Comer para dormir

Portada de libro

Portada del libro «Comer para dormir» de Karman Meyer. Amat Editorial

 

Imagino que durante estos últimos meses, muchos de ustedes habrán tenido problemas de sueño. La preocupación, la falta de ejercicio y una mala dieta son los peores enemigos de la almohada. Precisamente, durante las navidades pasadas, compré este libro después de una larga noche de insomnio: «Comer para dormir», de la dietista-nutricionista Karman Meyer. Sin entrar a desgranar los complejos mecanismos que hacen que algunos alimentos nos relajen y otros contribuyan a que nos sintamos excitados al irnos a la cama y que tienen que ver con el triptófano, la serotonina y los niveles de cortisol o glucemia, apuntaré algunas claves que se exponen en el texto por si les sirven de ayuda.

Lo primero que podemos hacer si tenemos problemas para descansar, es evitar tomar por la noche: cafeína, chocolate negro o alcohol. También alimentos con mucho picante, ácidos o demasiado ricos en grasas no saludables. La idea es que la cena nos deje saciados pero no sea demasiado copiosa, sobre todo si nos acostamos temprano. Si te apetece una copa de vino después de que se vaya el sol, hazlo con la cena o al menos tres o cuatro horas antes de irte a la cama.

Por el contrario y para mantener una buena higiene del sueño, puedes comer a lo largo de la jornada algunos de estos alimentos tan saludables: almendras (muy ricas en magnesio), aguacate, plátano (de Canarias, por supuesto), arroz integral, melón cantalupo, anacardos, coliflor, apio, fresas, garbanzos, cerezas, dátiles, higos, boniatos, semillas de girasol, avena, pasta integral o nueces. Además, Meyer también recomienda proteínas como el pavo, tofu, quinoa, huevos, sardinas, salmón, queso o yogurt, entre otras.

El libro ofrece un montón de recetas deliciosas e ideas de refrigerio nocturno (requesón con cerezas, por ejemplo) para esas noches en las que no podemos dormir porque tenemos un «agujerito» en la tripa o nos levantamos ansiosos a las tres de la mañana. Mi abuela decía que en esos casos, lo mejor era darnos media vuelta y no abrir la nevera porque si lo hacíamos una vez, nuestro cuerpo nos despertaría cada noche como un gato histérico pidiendo comida. Pero son solo opiniones…

Además de una buena nutrición, para mejorar el sueño y, por tanto, la salud,  Meyer nos aconseja fervientemente: ejercicio, hidratación, meditación, escritura, lectura y aromaterapia. También, mantener fresca la habitación mientras se duerme (fuera los kilos de mantas) y apagar los dispositivos móviles, una hora antes de irse a la cama.

En resumen: presta atención a lo que comes. Si es rico, fantástico. Si es saludable, aún mejor. Y si te ayuda a descansar, es la bomba. Toma nota y nos cuentas.

@2020 Noemi Martín. All rights reserved

«Si siembras amor y ternura, algo te será devuelto»

Tino Martín:  «Siempre estamos a tiempo de modificar nuestras creencias»

Tino Martin

Tino Martín

 

«Puedes aprender a mirar tu vida como si se tratase de tu novia: sonríele, háblale, escúchala, compréndela, atiéndela, ámala…», dice convencido nuestro entrevistado. Nunca es tarde. Tino Martín es maestro, psicólogo y pedagogo jubilado de la vida laboral pero no de la virtual. Sus más de cuatro mil quinientos seguidores en Twitter (@tinomarting) dan fe de que su trabajo diario continúa. Tino ha puesto empeño en crecer y reinventarse. En poner alegría al día a día con las frases y reflexiones que comparte en las redes. Y es, además de un luchador nato, un hombre bueno, sensible y generoso. Lo digo sin temor a equivocarme porque le conozco muy bien. Es mi padre. Sorprendido por mi interés en entrevistarle, insiste en que antes de empezar nuestra conversación deje claro su punto de vista al respecto: «accedo a la petición con una condición: que mis opiniones no modifiquen en absoluto tu forma de entender y vivir la vida».

¿Cómo estás pasando el confinamiento? ¿Qué es lo que más has echado de menos? 

Pues con preocupación por la tragedia sanitaria, económica y social que sufre el mundo pero esperanzado con la idea de que tengamos la capacidad de reponernos y volver a la senda de la normalidad en un tiempo razonable. Lo que más he echado de menos es, sin duda, la presencia de mis tres nietos.

Vivir estos momentos en el campo no tiene precio…

Afortunadamente, el confinamiento me cogió en mi segunda residencia que definitivamente se ha convertido en la habitual. Es un privilegio siempre y más en estos tiempos difíciles, tener la naturaleza a tu disposición.

En ese refugio tinerfeño en el que transcurren tus días, tienes tus huertas «eco», tus gallinas «felices», tu espacio de tranquilidad y aire puro pero también estás conectado al mundo a través de las redes sociales (Twitter)… 

Para mí es el equilibrio perfecto. Todo esto: la naturaleza y sentir desde aquí la cercanía de los demás, me aporta sosiego y paz interior. ¿Qué más puedo pedir?

Creo que cuentas con más de cuatro mil quinientos seguidores en todos los rincones del planeta.

Desde luego no en todos los rincones pero estoy muy satisfecho con los que tengo porque sus aportaciones y su presencia -aunque sea en la distancia- contribuyen a mi bienestar. Y si alguno de mis tweets puede ayudar a alguien de alguna manera, pues doblemente feliz.

¿ Y cómo se te ocurrió entrar en este mundo virtual? 

¿Has olvidado que fuiste tú quien me inició? Es algo que nunca te agradeceré suficientemente.

Es verdad… Ahora que lo dices, fue una gran idea porque me consta que tus frases de ánimo y consejos han puesto un poquito de luz a los días grises de muchas personas… 

No lo sé con certeza pero estoy convencido de algo: si siembras amor y ternura, algo te será devuelto. Esa idea me mantiene activo en Twitter  desde hace más de ocho años y es una interacción enormemente gratificante con un grupito de muy buena gente. Ejercemos de psicólogos mutuamente.

Pues parece una opción fantástica para mucha gente que se jubila y quiere mantener la cabeza y el alma activos. 

Sí, creo que lo es. Yo también era de ese amplio grupo que pensaba que las nuevas tecnologías de la comunicación eran para nuestros hijos y nietos. Pero, afortunadamente, siempre estamos a tiempo de modificar nuestras creencias. De ajustarnos a los tiempos.

Te ha sentado bien esa «modernización» porque te veo en una forma estupenda. Cada vez más…

¿Tú lo crees así? La verdad es que me encuentro bien y eso ya es mucho. Desde hace tiempo pienso  que más que otra cosa, para la última etapa de tu vida «debes ahorrar salud». Y la salud es algo que te tienes que trabajar día a día, acompañado o solo pero haciendo camino siempre.

Y mentalmente, ¿cómo te cuidas?   

Pues mira, la salud mental y la física están íntimamente conectadas. Cuando te sientes físicamente bien, también estarás bien a nivel mental. Y estar bien a nivel mental, te empuja a cuidar tu salud física. Por tanto, no hay ningún secreto. Tan solo, ocuparte de ambas por igual y no pensar que con machacarte en el gimnasio está todo resuelto. Lo digo por los más jóvenes, sobre todo.

Por cierto, ¿se puede aprender a vivir con optimismo?

En la vida se puede casi todo. Así que también puedes aprender a mirar tu vida como si se tratase de tu novia: sonríele, háblale, escúchala, compréndela, atiéndela, ámala…

Y, ¿cómo se mantiene la alegría en estos «días raros»? 

No es nada sencillo sobre todo para quienes han perdido o se encuentran en riesgo de perder a un ser querido. También para quienes no tienen trabajo. En cualquier caso, creo que la alegría es consecuencia de una labor bien hecha, sobre todo. Por tanto, si estás satisfecho o satisfecha de como estás haciendo las cosas, seguro que te encuentras muy cerca de la alegría.

Vayamos más atrás de estos días. ¿Qué le dirías al oído al Tino de hace cuarenta años?

Primero le daría un buen tirón de orejas y, luego, le repetiría durante un tiempo: «la vida no se bebe en un sorbo»; «el trabajo no puede agotar tu tiempo»; «aprende a pensar rápido y a decidir despacio» y «aprende a decir no cuando esa debe ser la respuesta». Y, por último, también le diría: «ama y déjate amar».

Ese Tino, como su hermano y sus cinco hermanas, se dedicaba a enseñar y vivía rodeado de niños y niñas, ¿qué aprendiste tú de los más pequeños?

Muchísimas cosas pero, sobre todo, que la curiosidad y el interés por lo que te rodea es una gran fuente de luz y aprendizaje para cada uno de los días de tu vida. También, que si pierdes la capacidad de sorprenderte a ti mismo, empiezas a morir un poco.

Y volviendo al presente, ¿cómo crees que seremos después de este huracán demoledor? ¿Volveremos a ser los de antes o mejores personas, como dicen algunos?

Pienso que ni una cosa ni la otra. Me explico: van a cambiar bastantes cosas en la manera de entender la vida y de vivirla desde el punto de vista económico y social. En cuanto a si seremos mejores, te diré que los buenos ya son mejores. Y los que no son tan buenos, no van a cambiar de manera significativa, desgraciadamente. Esto al menos, a corto y medio plazo.

Un sueño para cuando volvamos a la «normalidad de verdad»…

Me gustaría ver que todo este dolor ha servido para algo bueno, algo que me haga sentir que los sueños de otros muchos  no fueron fallidos o estériles.

Mirando al futuro, ¿qué cosas te quedan por vivir?

Disfrutar y ver crecer como abuelo lo que «por las prisas de llegar», no pude ver ni disfrutar a plenitud como padre.  Esto sobre todo y, por lo demás, vivir agradecido y expectante el discurrir del tiempo que me quede, sintiéndome útil y querido por los míos, especialmente. Como me he sentido siempre.

¿Y no has pensado en escribir un libro con tus vivencias, pensamientos y versos?   

Tal vez me coge demasiado tarde. Si son cosas cortas me fluyen las ideas pero no sé si podré sentarme a reunirlas en algo más largo…Lo pensaré.

Bueno, terminamos aquí este ejercicio de reflexión en tiempos de  coronavirus y pocas certezas. ¿Qué tal la experiencia? 

Pues te confieso que ha tenido un efecto terapéutico y, además, ha sido una de mis mejores conversaciones con mi hija.

¡Gracias por TODO, con mayúsculas!

De verdad, ha sido un placer. Gracias a ti y buena suerte.

@2020 Noemi Martín. All right reserved

 

 

 

   

 

 

 

«Rialto 11: de libros en estos y otros tiempos»

Lo afirmo con contundencia: ahora más que nunca necesitamos libros donde escondernos. Libros-refugio, libros-cobijo, libros-búnker. Apaguen la tele y la radio, desconecten el móvil y diríjanse al primer libro que encuentren en su estantería o mesilla de noche. Al primero, o si no les convence, al segundo.

Todavía no entiendo por qué las librerías están cerradas a cal y canto. Un libro es un producto de primera necesidad. Y más en estos tiempos de hambre emocional. Si abren los supermercados, ¿por qué no las librerías? Solo pido un ratito, un día o dos a la semana. Quizá es una locura pero tal vez si nos dedicáramos a comer historias bonitas o reflexiones interesantes, no se agotaría la levadura para hacer pan y bizcochos. Creceríamos de otra forma y dejaríamos de estar «confitados» en lugar de confinados, como leí en algún lugar.

Portada de libro Rialto, 11

Portada libro Rialto, 11

 

Durante estos días, precisamente, me he acercado a un texto fantástico que habla de librerías con agudeza, encanto, inteligencia y sentido del humor: «Rialto 11». Dice Belén Rubiano, librera, crítica literaria y ahora escritora, que «en una librería te relacionas con el lado soleado de la humanidad. Si leer no hace más feliz, sí nos hace más sensibles, respetuosos y gentiles, que no es poco».

Rialto 11 es la dirección de la pequeña librería sevillana que fundó y dirigió Belén durante algunos años y es también una hermosa y sincera crónica sobre el oficio librero. Plagada de anécdotas simpáticas y confesiones fantásticas, lo reconozco como uno de esos textos que provocan envidia sana. Al menos a mí. Quién pudiera escribir tan bien como Belén Rubiano. Me dejaría cortar el dedo meñique del pie.

Los años al frente de Rialto 11 se suceden entre encuentros inolvidables, cafés con clientes y amigos, hurtos de libros, instantes luminosos y muchos apuros económicos. Y todos contados con tanto detalle y a la vez de manera tan sencilla y fresca, que echo de menos profundamente no haber podido visitar esa preciosa librería «de techos altísimos con elegantes molduras, vitrinas con luz y azulejos catalogados por Patrimonio que no se debían horadar aunque viniera Dios y te lo ordenara él mismo y porque sí».

Claro que en estos momentos los supermercados son imprescindibles. Faltaría más. Pero también necesitamos poemas y relatos que nos envuelvan y nos endulcen el alma. Precisamos de certezas y verdades. Aunque sean inventadas.

@2020 Noemi Martín. All rights reserved.

El señor Origami

Pensaba estos días que cuando volvamos a salir a la calle después del confinamiento, lo haremos a la japonesa: inclinando la cabeza cuando nos encontremos y seguramente con más revolturas internas de las que aparentamos.

Una de estas tardes nostálgicas, he vuelto a releer una pequeña pero bellísima novela que hace unos meses me dejó un gusto dulce y suave. Pasear por sus páginas es algo así como comerse un mochi, esos pastelitos de arroz glutinoso que tanto me gustaron cuando visité Japón. Un mochi y un té calentito y reconfortante.

portada de libro

Portada del libro «El señor Origami»

 

El Señor Origami cuenta la historia de Kurogiku, un joven de veinte años que se enamora de una desconocida y deja su país para encontrarla. Cuarenta años después, vive en La Toscana dedicado al washi, el papel artesanal japonés con el que se practica el origami: el delicado arte de plegar. «Las reglas del origami son sencillas. Lo mismo ocurre con las reglas del universo, contenidas todas en unas pocas leyes. Que nadie hasta ahora ha podido unificar. Pero están ahí. Existen. Vemos y sentimos todos sus efectos pero no tenemos acceso a sus fórmulas».

Jean-Marc Ceci, italiano y belga, ha escrito una novela de silencio y respuestas, de pausas y tiempo. «Todo lo bello tiene su lado oscuro…Busca en los orígenes…No podemos comprender hacia donde vamos si no sabemos de dónde venimos». Kurogiku conversa y comparte preciosas reflexiones con Casparo, un joven relojero que llega a su vida para obligarle a mirar hacia los pliegues de su pasado. Para ayudarle a verbalizar sus pensamientos callados.

El Señor Origami es un cuento lleno de sabiduría y  magia. Un momento de hermosa serenidad en medio del caos que nos acompaña. «-¿De quien es esa gata? -De quien se ocupe de ella. Casparo sonríe. Elsa tiene razón. Tal vez ocurre lo mismo con los hombres. Tal vez los seres y las cosas son de quien se ocupe de ellos».

El Señor Origami.  Jean-Marc Ceci. Seix Barral.

@2020 Noemi Martín. All rights reserved.

«Las fuentes del silencio»

En estos días inciertos, he tenido la suerte de poder viajar lejos de la España de la  COVID-19. Mi espectacular máquina del tiempo con forma de libro no me ha puesto trabas administrativas de ningún tipo. Así que, en un abrir y cerrar de páginas, he volado hasta el Madrid de los años cincuenta. A priori, la España de posguerra no es un destino demasiado atractivo para una escapada lúdica en estos tiempos. Sin embargo, «Las fuentes del silencio», me ha permitido poner un verdadero «off» al intenso ruido exterior que nos acompaña.

Portada del libro Las Fuentes del Silencio

Las fuentes del silencio. De Ruta Sepetys

 

Ruta Sepetys, conocidísima autora estadounidense, se documentó durante ocho años para construir mucho más que una delicada historia de amor en medio del miedo y la memoria histórica. El destino de Daniel, un joven americano que aspira a convertirse en fotoperiodista, se cruza en el Hotel Castellana Hilton con el de Ana, camarera de piso del establecimiento.  Dos extremos de un mismo planeta: una familia adinerada de Texas que llega a España para hacer negocios con el Caudillo y otra que malvive en un desvencijado cuartucho de Vallecas.

Alrededor de las miradas claras de la juventud, se construye un guión potente plagado de huecos oscuros e intrigantes. «Las fuentes del silencio» está escrita con sencillez y profundidad, con mimo y realismo y, sobre todo, con una dulzura desgarradora. La narración -que pone en su lugar a la dignidad y valentía de los que sufrieron la pobreza y el terror de la dictadura-   crece a cada página y sorprende con giros inesperados e ingeniosos. Además, los personajes están perfectamente dibujados de manera que es posible visualizar la trama y todos sus protagonistas con total nitidez.

Aunque este singular viaje a «Madrid 1957» pueda impresionar con más intensidad a los lectores extranjeros de Sepetys (sus obras se han traducido a más de cuarenta idiomas) por el desconocimiento de los entresijos de la dictadura española, resulta una genial oportunidad literaria para acercarnos a la memoria reciente de nuestro país. Sobre todo para los que, por suerte, nacieron en democracia.

PD: Ana y Daniel, gracias por acompañarme en esta aventura tan auténtica. Os echaré de menos.

Las Fuentes del Silencio por Ruta Sepetys.

Maeva Ediciones

© 2020 Noemi Martín. All rights reserved

«Si no puedes salir, ve hacia adentro»

Ignacio Novo: «Nada hace más falta que alguien entero en un mundo roto»

Fotografía cedida por Ignacio Novo

Fotografía cedida por Ignacio Novo

 

Ignacio Novo Bueno (1962) es periodista, escritor, locutor de radio y conferenciante. Ha desarrollado su carrera profesional en diferentes medios de comunicación y sus cuentas en las principales redes sociales suman medio millón de seguidores en todo el mundo. «Frases para cambiar vidas» es un referente en Twitter, Instagram y Facebook para todos aquellos que buscan una señal que alumbre el camino: conclusiones brillantes que nos guían entre la bruma desde hace más de diez años. En estos momentos, más que nunca, Novo sigue al pie de su torre luminosa.  Porque una frase puede cambiar el rumbo de una vida o al menos calentar un corazón confinado.       

Has dicho que lo difícil estos días no es quedarse en casa sino quedarse sin miedo…

Y decía más: que lo difícil, en realidad, es quedarse sonriendo, elevando el ánimo al resto, tranquilizando a la familia y manteniendo la cabeza erguida; ejerciendo de faro en el que todo el que te rodea encuentre una pizca de luz en mitad de tanta oscuridad. Y decía también que esa es una tarea que aquel que posea la fuerza y la voluntad, debería de hacer en este momento. Nada hace más falta que alguien entero en un mundo roto.

¿Quizá nos ayude conectar más con nosotros mismos y menos con el exterior?

Una de mis máximas favoritas en estos días es la que dice: “Si no puedes salir, ve hacia dentro.” Creo que resume bastante bien lo que ocurre. Estamos confinados, bien, pues convirtamos eso en una oportunidad para conocernos mejor, para profundizar en aquello que experimentamos y en aquello que sentimos y comprender así de qué manera esta crisis nos está cambiando, porque sin duda lo está haciendo.

Hay personas a las que una frase les ha transformado la vida. Seguro que te lo han dicho muchas veces.

Si yo te contara… Parece increíble cómo un simple y modesto mensaje puede llegar a cambiar la vida de una persona de una forma tan radical. Me ha pasado varias veces que alguien me comenta que aquello que escribí en un momento determinado, le hizo cambiar el rumbo de su vida por completo. Y lo cierto es que intimida un poco. Aunque también tengo claro que nunca es lo que yo escribo, sino lo que el lector quiere y desea interpretar y que los mensajes que han de llegarte no te los encuentras: eres tú quien los va buscando.

Cuando empezaste en redes sociales con frases motivadoras en el  año 2009, no había ese boom de psicología positiva que hay ahora, ¿cómo se te ocurrió comenzar a repartir optimismo y superación?

Siempre sentí inclinación natural por esta manera de enfocar las cosas. Incluso cuando debatía con quienes no creen que encarar la vida de un modo positivo fuera útil, recuerdo que siempre les decía que jamás nadie había perdido la vista por mirar el lado bueno de las cosas… al menos que yo supiera. Una actitud positiva provoca una reacción en cadena. Se trata de un catalizador, una chispa que crea resultados extraordinarios a cambio de un mínimo “gasto”.

¿Eres consciente de la cantidad de gente a la que has podido ayudar? Te habrán pasado muchas cosas bonitas…

Sí, ya antes me he referido a las veces que alguien te escribe para agradecerte que uno de tus pensamientos fuese el que le diera el coraje suficiente para tomar una decisión que no se atrevía a tomar o que estaba dilatando en exceso. Creo que todos tenemos muy claro qué es lo mejor o lo peor para nuestras vidas. Nos podemos autoengañar pero en el fondo sabemos muy bien cuándo alguien nos conviene o no o cuándo un trabajo es el adecuado o cuándo debemos volar a otra parte y quizá empezar otra vida. Lo sabemos, pero no siempre somos capaces de verbalizarlo. Y así, cuando de pronto lees ese mensaje, que es exactamente lo que no podías explicar, se produce una especie de revelación. En este caso tú simplemente has ejercido de mero transmisor o de intérprete de un sentimiento reprimido.

Y luego están los que piensan que todo esto son pamplinas.

Muchos. Y respeto su opinión. Faltaría más. Pero yo digo siempre que, si el hecho de leer frases positivas de motivación y superación te ayuda a encarar la vida, y aunque solo fuera el día, con un poco más de alegría, o contribuye a darte fuerza para intentar alcanzar algún reto o levantarte el ánimo alicaído por alguna desgracia, ya es suficiente. Hay gente, y mucha, que toma a diario pastillas para conseguir el mismo o parecido efecto y al menos las palabras no tienen tantos efectos secundarios.

Los optimistas como tú, también tendrán sus días negros. Supongo…  

Obvio, pero lo bueno es que mis “días negros” no pasan de grises. Mi actitud rebaja siempre un grado la gravedad de todo lo que me ocurre.

¿Y  días en los que te apetece no decir nada y dejar las redes de lado?

Ahí soy bastante metódico. Estaré más o menos inspirado, que eso ocurre, pero me propongo escribir todos los días pase lo que pase. Es ejercicio, mental, pero ejercicio al fin, y todos los días hay que cuidar cuerpo, mente y alma. Por igual.

Por cierto, ¿se puede aprender a ser optimista?

No parece difícil. Decía el escritor Robert M. Sherfield que los optimistas encuentran alegría en las cosas pequeñas. Están más preocupados por tener muchas pequeñas alegrías en lugar de tener una gran alegría. Y ahí está la clave. Si estamos en espera del gran acontecimiento capaz de cambiar nuestras vidas de una vez y para siempre y transportarnos a una suerte de paraíso de felicidad extrema, con probabilidad nos decepcionaremos. Si somos capaces de disfrutar del sabor de un café, de una conversación relajada con un amigo, de una vista preciosa, de una película, una escapada, y tantas y tantas cosas más que la vida nos regala a diario, seríamos mucho más felices.

Además de los que reparten amor y ánimo, como tú, están los que diseminan odio en las redes sociales. ¿Será por aburrimiento, por maldad, por hacerse los graciosos?

El anonimato en las redes sociales ha generado un montón de “valientes” que evidencian que en el mundo online se tiende a ser menos amable y más ofensivo. Estar como anónimo te da muchas ventajas, puedes decir lo que te dé la gana y no lo asocian a tu persona. Al troll no le importa lo que dice, tampoco las reacciones que pueda provocar, simplemente lo hace para que la gente lo siga, condición que lo hace sentir bien. ¿Un consejo? Jamás respondas. Contestar es alimentar una hiena. Querrá más pedazos de “carne” que deglutir.

¿Recuerdas la frase o frases que hayan tenido más éxito?

Una de las últimas y que trataba de liberar a la gente de las obligaciones que nos autoimponemos sin venir a cuento y que, a veces, sobre todo por el qué dirán, somos incapaces de negar.

Que quede claro:

Está bien cancelar un compromiso.

Está bien no contestar esa llamada.

Está bien cambiar de opinión.

Está bien querer estar solo.

Está bien tomarse un día libre.

Está bien no hacer nada.

Está bien hablar.

Está bien dejar ir.

No te sientas culpable.

¿OK?

Pero quizá en ocasiones sea mejor el silencio que intentar decir algo…

Ya lo decía Chesterton: “El silencio es la réplica más aguda.”

He leído que este virus aparte de ser la pandemia terrible que estamos sufriendo,  es una oportunidad para parar, mirarnos y reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestras vidas…    

Nunca es deseable un drama así. En absoluto. No deberíamos llegar a tener un mejor conocimiento de nosotros mismos de una forma tan abrupta y obligados por un confinamiento “inhumano” como este, pero ya que estamos tratemos de salir más preparados. Hace poco, perdón por la autocita, decía: “Si después de esta pandemia no somos mejores personas, más solidarios, más compasivos, más empáticos, más competentes, más comprometidos, más generosos, más fuertes… habremos desaprovechado una oportunidad única y todo este miedo, todo este dolor y sufrimiento, toda esta angustia y desesperación, habrán sido en vano.”

Por cierto, me encantó otra afirmación que leía en tus redes sociales hace unas semanas: “las epidemias pueden evitar que nos abracemos pero no que permanezcamos unidos”.

Desde luego. Unidos; resistimos. Divididos; caemos.

¿Qué otra frase nos regalarías para cerrar estas líneas con esperanza?

Una del escritor japonés Haruki Murakami: «…y una vez que la tormenta termine, no recordarás como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. De eso trata esta tormenta».

Twitter: @Ignacionovo

Instagram: @frasesparacambiar

Facebook: frases para cambiar vidas (grupo de Ignacio Novo)

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OJALÁ ESTE SUFRIMIENTO NOS AYUDE A EMPATIZAR CON EL DOLOR DE LOS OTROS

Rodolfo Serrano: «Es triste que las redes se conviertan en maquinarias de odio, desinformación y mentira».

Fotografía gentileza de Rodolfo Serrano

Fotografía gentileza de Rodolfo Serrano

 

Rodolfo Serrano (1947), periodista durante más de veinte años en El País, es además, escritor y poeta. Diez libros en el mercado y dos reputados premios: el Giménez Abad a la mejor crónica parlamentaria (2003) y el Mesonero Romanos de Periodismo (2008) confirman su  acertada y poética visión de este momento histórico. Rodolfo es, además, el padre de uno de los cantautores más importantes de este país: Ismael Serrano. Precisamente para él ha escrito versos que se han convertido en fantásticas canciones. Honesto, sencillo, abierto y amigo de sus amigos, Rodolfo Serrano confiesa que a sus años «todo es una pregunta sin respuesta». Hoy, sin embargo, encuentra respuestas sobresalientes para todas nuestras preguntas.                  

¿Y cómo pasa un hombre tan sociable estos días de «recogimiento»?

Con paciencia. Y echando de menos a los nietos, los hijos, los amigos… y los bares.

Tal vez mata más lentamente el virus del miedo  que el coronavirus. Y al primero parece que nadie le presta atención….

Desde luego. El virus del miedo, el de la insolidaridad, el del egoísmo… son los virus a los que no hacemos caso. Ahora deberíamos pensar en quienes sufren y huyen por guerras, por hambre, y les cerramos las puertas. Ese virus mata las almas, la conciencia de ser humano.

Por cierto, como periodista -porque eso se es siempre aunque uno se retire- ¿nos recomienda ver las noticias estos días o es mejor hacer un cierto ayuno informativo?  

Soy incapaz de huir de las noticias. Pero, por salud mental, habría que hacerlo. No entiendo que nos estén repitiendo machaconamente los mismos datos que solo sirven en muchos casos para asustar a la gente. No estoy de acuerdo con esos especiales informativos con tertulianos que no saben de nada y crean un clima asfixiante.

Hablando de comunicación, ¿qué le parece esta  suerte de «libertad de prensa  sin límites» que han otorgado las redes sociales?

Algo incontrolable con lo que hay que intentar convivir. Es triste que las redes se conviertan en maquinarias de odio, desinformación y mentira.

 Y además, malos tiempos para el periodismo

Malos. Tuve la suerte de vivir la edad de oro del periodismo. Hoy siento decepción y tristeza al ver en qué se ha convertido el ejercicio del periodismo.

Hay quién dice que en época de crisis, aflora la creatividad. ¿Ha escrito algún verso durante estas jornadas?

Alguno he escrito. Pero no creas: yo también creo que la creatividad, como a las musas, hay que esperarla trabajando.

Padre de un médico, un periodista y un cantautor. No se puede estar más en la ola…

 Sí. En estos días estoy preocupado por el médico que está en primera línea de combate.

Precisamente en estas jornadas casi aplauden más a Pablo, médico de familia en el Servicio Madrileño de Salud, que a Ismael…    

Me parece bien que aplaudamos, si eso les anima. Y, además es justo aplaudir a sanitarios, policía, bomberos, limpiadoras, trabajadores del transporte… tantos. Pero yo  aplaudo a mis nietos y a todos los niños encerrados en casa sin saber por qué. Y aguantan. Ellos también son héroes.

En cualquier caso, el más conocido de sus hijos es el cantautor Ismael Serrano. ¿Cómo se  lleva ser el padre del artista? ¿Eso de escribir alguna de las letras de sus canciones le ha motivado a sacar a la luz su alma de poeta?

Algo me ha ayudado, claro. Y me siento orgulloso y feliz cada vez que escucho alguna de esas canciones. Y me admira que se pueda hacer belleza musical con cuatro versos. Mis otros dos hijos también han escrito para Ismael.

Por cierto, ¿le contaba usted muchas veces «esa historia tan bonita de gendarmes y fascistas y estudiantes con flequillo»? (en referencia a la canción: Papá cuéntame otra vez).

No tanto. ¿Ves? Esa es una letra de Daniel, escrita con ironía. Les contábamos cosas, claro, pero no tanto. En mi casa hemos pretendido mantener viva la memoria.

Y hablando de letras de canciones, estos días me ha venido recurrentemente a la cabeza una que escribió hace algún tiempo: «Fue terrible aquel año»….

Sí. Es verdad, no lo había pensado. Es una hermosa canción basada en un poema mío. Viene al pelo, sí.

Al hilo de lo anterior, ¿qué  sica escucha durante este encierro?

Siempre escucho tango, a El Polaco Goyeneche, sobre todo. Y a Ismael, claro. A mis amigos cantautores… Internet está lleno de músicos que nos ayudan a sobrellevar estos días.

En estos tiempos de miedo, ¿los recuerdos (como dice un poema suyo) o la imaginación optimista?

Ambas cosas. Los recuerdos no tienen por qué ser tristes. Todo es recuerdo. El futuro no existe, ni el presente que, enseguida, es pasado, recuerdo.

Quizá todo esto nos haga más empáticos, solidarios  y generosos…¿Confía en el ser humano?

No tengo mas remedio que confiar en el ser humano. Y ojalá este sufrimiento nos ayude a empatizar con el dolor de los otros y cambiar nuestra actitud hacia el que viene a nosotros buscando refugio o amor.

Tal vez ahora más que nunca, haya que aprender a vivir en la incertidumbre…  

Cuando se tienen los años que yo tengo, te das cuenta de que todo es incertidumbre. Todo es una pregunta sin respuesta. Y sí, tienes que aprender a vivir con ello.

¿Seguirá escribiendo versos de amor y melancolía? ¿Para cuándo un próximo libro?

Pues tendría que haber salido ahora. Pero en estos tiempos los editores, sobre todo los de poesía que suelen ser pequeños, bastante tienen con sobrevivir. Por cierto ahora es el momento de ayudarles comprando sus libros on line.

Y si nos regala algún poema de los suyos para cerrar con un poco de…¿alegría? ¿esperanza?…    

Ahí va uno de mi próximo libro: «Un Cadillac de Segunda Mano» y que publicará Huerga&Fierro:

«Un encuentro»

Nos encontramos después de tantos años.

Tú tan guapa y yo en los mismos bares.

Te acompaña una joven. Dices: Es mi hija.

Tiene tu misma cara. Esa sonrisa

burlona con que siempre me trataste.

Sus ojos son tus ojos. Y adivino

el mismo corazón. Esos latidos

capaces de arrastrarme hasta el infierno.

Me hablas de las cosas que se hablan

cuando todo está dicho y no hay respuestas.

Ella nos mira seguramente preguntándose

si alguna vez fuimos jóvenes o siempre

hemos tenido esta tristeza

de estación sin viajeros y sin trenes.

Ella no dice nada. Solo mira

impaciente el reloj

mientras le cruza

por la cara ese gesto tan tuyo de fastidio.

Te marchas, prometiendo una llamada

que sé que nunca harás.

Vuelves de pronto la cabeza: ¿Sabes?

dentro de poco cumplirá los veinte.

Y qué casualidad. Casi los mismos años

que se han cumplido ya de nuestra huida

al hotel nunca olvidado de Lisboa.

 

Sigue a Rodolfo Serrano en Twitter: @rodolfoserranor

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«NO EXISTE UN MAPA ÚNICO DEL PLACER»

MIRIAM AL ADIB MENDIRI: «Oler, tocar, desear, palpitar, mezclar fluidos… nada de esto lo da un succionador»

 

Fotografía cedida por Miriam Al Adib Mendiri

Fotografía cedida por Miriam Al Adib Mendiri

Miriam Al Adib Mendiri es ginecóloga, obstetra y profesora de un Máster de Sexología. Excelente comunicadora y autora del ya famoso libro «Hablemos de vaginas», divulga temas de salud femenina desde una perspectiva biosocial y de género. La doctora Al Adib tiene, además, una historia personal que explica su visión global de la salud  y su espíritu crítico y respetuoso a partes iguales: es hija de un médico sirio que llegó a España en los años sesenta y se quedó para siempre en nuestro país después de conocer a su esposa y estudiar la carrera en Sevilla. Sencilla, directa y cercana, Miriam nos da, en esta entrevista, las claves para entender algunas cuestiones de salud y sexualidad femenina. Hablamos de mucho más que vaginas, con la doctora Al Adib.      

 

-Aunque todas las especialidades médicas lo exigen, supongo que la ginecología requiere una mayor empatía y cariño a la hora de tratar a la paciente…

Bueno, creo que esto es necesario en todas las áreas de la medicina asistencial. Quien acude a un médico es persona antes que paciente,

Porque a veces la curación comienza en las palabras del médico, ¿no?

Nos comunicamos a través de las palabras y del lenguaje no verbal. La comunicación verbal y no verbal son muy importantes ya que pueden ayudar a aliviar el sufrimiento o todo lo contrario, amplificarlo. Se puede hacer daño tanto si faltamos al rigor científico como si faltamos al trato humano. Ciencia y humanismo han de ir de la mano.

-Por cierto, ¿no necesitaríamos pasar más tiempo en la consulta? En ocasiones sentimos que la visita es de cronómetro…

La carga asistencial es un problema importante que dificulta mucho esa comunicación, evidentemente.

-Tal vez no haría falta preguntar tanto si conociéramos mejor nuestra anatomía y sus ciclos ¿verdad?

Pues sí. La mayoría de las urgencias sobre salud sexual no son verdaderas urgencias, por lo que evidentemente hay mucho desconocimiento.

¿Tendríamos que cuidar más de nosotras mismas y recuperar la sabiduría del cuerpo aunque haya quienes prefieran una pastillita para todo?

Bueno, para gustos los colores. Lo que está claro es que cada cual decide sobre su cuerpo y cómo quiere enfocar su salud. Este es el inalienable principio de autonomía. Hay quienes no quieren tomar esta responsabilidad y lo respeto. Como profesionales debemos informar, luego hay gente que quiere tomar sus decisiones y otra gente que prefiere tomar una actitud pasiva y no decidir nada ni cuidarse. Por eso la medicina es todo un arte. Somos seres biopsicosociales y lo que le vale a una persona puede que no sea igual para otra aunque tenga lo mismo.

-Me consta que crees que hay que romper un axioma, el de que “a mayor intervención médica, mejores resultados”.

Sí. Esto es reflejo del mito del progreso que se instaló desde la Ilustración. Esa fe ciega en el avance técnicocientífico da lugar a esa creencia de que cuanta más medicina mejor. Y tan malo es no tener asistencia médica como tener excesiva. En los países desarrollados la medicalización de la vida es un hecho y no aporta una mejora en la vida de las personas sino todo lo contrario.

¿Hay muchos intereses económicos en la sombra de nuestra salud?

Por supuesto. La ciencia debería ser neutral. Pero no siempre es así. Hay muchos intereses detrás. Lo que no interesa económicamente apenas se estudia. Lo que interesa se estudia mucho pero luego está la manipulación, los sesgos y las medias verdades. Lo que pasa es que este es un tema incómodo y no solemos hablarlo mucho… En esta era de la información hay mucha más desinformación que otra cosa. Hace falta más filosofía de la ciencia y más honestidad intelectual.

-Y hablando de sombras, ¿por qué sigue habiendo oscurantismo con procesos como la regla o asco con cuestiones tan naturales como nuestros fluidos o nuestro vello?

Los masivos medios audiovisuales imponen estereotipos de belleza y no se conforman con el 90-60-90. También los estereotipos han llegado a nuestros genitales. La cultura del porno ha hecho mucho daño. Cada vez más adolescentes llegan a las consultas diciendo que tienen mal sus genitales porque creen que sus labios menores son demasiado grandes. El rasurado integral también se ha impuesto como moda y no me preocupa el rasurado en sí sino la motivación que subyace: la mayoría dice que lo hace por asco o por vergüenza. Por otro lado la regla se oculta obsesivamente pero no me refiero a la sangre en sí sino a todo lo que es la ciclicidad femenina. Tenemos que ser hipersexualizadas y lineales, en los días de la regla por lo visto también, cuando lo más habitual es que cuando tienes la regla no te apetezca precisamente ir a la discoteca a mover el culo como si no hubiera un mañana. Estos anuncios se encargan de hacernos saber que la regla es un asco y hay que disfrazarla a toda costa. Parece que tener momentos en los que necesites un poco de descanso extra fuera algo anormal.

-He leído en tu libro que “Cuándo una mujer se queja de dolor no se le da tanta importancia como a un hombre”…

Si una mujer dice que se encuentra muy cansada o que tiene dolor se tiende a considerar alegremente que esto es por algo psicosomático: “será que estás estresada”. Puede que sea el estrés, pero antes habrá que descartar causas orgánicas. Hay enfermedades como la endometriosis en las que casi la mitad de las mujeres una vez que inician sus síntomas de dolor tienen un retraso en el diagnóstico de una media de ocho años. Y esto ocurre porque no escuchamos sus quejas de dolor. Decimos cosas como “es normal que duela la regla” y muchas de ellas acaban soportando un calvario enorme durante años sin un diagnóstico y encima estigmatizadas con etiquetas como quejicas o flojas.

-Todo va a ser enfermedades. Eres profesora de un Máster de Sexología. ¿Cuál es la diferencia entre fantasía y deseo?

El deseo es algo que si tuvieras la posibilidad de hacerlo, harías. La fantasía es una recreación de la mente, algo que puede servir para disfrutar pero que nunca materializarías. Imagina que ves una película de asesinatos y que el protagonista tiene un arma y tiene cerca al malo. Nos late rápido el corazón, “¡venga! ¡Mátalo!”. Disfrutamos de una película metiéndonos en ese papel pero esto no significa que quieras matar a nadie ni que seas un asesino. Sabemos la diferencia. Pero con el sexo la gente se lía y confunde fantasía y deseo. Se puede fantasear y no es nada malo. Que fantasees con algo no significa que quieras hacer eso pero sí puedes llevarlo a un terreno seguro con tu pareja y jugar con ello. El porno es ficción. Si te crees que eso es el sexo o te obsesionas con ello entonces tienes un serio problema. Si sabes diferenciar lo real de la recreación mental (y no es algo que te obsesiona o se convierta en adicción) entonces no hay ningún problema con disfrutar de la fantasía.

-Por cierto, a estas alturas de la historia, ¿todavía hay mujeres que fingen orgasmos?

Desgraciadamente sí. En el sexo hay un estereotipo que sigue vigente: la mujer es el objeto de placer y el hombre el sujeto de placer.

-Una duda existencial: ¿Hay diversos tipos de orgasmos?

El orgasmo es uno. Por definición es una descarga neurofisiológica, una de las fases de la respuesta sexual humana. Puedes tener sexo sin orgasmo, puedes tener fases prolongadas de meseta… Luego hay una gran riqueza de matices diferentes para nutrir las diferentes sensaciones que se dan en el sexo. No existe un mapa único para el placer.

-¿Y esta revolución con el ya archiconocido succionador? Es increíble ¿no?

Es increíble el éxito que ha tenido, sí. Aunque personalmente opino que un succionador nunca será mejor que el buen sexo. Oler, tocar, desear, palpitar, mezclar fluidos… nada de esto lo da un succionador.

Y hablando de aparatos, hasta ahora no sabía que el vibrador nació como un instrumento médico…

Así fue. Desde la antigua Grecia hasta principios del siglo XX se decía que las mujeres sufrían una enfermedad llamada histeria y que se curaba provocándoles el paroxismo histérico (así lo llamaban, se referían con ello al orgasmo). Los médicos trataban manualmente la histeria, se tiraban una hora aproximadamente con cada mujer, hasta que inventaron el vibrador como utensilio para curar a las mujeres de la histeria. Tremendo.

-Está claro que las nuevas generaciones de mujeres saben de sexo más que la nuestra, pero realmente ¿están bien informadas?

Hay más información que antes pero lo malo es que abunda la mala información y esto está haciendo más daño que beneficio. No se trata de acumular más información sin más sino de tener información buena, de calidad y hablar a los jóvenes no solo de la parte negativa del sexo sino también de la positiva: del respeto, el vínculo, las emociones, el amor, el placer…

http://www.miriamginecologia.com

Twitter: @MiriamAlAdib

Instagram: @miriam_al_adib

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Rober Sánchez: «Moverse es un seguro de vida»

«LA ESCUELA ES UN ENTORNO QUE LIMITA EL MOVIMIENTO EN LUGAR DE PROMOVERLO»

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Fotografía cedida por Rober Sánchez

 

Rober Sánchez es entrenador personal y educador para el movimiento. Su libro «Camina, salta, baila» debería ser lectura obligada en colegios, universidades o empresas. Lo tengo claro. ¿Sabes cuántas horas al día pasas frente a una pantalla? ¿Cuánto tiempo estás en una silla? Y a pesar de esos excesos, ¿por qué cuando llegamos a casa después de siete horas en la oficina «descansamos» viendo una serie? La sociedad ha cambiado demasiado en las últimas décadas y no estamos adaptados para vivir como un «cerebro con patas». Es absolutamente antinatural. Además, como explica Sánchez, «sobrevivir ya no requiere movimiento». Podemos ir de la silla de la oficina al sillón de casa y del sillón a la cama gracias a los click de nuestro móvil. Y  no es una película de ficción. Pero, ¿de verdad solo queremos sobrevivir en nuestro paso por el planeta? ¿De veras queremos enfermar por obviar nuestra naturaleza humana? Seguro que no.    

Tu libro no habla de ejercicio sino de «movimiento», así en grande…

Claro. Moverse es mucho más que hacer ejercicio. No es que se excluya el ejercicio, que también significa moverse. Pero, que yo sepa, incluso cuando duermes te mueves. Tus células se mueven. Los intestinos, los pulmones, el corazón… nunca paran. No tienes alternativa. ¿Estás vivo? Te mueves.

Y resulta que yendo al gimnasio tres veces a la semana y pegándome la caminata de los domingos sigo siendo sedentaria… ¡Qué chasco!

Tal vez un poco menos sedentaria que si no lo hicieras pero, al fin y al cabo, sí, lo sigues siendo. Puedes hacer tú misma los cálculos. ¿Cuántas horas tiene una semana? ¿Durante cuántas te mueves de una forma palpable, visible, evidente? No se trata de estar continuamente en movimiento pero, siendo honesta, ¿crees que la proporción entre las dos respuestas es suficiente? Los académicos dirían que eres una persona sedentaria activa. Haces algo de ejercicio pero, si no te mueves más a menudo y pasas mucho tiempo quieta, ya sea sentada o de pie, de base tu estilo de vida es sedentario.

-Dices que el sedentarismo es una «discordancia evolutiva», cuéntanos.

Visualiza como hemos vivido los seres humanos durante más de 200.000 años, antes de la última gran revolución tecnológica, la revolución digital. Caminar, cargar, trepar, correr, saltar, arrastrarnos para recolectar, cazar o explorar nuevas tierras eran actividades que formaban parte de nuestro día a día. Este comportamiento forjó nuestro cuerpo y, a la vez, determinó nuestras necesidades de movimiento no solamente en lo referente al sistema locomotor, sino a toda nuestra fisiología.

-Entonces, como afirmas:» ¿Vivimos mejor pero nos movemos peor?»

Es evidente. A finales del siglo XIX Georges Hébert, un oficial encargado de la preparación física de la Marina Francesa, ya se dio cuenta de ello. En diferentes misiones de rescate, sus soldados, preparados y entrenados bajo metodologías modernas, se desempeñaban mucho peor que los indígenas que habitaban aquellas tierras. Hoy en día, cualquier persona que viva en el campo o el monte todavía es capaz de llevar a cabo todas aquellas actividades y tareas más “ancestrales”. El oficinista a duras penas puede agacharse.

-La verdad es que tienes razón con lo de que «sobrevivir ya no requiere movimiento»…Qué miedo, ¿verdad?

No tiene por qué. En parte es una ventaja. No tenemos que vivir con la preocupación constante de si tendremos algo que llevarnos a la boca mañana. Hay algo que me da más miedo: dejar de darme cuenta que soy un cuerpo y que puedo moverme, no hacerlo y, en consecuencia, perder esa capacidad.

-El sillón, el móvil, las 8 horas en la oficina, volver al sillón…Me suena a «suicido colectivo»…

Demasiadas distracciones, deseos, responsabilidades y, al final, desorden en nuestras prioridades.

-¿Y cómo me motivo para abandonar la pereza y mover el trasero pero de verdad?

Dejando de necesitar o esperar a estar motivada. La motivación es, en realidad, nuestro gran enemigo. ¿Necesitas motivarte para dormir, comer, respirar? Entonces, ¿por qué necesitas hacerlo para moverte? El movimiento precede al pensamiento, y no al revés. Primero muévete, porque lo necesitas, debes, puedes hacerlo. El propio movimiento generará más movimiento. Comprobarás que lo de la motivación es un invento mental innecesario.

-Pero mientras, danos un par de consejos para «sobrevivir en la oficina».

¿Sirve cambiar de trabajo? Es broma… Lo que más daño nos hace es pasar mucho tiempo consecutivo quietos, más si es sentados. El primer gran hábito a integrar en nuestra vida sería interrumpir esos largos episodios de sedentarismo. ¿Cómo? Por ejemplo, puedes programar una alarma en el móvil cada hora y moverte cinco minutos cuando suene, haciendo lo que sea. Después de una jornada te habrás movido cuarenta minutos.

Hablas en tu libro de los beneficios de andar descalzos…

Los pies son un fiel reflejo de lo que le pasa a nuestro cuerpo. Fíjate en ellos. Todo el día encerrados en una ortopedia que no les deja sentir la forma, temperatura, textura del suelo y, además, no les permite moverse libremente, en toda su amplitud y posibilidades. Curiosamente, los pies son nuestro punto de contacto y apoyo en el suelo, la parte del cuerpo en la que se origina casi todo nuestro movimiento. Si te descalzas, no solo se moverán más y mejor tus pies. También lo hará el resto de tu cuerpo.

-De los tacones, ¿mejor no hablar?

¿Te imaginas tener que teclear en tu ordenador o teléfono móvil con manoplas?

-Me encanta ponerme a hablar en cuclillas y siempre me he sentido un poco «friki». ¡¡Resulta que hago algo bien!!

La sentadilla es una posición que nos ha acompañado durante toda nuestra evolución y nos ha servido como posición de base para descansar, comer, charlar, manipular objetos, ¡incluso para evacuar!

-Además de estar más saludables el movimiento nos hace más listos y mejora nuestro cerebro. ¿Tal vez esto de movernos sea casi como un plan de pensiones?

Más que un plan de pensiones, ¡moverse es un seguro de vida! No hay nada que estimule más a nuestro cuerpo y al propio cerebro que el movimiento. Cada vez que nos movemos, nuestras neuronas potencian sus conexiones. Cada vez que realizamos un movimiento diferente, nuestras neuronas crean nuevas conexiones. Y esto ocurre hasta el final de los días.

-Así que ¿Menos «pirulas» y más movimiento?

En el entorno académico a la actividad física se la conoce como polipill, la “polipastilla”. Sirve para todo. No hay tratamiento de la mayoría de enfermedades modernas, no infecciosas, como la obesidad, la depresión, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares que no incluyan algo de movimiento.

-Supongo que lo de ir al fisio cada quince días y luego tirarse en el sillón horas y horas viendo series es un poco …no sé cómo decirlo…

Te lo digo yo. Tirar el dinero.

-Por cierto, ¿Y si en vez de tanta actividad extraescolar los niños simplemente corrieran, saltaran y jugaran más?

Pues, evidentemente, no haría falta. El problema es que, aunque ha habido algunos pequeños cambios, la escuela es un entorno que limita el movimiento en lugar de promoverlo. Por eso se suele dejar la actividad física para las extraescolares. Algo que refleja muy bien cuáles son las prioridades del sistema, lamentablemente. Luego nos extrañamos de las estadísticas del sedentarismo…

-¿Y un poquito de juego también para los mayores?

Es una pena que dejemos de jugar, porque el juego incluso entre adultos ha sido durante toda nuestra evolución la principal vía de transmisión y aprendizaje, un simulacro para la vida real. He escuchado por ahí que no dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar.

Al final imagino que hay que «cambiar el chip», ¿estamos a tiempo a cualquier edad y con cualquier condición física?

Mientras hay vida, hay movimiento y, por tanto, esperanza. El cuerpo, mientras está vivo, siempre tiene capacidad de adaptación, aprendizaje, regeneración. Precisamente, cuando la pierde es cuando no hay vuelta atrás, cuando ha llegado el último día, y se apaga. Está claro que es el destino para todos, sin excepción. La diferencia no está tanto en el cuándo, sino en el cómo.

Sigue a Rober Sánchez en:  https://mdemovimiento.com/

 Instagram: @robsemueve / Twitter: @robertosancheze

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Hondou Kyonin: Cada vez que sonríes, el universo sonríe contigo

«A veces la bondad más grande es decir no y poner límites»

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Fotografía cedida por Hondou Kyonin

 

Hondou Kyonin, «Chocobuda» para los amigos, nació en Méjico en 1972 y es un monje budista y maestro Zen tremendamente conocido en las redes sociales. Alegre y sencillo pero rebosante de sabiduría, «Chocobuda» llena Twitter y YouTube de pensamientos luminosos, de esos que ayudan a vivir de una manera más sencilla. Kyonin habla de minimalismo, amor, amistad o relaciones de pareja con un sentido del humor muy especial. Como ejemplo, el nombre de su Blog: «Chocobuda», que hace referencia al color café de una estatuilla del Buda que compró hace muchos años y que refleja, según cuenta, lo dulce y feliz que es la filosofía budista. «Date permiso de no ser nadie» es una de las frases de cabecera de este genial maestro. En una sociedad tan exigente como la que nos envuelve, vale la pena escuchar y leer voces que nos llenan de libertad y amor.

¿Y cómo se le ocurrió hacerse monje budista? Supongo que no sería de un día para otro…

La espiritualidad, la moderación y la meditación han sido constantes toda mi vida. Cuando era niño, me divertía haciendo de curandero, monje o Jedi. Cuando jugaba a «Dragones y Mazmorras» siempre era chamán o druida. Me interesé en el budismo por mis maestros de artes marciales. Mi primer maestro era coreano y budista seon. Al final de clase, siempre nos contaba historias de personajes clave para el budismo y su ejemplo de disciplina. En mi veintena comencé a entrenar budismo en un par de comunidades, pero fue cuando entrené aikido que mi Sensei, japonesa y budista zen, me impulsó a intentar practicar Zen. Así, a los treinta años decidí formalizar mi práctica y estudiando el Dharma me di cuenta que en la sabiduría del Buda y de Dogen Zenji estaban las respuestas para salir del sufrimiento. Tomé como misión personal el preservar y compartir esta sabiduría para el beneficio de todos los seres.

Usted lleva un blog, una comunidad online y es asiduo de twitter ¿Cómo ha hecho compatibles las redes sociales con la vida silenciosa?

Solo uso las redes sociales una hora al día para programar mensajes. No las utilizo para efectos personales y no discuto con nadie. Son solo un medio de difusión para las actividades, celebraciones y artículos de mi comunidad.

Por cierto, esos mensajes están llenos de sabiduría pero también de sentido del humor…Imaginamos a monjes serios, todo el día meditando, pero la risa es importante para vivir en calma, ¿no?

La risa es vital para la espiritualidad. Si te fijas, el Buda siempre tiene una ligera sonrisa en las imágenes y estatuas. Cada vez que explotamos en carcajadas, el universo explota de júbilo y alegría. Cada vez que sonríes, el universo sonríe contigo. Vivir con humor y encontrar la comedia en la vida es importantísimo para aprender de los errores y que las dificultades no nos destruyan. Si te tomas en serio, te estás perdiendo de mucho. Yo nunca me he tomado en serio. ¿Cómo podría con esta cabeza de melón que me ha tocado? Al momento de enseñar Zen, no hay nada mejor que hacer reír a la gente para que el mensaje quede.

Y hablando de enseñar Zen, cuándo hablamos de alguien tranquilo, decimos medio en broma que es «zen». Pero, ¿qué es realmente el Zen? Así para entenderlo de manera sencilla.

Esa que me comentas, es una de las confusiones más grandes sobre la práctica Zen. El Zen es una corriente del Budismo Mahayana que cree que todos los seres somos Buda. Solo que hay que entrenar para quitar la venda de nuestros ojos y poder verlo. Es cierto que Zen son las cosas bonitas, tranquilas y pacíficas; pero también es vómito, enfermedad, muerte, pus, políticos corruptos, corazones rotos y guerra. Zen es la aceptación radical de la vida completa y sin ediciones. Es tomar la responsabilidad y control de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Zen es estar en paz con todas las condiciones de esta existencia, sin rechazo y sin críticas. Por eso es que es tan difícil, porque estamos muy acostumbrados a vivir del drama y a echar la culpa a factores externos de todo lo que nos pasa.

Entonces no hay Zen sin Budismo…

Efectivamente. Zen es una práctica completa que no puede ser partida en trozos a conveniencia del ego. Milenios y millones de practicantes en todo el mundo lo demuestran. La práctica Zen se debe tomar completa o no tomarla del todo.

El minimalismo es otra de las filosofías que defiende. ¿De qué manera nos ayuda a vivir el «vivir con menos»?

Tener mucho es antinatural. Solo mira la vida animal en todo el mundo. No hay gacelas que acumulen estampillas postales o libros. No hay focas que tengan inversiones o divisas extranjeras. El ser humano rompe el equilibrio natural del universo al acumular lo que no necesita, tan solo para acariciar su ego. El minimalismo es un esfuerzo por regresar un poco hacia nuestra verdadera identidad como seres vivos: tener lo necesario para vivir, no más. Al tener poco de todo, hay menos cosas de qué preocuparse y menos basura qué cuidar. El minimalismo nos libera del consumo irracional y da espacio para la contemplación de la vida en un sentido más profundo. También nos une al flujo de la vida y nos vuelve personas más equilibradas y con más energía para las cosas que en verdad importan.

Por cierto, le he escuchado decir que meditar es minimalista…

Sí…Meditar es lo más natural y minimalista que podemos hacer. Si tienes un trasero y diez minutos al día, puedes meditar. No necesita apps ni libros ni nada. Solo basta sentarse en un lugar seguro y cómodo y poner atención a la respiración y contar exhalaciones del 1 al 3. Si un pensamiento o ruido te distrae, regresas a contar exhalaciones del 1 al 3. Así hasta completar diez minutos. Si hacemos esto a diario, pronto comenzaremos a experimentar beneficios a la salud y a nuestra relación con las cosas que nos inquietan.

Cosas que nos inquietan, mente sin control que nos lleva a sufrir…¿Realmente se puede parar esto con meditación?

Efectivamente se logra controlar la mente entrenando meditación y experimentando día a día con la sabiduría del Buda. Hay una razón por la que esta vía se llama PRÁCTICA Zen. Práctica, o sea como llevar la mente al gimnasio. Es una filosofía que solo funciona con valentía y disciplina. Cuando hay paz en la mente hay que meditar veinte minutos al día. Cuando hay caos, hay que meditar dos horas.

Me encantaría lograrlo. Denos algunos «tips» para convertirnos en “monjes urbanos”…

El primer consejo es elegir un camino espiritual y mantenerse en él durante al menos dos años y luego evaluar si es lo que uno quiere. La espiritualidad es la espina dorsal de todo lo que hacemos. Si no practicamos con disciplina espiritual, el caos y la confusión no se detendrán. Es por la espiritualidad que podemos encontrar sentido a todo lo que hacemos, nos sentimos en compañía de algo más grande y profundo que nuestro ego, y entonces comenzamos a ayudar al prójimo. La compasión y el altruismo son expresiones puras de nuestra espiritualidad. En segundo lugar, hay que vivir solo con lo justo necesario. Cualquier exceso o abuso sacan de equilibrio a todo el universo. Entender esto es vital para recuperar la cordura y la paz. Entre más objetos, dinero y relaciones tenga uno, hay más caos y sufrimiento. Es preciso, por tanto, optar por un estilo de vida pequeño y humilde. Finalmente, sin importar la vía espiritual que se elija, la meditación debe ser practicada a diario. No existe otra manera de soltar las emociones con las que nos lastimamos o los pensamientos con los que nos envenenamos. Meditar debe ser parte de nuestra higiene cotidiana.

¿Y ser bondadoso y compasivo es compatible con aprender a decir «no»?

Sí, por supuesto. A veces la bondad más grande es decir no y poner límites.

No me queda claro si el amor empieza por uno mismo o por los demás…

El amor comienza cuando entendemos que no hay diferencia entre YO y los demás. Somos un solo ser, perfecto e indivisible.

Por cierto, hablando de amor, denos un par de consejos para mantener la felicidad en la pareja.

Antes de ver a la persona a tu lado como “pareja”, hay que verla como un aliado y el mejor amigo que jamás has tenido. Un amigo comparte todo, te apoya e impulsa para salir adelante. Un amigo siempre está ahí para marcar tus errores y ayudar a mejorar. Una pareja está solo para ser pareja y eso termina por aburrir. Si a tu lado tienes al mejor amigo de tu vida, entonces la vida en pareja fluye de manera natural y feliz.

Me encanta una frase que leí hace poco en su twitter: “Hoy date permiso de no ser nadie”. Explíqueme…

La vida se nos va tratando de ser algo y de cubrir expectativas. Si esa búsqueda la perdemos por un momento, lo que encontramos es la verdadera libertad del ser. Y si experimentamos esa libertad, entonces no hay límites para alcanzar nuestro potencial como seres vivos.

Y en cuanto a lograr ese potencial, ¿Cree que nuestra forma de alimentarnos influye en lo que sentimos o en como nos comportamos?

Sin lugar a duda lo que comes afecta cómo piensas y cómo te comportas. Por eso es que en la práctica Zen siempre buscamos nutrir el cuerpo, no el ego. Estoy seguro que mis alumnos me odian, pero siempre les exijo que limpien su alimentación. La comida natural nos cura, la comida que proviene de una fábrica nos enferma en cuerpo, mente y espíritu. Gran parte de nuestro sufrimiento, depresiones y angustia se dan por la mala calidad de nuestros alimentos.

Y hablando de alimentación, ¿cómo ve eso de que haya figuras del Buda para decorar restaurantes y hoteles, a veces hasta en el cuarto de baño?

El Buda es un icono de la cultura que evoca tranquilidad y paz. Pero usar al Buda como decoración es claramente ignorante y es una falta de respeto a millones de budistas en la historia humana. Cuando estudias budismo entiendes que el Buda no es decoración, sino nuestro maestro. No vamos tratando de cambiar a la gente a diestra y siniestra, pero al menos en nuestra práctica personal, llevamos al Buda en nuestro amor, no en una camiseta.

Tengo una cuestión pendiente: cómo aprender a confiar en la vida… ¿Le podemos poner el off al miedo?

Hay que entender que el sufrimiento siempre es opcional. Y luego hay que aceptar que, por más que nos esforcemos, somos diminutos e insignificantes comparados con la vida. Somos pequeñas expresiones de la vida sin control alguno sobre lo que sucede. Aceptar eso con todo el corazón, nos hace confiar en la verdad de que la vida se mejora a sí misma todo el tiempo, nos guste o no. Cuando te entregas a la vida, el miedo se va.

Y para despedirnos con optimismo: ¿Tenemos el poder de cambiar el mundo?

¡Por supuesto! Cada cosa que hacemos crea ondas, como las de un estanque. Si actúas con rectitud y benevolencia, generas ondas de benevolencia que tocan otras vidas. El cambio social nunca ha estado en la revolución ni en la violencia. El cambio verdadero es el que se da con la evolución y la conciencia.

Sigue a Chocobuda en Twitter (@chocobuda) y en
https://chocobuda.com/ https://budismosotozen.org/

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