El señor Origami

Pen­sa­ba estos días que cuan­do vol­va­mos a salir a la calle des­pués del con­fi­na­mien­to, lo hare­mos a la japo­ne­sa: incli­nan­do la cabe­za cuan­do nos encon­tre­mos y segu­ra­men­te con más revol­tu­ras inter­nas de las que apa­ren­ta­mos.

Una de estas tar­des nos­tál­gi­cas, he vuel­to a releer una peque­ña pero bellí­si­ma nove­la que hace unos meses me dejó un gus­to dul­ce y sua­ve. Pasear por sus pági­nas es algo así como comer­se un mochi, esos pas­te­li­tos de arroz glu­ti­no­so que tan­to me gus­ta­ron cuan­do visi­té Japón. Un mochi y un té calen­ti­to y recon­for­tan­te.

portada de libro

Por­ta­da del libro “El señor Ori­ga­mi”

 

El Señor Ori­ga­mi cuen­ta la his­to­ria de Kuro­gi­ku, un joven de vein­te años que se ena­mo­ra de una des­co­no­ci­da y deja su país para encon­trar­la. Cua­ren­ta años des­pués, vive en La Tos­ca­na dedi­ca­do al washi, el papel arte­sa­nal japo­nés con el que se prac­ti­ca el ori­ga­mi: el deli­ca­do arte de ple­gar. «Las reglas del ori­ga­mi son sen­ci­llas. Lo mis­mo ocu­rre con las reglas del uni­ver­so, con­te­ni­das todas en unas pocas leyes. Que nadie has­ta aho­ra ha podi­do uni­fi­car. Pero están ahí. Exis­ten. Vemos y sen­ti­mos todos sus efec­tos pero no tene­mos acce­so a sus fór­mu­las».

Jean-Marc Ceci, ita­liano y bel­ga, ha escri­to una nove­la de silen­cio y res­pues­tas, de pau­sas y tiem­po. «Todo lo bello tie­ne su lado oscuro…Busca en los orígenes…No pode­mos com­pren­der hacia don­de vamos si no sabe­mos de dón­de veni­mos». Kuro­gi­ku con­ver­sa y com­par­te pre­cio­sas refle­xio­nes con Cas­pa­ro, un joven relo­je­ro que lle­ga a su vida para obli­gar­le a mirar hacia los plie­gues de su pasa­do. Para ayu­dar­le a ver­ba­li­zar sus pen­sa­mien­tos calla­dos.

El Señor Ori­ga­mi es un cuen­to lleno de sabi­du­ría y  magia. Un momen­to de her­mo­sa sere­ni­dad en medio del caos que nos acom­pa­ña. «-¿De quien es esa gata? ‑De quien se ocu­pe de ella. Cas­pa­ro son­ríe. Elsa tie­ne razón. Tal vez ocu­rre lo mis­mo con los hom­bres. Tal vez los seres y las cosas son de quien se ocu­pe de ellos».

El Señor Ori­ga­mi.  Jean-Marc Ceci. Seix Barral.

@2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved.

“Las fuentes del silencio”

En estos días incier­tos, he teni­do la suer­te de poder via­jar lejos de la Espa­ña de la  COVID-19. Mi espec­ta­cu­lar máqui­na del tiem­po con for­ma de libro no me ha pues­to tra­bas admi­nis­tra­ti­vas de nin­gún tipo. Así que, en un abrir y cerrar de pági­nas, he vola­do has­ta el Madrid de los años cin­cuen­ta. A prio­ri, la Espa­ña de pos­gue­rra no es un des­tino dema­sia­do atrac­ti­vo para una esca­pa­da lúdi­ca en estos tiem­pos. Sin embar­go, “Las fuen­tes del silen­cio”, me ha per­mi­ti­do poner un ver­da­de­ro “off” al inten­so rui­do exte­rior que nos acom­pa­ña.

Portada del libro Las Fuentes del Silencio

Las fuen­tes del silen­cio. De Ruta Sepetys

 

Ruta Sepetys, cono­ci­dí­si­ma auto­ra esta­dou­ni­den­se, se docu­men­tó duran­te ocho años para cons­truir mucho más que una deli­ca­da his­to­ria de amor en medio del mie­do y la memo­ria his­tó­ri­ca. El des­tino de Daniel, un joven ame­ri­cano que aspi­ra a con­ver­tir­se en foto­pe­rio­dis­ta, se cru­za en el Hotel Cas­te­lla­na Hil­ton con el de Ana, cama­re­ra de piso del esta­ble­ci­mien­to.  Dos extre­mos de un mis­mo pla­ne­ta: una fami­lia adi­ne­ra­da de Texas que lle­ga a Espa­ña para hacer nego­cios con el Cau­di­llo y otra que mal­vi­ve en un des­ven­ci­ja­do cuar­tu­cho de Valle­cas.

Alre­de­dor de las mira­das cla­ras de la juven­tud, se cons­tru­ye un guión poten­te pla­ga­do de hue­cos oscu­ros e intri­gan­tes. “Las fuen­tes del silen­cio” está escri­ta con sen­ci­llez y pro­fun­di­dad, con mimo y rea­lis­mo y, sobre todo, con una dul­zu­ra des­ga­rra­do­ra. La narra­ción ‑que pone en su lugar a la dig­ni­dad y valen­tía de los que sufrie­ron la pobre­za y el terror de la dic­ta­du­ra–   cre­ce a cada pági­na y sor­pren­de con giros ines­pe­ra­dos e inge­nio­sos. Ade­más, los per­so­na­jes están per­fec­ta­men­te dibu­ja­dos de mane­ra que es posi­ble visua­li­zar la tra­ma y todos sus pro­ta­go­nis­tas con total niti­dez.

Aun­que este sin­gu­lar via­je a “Madrid 1957” pue­da impre­sio­nar con más inten­si­dad a los lec­to­res extran­je­ros de Sepetys (sus obras se han tra­du­ci­do a más de cua­ren­ta idio­mas) por el des­co­no­ci­mien­to de los entre­si­jos de la dic­ta­du­ra espa­ño­la, resul­ta una genial opor­tu­ni­dad lite­ra­ria para acer­car­nos a la memo­ria recien­te de nues­tro país. Sobre todo para los que, por suer­te, nacie­ron en demo­cra­cia.

PD: Ana y Daniel, gra­cias por acom­pa­ñar­me en esta aven­tu­ra tan autén­ti­ca. Os echa­ré de menos.

Las Fuen­tes del Silen­cio por Ruta Sepetys.

Mae­va Edi­cio­nes

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“Si no puedes salir, ve hacia adentro”

Ignacio Novo: “Nada hace más falta que alguien entero en un mundo roto”

Fotografía cedida por Ignacio Novo

Foto­gra­fía cedi­da por Igna­cio Novo

 

Igna­cio Novo Bueno (1962) es perio­dis­ta, escri­tor, locu­tor de radio y con­fe­ren­cian­te. Ha desa­rro­lla­do su carre­ra pro­fe­sio­nal en dife­ren­tes medios de comu­ni­ca­ción y sus cuen­tas en las prin­ci­pa­les redes socia­les suman medio millón de segui­do­res en todo el mun­do. “Fra­ses para cam­biar vidas” es un refe­ren­te en Twit­ter, Ins­ta­gram y Face­book para todos aque­llos que bus­can una señal que alum­bre el camino: con­clu­sio­nes bri­llan­tes que nos guían entre la bru­ma des­de hace más de diez años. En estos momen­tos, más que nun­ca, Novo sigue al pie de su torre lumi­no­sa.  Por­que una fra­se pue­de cam­biar el rum­bo de una vida o al menos calen­tar un cora­zón con­fi­na­do.       

Has dicho que lo difí­cil estos días no es que­dar­se en casa sino que­dar­se sin mie­do…

Y decía más: que lo difí­cil, en reali­dad, es que­dar­se son­rien­do, ele­van­do el áni­mo al res­to, tran­qui­li­zan­do a la fami­lia y man­te­nien­do la cabe­za ergui­da; ejer­cien­do de faro en el que todo el que te rodea encuen­tre una piz­ca de luz en mitad de tan­ta oscu­ri­dad. Y decía tam­bién que esa es una tarea que aquel que posea la fuer­za y la volun­tad, debe­ría de hacer en este momen­to. Nada hace más fal­ta que alguien ente­ro en un mun­do roto.

¿Qui­zá nos ayu­de conec­tar más con noso­tros mis­mos y menos con el exte­rior?

Una de mis máxi­mas favo­ri­tas en estos días es la que dice: “Si no pue­des salir, ve hacia den­tro.” Creo que resu­me bas­tan­te bien lo que ocu­rre. Esta­mos con­fi­na­dos, bien, pues con­vir­ta­mos eso en una opor­tu­ni­dad para cono­cer­nos mejor, para pro­fun­di­zar en aque­llo que expe­ri­men­ta­mos y en aque­llo que sen­ti­mos y com­pren­der así de qué mane­ra esta cri­sis nos está cam­bian­do, por­que sin duda lo está hacien­do.

Hay per­so­nas a las que una fra­se les ha trans­for­ma­do la vida. Segu­ro que te lo han dicho muchas veces.

Si yo te con­ta­ra… Pare­ce increí­ble cómo un sim­ple y modes­to men­sa­je pue­de lle­gar a cam­biar la vida de una per­so­na de una for­ma tan radi­cal. Me ha pasa­do varias veces que alguien me comen­ta que aque­llo que escri­bí en un momen­to deter­mi­na­do, le hizo cam­biar el rum­bo de su vida por com­ple­to. Y lo cier­to es que inti­mi­da un poco. Aun­que tam­bién ten­go cla­ro que nun­ca es lo que yo escri­bo, sino lo que el lec­tor quie­re y desea inter­pre­tar y que los men­sa­jes que han de lle­gar­te no te los encuen­tras: eres tú quien los va bus­can­do.

Cuan­do empe­zas­te en redes socia­les con fra­ses moti­va­do­ras en el  año 2009, no había ese boom de psi­co­lo­gía posi­ti­va que hay aho­ra, ¿cómo se te ocu­rrió comen­zar a repar­tir opti­mis­mo y supera­ción?

Siem­pre sen­tí incli­na­ción natu­ral por esta mane­ra de enfo­car las cosas. Inclu­so cuan­do deba­tía con quie­nes no creen que enca­rar la vida de un modo posi­ti­vo fue­ra útil, recuer­do que siem­pre les decía que jamás nadie había per­di­do la vis­ta por mirar el lado bueno de las cosas… al menos que yo supie­ra. Una acti­tud posi­ti­va pro­vo­ca una reac­ción en cade­na. Se tra­ta de un cata­li­za­dor, una chis­pa que crea resul­ta­dos extra­or­di­na­rios a cam­bio de un míni­mo “gas­to”.

¿Eres cons­cien­te de la can­ti­dad de gen­te a la que has podi­do ayu­dar? Te habrán pasa­do muchas cosas boni­tas…

Sí, ya antes me he refe­ri­do a las veces que alguien te escri­be para agra­de­cer­te que uno de tus pen­sa­mien­tos fue­se el que le die­ra el cora­je sufi­cien­te para tomar una deci­sión que no se atre­vía a tomar o que esta­ba dila­tan­do en exce­so. Creo que todos tene­mos muy cla­ro qué es lo mejor o lo peor para nues­tras vidas. Nos pode­mos auto­en­ga­ñar pero en el fon­do sabe­mos muy bien cuán­do alguien nos con­vie­ne o no o cuán­do un tra­ba­jo es el ade­cua­do o cuán­do debe­mos volar a otra par­te y qui­zá empe­zar otra vida. Lo sabe­mos, pero no siem­pre somos capa­ces de ver­ba­li­zar­lo. Y así, cuan­do de pron­to lees ese men­sa­je, que es exac­ta­men­te lo que no podías expli­car, se pro­du­ce una espe­cie de reve­la­ción. En este caso tú sim­ple­men­te has ejer­ci­do de mero trans­mi­sor o de intér­pre­te de un sen­ti­mien­to repri­mi­do.

Y lue­go están los que pien­san que todo esto son pam­pli­nas.

Muchos. Y res­pe­to su opi­nión. Fal­ta­ría más. Pero yo digo siem­pre que, si el hecho de leer fra­ses posi­ti­vas de moti­va­ción y supera­ción te ayu­da a enca­rar la vida, y aun­que solo fue­ra el día, con un poco más de ale­gría, o con­tri­bu­ye a dar­te fuer­za para inten­tar alcan­zar algún reto o levan­tar­te el áni­mo ali­caí­do por algu­na des­gra­cia, ya es sufi­cien­te. Hay gen­te, y mucha, que toma a dia­rio pas­ti­llas para con­se­guir el mis­mo o pare­ci­do efec­to y al menos las pala­bras no tie­nen tan­tos efec­tos secun­da­rios.

Los opti­mis­tas como tú, tam­bién ten­drán sus días negros. Supon­go…  

Obvio, pero lo bueno es que mis “días negros” no pasan de gri­ses. Mi acti­tud reba­ja siem­pre un gra­do la gra­ve­dad de todo lo que me ocu­rre.

¿Y  días en los que te ape­te­ce no decir nada y dejar las redes de lado?

Ahí soy bas­tan­te metó­di­co. Esta­ré más o menos ins­pi­ra­do, que eso ocu­rre, pero me pro­pon­go escri­bir todos los días pase lo que pase. Es ejer­ci­cio, men­tal, pero ejer­ci­cio al fin, y todos los días hay que cui­dar cuer­po, men­te y alma. Por igual.

Por cier­to, ¿se pue­de apren­der a ser opti­mis­ta?

No pare­ce difí­cil. Decía el escri­tor Robert M. Sher­field que los opti­mis­tas encuen­tran ale­gría en las cosas peque­ñas. Están más preo­cu­pa­dos por tener muchas peque­ñas ale­grías en lugar de tener una gran ale­gría. Y ahí está la cla­ve. Si esta­mos en espe­ra del gran acon­te­ci­mien­to capaz de cam­biar nues­tras vidas de una vez y para siem­pre y trans­por­tar­nos a una suer­te de paraí­so de feli­ci­dad extre­ma, con pro­ba­bi­li­dad nos decep­cio­na­re­mos. Si somos capa­ces de dis­fru­tar del sabor de un café, de una con­ver­sa­ción rela­ja­da con un ami­go, de una vis­ta pre­cio­sa, de una pelí­cu­la, una esca­pa­da, y tan­tas y tan­tas cosas más que la vida nos rega­la a dia­rio, sería­mos mucho más feli­ces.

Ade­más de los que repar­ten amor y áni­mo, como tú, están los que dise­mi­nan odio en las redes socia­les. ¿Será por abu­rri­mien­to, por mal­dad, por hacer­se los gra­cio­sos?

El ano­ni­ma­to en las redes socia­les ha gene­ra­do un mon­tón de “valien­tes” que evi­den­cian que en el mun­do onli­ne se tien­de a ser menos ama­ble y más ofen­si­vo. Estar como anó­ni­mo te da muchas ven­ta­jas, pue­des decir lo que te dé la gana y no lo aso­cian a tu per­so­na. Al troll no le impor­ta lo que dice, tam­po­co las reac­cio­nes que pue­da pro­vo­car, sim­ple­men­te lo hace para que la gen­te lo siga, con­di­ción que lo hace sen­tir bien. ¿Un con­se­jo? Jamás res­pon­das. Con­tes­tar es ali­men­tar una hie­na. Que­rrá más peda­zos de “car­ne” que deglu­tir.

¿Recuer­das la fra­se o fra­ses que hayan teni­do más éxi­to?

Una de las últi­mas y que tra­ta­ba de libe­rar a la gen­te de las obli­ga­cio­nes que nos auto­im­po­ne­mos sin venir a cuen­to y que, a veces, sobre todo por el qué dirán, somos inca­pa­ces de negar.

Que que­de cla­ro:

Está bien can­ce­lar un com­pro­mi­so.

Está bien no con­tes­tar esa lla­ma­da.

Está bien cam­biar de opi­nión.

Está bien que­rer estar solo.

Está bien tomar­se un día libre.

Está bien no hacer nada.

Está bien hablar.

Está bien dejar ir.

No te sien­tas cul­pa­ble.

¿OK?

Pero qui­zá en oca­sio­nes sea mejor el silen­cio que inten­tar decir algo…

Ya lo decía Ches­ter­ton: “El silen­cio es la répli­ca más agu­da.”

He leí­do que este virus apar­te de ser la pan­de­mia terri­ble que esta­mos sufrien­do,  es una opor­tu­ni­dad para parar, mirar­nos y refle­xio­nar sobre lo que esta­mos hacien­do con nues­tras vidas…    

Nun­ca es desea­ble un dra­ma así. En abso­lu­to. No debe­ría­mos lle­gar a tener un mejor cono­ci­mien­to de noso­tros mis­mos de una for­ma tan abrup­ta y obli­ga­dos por un con­fi­na­mien­to “inhu­mano” como este, pero ya que esta­mos tra­te­mos de salir más pre­pa­ra­dos. Hace poco, per­dón por la auto­ci­ta, decía: “Si des­pués de esta pan­de­mia no somos mejo­res per­so­nas, más soli­da­rios, más com­pa­si­vos, más empá­ti­cos, más com­pe­ten­tes, más com­pro­me­ti­dos, más gene­ro­sos, más fuer­tes… habre­mos des­apro­ve­cha­do una opor­tu­ni­dad úni­ca y todo este mie­do, todo este dolor y sufri­mien­to, toda esta angus­tia y deses­pe­ra­ción, habrán sido en vano.”

Por cier­to, me encan­tó otra afir­ma­ción que leía en tus redes socia­les hace unas sema­nas: “las epi­de­mias pue­den evi­tar que nos abra­ce­mos pero no que per­ma­nez­ca­mos uni­dos”.

Des­de lue­go. Uni­dos; resis­ti­mos. Divi­di­dos; cae­mos.

¿Qué otra fra­se nos rega­la­rías para cerrar estas líneas con espe­ran­za?

Una del escri­tor japo­nés Haru­ki Mura­ka­mi: «…y una vez que la tor­men­ta ter­mi­ne, no recor­da­rás como lo logras­te, como sobre­vi­vis­te. Ni siquie­ra esta­rás segu­ro de que la tor­men­ta ha ter­mi­na­do real­men­te. Pero una cosa sí es segu­ra, cuan­do sal­gas de esa tor­men­ta, no serás la mis­ma per­so­na que entró en ella. De eso tra­ta esta tor­men­ta».

Twit­ter: @Ignacionovo

Ins­ta­gram: @frasesparacambiar

Face­book: fra­ses para cam­biar vidas (gru­po de Igna­cio Novo)

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OJALÁ ESTE SUFRIMIENTO NOS AYUDE A EMPATIZAR CON EL DOLOR DE LOS OTROS

Rodolfo Serrano: “Es triste que las redes se conviertan en maquinarias de odio, desinformación y mentira”.

Fotografía gentileza de Rodolfo Serrano

Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Rodol­fo Serrano

 

Rodolfo Serrano (1947), periodista durante más de veinte años en El País, es además, escritor y poeta. Diez libros en el mercado y dos reputados premios: el Giménez Abad a la mejor crónica parlamentaria (2003) y el Mesonero Romanos de Periodismo (2008) confirman su  acertada y poética visión de este momento histórico. Rodolfo es, además, el padre de uno de los cantautores más importantes de este país: Ismael Serrano. Precisamente para él ha escrito versos que se han convertido en fantásticas canciones. Honesto, sencillo, abierto y amigo de sus amigos, Rodolfo Serrano confiesa que a sus años “todo es una pregunta sin respuesta”. Hoy, sin embargo, encuentra respuestas sobresalientes para todas nuestras preguntas.                  

¿Y cómo pasa un hom­bre tan socia­ble estos días de “reco­gi­mien­to”?

Con pacien­cia. Y echan­do de menos a los nie­tos, los hijos, los ami­gos… y los bares.

Tal vez mata más len­ta­men­te el virus del mie­do  que el coro­na­vi­rus. Y al pri­me­ro pare­ce que nadie le pres­ta aten­ción.…

Des­de lue­go. El virus del mie­do, el de la inso­li­da­ri­dad, el del egoís­mo… son los virus a los que no hace­mos caso. Aho­ra debe­ría­mos pen­sar en quie­nes sufren y huyen por gue­rras, por ham­bre, y les cerra­mos las puer­tas. Ese virus mata las almas, la con­cien­cia de ser humano.

Por cier­to, como perio­dis­ta ‑por­que eso se es siem­pre aun­que uno se reti­re- ¿nos reco­mien­da ver las noti­cias estos días o es mejor hacer un cier­to ayuno infor­ma­ti­vo?  

Soy inca­paz de huir de las noti­cias. Pero, por salud men­tal, habría que hacer­lo. No entien­do que nos estén repi­tien­do macha­co­na­men­te los mis­mos datos que solo sir­ven en muchos casos para asus­tar a la gen­te. No estoy de acuer­do con esos espe­cia­les infor­ma­ti­vos con ter­tu­lia­nos que no saben de nada y crean un cli­ma asfi­xian­te.

Hablan­do de comu­ni­ca­ción, ¿qué le pare­ce esta  suer­te de “liber­tad de pren­sa  sin límites” que han otor­ga­do las redes socia­les?

Algo incon­tro­la­ble con lo que hay que inten­tar con­vi­vir. Es tris­te que las redes se con­vier­tan en maqui­na­rias de odio, des­in­for­ma­ción y men­ti­ra.

 Y ade­más, malos tiem­pos para el perio­dis­mo

Malos. Tuve la suer­te de vivir la edad de oro del perio­dis­mo. Hoy sien­to decep­ción y tris­te­za al ver en qué se ha con­ver­ti­do el ejer­ci­cio del perio­dis­mo.

Hay quién dice que en épo­ca de cri­sis, aflo­ra la crea­ti­vi­dad. ¿Ha escri­to algún ver­so duran­te estas jor­na­das?

Alguno he escri­to. Pero no creas: yo tam­bién creo que la crea­ti­vi­dad, como a las musas, hay que espe­rar­la tra­ba­jan­do.

Padre de un médico, un perio­dis­ta y un can­tau­tor. No se pue­de estar más en la ola…

 Sí. En estos días estoy preo­cu­pa­do por el médi­co que está en pri­me­ra línea de com­ba­te.

Pre­ci­sa­men­te en estas jor­na­das casi aplau­den más a Pablo, médico de fami­lia en el Ser­vi­cio Madri­le­ño de Salud, que a Ismael…    

Me pare­ce bien que aplau­da­mos, si eso les ani­ma. Y, ade­más es jus­to aplau­dir a sani­ta­rios, poli­cía, bom­be­ros, lim­pia­do­ras, tra­ba­ja­do­res del trans­por­te… tan­tos. Pero yo  aplau­do a mis nie­tos y a todos los niños ence­rra­dos en casa sin saber por qué. Y aguan­tan. Ellos tam­bién son héroes.

En cual­quier caso, el más cono­ci­do de sus hijos es el can­tau­tor Ismael Serrano. ¿Cómo se  lle­va ser el padre del artis­ta? ¿Eso de escri­bir algu­na de las letras de sus can­cio­nes le ha moti­va­do a sacar a la luz su alma de poe­ta?

Algo me ha ayu­da­do, cla­ro. Y me sien­to orgu­llo­so y feliz cada vez que escu­cho algu­na de esas can­cio­nes. Y me admi­ra que se pue­da hacer belle­za musi­cal con cua­tro ver­sos. Mis otros dos hijos tam­bién han escri­to para Ismael.

Por cier­to, ¿le con­ta­ba usted muchas veces “esa his­to­ria tan boni­ta de gen­dar­mes y fas­cis­tas y estu­dian­tes con fle­qui­llo”? (en refe­ren­cia a la can­ción: Papá cuén­ta­me otra vez).

No tan­to. ¿Ves? Esa es una letra de Daniel, escri­ta con iro­nía. Les con­tá­ba­mos cosas, cla­ro, pero no tan­to. En mi casa hemos pre­ten­di­do man­te­ner viva la memo­ria.

Y hablan­do de letras de can­cio­nes, estos días me ha veni­do recu­rren­te­men­te a la cabe­za una que escri­bió hace algún tiem­po: “Fue terri­ble aquel año”.…

Sí. Es ver­dad, no lo había pen­sa­do. Es una her­mo­sa can­ción basa­da en un poe­ma mío. Vie­ne al pelo, sí.

Al hilo de lo ante­rior, ¿qué  sica escu­cha duran­te este encie­rro?

Siem­pre escu­cho tan­go, a El Pola­co Goye­ne­che, sobre todo. Y a Ismael, cla­ro. A mis ami­gos can­tau­to­res… Inter­net está lleno de músi­cos que nos ayu­dan a sobre­lle­var estos días.

En estos tiem­pos de mie­do, ¿los recuer­dos (como dice un poe­ma suyo) o la ima­gi­na­ción opti­mis­ta?

Ambas cosas. Los recuer­dos no tie­nen por qué ser tris­tes. Todo es recuer­do. El futu­ro no exis­te, ni el pre­sen­te que, ense­gui­da, es pasa­do, recuer­do.

Quizá todo esto nos haga más empáticos, soli­da­rios  y gene­ro­sos…¿Confía en el ser humano?

No ten­go mas reme­dio que con­fiar en el ser humano. Y oja­lá este sufri­mien­to nos ayu­de a empa­ti­zar con el dolor de los otros y cam­biar nues­tra acti­tud hacia el que vie­ne a noso­tros bus­can­do refu­gio o amor.

Tal vez aho­ra más que nun­ca, haya que apren­der a vivir en la incer­ti­dum­bre…  

Cuan­do se tie­nen los años que yo ten­go, te das cuen­ta de que todo es incer­ti­dum­bre. Todo es una pre­gun­ta sin res­pues­ta. Y sí, tie­nes que apren­der a vivir con ello.

¿Segui­rá escri­bien­do ver­sos de amor y melan­colía? ¿Para cuándo un próximo libro?

Pues ten­dría que haber sali­do aho­ra. Pero en estos tiem­pos los edi­to­res, sobre todo los de poe­sía que sue­len ser peque­ños, bas­tan­te tie­nen con sobre­vi­vir. Por cier­to aho­ra es el momen­to de ayu­dar­les com­pran­do sus libros on line.

Y si nos rega­la algún poe­ma de los suyos para cerrar con un poco de…¿ale­gría? ¿espe­ran­za?…    

Ahí va uno de mi pró­xi­mo libro: “Un Cadi­llac de Segun­da Mano” y que publi­ca­rá Huerga&Fierro:

“Un encuen­tro”

Nos encon­tra­mos des­pués de tan­tos años.

Tú tan gua­pa y yo en los mis­mos bares.

Te acom­pa­ña una joven. Dices: Es mi hija.

Tie­ne tu mis­ma cara. Esa son­ri­sa

bur­lo­na con que siem­pre me tra­tas­te.

Sus ojos son tus ojos. Y adi­vino

el mis­mo cora­zón. Esos lati­dos

capa­ces de arras­trar­me has­ta el infierno.

Me hablas de las cosas que se hablan

cuan­do todo está dicho y no hay res­pues­tas.

Ella nos mira segu­ra­men­te pre­gun­tán­do­se

si algu­na vez fui­mos jóve­nes o siem­pre

hemos teni­do esta tris­te­za

de esta­ción sin via­je­ros y sin tre­nes.

Ella no dice nada. Solo mira

impa­cien­te el reloj

mien­tras le cru­za

por la cara ese ges­to tan tuyo de fas­ti­dio.

Te mar­chas, pro­me­tien­do una lla­ma­da

que sé que nun­ca harás.

Vuel­ves de pron­to la cabe­za: ¿Sabes?

den­tro de poco cum­pli­rá los vein­te.

Y qué casua­li­dad. Casi los mis­mos años

que se han cum­pli­do ya de nues­tra hui­da

al hotel nun­ca olvi­da­do de Lis­boa.

 

Sigue a Rodol­fo Serrano en Twit­ter: @rodolfoserranor

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“NO EXISTE UN MAPA ÚNICO DEL PLACER”

MIRIAM AL ADIB MENDIRI: “Oler, tocar, desear, palpitar, mezclar fluidos… nada de esto lo da un succionador”

 

Fotografía cedida por Miriam Al Adib Mendiri

Foto­gra­fía cedi­da por Miriam Al Adib Men­di­ri

Miriam Al Adib Mendiri es ginecóloga, obstetra y profesora de un Máster de Sexología. Excelente comunicadora y autora del ya famoso libro “Hablemos de vaginas”, divulga temas de salud femenina desde una perspectiva biosocial y de género. La doctora Al Adib tiene, además, una historia personal que explica su visión global de la salud  y su espíritu crítico y respetuoso a partes iguales: es hija de un médico sirio que llegó a España en los años sesenta y se quedó para siempre en nuestro país después de conocer a su esposa y estudiar la carrera en Sevilla. Sencilla, directa y cercana, Miriam nos da, en esta entrevista, las claves para entender algunas cuestiones de salud y sexualidad femenina. Hablamos de mucho más que vaginas, con la doctora Al Adib.      

 

-Aun­que todas las espe­cia­li­da­des médi­cas lo exi­gen, supon­go que la gine­co­lo­gía requie­re una mayor empa­tía y cari­ño a la hora de tra­tar a la pacien­te…

Bueno, creo que esto es nece­sa­rio en todas las áreas de la medi­ci­na asis­ten­cial. Quien acu­de a un médi­co es per­so­na antes que pacien­te,

-Por­que a veces la cura­ción comien­za en las pala­bras del médi­co, ¿no?

Nos comu­ni­ca­mos a tra­vés de las pala­bras y del len­gua­je no ver­bal. La comu­ni­ca­ción ver­bal y no ver­bal son muy impor­tan­tes ya que pue­den ayu­dar a ali­viar el sufri­mien­to o todo lo con­tra­rio, ampli­fi­car­lo. Se pue­de hacer daño tan­to si fal­ta­mos al rigor cien­tí­fi­co como si fal­ta­mos al tra­to humano. Cien­cia y huma­nis­mo han de ir de la mano.

-Por cier­to, ¿no nece­si­ta­ría­mos pasar más tiem­po en la con­sul­ta? En oca­sio­nes sen­ti­mos que la visi­ta es de cro­nó­me­tro…

La car­ga asis­ten­cial es un pro­ble­ma impor­tan­te que difi­cul­ta mucho esa comu­ni­ca­ción, evi­den­te­men­te.

-Tal vez no haría fal­ta pre­gun­tar tan­to si cono­cié­ra­mos mejor nues­tra ana­to­mía y sus ciclos ¿ver­dad?

Pues sí. La mayo­ría de las urgen­cias sobre salud sexual no son ver­da­de­ras urgen­cias, por lo que evi­den­te­men­te hay mucho des­co­no­ci­mien­to.

¿Ten­dría­mos que cui­dar más de noso­tras mis­mas y recu­pe­rar la sabi­du­ría del cuer­po aun­que haya quie­nes pre­fie­ran una pas­ti­lli­ta para todo?

Bueno, para gus­tos los colo­res. Lo que está cla­ro es que cada cual deci­de sobre su cuer­po y cómo quie­re enfo­car su salud. Este es el inalie­na­ble prin­ci­pio de auto­no­mía. Hay quie­nes no quie­ren tomar esta res­pon­sa­bi­li­dad y lo res­pe­to. Como pro­fe­sio­na­les debe­mos infor­mar, lue­go hay gen­te que quie­re tomar sus deci­sio­nes y otra gen­te que pre­fie­re tomar una acti­tud pasi­va y no deci­dir nada ni cui­dar­se. Por eso la medi­ci­na es todo un arte. Somos seres bio­psi­co­so­cia­les y lo que le vale a una per­so­na pue­de que no sea igual para otra aun­que ten­ga lo mis­mo.

-Me cons­ta que crees que hay que rom­per un axio­ma, el de que “a mayor inter­ven­ción médi­ca, mejo­res resul­ta­dos”.

Sí. Esto es refle­jo del mito del pro­gre­so que se ins­ta­ló des­de la Ilus­tra­ción. Esa fe cie­ga en el avan­ce téc­ni­co­cien­tí­fi­co da lugar a esa creen­cia de que cuan­ta más medi­ci­na mejor. Y tan malo es no tener asis­ten­cia médi­ca como tener exce­si­va. En los paí­ses desa­rro­lla­dos la medi­ca­li­za­ción de la vida es un hecho y no apor­ta una mejo­ra en la vida de las per­so­nas sino todo lo con­tra­rio.

-¿Hay muchos intere­ses eco­nó­mi­cos en la som­bra de nues­tra salud?

Por supues­to. La cien­cia debe­ría ser neu­tral. Pero no siem­pre es así. Hay muchos intere­ses detrás. Lo que no intere­sa eco­nó­mi­ca­men­te ape­nas se estu­dia. Lo que intere­sa se estu­dia mucho pero lue­go está la mani­pu­la­ción, los ses­gos y las medias ver­da­des. Lo que pasa es que este es un tema incó­mo­do y no sole­mos hablar­lo mucho… En esta era de la infor­ma­ción hay mucha más des­in­for­ma­ción que otra cosa. Hace fal­ta más filo­so­fía de la cien­cia y más hones­ti­dad inte­lec­tual.

-Y hablan­do de som­bras, ¿por qué sigue habien­do oscu­ran­tis­mo con pro­ce­sos como la regla o asco con cues­tio­nes tan natu­ra­les como nues­tros flui­dos o nues­tro vello?

Los masi­vos medios audio­vi­sua­les impo­nen este­reo­ti­pos de belle­za y no se con­for­man con el 90–60-90. Tam­bién los este­reo­ti­pos han lle­ga­do a nues­tros geni­ta­les. La cul­tu­ra del porno ha hecho mucho daño. Cada vez más ado­les­cen­tes lle­gan a las con­sul­tas dicien­do que tie­nen mal sus geni­ta­les por­que creen que sus labios meno­res son dema­sia­do gran­des. El rasu­ra­do inte­gral tam­bién se ha impues­to como moda y no me preo­cu­pa el rasu­ra­do en sí sino la moti­va­ción que sub­ya­ce: la mayo­ría dice que lo hace por asco o por ver­güen­za. Por otro lado la regla se ocul­ta obse­si­va­men­te pero no me refie­ro a la san­gre en sí sino a todo lo que es la cicli­ci­dad feme­ni­na. Tene­mos que ser hiper­se­xua­li­za­das y linea­les, en los días de la regla por lo vis­to tam­bién, cuan­do lo más habi­tual es que cuan­do tie­nes la regla no te ape­tez­ca pre­ci­sa­men­te ir a la dis­co­te­ca a mover el culo como si no hubie­ra un maña­na. Estos anun­cios se encar­gan de hacer­nos saber que la regla es un asco y hay que dis­fra­zar­la a toda cos­ta. Pare­ce que tener momen­tos en los que nece­si­tes un poco de des­can­so extra fue­ra algo anor­mal.

-He leí­do en tu libro que “Cuán­do una mujer se que­ja de dolor no se le da tan­ta impor­tan­cia como a un hom­bre”…

Si una mujer dice que se encuen­tra muy can­sa­da o que tie­ne dolor se tien­de a con­si­de­rar ale­gre­men­te que esto es por algo psi­co­so­má­ti­co: “será que estás estre­sa­da”. Pue­de que sea el estrés, pero antes habrá que des­car­tar cau­sas orgá­ni­cas. Hay enfer­me­da­des como la endo­me­trio­sis en las que casi la mitad de las muje­res una vez que ini­cian sus sín­to­mas de dolor tie­nen un retra­so en el diag­nós­ti­co de una media de ocho años. Y esto ocu­rre por­que no escu­cha­mos sus que­jas de dolor. Deci­mos cosas como “es nor­mal que due­la la regla” y muchas de ellas aca­ban sopor­tan­do un cal­va­rio enor­me duran­te años sin un diag­nós­ti­co y enci­ma estig­ma­ti­za­das con eti­que­tas como que­ji­cas o flo­jas.

-Todo va a ser enfer­me­da­des. Eres pro­fe­so­ra de un Más­ter de Sexo­lo­gía. ¿Cuál es la dife­ren­cia entre fan­ta­sía y deseo?

El deseo es algo que si tuvie­ras la posi­bi­li­dad de hacer­lo, harías. La fan­ta­sía es una recrea­ción de la men­te, algo que pue­de ser­vir para dis­fru­tar pero que nun­ca mate­ria­li­za­rías. Ima­gi­na que ves una pelí­cu­la de ase­si­na­tos y que el pro­ta­go­nis­ta tie­ne un arma y tie­ne cer­ca al malo. Nos late rápi­do el cora­zón, “¡ven­ga! ¡Máta­lo!”. Dis­fru­ta­mos de una pelí­cu­la metién­do­nos en ese papel pero esto no sig­ni­fi­ca que quie­ras matar a nadie ni que seas un ase­sino. Sabe­mos la dife­ren­cia. Pero con el sexo la gen­te se lía y con­fun­de fan­ta­sía y deseo. Se pue­de fan­ta­sear y no es nada malo. Que fan­ta­sees con algo no sig­ni­fi­ca que quie­ras hacer eso pero sí pue­des lle­var­lo a un terreno segu­ro con tu pare­ja y jugar con ello. El porno es fic­ción. Si te crees que eso es el sexo o te obse­sio­nas con ello enton­ces tie­nes un serio pro­ble­ma. Si sabes dife­ren­ciar lo real de la recrea­ción men­tal (y no es algo que te obse­sio­na o se con­vier­ta en adic­ción) enton­ces no hay nin­gún pro­ble­ma con dis­fru­tar de la fan­ta­sía.

-Por cier­to, a estas altu­ras de la his­to­ria, ¿toda­vía hay muje­res que fin­gen orgas­mos?

Des­gra­cia­da­men­te sí. En el sexo hay un este­reo­ti­po que sigue vigen­te: la mujer es el obje­to de pla­cer y el hom­bre el suje­to de pla­cer.

-Una duda exis­ten­cial: ¿Hay diver­sos tipos de orgas­mos?

El orgas­mo es uno. Por defi­ni­ción es una des­car­ga neu­ro­fi­sio­ló­gi­ca, una de las fases de la res­pues­ta sexual huma­na. Pue­des tener sexo sin orgas­mo, pue­des tener fases pro­lon­ga­das de mese­ta… Lue­go hay una gran rique­za de mati­ces dife­ren­tes para nutrir las dife­ren­tes sen­sa­cio­nes que se dan en el sexo. No exis­te un mapa úni­co para el pla­cer.

-¿Y esta revo­lu­ción con el ya archi­co­no­ci­do suc­cio­na­dor? Es increí­ble ¿no?

Es increí­ble el éxi­to que ha teni­do, sí. Aun­que per­so­nal­men­te opino que un suc­cio­na­dor nun­ca será mejor que el buen sexo. Oler, tocar, desear, pal­pi­tar, mez­clar flui­dos… nada de esto lo da un suc­cio­na­dor.

-Y hablan­do de apa­ra­tos, has­ta aho­ra no sabía que el vibra­dor nació como un ins­tru­men­to médi­co…

Así fue. Des­de la anti­gua Gre­cia has­ta prin­ci­pios del siglo XX se decía que las muje­res sufrían una enfer­me­dad lla­ma­da his­te­ria y que se cura­ba pro­vo­cán­do­les el paro­xis­mo his­té­ri­co (así lo lla­ma­ban, se refe­rían con ello al orgas­mo). Los médi­cos tra­ta­ban manual­men­te la his­te­ria, se tira­ban una hora apro­xi­ma­da­men­te con cada mujer, has­ta que inven­ta­ron el vibra­dor como uten­si­lio para curar a las muje­res de la his­te­ria. Tre­men­do.

-Está cla­ro que las nue­vas gene­ra­cio­nes de muje­res saben de sexo más que la nues­tra, pero real­men­te ¿están bien infor­ma­das?

Hay más infor­ma­ción que antes pero lo malo es que abun­da la mala infor­ma­ción y esto está hacien­do más daño que bene­fi­cio. No se tra­ta de acu­mu­lar más infor­ma­ción sin más sino de tener infor­ma­ción bue­na, de cali­dad y hablar a los jóve­nes no solo de la par­te nega­ti­va del sexo sino tam­bién de la posi­ti­va: del res­pe­to, el víncu­lo, las emo­cio­nes, el amor, el pla­cer…

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Rober Sánchez: “Moverse es un seguro de vida”

“LA ESCUELA ES UN ENTORNO QUE LIMITA EL MOVIMIENTO EN LUGAR DE PROMOVERLO”

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Foto­gra­fía cedi­da por Rober Sán­chez

 

Rober Sán­chez es entre­na­dor per­so­nal y edu­ca­dor para el movi­mien­to. Su libro “Cami­na, sal­ta, bai­la” debe­ría ser lec­tu­ra obli­ga­da en cole­gios, uni­ver­si­da­des o empre­sas. Lo ten­go cla­ro. ¿Sabes cuán­tas horas al día pasas fren­te a una pan­ta­lla? ¿Cuán­to tiem­po estás en una silla? Y a pesar de esos exce­sos, ¿por qué cuan­do lle­ga­mos a casa des­pués de sie­te horas en la ofi­ci­na “des­can­sa­mos” vien­do una serie? La socie­dad ha cam­bia­do dema­sia­do en las últi­mas déca­das y no esta­mos adap­ta­dos para vivir como un “cere­bro con patas”. Es abso­lu­ta­men­te anti­na­tu­ral. Ade­más, como expli­ca Sán­chez, “sobre­vi­vir ya no requie­re movi­mien­to”. Pode­mos ir de la silla de la ofi­ci­na al sillón de casa y del sillón a la cama gra­cias a los click de nues­tro móvil. Y  no es una pelí­cu­la de fic­ción. Pero, ¿de ver­dad solo que­re­mos sobre­vi­vir en nues­tro paso por el pla­ne­ta? ¿De veras que­re­mos enfer­mar por obviar nues­tra natu­ra­le­za huma­na? Segu­ro que no.    

-Tu libro no habla de ejer­ci­cio sino de “movi­mien­to”, así en gran­de…

Cla­ro. Mover­se es mucho más que hacer ejer­ci­cio. No es que se exclu­ya el ejer­ci­cio, que tam­bién sig­ni­fi­ca mover­se. Pero, que yo sepa, inclu­so cuan­do duer­mes te mue­ves. Tus célu­las se mue­ven. Los intes­ti­nos, los pul­mo­nes, el cora­zón… nun­ca paran. No tie­nes alter­na­ti­va. ¿Estás vivo? Te mue­ves.

-Y resul­ta que yen­do al gim­na­sio tres veces a la sema­na y pegán­do­me la cami­na­ta de los domin­gos sigo sien­do seden­ta­ria… ¡Qué chas­co!

Tal vez un poco menos seden­ta­ria que si no lo hicie­ras pero, al fin y al cabo, sí, lo sigues sien­do. Pue­des hacer tú mis­ma los cálcu­los. ¿Cuán­tas horas tie­ne una sema­na? ¿Duran­te cuán­tas te mue­ves de una for­ma pal­pa­ble, visi­ble, evi­den­te? No se tra­ta de estar con­ti­nua­men­te en movi­mien­to pero, sien­do hones­ta, ¿crees que la pro­por­ción entre las dos res­pues­tas es sufi­cien­te? Los aca­dé­mi­cos dirían que eres una per­so­na seden­ta­ria acti­va. Haces algo de ejer­ci­cio pero, si no te mue­ves más a menu­do y pasas mucho tiem­po quie­ta, ya sea sen­ta­da o de pie, de base tu esti­lo de vida es seden­ta­rio.

-Dices que el seden­ta­ris­mo es una “dis­cor­dan­cia evo­lu­ti­va”, cuén­ta­nos.

Visua­li­za como hemos vivi­do los seres huma­nos duran­te más de 200.000 años, antes de la últi­ma gran revo­lu­ción tec­no­ló­gi­ca, la revo­lu­ción digi­tal. Cami­nar, car­gar, tre­par, correr, sal­tar, arras­trar­nos para reco­lec­tar, cazar o explo­rar nue­vas tie­rras eran acti­vi­da­des que for­ma­ban par­te de nues­tro día a día. Este com­por­ta­mien­to for­jó nues­tro cuer­po y, a la vez, deter­mi­nó nues­tras nece­si­da­des de movi­mien­to no sola­men­te en lo refe­ren­te al sis­te­ma loco­mo­tor, sino a toda nues­tra fisio­lo­gía.

-Enton­ces, como afir­mas:” ¿Vivi­mos mejor pero nos move­mos peor?”

Es evi­den­te. A fina­les del siglo XIX Geor­ges Hébert, un ofi­cial encar­ga­do de la pre­pa­ra­ción físi­ca de la Mari­na Fran­ce­sa, ya se dio cuen­ta de ello. En dife­ren­tes misio­nes de res­ca­te, sus sol­da­dos, pre­pa­ra­dos y entre­na­dos bajo meto­do­lo­gías moder­nas, se desem­pe­ña­ban mucho peor que los indí­ge­nas que habi­ta­ban aque­llas tie­rras. Hoy en día, cual­quier per­so­na que viva en el cam­po o el mon­te toda­vía es capaz de lle­var a cabo todas aque­llas acti­vi­da­des y tareas más “ances­tra­les”. El ofi­ci­nis­ta a duras penas pue­de aga­char­se.

-La ver­dad es que tie­nes razón con lo de que “sobre­vi­vir ya no requie­re movimiento”…Qué mie­do, ¿ver­dad?

No tie­ne por qué. En par­te es una ven­ta­ja. No tene­mos que vivir con la preo­cu­pa­ción cons­tan­te de si ten­dre­mos algo que lle­var­nos a la boca maña­na. Hay algo que me da más mie­do: dejar de dar­me cuen­ta que soy un cuer­po y que pue­do mover­me, no hacer­lo y, en con­se­cuen­cia, per­der esa capa­ci­dad.

-El sillón, el móvil, las 8 horas en la ofi­ci­na, vol­ver al sillón…Me sue­na a “sui­ci­do colec­ti­vo”…

Dema­sia­das dis­trac­cio­nes, deseos, res­pon­sa­bi­li­da­des y, al final, des­or­den en nues­tras prio­ri­da­des.

-¿Y cómo me moti­vo para aban­do­nar la pere­za y mover el tra­se­ro pero de ver­dad?

Dejan­do de nece­si­tar o espe­rar a estar moti­va­da. La moti­va­ción es, en reali­dad, nues­tro gran enemi­go. ¿Nece­si­tas moti­var­te para dor­mir, comer, res­pi­rar? Enton­ces, ¿por qué nece­si­tas hacer­lo para mover­te? El movi­mien­to pre­ce­de al pen­sa­mien­to, y no al revés. Pri­me­ro mué­ve­te, por­que lo nece­si­tas, debes, pue­des hacer­lo. El pro­pio movi­mien­to gene­ra­rá más movi­mien­to. Com­pro­ba­rás que lo de la moti­va­ción es un inven­to men­tal inne­ce­sa­rio.

-Pero mien­tras, danos un par de con­se­jos para “sobre­vi­vir en la ofi­ci­na”.

¿Sir­ve cam­biar de tra­ba­jo? Es bro­ma… Lo que más daño nos hace es pasar mucho tiem­po con­se­cu­ti­vo quie­tos, más si es sen­ta­dos. El pri­mer gran hábi­to a inte­grar en nues­tra vida sería inte­rrum­pir esos lar­gos epi­so­dios de seden­ta­ris­mo. ¿Cómo? Por ejem­plo, pue­des pro­gra­mar una alar­ma en el móvil cada hora y mover­te cin­co minu­tos cuan­do sue­ne, hacien­do lo que sea. Des­pués de una jor­na­da te habrás movi­do cua­ren­ta minu­tos.

-Hablas en tu libro de los bene­fi­cios de andar des­cal­zos…

Los pies son un fiel refle­jo de lo que le pasa a nues­tro cuer­po. Fíja­te en ellos. Todo el día ence­rra­dos en una orto­pe­dia que no les deja sen­tir la for­ma, tem­pe­ra­tu­ra, tex­tu­ra del sue­lo y, ade­más, no les per­mi­te mover­se libre­men­te, en toda su ampli­tud y posi­bi­li­da­des. Curio­sa­men­te, los pies son nues­tro pun­to de con­tac­to y apo­yo en el sue­lo, la par­te del cuer­po en la que se ori­gi­na casi todo nues­tro movi­mien­to. Si te des­cal­zas, no solo se move­rán más y mejor tus pies. Tam­bién lo hará el res­to de tu cuer­po.

-De los taco­nes, ¿mejor no hablar?

¿Te ima­gi­nas tener que teclear en tu orde­na­dor o telé­fono móvil con mano­plas?

-Me encan­ta poner­me a hablar en cucli­llas y siem­pre me he sen­ti­do un poco “fri­ki”. ¡¡Resul­ta que hago algo bien!!

La sen­ta­di­lla es una posi­ción que nos ha acom­pa­ña­do duran­te toda nues­tra evo­lu­ción y nos ha ser­vi­do como posi­ción de base para des­can­sar, comer, char­lar, mani­pu­lar obje­tos, ¡inclu­so para eva­cuar!

-Ade­más de estar más salu­da­bles el movi­mien­to nos hace más lis­tos y mejo­ra nues­tro cere­bro. ¿Tal vez esto de mover­nos sea casi como un plan de pen­sio­nes?

Más que un plan de pen­sio­nes, ¡mover­se es un segu­ro de vida! No hay nada que esti­mu­le más a nues­tro cuer­po y al pro­pio cere­bro que el movi­mien­to. Cada vez que nos move­mos, nues­tras neu­ro­nas poten­cian sus cone­xio­nes. Cada vez que rea­li­za­mos un movi­mien­to dife­ren­te, nues­tras neu­ro­nas crean nue­vas cone­xio­nes. Y esto ocu­rre has­ta el final de los días.

-Así que ¿Menos “piru­las” y más movi­mien­to?

En el entorno aca­dé­mi­co a la acti­vi­dad físi­ca se la cono­ce como poli­pill, la “poli­pas­ti­lla”. Sir­ve para todo. No hay tra­ta­mien­to de la mayo­ría de enfer­me­da­des moder­nas, no infec­cio­sas, como la obe­si­dad, la depre­sión, el cán­cer o las enfer­me­da­des car­dio­vas­cu­la­res que no inclu­yan algo de movi­mien­to.

-Supon­go que lo de ir al fisio cada quin­ce días y lue­go tirar­se en el sillón horas y horas vien­do series es un poco …no sé cómo decir­lo…

Te lo digo yo. Tirar el dine­ro.

-Por cier­to, ¿Y si en vez de tan­ta acti­vi­dad extra­es­co­lar los niños sim­ple­men­te corrie­ran, sal­ta­ran y juga­ran más?

Pues, evi­den­te­men­te, no haría fal­ta. El pro­ble­ma es que, aun­que ha habi­do algu­nos peque­ños cam­bios, la escue­la es un entorno que limi­ta el movi­mien­to en lugar de pro­mo­ver­lo. Por eso se sue­le dejar la acti­vi­dad físi­ca para las extra­es­co­la­res. Algo que refle­ja muy bien cuá­les son las prio­ri­da­des del sis­te­ma, lamen­ta­ble­men­te. Lue­go nos extra­ña­mos de las esta­dís­ti­cas del seden­ta­ris­mo…

-¿Y un poqui­to de jue­go tam­bién para los mayo­res?

Es una pena que deje­mos de jugar, por­que el jue­go inclu­so entre adul­tos ha sido duran­te toda nues­tra evo­lu­ción la prin­ci­pal vía de trans­mi­sión y apren­di­za­je, un simu­la­cro para la vida real. He escu­cha­do por ahí que no deja­mos de jugar por­que enve­je­ce­mos; enve­je­ce­mos por­que deja­mos de jugar.

-Al final ima­gino que hay que “cam­biar el chip”, ¿esta­mos a tiem­po a cual­quier edad y con cual­quier con­di­ción físi­ca?

Mien­tras hay vida, hay movi­mien­to y, por tan­to, espe­ran­za. El cuer­po, mien­tras está vivo, siem­pre tie­ne capa­ci­dad de adap­ta­ción, apren­di­za­je, rege­ne­ra­ción. Pre­ci­sa­men­te, cuan­do la pier­de es cuan­do no hay vuel­ta atrás, cuan­do ha lle­ga­do el últi­mo día, y se apa­ga. Está cla­ro que es el des­tino para todos, sin excep­ción. La dife­ren­cia no está tan­to en el cuán­do, sino en el cómo.

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Hondou Kyonin: Cada vez que sonríes, el universo sonríe contigo

“A veces la bondad más grande es decir no y poner límites”

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Foto­gra­fía cedi­da por Hon­dou Kyo­nin

 

Hon­dou Kyo­nin, “Cho­co­bu­da” para los ami­gos, nació en Méji­co en 1972 y es un mon­je budis­ta y maes­tro Zen tre­men­da­men­te cono­ci­do en las redes socia­les. Ale­gre y sen­ci­llo pero rebo­san­te de sabi­du­ría, “Cho­co­bu­da” lle­na Twit­ter y You­Tu­be de pen­sa­mien­tos lumi­no­sos, de esos que ayu­dan a vivir de una mane­ra más sen­ci­lla. Kyo­nin habla de mini­ma­lis­mo, amor, amis­tad o rela­cio­nes de pare­ja con un sen­ti­do del humor muy espe­cial. Como ejem­plo, el nom­bre de su Blog: “Cho­co­bu­da”, que hace refe­ren­cia al color café de una esta­tui­lla del Buda que com­pró hace muchos años y que refle­ja, según cuen­ta, lo dul­ce y feliz que es la filo­so­fía budis­ta. “Date per­mi­so de no ser nadie” es una de las fra­ses de cabe­ce­ra de este genial maes­tro. En una socie­dad tan exi­gen­te como la que nos envuel­ve, vale la pena escu­char y leer voces que nos lle­nan de liber­tad y amor.

¿Y cómo se le ocu­rrió hacer­se mon­je budis­ta? Supon­go que no sería de un día para otro…

La espi­ri­tua­li­dad, la mode­ra­ción y la medi­ta­ción han sido cons­tan­tes toda mi vida. Cuan­do era niño, me diver­tía hacien­do de curan­de­ro, mon­je o Jedi. Cuan­do juga­ba a “Dra­go­nes y Maz­mo­rras” siem­pre era cha­mán o drui­da. Me intere­sé en el budis­mo por mis maes­tros de artes mar­cia­les. Mi pri­mer maes­tro era coreano y budis­ta seon. Al final de cla­se, siem­pre nos con­ta­ba his­to­rias de per­so­na­jes cla­ve para el budis­mo y su ejem­plo de dis­ci­pli­na. En mi vein­te­na comen­cé a entre­nar budis­mo en un par de comu­ni­da­des, pero fue cuan­do entre­né aiki­do que mi Sen­sei, japo­ne­sa y budis­ta zen, me impul­só a inten­tar prac­ti­car Zen. Así, a los trein­ta años deci­dí for­ma­li­zar mi prác­ti­ca y estu­dian­do el Dhar­ma me di cuen­ta que en la sabi­du­ría del Buda y de Dogen Zen­ji esta­ban las res­pues­tas para salir del sufri­mien­to. Tomé como misión per­so­nal el pre­ser­var y com­par­tir esta sabi­du­ría para el bene­fi­cio de todos los seres.

Usted lle­va un blog, una comu­ni­dad onli­ne y es asi­duo de twit­ter ¿Cómo ha hecho com­pa­ti­bles las redes socia­les con la vida silen­cio­sa?

Solo uso las redes socia­les una hora al día para pro­gra­mar men­sa­jes. No las uti­li­zo para efec­tos per­so­na­les y no dis­cu­to con nadie. Son solo un medio de difu­sión para las acti­vi­da­des, cele­bra­cio­nes y artícu­los de mi comu­ni­dad.

Por cier­to, esos men­sa­jes están lle­nos de sabi­du­ría pero tam­bién de sen­ti­do del humor…Imaginamos a mon­jes serios, todo el día medi­tan­do, pero la risa es impor­tan­te para vivir en cal­ma, ¿no?

La risa es vital para la espi­ri­tua­li­dad. Si te fijas, el Buda siem­pre tie­ne una lige­ra son­ri­sa en las imá­ge­nes y esta­tuas. Cada vez que explo­ta­mos en car­ca­ja­das, el uni­ver­so explo­ta de júbi­lo y ale­gría. Cada vez que son­ríes, el uni­ver­so son­ríe con­ti­go. Vivir con humor y encon­trar la come­dia en la vida es impor­tan­tí­si­mo para apren­der de los erro­res y que las difi­cul­ta­des no nos des­tru­yan. Si te tomas en serio, te estás per­dien­do de mucho. Yo nun­ca me he toma­do en serio. ¿Cómo podría con esta cabe­za de melón que me ha toca­do? Al momen­to de ense­ñar Zen, no hay nada mejor que hacer reír a la gen­te para que el men­sa­je que­de.

Y hablan­do de ense­ñar Zen, cuán­do habla­mos de alguien tran­qui­lo, deci­mos medio en bro­ma que es “zen”. Pero, ¿qué es real­men­te el Zen? Así para enten­der­lo de mane­ra sen­ci­lla.

Esa que me comen­tas, es una de las con­fu­sio­nes más gran­des sobre la prác­ti­ca Zen. El Zen es una corrien­te del Budis­mo Maha­ya­na que cree que todos los seres somos Buda. Solo que hay que entre­nar para qui­tar la ven­da de nues­tros ojos y poder ver­lo. Es cier­to que Zen son las cosas boni­tas, tran­qui­las y pací­fi­cas; pero tam­bién es vómi­to, enfer­me­dad, muer­te, pus, polí­ti­cos corrup­tos, cora­zo­nes rotos y gue­rra. Zen es la acep­ta­ción radi­cal de la vida com­ple­ta y sin edi­cio­nes. Es tomar la res­pon­sa­bi­li­dad y con­trol de nues­tros pen­sa­mien­tos, sen­ti­mien­tos y accio­nes. Zen es estar en paz con todas las con­di­cio­nes de esta exis­ten­cia, sin recha­zo y sin crí­ti­cas. Por eso es que es tan difí­cil, por­que esta­mos muy acos­tum­bra­dos a vivir del dra­ma y a echar la cul­pa a fac­to­res exter­nos de todo lo que nos pasa.

Enton­ces no hay Zen sin Budis­mo…

Efec­ti­va­men­te. Zen es una prác­ti­ca com­ple­ta que no pue­de ser par­ti­da en tro­zos a con­ve­nien­cia del ego. Mile­nios y millo­nes de prac­ti­can­tes en todo el mun­do lo demues­tran. La prác­ti­ca Zen se debe tomar com­ple­ta o no tomar­la del todo.

El mini­ma­lis­mo es otra de las filo­so­fías que defien­de. ¿De qué mane­ra nos ayu­da a vivir el “vivir con menos”?

Tener mucho es anti­na­tu­ral. Solo mira la vida ani­mal en todo el mun­do. No hay gace­las que acu­mu­len estam­pi­llas pos­ta­les o libros. No hay focas que ten­gan inver­sio­nes o divi­sas extran­je­ras. El ser humano rom­pe el equi­li­brio natu­ral del uni­ver­so al acu­mu­lar lo que no nece­si­ta, tan solo para aca­ri­ciar su ego. El mini­ma­lis­mo es un esfuer­zo por regre­sar un poco hacia nues­tra ver­da­de­ra iden­ti­dad como seres vivos: tener lo nece­sa­rio para vivir, no más. Al tener poco de todo, hay menos cosas de qué preo­cu­par­se y menos basu­ra qué cui­dar. El mini­ma­lis­mo nos libe­ra del con­su­mo irra­cio­nal y da espa­cio para la con­tem­pla­ción de la vida en un sen­ti­do más pro­fun­do. Tam­bién nos une al flu­jo de la vida y nos vuel­ve per­so­nas más equi­li­bra­das y con más ener­gía para las cosas que en ver­dad impor­tan.

Por cier­to, le he escu­cha­do decir que medi­tar es mini­ma­lis­ta…

Sí…Meditar es lo más natu­ral y mini­ma­lis­ta que pode­mos hacer. Si tie­nes un tra­se­ro y diez minu­tos al día, pue­des medi­tar. No nece­si­ta apps ni libros ni nada. Solo bas­ta sen­tar­se en un lugar segu­ro y cómo­do y poner aten­ción a la res­pi­ra­ción y con­tar exha­la­cio­nes del 1 al 3. Si un pen­sa­mien­to o rui­do te dis­trae, regre­sas a con­tar exha­la­cio­nes del 1 al 3. Así has­ta com­ple­tar diez minu­tos. Si hace­mos esto a dia­rio, pron­to comen­za­re­mos a expe­ri­men­tar bene­fi­cios a la salud y a nues­tra rela­ción con las cosas que nos inquie­tan.

Cosas que nos inquie­tan, men­te sin con­trol que nos lle­va a sufrir…¿Realmente se pue­de parar esto con medi­ta­ción?

Efec­ti­va­men­te se logra con­tro­lar la men­te entre­nan­do medi­ta­ción y expe­ri­men­tan­do día a día con la sabi­du­ría del Buda. Hay una razón por la que esta vía se lla­ma PRÁCTICA Zen. Prác­ti­ca, o sea como lle­var la men­te al gim­na­sio. Es una filo­so­fía que solo fun­cio­na con valen­tía y dis­ci­pli­na. Cuan­do hay paz en la men­te hay que medi­tar vein­te minu­tos al día. Cuan­do hay caos, hay que medi­tar dos horas.

Me encan­ta­ría lograr­lo. Denos algu­nos “tips” para con­ver­tir­nos en “mon­jes urba­nos”…

El pri­mer con­se­jo es ele­gir un camino espi­ri­tual y man­te­ner­se en él duran­te al menos dos años y lue­go eva­luar si es lo que uno quie­re. La espi­ri­tua­li­dad es la espi­na dor­sal de todo lo que hace­mos. Si no prac­ti­ca­mos con dis­ci­pli­na espi­ri­tual, el caos y la con­fu­sión no se deten­drán. Es por la espi­ri­tua­li­dad que pode­mos encon­trar sen­ti­do a todo lo que hace­mos, nos sen­ti­mos en com­pa­ñía de algo más gran­de y pro­fun­do que nues­tro ego, y enton­ces comen­za­mos a ayu­dar al pró­ji­mo. La com­pa­sión y el altruis­mo son expre­sio­nes puras de nues­tra espi­ri­tua­li­dad. En segun­do lugar, hay que vivir solo con lo jus­to nece­sa­rio. Cual­quier exce­so o abu­so sacan de equi­li­brio a todo el uni­ver­so. Enten­der esto es vital para recu­pe­rar la cor­du­ra y la paz. Entre más obje­tos, dine­ro y rela­cio­nes ten­ga uno, hay más caos y sufri­mien­to. Es pre­ci­so, por tan­to, optar por un esti­lo de vida peque­ño y humil­de. Final­men­te, sin impor­tar la vía espi­ri­tual que se eli­ja, la medi­ta­ción debe ser prac­ti­ca­da a dia­rio. No exis­te otra mane­ra de sol­tar las emo­cio­nes con las que nos las­ti­ma­mos o los pen­sa­mien­tos con los que nos enve­ne­na­mos. Medi­tar debe ser par­te de nues­tra higie­ne coti­dia­na.

¿Y ser bon­da­do­so y com­pa­si­vo es com­pa­ti­ble con apren­der a decir “no”?

Sí, por supues­to. A veces la bon­dad más gran­de es decir no y poner lími­tes.

No me que­da cla­ro si el amor empie­za por uno mis­mo o por los demás…

El amor comien­za cuan­do enten­de­mos que no hay dife­ren­cia entre YO y los demás. Somos un solo ser, per­fec­to e indi­vi­si­ble.

Por cier­to, hablan­do de amor, denos un par de con­se­jos para man­te­ner la feli­ci­dad en la pare­ja.

Antes de ver a la per­so­na a tu lado como “pare­ja”, hay que ver­la como un alia­do y el mejor ami­go que jamás has teni­do. Un ami­go com­par­te todo, te apo­ya e impul­sa para salir ade­lan­te. Un ami­go siem­pre está ahí para mar­car tus erro­res y ayu­dar a mejo­rar. Una pare­ja está solo para ser pare­ja y eso ter­mi­na por abu­rrir. Si a tu lado tie­nes al mejor ami­go de tu vida, enton­ces la vida en pare­ja flu­ye de mane­ra natu­ral y feliz.

Me encan­ta una fra­se que leí hace poco en su twit­ter: “Hoy date per­mi­so de no ser nadie”. Explí­que­me…

La vida se nos va tra­tan­do de ser algo y de cubrir expec­ta­ti­vas. Si esa bús­que­da la per­de­mos por un momen­to, lo que encon­tra­mos es la ver­da­de­ra liber­tad del ser. Y si expe­ri­men­ta­mos esa liber­tad, enton­ces no hay lími­tes para alcan­zar nues­tro poten­cial como seres vivos.

Y en cuan­to a lograr ese poten­cial, ¿Cree que nues­tra for­ma de ali­men­tar­nos influ­ye en lo que sen­ti­mos o en como nos com­por­ta­mos?

Sin lugar a duda lo que comes afec­ta cómo pien­sas y cómo te com­por­tas. Por eso es que en la prác­ti­ca Zen siem­pre bus­ca­mos nutrir el cuer­po, no el ego. Estoy segu­ro que mis alum­nos me odian, pero siem­pre les exi­jo que lim­pien su ali­men­ta­ción. La comi­da natu­ral nos cura, la comi­da que pro­vie­ne de una fábri­ca nos enfer­ma en cuer­po, men­te y espí­ri­tu. Gran par­te de nues­tro sufri­mien­to, depre­sio­nes y angus­tia se dan por la mala cali­dad de nues­tros ali­men­tos.

Y hablan­do de ali­men­ta­ción, ¿cómo ve eso de que haya figu­ras del Buda para deco­rar res­tau­ran­tes y hote­les, a veces has­ta en el cuar­to de baño?

El Buda es un icono de la cul­tu­ra que evo­ca tran­qui­li­dad y paz. Pero usar al Buda como deco­ra­ción es cla­ra­men­te igno­ran­te y es una fal­ta de res­pe­to a millo­nes de budis­tas en la his­to­ria huma­na. Cuan­do estu­dias budis­mo entien­des que el Buda no es deco­ra­ción, sino nues­tro maes­tro. No vamos tra­tan­do de cam­biar a la gen­te a dies­tra y sinies­tra, pero al menos en nues­tra prác­ti­ca per­so­nal, lle­va­mos al Buda en nues­tro amor, no en una cami­se­ta.

Ten­go una cues­tión pen­dien­te: cómo apren­der a con­fiar en la vida… ¿Le pode­mos poner el off al mie­do?

Hay que enten­der que el sufri­mien­to siem­pre es opcio­nal. Y lue­go hay que acep­tar que, por más que nos esfor­ce­mos, somos dimi­nu­tos e insig­ni­fi­can­tes com­pa­ra­dos con la vida. Somos peque­ñas expre­sio­nes de la vida sin con­trol alguno sobre lo que suce­de. Acep­tar eso con todo el cora­zón, nos hace con­fiar en la ver­dad de que la vida se mejo­ra a sí mis­ma todo el tiem­po, nos gus­te o no. Cuan­do te entre­gas a la vida, el mie­do se va.

Y para des­pe­dir­nos con opti­mis­mo: ¿Tene­mos el poder de cam­biar el mun­do?

¡Por supues­to! Cada cosa que hace­mos crea ondas, como las de un estan­que. Si actúas con rec­ti­tud y bene­vo­len­cia, gene­ras ondas de bene­vo­len­cia que tocan otras vidas. El cam­bio social nun­ca ha esta­do en la revo­lu­ción ni en la vio­len­cia. El cam­bio ver­da­de­ro es el que se da con la evo­lu­ción y la con­cien­cia.

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© 2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved

Veronica Blume: No estamos tan solos ni somos tan raros como creemos

“Toda la vida escondiendo algo que creía inaceptable y con cuarenta y dos años descubro la inmensa fuerza de verbalizar la verdad”

Veronica Blume

Foto­gra­fía cedi­da por Vero­ni­ca Blu­me

 

Vero­ni­ca Blu­me (1977) es una de las mode­los más impor­tan­tes de los noven­ta. Con die­ci­séis años, en 1993, ganó el con­cur­so “Super­mo­del of the World” y con ello un con­tra­to millo­na­rio con la agen­cia Ford y una fan­tás­ti­ca pero fre­né­ti­ca vida en Nue­va York. Con vein­ti­cin­co, vuel­ve a Espa­ña para tener a su hijo y deci­de cam­biar el día a día de las pasa­re­las por la este­ri­lla de yoga. Hoy Vero­ni­ca Blu­me sigue sien­do bellí­si­ma pero ade­más sabe que la ver­da­de­ra armo­nía no es la del ros­tro ni la del cuer­po sino la que no se ve pero se res­pi­ra. Sus pala­bras trans­mi­ten tan­ta ver­dad que es impo­si­ble no conec­tar con un alma tan trans­pa­ren­te. Aho­ra Vero­ni­ca es una fabu­lo­sa maes­tra de yoga y una mujer valien­te y libre que ha habla­do hace poco de sus pro­ble­mas con la buli­mia cuan­do esta­ba en lo más alto. Tie­ne una voz sere­na y cla­ra que bro­ta direc­ta del cora­zón y escu­char sus pod­casts es real­men­te enri­que­ce­dor. (@veroblume)

“The gara­ge”, tu pre­cio­so cen­tro de yoga en Bar­ce­lo­na, cie­rra sus puer­tas.  ¿Comien­zas otro ciclo en tu vida?

¡Efec­ti­va­men­te! Se com­ple­ta un ciclo y empie­za otro… Creo que ha sido la deci­sión mas difí­cil de mi vida y está sien­do un pro­ce­so muy boni­to, lleno de gra­ti­tud y emo­ción. Con “The gara­ge” he apren­di­do lo que es el com­pro­mi­so y tam­bién a creer en mí y a conec­tar des­de un lugar abso­lu­ta­men­te libre de más­ca­ras. Eso no tie­ne pre­cio. Aho­ra ven­drán otros apren­di­za­jes pero “The gara­ge” siem­pre va a ser la pla­ta­for­ma que me cam­bió para siem­pre.

Por cier­to, al mar­gen del yoga, mucha gen­te no sabe que tie­nes una voz muy boni­ta y eres una exce­len­te comu­ni­ca­do­ra. ¿Nun­ca pen­sas­te en dedi­car­te a la radio?

Jaja­ja­ja­ja, muchí­si­mas gra­cias. El for­ma­to de pod­cast siem­pre me gus­tó y ha for­ma­do par­te de mi vida duran­te los últi­mos años. La expe­rien­cia de ser escu­cha­da sin ser vis­ta es muy sana­do­ra y pode­ro­sa para mí…y sí, el mun­do de la radio siem­pre me ha fas­ci­na­do. Tie­ne una magia espe­cial.

Ate­rri­zas, casi sin bus­car­lo y con die­ci­séis años, en el com­ple­jo mun­do de la moda. ¿Qué asig­na­tu­ra de la vida te hubie­ra gus­ta­do apren­der antes de tomar el avión a las pasa­re­las?

El valor de mí mis­ma, la con­fian­za en que, tal y como yo era, era sufi­cien­te. Creo que en la escue­la debe­ría­mos apren­der a medi­tar o a rela­cio­nar­nos con noso­tras mis­mas con res­pe­to. ¡Eso sí sería una herra­mien­ta para toda la vida!

Cuan­do tie­nes vein­ti­cin­co años y estás en lo más alto, apa­re­cen en tu vida tus dos gran­des maes­tros: tu hijo y el yoga. ¿Has pen­sa­do algu­na vez don­de esta­rías si ese test de emba­ra­zo no hubie­ra sido posi­ti­vo?

¡Uh, mie­do me da ima­gi­nar­lo! Creo que el uni­ver­so fue muy gene­ro­so con­mi­go y supe tomar la opor­tu­ni­dad.

Sí por­que hace poco habla­bas con abso­lu­ta trans­pa­ren­cia de la buli­mia. De como el que­dar­te emba­ra­za­da te ayu­dó a luchar para sanar­te. Nos cues­ta ver­ba­li­zar cier­tas cosas de nues­tra vida pero que lige­re­za cuan­do una “con­fie­sa que ha vivido”…¿no?

Gra­bar ese capí­tu­lo de mi pod­cast ha sido el ges­to más pode­ro­so que he hecho … ¿en mucho tiem­po ? … ¿en mi vida? Segu­ra­men­te. Toda la vida escon­dien­do algo que creía no acep­ta­ble y con cua­ren­ta y dos años des­cu­bro la inmen­sa fuer­za de ver­ba­li­zar la ver­dad. La ver­dad es muy pode­ro­sa, ¡me fas­ci­na! Poner pala­bras a las cosas que cree­mos que no son acep­ta­bles es, curio­sa­men­te, una for­ma de conec­tar con la ver­dad de muchos otros. No esta­mos tan solos ni somos tan raros como cree­mos. Sé que no es fácil pero el efec­to no tie­ne pre­cio.

Y con lo que aho­ra sabes de la vida, ¿Vol­ve­rías a ser mode­lo o dirías: “a mí no me pillan”…? ¿O tal vez sí pero de otro modo modo?

No cam­bia­ría nada. Ha sido per­fec­to así. Aun­que si pudie­ra vol­ver a ele­gir no empe­za­ría con quin­ce años, tra­ta­ría de dis­fru­tar­lo más y de reír­me un poco más (de mí mis­ma, prin­ci­pal­men­te).

Momen­tos increí­bles de esos de “guau” habría muchos…

Sí. Lo pri­me­ro que me vie­ne a la cabe­za es el “momen­ta­zo” en el que gané aquel con­cur­so de mode­los en 1993. De un día para otro, boom, otra vida. Había gana­do un pre­mio que no sen­tía que mere­cía , tenía 16 años recién cum­pli­dos y en ese momen­to supe que vivir en Nue­va York for­ma­ba par­te del pre­mio. Como espec­ta­cu­lar, ese momen­to. Lue­go me pasé años tra­tan­do de enca­jar las pie­zas … pero “guau” fue muy “guau”…

Por cier­to, antes las ado­les­cen­tes que­rían ser mode­los, aho­ra “influen­cers”. ¿Han des­pla­za­do las segun­das a esas gran­des mode­los que, como tú, pisa­ban las pasa­re­las con ele­gan­cia supre­ma?

Yo creo que son cosas dis­tin­tas. Las mode­los de los noven­ta eran figu­ras inac­ce­si­bles, apa­ren­te­men­te per­fec­tas, modé­li­cas, que no tenían ins­ta­gram ni solías ver desa­yu­nan­do o al natu­ral. For­ma­ba par­te de la bur­bu­ja pero tam­bién de la magia, del show, las luces y el color de los noven­ta. Otro deta­lle es que sola­men­te salía­mos en revis­tas men­sua­les o cam­pa­ñas de publi­ci­dad. ¡Era otra dis­tan­cia! Hoy ha cam­bia­do todo de for­ma radi­cal. Las “influen­cers” se posi­cio­nan entre el clien­te y la mar­ca , ins­pi­ran, influen­cian a millo­nes de per­so­nas des­de una ven­ta­na mucho más per­so­nal e inme­dia­ta.

En este mun­do que valo­ra tan­to la ima­gen es nece­sa­rio ense­ñar a los niños a mirar hacia den­tro. ¿Se pue­de ense­ñar silen­cio en medio de tan­to rui­do?

Se pue­de y se debe­ría ense­ñar, espe­cial­men­te a los mas peque­ños aun­que sé que es muy difí­cil. Mi hijo tie­ne 16 años y veo el rit­mo, la vorá­gi­ne más bien, en la que vive. Aún así, des­de que es muy peque­ño, hemos ins­ta­la­do un hábi­to muy sen­ci­llo cuan­do la cosa se des­con­tro­la: tres res­pi­ra­cio­nes lar­gas y pro­fun­das. No siem­pre lo quie­re hacer. A veces aca­ba rien­do pero siem­pre trans­for­ma algo a algún nivel.

Y con todo esto de las redes socia­les, se pien­sa (sobre todo los más jóve­nes) que la gen­te bella es la más feliz…

Como madre, vivo alar­ma­da con la visión super­fi­cial que valo­ran los chi­cos aun­que sé que has­ta cier­to pun­to mis ído­los de los ochen­ta tam­po­co eran muy rea­lis­tas. Ellos tie­nen un con­tac­to prác­ti­ca­men­te per­so­nal con sus ído­los lo cual huma­ni­za mucho y me pare­ce bien. Lo que encuen­tro más preo­cu­pan­te es que las redes socia­les son tam­bién la mane­ra en que se rela­cio­nan ellos entre sí y creo que ahí la esca­la de valo­res es peli­gro­sa.

Vivir des­de el amor y la cone­xión con una mis­ma, ayu­da a esca­par un poco del caos dia­rio pero supon­go que eres huma­na aun­que seas yogui­ni….

Muchí­si­mo. Lo que ense­ño es mi pro­pio apren­di­za­je. Como muchí­si­mos, lle­gué al mun­do del yoga con mil pre­gun­tas y nin­gu­na res­pues­ta acer­ca de cómo rela­cio­nar­me con­mi­go mis­ma y con el mun­do des­de una pers­pec­ti­va salu­da­ble. Mi prac­ti­ca me sos­tie­ne, pero eso no sig­ni­fi­ca que pier­da los pape­les a veces. Un yogui , una yogui­ni, no está siem­pre total­men­te cen­tra­do. Se des­vía del camino pero cono­ce el camino de vuel­ta.

Por cier­to, hoy pare­ce que todo el mun­do tie­ne que hacer yoga. Lo que cuan­do tú empe­zas­te era casi de “ilu­mi­na­dos”, aho­ra es “cool”…

Comen­cé en 2003 prac­ti­can­do kun­da­li­ni yoga. En aquel enton­ces era­mos muy pocos y supon­go que la ima­gen que dába­mos era de “raros” por lo menos. Hoy está muy de moda y me pare­ce fan­tás­ti­co que sea así. De una mane­ra u otra, debe­ría lle­gar a la vida de todos. Todo depen­de de si están pre­pa­ra­dos para reci­bir­lo en ese momen­to o si lo reen­con­tra­rán mas ade­lan­te.

Para ir ter­mi­nan­do, cuén­ta­nos un deseo a cor­to pla­zo y un sue­ño más lejano.

A cor­to pla­zo: una vez cerra­do “The gara­ge”, lle­nar mi agen­da de acti­vi­da­des ele­gi­das des­de el cora­zón. Segui­ré dan­do reti­ros y cla­ses. A lar­go pla­zo: unas vaca­cio­nes en Asia.

Vero­ni­ca, detrás de tus pala­bras tan lle­nas de ver­dad, se des­cu­bre un alma aún más boni­ta y sere­na que el cuer­po que la envuelve…Al final eso es lo impor­tan­te, ¿no?

¡Es lo mas impor­tan­te! Lo úni­co impor­tan­te de verdad…¡La pena es que tar­de­mos tan­to en dar­nos cuen­ta!

© 2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved

MARILIA: ME SIENTO AGRADECIDA POR LO VIVIDO Y POR LO NUEVO QUE VIENE

“Estoy en construcción”

foto marilia

Foto­gra­fía cedi­da por Mari­lia

 

¿Quién no recuer­da a Mari­lia, la more­na de Ella Bai­la Sola? ¿Quién no ha can­ta­do a voz en gri­to “Amo­res de Barra“o “Mujer Flo­re­ro”? Mari­lia Andrés (1974) for­ma par­te del pasa­do musi­cal y casi per­so­nal de una gene­ra­ción. Pero tam­bién del pre­sen­te y futu­ro por­que sigue can­tan­do y com­po­nien­do can­cio­nes fan­tás­ti­cas. Dis­cre­ta, sen­ci­lla y espi­ri­tual, con­ti­núa emo­cio­nán­do­se cada vez que comien­za a escri­bir una letra, cosa que ha hecho des­de los once años. Fami­liar, cari­ño­sa y ama­ble, esta artis­ta poli­fa­cé­ti­ca y lle­na de ener­gía de la bue­na ha lan­za­do recien­te­men­te su nue­vo sin­gle: “Mi dra­gón”. Escú­chen­lo ya por­que Mari­lia “can­ta sola” y, como siem­pre, de lujo.

Hace poco publi­cas­te el sin­gle “Mi dra­gón”, una can­ción poten­te, de las que lle­gan. ¿Quién es el dra­gón que le da la fuer­za a Mari­lia cada día?

Gra­cias por tus pala­bras. Me ale­gra que te gus­te la can­ción y que trans­mi­ta esa fuer­za. Me encan­ta que cada uno inter­pre­te las can­cio­nes a su mane­ra por eso pre­fie­ro no entrar en mucho deta­lle. A lo mejor, todos tene­mos un “Mi dra­gón”: una fuer­za inte­rior que nos sos­tie­ne y nos ayu­da cuan­do lo nece­si­ta­mos. Qui­zá todos hemos sen­ti­do eso en algún momen­to.

Me pare­ce un tema muy inten­so, muy de cone­xión. ¿Sigues pen­san­do en can­cio­nes de este esti­lo para un futu­ro dis­co?

Yo tam­bién sien­to esa cone­xión. Me gus­ta escu­char que conec­ta­mos con nue­vas can­cio­nes y que segui­mos com­par­tien­do. Soy más dada a no defi­nir un futu­ro dis­co por­que me doy liber­tad total en esta eta­pa. Es una nue­va bús­que­da y estoy abier­ta a expe­ri­men­tar, a las sor­pre­sas, a cam­biar… Me lo per­mi­to. Solo sé que ten­drá mucho cari­ño detrás ‑ya lo tie­ne- y la mayor cali­dad que humil­de­men­te pue­da ofre­cer. Oja­lá sea algo que que­ráis escu­char.

Creo que tie­nes ya dos dis­cos en soli­ta­rio. Duran­te todo este tiem­po en el que algu­nos te han per­di­do un poqui­to la pis­ta, ¿has esta­do siem­pre meti­da en el mun­do de la músi­ca?

Depen­de de lo que sig­ni­fi­que para ti el mun­do de la músi­ca. Yo sien­to que la músi­ca es par­te de mi mun­do y de mi vida siem­pre. Cuan­do escri­bí las can­cio­nes de “Subir una mon­ta­ña” vol­ví a que­rer gra­bar, tocar en direc­to y salir a com­par­tir­lo. Enton­ces me aso­mé de nue­vo a la indus­tria de la músi­ca para apren­der cómo conec­tar con las per­so­nas que qui­sie­ran escu­char­me. Pero sien­to que mi cone­xión con la músi­ca es per­so­nal y aje­na a lo que enten­de­mos por mun­di­llo de la músi­ca. Eso sí, estoy agra­de­ci­da a cada per­so­na que hace posi­ble que una can­ción que escri­bí en mi casa lle­gue a la vida de los que escu­chan can­cio­nes y las dis­fru­tan. Es nece­sa­ria la ayu­da de mucha gen­te para que esto ocu­rra: músi­cos, perio­dis­tas, locu­to­res, comu­ni­ca­do­res, equi­pa­zo en el pro­yec­to… Es el cari­ño y gene­ro­si­dad de muchas per­so­nas que suman, a veces en la som­bra, los que lo hacen posi­ble. Pero por supues­to las que deci­den al final son las per­so­nas que eli­gen escu­char esas can­cio­nes y vie­nen a los con­cier­tos.

Debe ser difí­cil man­te­ner­se en una pro­fe­sión tan volá­til. ¿En algu­na oca­sión pen­sas­te en hacer borrón y cuen­ta nue­va y dedi­car­te a algo total­men­te dis­tin­to de los esce­na­rios?

Sí, pero músi­ca creo que haría siem­pre, de modo más o menos pro­fe­sio­nal, como pudie­ra. Para mí hay pro­fe­sio­nes mara­vi­llo­sas pero la músi­ca siem­pre me ha lla­ma­do con más fuer­za, más que el dibu­jo. Es una nece­si­dad mayor. Bellas Artes es lo que más me ape­te­cía estu­diar antes de que la músi­ca lle­ga­se a mi vida y aho­ra cada vez veo más cla­ro que tenía que ser la músi­ca. Otra cosa son las cir­cuns­tan­cias. Me sien­to afor­tu­na­da por sen­tir esta voca­ción y por tener otras pasio­nes, por hacer algo que me gus­ta cada día, y sobre todo pue­do hacer­lo por­que exis­ten per­so­nas que me ayu­dan y quie­ren escu­char­me. He cono­ci­do a per­so­nas tan mara­vi­llo­sas en este camino que pue­do decir que ese es el mayor rega­lo de hacer músi­ca. No se me ocu­rre una pro­fe­sión más boni­ta, con toda la incer­ti­dum­bre que impli­ca.

Si tuvie­ras que mirar den­tro de la mujer que hoy es Mari­lia, ¿qué cali­fi­ca­ti­vos usa­rías? ¿Qué encuen­tras deba­jo de tu son­ri­sa y tu mele­na more­na?

Con el tiem­po me gus­ta más mirar­me por den­tro. Lo que no me gus­ta mucho es limi­tar­me con cali­fi­ca­ti­vos. La cons­tan­te es que todo cam­bia por den­tro y por fue­ra, así que con­si­de­ro que estoy “en cons­truc­ción”. Creo que he cre­ci­do pero he man­te­ni­do una ilu­sión que reco­noz­co des­de siem­pre y podría decir que es así por­que sigo más a mi intui­ción, me conoz­co y dis­fru­to más de todo

¿Y la artis­ta? ¿Cómo es hoy? ¿Cómo se sien­te?

Me sien­to agra­de­ci­da por lo vivi­do y por lo nue­vo que vie­ne. En lo artís­ti­co sigo apren­dien­do y sien­to que estoy empe­zan­do con cada pro­yec­to. Aun­que sumo expe­rien­cia me sigo emo­cio­nan­do cada vez que empie­zo a escri­bir una can­ción o sal­go a un esce­na­rio. Dis­fru­tar el camino da sen­ti­do a todo el tra­ba­jo que hay detrás. Me sien­to pri­vi­le­gia­da por hacer algo que me gus­ta y por las per­so­nas que me apo­yan y lo hacen posi­ble. Sin ellas no sería igual, no podría hacer­lo tan feliz­men­te. Así que envío un enor­me “gra­cias de cora­zón” a mi equi­po y a todas las per­so­nas que me escu­cháis y apo­yáis.

Hable­mos de redes socia­les. Al aso­mar­nos a las tuyas, resul­tas tre­men­da­men­te ele­gan­te y dis­cre­ta. Sien­do cons­cien­te de que podrías tener mucha más reper­cu­sión mos­trán­do­te más, ¿pre­fie­res man­te­ner tu espa­cio de pri­va­ci­dad a la popu­la­ri­dad por la que muchos y muchas ense­ñan casi todo de sus vidas?

Gra­cias por tus pala­bras. Uso las redes socia­les de la for­ma más natu­ral que pue­do. No cre­cí con ellas y segu­ra­men­te no las apro­ve­cho todo lo bien que podría. Reco­noz­co que hay cosas que me divier­ten más pero me encan­ta el con­tac­to direc­to con la gen­te y con los com­pa­ñe­ros. Por aho­ra no me he plan­tea­do subir otros con­te­ni­dos en mi per­fil pero si tuvie­ra otras cosas que decir y qui­sie­ra, supon­go que lo haría. Tam­bién me pare­ce muy res­pe­ta­ble no usar las redes socia­les. Creo que son una herra­mien­ta mara­vi­llo­sa para conec­tar per­so­nas, pro­yec­tos, can­cio­nes y que cada uno las use libre­men­te como con­si­de­re es par­te de la liber­tad de expre­sión. Sigo pen­san­do y con­fian­do en que es la músi­ca, en mi caso, la que lle­ga a las per­so­nas o no.

En cual­quier caso, en las imá­ge­nes que nos rega­las estás abso­lu­ta­men­te radian­te. Por ti no pasa el tiem­po. ¿Cómo te cui­das físi­ca y, sobre todo, men­tal o espi­ri­tual­men­te?

Gra­cias por lo de radian­te. Hay días que más y otros menos como todos. Me gus­ta cui­dar­me por den­tro y ser vege­ta­ria­na des­de hace diez años me ha ayu­da­do mucho. Fue un cam­bio total en mi vida y a mejor en todo. Me intere­sa cui­dar­me en gene­ral: en todo lo que ingie­ro cul­tu­ral­men­te y sobre todo conec­tar con­mi­go a tra­vés de acti­vi­da­des que me gus­tan, que me hacen sen­tir bien, como el depor­te, la medi­ta­ción, pila­tes o yoga, una bue­na ali­men­ta­ción, cami­nar al aire libre cuan­do pue­do… El reto es bus­car tiem­po para todo. Se pue­de aun­que sea solo unos minu­tos al día.

Por cier­to, ni vino ni cer­ve­za…

Aho­ra mis­mo te diría que como ruti­na ni vino ni cerveza…¡agua y té de diver­sos tipos sobre todo!

¿Y de comer?

Ver­du­ras de mil for­mas. La coci­na orien­tal y la medi­te­rrá­nea me encan­tan. Cada vez más

A pesar de todo y aun­que no se note, han pasa­do los años. Si aho­ra pudie­ras dar­le un con­se­jo de vida a la Mari­lia recién sali­da del ins­ti­tu­to que se hizo famo­sa de gol­pe ¿qué le dirías?

Pues a mi yo de ayer le diría que se lo tome con cal­ma pero que no deje de bus­car su camino y todo irá bien. Fácil decir­lo aho­ra

La ver­dad es que para ser tan jóve­nes, erais unas ade­lan­ta­das a vues­tro tiem­po. Esas letras femi­nis­tas en una épo­ca en las que muchas está­ba­mos salien­do aún del cas­ca­rón eran una mara­vi­lla…

Fue pre­cio­so que tan­tas per­so­nas se iden­ti­fi­ca­sen con aque­llas can­cio­nes y aún hoy tam­bién lo hagan. Obvia­men­te habla­ban de lo que está­ba­mos vivien­do y sin­tien­do muchas y muchos. A veces con la músi­ca ocu­rre eso: algo mági­co que nos repre­sen­ta. Hoy hay muchas más muje­res can­tan­do cosas intere­san­tes pero siem­pre ha habi­do muje­res artis­tas en todos los sec­to­res de la cul­tu­ra, muje­res abrien­do cami­nos, rom­pien­do mol­des e ins­pi­ran­do, como hicie­ron Mari Tri­ni, Ceci­lia, Luz Casal, etc… Ellas y muchas más en algún momen­to nos han sor­pren­di­do y nos han abier­to los ojos. Toda mi admi­ra­ción para ellas y para las que no lle­ga­ron al gran públi­co pero tam­bién han hecho un tra­ba­jo nece­sa­rio.

Todo ese éxi­to de repen­te… Supon­go que fue arro­lla­dor. Hubie­ras ges­tio­na­do tus emo­cio­nes de mane­ra dis­tin­ta si te hubie­ra cogi­do diez años más tar­de, ¿ver­dad?

Sin duda sería una expe­rien­cia dife­ren­te pero me pare­ce bien que ocu­rrie­se así.

Vol­vien­do al pre­sen­te, al futu­ro o sim­ple­men­te a un mun­do ima­gi­na­rio, cuén­ta­me un sue­ño musi­cal. Ima­gí­na­te que un día pudie­ras tocar con quien qui­sie­ras en don­de qui­sie­ras. Te dejo tan­ta liber­tad que no es pre­ci­so que esté ni siquie­ra en este mun­do…

Ima­gino un con­cier­to de muchí­si­mas per­so­nas, gran­de pero ínti­mo, en el que pudie­ran sonar todas las voces que qui­sie­ran can­tar y las que que­re­mos escu­char. En mi caso artis­tas admi­ra­dos como Leo­nard Cohen o Tina Tur­ner, entre otros. Ver­les en direc­to y dis­fru­tar­lo al máxi­mo.

Eres una artis­ta poli­fa­cé­ti­ca, ade­más de can­tar, dibu­jas. Creo que eres la auto­ra de la pre­cio­sa por­ta­da del sin­gle “Mi dra­gón”…

¡Gra­cias por lo de pre­cio­sa! Me encan­ta dibu­jar des­de peque­ña, lo hice antes de coger una gui­ta­rra o escri­bir mi pri­me­ra can­ción. Creo que dibu­jar es a lo que más tiem­po he dedi­ca­do en mi vida. De niña me pasa­ba horas y horas dibu­jan­do… feliz. Lue­go lle­gó la músi­ca y tomó el rele­vo.

Para ir ter­mi­nan­do, reco­mién­da­nos un libro de esos que te hayan dejan­do hue­lla…

El Prin­ci­pi­to de Antoi­ne de Saint Exupéry

¿Y, por últi­mo, un lugar de los que lle­nan el alma?

Astu­rias.

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Brindis hedonista

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Brin­do por los ama­bles y son­rien­tes.

Por la gen­te valien­te.

Por esos que se atre­ven a dar los bue­nos días

sin mos­trar­te los dien­tes.

Por las que aman el mun­do

hacién­do­lo calien­te con sus abra­zos lim­pios.

Por los que van de fren­te a cora­zón abier­to.

Por las que no te juz­gan.

Por los que te com­pren­den.

Por ellas va esta sidra.

Por ellos brin­do siem­pre.

Por las que vue­lan alto para bus­car su rum­bo.

Por los que son pacien­tes.

© 2020 Noe­mi Mar­tín. All rights reser­ved