Experto en vinos en 24 horas de la mano de Jancis Robinson y de Planeta Gastro

Tras la lectura voraz y casi ininterrumpida de esta obra de la editora del Oxford Companion of Wine y columnista semanal en el Financial Times (no sé cuál de estos dos de sus cargos envidio -sanamente- más), Jancis Robinson, me quedo con la sensación de haber asistido una clase intensiva de máster, a una clase magistral, ya que es un libro de facilísima lectura que se puede devorar en unas horas o bien degustarlo en unas pocas más.

El libro consta de algo más de 150 páginas distribuidas en 6 sencillos bloques: una introducción básica, cómo elegir y cómo catar, cómo seleccionar según la comida o la ocasión y cuánto gastar, qué instrumental existe y cómo tratar el vino, qué variedades de uva hay y finalmente cuáles son las regiones vinícolas existentes a nivel mundial. A modo de resumen y para consolidar el conocimiento adquirido se incluye al final  de la obra un glosario de términos con sus definiciones.

Algunas de las curiosidades que se aprenden a lo largo de esta lectura, y que si no sabíamos, quedarán vagando durante un tiempo en nuestro pensamiento son, por ejemplo, que si no fuera por la piel de la uva todos los vinos serían blancos. O que ingerir alcachofas es incompatible (en cuanto a maridaje se refiere) con un buen vino. O que el tamaño perfecto de una botella de vino es la de 1,5 litros conocida como magnum, y hay un buen motivo para ello (tiene que ver con la oxigenación del vino, pero ¡no lo desvelaremos!). O cómo saber si somos “supercatadores” por nuestro número de papilas gustativas – tenemos un 25% de posibilidades de serlo – y la importancia del olfato. O también que hay vinos, como el Oporto, que tienen margen de mejora hasta los 40 años. O incluso, cómo utilizar nuestro calor corporal para calentar el vino en caso de emergencia.

Además de estas muchísimas curiosidades aprenderemos consejos prácticos, como por ejemplo, que el precio que deberíamos pagar por una botella no debería ser inferior a 12 euros ni superior a 40, o que para el almacenaje la luz y el olor son malos y la humedad es buena, o que deberíamos utilizar las tiendas personalizadas de barrio y las redes sociales para dejarnos ser perfecta y personalizadamente aconsejados.

Experto en vinos en 24 horas de Jancis Robinson. Planeta Gastro

Experto en vino en 24 horas de Jancis Robinson

 

En cuanto a la procedencia del vino, nos daremos cuenta de la suerte que tenemos de haber nacido aquí en España, con nuestra DOCa Rioja, pero aún así,  nos quedará claro que el mejor vino es el francés, con Francia siendo la cuna del vino y gran productora junto con Italia. En España tenemos mucha superficie con las vides creciendo a sus anchas, y EEUU es el primer mercado consumidor. La autora, además, distingue entre “viejo mundo” y “nuevo mundo” y hace que reflexionemos, nos paremos a pensar, y nos demos cuenta de que ha habido una expansión hacia nuevos países productores en los últimos 40 años que se han constituido como un copiar y pegar de lo mejor de cada región y variedad, desde Europa hacia América y Oceanía.

Por lo que respecta a las variedades de uva, según la admirada autora, bastaría con conocer unos 10 tipos -de los 1300 que hay- y un adjetivo para cada variedad, ya que de esta manera podriamos manejarnos y comprender muchísimas cosas: Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Pinot Noir son variedades apreciadas y precisamente las que se han ido replantando en el nuevo mundo, pero cada país tiene sus peculiaridades, por ejemplo, en España tenemos nuestro tempranillo, Portugal consume sus rarísimas variedades y en Georgia fermentan sus variedades específicas enterradas en unas ollas de barro.

Muy útil es la visión que nos transmite la autora casi al final del libro, sobre presente y futuro, y es que las diferencias entre productores a nivel mundial se han reducido y los productores de nuevo mundo han perfeccionado los procesos con su tecnología y limpieza. Las nuevas generaciones han afinado sus gustos y algunos productores trabajan para que el vino no exceda de 12 o 13 grados, reduciendo el sabor de madera con la sustitución de barriles por tanques de hormigón o acero y eliminando el tapón de corcho por el riesgo de corromper el vino. Lo que se hará común entre todos los productores es intentar transmitir la expresión de un lugar, del terroir o terruño, con una mínima intervención en bodega, lo que hará que algunos tengan que reciclarse.

Con un estilo motivacional, la autora Jancis Robinson anima a los no iniciados a aprovechar esa ventaja de no tener ideas preconcebidas, a utilizar su propio lenguaje para describir lo que sienten en sus catas y les da pautas para encontrar la máxima relación calidad-precio en sus adquisiciones. Para los expertos, aporta algunas opiniones personales e información actualizadísima sobre las variedades de uva y su localización mundial. Pero este es un libro, en mi opinión, sobre todo para aquellos que simplemente hemos sido tocados por el vino, en algún sentido, por alguna de sus facetas, y lo querríamos saber todo de él, y por miedo al ridículo no nos atrevíamos a preguntar. Al acabar la lectura nos sentimos poseedores de un mayor conocimiento y también y por qué no, con anécdotas que contar a nuestros amigos durante las comidas, sintiéndonos verdaderos expertos con una buena base para serlo y con una visión amplia que hará que degustemos esos sorbos con toda su plenitud. En definitiva, este es un libro para todos, que deja con la sensación de haber acudido a una cata magistral con expertos y con esa ilusión contagiada. Dan ganas de releerlo y esta vez con la copa Richard Brendon – de la que la autora se deshace en elogios – en nuestras manos.

«Experto en vinos en 24 horas», de la Editorial Planeta Gastro, a la venta en el Corte Inglés, Fnac, La Casa del Libro, y demás librerías.

© 2019 Raquel Carrio. All rights reserved. 

Cavas 10 d’Abril en El Petit Celler

El pasado jueves 20 de abril, El Petit Celler (Beethoven 8, Barcelona) siguiendo su interesante y atractiva propuesta de catas y actividades relacionadas con el mundo del vino y el cava, se encargó de traer a la ciudad condal a 10 d’Abril, una joven pero sabia bodega procedente de Sant Llorenç d’Hortons, municipio situado en el Alt Penedès, Barcelona. Como por su origen se puede colegir, pertenecen a la D.O. Penedès así como a la D.O. Cava.

La D.O. Penedès, situada entre la cordillera Prelitoral y las llanuras de la costa mediterránea, se caracteriza por una gran riqueza en microclimas debido a su proximidad litoral y a su altitud. Con un clima mediterráneo, la zona del Penedès Marítimo (Baix Penedès y Garraf) es más templada por la influencia y proximidad del mar, mientras  que el Penedès Superior (Alt Penedès, Alt Camp, Anoia y Baix Llobregat) con más precipitaciones, presenta  mayor diferencia entre temperaturas máximas y mínimas. El Penedès Central (Alt Penedès) es la síntesis de ambos microclimas.

En cuanto a sus vinos, la D.O. Penedès se caracteriza por la utilización de una vasta variedad de uva como son el xarel·lo, la parellada o el macabeo, entre otras, en blancos, y el merlot, el ull de llebre o la monastrell en tintos.

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Cavas y vinos de 10 d’Abril

Cavas 10 d’Abril  da una vuelta de tuerca a los vinos y cavas de esta D.O. y, manteniendo sus orígenes, se centra en la elaboración de unos caldos de autor con personalidad propia. Para ello, apuesta por una agricultura ecológica y una elaboración artesanal que garantizan matices únicos y diferentes en cada línea de producto.

Jaume Raventós y Javier Hernández, cabezas visibles de 10 d’Abril, fueron los encargados de exponer los siguientes vinos y cavas:

  • Vino blanco Cálida (20% muscat y 80% gewürztraminer): Elaborado a partir de una vendimia nocturna para una maduración a baja temperatura de la uva, Cálida se muestra ante los ojos con un tono áureo, de intensidad media y con pinceladas verdosas. En nariz, ofrece aromas principalmente florales como el jazmín o la rosa, junto con toques de melocotón. En boca, no es tan goloso como a priori se podría esperar, sino que hace gala de esa acidez propia del Penedés. Sedoso y fresco, persiste largamente en el paladar. Acompañaría de forma ideal a platos de marisco, ensaladas y pescados. Se puede decir que Cálida es un vino que transmite calma, la calma de la noche campestre del Penedés.
  • Vino blanco Picu Picu EM8 (Emma 8) (100% xarel·lo): Procedente de viñas de unos 50 años, este monovarietal se cultiva de forma ecológica a 300 metros de altitud en suelo calcáreo y pedregoso. Si bien su fermentación tiene lugar en tanques de acero inoxidable, es el paso por barricas nuevas de castaño el que le aporta esos sutiles toques balsámicos, pero, y gracias al no abusar de la madera, sin perder los aromas esenciales del xarel·lo. Con un color amarillo cercano al dorado mate, indica que fiel al tipo de agricultura que practican en 10 d’Abril, no se han añadido clarificantes ni se ha procedido a filtraciones. Los aromas varietales frescos como el albaricoque junto con gráciles notas de crianza en castaño como ahumados o vainilla, fondos tostados y otros matices dulces se baten en duelo en las fosas nasales, mientras que su paso por boca es ancho y estructurado, fresco, pero con toques ácidos resultado del beso de la madera castaña. Picu Picu EM8 se trata de un vino peculiar, que huye de la indiferencia y del xarel·lo joven, casando de manera óptima con gran variedad de platos de la cocina de proximidad mediterránea como arroces, xatonadas o esqueixadas.
  • Cava Reserva Clos de l’Albert (40% macabeo, 40% xarel·lo y 20% parellada): Fermentado en dos tiempos, una primera fermentación de las tres variedades por separado en acero inoxidable con levaduras autóctonas del Penedés, y una segunda en botella a temperatura constante de 14 y 15°C, Clos de l’Albert se trata de un cava honrado, en el que se ha buscado el control y el equilibrio en el carbónico. Ofrece un color amarillo con reflejos dorados y una burbuja elegante, fina y persistente. En nariz, la manzana Golden y la verde son las protagonistas junto a derivados de su crianza como la almendra tostada. En el paladar, presume de un muy buen equilibrio en el que no hay excesos de acidez. Con toques de pastelería en el post gusto y un punto láctico nada abusivo, es excelente como aperitivo y como paje de pescados, mariscos y carnes blancas.
  • Cava Gran Reserva Terrers de Cal Bayés (40% macabeo, 50% xarel·lo y 40% parellada): Un brut nature llevado al límite. Sus tres variedades se fermentan por separado permitiendo al xarel·lo mantener sus aromas primarios y mejorar las características espumantes y a la macabeo aportar un perfil aromático intenso y complejo que da ese perfume tan distintivo. El color, en gran parte debido a esta última variedad, es de un amarillo tostado con una burbuja fina y de desprendimiento lento. En nariz, frutas al horno y confitadas inspiran paisajes frescos y rústicos mientras que su paso por boca es equilibrado y suave, seco pero dulce, persistente y largo. Se trata de un cava para ser tomado de principio a fin, desde el aperitivo hasta los postres.
Cava Gran Reserva Terrers de Cal Bagés

Cava Gran Reserva Terrers de Cal Bayés

  • Cava Gran Reserva Masia Les Forques (100% xarel·lo): Una excelencia procedente de viñedos viejos situados en suelos de naturaleza calcárea en pleno corazón del Penedés. Con una productividad muy baja, todas las viñas se cultivan sin herbicidas ni insecticidas respetando así la biodiversidad y el medio ambiente. La fermentación de la fruta se lleva a cabo en inoxidable a muy baja temperatura. Tras esta fermentación, se deja cerca de 12 días en lías de xarel·lo para pasar a otra fermentación a base de una levadura de la familia y otra importada de Champagne que le otorga un toque diferencial a la ulterior crianza. Este Gran Reserva muestra un tono amarillo pajizo con reflejos dorados, con rosario de burbujas finas, persistentes y lentas. Tanto en nariz como en boca, se comporta de manera similar: notas cremosas de fruta madura y vainilla conviven con fondos tostados y un complejo ahumado que denota una larga crianza. Es precisamente este ahumado tan especial e intenso el que hace de Masia Les Forques un cava con una capacidad inherente para diferenciarse del resto. Caviares, pescados salseados, carnes y quesos curados se sentirán orgullosos de ser acompañados por este cava.
  • Vino tinto Picu Picu 9 (85% merlot y 15% ull de llebre): Criado en barricas de roble francés y posteriormente en botella, es un tinto en el que se ha buscado sobretodo la frescura y la ligereza. De un atractivo rojo brillante pero sin exceso de color, Picu Picu 9 recuerda a bosque, a jardines de jazmín y a tostados. En boca, se muestra joven pero sin olvidar su crianza en barrica que le aporta esos matices de vainilla y de frutos secos, mientras que la posterior en botella le hace ser un vino ligero y estructurado. Picu Picu 9 se trata de un vino versátil, apropiado para acompañar carnes, segundos platos e incluso para el copeo puro y duro (error, el copeo nunca es duro), que nació de una nueva experiencia y que tiene pinta de perdurar en el mundo vinícola.
Vino tinto Picu Picu número 9

Vinto tinto Picu Picu nº 9

10 d’Abril se reivindican como unos hacedores especiales, concienciados con el carácter que tiene que poseer un vino o un cava del Penedès al mismo tiempo que se rigen por unos principios en los que priman el respeto al medio ambiente y la singularidad de la propia bodega. En palabras de Jaume, «se coopera con payeses para adecuar la viña vieja a la finalidad de la bodega», y ese propósito no es otro que el de sorprender, ilusionar y crear unas altas expectativas que, con el tiempo, cumplirán.

Más información de la bodega en Cavas 10 d’Abril Para saber más del catálogo de referencias así como de las actividades futuras de la vinoteca organizadora en El Petit Celler  del Carrer Beethoven, 8 Barcelona 08021 Teléfono 932 008 260

© 2017 Aarón González. All rights reserved.

Cata de Cavas y Vinos de Castillo Perelada

El pasado 8 de marzo, el emblemático Hotel W Barcelona, fue el escenario perfecto para la extraordinaria presentación y cata de cavas y vinos del Grup Peralada (D.O. Empordà) a manos de Alejandro Rodríguez.

Hablar de los caldos del Castillo de Perelada es hablar de historia, de tradición familiar y de arte.

Si bien la elaboración de vinos en dicho enclave data de la Edad Media, no sería hasta 1923   en el que Miquel Mateu, político, apasionado del arte y la cultura, e hijo del que fuera cofundador de Hispano-Suiza Damián Mateu, comprara el conjunto monumental del Castillo de Perelada para convertirlo en un referente artístico y, por supuesto, para revitalizar una importante tradición vitivinícola presente en la zona del Empordà.

En 1972, Arturo Suqué, yerno de Miquel Mateu, lideraría una transformación enfocada en la calidad y en la meta de hacer de Perelada una de las más prestigiosas bodegas del país. A parte, junto a su esposa Carmen Mateu, inauguraría el reconocido internacionalmente Festival del Castell de Perelada por el que han pasado infinidad de grandes artistas y músicos.

Hoy en día, Javier Suqué Mateu se encarga de dirigir el rumbo de este gran navío apostando por vinos de calidad, plantando y adquiriendo nuevos viñedos y enfatizando la importancia del I+D mediante una constante investigación en tierras ampurdanesas con la finalidad de aprovechar esas cualidades geofísicas y climatológicas que ofrece este territorio tan amado por Salvador Dalí.

En cuanto a la D.O. Empordà, se caracteriza por una heterogeneidad en la tierra en la que priman la textura arenosa y la pobreza en materia orgánica. Suelen ser suelos ácidos que se sitúan desde el nivel del mar hasta una altura cercana a los 260 metros. El clima disfruta del viento de tramontana, que contribuye de manera activa a la buena salud de las viñas. Con inviernos suaves y veranos calurosos pero templados por el Mediterráneo, la temperatura se sitúa entre los 14 y los 16°C, permitiendo el cultivo de variedades de ciclo medio y largo. Referente a los viñedos, son de antigua implantación, si bien en los últimos años se ha ido renovando para adoptar ciertos cambios varietales. Las uvas que predominan son principalmente cariñena y garnacha negra en tintos, y garnacha blanca y roja junto a  macabeo en blancos.

vinos y cavas de Castillo de Perelada

Para esta cata se presentaron los siguientes cavas y vinos:

Cava Stars Touch of Rosé 2014 (90% garnacha y 10% pinot noir): siendo un homenaje a todas esas estrellas que han pasado y pasarán por el Festival Castell de Perelada, este cava elaborado a partir de uvas seleccionadas bajo la D.O. Cava, ofrece un color pálido y rosáceo, así como finas burbujas con formación de corona. Moderno y agradable, se muestra muy floral en boca, seco, pero con vida ácida. La presencia de fruta blanca es más que notable.

Només Garnatxa Blanca 2016 (100% garnacha blanca): con uvas procedentes de viñedos de entre cincuenta y sesenta años situados en la finca Pont de Molins, se obtiene este monovarietal complejo y con alma de manzana. A la vista, presenta un color amarillo pálido con ligeros toques verdosos. En boca ofrece cierto amargor y un gran recorrido. Un claro ejemplo de lo que es un vino con personalidad.

Collection Blanc 2015 (64% chardonnay y 63% sauvignon blanc): este joven de cabello rubio brillante, rebelde e intenso debe buena parte de su personalidad a un 5% de chardonnay que durante el 2015 vivió intensamente en barrica de acacia, adquiriendo un ligero y peculiar toque de madera que se sumaría a un perfume de frutas dulces y tropicales. En boca es redondo y fresco, con un ligero punto carbónico.

Finca Espolla 2012 (50% syrah, 30% monastrell, 8% cabernet sauvignon, 6% garnacha y 6% samsó): con una extensión de 21 hectáreas, Finca Espolla se sitúa en Les Alberes, cerca de los Pirineos, y tiene como principal característica un suelo negro, ácido y pizarroso. Este leal escudero de las carnes “cortas” (pies, carrilleras…) destaca por un color rojo rubí de capa alta. Encontramos abundantes aromas de frutas rojas, así como a balsámicos. En boca es elegante y con una acidez propia de la tierra de la que procede.

Finca Malaveïna 2013 (46% merlot, 21% cabernet sauvignon, 12% cabernet franc, 11% syrah y 10% garnacha): uno de los buques insignia de Perelada, esta «buena vecina» nace de 19 hectáreas de arcilla rojiza y de cantos rodados. Muestra en su rostro un bello color rojo cereza y desprende un aroma a frutos negros con toques tostados. Sus besos son redondos, carnosos, casi cremosos, y ligeramente ácidos, son besos que perduran. Esta vecina envejecerá, por supuesto, pero lo hará de la mejor forma, enamorando de nuevo.

Aires de Garbet 2013 (100% garnacha): De una conjunción dada por el Mediterráneo, la calidez del sol, la tramontana y el suelo pizarroso de la finca Garbet surge este esplendido tinto plagado de recuerdos a hierbas mediterráneas, balsámicos, torrefactos, minerales y frutos rojos. Presenta unos taninos maduros y sedosos, así como un paso por boca agradable y extenso. Igual que Finca Malaveïna, presenta un envejecimiento con buen potencial.

Cava Gran Claustro 2012 (45% pinot noir, 45% chardonnay y 10% xarel·lo): elaborado artesanalmente, se criaba en su origen en las bodegas del claustro situado junto al Castillo Perelada. Se trata de un cava bastante achampanado, de apariencia color amarillo paja con reflejos verdosos y brillantes. Su burbuja es fina y continua, y su sabor, seco y suave, deja vestigios afrutados.

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Menú degustación modernista dentro de la Restaurant Lover Week en Restaurante Galaxó del Hotel Casa Fuster

«Perfecto Sr. Doménech, si usted me confirma que ya tiene todos permisos necesarios para la edificación, proceda a ello. Avisaré a la Sra. Fabra para que se persone en su despacho y puedan concretar los detalles de la obra.»

Así, tras colgar su peculiar y rústico Gower-Bell, Mariano Fuster i Fuster, caballero de la alta sociedad mallorquina, pintor e industrial, seguramente habría dado el visto bueno al planteamiento ofrecido por el respetado arquitecto barcelonés Lluís Doménech i Montaner para la construcción en 1905 de uno de los edificios modernistas más exclusivos y elegantes de la capital catalana: La Casa Fuster.

Situado en el número 132 del concurrido Paseo de Gracia, el Hotel Casa Fuster esconde bajo su sinuosa y marmórea arquitectura el restaurante Galaxó. En claro homenaje a quién fuera el señor de la casa, Mariano Fuster, el local adquiere el nombre de la cumbre mallorquina Puig de Galatzó dando a entender un carácter mediterráneo que se aúna en perfecta consonancia con la vanguardia encarnada en el espíritu modernista que rezuma cada rincón del hotel. En palabras de Oriol Canillas (chef) y Mireia Pellicer (maître sommelier) «Nuestra gastronomía apuesta por el producto mediterráneo, matizado con gustos exóticos. Priorizamos el sabor tradicional y la minuciosa combinación de gustos; además de una estudiada selección cromática acorde con el periodo modernista al que pertenece este emblemático edificio».

Nada más atravesar la arcada del Hotel Casa Fuster, la sensación de viajar a otra época e incluso a otra dimensión, se apodera del espíritu de uno. Mobiliario dotado de vida gracias a sus formas orgánicas, pomos forjados que inspiran naturaleza, jarrones que bailan al son de tenues luces regalando místicos reflejos…Todo ello da la bienvenida, invitando a adentrarse en lo profundo de este bosque de mármol, forja y madera. Ya en la planta noble, Galaxó se deja ver tímidamente al final de un distribuidor que lóbrego, como si fuera el momento en el que se besan los párpados para iniciar un bonito y onírico viaje, es el encargado de conducir al comensal a su destino. El Hada de Azúcar danza y danza.

Una vez en su interior, un techo que evoca un ondulante mar de plata acoge en su fondo las mesas dispuestas con bastante espacio entre sí para que cada experiencia sea única, íntima e inolvidable.

Gargantuescos arcos de mármol hacen la función de guardianes y de separar las diferentes secciones del Galaxó. Misteriosos espejos añejos y quebrados parecen portales a universos de Carroll. Amplios ventanales son cubiertos por imponentes cortinas moradas que como cataratas de vino, caen y se funden en un vacío que escapa a la vista de la persona ya sentada alrededor de unas mesas siempre acompañadas por esculturas y motivos modernistas.

Tras un aperitivo de bienvenida del chef consistente en un suave guacamole con gambas y una selección de sales: la sutil sal rosa del Himalaya, la Flor de Sal con hibisco y la poderosa y oscura sal volcánica de Hawaï, acompañadas con pan blanco y de nueces, y de un excelente AOVE como es el leridano y ecológico Umami, se procedió a la degustación de los siguientes platos:

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Aperitivo modernista. Fotografía de Aarón González

Pica Pica Modernista, elegante y colorida composición formada por:

      –Drac del Parc Güell (Canelón de calabacín relleno de mató y vinagreta de pimientos de colores): un trencadís a base de vinagreta de pimientos multicolores cubre a un dragón de suave calabacín que guarda en su interior una nube de ligero requesón.

    –Vidrieres Modernistes (Tartar de salmón con gelatinas de pimiento, pepino y tomate): un tartar de salmón finamente cortado, que evita así la malograda textura de puré, cobijado por un mézclum de hojas jóvenes al que cada bocado va sonsacando pequeños secretos de paladar. Las gelatinas, diferenciadas y llenas de sabor, aportan ese aspecto visual que le confiere el nombre al plato.

      –Sagrada Familia (patata brava): unir dos conceptos tan arraigados como son las patatas bravas con uno de los símbolos emblemáticos no solo del modernismo catalán, sino de la propia identidad barcelonesa, es todo un acierto. Más aún cuando se da la primera dentellada y la lava de este pequeño volcán empieza a verterse por sus costados al mismo tiempo que hace presencia en las papilas del comensal.

Un primer plato digno de un mural de Mucha en el que colores y sabores vuelven a recordar que no se está en un restaurante cualquiera. Se acompaña con un Primer Brut Nature de Pere Ventura (xarel.lo, parellada y macabeo), que aporta reflejos dorados y brillantes.

Merluza en suquet de chocolate con pastel de patata y boletus: una cama de esponjosas patatas es testigo de este curioso idilio. No se sabe cuándo el cacao empezó su relación con la sirena, lo que sí es más que evidente es que recostados en esos cojines de boletus, mantienen una relación de ensueño, casi prohibida, que sellaron con un blanco e intenso Príncipe de Viana D.O. Navarra (chardonnay). Shostakovich habría compuesto una suite para esta pareja sin dudarlo.

Fricandó de ternera al vermut con naranjas frescas y olivas negras: o como el plato se transforma en un campo de batalla por ver cuál de los ingredientes permanece más tiempo en la mente y en el gusto del comensal. La poderosa pero delicada ternera avanza imparable para ganarse el puesto de paladín modernista, “lástima” que una naranja que no se deja amedrentar por una carne tan fina y dulce, deshaga todo ese sabor para suplantarlo por un frescor ligeramente ácido. Esto provoca un tira y afloja en el que el comensal está deseando probar otro bocado de la primera para obligar al cítrico a actuar. Hasta aquí todo sería más o menos sencillo si no fuera porque otro elemento entra en discordia: de forma furtiva, las olivas negras hacen acto de presencia dando pequeñas estocadas tostadas en el paladar. Han venido, y lo hacen para quedarse. Un tinto joven de Jardins Monastrell D.O. Empordà (garnacha, merlot, syrah y cabernet suavignon) es testigo de tan cruenta batalla.

Casa Fuster (semiesfera de mousse de chocolate con leche y baño de chocolate blanco): líneas curvas modernistas para presentar un postre potente a la par que ligero y, por supuesto, dulce. Una pieza que se podría extrapolar al campo de la arquitectura y encajar perfectamente en cualquier obra de Josep Puig i Cadafalch.

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Semiesfera de mousse de chocolate con leche y baño de chocolate blanco. Fotografía de Aarón González

Tras esta degustación, se concluye que Galaxó es un universo paralelo, un portal al pasado ¿o tal vez al futuro? En definitiva, se puede decir que Galaxó es un lugar para soñar.

Galaxó forma parte de la Restaurant Lover Week organizada por Atrápalo. Del tres al doce de marzo, una selección de restaurantes de Madrid y Barcelona ofrecerán menús exclusivos a un precio asequible e inferior al habitual: 24 euros más IVA y un euro muy especial que irá destinado a colaborar con la ONG Accem y ayudar así a refugiados y a las personas más desfavorecidas.

Más información y reservas en Atrápalo

© 2017 Aarón González. All rights reserved 

Minimalismo y Hedonismo

¿Términos contrapuestos? En absoluto. Al menos así ocurre en mi caso: cada día necesito menos cosas materiales y más experiencias vivas para ser feliz.  Lo veo cuando alzo la mirada. Mi piso y mis armarios se vacían progresivamente mientras mi corazón y mi alma van llenándose de recuerdos, viajes y vivencias. He de reconocer que ha sido una transformación lenta y que aún quedan algunas camisetas con la etiqueta puesta que me da pena tirar aunque lleven tres años en el ropero. Sin embargo, estoy convencida de que, a punto de cumplir los cuarenta, he entrado en una progresión minimalista en la que ya no hay vuelta atrás: necesito menos ropa y menos trastos de todo tipo en casa.
Me agobia tanto elemento inútil y repetido revoloteando cual aguilucho a mi alrededor. Odio los botes de champú a medio llenar encima del plato de ducha y no soporto las toallas bordadas y los trapos de cocina inundando las gavetas ¿Y que me dicen de la colección de tupper que nunca retornan vacíos a casa de mamá? ¡Largo de aquí malandrines invasores! La “operación minimal” va a acabar con todos ustedes. Por pesados.
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Fotografía de Noemi Martin

Siendo sinceros, no soy un espíritu puro ni lo pretendo. Sé que acostumbrarme a no pasear de vez en cuando por los centros comerciales de mi ciudad será un trabajillo duro aunque admito que tampoco tengo la intención de convertirme en una disciplinada rácana. No me gustan los extremos y no voy a comprarme un triste uniforme negro para negarme un vestido bonito o un collar de cuando en cuando. Además, aunque suene a tópico, todos sabemos que esa sensación de estrenar unos zapatos nuevos o un perfume, sobre todo para muchas mujeres, es casi orgásmica. Bueno, casi no, lo es a ciencia cierta y lo he sentido en mis carnes. Sin embargo, en los últimos tiempos cuando un momento de consumismo irracional invade mi cerebro y esbozo una sonrisa maléfica mientras contemplo la tarjeta de crédito, respiro pensando en la ligereza sublime de unos armarios bien ordenados y siento un alivio reconfortante. Así, sin apenas darte cuenta, resulta que, cuando empiezas a  “abrazar la fe minimalista”, deseas menos cachivaches rondando por las habitaciones de tu casa y tu mente,  tienes la cabeza más despejada y, encima,  más tiempo y dinero para deleitarte con placeres más reales y vibrantes que un bolso de piel de potro.
Las cosas que me gustan de verdad y que ahora disfruto plenamente no llenan mis cajones. Bueno, algunas sí, como mis libros. Pero eso, por ahora, es irrenunciable. Una tarde con mi hermana, una botella de Merlot, escaparse lejos el fin de semana o una cena especial en casa son disfrutes “limpios”.  Se gozan, se sienten a tope en el músculo cardiaco y no traen polvo a las estanterías.
Intento ser minimalista pero no renuncio a los maravillosos momentos de hedonismo que me regala la vida. Todo lo contrario. Los acepto con absoluta conciencia de la suerte que tengo y doy las gracias cada noche a las estrellas. Justo por eso, en este punto del camino, prefiero rodearme de más experiencias y menos objetos. De hecho, si por casualidad algunos de mis allegados leen estas reflexiones, aprovecho para enviarles un mensaje claro y cariñoso. Como diría mi adorado cantautor Ismael Serrano: “familiares y amigos”, ahora que se acerca la Navidad y mi cumpleaños, por favor no se gasten un euro en artilugios innecesarios. No se sientan mal. De veras que eso que están pensando aunque sea precioso no me hace falta. Lo prometo. Si a pesar de mi franca advertencia, aún desean tener un pequeño e inmerecido detalle conmigo, ¿qué tal si quedamos un ratito y nos echamos unas risas con una buena copa de vino en la mano? ¿qué les parece si me cocinan unas galletitas sin gluten, compartimos
una tableta de chocolate negro o disfrutamos de un concierto de jazz en un bar perdido? Aunque me basta con un “te pienso«, me encantaría.
BSO de este post Sucede que a veces de Ismael Serrano.
© 2015 Noemi Martin. Todos los derechos reservados

Viñachy, la bebida chyspeante

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Aún queda verano para disfrutarlo y saborearlo. Me resisto numantinamente a creer que hay productos y vivencias que son solamente para una estación del año -obviamente sino hay un cataclismo o un cambio climático a la vista, seguiremos esquiando en invierno y bañándonos en la playa en verano- para todo lo demás podemos jugar a adaptarlo con más o menos sentido, sin romper el orden natural de las cosas, es decir sin actuar contra natura. Verbigracia podemos comer helado de turrón en verano o podemos bebernos una cerveza bien fría en invierno y no por ello el cosmos se tiene que romper en pedazos.

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Mi descubrimiento tardío, ya avanzado el verano, en uno de los anaqueles de la estantería de mi tienda favorita y proveedora habitual de mi despensa y de mi cava, de esta novedosa bebida elaborada a base de Vichy Catalán con los vinos de la premiada bodega Casa de la Viña de la D.O. Valdepeñas, ha sido toda una revelación en el sentido de cubrir una necesidad que hacía tiempo iba anhelando. Y me explico lo que quiero decir, por un lado buscaba una bebida para ofrecer a mis más jóvenes invitados y también para aquellos amigos/as que no beben nada de alcohol -unos temerosos por sus efectos colaterales, incluidas multas de tráfico, y otros por su determinación de odio visceral a todos los efluvios etílicos-  y por otro lado, quería algo  refrescante y ligero,  apropiado para la época de calor, que me siriviera tanto para ese momento distendido y desenfadado del aperitivo, como para acompañar platos más ligeros propios del verano pero también del resto del año.
De la contracción de estas dos grandes marcas, ya citadas anteriormente, se ha construido este simpátio nombre que representa el ideario de esta novedosa empresa: ViñaChy. Una bebida chyspeante, con burbujas y de poca graduación con sólo 7%. Viene con fuerza para romper clichés y esterotipos que están arraigados en el imaginario colectivo, presentándose como una bebida optimista, jovial, alegre y rompedora para disfrutar socialmente con moderación.

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ViñaChy blanco chyspeante: está elaborado con las variedades chardonnay, sauvignon blanc y macabeo de Casa de la Viña junto a Vichy Catalán para obtener un vino de color amarillo con ligeros reflejos verdosos, en boca es goloso con aromas de fruta topical, en especial fruta de la pasión y también a peras maduras. Ideal para acompañar aperitivos, mariscos, aves y pescados a la plancha y también arroces de marisco.

ViñaChy rosado chyspeante: es el resultado de la unión de las uvas petit verdot y tempranillo de Casa de la Viña a Vichy Catalán para conseguir un vino de color rosado, aromas dulces y embriagadores a frambuesa, en boca es fresco. Para maridar con un salmón ahumado, pescados a la plancha, arroces y con tartas recubiertas de frutas de bosque.

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ViñaChy tinto chyspeante: nacida de la mezcla de uvas merlot y tempranillo de la Casa de la Viña y Vichy Catalán para lograr un color rojo cereza y ribetes de un bonito violáceo cardenalicio que se esconde debajo de la espuma de las burbujas. Aromas de frutas negras del bosque. En boca tiene un paso fácil y agradable. Para ennoviar con algún plato cocinado de pavo, pollo o cerdo aderezado con frutas como la pera, albaricoques o incluso higos.

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