«LA VOZ TIENE UN PODER TRASCENDENTE»

PATRICIA FERRO: «ME ATERRA QUE NO HAYA MÚSICA EN LOS COLEGIOS Y QUE LOS NIÑOS NO CANTEN JUNTOS»

Patricia Ferro

Fotografía cedida por Patricia Ferro

Patricia Ferro (1968, Buenos Aires) llegó a España hace dieciocho años con la maleta y el alma llenas de notas musicales. Cantautora, musicoterapeuta pionera y pedagoga vocal, empezó a cantar a los nueve años y se formó, además de en la Universidad del Salvador, con grandes maestros argentinos. Aparte de cantar maravillosamente, Patricia es coach vocal -algunos de sus alumnos son muy conocidos- y ayuda a sanar a través de la voz y la música. «Estoy convencida de que encontrarnos con la voz es un camino de autoconocimiento», repite Patricia con dulzura y contundencia.  A mí, después de hablar con ella, largo y tendido, me queda claro que usar nuestra voz como instrumento nos conecta con nuestra esencia y con la de los otros. Además, fortalece el sistema inmunitario y la memoria y disuelve las diferencias con los demás. En estos tiempos convulsos, toca  abrir la puerta a nuestra voz silenciada.  Cantemos hasta que salga.  Y si es en compañía, mejor.         

Desde el principio e incluso antes de nacer, la voz de nuestra madre cantando nanas nos calma y sana…

Así es. Hay un registro y una huella sonora en todos nosotros que nos acompaña desde nuestra vida prenatal. He trabajado durante mucho tiempo con futuras mamás y sé que el vínculo que se establece entre la voz y el estado anímico de la madre y el bebé es fundamental. Incluso he trabajado con un procedimiento muy específico ayudando a esas madres a crear una nana especial para su futuro hijo. Es preciso darle importancia a ese paisaje sonoro prenatal porque estará con nosotros el resto de nuestra vida y dejará su memoria en nuestra manifestación como seres vibracionales.

Supongo que si ya en el vientre materno nos influye y acuna la voz de nuestra madre, sería saludable mantener ese vínculo cantando en familia. De la misma manera que comemos o compartimos cualquier actividad.      

Sin duda alguna. A veces hay prejuicios estéticos desde el punto de vista académico, pero tengo claro que todos podemos cantar. De hecho, yo le digo a mis alumnos que no les puedo enseñar a cantar porque «ya vienen aprendidos incluso desde antes de nacer». Si hemos aprendido a hablar, sabemos cantar. Lo que yo hago cuando entreno voces, cuando observo amorosamente el producto sonoro de cada ser humano, es facilitar los procesos para que esa voz se expanda aún más pero cantar sabemos cantar todos. Más allá de los cánones variables de lo que es bello o no. En cualquier caso, desde luego que es saludable cantar para, por y con los otros.

Por cierto, ¿repercute la alimentación en la voz?

Sí, claro. Somos un todo: un cuerpo físico, energético, psicoemocional y espiritual. Así que la alimentación puede determinar, en términos fisiológicos, la emisión de la voz. Por ejemplo, si alguien tiene reflujo, tendrá problemas en su voz. Y luego, desde el punto de vista energético, también hay que tener en cuenta como nos nutrimos porque está claro que en los profesionales de la voz, importa tanto el estado fisiológico como el energético y la alimentación obviamente tiene una influencia. Esto que hablamos lo tienen claro otras culturas que ven al ser humano desde un punto de vista más holístico y entienden que la voz es una cuestión energética también. Es el caso del ayurveda que tiene sus especificidades en alimentación para optimizar las funciones del cuerpo físico. Y la voz no deja de ser una función trascendental dentro de nuestro organismo.

Supongo que de la misma manera que afecta la alimentación, en la voz también incidirá el estrés, las emociones…

Desde luego. El trabajo con la voz como modo de autoconocimiento nos ofrece la oportunidad maravillosa y catártica de poder gestionar nuestras emociones. Esa es la razón por la que en muchas ocasiones hay una conexión espiritual a través de los mantras o las oraciones que se ofrecen en voz alta. Por otro lado, y desde un punto de vista psicoemocional, el canto nos permite encontrarnos con el otro desde un lugar no formal. La voz cantada cuenta muchas más cosas que la palabra hablada que suele ser limitada por los condicionamientos sociales. Estoy convencida de que encontrarnos con nuestra voz es un camino de autoconocimiento.

-Parece que ese camino lo han transitado desde tiempos remotos, tribus, chamanes, pueblos, iglesias que además de conectar con ellos mismos han intentado hacerlo con la fuente, la divinidad o como quiera llamarse… 

Así es. La voz tiene un poder trascendente. Por eso me preocupa la producción de música con un tratamiento tan «químico», tan de laboratorio. La voz como manifestación vibracional de un ser humano es una función que manifiesta nuestro ser trascendente, ese que permanece cuando nuestro cuerpo físico no existe. Por eso cuando las personas se reúnen para manifestar su devoción a través de la voz lo que hacen es dar cuenta de su condición humana como seres trascendentes. De ahí la importancia del trabajo con la voz y de cantar con los otros porque, como digo, es recordar que somos humanos pero además, trascendentes.

Pero el canto no solo se ha utilizado en los grupos espirituales, también los ejércitos o los equipos deportivos han cantado en grupo buscando fortaleza y valor.

Sí porque la conexión con el aspecto melódico de la voz tiene una correlación directa con el sistema emocional. Y claro que cuando necesitamos coraje, la voz es un vehículo que manifiesta nuestra esencia trascendente. Es un recordatorio, como ya he dicho, de que somos “maravillosamente humanos y trascendentes”.

-A pesar de su importancia la tenemos bastante olvidada… 

Es que el uso de la voz en ocasiones genera mucho vértigo. La voz puede contar, a través del canto, cosas de nosotros que no nos gusta que se vean o que no se quiere que se escuchen. De hecho, a veces resulta más potente un discurso o una arenga cantada que si es simplemente expresada con palabras.

-Y, ¿qué me dices de la voz de las mujeres silenciada durante siglos?

La voz es una herramienta extraordinaria de manifestación de nuestro ser femenino. Tanto es así que nosotras tenemos una manifestación sonora tan cambiante como nuestro propio ciclo. Las mujeres no tenemos una sola voz, tenemos el privilegio de tener muchas voces. A lo largo del mes pasamos por un abanico sonoro que tenemos que aprender a reconocer y tratar amorosa y delicadamente. Cosa que no se hace. A una cantante se le exige la misma uniformidad que puede tener una voz masculina, cuando nosotras tenemos cambios mensuales en la voz que van aparejados al ciclo de la vida y de los astros. Nuestra voz es coherente y armoniosa con esa forma dinámica que tiene el Universo. Y, por supuesto, también varía con el embarazo, el post parto y la menopausia. Se va adaptando a todo lo que nos acontece.

-Hablando de las cosas que nos acontecen y ahora con esto del coronavirus, he leído que cantar fortalece el sistema inmunológico. 

Absolutamente, porque cuando estamos cantando producimos una enorme cantidad de acciones dentro de nuestro cuerpo desde el punto de vista neurológico, endocrino o linfático. Así, movemos los humores del cuerpo, oxigenamos la función neurológica cerebral y liberamos endorfinas. Y todo eso contribuye claramente al fortalecimiento del sistema inmunitario

-Y para los mayores, cantar debe ser fantástico…  

Sí. Yo he trabajado con abuelitos con alzhéimer o demencia senil durante algún tiempo y lo he comprobado. Resulta que lo último que se pierde en estas personas  es el área de la música y lo que está conectado con la parte  más afectiva que es la melodía. Pueden no recordar palabras o cómo se llama una canción pero sí recuerdan la melodía porque está relacionada con las emociones primarias, con la estructura psíquica de cuando éramos bebés y no teníamos noción intelectual del significado de las palabras pero sí de la entonación. También ocurre a menudo que aunque no retienen lo que acaban de ver o escuchar, recuerdan canciones de cuando eran pequeños. Una cuestión también muy curiosa es que  cuando hay un accidente cerebrovascular  en el que se pierde la palabra, en ocasiones esa misma palabra que no es posible desde el lenguaje hablado sí lo es cuando es cantada. Entonces se utilizan unos procedimientos musicoterapéuticos que se valen de la voz cantada para recuperar el lenguaje hablado. Por eso y por otros muchos motivos, la estimulación a través del canto del sistema cognitivo en la tercera edad es absolutamente benéfico.

-Pues los médicos de la misma manera que nos recomiendan comer bien o hacer deporte deberían prescribirnos cantar y escuchar música. Bueno, a mí  un maestro coreano acupuntor me recetó una canción al día…

Claro porque en las disciplinas orientales no hay una diferencia entre el beneficio del aspecto vibracional del sonido, sobre todo de la voz, del resto de las acciones que ejercemos sobre nuestro organismo para darle salud. Así, por ejemplo, vemos como en  el yoga se cantan mantras con una deliberada intención de incrementar la salud, de restablecer un equilibrio energético que deviene después en una mejora global del cuerpo.

-Bueno, el canto y la música han estado presentes a lo largo del tiempo en las culturas orientales pero también en otras sociedades, ¿verdad?

Cierto, en las culturas tribales o en el conglomerado de la cultura aborigen de cualquier lugar del planeta, el canto ha sido incluso una forma de constituir la identidad de un ser humano. En regiones de  África, la canción dedicada y creada especialmente para un niño de la tribu es su forma de identificarlo antes de ponerle el nombre. Y en Latinoamérica, el canto representa prácticamente todas las instancias de la experiencia vital de un ser humano. Se le canta cuando nace, cuando crece… Se canta en grupo para venerar a la Tierra y a los fenómenos de la naturaleza. Para que llueva, para que acabe la sequía. Y se canta en la despedida, cuando se pasa a la vida no física. El canto y la música están en la vida cotidiana.  El mundo occidental, sin embargo, se ha separado de esa relación entre el canto y la vida porque se ha desconectado  de su ser trascendente.

-¿Cómo es la relación entre el canto y la respiración? ¿Enseñas a respirar para cantar mejor?

Con este tema de la respiración, cada maestro tiene su librito. Yo entiendo que conectar con la respiración, nos conecta con la vida. Y también que no podemos trabajar esa manifestación esencial de la vida que es el canto sin prestarle atención a la respiración. A mí me gusta explorar cual es la relación que cada uno tenemos con la respiración y ver si esa relación favorece el que nuestra voz se expanda o la obstaculiza.  Ya el solo hecho de observarla, puede modificar los patrones respiratorios adquiridos a lo largo del tiempo.

Por cierto, ¿todos podemos aprender a afinar la voz o hay casos imposibles?

Pues mira, después de trabajar varios años en una escuela coral con personas que se denominaban «desafinadas» y a las que habían apartado de los coros porque no afinaban una nota, llegué a la conclusión de que el tema de ser o no ser desafinado constituía una identidad en sí misma. Y a veces es menos doloroso ser desafinado que no ser nada. En ocasiones, gente que estaba muy afincada en su identidad como desafinada se dio cuenta de que somos afinados o desafinados con respecto de un orden que tiene que ver con lo cultural. Y así una persona que es desafinada en el mundo occidental es totalmente afinada cantando microtonos de ragas de la música hindú. En cualquier caso, todo el mundo puede trabajar su afinación, salvo que se sufra de amusia o se tenga sordera profunda.

¿Qué es la amusia?  

Pues es una condición neurológica por la cual no reconoces la música sino como un ruido. No hay posibilidad ninguna de identificar los parámetros de la música tales como ritmo, melodía, armonía… Imagínate no poder registrar una diferencia tímbrica entre una moto y una sinfonía.

-De todos modos, hay quien no afina muy bien ni posee una voz maravillosa pero conquista al público…

Sí, porque cantar va más allá de las estructuras formales de lo que sería el sonido vocal  convencional. Así que te puedes encontrar con alguien con un registro muy acotado, poquita voz y que afina lo justo pero que te conmueve. Y eso porque el canto tiene que ver con esa disposición emocional que es capaz de ser comunicada, con lo que soy y puedo trasladar a otro ser humano.

Y al revés también pasará…   

Claro. Podemos ser totalmente virtuosos en la ejecución pero no necesariamente conmovedores en la comunicación.

Y tú, que eres coach de muchos cantantes, ¿te has encontrado con algún alumno al que le hayas tenido que decir «vete para casa, no te puedo ayudar»?

Nunca porque incluso ante la duda de los que vienen a clase y me preguntan si valen o no, como trabajo la voz desde el  autoconocimiento y el valor que le da cada uno a su expresión, esto no me ocurre. Otra cosa es que todo el mundo pueda ser cantante profesional. Eso es distinto y habrá que trabajar de manera diferente o más intensa si no tienes unas condiciones estupendas de fábrica. Pero mira a Madonna que es la reina del pop sin tener unas características naturales excepcionales. En cualquier caso y al margen de tomar la música como profesión, todos podemos cantar, entrenar la afinación y ser felices cantando.

-Hablando de ser felices, ¿cómo podemos superar un problema a través de la musicoterapia? ¿cómo es una sesión, por ejemplo, en un caso de ansiedad?

La musicoterapia tiene unos procedimientos específicos a desarrollar en las sesiones que tienen que ver con el abordaje «no estético» del fenómeno sonoro. Lo que se trabaja son los aspectos no formales de la palabra, el lenguaje sonoro corporal no verbal. Así, si tu acudes a una sesión de musicoterapia por un proceso de ansiedad o depresión, el musicoterapeuta primero hará un análisis de lo que estás sufriendo y luego utilizará unas fórmulas concretas. Por ejemplo, la improvisación libre con la voz o con instrumentos que, bajo ningún concepto, tendrá una finalidad estética. De todos modos, como en la psicología, hay muchos procedimientos y muchas escuelas y, en cualquier caso, no solo se trabaja con la música sino con el fenómeno sonoro en general:  instrumentos como cuencos, timbales… ya sea tocándolos o recibiendo la influencia de su vibración.

Me queda claro, con todo lo que me cuentas, que la música, de una manera u otra, tiene que estar presente en nuestras vidas.   

Claro, es que es la música y el canto, en particular, forman parte de nuestra identidad como seres humanos. La gente tiene que cantar y además podrá ser feliz cantando.

Y, además de ser feliz, se sentirá más fuerte y conectada a los demás. Lo hemos visto con el «Resistiré» de los últimos tiempos…     

Sí, porque la música y el canto trascienden diferencias y es algo que en este planeta tan convulso es necesario trabajar. Barenboim, por ejemplo, dirige una orquesta mixta de judíos y palestinos, superando diferencias a través de la música. Porque cuando cantas con otro no piensas en la raza, religión, sexo, edad…Cantas con ese otro y te conectas con su cuerpo trascendente. Y, además, cantar, reflexionar sobre nosotros mismos, nos hace más sensible a darnos cuenta de que somos parte de ese todo que denominamos Universo. No algo separado ni superior, sino «parte de».

-Pues debería haber más música en los colegios… 

Sí, a mí me aterra que no haya música en los colegios y que los niños no canten juntos. Todos los niños de cinco, seis, siete y hasta diez años deberían pasar por la experiencia de cantar en coro. Y esto porque es la mejor forma de enseñarle vivencialmente a un niño que puede estar cantando con otros conviviendo armoniosamente. Cuando los niños comienzan a armonizar sus voces, lo que aprenden es que pueden convivir con la diferencia armoniosamente. Y si eso no es la paz, cuéntame qué es. Hasta ese punto es trascendente encontrarse con otros en la voz.

Instagram: @la_patri_ferro

@2020 Noemi Martín. All rights reserved.

La Concepción: mejor imposible

Restaurante La Concepción


Hay lugares, sabores y personas que enamoran. Todo eso lo tiene La Concepción, una de mis cocinas favoritas en Santa Cruz de Tenerife. El rincón donde se ubica este restaurante de alma joven y ligera es, además y en contraste, uno de los de más tradición de la capital isleña: la Calle La Noria junto a la preciosa Iglesia de La Concepción. Dos plantas y una terraza llenas de luz y animación.

Dúo hummus de garbanzos y pimientos del piquillo

Los sabores de La Concepción mantienen vivo el espíritu de La Oliva, su hermana mayor (ahora retirada) que abrió camino hace seis años trayendo a Santa Cruz un nuevo estilo de moverse entre fogones: fresco, innovador, cuidado y absolutamente delicioso. La Concepción combina originales platos vegetarianos con carnes y pescados de calidad. Además ofrece una carta con múltiples opciones sin gluten. Entre ellas, las croquetas gluten free de ibéricos o setas, que se piden por unidades aunque se comerían por bandejas.


Croquetas de ibérico sin gluten

Otro de los puntos fuertes de este espacio gastro, es sin duda, su personal. Porque los restaurantes no solo están hechos de materias primas, texturas y olores sino también de energías, sonrisas y amabilidad. Cuando elijo un sitio para comer no pienso únicamente en lo que me voy a echar a la boca. Casi es más importante, lo que me voy a llevar puesto en el alma. De La Concepción siempre se sale con la alegría en vena. Y no solo por el vino. Que también (la carta es fantástica y siempre te asesoran con absoluto conocimiento de causa). Sino, sobre todo, por la cercanía y cariño con los que se trata al cliente y que luego se traslada al color y la esencia de cada plato.

Arepitas de pulpo con hummus, velo de  ibérico y salsa de remolacha y manzana verde 

Empieza el verano y aunque este vaya a ser bastante diferente a los demás, siempre nos quedará  la frescura del Buddha bowl de quinoa, el sabor festivo del socarrat de calamar sahariano y butifarra, la brisa marinera de las arepitas de pulpo con humus,  el juego de los rotos con sobrasada, langostinos o curry o la contundencia ligera del lomo alto de vaca con salsa provenzal. Calidad y originalidad por doquier.

Lomo alto de vaca con salsa provenzal al limón, papas fritas y pimientos de Padrón

Y para terminar, mejor imposible, un poquito de dulzura. Si, como yo, la quieres gluten free, apunta el arroz con leche de coco, la macetita de la Concepción o la tarta de aguacate y lima: una combinación de sabores que te hará sonreír. Si no, una deliciosa serradura de parchita: para viajar a Portugal con las papilas gustativas mientras disfrutas del encanto de este rinconcito santacrucero.

Tarta de aguacate y lima

Restaurante La Concepción. Calle Antonio Domínguez Alonso, 4. 38003 Santa Cruz de Tenerife. Teléfono 922 27 40 62.

Perfil en IG @laconcepcionsc

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Etéreo

Aunque el término etéreo tiene muchas definiciones, creo que al hablar de este rincón en el corazón de Santa Cruz de Tenerife, hay que utilizar las que se refieren a lo «sutil, sublime o delicado». Incluso las que hablan de algo «perteneciente al cielo». Etéreo by Pedro Nel es un espacio gastronómico donde se respira sensibilidad e ingenio. Pero también amor a la cocina de mercado, a las buenas materias primas y a los sabores cincelados con inteligencia y cariño.

Foto interior del restaurante Étereo
Interior del restaurante Étereo

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En un entorno acogedor, donde se cumplen escrupulosamente las medidas higiénicas que impone el famoso virus, Pedro Nel Restrepo diseña desde finales de 2018, una de las mejores propuestas gastronómicas de la Isla. Originales entrantes fríos y calientes, carnes maduradas y pescados impecablemente cocinados preceden a los postres que cierran con dulzura y deleite una buena comida o cena.

Timbal de aguacate con langostinos y yogurt griego
Timbal de aguacate con langostinos y yogurt griego

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Pedro Nel, chef de origen colombiano y que en otro tiempo lideró los conocidos establecimientos «El Covacho» y «El Covacho de Pedro», ha sabido crear un espacio cosmopolita y multicultural que no renuncia al toque canario en alguno de sus platos. Y todo ello aderezado con buena música ambiental, trato exquisito y una «cuidada sencillez» en donde todo está perfectamente hilvanado. Por supuesto, los celiacos o intolerantes al gluten también tienen su lugar (y su pan, gracias). Y los amantes del vino, ¿cómo no? Con una amplia y fantástica antología de caldos. Como leí en una entrevista reciente al propio Nel, «un buen restaurante es como ir a la mejor obra de teatro que hayas asistido en tu vida, en la cual no encuentras ninguna improvisación».

Solomillo de res con crema de queso majorero
Solomillo de res con crema de queso majorero

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Apropiándome de las palabras de este artista gastronómico, no está de más considerar que disfrutar con calma de una buena selección de platos (sobre todo si hay algo que celebrar: el goce de vivir, por ejemplo) es como acudir al teatro y deleitarse con una obra maravillosa o un concierto inolvidable. El hedonismo y sus etéreos placeres que alguien diría…

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Feliz Día de Canarias

Plaza de San Andrés. La Palma

Hoy toca escuchar a Los Sabandeños. Sí o sí. Desde las siete de la mañana suenan en mi Spotify: palmero sube a la palma, las folías de la libertad y, en bucle, el pasadoble Islas Canarias. Después me pondré a Pedro Guerra, Rosana, Efecto Pasillo, José Vélez, Mestisay, Rogelio Botanz y a unos cuantos más que no se me olvidan. El Día de Canarias es largo. Y espero que luminoso.

Este sábado olía a besos entre papitas arrugadas, mojo verde, gofio y un puchero rico. Pero el coronavirus ha hecho de las suyas. Y aunque aún no podamos tocarnos, usaremos la comida y la tradición como abrazo oceánico entre generaciones. Nos sentaremos lejos pero nos sentiremos cerca compartiendo sabores y olores. Disfrutando de un vino volcánico y de unos higos frescos con un buen queso de cabra. Con cuidado, sin rozarnos las manos, pero con el corazón bailando una folía. Al unísono. Entre sonrisas de agradecimiento y un «no te acerques mucho».

Hoy, treinta de mayo, es el Día de Canarias, un pueblo pequeño pero lleno de grandes historias. Un pueblo luchador, cálido y afectuoso. Acostumbrado a las visitas y ahora triste por cerrar sus ventanas y dejar el alma abierta. Nos gusta que nuestro sol caliente a los que vienen a conocernos y disfrutarnos. Nos encanta que la dulzura de nuestro acento y nuestra gastronomía envuelva a los que se asoman a este trocito azul, verde y dorado. Pero todo se andará. Todo llega aunque lo haga despacito.

En esta jornada les animo a sentir que somos fuertes y únicos. A celebrar que estamos saliendo de la pesadilla y que vendrán Días de Canarias mucho mejores. Pero hoy tenemos este y hay que festejarlo poniendo toda la alegría atlántica que llevamos dentro. Porque si estás vivo,  ya eres afortunado. Tú también. Aunque no vivas en estas Islas que así se llaman.

BSO: Pasadoble Islas Canarias por Los Sabandeños  https://www.youtube.com/watch?v=282xflE6qIg

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Comer para dormir

Portada de libro

Portada del libro «Comer para dormir» de Karman Meyer. Amat Editorial

 

Imagino que durante estos últimos meses, muchos de ustedes habrán tenido problemas de sueño. La preocupación, la falta de ejercicio y una mala dieta son los peores enemigos de la almohada. Precisamente, durante las navidades pasadas, compré este libro después de una larga noche de insomnio: «Comer para dormir», de la dietista-nutricionista Karman Meyer. Sin entrar a desgranar los complejos mecanismos que hacen que algunos alimentos nos relajen y otros contribuyan a que nos sintamos excitados al irnos a la cama y que tienen que ver con el triptófano, la serotonina y los niveles de cortisol o glucemia, apuntaré algunas claves que se exponen en el texto por si les sirven de ayuda.

Lo primero que podemos hacer si tenemos problemas para descansar, es evitar tomar por la noche: cafeína, chocolate negro o alcohol. También alimentos con mucho picante, ácidos o demasiado ricos en grasas no saludables. La idea es que la cena nos deje saciados pero no sea demasiado copiosa, sobre todo si nos acostamos temprano. Si te apetece una copa de vino después de que se vaya el sol, hazlo con la cena o al menos tres o cuatro horas antes de irte a la cama.

Por el contrario y para mantener una buena higiene del sueño, puedes comer a lo largo de la jornada algunos de estos alimentos tan saludables: almendras (muy ricas en magnesio), aguacate, plátano (de Canarias, por supuesto), arroz integral, melón cantalupo, anacardos, coliflor, apio, fresas, garbanzos, cerezas, dátiles, higos, boniatos, semillas de girasol, avena, pasta integral o nueces. Además, Meyer también recomienda proteínas como el pavo, tofu, quinoa, huevos, sardinas, salmón, queso o yogurt, entre otras.

El libro ofrece un montón de recetas deliciosas e ideas de refrigerio nocturno (requesón con cerezas, por ejemplo) para esas noches en las que no podemos dormir porque tenemos un «agujerito» en la tripa o nos levantamos ansiosos a las tres de la mañana. Mi abuela decía que en esos casos, lo mejor era darnos media vuelta y no abrir la nevera porque si lo hacíamos una vez, nuestro cuerpo nos despertaría cada noche como un gato histérico pidiendo comida. Pero son solo opiniones…

Además de una buena nutrición, para mejorar el sueño y, por tanto, la salud,  Meyer nos aconseja fervientemente: ejercicio, hidratación, meditación, escritura, lectura y aromaterapia. También, mantener fresca la habitación mientras se duerme (fuera los kilos de mantas) y apagar los dispositivos móviles, una hora antes de irse a la cama.

En resumen: presta atención a lo que comes. Si es rico, fantástico. Si es saludable, aún mejor. Y si te ayuda a descansar, es la bomba. Toma nota y nos cuentas.

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«Si siembras amor y ternura, algo te será devuelto»

Tino Martín:  «Siempre estamos a tiempo de modificar nuestras creencias»

Tino Martin

Tino Martín

 

«Puedes aprender a mirar tu vida como si se tratase de tu novia: sonríele, háblale, escúchala, compréndela, atiéndela, ámala…», dice convencido nuestro entrevistado. Nunca es tarde. Tino Martín es maestro, psicólogo y pedagogo jubilado de la vida laboral pero no de la virtual. Sus más de cuatro mil quinientos seguidores en Twitter (@tinomarting) dan fe de que su trabajo diario continúa. Tino ha puesto empeño en crecer y reinventarse. En poner alegría al día a día con las frases y reflexiones que comparte en las redes. Y es, además de un luchador nato, un hombre bueno, sensible y generoso. Lo digo sin temor a equivocarme porque le conozco muy bien. Es mi padre. Sorprendido por mi interés en entrevistarle, insiste en que antes de empezar nuestra conversación deje claro su punto de vista al respecto: «accedo a la petición con una condición: que mis opiniones no modifiquen en absoluto tu forma de entender y vivir la vida».

¿Cómo estás pasando el confinamiento? ¿Qué es lo que más has echado de menos? 

Pues con preocupación por la tragedia sanitaria, económica y social que sufre el mundo pero esperanzado con la idea de que tengamos la capacidad de reponernos y volver a la senda de la normalidad en un tiempo razonable. Lo que más he echado de menos es, sin duda, la presencia de mis tres nietos.

Vivir estos momentos en el campo no tiene precio…

Afortunadamente, el confinamiento me cogió en mi segunda residencia que definitivamente se ha convertido en la habitual. Es un privilegio siempre y más en estos tiempos difíciles, tener la naturaleza a tu disposición.

En ese refugio tinerfeño en el que transcurren tus días, tienes tus huertas «eco», tus gallinas «felices», tu espacio de tranquilidad y aire puro pero también estás conectado al mundo a través de las redes sociales (Twitter)… 

Para mí es el equilibrio perfecto. Todo esto: la naturaleza y sentir desde aquí la cercanía de los demás, me aporta sosiego y paz interior. ¿Qué más puedo pedir?

Creo que cuentas con más de cuatro mil quinientos seguidores en todos los rincones del planeta.

Desde luego no en todos los rincones pero estoy muy satisfecho con los que tengo porque sus aportaciones y su presencia -aunque sea en la distancia- contribuyen a mi bienestar. Y si alguno de mis tweets puede ayudar a alguien de alguna manera, pues doblemente feliz.

¿ Y cómo se te ocurrió entrar en este mundo virtual? 

¿Has olvidado que fuiste tú quien me inició? Es algo que nunca te agradeceré suficientemente.

Es verdad… Ahora que lo dices, fue una gran idea porque me consta que tus frases de ánimo y consejos han puesto un poquito de luz a los días grises de muchas personas… 

No lo sé con certeza pero estoy convencido de algo: si siembras amor y ternura, algo te será devuelto. Esa idea me mantiene activo en Twitter  desde hace más de ocho años y es una interacción enormemente gratificante con un grupito de muy buena gente. Ejercemos de psicólogos mutuamente.

Pues parece una opción fantástica para mucha gente que se jubila y quiere mantener la cabeza y el alma activos. 

Sí, creo que lo es. Yo también era de ese amplio grupo que pensaba que las nuevas tecnologías de la comunicación eran para nuestros hijos y nietos. Pero, afortunadamente, siempre estamos a tiempo de modificar nuestras creencias. De ajustarnos a los tiempos.

Te ha sentado bien esa «modernización» porque te veo en una forma estupenda. Cada vez más…

¿Tú lo crees así? La verdad es que me encuentro bien y eso ya es mucho. Desde hace tiempo pienso  que más que otra cosa, para la última etapa de tu vida «debes ahorrar salud». Y la salud es algo que te tienes que trabajar día a día, acompañado o solo pero haciendo camino siempre.

Y mentalmente, ¿cómo te cuidas?   

Pues mira, la salud mental y la física están íntimamente conectadas. Cuando te sientes físicamente bien, también estarás bien a nivel mental. Y estar bien a nivel mental, te empuja a cuidar tu salud física. Por tanto, no hay ningún secreto. Tan solo, ocuparte de ambas por igual y no pensar que con machacarte en el gimnasio está todo resuelto. Lo digo por los más jóvenes, sobre todo.

Por cierto, ¿se puede aprender a vivir con optimismo?

En la vida se puede casi todo. Así que también puedes aprender a mirar tu vida como si se tratase de tu novia: sonríele, háblale, escúchala, compréndela, atiéndela, ámala…

Y, ¿cómo se mantiene la alegría en estos «días raros»? 

No es nada sencillo sobre todo para quienes han perdido o se encuentran en riesgo de perder a un ser querido. También para quienes no tienen trabajo. En cualquier caso, creo que la alegría es consecuencia de una labor bien hecha, sobre todo. Por tanto, si estás satisfecho o satisfecha de como estás haciendo las cosas, seguro que te encuentras muy cerca de la alegría.

Vayamos más atrás de estos días. ¿Qué le dirías al oído al Tino de hace cuarenta años?

Primero le daría un buen tirón de orejas y, luego, le repetiría durante un tiempo: «la vida no se bebe en un sorbo»; «el trabajo no puede agotar tu tiempo»; «aprende a pensar rápido y a decidir despacio» y «aprende a decir no cuando esa debe ser la respuesta». Y, por último, también le diría: «ama y déjate amar».

Ese Tino, como su hermano y sus cinco hermanas, se dedicaba a enseñar y vivía rodeado de niños y niñas, ¿qué aprendiste tú de los más pequeños?

Muchísimas cosas pero, sobre todo, que la curiosidad y el interés por lo que te rodea es una gran fuente de luz y aprendizaje para cada uno de los días de tu vida. También, que si pierdes la capacidad de sorprenderte a ti mismo, empiezas a morir un poco.

Y volviendo al presente, ¿cómo crees que seremos después de este huracán demoledor? ¿Volveremos a ser los de antes o mejores personas, como dicen algunos?

Pienso que ni una cosa ni la otra. Me explico: van a cambiar bastantes cosas en la manera de entender la vida y de vivirla desde el punto de vista económico y social. En cuanto a si seremos mejores, te diré que los buenos ya son mejores. Y los que no son tan buenos, no van a cambiar de manera significativa, desgraciadamente. Esto al menos, a corto y medio plazo.

Un sueño para cuando volvamos a la «normalidad de verdad»…

Me gustaría ver que todo este dolor ha servido para algo bueno, algo que me haga sentir que los sueños de otros muchos  no fueron fallidos o estériles.

Mirando al futuro, ¿qué cosas te quedan por vivir?

Disfrutar y ver crecer como abuelo lo que «por las prisas de llegar», no pude ver ni disfrutar a plenitud como padre.  Esto sobre todo y, por lo demás, vivir agradecido y expectante el discurrir del tiempo que me quede, sintiéndome útil y querido por los míos, especialmente. Como me he sentido siempre.

¿Y no has pensado en escribir un libro con tus vivencias, pensamientos y versos?   

Tal vez me coge demasiado tarde. Si son cosas cortas me fluyen las ideas pero no sé si podré sentarme a reunirlas en algo más largo…Lo pensaré.

Bueno, terminamos aquí este ejercicio de reflexión en tiempos de  coronavirus y pocas certezas. ¿Qué tal la experiencia? 

Pues te confieso que ha tenido un efecto terapéutico y, además, ha sido una de mis mejores conversaciones con mi hija.

¡Gracias por TODO, con mayúsculas!

De verdad, ha sido un placer. Gracias a ti y buena suerte.

@2020 Noemi Martín. All right reserved

 

 

 

   

 

 

 

«Rialto 11: de libros en estos y otros tiempos»

Lo afirmo con contundencia: ahora más que nunca necesitamos libros donde escondernos. Libros-refugio, libros-cobijo, libros-búnker. Apaguen la tele y la radio, desconecten el móvil y diríjanse al primer libro que encuentren en su estantería o mesilla de noche. Al primero, o si no les convence, al segundo.

Todavía no entiendo por qué las librerías están cerradas a cal y canto. Un libro es un producto de primera necesidad. Y más en estos tiempos de hambre emocional. Si abren los supermercados, ¿por qué no las librerías? Solo pido un ratito, un día o dos a la semana. Quizá es una locura pero tal vez si nos dedicáramos a comer historias bonitas o reflexiones interesantes, no se agotaría la levadura para hacer pan y bizcochos. Creceríamos de otra forma y dejaríamos de estar «confitados» en lugar de confinados, como leí en algún lugar.

Portada de libro Rialto, 11

Portada libro Rialto, 11

 

Durante estos días, precisamente, me he acercado a un texto fantástico que habla de librerías con agudeza, encanto, inteligencia y sentido del humor: «Rialto 11». Dice Belén Rubiano, librera, crítica literaria y ahora escritora, que «en una librería te relacionas con el lado soleado de la humanidad. Si leer no hace más feliz, sí nos hace más sensibles, respetuosos y gentiles, que no es poco».

Rialto 11 es la dirección de la pequeña librería sevillana que fundó y dirigió Belén durante algunos años y es también una hermosa y sincera crónica sobre el oficio librero. Plagada de anécdotas simpáticas y confesiones fantásticas, lo reconozco como uno de esos textos que provocan envidia sana. Al menos a mí. Quién pudiera escribir tan bien como Belén Rubiano. Me dejaría cortar el dedo meñique del pie.

Los años al frente de Rialto 11 se suceden entre encuentros inolvidables, cafés con clientes y amigos, hurtos de libros, instantes luminosos y muchos apuros económicos. Y todos contados con tanto detalle y a la vez de manera tan sencilla y fresca, que echo de menos profundamente no haber podido visitar esa preciosa librería «de techos altísimos con elegantes molduras, vitrinas con luz y azulejos catalogados por Patrimonio que no se debían horadar aunque viniera Dios y te lo ordenara él mismo y porque sí».

Claro que en estos momentos los supermercados son imprescindibles. Faltaría más. Pero también necesitamos poemas y relatos que nos envuelvan y nos endulcen el alma. Precisamos de certezas y verdades. Aunque sean inventadas.

@2020 Noemi Martín. All rights reserved.

El señor Origami

Pensaba estos días que cuando volvamos a salir a la calle después del confinamiento, lo haremos a la japonesa: inclinando la cabeza cuando nos encontremos y seguramente con más revolturas internas de las que aparentamos.

Una de estas tardes nostálgicas, he vuelto a releer una pequeña pero bellísima novela que hace unos meses me dejó un gusto dulce y suave. Pasear por sus páginas es algo así como comerse un mochi, esos pastelitos de arroz glutinoso que tanto me gustaron cuando visité Japón. Un mochi y un té calentito y reconfortante.

portada de libro

Portada del libro «El señor Origami»

 

El Señor Origami cuenta la historia de Kurogiku, un joven de veinte años que se enamora de una desconocida y deja su país para encontrarla. Cuarenta años después, vive en La Toscana dedicado al washi, el papel artesanal japonés con el que se practica el origami: el delicado arte de plegar. «Las reglas del origami son sencillas. Lo mismo ocurre con las reglas del universo, contenidas todas en unas pocas leyes. Que nadie hasta ahora ha podido unificar. Pero están ahí. Existen. Vemos y sentimos todos sus efectos pero no tenemos acceso a sus fórmulas».

Jean-Marc Ceci, italiano y belga, ha escrito una novela de silencio y respuestas, de pausas y tiempo. «Todo lo bello tiene su lado oscuro…Busca en los orígenes…No podemos comprender hacia donde vamos si no sabemos de dónde venimos». Kurogiku conversa y comparte preciosas reflexiones con Casparo, un joven relojero que llega a su vida para obligarle a mirar hacia los pliegues de su pasado. Para ayudarle a verbalizar sus pensamientos callados.

El Señor Origami es un cuento lleno de sabiduría y  magia. Un momento de hermosa serenidad en medio del caos que nos acompaña. «-¿De quien es esa gata? -De quien se ocupe de ella. Casparo sonríe. Elsa tiene razón. Tal vez ocurre lo mismo con los hombres. Tal vez los seres y las cosas son de quien se ocupe de ellos».

El Señor Origami.  Jean-Marc Ceci. Seix Barral.

@2020 Noemi Martín. All rights reserved.

«Las fuentes del silencio»

En estos días inciertos, he tenido la suerte de poder viajar lejos de la España de la  COVID-19. Mi espectacular máquina del tiempo con forma de libro no me ha puesto trabas administrativas de ningún tipo. Así que, en un abrir y cerrar de páginas, he volado hasta el Madrid de los años cincuenta. A priori, la España de posguerra no es un destino demasiado atractivo para una escapada lúdica en estos tiempos. Sin embargo, «Las fuentes del silencio», me ha permitido poner un verdadero «off» al intenso ruido exterior que nos acompaña.

Portada del libro Las Fuentes del Silencio

Las fuentes del silencio. De Ruta Sepetys

 

Ruta Sepetys, conocidísima autora estadounidense, se documentó durante ocho años para construir mucho más que una delicada historia de amor en medio del miedo y la memoria histórica. El destino de Daniel, un joven americano que aspira a convertirse en fotoperiodista, se cruza en el Hotel Castellana Hilton con el de Ana, camarera de piso del establecimiento.  Dos extremos de un mismo planeta: una familia adinerada de Texas que llega a España para hacer negocios con el Caudillo y otra que malvive en un desvencijado cuartucho de Vallecas.

Alrededor de las miradas claras de la juventud, se construye un guión potente plagado de huecos oscuros e intrigantes. «Las fuentes del silencio» está escrita con sencillez y profundidad, con mimo y realismo y, sobre todo, con una dulzura desgarradora. La narración -que pone en su lugar a la dignidad y valentía de los que sufrieron la pobreza y el terror de la dictadura-   crece a cada página y sorprende con giros inesperados e ingeniosos. Además, los personajes están perfectamente dibujados de manera que es posible visualizar la trama y todos sus protagonistas con total nitidez.

Aunque este singular viaje a «Madrid 1957» pueda impresionar con más intensidad a los lectores extranjeros de Sepetys (sus obras se han traducido a más de cuarenta idiomas) por el desconocimiento de los entresijos de la dictadura española, resulta una genial oportunidad literaria para acercarnos a la memoria reciente de nuestro país. Sobre todo para los que, por suerte, nacieron en democracia.

PD: Ana y Daniel, gracias por acompañarme en esta aventura tan auténtica. Os echaré de menos.

Las Fuentes del Silencio por Ruta Sepetys.

Maeva Ediciones

© 2020 Noemi Martín. All rights reserved

«Si no puedes salir, ve hacia adentro»

Ignacio Novo: «Nada hace más falta que alguien entero en un mundo roto»

Fotografía cedida por Ignacio Novo

Fotografía cedida por Ignacio Novo

 

Ignacio Novo Bueno (1962) es periodista, escritor, locutor de radio y conferenciante. Ha desarrollado su carrera profesional en diferentes medios de comunicación y sus cuentas en las principales redes sociales suman medio millón de seguidores en todo el mundo. «Frases para cambiar vidas» es un referente en Twitter, Instagram y Facebook para todos aquellos que buscan una señal que alumbre el camino: conclusiones brillantes que nos guían entre la bruma desde hace más de diez años. En estos momentos, más que nunca, Novo sigue al pie de su torre luminosa.  Porque una frase puede cambiar el rumbo de una vida o al menos calentar un corazón confinado.       

Has dicho que lo difícil estos días no es quedarse en casa sino quedarse sin miedo…

Y decía más: que lo difícil, en realidad, es quedarse sonriendo, elevando el ánimo al resto, tranquilizando a la familia y manteniendo la cabeza erguida; ejerciendo de faro en el que todo el que te rodea encuentre una pizca de luz en mitad de tanta oscuridad. Y decía también que esa es una tarea que aquel que posea la fuerza y la voluntad, debería de hacer en este momento. Nada hace más falta que alguien entero en un mundo roto.

¿Quizá nos ayude conectar más con nosotros mismos y menos con el exterior?

Una de mis máximas favoritas en estos días es la que dice: “Si no puedes salir, ve hacia dentro.” Creo que resume bastante bien lo que ocurre. Estamos confinados, bien, pues convirtamos eso en una oportunidad para conocernos mejor, para profundizar en aquello que experimentamos y en aquello que sentimos y comprender así de qué manera esta crisis nos está cambiando, porque sin duda lo está haciendo.

Hay personas a las que una frase les ha transformado la vida. Seguro que te lo han dicho muchas veces.

Si yo te contara… Parece increíble cómo un simple y modesto mensaje puede llegar a cambiar la vida de una persona de una forma tan radical. Me ha pasado varias veces que alguien me comenta que aquello que escribí en un momento determinado, le hizo cambiar el rumbo de su vida por completo. Y lo cierto es que intimida un poco. Aunque también tengo claro que nunca es lo que yo escribo, sino lo que el lector quiere y desea interpretar y que los mensajes que han de llegarte no te los encuentras: eres tú quien los va buscando.

Cuando empezaste en redes sociales con frases motivadoras en el  año 2009, no había ese boom de psicología positiva que hay ahora, ¿cómo se te ocurrió comenzar a repartir optimismo y superación?

Siempre sentí inclinación natural por esta manera de enfocar las cosas. Incluso cuando debatía con quienes no creen que encarar la vida de un modo positivo fuera útil, recuerdo que siempre les decía que jamás nadie había perdido la vista por mirar el lado bueno de las cosas… al menos que yo supiera. Una actitud positiva provoca una reacción en cadena. Se trata de un catalizador, una chispa que crea resultados extraordinarios a cambio de un mínimo “gasto”.

¿Eres consciente de la cantidad de gente a la que has podido ayudar? Te habrán pasado muchas cosas bonitas…

Sí, ya antes me he referido a las veces que alguien te escribe para agradecerte que uno de tus pensamientos fuese el que le diera el coraje suficiente para tomar una decisión que no se atrevía a tomar o que estaba dilatando en exceso. Creo que todos tenemos muy claro qué es lo mejor o lo peor para nuestras vidas. Nos podemos autoengañar pero en el fondo sabemos muy bien cuándo alguien nos conviene o no o cuándo un trabajo es el adecuado o cuándo debemos volar a otra parte y quizá empezar otra vida. Lo sabemos, pero no siempre somos capaces de verbalizarlo. Y así, cuando de pronto lees ese mensaje, que es exactamente lo que no podías explicar, se produce una especie de revelación. En este caso tú simplemente has ejercido de mero transmisor o de intérprete de un sentimiento reprimido.

Y luego están los que piensan que todo esto son pamplinas.

Muchos. Y respeto su opinión. Faltaría más. Pero yo digo siempre que, si el hecho de leer frases positivas de motivación y superación te ayuda a encarar la vida, y aunque solo fuera el día, con un poco más de alegría, o contribuye a darte fuerza para intentar alcanzar algún reto o levantarte el ánimo alicaído por alguna desgracia, ya es suficiente. Hay gente, y mucha, que toma a diario pastillas para conseguir el mismo o parecido efecto y al menos las palabras no tienen tantos efectos secundarios.

Los optimistas como tú, también tendrán sus días negros. Supongo…  

Obvio, pero lo bueno es que mis “días negros” no pasan de grises. Mi actitud rebaja siempre un grado la gravedad de todo lo que me ocurre.

¿Y  días en los que te apetece no decir nada y dejar las redes de lado?

Ahí soy bastante metódico. Estaré más o menos inspirado, que eso ocurre, pero me propongo escribir todos los días pase lo que pase. Es ejercicio, mental, pero ejercicio al fin, y todos los días hay que cuidar cuerpo, mente y alma. Por igual.

Por cierto, ¿se puede aprender a ser optimista?

No parece difícil. Decía el escritor Robert M. Sherfield que los optimistas encuentran alegría en las cosas pequeñas. Están más preocupados por tener muchas pequeñas alegrías en lugar de tener una gran alegría. Y ahí está la clave. Si estamos en espera del gran acontecimiento capaz de cambiar nuestras vidas de una vez y para siempre y transportarnos a una suerte de paraíso de felicidad extrema, con probabilidad nos decepcionaremos. Si somos capaces de disfrutar del sabor de un café, de una conversación relajada con un amigo, de una vista preciosa, de una película, una escapada, y tantas y tantas cosas más que la vida nos regala a diario, seríamos mucho más felices.

Además de los que reparten amor y ánimo, como tú, están los que diseminan odio en las redes sociales. ¿Será por aburrimiento, por maldad, por hacerse los graciosos?

El anonimato en las redes sociales ha generado un montón de “valientes” que evidencian que en el mundo online se tiende a ser menos amable y más ofensivo. Estar como anónimo te da muchas ventajas, puedes decir lo que te dé la gana y no lo asocian a tu persona. Al troll no le importa lo que dice, tampoco las reacciones que pueda provocar, simplemente lo hace para que la gente lo siga, condición que lo hace sentir bien. ¿Un consejo? Jamás respondas. Contestar es alimentar una hiena. Querrá más pedazos de “carne” que deglutir.

¿Recuerdas la frase o frases que hayan tenido más éxito?

Una de las últimas y que trataba de liberar a la gente de las obligaciones que nos autoimponemos sin venir a cuento y que, a veces, sobre todo por el qué dirán, somos incapaces de negar.

Que quede claro:

Está bien cancelar un compromiso.

Está bien no contestar esa llamada.

Está bien cambiar de opinión.

Está bien querer estar solo.

Está bien tomarse un día libre.

Está bien no hacer nada.

Está bien hablar.

Está bien dejar ir.

No te sientas culpable.

¿OK?

Pero quizá en ocasiones sea mejor el silencio que intentar decir algo…

Ya lo decía Chesterton: “El silencio es la réplica más aguda.”

He leído que este virus aparte de ser la pandemia terrible que estamos sufriendo,  es una oportunidad para parar, mirarnos y reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestras vidas…    

Nunca es deseable un drama así. En absoluto. No deberíamos llegar a tener un mejor conocimiento de nosotros mismos de una forma tan abrupta y obligados por un confinamiento “inhumano” como este, pero ya que estamos tratemos de salir más preparados. Hace poco, perdón por la autocita, decía: “Si después de esta pandemia no somos mejores personas, más solidarios, más compasivos, más empáticos, más competentes, más comprometidos, más generosos, más fuertes… habremos desaprovechado una oportunidad única y todo este miedo, todo este dolor y sufrimiento, toda esta angustia y desesperación, habrán sido en vano.”

Por cierto, me encantó otra afirmación que leía en tus redes sociales hace unas semanas: “las epidemias pueden evitar que nos abracemos pero no que permanezcamos unidos”.

Desde luego. Unidos; resistimos. Divididos; caemos.

¿Qué otra frase nos regalarías para cerrar estas líneas con esperanza?

Una del escritor japonés Haruki Murakami: «…y una vez que la tormenta termine, no recordarás como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. De eso trata esta tormenta».

Twitter: @Ignacionovo

Instagram: @frasesparacambiar

Facebook: frases para cambiar vidas (grupo de Ignacio Novo)

© 2020 Noemi Martín. All rights reserved

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