¡La vida actual es un chollo!

Según Rafael Santandreu «hay que dejar de quejarse por estupideces» 

Rafael Santandreu

Foto cortesía de Rafael Santandreu

Rafael Santandreu, psicólogo superventas y hombre libre y auténtico donde los haya, lo tiene claro: «está chupado ser megafeliz en esta sociedad». «Nos basta con tener la comida y la bebida del día», recuerda en sus intervenciones, convencido de lo sencillo que es renunciar a todo.  Mientras prepara su quinto libro, después de los exitosos  «El arte de no amargarse la vida», «Ser feliz en Alaska», «Las gafas de la felicidad» y  «Nada es tan terrible», sigue disfrutando de cada  instante desde la alegría y la diversión. Lo importante -afirma Santandreu con desparpajo- «es saber darle un sentido chulo a las cartas que te reparta la vida en cada momento». Lo que piensen los demás, por cierto, se la trae al pairo.

Leí el otro día una frase del poeta Karmelo Iribarren: «tanto amenazar y asustar y el futuro era esto». Al final nada es tan terrible, ¿no?

Si tú quieres, nada será terrible. Pero si te empeñas, todo puede ser un infierno. Como sólo depende de ti, hay para todos los gustos (o sistema de creencias). Lo esencial es que aprendas que las emociones las produce tu mente con tus ideas, tus creencias. ¿Todavía no te has dado cuenta?

-Hacemos mil cosas para encontrar la paz interior: probamos métodos orientales, leemos libros de autoayuda a mansalva, nos damos baños de agua helada…¿Tan complicado es vivir en esta sociedad con un poco de tranquilidad?

Para nada. ¡Está chupado ser mega feliz en esta sociedad! Es precisamente la creencia ésa de que «es difícil» la que te lo hace difícil. Pero es que es hasta ridículo pensar que esta vida «es difícil». ¡Dios mío! ¿Pero no ves que es un chollo?

-Por cierto, ¿los ingenuos son más felices?

Estar bien de la cabeza y ser feliz no tiene nada que ver con la ingenuidad. Son dos conceptos que ni se tocan. Hay gente ingenua muy infeliz y, al contrario, gente muy perspicaz y profunda, mega feliz (como yo). Por ahí no va la cosa y repito: » la vida actual es un chollo».

-Y siguiendo con el tema: a muchas personas les molesta la gente feliz (o al menos los que no se quejan continuamente de sus problemas). ¿Es mejor ser discreto en esto de la felicidad  para no levantar ampollas?  

Personalmente, toda esa gente me la trae al pairo. Yo intento relacionarme solo con personas guays. Cuando me tropiezo con ese tipo de personas neuróticas, pues nada, paciencia con ellos: pero yo no varío un ápice mi alegría. La verdad es que es un tema que me afecta «cero»

-¿No es demasiado pretencioso intentar ser fuertes contra viento y marea? ¿Igual hay que permitirse un poco de debilidad de vez en cuando para luego volver a la carga?   

Tú misma. Su quieres guardarte una ración de neuras, sufrimiento, rabia, tristeza, vergüenza o ansiedad, eres libre para hacerlo. Yo, como ya sé que todo eso no es necesario, pues me lo ahorro. En mi opinión, la vida es demasiado corta para desperdiciarla con ese «poco de debilidad (neurótica)».

 -Pues a mí me relaja mucho saber que, como leí en alguna de tus obras, «podemos aspirar a tener una salud mental pero no completa. Lo otro es un descalabro»…   

A ver: puntualicemos. Nunca seremos 100% no neuróticos porque los humanos fallamos, pero las neuras se pueden reducir tanto que la vida se convierta en un desfile de alegría prácticamente constante. Para conseguirlo: a) date cuenta profundamente de que «tú» creas tus emociones con «tu» diálogo interno, b) deja de quejarte por estupideces, y c) flipa con lo que te rodea.

 -En las conferencias y cursos relacionados con el desarrollo personal siempre hay más mujeres que hombres. ¿Los hombres están más satisfechos con sus vidas, tienen mejor salud mental o es que pasan más del tema?

Mis datos me dicen que existe más o menos la misma cantidad de neurosis en hombres que en mujeres (aunque varía un poco el tipo). Las mujeres acuden más al médico, buscan más ayuda, lo hablan más, no se sienten mal por ser vulnerables… Solo eso.

-Nos damos demasiada importancia. A veces hasta somos esclavos de lo que piensan los demás de nosotros cuando los demás ni nos piensan. ¿No deberíamos ser un poco más conscientes de nuestra insignificancia?

Sí, jeje. Eso es algo divertido: creemos que somos TAN importantes. Mira, hace como un par de años, me hizo una entrevista Andreu Buenafuente que no salió muy bien. Más bien fatal (se puede ver en youtube). ¡¿Y qué?! Aquí estoy tan pancho en el Pirineo, respondiéndote a estas preguntas, más feliz que una codorniz. Por los cascos escucho «A house in the middle of the street» de Madness y me acuerdo de cuando vivía en Inglaterra y lo flipo yo solo. ¿Qué narices me importan esas cosas: lo que puedan pensar de mí o hacer las cosas siempre bien o cumplir con unos estándares sociales u otros? Yo solo soy un ser humano que no pierde el tiempo en chorradas porque ahí afuera me está esperando la VIDA, el Pirineo, mucha buena música y tantas cosas guays… ¿Para qué carajo querría ser importante? ¿Para qué narices necesito la aprobación de los demás? Los que se quieran divertir compartiendo conmigo la vida, aquí estoy. Los que no, ¿qué narices tienen que ver conmigo? Simplemente, no me interesan.

¿ Y por qué hay tanto odio en las redes sociales? ¿Esto de insultar a destajo es    intolerancia, envidia, aburrimiento, maldad…?    

Un poco de todo eso pero hay que subrayar que casi todo el mundo (el 98%) es maravilloso, capaz de increíbles muestras de generosidad y amor. Incluso de dar su propia vida por los demás. Simplemente, cuando hacemos algo mal es por neurosis, ignorancia de dónde se encuentra la verdadera fuente de felicidad: en el amor. Pero no es nada que no se pueda arreglar dándoles más amor.

-Me preocupan los niños y niñas de hoy en día. ¿Lograrán ser felices en medio de tanto ruido o tendrán más herramientas de las que ha tenido nuestra generación?

No hay ruido inventable por el hombre capaz de impedir a nadie estar increíblemente genial. Así que no hay nada de lo que preocuparse.

 -Por cierto, nos cuentas que «el estado natural del ser humano es el ocio». Eso no se lo diría ningún padre o madre a sus hijos. Gran error, ¿verdad?

Al contrario de lo que se piensa, los padres no tienen tanta influencia en sus hijos. Nuestra filosofía de vida es algo muy personal, conformada por muchas influencias: profesores, amigos, películas, novelas, nuestra propia lógica, etc. Desde niños vamos haciendo un mega-revolutum con todo eso y al final sale un sistema de valores, una visión del mundo única y, muy mayormente, esculpida por nosotros mismos. Así que no hay de lo que preocuparse como padres.

 -Los cementerios de las monjas de clausura están llenos de nonagenarias. Siempre me ha llamado la atención la longevidad de estas señoras…   

Tienen una filosofía de vida mejorable pero mucho mejor que la media de la gente de la calle. Por eso viven tanto y lo que es más importante, son tan felices. Podemos aprender un montón de cosas de ellas.

 -Dices que para hacerse fuertes hay que saber crear paraísos en vertederos. ¿Es posible encontrar la gloria bendita en todo tipo de vertederos? ¿Incluso en los que huelen peor?

Sí porque la diversión, la alegría, el juego… depende de que no te quejes nunca y sepas darle un sentido chulo a las cartas que te reparta la vida en cada momento. Mi amigo Jaume Sanllorente vive en un barrio chabolista de Bombay y es mega feliz. No es tan difícil: abre tu mente.

 -Estamos de acuerdo en que uno de los primeros y mejores «manuales de autoayuda» que se ha escrito son las Meditaciones de Marco Aurelio hace casi dos mil años. Mira que llevamos tiempo aprendiendo a vivir…    

Sí. Era un tipo extremadamente inteligente y, de hecho, es para muchos el mejor gobernante que tuvo el Imperio Romano en todos los siglos de su historia.

 -¿ Y para cuándo el próximo libro de Rafael Santandreu?

Espero que antes de verano de 2020 aparezca mi nuevo libro que será el mejor que he escrito hasta ahora. Estoy en plena redacción del mismo. Igual lo titulo: «Casi Magia: ni te imaginas el poder de tu mente para hacerte feliz»

© 2019 Noemi Martin. All rights reserved

¡ES HORA DE DISOLVER TODAS LAS ANSIEDADES!

Según Curro Cañete, «el optimismo se entrena y desarrolla»
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Fotografía gentileza de Curro Cañete

Fotografía gentileza de Curro Cañete

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Curro Cañete es un hombre mágico. Su segundo libro: «El poder de confiar en ti» está entre los más vendidos del momento en Amazon y Casa del Libro. Curro cree en la magia que se trabaja cada día porque así ha creado el futuro que soñaba y pretende que todos hagamos lo mismo. Si lees sus reflexiones, pensarás que es totalmente posible y que éste no es un libro más de crecimiento personal. Es una obra brillante para releer y subrayar. Titulado en Derecho y Periodismo y Máster en Coaching Personal y Profesional, Curro derrocha sencillez, amabilidad, alegría y optimismo. Es el amigo-guía que todos quisiéramos tener. Su propósito es claro: que cada vez más personas sean felices. Y parece que no es tan complicado si nos enfocamos y, por fin, nos atrevemos a vivir.
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-Dices en tu último libro que para ser feliz es necesario mirar a la vida sin miedo. ¿Crees que el miedo es el principal obstáculo al que nos enfrentamos cada día? ¿Es posible vivir sin miedo en cualquier circunstancia?
El miedo puede ser un impedimento muy grande para que puedas hacer tu vida. Lo mejor es enfrentarse a él con decisión y determinación porque en el momento en que lo haces observas cómo se disuelve mágicamente. Con respecto a la segunda pregunta, vivir con muchísimo menos miedo es posible, pero vivir sin miedo es más complicado. Si lo logras te convertirías en Dios, en Jesucristo o en Buda por lo menos, y pasarías a la historia, jeje.
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-¿La ansiedad es miedo a vivir?
 La ansiedad es miedo a que suceda una fantasía catastrófica que está en nuestra mente o a que se repita algo del pasado que nos hizo sufrir. ¡Es hora de disolver todas las ansiedades!
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-Soy una cobardica que se empeña en ser valiente. ¿cómo lo consigo? ¿Se podría luchar contra una «genética ansiosa o negativa»?
Los genes pueden influir pero jamás tienen la última palabra.  Tu poderosa intención de ser valiente, si es verdadera, te llevará a serlo. Y lo serás. Y recuerda lo que dijo Aristóteles: “Si quieres llegar a ser valiente, actúa como si lo fueras”.
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-¿Por qué casi siempre pensamos que los demás son más afortunados que nosotros?¿Fomentan las redes sociales una «falsa felicidad»?
No siempre pensamos eso. Puedes dejar de compararte con los demás si te lo propones. Y serás mucho más feliz si lo haces. Si nadie está caminando sobre tus zapatos y nadie tiene tu destino, ¿para qué vas a mirar el destino de otros?
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-¿Serenidad o felicidad? ¿Es la primera sólo una parte de la segunda?
Creo que estás en lo cierto: la felicidad es algo más grande, inconmensurable, que efectivamente está por encima de la serenidad y del sufrimiento.
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-¿Se puede superar cualquier experiencia vital por muy dramática que sea?
Cualquier cosa que suceda en la vida, por dramática que sea, podemos enfocarla de un modo que nos haga menos daño. Hay gente que ha superado cosas que parecían muy difíciles de superar. Por ejemplo, Irene Villa está haciendo una vida extraordinaria e incluso perdonó a quienes le habían arrebatado sus piernas. Me consta que es muy muy feliz.
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-Curro, has cambiado de vida varias veces buscando tu camino. De abogado a periodista. De periodista de éxito a «coach» en felicidad y escritor. ¿Qué hacemos cuando hay aspectos de nuestra vida que es imposible cambiar (trabajo, enfermedades, «familiares imposibles») y que nos roban energía? ¿Entra en juego la aceptación?
Para mí no hay nada imposible pero me parece que antes de cambiar algo hay que aceptarlo, sí. Cuando aceptas algo tienes paz y claridad de ideas y desde ahí es mucho más fácil hacer realidad tus nuevos deseos.
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-La generosidad forma parte del camino hacia la felicidad. ¿Cómo podemos ser buenos sin caer en el «buenismo»?
Hay gente que confunde ser generoso con comportarse de una manera tonta. El que se comporta de forma tonta es fácilmente manipulable. El que es generoso es consciente. Decide conscientemente con qué y con quiénes quiere ser generoso. Y hasta dónde.
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-¿ Y por qué nos importa tanto lo que opinen los demás? Tanto como para cerrar la boca o apagar nuestros sueños.
En mis talleres Intensivos, sesiones y con mi libro lo que más he buscado conseguir es una cosa: que la gente se libere del qué dirán. Es posible liberarse. Te lo prometo. Y solo cuando te liberas puedes hacer de verdad tu camino de vida. Y en tu camino de vida está tu felicidad.
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– No tengo claro si el optimista nace o se hace…
El optimismo se entrena y se desarrolla. Hasta la persona más pesimista puede aprender a ser más optimista si se decide a tomarse el trabajo en serio.
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-¿Es más fácil serlo confiando o creyendo en la vida aunque haya cosas que resulten inexplicables?
Efectivamente. Las personas verdaderamente inteligentes son las que confían en ellos y en la vida. Y con eso son felices.
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-Y hablando de todo un poco ¿Se puede ser espiritual sin poner velitas o música new age?
Todos somos seres espirituales pero no todos lo sabemos. Descubrirlo forma parte de uno de los aprendizajes de la vida. Y como tú lleves tu espiritualidad es cosa tuya. ¡Tienes libertad para hacer lo que quieras! ¿No es maravilloso?
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-Absolutamente, aunque hay quien dice que el crecimiento personal es una moda…
Hablar de crecimiento personal es hablar de la vida pues todos estamos en permanente cambio y evolución. El crecimiento personal nació con todas las filosofías y religiones del mundo, así que ha existido toda la vida. Cada película que ves, canción que escuchas y libro que lees esconde dentro crecimiento personal. Y el mayor genio del crecimiento personal fue Jesucristo. Otros grandes genios del crecimiento personal fueron Buda, Sócrates, Aristóteles, Platón, Gandhi… por poner unos cuantos ejemplos. Pero hay muchísimas mentes brillantes que nos han ayudado a crecer.
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-¿Para crear un presente distinto hay que mirar al pasado y limpiarlo de alguna forma, por ejemplo perdonando, o simplemente olvidarlo?
Lo importante es que logres enfocarte en el presente y en lo que quieres crear a partir de ahora. En este sentido hacer las paces con el pasado y liberarnos del rencor nos ayuda muchísimo a lograr más foco.
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Parece que nos han educado para reprimir las emociones. Ahora se habla de «gestionarlas» o simplemente de sentirlas. ¿Qué hacemos con nuestro saco de emociones?
Yo voto por lo que decían los grandes filósofos griegos: cultivar las virtudes. Es decir, voto por cultivar las emociones positivas que tú sientes que te dan fuerza y poder.
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-Después de leer tu libro tengo claro que quiero cambiar. ¿Cómo medimos el tamaño de nuestras metas y sueños sin pasar del cero al imposible?
Creo que la manera de medirlo es con la conciencia. Tienes que llegar a ser consciente de lo que verdaderamente deseas. Así podrás conseguirlo.
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– ¿Al final el secreto es el amor con mayúsculas?   
El amor es una maravilla. Estar enamorado de la vida es lo mejor que le puede suceder a una persona. Por amor estamos aquí y hacia el amor vamos. Tenemos mucha suerte. ¡No pudo nadie inventar un destino mejor!
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© 2019 Noemi Martin. All rights reserved
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Itadakimasu

Hace poco leí que para tener la mente en forma resultaba fantástico aprender tres palabras en otro idioma cada día. Como resulta que quiero llegar a viejecita y seguir disfrutando de la vida, decidí ponerme a ello. La primera palabra que resolví memorizar tiene su intríngulis pero me parece encantadora. Como casi todo lo japonés. Más que un vocablo, itadakimasu es una expresión que no cuenta con un equivalente en español pero que deberíamos adoptar urgentemente para nuestro idioma.  Itadakimasu significa:  gratitud por los alimentos a tomar. Se pronuncia, se siente y se respira. Por un lado, supone agradecer a las personas que han preparado la comida que recibimos y, por otro, es el reconocimiento a los alimentos en sí mismos: a las verduras, a los animales que dieron su carne, a las frutas que saborearemos…

En realidad, Itadakimasu es un ejercicio de conciencia que dura apenas unos segundos pero que nos permite concentrarnos en lo que vamos a hacer: en este caso, comer.  En el noventa y nueve por ciento de las ocasiones, nuestras comidas son de todo menos conscientes. Engullimos delante de la tele o conversando sin prestar atención a lo que nos llevamos a la boca. A veces, si lo hacemos solos, llegamos a contestar correos o consultar el instagram al tiempo que desayunamos o cenamos. Un disparate que choca de frente con un famoso proverbio zen: «Cuando camines, camina. Cuando comas, come». No se trata de abandonar de repente el saludable acto social que supone compartir una comida, simplemente de vivir con un poco de atención. De disfrutar pero desde dentro.

La atención plena o consciente, el mindfulness del que tanto oímos hablar últimamente, debe posarse en cada una de las ramas de nuestra precipitada existencia. Algo tan sencillo como recordar la expresión Itadakimasu cuando miremos nuestro plato, puede ser el comienzo de una nueva forma de comer. Incluso de vivir.

Libro recomendado: Comer atentos. Jan Chozen Bays. 

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Eurovisión, atrévete a soñar

Si el próximo año Eurovisión se celebrase en el Polo Norte, probablemente empezaría a buscar hotel en Longyearbyen este domingo. Una vez que pruebas, no hay marcha atrás. Te lo aseguro. Por suerte, Israel queda más cerca y tiene mejor clima. En 2019, Netta, la cuarta victoria del país en cuarenta años, nos ha traído a Tel Aviv con un lema potente: atrévete a soñar. Dejando a un lado las cuestiones políticas, que no pierden su trascendencia por ello, los eurofans han llegado a Israel desde todo el mundo (hoy conocí a un peruano que venía a apoyar a Rusia) en son de paz. Esta semana en Tel Aviv se habla de música, de amistad, de tolerancia. Ese es el espíritu del Festival desde sus inicios y en ésta: su sesenta y cuatro edición. El que no se lo crea, que venga y lo viva in situ.

Bienvenida en un edificio de Tel Aviv

 

En esta ocasión, como casi siempre, participamos de la fiesta eurovisiva sin opciones a podio. Nos faltan entrenadores y deportistas de  trayectoria contundente.  Es muy difícil aspirar a medalla y más con amateurs. De todos modos, hay que valorar la fuerza,  el color y la alegría que Miki quiere llevar al escenario con «La Venda», una canción que habla de quitarse las máscaras para vivir con autenticidad. Lo que todos necesitamos en esta sociedad confusa. El chico de Terrassa se lo ha currado con las herramientas que tiene para intentar hacer una buena  actuación. Ya veremos si entra en el top diez. Sea como fuere, nos iremos de Israel con la maleta de mano rebosante de nuevas experiencias: visitar la Ciudad Vieja de Jerusalén, Nazaret y el Mar de Galilea es ya una inolvidable consecuencia de esta edición. También conocer la incombustible Tel Aviv, sus cafés, gastronomía, sus playas y su gente amable porque así es, al menos en las distancias que hemos mantenido como huéspedes. Sin conflictos de por medio.             

Playas de Tel Aviv

 

Probablemente, Eurovisión 2020 se celebre en un país más apacible que éste, como Holanda, Suiza o Suecia, algunos de los favoritos. En cualquier caso, el alma brillante de Eurovisión siempre será la misma, vaya donde vaya. Esto, lo prometo, es mucho más de lo que se ve en la pantalla. 

BSO La Venda de Miki Núñez.

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Miedos

Adela tenía ocho años cuando comenzó la colección. Ese día su madre le dijo que no podía ir con su vestido favorito al cumpleaños de Ana. Estaba viejo. ¿Qué iba a decir la gente? Un miedo de color azul brillante, como el del vestido, se coló en su mente: el miedo al qué dirán.

Una mañana de julio, el padre de Adela afirmó rotundo: -si sales tan desabrigada cogerás una bronquitis y acabarás en el hospital. No era la primera vez que don Antonio insistía con este tipo de premoniciones. Así que Adela decidió que su padre tenía razón e hizo suyo el temor a las enfermedades. Era de color verde quirófano.

De su hermano Joaquín, un deportista extremadamente competitivo, Adela heredó el miedo dorado a no ser la mejor en todo lo que se proponía. Y de su tía Mary, viuda desde hacía diez años, copió el miedo gris ratón a la soledad. Adela pensaba que si acogía los miedos de su familia se sentiría más cerca de ellos. Incluso, tomó prestado el terror violeta de su perro Lilo, que había sido recogido en la calle y tenía un extraordinario miedo a que no le quisieran.

Poco a poco, Adela fue creando un enorme y multicolor rebaño de preocupaciones. Miedo que alguien expresaba, miedo que hacía suyo. Y así, crecía cada vez más angustiada mientras su rebaño se convertía en una gigantesca manada desobediente e impredecible. Era como si los temores se comunicaran entre ellos y la visitaran continuamente buscando su ración de vida.

Un día, Adela se sintió totalmente desesperada. Aquella jauría de miedos se había descontrolado y se estaba apoderado de sus días y sus noches. No la dejaba seguir adelante. Así que, por fin, decidió pedir ayuda. Con mucha paciencia, Adela aprendió a dejar de alimentar con pensamientos negativos a su rebaño desbocado. Era una tarea difícil porque había asumido su trabajo concienzudamente durante muchos años. Después de un largo tiempo de esfuerzo y con los miedos ya debilitados, resolvió desprenderse de ellos para siempre. Les dio las gracias por todo lo que le habían mostrado de sí misma, incluida su fuerza y tenacidad, y los acompañó hasta un precipicio imaginario: -Hasta nunca, chicos.

Ligera y feliz, Adela siguió su camino con el corazón atento. No quería volver a vivir con miedo.

BSO Miedo de Pedro Guerra con Lenine.

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De vinos y libros

Yo soy de vinos y libros. Ni cervezas artesanales ni series de éxito. Creo que la última vez que me enganché a una fue a Hospital Central, allá por el año 2000. Confieso sin pudor que no he visto ni un minuto de Juego de Tronos y también que no tengo Netfix. Puede que sea rebeldía vintage o simple ignorancia. Opinen lo que quieran pero es que el tiempo no me da para todo.

A mí me gusta ir de librerías y vinotecas más que de tiendas de ropa y complementos. Ver lo último que ha salido, lo que se está llevando la gente, lo más leído, lo más bebido. Lo clásico, lo de plena actualidad.  Me encanta pasear entre estanterías, descubrir joyas, hojear libros, imaginarme con ellos puestos. Catar tintos…Uno de mis múltiples oficios frustrados es el de librera. Y una librería donde se sirviera vino ya sería el éxtasis.

 

La verdad es que encuentro un enorme paralelismo entre el gusto por el vino y la literatura. Te pueden recomendar libros y caldos y encontrarlos fascinantes o leer dos páginas y parar en seco. O tomar un sorbo y no terminar la copa. También enamorarte de la portada de una obra o del diseño de la etiqueta de una botella, de un título, de un nombre, de una denominación de origen, de un autor…  Al final en ambos casos,  lo que te hace feliz es lo que te toca el corazón y el paladar: lo que está bien hecho que normalmente coincide con lo que está hecho con pasión.  Como en todo.

Otra de mis manías inamovibles es el papel. Quizá no sea la opción más ecológica  pero por el momento no quiero leer en un libro electrónico. Bastantes pantallas tenemos ya a nuestro alrededor. El día que me compre un e-book será el mismo en el que beba vino en un vaso de plástico. A mí así no me sabe. Yo quiero sentarme con mi libro, tocarlo, olerlo, usar mis marcadores y sí, doblar una paginita cuando se tercie, pero con cariño. Y lo mismo con el vino, necesito una copa de verdad, grande y brillante.

Tal vez con el tiempo, empiece a ver series de madrugada con un botellín de cerveza en la mano. O me compre un e-book y me descargue con voracidad las últimas novedades. Quizá en unos años prefiera ir a un centro comercial en lugar de a una librería. Dicen que la existencia es puro cambio pero a día de hoy, 23 de abril de 2019, brindo por los libros con una enorme copa de vino canario. Salud y larga vida para ellos.

(Y mientras, escucho: Feeling Lonely on a Sunday Afternoon Banda Sonora de «La Librería» de Isabel Coixet)

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La Hora del Planeta

El Auditorio de Tenerife apaga sus luces. Lo veo desde la ventana. Son las ocho y media. Enciendo tres velas y me siento en la cama con una libreta y un bolígrafo. Tengo sesenta minutos para escribir este post: es la Hora del Planeta. Durante una hora no hay luz, ni móvil, ni televisión. Todo está en off.

Imagino la vida sin electricidad y en vez de estresarme siento una enorme placidez. Supongo que es momentánea. Reflexiono sobre los cambios tan desproporcionados que se han sucedido en las últimas décadas. Pienso en como era la vida que me han contado mis abuelos y mis padres y como es la mía. Como era la Tierra hace unas pocas décadas y como es ahora. Y siento una increíble pena. La Hora del Planeta no sólo implica apagar la luz durante sesenta minutos una vez al año. Supone hacer un ejercicio real de reflexión para concluir que los seres humanos somos la especie más evolucionada y egoísta que ha posado sus pies sobre este hermoso lugar que habitamos.  Bajo la luz tenue de las velas, el pesimismo me atrapa. Tanto egocentrismo y al final nos estamos suicidando. ¿De verdad necesitamos tanto?

Respiro de nuevo y visualizo a mi madre con su velita y su cuaderno hace sesenta años. Como yo estoy ahora. Sonrío. No estaría mal escaparse una temporada al pasado. Una casa pequeña cerca de la playa, velas, libros, cuadernos y alguna que otra botellita de vino. Y mi chico y mi perra. Sin móvil, sin noticias tristes, sin cosas y sentimientos inútiles. Sirviendo zumos naturales en un chiringuito (es que la cerveza no me gusta). Ciertamente sería muy hedonista  seguir celebrando la Hora del Planeta durante tres o cuatro meses. O el resto de la vida.

Vuelvo al presente. A los plásticos, a la contaminación,  al consumismo atropellado. Al ruido invadiéndolo todo. Como siempre recuerda Papu, uno de mis maestros de meditación, las mejores cosas de la existencia: abrazar, sonreír, bailar…son gratis. Y además no dañan el Planeta.

Acaricio a mi perra que me mira en la penumbra. Ya casi ha pasado una hora. No sé si levantarme para pasar este texto al ordenador o comprarme una caña de pescar y largarme desde ya a mi casita de la playa. ¿Alguien se apunta?

(Escuchando Colores en el viento)

Yo escucho corazones

Yo no escucho a los partidos políticos ni a los sindicatos. Tampoco a los medios de comunicación que informan sesgadamente.  Yo escucho a mi corazón, al de mi madre, al de mi abuela y al de la abuela de mi abuela. Oigo incluso el eco que me llega de más atrás: una larga cadena de mujeres valientes con la voz y el alma secuestradas. Si silencio mis preocupaciones, percibo también el latido del corazón de mis sobrinas y el de todas las niñas que me cruzo por la calle, hasta advierto el de las que aún están en el vientre materno. Y el de las mujeres de África y América, el de las chinas, japonesas o camboyanas, el de las que se encuentran en los campos de refugiados, el de las que sufren violencia y desamparo o el de las que se sienten discriminadas en su trabajo cada día. Millones y millones de corazones  resuenan junto al mío en esta gran orquesta solidaria que hoy sale a la calle. Retumba en todos los poros de mi piel un emocionante sentimiento de unidad con las mujeres y niñas del planeta. Están en mí, colándose en mis venas. Es un día hermoso a pesar de lo que subyace detrás.

Porque hoy reivindicamos lo que nos pertenece por naturaleza: algo tan sencillo como venir a esta Tierra para ser felices y vivir en paz. Y para ello, es necesario que seamos iguales, absolutamente iguales en nuestros derechos. Este viernes sumamos corazones para celebrar todo lo  bueno que vendrá y para intentar romper con nuestro latido potente la cadena de silencio, opresión y miedo que aún rodea los cinco continentes. Aurículas y ventrículos femeninos, ya es hora de recibir sangre nueva.

Al menos durante este 8 de marzo y como punto de partida, miremos más allá de nuestro pequeño espacio y  de nuestros problemas. Y sobre todo, agudicemos el oído: bum, bum, bum, bum… Siéntelos. Están ahí, junto al nuestro, acompasados y profundamente vivos.

Yo no escucho a partidos políticos ni a sindicatos. Yo escucho corazones.

«A las mujeres se les da mejor que a los hombres desarrollar valores humanos como la bondad, la paciencia, el perdón, la generosidad y la tolerancia». Dalái Lama

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¿Cuidamos de Santa Cruz de Tenerife?

Desde hace algunos años tengo un sueño. Me encantaría que mi ciudad, Santa Cruz de Tenerife, se convirtiera en una de las más limpias y sostenibles del planeta. Quizá es una de mis tantas ideas descabelladas pero estoy segura de que no es un imposible. Si Honolulu en Hawái  lo ha conseguido, mi fantástica ciudad y sus habitantes también son capaces.

Cuando paseo por sus calles y barrios los visualizo impolutos como las avenidas de Singapur y Adelaida, donde casi podrías comer sobre la acera. También ideo sistemas para que el aire que respiramos sea tan puro como el de las Montañas Rocosas y diseño mentalmente inmensos y saludables espacios verdes. Hasta tengo preparada una tarima imaginaria para instalarla en el Parque García Sanabria, al estilo de Hyde Park,  para que los transeúntes puedan improvisar discursos a media tarde. Sería genial poder escuchar a nuestros vecinos contar sus propuestas.

Parque García Sanabria

Parque García Sanabria

 

A veces, mientras recorro la Avenida de Anaga,  me descubro planificando el tráfico: más piernas y menos ruedas, amigos. ¿De verdad necesitamos ir al gimnasio en coche para luego hacer una hora de cinta? En otras ocasiones, sobre todo cuando bajo las bolsas de basura,  invento campañas de reciclaje con el anhelo de que lleguemos a ser como San Francisco y sus ciudadanos, los más concienciados del mundo en la separación de residuos. También, ¿cómo no? ingenio fórmulas para convertirnos en una «ciudad slow» donde el consumo mayoritario sea el de productos de cercanía o kilómetro cero y donde nos tomemos la vida más pausadamente.

La campaña que acaba de lanzar el Ayuntamiento de Santa Cruz me gusta. Es sencilla pero clara:  tu ciudad, tu casa. ¿La cuidamos juntos? La conciencia ciudadana es sin duda el arma más potente para conseguir que el lugar que habitamos sea cada día más brillante y más vivo. Además, están las «multas grandes para pequeñas faltas», como hacen en Calgary y con las que estoy absolutamente de acuerdo, pero bueno podríamos empezar por ilusionarnos con mimar nuestro entorno, ¿no?  Es más bonito. Y más poético.

Tenemos la suerte de habitar una ciudad preciosa y hospitalaria dentro de una isla maravillosa. La calidad de vida, el clima y el mar nos acompañan cada día. ¿Qué tal si nos comprometemos un poquito para que vivir y visitar Santa Cruz sea una experiencia aún más hedonista?

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No corras

Esto no es un alegato antirunner, te lo aseguro. Puedes leer el post con total tranquilidad si te gusta trotar por el monte o el asfalto. De hecho, esa es la única forma de correr que defendemos, las demás han quedado obsoletas desde el pasado 1 de enero. El 2019 que proyectamos ha de ser, por fin, un «slow year»: un año para disfrutar de la calma y aprender a respirar como niños de nuevo, para sentarnos un ratito al sol sin hacer nada, para gozar de un libro o de una copa de vino sin mirar el móvil. Un propósito hedonista donde los haya.

Pensarás que hay que cumplir obligaciones, que hay que trabajar, dedicar tiempo a la familia, a la casa, a las rutinas del día a día o incluso a los asuntos que nos apasionan. Por supuesto. Pero, por favor, sin correr como un pollo desquiciado. El famoso refrán «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy» está absolutamente sobrevalorado. Seguro que salvo excepciones, eso que tanto te agobia puedes terminarlo mañana, que el mundo no se va a acabar porque no ordenes el armario o te vayas a cenar con tu pareja en lugar de concluir ese dichoso informe. Y si se acaba, que nos coja descansados.

No te cargues de planes que no te apetece cumplir, no quedes con gente que no te haga feliz, no intentes llegar a donde sabes que no puedes, no vayas agonizando al gimnasio para desestresarte.  Para, piensa un poco, pon límites, no corras. ¿La vida que quieres llevar es esa carrera contrareloj en la que se ha convertido?

Tal vez nos exigimos demasiado. A nosotros y a los que tenemos a nuestro lado. ¿ De verdad los niños necesitan tantas actividades extraescolares? ¿ Y los adultos necesitamos tanta información y tantas cosas superfluas? ¿Es preciso tener todo bajo control? ¿Hace falta ser tan perfectos?  La palabra renuncia también está en el diccionario.

Quizá si no quitas el pie del acelerador  y te detienes para escucharte un instante cada día, el cuerpo te obligue a parar en seco más adelante.  No corras, por favor. Hazte ese regalo.

© 2019 Noemi Martin. All rights reserved.

 

 

 

 

 

 

 

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