea Tum­barel­lo sea hoy chef: dejó su país natal por estar loca­mente enam­ora­do de una guapísi­ma gata (1), el ago­tamien­to de los con­tin­u­os via­jes Madrid-Milán por ver a su esposa, y por últi­mo pro­bar la mala cal­i­dad de la pas­ta en una pequeña trat­to­ria cer­ca de su casa en el madrileño bar­rio de Pací­fi­co. La suma hizo que su vis­cer­al­i­dad lati­na saliera de súbito y en un pes­tañeo acabara sien­do el dueño de la mis­ma trat­to­ria y el ini­cio de toda esta his­to­ria. Ese pun­to de orgul­lo ante la incom­pren­si­ble pési­ma preparación truncó su trayec­to­ria orig­i­nal como econ­o­mista para con­ver­tir­lo, ¡menos mal!, en un afama­do y respeta­do emba­jador de la vera cuci­na ital­iana,  susti­tuyen­do los bolí­grafos y orde­nadores por cuchil­los y demás uten­sil­ios de coci­na. Andrea, además de buen cocinero, der­rocha humanidad e ilusión a partes iguales, ganas de trans­mi­tir lo mejor de su país y ese carác­ter expre­si­vo tan sicil­iano de dónde es nat­ur­al. Todos estos ele­men­tos for­man parte del secre­to de su tri­un­fo como gran rep­re­sen­tante del país de la bota en la cap­i­tal de España. Bor­da que es un pri­mor la pas­ta fres­ca sigu­ien­do orig­i­nales rec­etas famil­iares, pero su pro­duc­to más mima­do has­ta el pun­to de con­ver­tir­lo en obje­to de cul­to, rozan­do el feti­ci­his­mo, es la tru­fa negra o tuber melanospo­rum, de ahí que se le conoz­ca como el “rey de la tru­fa” por la legión de seguidores del dia­mante negro de la gas­tronomía. El reconocimien­to por parte de la guía Rep­sol con “2 soles” en su restau­rante madrileño, “1 sol” en el de Barcelona y “1 sol” en el restau­rante malagueño de Fin­ca Cortesín cer­ti­fi­ca la cal­i­dad de sus prop­ues­tas culi­nar­ias y el reconocimien­to por parte de la críti­ca especializada.

El Menú Degustación, “un plac­er para los sen­ti­dos” es un paseo por los platos más car­ac­terís­ti­cos del chef nat­ur­al de Marsala. Este menú está disponible en la web de Lets­Bonus has­ta el próx­i­mo 17 de Abril for­man­do parte de la cam­paña “Food Tour por Europa” y que tiene un com­po­nente sol­i­dario, colab­o­ran­do con Oxfam Inter­món, en pro de recau­dar fon­dos para los refu­gia­dos. En este recor­ri­do gas­tronómi­co por el Viejo Con­ti­nente par­tic­i­pan 28 recono­ci­dos restau­rantes de Madrid y Barcelona y entre ellos el pro­tag­o­nista de este post. La degustación crea­da por el cuo­co Andrea para la ocasión con­s­ta de los sigu­ientes platos mari­da­dos con vinos de su país:

  • Aper­i­ti­vo:
    Mor­tadel­la de bologne con grissi­nis al orégano. Minip­iz­za de botar­ga (huevas de atún con mucho sabor a mar) y el pan con panc­eta, aceite de tru­fa y lámi­nas de tru­fa negra, un boca­do pequeño pero grande de sabor en boca. Acom­paña­do de un deli­cioso cóc­tel a base de Aper­ol, gine­bra Tan­quer­ay No. Ten y Prosecco.
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Mor­tadel­la alla bolog­nese con grissi­nis al orégano, minip­iz­za de botar­ga y pan con panc­eta, aceite de tru­fa y lámi­nas de tru­fa negra.

  • Entrantes :
    Carpac­cio de gam­bas, brotes, ensal­a­da de fru­tos del bosque y vina­gre­ta de man­go. Un pla­to magis­tral, sober­bia­mente elab­o­ra­do. Spaghet­ti alla car­bonara orig­i­nale, coci­da al dente, un pla­to de sencillo…delicioso. Y para ter­mi­nar este aparta­do el mági­co y míti­co “Hue­vo mil­lessimé” elab­o­ra­do vir­tu­osa­mente con yema de hue­vo, cre­ma de bole­tus, caviar de tru­fa, aceite de tru­fa y pre­sen­ta­do con lámi­nas de tuber melanospo­rum. Se mez­cla todo, se moja la focac­cia que acom­paña el hue­vo y… ¡se puede tocar el cielo! ¡De ovación larga y cer­ra­da! ¡Para sacar a Andrea por la puer­ta grande de la Real Maes­tran­za de Caballería de Sevilla!
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Carpac­cio de gam­bas, brotes y ensal­a­da de fru­tos rojos con vina­gre­ta de mango.

 

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Spaghet­ti alla car­bonara orig­i­nale con yema de huevo.

 

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Hue­vo Milléssime

  • Pesca­do:
    Rod­a­bal­lo a la plan­cha con tomati­to con­fi­ta­do, pesto de rúcu­la y pol­vo de oli­vas negras. Un pesca­do meloso que se deshacía como la mantequilla.
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Rod­a­bal­lo a la plan­cha con tomati­to con­fi­ta­do, pesto de rúcu­la y pol­vo de oli­vas negras.

  • Carne:
    Scalop­pine de tern­era al marsala. Una carne jugosa y tier­na. Con­traste de sabores sal­a­dos y dulces.
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Scal­lop­ine de tern­era al marsala. El pla­to lle­va impre­so su mar­ca personal.

  • Que­sos:
    Sur­tido de que­sos ital­iano: fonti­naparmi­giano de 12 y 24 meses, taleg­gio y exquis­i­to gor­gonzo­la.
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Sur­tido de que­sos: fonti­na, parmi­giano de 12 y 24 meses, taleg­gio y gorgonzola.

  • Postre:
    Refres­cante pan­na cot­ta acom­paña­da con fru­tos rojos.
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Pan­na cot­ta acom­paña­da con fru­tos rojos.

  • Vinos del mari­da­je: Müller Thur­gen. Trenti­no 2014 con aro­mas a man­go y fru­tas exóti­cas. Edèlmio de la Bode­ga Benan­ti con notas de panadería, fru­tos sec­os, nue­ces y piña madu­ra. Feu­di Bran­ci­for­ti dei Bor­bonaro, elab­o­ra­do con uva Nero d’Avola, que evo­ca notas bal­sámi­cas, a higos sec­os y tam­bién a taba­co. Para el postre, Vigna Sen­za Nome Mosca­to d’Asti, aro­mas a fru­ta fres­ca y a flo­res blancas.
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Vinos del maridaje.

  • Bom­bones “Prali­na con avel­lana y tru­fa” del­i­cada­mente exquis­i­tos para acom­pañar el café.
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Prali­na con avel­lana y trufa.

Don Gio­van­ni C/ Déu i Mata, 69–99 Barcelona Tel. 93 281 15 00 NH Col­lec­tion Constanza

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(1) gato/a= nat­ur­al de Madrid.

© 2016 José María Toro. Todos los dere­chos reservados

 

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