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Yo escucho corazones

Yo no escucho a los partidos políticos ni a los sindicatos. Tampoco a los medios de comunicación que informan sesgadamente.  Yo escucho a mi corazón, al de mi madre, al de mi abuela y al de la abuela de mi abuela. Oigo incluso el eco que me llega de más atrás: una larga cadena de mujeres valientes con la voz y el alma secuestradas. Si silencio mis preocupaciones, percibo también el latido del corazón de mis sobrinas y el de todas las niñas que me cruzo por la calle, hasta advierto el de las que aún están en el vientre materno. Y el de las mujeres de África y América, el de las chinas, japonesas o camboyanas, el de las que se encuentran en los campos de refugiados, el de las que sufren violencia y desamparo o el de las que se sienten discriminadas en su trabajo cada día. Millones y millones de corazones  resuenan junto al mío en esta gran orquesta solidaria que hoy sale a la calle. Retumba en todos los poros de mi piel un emocionante sentimiento de unidad con las mujeres y niñas del planeta. Están en mí, colándose en mis venas. Es un día hermoso a pesar de lo que subyace detrás.

Porque hoy reivindicamos lo que nos pertenece por naturaleza: algo tan sencillo como venir a esta Tierra para ser felices y vivir en paz. Y para ello, es necesario que seamos iguales, absolutamente iguales en nuestros derechos. Este viernes sumamos corazones para celebrar todo lo  bueno que vendrá y para intentar romper con nuestro latido potente la cadena de silencio, opresión y miedo que aún rodea los cinco continentes. Aurículas y ventrículos femeninos, ya es hora de recibir sangre nueva.

Al menos durante este 8 de marzo y como punto de partida, miremos más allá de nuestro pequeño espacio y  de nuestros problemas. Y sobre todo, agudicemos el oído: bum, bum, bum, bum… Siéntelos. Están ahí, junto al nuestro, acompasados y profundamente vivos.

Yo no escucho a partidos políticos ni a sindicatos. Yo escucho corazones.

“A las mujeres se les da mejor que a los hombres desarrollar valores humanos como la bondad, la paciencia, el perdón, la generosidad y la tolerancia”. Dalái Lama

© 2019 Noemi Martin. All rights reserved.

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¿Cuidamos de Santa Cruz de Tenerife?

Desde hace algunos años tengo un sueño. Me encantaría que mi ciudad, Santa Cruz de Tenerife, se convirtiera en una de las más limpias y sostenibles del planeta. Quizá es una de mis tantas ideas descabelladas pero estoy segura de que no es un imposible. Si Honolulu en Hawái  lo ha conseguido, mi fantástica ciudad y sus habitantes también son capaces.

Cuando paseo por sus calles y barrios los visualizo impolutos como las avenidas de Singapur y Adelaida, donde casi podrías comer sobre la acera. También ideo sistemas para que el aire que respiramos sea tan puro como el de las Montañas Rocosas y diseño mentalmente inmensos y saludables espacios verdes. Hasta tengo preparada una tarima imaginaria para instalarla en el Parque García Sanabria, al estilo de Hyde Park,  para que los transeúntes puedan improvisar discursos a media tarde. Sería genial poder escuchar a nuestros vecinos contar sus propuestas.

Parque García Sanabria

Parque García Sanabria

 

A veces, mientras recorro la Avenida de Anaga,  me descubro planificando el tráfico: más piernas y menos ruedas, amigos. ¿De verdad necesitamos ir al gimnasio en coche para luego hacer una hora de cinta? En otras ocasiones, sobre todo cuando bajo las bolsas de basura,  invento campañas de reciclaje con el anhelo de que lleguemos a ser como San Francisco y sus ciudadanos, los más concienciados del mundo en la separación de residuos. También, ¿cómo no? ingenio fórmulas para convertirnos en una “ciudad slow” donde el consumo mayoritario sea el de productos de cercanía o kilómetro cero y donde nos tomemos la vida más pausadamente.

La campaña que acaba de lanzar el Ayuntamiento de Santa Cruz me gusta. Es sencilla pero clara:  tu ciudad, tu casa. ¿La cuidamos juntos? La conciencia ciudadana es sin duda el arma más potente para conseguir que el lugar que habitamos sea cada día más brillante y más vivo. Además, están las “multas grandes para pequeñas faltas”, como hacen en Calgary y con las que estoy absolutamente de acuerdo, pero bueno podríamos empezar por ilusionarnos con mimar nuestro entorno, ¿no?  Es más bonito. Y más poético.

Tenemos la suerte de habitar una ciudad preciosa y hospitalaria dentro de una isla maravillosa. La calidad de vida, el clima y el mar nos acompañan cada día. ¿Qué tal si nos comprometemos un poquito para que vivir y visitar Santa Cruz sea una experiencia aún más hedonista?

© 2019 Noemi Martin. All rights reserved

 

 

No corras

Esto no es un alegato antirunner, te lo aseguro. Puedes leer el post con total tranquilidad si te gusta trotar por el monte o el asfalto. De hecho, esa es la única forma de correr que defendemos, las demás han quedado obsoletas desde el pasado 1 de enero. El 2019 que proyectamos ha de ser, por fin, un “slow year”: un año para disfrutar de la calma y aprender a respirar como niños de nuevo, para sentarnos un ratito al sol sin hacer nada, para gozar de un libro o de una copa de vino sin mirar el móvil. Un propósito hedonista donde los haya.

Pensarás que hay que cumplir obligaciones, que hay que trabajar, dedicar tiempo a la familia, a la casa, a las rutinas del día a día o incluso a los asuntos que nos apasionan. Por supuesto. Pero, por favor, sin correr como un pollo desquiciado. El famoso refrán “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” está absolutamente sobrevalorado. Seguro que salvo excepciones, eso que tanto te agobia puedes terminarlo mañana, que el mundo no se va a acabar porque no ordenes el armario o te vayas a cenar con tu pareja en lugar de concluir ese dichoso informe. Y si se acaba, que nos coja descansados.

No te cargues de planes que no te apetece cumplir, no quedes con gente que no te haga feliz, no intentes llegar a donde sabes que no puedes, no vayas agonizando al gimnasio para desestresarte.  Para, piensa un poco, pon límites, no corras. ¿La vida que quieres llevar es esa carrera contrareloj en la que se ha convertido?

Tal vez nos exigimos demasiado. A nosotros y a los que tenemos a nuestro lado. ¿ De verdad los niños necesitan tantas actividades extraescolares? ¿ Y los adultos necesitamos tanta información y tantas cosas superfluas? ¿Es preciso tener todo bajo control? ¿Hace falta ser tan perfectos?  La palabra renuncia también está en el diccionario.

Quizá si no quitas el pie del acelerador  y te detienes para escucharte un instante cada día, el cuerpo te obligue a parar en seco más adelante.  No corras, por favor. Hazte ese regalo.

© 2019 Noemi Martin. All rights reserved.

 

 

 

 

 

 

 

Navidad Hedonista

Ya está aquí de nuevo, insistente y abrumadora. Tan colorida y brillante que a veces hasta nos hace daño en la retina y seguro que en alguna esquinita del alma, aquella donde habitan los que se fueron sin marcharse. Ya está aquí otra vez, derrochando viandas y artificios. Es el momento del deleite compartido, del hedonismo familiar, del plural nosotros y también de la paciencia, la tolerancia y el buen humor, de reconocernos como seres sociales que necesitan la mano de los compañeros de vida.

Pasamos por la Navidad a toda prisa, como quien pasa por un parque de atracciones, a veces algo trasnochado. Nos deslizamos entre brindis y centros comerciales buscando el mejor regalo, que es precisamente lo que vamos perdiendo en el trayecto: el tiempo.

Desde el Blog Hedonista, con una copa de vino por bandera como no podía ser de otra forma, proponemos un minuto de silencio. Pero no un minuto triste y enlutado, no es nuestro estilo. Intentemos detenernos para respirar con conciencia y dar las gracias al Universo (o a quien sea) porque aunque a trompicones, seguimos aquí una Navidad más. Somos afortunados. Quizá este veinticuatro de diciembre seamos algunos menos que hace unos años pero seguro que aún nos quedan sonrisas en la recámara y unos ojos a los que mirar con cariño. Todo un tesoro.

Descubramos la sencillez en medio de las luces y pensemos en pequeño para poder sentirnos verdaderamente grandes. Gocemos del momento sin hacerle demasiado caso a la mente y sus boicots. Tal vez la Navidad sea algo tan simple como nacer de nuevo libres de equipaje, como pararnos a apreciar por primera vez la magia de un abrazo.

Feliz Navidad, hedonistas.

© 2018 Noemi Martin. All rights reserved.

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