Llorando por esos mundos

Soy llo­ro­na. Lo con­fie­so sin pudor. Me con­mue­ve has­ta una hor­mi­ga coja. Cosas de la vida. Supon­go que por eso he derra­ma­do muchas lágri­mas por esos mun­dos de dios. A veces me han emo­cio­na­do pai­sa­jes memo­ra­bles,  de esos que cor­tan la res­pi­ra­ción y te hacen pen­sar que aún estás en la cama. En otras oca­sio­nes, las per­so­nas  que habi­ta­ban esos luga­res han sido la ins­pi­ra­ción  de esos “hips, hips” épi­cos. Como quie­ra que sea, ahí van algu­nas de mis llan­ti­nas geo­grá­fi­cas más impo­nen­tes. Que cons­te que hay unas cuan­tas más pero no quie­ro abu­rrir­les dema­sia­do con mis sollo­zos via­je­ros.

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San­ta María Nove­lla (Flo­ren­cia) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Flo­ren­cia: des­cu­brí el famo­so “sín­dro­me de Stendhal” en el via­je del Ins­ti­tu­to. Iba pasean­do albo­ro­ta­da por las calles de la ciu­dad tos­ca­na ‑cir­cuns­tan­cia nor­mal cuan­do tie­nes  die­ci­sie­te años y estás con tus ami­gos–  cuan­do me tro­pe­cé con la Igle­sia de San­ta María Nove­lla en una esqui­na.  No pude evi­tar­lo y me entró un tele­le de los gran­des. El cora­zón a mil y alu­ci­nan­do con tan­ta belle­za. Lagri­mo­nes por doquier y la cara de póquer de  mis com­pa­ñe­ros. He repe­ti­do la visi­ta a Flo­ren­cia en dos oca­sio­nes más y en las dos, el mis­mo “parra­que”. Quién sabe si en otra vida me hin­ché a pas­ta y piz­za.
  1. San Gimig­nano: segui­mos en Ita­lia. Fue en algu­na revis­ta de via­jes que des­cu­brí este pue­ble­ci­to medie­val rodea­do de mura­llas y viñe­dos. Esta­ba entre mis visi­tas pen­dien­tes des­de hacía mucho tiem­po. Hace unos meses pude cono­cer­lo y no me decep­cio­nó en abso­lu­to. No sé si fue el vino que me había toma­do momen­tos antes o la emo­ción atra­pa­da en la gar­gan­ta. Lo cier­to es que al cru­zar la  Puer­ta de San Gio­van­ni con la male­ta en la mano, llo­vía a mares entre mis pes­ta­ñas.
  1. Puen­te de Brooklyn: atra­ve­sar el puen­te que une Nue­va York con Brooklyn al ano­che­cer es una expe­rien­cia memo­ra­ble. Si lo haces un once de sep­tiem­bre des­pués de visi­tar la” Zona Cero”, tu cora­zon­ci­to segu­ro que toca en la puer­ta.
  1. Ausch­witz: Sobran las pala­bras. Reco­rrer el mayor cam­po de exter­mi­nio nazi de la his­to­ria, deja sin alien­to has­ta al alma más áspe­ra. Bello y terri­ble.
  1. San­tia­go de Chi­le: en esta oca­sión las lágri­mas fue­ron de ale­gría. Y de la bue­na. Cono­cer a mi ami­ga Pau­la tras más de una déca­da de amis­tad ciber­né­ti­ca hizo que me ena­mo­ra­ra de esta ciu­dad encan­ta­do­ra y  de sus mara­vi­llo­sos habi­tan­tes.
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Peri­to Moreno. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Peri­to Moreno: en ple­na Pata­go­nia, una masa de hie­lo blan­ca y bri­llan­te se cue­la en tus neu­ro­nas. El guía había avi­sa­do: esta es la “cur­va de los sus­pi­ros”. Al doblar­la y des­cu­brir uno de los gla­cia­res más her­mo­so del pla­ne­ta, es inevi­ta­ble poner­se las gafas de sol y rom­per a llo­rar en silen­cio.
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El Faro del Fin del Mun­do. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. El Faro del Fin del Mun­do: tam­bién en Argen­ti­na, per­di­do en un islo­te fren­te a las cos­tas de Ushuaia, este peque­ño y tími­do faro des­lum­bra por su sen­ci­llez rotun­da. Rodea­do de focas y aves emer­ge del mar y hace tem­blar tus cimien­tos.
  1. Tokio: en la capi­tal nipo­na llo­ré de can­san­cio des­pués de vein­te jor­na­das mara­to­nia­nas sin ape­nas poder dor­mir. Pero sobre todo llo­ré con dis­cre­ción el últi­mo día cuan­do nos des­pe­di­mos de Iku­ko Yama­sa­ki. Mi pri­mo y yo hici­mos “couch­sur­fing” en su casa (en tér­mi­nos colo­quia­les que­dar­se de gorra don­de te dejen) y cuan­do nos acom­pa­ñó al metro rum­bo al aero­puer­to nos dijo adiós con un abra­zo muy fuer­te: una acción ines­pe­ra­da para el carác­ter japo­nés, poco dis­pues­to a mos­trar afec­tos de mane­ra tan evi­den­te.
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Pri­sión de Alca­traz. San Fran­cis­co. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. San Fran­cis­co: Sales can­sa­dí­si­ma del avión y unos poli­cías con cara de “pit bull” te retie­nen duran­te más de dos horas sin dar expli­ca­cio­nes. Al final te dejan ir con la cabe­za gacha y des­pués un agen­te his­pano te cuen­ta que hay una fugi­ti­va con tu nom­bre. Sí, tam­bién se llo­ra un poqui­to de ner­vios y ali­vio cuan­do lle­gas sana y sal­va al hotel.
  1. Holly­wood: Paseo de la fama. Entre las dos mil estre­llas que lo pue­blan, encuen­tro la de Michael Jack­son. Me paro en seco, hago el “moon­walk”, can­to “Thri­ller” y, por supues­to, me emo­ciono has­ta las tran­cas.
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Gran Barre­ra de Coral (Aus­tra­lia) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Gran Barre­ra de Coral (Aus­tra­lia): sobre­vo­lar en avio­ne­ta el mayor arre­ci­fe tur­que­sa del pla­ne­ta tie­ne miga. Sin glu­ten, por favor.  La mez­cla de colo­res nubla los sen­ti­dos. Una expe­rien­cia des­lum­bra­do­ra que hay que tener antes de que el calen­ta­mien­to glo­bal la haga impo­si­ble.
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Desa­yuno con vis­tas impa­ga­bles en Cien­fue­gos (Cuba) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

  1. Cien­fue­gos (Cuba): Una ciu­dad pre­cio­sa y una habi­ta­ción en una casi­ta fami­liar jun­to al Cari­be autén­ti­co por trein­ta euros el día. Doña Dora, una cuba­na con muchos años que con­ta­ba his­to­rias reales mien­tras dis­fru­ta­bas de los mejo­res desa­yu­nos del mun­do en el embar­ca­de­ro.  ¿Cómo no des­pe­dir­se de ella y de su hogar con un abra­zo cáli­do y lagri­mi­tas en los ojos?
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Fes­ti­val de Euro­vi­sión 2016 en Esto­col­mo. Foto­gra­fía de la euro­fan Noe­mi Mar­tin

  1. Esto­col­mo: En esta ciu­dad he llo­ra­do dos veces. La pri­me­ra de frío. Ocho gra­dos bajo cero no se lle­van dema­sia­do bien,  más cuan­do vie­nes de Cana­rias y se te ha ocu­rri­do pasar la maña­na en Skan­sen, un museo con ani­ma­les al aire libre. Menos mal que el vino calien­te espe­cia­do tie­ne efec­tos inme­dia­tos cuan­do se toman un par de vasos segui­dos. La segun­da, en el  fes­ti­val de Euro­vi­sión hace unos meses. Ese himno tele­vi­si­vo de todos cono­ci­do, esas ban­de­ras albo­ro­ta­das y esa “euro­fan” dan­do rien­da suel­ta a sus emo­cio­nes sin cor­tar­se un pelo. El resul­ta­do: rímel embo­rro­na­do y unos cuan­tos klee­nex  arru­ga­dos  en el bol­si­llo.

Has­ta aquí un resu­men de mis llan­tos más sona­dos. Mien­tras ideo una segun­da entre­ga, te reto a que, como yo,  hagas memo­ria via­je­ra. Segu­ro que tú tam­bién has llo­ra­do algu­na vez por esos mun­dos. ¿Lo recuer­das?

BSO Llo­rar y llo­rar de Vicen­te Fer­nán­dez

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos.

 

Menú degustación de la trufa en Crowne Plaza Barcelona

La tuber mela­nos­po­rum o tru­fa negra o tru­fa de Péri­gord des­de tiem­po inme­mo­ra­ble ha sido obje­to de deseo. Se la cita en la Biblia don­de se la defi­nía como “man­za­nas del amor”, y las dife­ren­tes cul­tu­ras egip­cias, grie­gas y roma­nas dis­fru­ta­ron de sus aro­mas. Galeno le atri­bu­yó pro­pie­da­des afro­di­sia­cas y Bri­llat-Sava­rin en su bri­llan­te Filo­so­fía del gus­to reafir­mó esta con­vic­ción popu­lar en la Medi­ta­ción VI, obvia­men­te gas­tro­nó­mi­ca. Y así has­ta nues­tros tiem­pos ciber­né­ti­cos actua­les.

Los prin­ci­pa­les pro­duc­to­res de tru­fas son Fran­cia, Espa­ña e Ita­lia. Den­tro de Espa­ña las prin­ci­pa­les espe­cies que cre­cen son la tru­fa de verano (Tuber aes­ti­vum vitt), tru­fa de oto­ño negra (Tuber bru­ma­le) y la apre­cia­da tru­fa negra. Las mayo­res zonas tru­fe­ras natu­ra­les en nues­tro país se encuen­tran en El Maes­traz­go, entre las pro­vin­cias de Cas­te­llón y Teruel, cre­cien­do en terre­nos cali­zos permea­bles, de tex­tu­ra fran­ca y con algo de pen­dien­te, jun­to a árbo­les tru­fe­ros (prin­ci­pal­men­te las enci­nas) ya que este apre­cia­do hon­go se for­ma en sim­bio­sis con ellos. En Cata­lun­ya se encuen­tran entre las estri­ba­cio­nes pirie­nai­cas y la cor­di­lle­ra cos­te­ra cata­la­na.

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Tos­ta­das con dife­ren­tes tipos de tru­fas. Crow­ne Pla­za Bar­ce­lo­na. Foto­gra­fía de José María Toro

Este teso­ro está escon­di­do a unos 20 cen­tí­me­tros deba­jo de tie­rra. Los reco­lec­to­res, aun­que reco­noz­can cier­tas pis­tas irre­fu­ta­bles, final­men­te nece­si­tan la ayu­da de perros adies­tra­dos capa­ces de detec­tar sus incon­fun­di­bles aro­mas. De la difi­cul­tad en su loca­li­za­ción y su alta coti­za­ción en los mer­ca­dos gas­tro­nó­mi­cos le ha vali­do el sobre­nom­bre de dia­man­te negro.

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Tru­fi­ta de foie-gras y cro­can­te con man­go. Tos­ta­da de foie con micro-mes­clum, piño­nes y tru­fa. Crow­ne Pla­za Bar­ce­lo­na. Foto­gra­fía de José María Toro

El “Menú degus­ta­ción de la Tru­fa” del Hotel Crow­ne Pla­za Bar­ce­lo­na nos acer­ca este man­jar, que es todo aro­ma en su momen­to jus­to de madu­ra­ción, y que com­bi­na­do sabia­men­te con otros ali­men­tos nos rega­la sen­sa­cio­nes nue­vas. A car­go de Pau San­ta­ma­ría, hijo del malo­gra­do y siem­pre recor­da­do chef San­ti San­ta­ma­ría, se pue­de dis­fru­tar has­ta el pró­xi­mo 24 de Mar­zo de 2016 en el res­tau­ran­te El Mall situa­do en el inte­rior de las ins­ta­la­cio­nes del hotel.

Pla­tos degus­ta­dos:

Ape­ri­ti­vos de tru­fi­ta de foie-gras y cro­can­te con man­go y subli­me tos­ta­da de foie con micro-mes­clum, piño­nes y tru­fa. Todo sober­bia­men­te armo­ni­za­do con Aire de L’O­ri­gan Cava Brut Natu­re, con el fin de pro­vo­car que las bur­bu­jas hagan salir los aro­mas de la tie­rra.

Entran­te: Pata­ta natu­re, hue­vo poché y tru­fa con brou de galli­na. Acom­pa­ña­do del mis­mo cava.

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Rolli­tos de len­gua­do con cre­ma de ostras tru­fa­das y hor­ta­li­zas cru­jien­tes. Crow­ne Pla­za Bar­ce­lo­na. Foto­gra­fía de José María Toro

Degus­ta­ción de un ele­gan­te arroz cre­mo­so con calçots, ceci­na y lámi­nas de tru­fa mela­nos­po­rum. Casa­do con una copa de Lágri­ma Rosa­do de Nava­rra.

Rolli­tos de len­gua­do con cre­ma de ostras tru­fa­das y hor­ta­li­zas cru­jien­tes. Enno­via­do con una copa de Sca­la Dei, un Prio­rat ela­bo­ra­do con uva gar­na­cha.

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Bra­sea­do de solo­mi­llo con con­tras­tes y sal­sa Peri­gor­di­na. Crow­ne Pla­za Bar­ce­lo­na. Foto­gra­fía de José María Toro

Bra­sea­do de solo­mi­llo con con­tras­tes y sal­sa Peri­gor­di­na y el cama­leó­ni­co Sca­la Dei ante­rior.

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Chou Crum­ble y cre­ma de cara­me­lo. Crow­ne Pla­za Bar­ce­lo­na. Foto­gra­fía de José María Toro

Espec­ta­cu­lar pos­tre Chou Crum­ble y cre­ma de cara­me­lo com­bi­na­do con Masía Este­la Dolç Natu­ral Sole­ra, de l’Empor­dà.

Crow­ne Pla­za Bar­ce­lo­na Fira Cen­ter de Avda. Rius i Tau­let, 1–3 de Bar­ce­lo­na 08004, está situa­do estra­té­gi­ca­men­te jun­to al recin­to ferial de Fira de Bar­ce­lo­na, en la fal­da de la mon­ta­ña de Mont­juïc, muy cer­ca del popu­lar barrio del Poble Sec y tam­bién del cen­tro de la ciu­dad.

Fuen­tes: “Enci­clo­pe­dia del Gour­met” de Juan Muñoz Ramos y “Fisio­lo­gía del gus­to” de J.A. Bri­llat-Sava­rin

© 2016 José María Toro. Todos los dere­chos reser­va­dos

 

Le Bouchon by Giuseppe (Mercer Hoteles Barcelona)

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Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

El Barri Gótic de Bar­ce­lo­na es un dis­tri­to urbano de excep­ción car­ga­do de his­to­ria que ya es his­to­ria (val­ga la redun­dan­cia), que guar­da celo­sa­men­te rin­co­nes inigua­la­bles, con igle­sias y edi­fi­cios civi­les de un pasa­do glo­rio­so entre sus calles labe­rín­ti­cas y estre­chas, con nom­bres que evo­can un ayer memo­ra­ble, de mon­jes gue­rre­ros como el Carrer dels Tem­plers (Calle de los Tem­pla­rios), de un pasa­do judío como el Carrer del Call, el paso de la Inqui­si­ción como lo recuer­da el escu­do del Museu Marés del Carrer dels Com­tes y que pasa muchas veces des­aper­ci­bi­do, o calles que evo­can el mar­ti­rio sufri­do por los pri­me­ros cris­tia­nos defen­dien­do su fe como la Bai­xa­da de San­ta Eula­lia. Es en esta barria­da, entre ves­ti­gios de la anti­güe­dad que aso­man por doquier, don­de se alza Mer­cer Hotel Bar­ce­lo­na en un edi­fi­cio feliz­men­te recu­pe­ra­do por el pres­ti­gio­so e inter­na­cio­nal­men­te cono­ci­do arqui­tec­to Rafael Moneo, que ha sabi­do inte­grar como nadie res­tos de las anti­guas for­ti­fi­ca­cio­nes roma­nas con una estruc­tu­ra de esti­lo góti­co y recu­pe­ran­do sabia­men­te fres­cos ori­gi­na­les en una de sus salas, para con­ver­tir este hotel en una expe­rien­cia úni­ca e inigua­la­ble para sus hués­pe­des.

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Le Bou­chon by Giu­sep­pe Ian­not­ti. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na

Sólo en este mar­co incom­pa­ra­ble con per­so­na­li­dad que bri­lla con luz pro­pia, podía inte­grar­se la coci­na del chef Giu­sep­pe Ian­no­ti, natu­ral de Tele­se Ter­me y dón­de tie­ne su res­tau­ran­te Krè­sios, en la ita­lia­na pro­vin­cia de Bene­ven­to. Un coci­ne­ro que ha veni­do para que­dar­se y fusio­nar su coci­na con la autóc­to­na. Lo suyo por los fogo­nes es de una voca­ción pre­coz, des­de los 6 años. Los ava­ta­res de la vida le lle­vó a gra­duar­se en Inge­nie­ría Infor­má­ti­ca lo cual le ha aña­di­do un cono­ci­mien­to trans­ver­sal a su par­ti­cu­lar mane­ra de enten­der la coci­na, como él la defi­ne basa­da en la “bús­que­da, la ins­pi­ra­ción, la ima­gi­na­ción y la espon­ta­nei­dad” Pre­mia­do con el galar­dón de “Gio­van­ne dell’anno” by l’Es­pres­so y el “Pre­mio ven­t’an­ni” de San Pelle­grino. Está con­si­de­ra­do como uno de los Jóve­nes Res­tau­ra­do­res de Euro­pa. Ade­más está con­de­co­ra­do des­de el 2013 con una estre­lla Miche­lin. Ha tans­por­ta­do su aplau­di­da y reco­no­ci­da coci­na moder­na, con toques clá­si­cos pero ele­gan­tes, des­de la Cam­pa­nia has­ta la ciu­dad de Bar­cino. Un gui­ño de la his­to­ria. Des­de comien­zos del 2016 ges­tio­na toda la res­tau­ra­ción de este emble­má­ti­co hotel bou­ti­que 5 estre­llas.

Un pri­mer acer­ca­mien­to a su coci­na más des­en­fa­da­da y casual es en Le Bou­chon by Giu­sep­pe, dón­de sus raí­ces ita­lia­nas enrai­zan con la nues­tra más popu­lar de tapas o lo que vie­nen sien­do pla­tos peque­ños, crean­do una sim­bio­sis muy enri­que­ce­do­ra. Con entra­da direc­ta des­de el hotel o des­de la calle, abier­ta a todo el mun­do hos­pe­da­dos o no, tras su gran por­tón de made­ra de unos 3 metros de altu­ra y que da paso a un espa­cio diá­fano y amplio, de techos altos, con gran­des vigas de made­ra que se apo­yan en anchas pare­des cons­trui­das con gran­des pie­dras. Sue­lo de made­ra que le da cali­dez con­tras­tan­to con los fríos pedrus­cos, una ilu­mi­na­ción tenue, mesas de made­ra alter­nan con las de már­mol blan­co, aun­que mi pre­fe­ri­da es la alar­ga­da que invi­ta a com­par­tir con des­co­no­ci­dos turis­tas de paso, y por supues­to para gru­pos. De una esté­ti­ca rever­sio­na­da y recon­ver­ti­da de los anti­guos bares de barrio que abun­dan por toda la ciu­dad Con­dal. Su insi­nuan­te colec­ción colo­ris­ta de sifo­nes que con­vi­dan a parar y hacer el ver­mut pre­vio a la comi­da, con ris­tras de ajos y toma­tes de pen­jar (col­gar) a la vis­ta para pedir irre­fle­na­men­te ese pan con toma­te tan sabro­so y tan nues­tro. No pasan des­aper­ci­bi­das las 3 sim­pá­ti­cas cabe­zas de toro, cuál tro­feos, un car­tel de una corri­da tau­ri­na bené­fi­ca del míti­co gran espa­da José Tomás o los espe­jos de la pared con la des­crip­ción de los pla­tos prin­ci­pa­les escri­tas a mano con rotu­la­dor blan­co espe­cial para vidrio con ese cali­gra­fía tan pecu­liar, anár­qui­ca pero boni­ta a la vez, que nos recuer­da un tiem­po pre­té­ri­to en el cual las horas pasa­ban más len­ta­men­te que aho­ra, con boni­tos men­sa­jes que nos dibu­jan son­ri­sas como “con ver­güen­za ni se come ni se almuer­za” o  expre­sio­nes muy cata­la­nas como “a la tau­la i al llit al pri­mer crit” (a la mesa y a la cama al pri­mer avi­so)

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Chips de pata­tas cor­ta­das a mano acom­pa­ña­do de sus sal­sas ket­chup, mayo­ne­sa y bar­ba­coa. En Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

Pla­tos degus­ta­dos:

Deli­cio­sos chips de pata­ta cor­ta­das a mano acom­pa­ña­do de sus sal­sas ket­chup, mayo­ne­sa y de bar­ba­coa.

Vite­llo ton­na­to coci­na­do a baja tem­pe­ra­tu­ra relleno de hue­vo duro con alca­pa­rras y atún en acei­te.

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Ham­bur­gue­sa de vaca vie­ja y de sepia. En Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

Diver­ti­da ham­bur­gue­sa de sepia con lechu­ga cor­ta­da en julia­na, mayo­ne­sa, ajo y cítri­cos. Pan negro ela­bo­ra­do con la pro­pia tin­ta de la sepia.

Sabro­sa ham­bur­gue­sa de vaca vie­ja acom­pa­ña­da de cebo­lla, bacon, que­so, cham­pi­ño­nes, mos­ta­za, ricot­ta y enel­do. Coci­na­da a 40ºC para no per­der los jugos de la car­ne.

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Gnoc­chis de pata­ta, toma­tes y alme­jas. En Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

Vibran­tes gnoc­chis de pata­ta, toma­te y alme­jas.

Un pla­to clá­si­co y memo­ra­ble, que ade­más es la espe­cia­li­dad del chef Giu­sep­pe Ian­not­ti, son las albón­di­gas en ragú con car­ne de cer­do y ter­ne­ra, ela­bo­ran­do su sal­sa con 3 tipos de toma­te. Para mojar pan sin nin­gún remor­di­mien­to, has­ta dejar el pla­to bien reba­ña­do. Un pan que mere­ce men­ción espe­cial por su cali­dad y por estar pre­pa­ra­do con leva­du­ra madre con más de 75 años de exis­ten­cia.

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Albón­di­gas en ragú. En Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

La par­te dul­ce reco­ge la más pura tra­di­ción del sur del país de la bota como el babá al ron con cre­ma y ama­re­na.

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Babà al ron. Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

El clá­si­co e imper­di­ble tira­mi­sú con melin­dros al café, crum­bles de cacao, cre­ma ingle­sa, sifón de mas­car­po­ne con una tex­tu­ra eté­rea y café en pol­vo.

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Tira­mi­sú. Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

Pas­tie­ra, un pas­tel típi­co napo­li­tano, pre­pa­ra­do con ricot­ta, cre­ma ingle­sa de vai­ni­lla, y aro­mas cítri­cos de naran­ja y limón para con­se­guir un pos­tre lige­ro y refres­can­te.

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Pas­tie­ra napo­li­ta­na. Le Bou­chon by Giu­sep­pe. Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na.

Para acom­pa­ñar los pos­tres con un chu­pi­to de Il Liquo­re Stre­ga, infu­sio­na­do con apro­xi­ma­da­men­te 70 hier­bas y espe­cias pro­ve­nien­tes de todos el mun­do, según una anti­gua y secre­ta rece­ta de tra­di­ción fami­liar. Lige­ro sabor amar­go para con­tras­tar con el dul­ce.

Menú busi­ness los medio­días a 25 euros. Pre­cio medio 25–30 euros.

Mer­cer Hote­les Bar­ce­lo­na Carrer dels Lle­dó, 7 08002 Bar­ce­lo­na Tel. 933 107 480

 © 2016 José María Toro. Todos los dere­chos reser­va­dos