Goodbye, 2020

Ciao, 2020. Sayo­na­ra, año loco. Goodb­ye. Adieu. Auf Wie­der­sehen. Has­ta nun­ca. En todos los idio­mas y en todos los hoga­res del pla­ne­ta, des­pe­di­mos con un por­ta­zo a este año dis­pa­ra­ta­do, inde­ci­so, infiel e ingra­to. Reco­ge tus cosas y vete de mi casa. O como can­ta Pablo López: “Y solo quie­ro que te vayas, solo quie­ro que se aca­be, solo quie­ro que me dejes solo”.…

Con los pape­les del divor­cio express en la mano, reci­bi­mos a 2021 con ilu­sión y una copa de vino rozan­do los labios, espe­ran­do que cure las heri­das del pasa­do y nos rega­le la feli­ci­dad per­di­da. Pero ami­gos, sea­mos fran­cos, aho­ra que 2020 nos ha hecho más sabios y fuer­tes, sabe­mos que ni siquie­ra un pre­cio­so año impar, pue­de garan­ti­zar­nos una vida sin sobre­sal­tos, reple­ta de amor. Así que habrá que ver de que pie cojea el seño­ri­to vein­tiuno y no con­fiar­nos dema­sia­do. Bueno, un poqui­to sí. No sea­mos ren­co­ro­sos. Que no todos los años son igua­les.

Empe­ce­mos nues­tra rela­ción des­pa­ci­to: con ale­gría, con entu­sia­mo y con todo lo que hemos apren­di­do de 2020 en nues­tra mochi­la vital. Que cada día sea un agra­de­ci­mien­to, que no per­da­mos la son­ri­sa que escon­de nues­tra mas­ca­ri­lla, que poda­mos cele­brar jun­tos muchas cosas bue­nas y que cuan­do nues­tra rela­ción lle­gue a su fin, den­tro de doce meses, poda­mos decir miran­do de fren­te y con cer­te­za: me encan­tó cono­cer­te. De veras.

Feliz 2021.

BSO: El Patio. Pablo López.

© 2020 Noe­mí Mar­tín. All rights reser­ved.

LOS SERES HUMANOS SOMOS INCREÍBLEMENTE PODEROSOS CUANDO VIVIMOS DESDE EL AMOR

CAROLINA RODRÍGUEZ BARROS: “EL SOL TE RECUERDA LA LUZ QUE ERES

Fotografía de Carolina Samiel
Foto­gra­fía cedi­da por Caro­li­na Rodrí­guez Barros

Caro­li­na Rodrí­guez Barros nació en Bue­nos Aires y des­de allí ha lle­va­do su magia y sabi­du­ría por los muchos rin­co­nes del pla­ne­ta en los que se ha for­ma­do y ha vivi­do. “Alqui­mis­ta del alma”, como ella mis­ma se cali­fi­ca, apa­sio­na­da por los ani­ma­les, la natu­ra­le­za, el dise­ño y el arte, dis­fru­ta bai­lan­do y estan­do en comu­nión con la vida. Con­ven­ci­da del poder de la sexua­li­dad, el movi­mien­to y la fuer­za de la luz del Sol, ha crea­do un méto­do úni­co para ayu­dar­nos a crear armo­nía y a sol­tar lo vie­jo. Es tiem­po de rena­cer y vivir en liber­tad. Es tiem­po de cam­bios pero tam­bién de los bue­nos. ¿Te apun­tas?

-¿Cómo te defi­ni­rías en pocas pala­bras? Como un cora­zón ena­mo­ra­do de la vida, encar­na­do en cuer­po de mujer valien­te y suma­men­te sen­si­ble a la vez.

-¿Qué es “Shat­ki Medi­ci­ne”, fór­mu­la de la que eres crea­do­ra ? Shak­ti Medi­ci­ne es un méto­do y cons­cien­cia que repre­sen­ta el poder feme­nino de trans­for­ma­ción y rege­ne­ra­ción en muje­res y en hom­bres. Y todo ello cana­li­za­do y plas­ma­do en for­ma de orácu­lo, libro, medi­ta­cio­nes y talle­res.

-Somos más pode­ro­sos y tene­mos más capa­ci­dad de sanar­nos en todos los aspec­tos de nues­tra vida de lo que pen­sa­mos… Así es, los seres huma­nos somos increí­ble­men­te pode­ro­sos cuan­do vivi­mos des­de el amor. Y todos tene­mos la capa­ci­dad de auto­sa­nar­nos ya que la enfer­me­dad es un “avi­so” de que algo está des­ali­nea­do con nues­tra esen­cia.

-Pues hay mucha des­ali­nea­ción. La Tie­rra nos pide un cam­bio, ¿ver­dad? En este momen­to la Tie­rra rea­li­za una gran tarea y nos sos­tie­ne con infi­ni­ta pacien­cia en el cam­bio que debe­mos mani­fes­tar. La lla­ma­da de Gaia, la Tie­rra, es a vivir en comu­nión y armo­nía con la natu­ra­le­za y con nues­tra natu­ra­le­za: la pro­pia de cada cora­zón.

-¿Cómo pode­mos afron­tar este momen­to tan com­pli­ca­do? Danos un par de herra­mien­tas para no dejar­nos arras­trar por tan­ta ener­gía nega­ti­va. Lo pri­me­ro que sien­to que ten­go que com­par­tir es que pasen tiem­po en la natu­ra­le­za, con los pies des­cal­zos y res­pi­ran­do si pue­de ser, boca aba­jo, sin­tien­do el cora­zón jun­to al de Gaia. Píde­le que te mues­tre el camino, que te dé con­fian­za y fe. No la fe reli­gio­sa sino la fe en ti y en la vida que eres capaz de crear. Allí, en esa res­pi­ra­ción, cuan­do estés en el cuer­po y no en la men­te, soli­ci­ta sen­tir acep­ta­ción y gra­ti­tud por este momen­to, no por­que es com­pli­ca­do sino por­que es hora de sol­tar el auto­en­ga­ño y los mie­dos y de vivir tu ver­dad, tu ale­gría. Una fra­se que a mí me ayu­dó muchí­si­mo en mi camino es: “La Divi­ni­dad nun­ca te saca algo o alguien si no es para dar­te algo mejor.” Y así es.

-¿Dar gra­cias por lo que tene­mos pue­de ser una de esas herra­mien­tas? Abso­lu­ta­men­te. Sí. La gra­ti­tud es la ener­gía y fre­cuen­cia más ele­va­da, la que abre nue­vos cami­nos. Yo agra­dez­co cada maña­na y cada noche. Y tam­bién ben­di­go el día que ten­go por delan­te para que todo sea lo más flui­do y ele­va­do posi­ble.

-¿Es posi­ble libe­rar­nos de las creen­cias arrai­ga­das que limi­tan nues­tra vida? Libe­rar­se de las auto­li­mi­ta­cio­nes es una cues­tión de elec­ción per­so­nal. En alqui­mia tra­ba­ja­mos con tres prin­ci­pios: la volun­tad de trans­for­mar­se, la pre­sen­cia amo­ro­sa para sos­te­ner el pro­ce­so y la sabi­du­ría inter­na (apren­der de las expe­rien­cias vivi­das) como refe­ren­cia para la toma de las deci­sio­nes nue­vas que lle­van a la nue­va vida.

-Nos que­ja­mos de la fal­ta de liber­tad en estos tiem­pos con­vul­sos cuan­do segu­ra­men­te no hemos sido ver­da­de­ra­men­te libres nun­ca… La mayo­ría de los seres huma­nos han depo­si­ta­do su liber­tad en manos de otros y es el momen­to de dar­se cuen­ta: al creer que otros son res­pon­sa­bles de cui­dar­te, pagar­te, dar­te salud, ale­gría, pla­cer, com­pa­ñía… estás entre­gan­do tu liber­tad. Ser libre impli­ca ser res­pon­sa­ble y sobe­rano. Y mucha gen­te “pre­fie­re” que otros se hagan car­go de las cosas, por mie­do a dejar lo cono­ci­do. La Matrix es un sis­te­ma de escla­vi­tud auto-ele­gi­da, fun­cio­na con el con­sen­ti­mien­to de la gen­te.

-Vivi­mos den­tro de un cuer­po ten­so, com­pri­mi­do, cas­ti­ga­do… ¿Cómo pode­mos sol­tar y abrir­nos? El movi­mien­to es una medi­ci­na muy sim­ple, sutil y pode­ro­sa que todos tene­mos a mano. ¡Bai­la, bai­la tu can­ción pre­fe­ri­da! ¡Can­ta! Sal a dar paseos a la natu­ra­le­za en silen­cio, res­pi­ra hon­do en el abdo­men y recor­da­rás que nada es lo que pare­ce.

-¿Y qué impor­tan­cia tie­ne la luz del sol? El Sol es un trans­mi­sor de cons­cien­cia. El Sol te recuer­da la luz que eres. Es muy impor­tan­te pasar unos vein­te minu­tos, por la maña­na o por la tar­de, res­pi­ran­do cons­cien­te­men­te y sin­tien­do su cari­cia en la piel. Y, si es posi­ble, hacer­lo des­nu­do.

-Y a la sexua­li­dad, ¿qué papel le das? La sexua­li­dad es la fuer­za crea­do­ra, trans­for­ma­do­ra y rege­ne­ra­do­ra por exce­len­cia. Sepa­ra­da de la geni­ta­li­dad, la sexua­li­dad vivi­da en con­cien­cia es el camino de libe­ra­ción más rápi­do que tene­mos. Es muy, muy impor­tan­te sanar y expan­dir nues­tra sexua­li­dad.

-Por cier­to, la mujer, silen­cia­da en este y otros temas duran­te siglos, está por fin des­ple­gan­do su poder…Hace ya once años que acom­pa­ño a muje­res y a algu­nos hom­bres. Veo que en reali­dad lo que estu­vo silen­cia­do es el poder feme­nino, en ambos sexos. En este aho­ra, la esen­cia feme­ni­na es de vital impor­tan­cia en todos: pode­mos trans­for­mar­nos, abrir­nos a sen­tir, a amar, a sol­tar lo vie­jo, a crear armo­nía. Las muje­res en espe­cial tie­nen un rol impor­tan­te: encar­nar el amor, la com­pa­sión, el enten­di­mien­to, la ter­nu­ra, la suti­le­za y ama­bi­li­dad. Esto crea segu­ri­dad en los hom­bres para que se abran a sen­tir. Jun­tos, muje­res y hom­bres crea­rán en armo­nía.

-Escu­chán­do­te, pien­so que pasa­mos por la vida sin lle­gar a cono­cer­nos.
Eso es lo que pasó duran­te miles y miles de años. Aho­ra, todos esta­mos invi­ta­dos a cono­cer­nos y reco­no­cer­nos. Es una elec­ción per­so­nal abrir­se a la pre­gun­ta “quién soy real­men­te?”. Ese es el pro­pó­si­to de estar aquí, en este pla­ne­ta.

Y, ¿pode­mos rena­cer si no nos gus­ta lo que hemos sido has­ta aho­ra? Abso­lu­ta­men­te sí, de eso va el libro que estoy escri­bien­do. Es un pro­ce­so alquí­mi­co que empie­za por sen­tar­se jun­to al fue­go sagra­do y pedir, con el cora­zón, que se reve­le tu esen­cia.

-¿Qué sig­ni­fi­ca “Liquid Light Body”, el títu­lo del cur­so-reti­ro que impar­ti­rás en octu­bre en Tene­ri­fe? ¿A quién va diri­gi­do? Liquid Light Body es una prác­ti­ca de movi­mien­to cons­cien­te que nace para acom­pa­ñar este her­mo­sí­si­mo pro­ce­so de rena­ci­mien­to que esta­mos vivien­do. Movi­mien­to cor­po­ral, emo­cio­nal y men­tal, con base en tra­di­cio­nes cha­má­ni­cas, en ele­men­tos alquí­mi­cos y en las ener­gías cós­mi­cas dis­po­ni­bles en este aho­ra. Es el fru­to de mis trein­ta y tres años de prác­ti­ca e inves­ti­ga­ción, escu­cha y cone­xión con la Tie­rra. Es para todos los que sien­tan abrir­se al camino en paz, ale­gría y armo­nía inter­na. A quie­nes no quie­ran nin­gún dog­ma ni dis­ci­pli­na rígi­da sino el gozo sutil del pro­pio cuer­po y cons­cien­cia.

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© 2020 Noe­mí Mar­tín. All rights reser­ved.

Lo que me como, me pongo

Hace años que me preo­cu­pa lo que me pon­go en la piel. De la mis­ma mane­ra que inten­to, en la medi­da de lo posi­ble, evi­tar tóxi­cos y plás­ti­cos en la comi­da, tam­bién me fijo en lo que como a tra­vés de mis poros. Es increí­ble la can­ti­dad de sus­tan­cias aler­gé­ni­cas (por no decir cosas más preo­cu­pan­tes) que nos mete­mos todos los días en el cuer­po a tra­vés de la pas­ta de dien­tes, las cre­mas, los geles o los tin­tes del cabe­llo. Cóc­te­les molo­tov de sul­fa­tos, sili­co­nas, per­fu­mes sin­té­ti­cos, fta­la­tos, tolueno, sales de alu­mi­nio o para­fi­na. Bom­bas quí­mi­cas que, ade­más, pro­vo­can una enor­me con­ta­mi­na­ción mari­na y la defo­res­ta­ción de bos­ques para pro­du­cir acei­te de pal­ma.

bote de kéfir, virgin coconut oil, AOVE, yogur Pastoret

Para pre­ve­nir el con­su­mo de tóxi­cos a tra­vés de los pro­duc­tos de higie­ne y esté­ti­ca, ade­más de apos­tar por la cos­mé­ti­ca natu­ral y bio, en enva­se de cris­tal o car­tón, tene­mos la posi­bi­li­dad de uti­li­zar algu­nos de los ali­men­tos y bebi­das que tene­mos en casa: pro­duc­tos fan­tás­ti­cos que harán las deli­cias de nues­tra piel, nutrién­do­la sin irri­tar­la ni car­gar­la de sus­tan­cias impo­si­bles de pro­nun­ciar. ¿Qué tal si nos hace­mos adic­tos a la cos­mé­ti­ca comes­ti­ble? Ahí va nues­tra pro­pues­ta hedo­nis­ta:

-Des­ma­qui­llan­te: yogurt, kéfir o leche eco­ló­gi­ca.

-Tóni­co facial: infu­sión de té ver­de bio o man­za­ni­lla.

-Tóni­co capi­lar: infu­sión de rome­ro.

-Cre­ma de noche: unas gotas de acei­te de agua­ca­te, oli­va vir­gen o cáña­mo.

-Cre­ma cor­po­ral y de manos: acei­te de coco (verano) o sésa­mo (invierno).

-Per­fu­me: esen­cia de vai­ni­lla, cane­la o zumo de limón dilui­do en agua.

-Cham­pú en seco para cabe­llo cas­ta­ño: cane­la de Cey­lan o cacao en pol­vo.

-Ampo­lla flash: cla­ra de hue­vo (reti­rar des­pués).

-Enjua­gue bucal: acei­te de coco.

-Exfo­lian­te facial: azú­car de caña y acei­te de coco, piña natu­ral.

-Exfo­lian­te cor­po­ral: sal mari­na con acei­te de oli­va.

-Mas­ca­ri­lla facial: miel pura de abe­jas, agua­ca­te, toma­te, pepino, plá­tano, vino tin­to o yogurt.

-Des­odo­ran­te: acei­te de coco, bicar­bo­na­to y almi­dón de maíz.

-Mas­ca­ri­lla para el pelo: hue­vo y acei­te de oli­va, cer­ve­za.

-Gel para cabe­llo riza­do: agua de semi­llas de lino.

-Blan­quea­dor den­tal: fre­sas fres­qui­tas.

Ade­más de estos ejem­plos, segu­ro que pue­des encon­trar muchas opcio­nes en tu des­pen­sa. Solo hace fal­ta echar­le un poqui­to de ima­gi­na­ción, ale­gría y sen­ti­do común.

@Noemi Mar­tín. All rights reser­ved.

“LA VOZ TIENE UN PODER TRASCENDENTE”

PATRICIA FERRO: “ME ATERRA QUE NO HAYA MÚSICA EN LOS COLEGIOS Y QUE LOS NIÑOS NO CANTEN JUNTOS”

Patricia Ferro

Foto­gra­fía cedi­da por Patri­cia Ferro

Patri­cia Ferro (1968, Bue­nos Aires) lle­gó a Espa­ña hace die­cio­cho años con la male­ta y el alma lle­nas de notas musi­ca­les. Can­tau­to­ra, musi­co­te­ra­peu­ta pio­ne­ra y peda­go­ga vocal, empe­zó a can­tar a los nue­ve años y se for­mó, ade­más de en la Uni­ver­si­dad del Sal­va­dor, con gran­des maes­tros argen­ti­nos. Apar­te de can­tar mara­vi­llo­sa­men­te, Patri­cia es coach vocal ‑algu­nos de sus alum­nos son muy cono­ci­dos- y ayu­da a sanar a tra­vés de la voz y la músi­ca. “Estoy con­ven­ci­da de que encon­trar­nos con la voz es un camino de auto­co­no­ci­mien­to”, repi­te Patri­cia con dul­zu­ra y con­tun­den­cia.  A mí, des­pués de hablar con ella, lar­go y ten­di­do, me que­da cla­ro que usar nues­tra voz como ins­tru­men­to nos conec­ta con nues­tra esen­cia y con la de los otros. Ade­más, for­ta­le­ce el sis­te­ma inmu­ni­ta­rio y la memo­ria y disuel­ve las dife­ren­cias con los demás. En estos tiem­pos con­vul­sos, toca  abrir la puer­ta a nues­tra voz silen­cia­da.  Can­te­mos has­ta que sal­ga.  Y si es en com­pa­ñía, mejor.         

-Des­de el prin­ci­pio e inclu­so antes de nacer, la voz de nues­tra madre can­tan­do nanas nos cal­ma y sana…

Así es. Hay un regis­tro y una hue­lla sono­ra en todos noso­tros que nos acom­pa­ña des­de nues­tra vida pre­na­tal. He tra­ba­ja­do duran­te mucho tiem­po con futu­ras mamás y sé que el víncu­lo que se esta­ble­ce entre la voz y el esta­do aní­mi­co de la madre y el bebé es fun­da­men­tal. Inclu­so he tra­ba­ja­do con un pro­ce­di­mien­to muy espe­cí­fi­co ayu­dan­do a esas madres a crear una nana espe­cial para su futu­ro hijo. Es pre­ci­so dar­le impor­tan­cia a ese pai­sa­je sono­ro pre­na­tal por­que esta­rá con noso­tros el res­to de nues­tra vida y deja­rá su memo­ria en nues­tra mani­fes­ta­ción como seres vibra­cio­na­les.

-Supon­go que si ya en el vien­tre materno nos influ­ye y acu­na la voz de nues­tra madre, sería salu­da­ble man­te­ner ese víncu­lo can­tan­do en fami­lia. De la mis­ma mane­ra que come­mos o com­par­ti­mos cual­quier acti­vi­dad.      

Sin duda algu­na. A veces hay pre­jui­cios esté­ti­cos des­de el pun­to de vis­ta aca­dé­mi­co, pero ten­go cla­ro que todos pode­mos can­tar. De hecho, yo le digo a mis alum­nos que no les pue­do ense­ñar a can­tar por­que “ya vie­nen apren­di­dos inclu­so des­de antes de nacer”. Si hemos apren­di­do a hablar, sabe­mos can­tar. Lo que yo hago cuan­do entreno voces, cuan­do obser­vo amo­ro­sa­men­te el pro­duc­to sono­ro de cada ser humano, es faci­li­tar los pro­ce­sos para que esa voz se expan­da aún más pero can­tar sabe­mos can­tar todos. Más allá de los cáno­nes varia­bles de lo que es bello o no. En cual­quier caso, des­de lue­go que es salu­da­ble can­tar para, por y con los otros.

-Por cier­to, ¿reper­cu­te la ali­men­ta­ción en la voz?

Sí, cla­ro. Somos un todo: un cuer­po físi­co, ener­gé­ti­co, psi­co­emo­cio­nal y espi­ri­tual. Así que la ali­men­ta­ción pue­de deter­mi­nar, en tér­mi­nos fisio­ló­gi­cos, la emi­sión de la voz. Por ejem­plo, si alguien tie­ne reflu­jo, ten­drá pro­ble­mas en su voz. Y lue­go, des­de el pun­to de vis­ta ener­gé­ti­co, tam­bién hay que tener en cuen­ta como nos nutri­mos por­que está cla­ro que en los pro­fe­sio­na­les de la voz, impor­ta tan­to el esta­do fisio­ló­gi­co como el ener­gé­ti­co y la ali­men­ta­ción obvia­men­te tie­ne una influen­cia. Esto que habla­mos lo tie­nen cla­ro otras cul­tu­ras que ven al ser humano des­de un pun­to de vis­ta más holís­ti­co y entien­den que la voz es una cues­tión ener­gé­ti­ca tam­bién. Es el caso del ayur­ve­da que tie­ne sus espe­ci­fi­ci­da­des en ali­men­ta­ción para opti­mi­zar las fun­cio­nes del cuer­po físi­co. Y la voz no deja de ser una fun­ción tras­cen­den­tal den­tro de nues­tro orga­nis­mo.

-Supon­go que de la mis­ma mane­ra que afec­ta la ali­men­ta­ción, en la voz tam­bién inci­di­rá el estrés, las emo­cio­nes…

Des­de lue­go. El tra­ba­jo con la voz como modo de auto­co­no­ci­mien­to nos ofre­ce la opor­tu­ni­dad mara­vi­llo­sa y catár­ti­ca de poder ges­tio­nar nues­tras emo­cio­nes. Esa es la razón por la que en muchas oca­sio­nes hay una cone­xión espi­ri­tual a tra­vés de los man­tras o las ora­cio­nes que se ofre­cen en voz alta. Por otro lado, y des­de un pun­to de vis­ta psi­co­emo­cio­nal, el can­to nos per­mi­te encon­trar­nos con el otro des­de un lugar no for­mal. La voz can­ta­da cuen­ta muchas más cosas que la pala­bra habla­da que sue­le ser limi­ta­da por los con­di­cio­na­mien­tos socia­les. Estoy con­ven­ci­da de que encon­trar­nos con nues­tra voz es un camino de auto­co­no­ci­mien­to.

-Pare­ce que ese camino lo han tran­si­ta­do des­de tiem­pos remo­tos, tri­bus, cha­ma­nes, pue­blos, igle­sias que ade­más de conec­tar con ellos mis­mos han inten­ta­do hacer­lo con la fuen­te, la divi­ni­dad o como quie­ra lla­mar­se… 

Así es. La voz tie­ne un poder tras­cen­den­te. Por eso me preo­cu­pa la pro­duc­ción de músi­ca con un tra­ta­mien­to tan “quí­mi­co”, tan de labo­ra­to­rio. La voz como mani­fes­ta­ción vibra­cio­nal de un ser humano es una fun­ción que mani­fies­ta nues­tro ser tras­cen­den­te, ese que per­ma­ne­ce cuan­do nues­tro cuer­po físi­co no exis­te. Por eso cuan­do las per­so­nas se reúnen para mani­fes­tar su devo­ción a tra­vés de la voz lo que hacen es dar cuen­ta de su con­di­ción huma­na como seres tras­cen­den­tes. De ahí la impor­tan­cia del tra­ba­jo con la voz y de can­tar con los otros por­que, como digo, es recor­dar que somos huma­nos pero ade­más, tras­cen­den­tes.

-Pero el can­to no solo se ha uti­li­za­do en los gru­pos espi­ri­tua­les, tam­bién los ejér­ci­tos o los equi­pos depor­ti­vos han can­ta­do en gru­po bus­can­do for­ta­le­za y valor.

Sí por­que la cone­xión con el aspec­to meló­di­co de la voz tie­ne una corre­la­ción direc­ta con el sis­te­ma emo­cio­nal. Y cla­ro que cuan­do nece­si­ta­mos cora­je, la voz es un vehícu­lo que mani­fies­ta nues­tra esen­cia tras­cen­den­te. Es un recor­da­to­rio, como ya he dicho, de que somos “mara­vi­llo­sa­men­te huma­nos y tras­cen­den­tes”.

-A pesar de su impor­tan­cia la tene­mos bas­tan­te olvi­da­da… 

Es que el uso de la voz en oca­sio­nes gene­ra mucho vér­ti­go. La voz pue­de con­tar, a tra­vés del can­to, cosas de noso­tros que no nos gus­ta que se vean o que no se quie­re que se escu­chen. De hecho, a veces resul­ta más poten­te un dis­cur­so o una aren­ga can­ta­da que si es sim­ple­men­te expre­sa­da con pala­bras.

-Y, ¿qué me dices de la voz de las muje­res silen­cia­da duran­te siglos?

La voz es una herra­mien­ta extra­or­di­na­ria de mani­fes­ta­ción de nues­tro ser feme­nino. Tan­to es así que noso­tras tene­mos una mani­fes­ta­ción sono­ra tan cam­bian­te como nues­tro pro­pio ciclo. Las muje­res no tene­mos una sola voz, tene­mos el pri­vi­le­gio de tener muchas voces. A lo lar­go del mes pasa­mos por un aba­ni­co sono­ro que tene­mos que apren­der a reco­no­cer y tra­tar amo­ro­sa y deli­ca­da­men­te. Cosa que no se hace. A una can­tan­te se le exi­ge la mis­ma uni­for­mi­dad que pue­de tener una voz mas­cu­li­na, cuan­do noso­tras tene­mos cam­bios men­sua­les en la voz que van apa­re­ja­dos al ciclo de la vida y de los astros. Nues­tra voz es cohe­ren­te y armo­nio­sa con esa for­ma diná­mi­ca que tie­ne el Uni­ver­so. Y, por supues­to, tam­bién varía con el emba­ra­zo, el post par­to y la meno­pau­sia. Se va adap­tan­do a todo lo que nos acon­te­ce.

-Hablan­do de las cosas que nos acon­te­cen y aho­ra con esto del coro­na­vi­rus, he leí­do que can­tar for­ta­le­ce el sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co. 

Abso­lu­ta­men­te, por­que cuan­do esta­mos can­tan­do pro­du­ci­mos una enor­me can­ti­dad de accio­nes den­tro de nues­tro cuer­po des­de el pun­to de vis­ta neu­ro­ló­gi­co, endo­crino o lin­fá­ti­co. Así, move­mos los humo­res del cuer­po, oxi­ge­na­mos la fun­ción neu­ro­ló­gi­ca cere­bral y libe­ra­mos endor­fi­nas. Y todo eso con­tri­bu­ye cla­ra­men­te al for­ta­le­ci­mien­to del sis­te­ma inmu­ni­ta­rio

-Y para los mayo­res, can­tar debe ser fan­tás­ti­co…  

Sí. Yo he tra­ba­ja­do con abue­li­tos con alzhéi­mer o demen­cia senil duran­te algún tiem­po y lo he com­pro­ba­do. Resul­ta que lo últi­mo que se pier­de en estas per­so­nas  es el área de la músi­ca y lo que está conec­ta­do con la par­te  más afec­ti­va que es la melo­día. Pue­den no recor­dar pala­bras o cómo se lla­ma una can­ción pero sí recuer­dan la melo­día por­que está rela­cio­na­da con las emo­cio­nes pri­ma­rias, con la estruc­tu­ra psí­qui­ca de cuan­do éra­mos bebés y no tenía­mos noción inte­lec­tual del sig­ni­fi­ca­do de las pala­bras pero sí de la ento­na­ción. Tam­bién ocu­rre a menu­do que aun­que no retie­nen lo que aca­ban de ver o escu­char, recuer­dan can­cio­nes de cuan­do eran peque­ños. Una cues­tión tam­bién muy curio­sa es que  cuan­do hay un acci­den­te cere­bro­vas­cu­lar  en el que se pier­de la pala­bra, en oca­sio­nes esa mis­ma pala­bra que no es posi­ble des­de el len­gua­je habla­do sí lo es cuan­do es can­ta­da. Enton­ces se uti­li­zan unos pro­ce­di­mien­tos musi­co­te­ra­péu­ti­cos que se valen de la voz can­ta­da para recu­pe­rar el len­gua­je habla­do. Por eso y por otros muchos moti­vos, la esti­mu­la­ción a tra­vés del can­to del sis­te­ma cog­ni­ti­vo en la ter­ce­ra edad es abso­lu­ta­men­te bené­fi­co.

-Pues los médi­cos de la mis­ma mane­ra que nos reco­mien­dan comer bien o hacer depor­te debe­rían pres­cri­bir­nos can­tar y escu­char músi­ca. Bueno, a mí  un maes­tro coreano acu­pun­tor me rece­tó una can­ción al día…

Cla­ro por­que en las dis­ci­pli­nas orien­ta­les no hay una dife­ren­cia entre el bene­fi­cio del aspec­to vibra­cio­nal del soni­do, sobre todo de la voz, del res­to de las accio­nes que ejer­ce­mos sobre nues­tro orga­nis­mo para dar­le salud. Así, por ejem­plo, vemos como en  el yoga se can­tan man­tras con una deli­be­ra­da inten­ción de incre­men­tar la salud, de res­ta­ble­cer un equi­li­brio ener­gé­ti­co que devie­ne des­pués en una mejo­ra glo­bal del cuer­po.

-Bueno, el can­to y la músi­ca han esta­do pre­sen­tes a lo lar­go del tiem­po en las cul­tu­ras orien­ta­les pero tam­bién en otras socie­da­des, ¿ver­dad?

Cier­to, en las cul­tu­ras tri­ba­les o en el con­glo­me­ra­do de la cul­tu­ra abo­ri­gen de cual­quier lugar del pla­ne­ta, el can­to ha sido inclu­so una for­ma de cons­ti­tuir la iden­ti­dad de un ser humano. En regio­nes de  Áfri­ca, la can­ción dedi­ca­da y crea­da espe­cial­men­te para un niño de la tri­bu es su for­ma de iden­ti­fi­car­lo antes de poner­le el nom­bre. Y en Lati­noa­mé­ri­ca, el can­to repre­sen­ta prác­ti­ca­men­te todas las ins­tan­cias de la expe­rien­cia vital de un ser humano. Se le can­ta cuan­do nace, cuan­do cre­ce… Se can­ta en gru­po para vene­rar a la Tie­rra y a los fenó­me­nos de la natu­ra­le­za. Para que llue­va, para que aca­be la sequía. Y se can­ta en la des­pe­di­da, cuan­do se pasa a la vida no físi­ca. El can­to y la músi­ca están en la vida coti­dia­na.  El mun­do occi­den­tal, sin embar­go, se ha sepa­ra­do de esa rela­ción entre el can­to y la vida por­que se ha des­co­nec­ta­do  de su ser tras­cen­den­te.

-¿Cómo es la rela­ción entre el can­to y la res­pi­ra­ción? ¿Ense­ñas a res­pi­rar para can­tar mejor?

Con este tema de la res­pi­ra­ción, cada maes­tro tie­ne su libri­to. Yo entien­do que conec­tar con la res­pi­ra­ción, nos conec­ta con la vida. Y tam­bién que no pode­mos tra­ba­jar esa mani­fes­ta­ción esen­cial de la vida que es el can­to sin pres­tar­le aten­ción a la res­pi­ra­ción. A mí me gus­ta explo­rar cual es la rela­ción que cada uno tene­mos con la res­pi­ra­ción y ver si esa rela­ción favo­re­ce el que nues­tra voz se expan­da o la obs­ta­cu­li­za.  Ya el solo hecho de obser­var­la, pue­de modi­fi­car los patro­nes res­pi­ra­to­rios adqui­ri­dos a lo lar­go del tiem­po.

-Por cier­to, ¿todos pode­mos apren­der a afi­nar la voz o hay casos impo­si­bles?

Pues mira, des­pués de tra­ba­jar varios años en una escue­la coral con per­so­nas que se deno­mi­na­ban “des­afi­na­das” y a las que habían apar­ta­do de los coros por­que no afi­na­ban una nota, lle­gué a la con­clu­sión de que el tema de ser o no ser des­afi­na­do cons­ti­tuía una iden­ti­dad en sí mis­ma. Y a veces es menos dolo­ro­so ser des­afi­na­do que no ser nada. En oca­sio­nes, gen­te que esta­ba muy afin­ca­da en su iden­ti­dad como des­afi­na­da se dio cuen­ta de que somos afi­na­dos o des­afi­na­dos con res­pec­to de un orden que tie­ne que ver con lo cul­tu­ral. Y así una per­so­na que es des­afi­na­da en el mun­do occi­den­tal es total­men­te afi­na­da can­tan­do micro­to­nos de ragas de la músi­ca hin­dú. En cual­quier caso, todo el mun­do pue­de tra­ba­jar su afi­na­ción, sal­vo que se sufra de amu­sia o se ten­ga sor­de­ra pro­fun­da.

-¿Qué es la amu­sia?  

Pues es una con­di­ción neu­ro­ló­gi­ca por la cual no reco­no­ces la músi­ca sino como un rui­do. No hay posi­bi­li­dad nin­gu­na de iden­ti­fi­car los pará­me­tros de la músi­ca tales como rit­mo, melo­día, armo­nía… Ima­gí­na­te no poder regis­trar una dife­ren­cia tím­bri­ca entre una moto y una sin­fo­nía.

-De todos modos, hay quien no afi­na muy bien ni posee una voz mara­vi­llo­sa pero con­quis­ta al públi­co…

Sí, por­que can­tar va más allá de las estruc­tu­ras for­ma­les de lo que sería el soni­do vocal  con­ven­cio­nal. Así que te pue­des encon­trar con alguien con un regis­tro muy aco­ta­do, poqui­ta voz y que afi­na lo jus­to pero que te con­mue­ve. Y eso por­que el can­to tie­ne que ver con esa dis­po­si­ción emo­cio­nal que es capaz de ser comu­ni­ca­da, con lo que soy y pue­do tras­la­dar a otro ser humano.

-Y al revés tam­bién pasa­rá…   

Cla­ro. Pode­mos ser total­men­te vir­tuo­sos en la eje­cu­ción pero no nece­sa­ria­men­te con­mo­ve­do­res en la comu­ni­ca­ción.

-Y tú, que eres coach de muchos can­tan­tes, ¿te has encon­tra­do con algún alumno al que le hayas teni­do que decir “vete para casa, no te pue­do ayu­dar”?

Nun­ca por­que inclu­so ante la duda de los que vie­nen a cla­se y me pre­gun­tan si valen o no, como tra­ba­jo la voz des­de el  auto­co­no­ci­mien­to y el valor que le da cada uno a su expre­sión, esto no me ocu­rre. Otra cosa es que todo el mun­do pue­da ser can­tan­te pro­fe­sio­nal. Eso es dis­tin­to y habrá que tra­ba­jar de mane­ra dife­ren­te o más inten­sa si no tie­nes unas con­di­cio­nes estu­pen­das de fábri­ca. Pero mira a Madon­na que es la rei­na del pop sin tener unas carac­te­rís­ti­cas natu­ra­les excep­cio­na­les. En cual­quier caso y al mar­gen de tomar la músi­ca como pro­fe­sión, todos pode­mos can­tar, entre­nar la afi­na­ción y ser feli­ces can­tan­do.

-Hablan­do de ser feli­ces, ¿cómo pode­mos supe­rar un pro­ble­ma a tra­vés de la musi­co­te­ra­pia? ¿cómo es una sesión, por ejem­plo, en un caso de ansie­dad?

La musi­co­te­ra­pia tie­ne unos pro­ce­di­mien­tos espe­cí­fi­cos a desa­rro­llar en las sesio­nes que tie­nen que ver con el abor­da­je “no esté­ti­co” del fenó­meno sono­ro. Lo que se tra­ba­ja son los aspec­tos no for­ma­les de la pala­bra, el len­gua­je sono­ro cor­po­ral no ver­bal. Así, si tu acu­des a una sesión de musi­co­te­ra­pia por un pro­ce­so de ansie­dad o depre­sión, el musi­co­te­ra­peu­ta pri­me­ro hará un aná­li­sis de lo que estás sufrien­do y lue­go uti­li­za­rá unas fór­mu­las con­cre­tas. Por ejem­plo, la impro­vi­sa­ción libre con la voz o con ins­tru­men­tos que, bajo nin­gún con­cep­to, ten­drá una fina­li­dad esté­ti­ca. De todos modos, como en la psi­co­lo­gía, hay muchos pro­ce­di­mien­tos y muchas escue­las y, en cual­quier caso, no solo se tra­ba­ja con la músi­ca sino con el fenó­meno sono­ro en gene­ral:  ins­tru­men­tos como cuen­cos, tim­ba­les… ya sea tocán­do­los o reci­bien­do la influen­cia de su vibra­ción.

-Me que­da cla­ro, con todo lo que me cuen­tas, que la músi­ca, de una mane­ra u otra, tie­ne que estar pre­sen­te en nues­tras vidas.   

Cla­ro, es que es la músi­ca y el can­to, en par­ti­cu­lar, for­man par­te de nues­tra iden­ti­dad como seres huma­nos. La gen­te tie­ne que can­tar y ade­más podrá ser feliz can­tan­do.

-Y, ade­más de ser feliz, se sen­ti­rá más fuer­te y conec­ta­da a los demás. Lo hemos vis­to con el “Resis­ti­ré” de los últi­mos tiem­pos…     

Sí, por­que la músi­ca y el can­to tras­cien­den dife­ren­cias y es algo que en este pla­ne­ta tan con­vul­so es nece­sa­rio tra­ba­jar. Baren­boim, por ejem­plo, diri­ge una orques­ta mix­ta de judíos y pales­ti­nos, superan­do dife­ren­cias a tra­vés de la músi­ca. Por­que cuan­do can­tas con otro no pien­sas en la raza, reli­gión, sexo, edad…Cantas con ese otro y te conec­tas con su cuer­po tras­cen­den­te. Y, ade­más, can­tar, refle­xio­nar sobre noso­tros mis­mos, nos hace más sen­si­ble a dar­nos cuen­ta de que somos par­te de ese todo que deno­mi­na­mos Uni­ver­so. No algo sepa­ra­do ni supe­rior, sino “par­te de”.

-Pues debe­ría haber más músi­ca en los cole­gios… 

Sí, a mí me ate­rra que no haya músi­ca en los cole­gios y que los niños no can­ten jun­tos. Todos los niños de cin­co, seis, sie­te y has­ta diez años debe­rían pasar por la expe­rien­cia de can­tar en coro. Y esto por­que es la mejor for­ma de ense­ñar­le viven­cial­men­te a un niño que pue­de estar can­tan­do con otros con­vi­vien­do armo­nio­sa­men­te. Cuan­do los niños comien­zan a armo­ni­zar sus voces, lo que apren­den es que pue­den con­vi­vir con la dife­ren­cia armo­nio­sa­men­te. Y si eso no es la paz, cuén­ta­me qué es. Has­ta ese pun­to es tras­cen­den­te encon­trar­se con otros en la voz.

Ins­ta­gram: @la_patri_ferro

@2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved.

La Concepción: mejor imposible

Res­tau­ran­te La Con­cep­ción


Hay luga­res, sabo­res y per­so­nas que ena­mo­ran. Todo eso lo tie­ne La Con­cep­ción, una de mis coci­nas favo­ri­tas en San­ta Cruz de Tene­ri­fe. El rin­cón don­de se ubi­ca este res­tau­ran­te de alma joven y lige­ra es, ade­más y en con­tras­te, uno de los de más tra­di­ción de la capi­tal isle­ña: la Calle La Noria jun­to a la pre­cio­sa Igle­sia de La Con­cep­ción. Dos plan­tas y una terra­za lle­nas de luz y ani­ma­ción.

Dúo hum­mus de gar­ban­zos y pimien­tos del piqui­llo

Los sabo­res de La Con­cep­ción man­tie­nen vivo el espí­ri­tu de La Oli­va, su her­ma­na mayor (aho­ra reti­ra­da) que abrió camino hace seis años tra­yen­do a San­ta Cruz un nue­vo esti­lo de mover­se entre fogo­nes: fres­co, inno­va­dor, cui­da­do y abso­lu­ta­men­te deli­cio­so. La Con­cep­ción com­bi­na ori­gi­na­les pla­tos vege­ta­ria­nos con car­nes y pes­ca­dos de cali­dad. Ade­más ofre­ce una car­ta con múl­ti­ples opcio­nes sin glu­ten. Entre ellas, las cro­que­tas glu­ten free de ibé­ri­cos o setas, que se piden por uni­da­des aun­que se come­rían por ban­de­jas.


Cro­que­tas de ibé­ri­co sin glu­ten

Otro de los pun­tos fuer­tes de este espa­cio gas­tro, es sin duda, su per­so­nal. Por­que los res­tau­ran­tes no solo están hechos de mate­rias pri­mas, tex­tu­ras y olo­res sino tam­bién de ener­gías, son­ri­sas y ama­bi­li­dad. Cuan­do eli­jo un sitio para comer no pien­so úni­ca­men­te en lo que me voy a echar a la boca. Casi es más impor­tan­te, lo que me voy a lle­var pues­to en el alma. De La Con­cep­ción siem­pre se sale con la ale­gría en vena. Y no solo por el vino. Que tam­bién (la car­ta es fan­tás­ti­ca y siem­pre te ase­so­ran con abso­lu­to cono­ci­mien­to de cau­sa). Sino, sobre todo, por la cer­ca­nía y cari­ño con los que se tra­ta al clien­te y que lue­go se tras­la­da al color y la esen­cia de cada pla­to.

Are­pi­tas de pul­po con hum­mus, velo de  ibé­ri­co y sal­sa de remo­la­cha y man­za­na ver­de 

Empie­za el verano y aun­que este vaya a ser bas­tan­te dife­ren­te a los demás, siem­pre nos que­da­rá  la fres­cu­ra del Buddha bowl de qui­noa, el sabor fes­ti­vo del soca­rrat de cala­mar saha­riano y buti­fa­rra, la bri­sa mari­ne­ra de las are­pi­tas de pul­po con humus,  el jue­go de los rotos con sobra­sa­da, lan­gos­ti­nos o curry o la con­tun­den­cia lige­ra del lomo alto de vaca con sal­sa pro­ven­zal. Cali­dad y ori­gi­na­li­dad por doquier.

Lomo alto de vaca con sal­sa pro­ven­zal al limón, papas fri­tas y pimien­tos de Padrón

Y para ter­mi­nar, mejor impo­si­ble, un poqui­to de dul­zu­ra. Si, como yo, la quie­res glu­ten free, apun­ta el arroz con leche de coco, la mace­ti­ta de la Con­cep­ción o la tar­ta de agua­ca­te y lima: una com­bi­na­ción de sabo­res que te hará son­reír. Si no, una deli­cio­sa serra­du­ra de par­chi­ta: para via­jar a Por­tu­gal con las papi­las gus­ta­ti­vas mien­tras dis­fru­tas del encan­to de este rin­con­ci­to san­ta­cru­ce­ro.

Tar­ta de agua­ca­te y lima

Res­tau­ran­te La Con­cep­ción. Calle Anto­nio Domín­guez Alon­so, 4. 38003 San­ta Cruz de Tene­ri­fe. Telé­fono 922 27 40 62.

Per­fil en IG @laconcepcionsc

@2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved

Etéreo

Aun­que el tér­mino eté­reo tie­ne muchas defi­ni­cio­nes, creo que al hablar de este rin­cón en el cora­zón de San­ta Cruz de Tene­ri­fe, hay que uti­li­zar las que se refie­ren a lo “sutil, subli­me o deli­ca­do”. Inclu­so las que hablan de algo “per­te­ne­cien­te al cie­lo”. Eté­reo by Pedro Nel es un espa­cio gas­tro­nó­mi­co don­de se res­pi­ra sen­si­bi­li­dad e inge­nio. Pero tam­bién amor a la coci­na de mer­ca­do, a las bue­nas mate­rias pri­mas y a los sabo­res cin­ce­la­dos con inte­li­gen­cia y cari­ño.

Foto interior del restaurante Étereo
Inte­rior del res­tau­ran­te Éte­reo

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En un entorno aco­ge­dor, don­de se cum­plen escru­pu­lo­sa­men­te las medi­das higié­ni­cas que impo­ne el famo­so virus, Pedro Nel Res­tre­po dise­ña des­de fina­les de 2018, una de las mejo­res pro­pues­tas gas­tro­nó­mi­cas de la Isla. Ori­gi­na­les entran­tes fríos y calien­tes, car­nes madu­ra­das y pes­ca­dos impe­ca­ble­men­te coci­na­dos pre­ce­den a los pos­tres que cie­rran con dul­zu­ra y delei­te una bue­na comi­da o cena.

Timbal de aguacate con langostinos y yogurt griego
Tim­bal de agua­ca­te con lan­gos­ti­nos y yogurt grie­go

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Pedro Nel, chef de ori­gen colom­biano y que en otro tiem­po lide­ró los cono­ci­dos esta­ble­ci­mien­tos “El Cova­cho” y “El Cova­cho de Pedro”, ha sabi­do crear un espa­cio cos­mo­po­li­ta y mul­ti­cul­tu­ral que no renun­cia al toque cana­rio en alguno de sus pla­tos. Y todo ello ade­re­za­do con bue­na músi­ca ambien­tal, tra­to exqui­si­to y una “cui­da­da sen­ci­llez” en don­de todo está per­fec­ta­men­te hil­va­na­do. Por supues­to, los celia­cos o into­le­ran­tes al glu­ten tam­bién tie­nen su lugar (y su pan, gra­cias). Y los aman­tes del vino, ¿cómo no? Con una amplia y fan­tás­ti­ca anto­lo­gía de cal­dos. Como leí en una entre­vis­ta recien­te al pro­pio Nel, “un buen res­tau­ran­te es como ir a la mejor obra de tea­tro que hayas asis­ti­do en tu vida, en la cual no encuen­tras nin­gu­na impro­vi­sa­ción”.

Solomillo de res con crema de queso majorero
Solo­mi­llo de res con cre­ma de que­so majo­re­ro

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Apro­pián­do­me de las pala­bras de este artis­ta gas­tro­nó­mi­co, no está de más con­si­de­rar que dis­fru­tar con cal­ma de una bue­na selec­ción de pla­tos (sobre todo si hay algo que cele­brar: el goce de vivir, por ejem­plo) es como acu­dir al tea­tro y delei­tar­se con una obra mara­vi­llo­sa o un con­cier­to inol­vi­da­ble. El hedo­nis­mo y sus eté­reos pla­ce­res que alguien diría…

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Feliz Día de Canarias

Pla­za de San Andrés. La Pal­ma

Hoy toca escu­char a Los Saban­de­ños. Sí o sí. Des­de las sie­te de la maña­na sue­nan en mi Spo­tify: pal­me­ro sube a la pal­ma, las folías de la liber­tad y, en bucle, el pasa­do­ble Islas Cana­rias. Des­pués me pon­dré a Pedro Gue­rra, Rosa­na, Efec­to Pasi­llo, José Vélez, Mes­ti­say, Roge­lio Botanz y a unos cuan­tos más que no se me olvi­dan. El Día de Cana­rias es lar­go. Y espe­ro que lumi­no­so.

Este sába­do olía a besos entre papi­tas arru­ga­das, mojo ver­de, gofio y un puche­ro rico. Pero el coro­na­vi­rus ha hecho de las suyas. Y aun­que aún no poda­mos tocar­nos, usa­re­mos la comi­da y la tra­di­ción como abra­zo oceá­ni­co entre gene­ra­cio­nes. Nos sen­ta­re­mos lejos pero nos sen­ti­re­mos cer­ca com­par­tien­do sabo­res y olo­res. Dis­fru­tan­do de un vino vol­cá­ni­co y de unos higos fres­cos con un buen que­so de cabra. Con cui­da­do, sin rozar­nos las manos, pero con el cora­zón bai­lan­do una folía. Al uní­sono. Entre son­ri­sas de agra­de­ci­mien­to y un «no te acer­ques mucho».

Hoy, trein­ta de mayo, es el Día de Cana­rias, un pue­blo peque­ño pero lleno de gran­des his­to­rias. Un pue­blo lucha­dor, cáli­do y afec­tuo­so. Acos­tum­bra­do a las visi­tas y aho­ra tris­te por cerrar sus ven­ta­nas y dejar el alma abier­ta. Nos gus­ta que nues­tro sol calien­te a los que vie­nen a cono­cer­nos y dis­fru­tar­nos. Nos encan­ta que la dul­zu­ra de nues­tro acen­to y nues­tra gas­tro­no­mía envuel­va a los que se aso­man a este tro­ci­to azul, ver­de y dora­do. Pero todo se anda­rá. Todo lle­ga aun­que lo haga des­pa­ci­to.

En esta jor­na­da les ani­mo a sen­tir que somos fuer­tes y úni­cos. A cele­brar que esta­mos salien­do de la pesa­di­lla y que ven­drán Días de Cana­rias mucho mejo­res. Pero hoy tene­mos este y hay que fes­te­jar­lo ponien­do toda la ale­gría atlán­ti­ca que lle­va­mos den­tro. Por­que si estás vivo,  ya eres afor­tu­na­do. Tú tam­bién. Aun­que no vivas en estas Islas que así se lla­man.

BSO: Pasa­do­ble Islas Cana­rias por Los Saban­de­ños  https://www.youtube.com/watch?v=282xflE6qIg

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Comer para dormir

Portada de libro

Por­ta­da del libro “Comer para dor­mir” de Kar­man Meyer. Amat Edi­to­rial

 

Ima­gino que duran­te estos últi­mos meses, muchos de uste­des habrán teni­do pro­ble­mas de sue­ño. La preo­cu­pa­ción, la fal­ta de ejer­ci­cio y una mala die­ta son los peo­res enemi­gos de la almoha­da. Pre­ci­sa­men­te, duran­te las navi­da­des pasa­das, com­pré este libro des­pués de una lar­ga noche de insom­nio: “Comer para dor­mir”, de la die­tis­ta-nutri­cio­nis­ta Kar­man Meyer. Sin entrar a des­gra­nar los com­ple­jos meca­nis­mos que hacen que algu­nos ali­men­tos nos rela­jen y otros con­tri­bu­yan a que nos sin­ta­mos exci­ta­dos al irnos a la cama y que tie­nen que ver con el trip­tó­fano, la sero­to­ni­na y los nive­les de cor­ti­sol o glu­ce­mia, apun­ta­ré algu­nas cla­ves que se expo­nen en el tex­to por si les sir­ven de ayu­da.

Lo pri­me­ro que pode­mos hacer si tene­mos pro­ble­mas para des­can­sar, es evi­tar tomar por la noche: cafeí­na, cho­co­la­te negro o alcohol. Tam­bién ali­men­tos con mucho pican­te, áci­dos o dema­sia­do ricos en gra­sas no salu­da­bles. La idea es que la cena nos deje sacia­dos pero no sea dema­sia­do copio­sa, sobre todo si nos acos­ta­mos tem­prano. Si te ape­te­ce una copa de vino des­pués de que se vaya el sol, haz­lo con la cena o al menos tres o cua­tro horas antes de irte a la cama.

Por el con­tra­rio y para man­te­ner una bue­na higie­ne del sue­ño, pue­des comer a lo lar­go de la jor­na­da algu­nos de estos ali­men­tos tan salu­da­bles: almen­dras (muy ricas en mag­ne­sio), agua­ca­te, plá­tano (de Cana­rias, por supues­to), arroz inte­gral, melón can­ta­lu­po, ana­car­dos, coli­flor, apio, fre­sas, gar­ban­zos, cere­zas, dáti­les, higos, bonia­tos, semi­llas de gira­sol, ave­na, pas­ta inte­gral o nue­ces. Ade­más, Meyer tam­bién reco­mien­da pro­teí­nas como el pavo, tofu, qui­noa, hue­vos, sar­di­nas, sal­món, que­so o yogurt, entre otras.

El libro ofre­ce un mon­tón de rece­tas deli­cio­sas e ideas de refri­ge­rio noc­turno (reque­són con cere­zas, por ejem­plo) para esas noches en las que no pode­mos dor­mir por­que tene­mos un “agu­je­ri­to” en la tri­pa o nos levan­ta­mos ansio­sos a las tres de la maña­na. Mi abue­la decía que en esos casos, lo mejor era dar­nos media vuel­ta y no abrir la neve­ra por­que si lo hacía­mos una vez, nues­tro cuer­po nos des­per­ta­ría cada noche como un gato his­té­ri­co pidien­do comi­da. Pero son solo opi­nio­nes…

Ade­más de una bue­na nutri­ción, para mejo­rar el sue­ño y, por tan­to, la salud,  Meyer nos acon­se­ja fer­vien­te­men­te: ejer­ci­cio, hidra­ta­ción, medi­ta­ción, escri­tu­ra, lec­tu­ra y aro­ma­te­ra­pia. Tam­bién, man­te­ner fres­ca la habi­ta­ción mien­tras se duer­me (fue­ra los kilos de man­tas) y apa­gar los dis­po­si­ti­vos móvi­les, una hora antes de irse a la cama.

En resu­men: pres­ta aten­ción a lo que comes. Si es rico, fan­tás­ti­co. Si es salu­da­ble, aún mejor. Y si te ayu­da a des­can­sar, es la bom­ba. Toma nota y nos cuen­tas.

@2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved

“Si siembras amor y ternura, algo te será devuelto”

Tino Martín:  “Siempre estamos a tiempo de modificar nuestras creencias”

Tino Martin

Tino Mar­tín

 

“Pue­des apren­der a mirar tu vida como si se tra­ta­se de tu novia: son­ríe­le, hábla­le, escú­cha­la, com­prén­de­la, atién­de­la, áma­la…”, dice con­ven­ci­do nues­tro entre­vis­ta­do. Nun­ca es tar­de. Tino Mar­tín es maes­tro, psi­có­lo­go y peda­go­go jubi­la­do de la vida labo­ral pero no de la vir­tual. Sus más de cua­tro mil qui­nien­tos segui­do­res en Twit­ter (@tinomarting) dan fe de que su tra­ba­jo dia­rio con­ti­núa. Tino ha pues­to empe­ño en cre­cer y rein­ven­tar­se. En poner ale­gría al día a día con las fra­ses y refle­xio­nes que com­par­te en las redes. Y es, ade­más de un lucha­dor nato, un hom­bre bueno, sen­si­ble y gene­ro­so. Lo digo sin temor a equi­vo­car­me por­que le conoz­co muy bien. Es mi padre. Sor­pren­di­do por mi inte­rés en entre­vis­tar­le, insis­te en que antes de empe­zar nues­tra con­ver­sa­ción deje cla­ro su pun­to de vis­ta al res­pec­to: “acce­do a la peti­ción con una con­di­ción: que mis opi­nio­nes no modi­fi­quen en abso­lu­to tu for­ma de enten­der y vivir la vida”.

¿Cómo estás pasan­do el con­fi­na­mien­to? ¿Qué es lo que más has echa­do de menos? 

Pues con preo­cu­pa­ción por la tra­ge­dia sani­ta­ria, eco­nó­mi­ca y social que sufre el mun­do pero espe­ran­za­do con la idea de que ten­ga­mos la capa­ci­dad de repo­ner­nos y vol­ver a la sen­da de la nor­ma­li­dad en un tiem­po razo­na­ble. Lo que más he echa­do de menos es, sin duda, la pre­sen­cia de mis tres nie­tos.

Vivir estos momen­tos en el cam­po no tie­ne pre­cio…

Afor­tu­na­da­men­te, el con­fi­na­mien­to me cogió en mi segun­da resi­den­cia que defi­ni­ti­va­men­te se ha con­ver­ti­do en la habi­tual. Es un pri­vi­le­gio siem­pre y más en estos tiem­pos difí­ci­les, tener la natu­ra­le­za a tu dis­po­si­ción.

En ese refu­gio tiner­fe­ño en el que trans­cu­rren tus días, tie­nes tus huer­tas “eco”, tus galli­nas “feli­ces”, tu espa­cio de tran­qui­li­dad y aire puro pero tam­bién estás conec­ta­do al mun­do a tra­vés de las redes socia­les (Twit­ter)… 

Para mí es el equi­li­brio per­fec­to. Todo esto: la natu­ra­le­za y sen­tir des­de aquí la cer­ca­nía de los demás, me apor­ta sosie­go y paz inte­rior. ¿Qué más pue­do pedir?

Creo que cuen­tas con más de cua­tro mil qui­nien­tos segui­do­res en todos los rin­co­nes del pla­ne­ta.

Des­de lue­go no en todos los rin­co­nes pero estoy muy satis­fe­cho con los que ten­go por­que sus apor­ta­cio­nes y su pre­sen­cia ‑aun­que sea en la dis­tan­cia- con­tri­bu­yen a mi bien­es­tar. Y si alguno de mis tweets pue­de ayu­dar a alguien de algu­na mane­ra, pues doble­men­te feliz.

¿ Y cómo se te ocu­rrió entrar en este mun­do vir­tual? 

¿Has olvi­da­do que fuis­te tú quien me ini­ció? Es algo que nun­ca te agra­de­ce­ré sufi­cien­te­men­te.

Es ver­dad… Aho­ra que lo dices, fue una gran idea por­que me cons­ta que tus fra­ses de áni­mo y con­se­jos han pues­to un poqui­to de luz a los días gri­ses de muchas per­so­nas… 

No lo sé con cer­te­za pero estoy con­ven­ci­do de algo: si siem­bras amor y ter­nu­ra, algo te será devuel­to. Esa idea me man­tie­ne acti­vo en Twit­ter  des­de hace más de ocho años y es una inter­ac­ción enor­me­men­te gra­ti­fi­can­te con un gru­pi­to de muy bue­na gen­te. Ejer­ce­mos de psi­có­lo­gos mutua­men­te.

Pues pare­ce una opción fan­tás­ti­ca para mucha gen­te que se jubi­la y quie­re man­te­ner la cabe­za y el alma acti­vos. 

Sí, creo que lo es. Yo tam­bién era de ese amplio gru­po que pen­sa­ba que las nue­vas tec­no­lo­gías de la comu­ni­ca­ción eran para nues­tros hijos y nie­tos. Pero, afor­tu­na­da­men­te, siem­pre esta­mos a tiem­po de modi­fi­car nues­tras creen­cias. De ajus­tar­nos a los tiem­pos.

Te ha sen­ta­do bien esa “moder­ni­za­ción” por­que te veo en una for­ma estu­pen­da. Cada vez más…

¿Tú lo crees así? La ver­dad es que me encuen­tro bien y eso ya es mucho. Des­de hace tiem­po pien­so  que más que otra cosa, para la últi­ma eta­pa de tu vida “debes aho­rrar salud”. Y la salud es algo que te tie­nes que tra­ba­jar día a día, acom­pa­ña­do o solo pero hacien­do camino siem­pre.

Y men­tal­men­te, ¿cómo te cui­das?   

Pues mira, la salud men­tal y la físi­ca están ínti­ma­men­te conec­ta­das. Cuan­do te sien­tes físi­ca­men­te bien, tam­bién esta­rás bien a nivel men­tal. Y estar bien a nivel men­tal, te empu­ja a cui­dar tu salud físi­ca. Por tan­to, no hay nin­gún secre­to. Tan solo, ocu­par­te de ambas por igual y no pen­sar que con macha­car­te en el gim­na­sio está todo resuel­to. Lo digo por los más jóve­nes, sobre todo.

Por cier­to, ¿se pue­de apren­der a vivir con opti­mis­mo?

En la vida se pue­de casi todo. Así que tam­bién pue­des apren­der a mirar tu vida como si se tra­ta­se de tu novia: son­ríe­le, hábla­le, escú­cha­la, com­prén­de­la, atién­de­la, áma­la…

Y, ¿cómo se man­tie­ne la ale­gría en estos “días raros”? 

No es nada sen­ci­llo sobre todo para quie­nes han per­di­do o se encuen­tran en ries­go de per­der a un ser que­ri­do. Tam­bién para quie­nes no tie­nen tra­ba­jo. En cual­quier caso, creo que la ale­gría es con­se­cuen­cia de una labor bien hecha, sobre todo. Por tan­to, si estás satis­fe­cho o satis­fe­cha de como estás hacien­do las cosas, segu­ro que te encuen­tras muy cer­ca de la ale­gría.

Vaya­mos más atrás de estos días. ¿Qué le dirías al oído al Tino de hace cua­ren­ta años?

Pri­me­ro le daría un buen tirón de ore­jas y, lue­go, le repe­ti­ría duran­te un tiem­po: “la vida no se bebe en un sor­bo”; “el tra­ba­jo no pue­de ago­tar tu tiem­po”; “apren­de a pen­sar rápi­do y a deci­dir des­pa­cio” y “apren­de a decir no cuan­do esa debe ser la res­pues­ta”. Y, por últi­mo, tam­bién le diría: “ama y déja­te amar”.

Ese Tino, como su her­mano y sus cin­co her­ma­nas, se dedi­ca­ba a ense­ñar y vivía rodea­do de niños y niñas, ¿qué apren­dis­te tú de los más peque­ños?

Muchí­si­mas cosas pero, sobre todo, que la curio­si­dad y el inte­rés por lo que te rodea es una gran fuen­te de luz y apren­di­za­je para cada uno de los días de tu vida. Tam­bién, que si pier­des la capa­ci­dad de sor­pren­der­te a ti mis­mo, empie­zas a morir un poco.

Y vol­vien­do al pre­sen­te, ¿cómo crees que sere­mos des­pués de este hura­cán demo­le­dor? ¿Vol­ve­re­mos a ser los de antes o mejo­res per­so­nas, como dicen algu­nos?

Pien­so que ni una cosa ni la otra. Me expli­co: van a cam­biar bas­tan­tes cosas en la mane­ra de enten­der la vida y de vivir­la des­de el pun­to de vis­ta eco­nó­mi­co y social. En cuan­to a si sere­mos mejo­res, te diré que los bue­nos ya son mejo­res. Y los que no son tan bue­nos, no van a cam­biar de mane­ra sig­ni­fi­ca­ti­va, des­gra­cia­da­men­te. Esto al menos, a cor­to y medio pla­zo.

Un sue­ño para cuan­do vol­va­mos a la “nor­ma­li­dad de ver­dad”…

Me gus­ta­ría ver que todo este dolor ha ser­vi­do para algo bueno, algo que me haga sen­tir que los sue­ños de otros muchos  no fue­ron falli­dos o esté­ri­les.

Miran­do al futu­ro, ¿qué cosas te que­dan por vivir?

Dis­fru­tar y ver cre­cer como abue­lo lo que “por las pri­sas de lle­gar”, no pude ver ni dis­fru­tar a ple­ni­tud como padre.  Esto sobre todo y, por lo demás, vivir agra­de­ci­do y expec­tan­te el dis­cu­rrir del tiem­po que me que­de, sin­tién­do­me útil y que­ri­do por los míos, espe­cial­men­te. Como me he sen­ti­do siem­pre.

¿Y no has pen­sa­do en escri­bir un libro con tus viven­cias, pen­sa­mien­tos y ver­sos?   

Tal vez me coge dema­sia­do tar­de. Si son cosas cor­tas me flu­yen las ideas pero no sé si podré sen­tar­me a reu­nir­las en algo más largo…Lo pen­sa­ré.

Bueno, ter­mi­na­mos aquí este ejer­ci­cio de refle­xión en tiem­pos de  coro­na­vi­rus y pocas cer­te­zas. ¿Qué tal la expe­rien­cia? 

Pues te con­fie­so que ha teni­do un efec­to tera­péu­ti­co y, ade­más, ha sido una de mis mejo­res con­ver­sa­cio­nes con mi hija.

¡Gra­cias por TODO, con mayús­cu­las!

De ver­dad, ha sido un pla­cer. Gra­cias a ti y bue­na suer­te.

@2020 Noe­mi Mar­tín. All right reser­ved

 

 

 

   

 

 

 

“Rialto 11: de libros en estos y otros tiempos”

Lo afir­mo con con­tun­den­cia: aho­ra más que nun­ca nece­si­ta­mos libros don­de escon­der­nos. Libros-refu­gio, libros-cobi­jo, libros-bún­ker. Apa­guen la tele y la radio, des­co­nec­ten el móvil y dirí­jan­se al pri­mer libro que encuen­tren en su estan­te­ría o mesi­lla de noche. Al pri­me­ro, o si no les con­ven­ce, al segun­do.

Toda­vía no entien­do por qué las libre­rías están cerra­das a cal y can­to. Un libro es un pro­duc­to de pri­me­ra nece­si­dad. Y más en estos tiem­pos de ham­bre emo­cio­nal. Si abren los super­mer­ca­dos, ¿por qué no las libre­rías? Solo pido un rati­to, un día o dos a la sema­na. Qui­zá es una locu­ra pero tal vez si nos dedi­cá­ra­mos a comer his­to­rias boni­tas o refle­xio­nes intere­san­tes, no se ago­ta­ría la leva­du­ra para hacer pan y biz­co­chos. Cre­ce­ría­mos de otra for­ma y deja­ría­mos de estar “con­fi­ta­dos” en lugar de con­fi­na­dos, como leí en algún lugar.

Portada de libro Rialto, 11

Por­ta­da libro Rial­to, 11

 

Duran­te estos días, pre­ci­sa­men­te, me he acer­ca­do a un tex­to fan­tás­ti­co que habla de libre­rías con agu­de­za, encan­to, inte­li­gen­cia y sen­ti­do del humor: “Rial­to 11”. Dice Belén Rubiano, libre­ra, crí­ti­ca lite­ra­ria y aho­ra escri­to­ra, que “en una libre­ría te rela­cio­nas con el lado solea­do de la huma­ni­dad. Si leer no hace más feliz, sí nos hace más sen­si­bles, res­pe­tuo­sos y gen­ti­les, que no es poco”.

Rial­to 11 es la direc­ción de la peque­ña libre­ría sevi­lla­na que fun­dó y diri­gió Belén duran­te algu­nos años y es tam­bién una her­mo­sa y sin­ce­ra cró­ni­ca sobre el ofi­cio libre­ro. Pla­ga­da de anéc­do­tas sim­pá­ti­cas y con­fe­sio­nes fan­tás­ti­cas, lo reco­noz­co como uno de esos tex­tos que pro­vo­can envi­dia sana. Al menos a mí. Quién pudie­ra escri­bir tan bien como Belén Rubiano. Me deja­ría cor­tar el dedo meñi­que del pie.

Los años al fren­te de Rial­to 11 se suce­den entre encuen­tros inol­vi­da­bles, cafés con clien­tes y ami­gos, hur­tos de libros, ins­tan­tes lumi­no­sos y muchos apu­ros eco­nó­mi­cos. Y todos con­ta­dos con tan­to deta­lle y a la vez de mane­ra tan sen­ci­lla y fres­ca, que echo de menos pro­fun­da­men­te no haber podi­do visi­tar esa pre­cio­sa libre­ría “de techos altí­si­mos con ele­gan­tes mol­du­ras, vitri­nas con luz y azu­le­jos cata­lo­ga­dos por Patri­mo­nio que no se debían hora­dar aun­que vinie­ra Dios y te lo orde­na­ra él mis­mo y por­que sí”.

Cla­ro que en estos momen­tos los super­mer­ca­dos son impres­cin­di­bles. Fal­ta­ría más. Pero tam­bién nece­si­ta­mos poe­mas y rela­tos que nos envuel­van y nos endul­cen el alma. Pre­ci­sa­mos de cer­te­zas y ver­da­des. Aun­que sean inven­ta­das.

@2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved.