Navidad Hedonista

Ya está aquí de nuevo, insistente y abrumadora. Tan colorida y brillante que a veces hasta nos hace daño en la retina y seguro que en alguna esquinita del alma, aquella donde habitan los que se fueron sin marcharse. Ya está aquí otra vez, derrochando viandas y artificios. Es el momento del deleite compartido, del hedonismo familiar, del plural nosotros y también de la paciencia, la tolerancia y el buen humor, de reconocernos como seres sociales que necesitan la mano de los compañeros de vida.

Pasamos por la Navidad a toda prisa, como quien pasa por un parque de atracciones, a veces algo trasnochado. Nos deslizamos entre brindis y centros comerciales buscando el mejor regalo, que es precisamente lo que vamos perdiendo en el trayecto: el tiempo.

Desde el Blog Hedonista, con una copa de vino por bandera como no podía ser de otra forma, proponemos un minuto de silencio. Pero no un minuto triste y enlutado, no es nuestro estilo. Intentemos detenernos para respirar con conciencia y dar las gracias al Universo (o a quien sea) porque aunque a trompicones, seguimos aquí una Navidad más. Somos afortunados. Quizá este veinticuatro de diciembre seamos algunos menos que hace unos años pero seguro que aún nos quedan sonrisas en la recámara y unos ojos a los que mirar con cariño. Todo un tesoro.

Descubramos la sencillez en medio de las luces y pensemos en pequeño para poder sentirnos verdaderamente grandes. Gocemos del momento sin hacerle demasiado caso a la mente y sus boicots. Tal vez la Navidad sea algo tan simple como nacer de nuevo libres de equipaje, como pararnos a apreciar por primera vez la magia de un abrazo.

Feliz Navidad, hedonistas.

© 2018 Noemi Martin. All rights reserved.

Show cooking de Ramón Freixa con tips para las comidas de Navidad en el escenario de Platea Madrid

El chef Ramón Freixa, con 2 estrellas por la famosa guía roja francesa en su restaurante homónimo de Madrid, y responsable también del restaurante Arriba en el interior del céntrico espacio gastronómico y de ocio Platea Madrid, hizo gala de sus amplios conocimientos teóricos y prácticos en los fogones, para explicar unos cuantos trucos innovadores e ideas imaginativas para elaborar su menú ideal para las comidas de las próximas Fiestas Navideñas sin tener que morir en el intento de ser el anfitrión perfecto.

Su virtuosismo, ganado en estos años de profesión, le han convertido en una persona cerebral y práctica, y aunque son consejos de perogrullo los volvió a recordar, porque no por sabido se tienen muchas veces presente, y enunció uno a uno sus argumentos para una Navidad sin agobios, tensiones ni estrés:

  • Usar productos gastronómicos para darle ese toque de suntuosidad y de brillo que distingue la Navidad de otras épocas del año: foie gras y caviar en una elaboración simple y sin dificultad como es una tortilla con estos dos elementos. Las ostras se pueden preparar de 3 formas diferentes: ostra escabechada macerada con la salsa de un buen mejillón en escabeche, ostra cítrica con caviar de limón y por último una ostra ahumada con compota de cebolla y apio.
  • Preparación previa de los platos:  los días de Fiesta son para ponerse guapos y guapas y lucir como estrellas rutilantes en la red carpet, y no ojeras de osos pandas como signo inequívoco de cansancio acumulado. Un consomé gelée con caviar de truchas o una crema de calabaza en su propia cáscara una vez vaciada fue su propuesta.
  • Romper con la monotonía de la vaijlla clásica, mezclando y combinando con gusto diferentes servicios.
  • Presentar la mesa en forma de bufet o emplatado con sencillez pero original.
  • La perfecta Mise en place requiere de una buena planificación y si eres de los que se ponen de los nervios, la solución es optar por el plan B: celebrarlo en Platea y se acabaron los dolores de cabeza

Y así entre risas y mucha complicidad de los allí presente, se puso mano a la obra en un tiempo récord con sus propuestas creativas:

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Ostra escabechada, ostra cítrica y ostra ahumada. Fotografía de Antonio Mata

  • Ostra elaborada con una lata de mejillones de escabeche mezcladas con los mejillones troceados. Ostra con caviar cítrico y ostra ahumada.
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Carabinero y jamón. Fotografía de Alberto Mata

  • Carabinero al soplete, pisto y crujiente de jamón.

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    Raviolis de wantón. Fotografía de Alberto Mata

  • Raviolis de pasta wantón rellenos de boletus con salsa de trufa y burrata, acompañados de esferas de caviar.
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Rigattones rellenos. Fotografía de Alberto Mata.

  • Rigattones fritos rellenos de la salsa tartufata.
  • Consomé gelée con caviar.
  • Crema de calabaza en su propia corteza.
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Milhojas de tartar de carne. Fotografia de Alberto Mata

  • Mihojas de tartar de carne con cogollo de lechuga, sardina ahumada y AOVE Castillo de Canena.
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Yema de huevo. Fotografía de Alberto Mata

  • Yema de huevo solidificado.
  • De postre, capuccino de café irlandés y espuma de helado

Más información de toda la programación de estas Navidades en  Platea Madrid

© 2016 José María Toro. All rights reserved

Minimalismo y Hedonismo

¿Términos contrapuestos? En absoluto. Al menos así ocurre en mi caso: cada día necesito menos cosas materiales y más experiencias vivas para ser feliz.  Lo veo cuando alzo la mirada. Mi piso y mis armarios se vacían progresivamente mientras mi corazón y mi alma van llenándose de recuerdos, viajes y vivencias. He de reconocer que ha sido una transformación lenta y que aún quedan algunas camisetas con la etiqueta puesta que me da pena tirar aunque lleven tres años en el ropero. Sin embargo, estoy convencida de que, a punto de cumplir los cuarenta, he entrado en una progresión minimalista en la que ya no hay vuelta atrás: necesito menos ropa y menos trastos de todo tipo en casa.
Me agobia tanto elemento inútil y repetido revoloteando cual aguilucho a mi alrededor. Odio los botes de champú a medio llenar encima del plato de ducha y no soporto las toallas bordadas y los trapos de cocina inundando las gavetas ¿Y que me dicen de la colección de tupper que nunca retornan vacíos a casa de mamá? ¡Largo de aquí malandrines invasores! La “operación minimal” va a acabar con todos ustedes. Por pesados.
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Fotografía de Noemi Martin

Siendo sinceros, no soy un espíritu puro ni lo pretendo. Sé que acostumbrarme a no pasear de vez en cuando por los centros comerciales de mi ciudad será un trabajillo duro aunque admito que tampoco tengo la intención de convertirme en una disciplinada rácana. No me gustan los extremos y no voy a comprarme un triste uniforme negro para negarme un vestido bonito o un collar de cuando en cuando. Además, aunque suene a tópico, todos sabemos que esa sensación de estrenar unos zapatos nuevos o un perfume, sobre todo para muchas mujeres, es casi orgásmica. Bueno, casi no, lo es a ciencia cierta y lo he sentido en mis carnes. Sin embargo, en los últimos tiempos cuando un momento de consumismo irracional invade mi cerebro y esbozo una sonrisa maléfica mientras contemplo la tarjeta de crédito, respiro pensando en la ligereza sublime de unos armarios bien ordenados y siento un alivio reconfortante. Así, sin apenas darte cuenta, resulta que, cuando empiezas a  “abrazar la fe minimalista”, deseas menos cachivaches rondando por las habitaciones de tu casa y tu mente,  tienes la cabeza más despejada y, encima,  más tiempo y dinero para deleitarte con placeres más reales y vibrantes que un bolso de piel de potro.
Las cosas que me gustan de verdad y que ahora disfruto plenamente no llenan mis cajones. Bueno, algunas sí, como mis libros. Pero eso, por ahora, es irrenunciable. Una tarde con mi hermana, una botella de Merlot, escaparse lejos el fin de semana o una cena especial en casa son disfrutes “limpios”.  Se gozan, se sienten a tope en el músculo cardiaco y no traen polvo a las estanterías.
Intento ser minimalista pero no renuncio a los maravillosos momentos de hedonismo que me regala la vida. Todo lo contrario. Los acepto con absoluta conciencia de la suerte que tengo y doy las gracias cada noche a las estrellas. Justo por eso, en este punto del camino, prefiero rodearme de más experiencias y menos objetos. De hecho, si por casualidad algunos de mis allegados leen estas reflexiones, aprovecho para enviarles un mensaje claro y cariñoso. Como diría mi adorado cantautor Ismael Serrano: “familiares y amigos”, ahora que se acerca la Navidad y mi cumpleaños, por favor no se gasten un euro en artilugios innecesarios. No se sientan mal. De veras que eso que están pensando aunque sea precioso no me hace falta. Lo prometo. Si a pesar de mi franca advertencia, aún desean tener un pequeño e inmerecido detalle conmigo, ¿qué tal si quedamos un ratito y nos echamos unas risas con una buena copa de vino en la mano? ¿qué les parece si me cocinan unas galletitas sin gluten, compartimos
una tableta de chocolate negro o disfrutamos de un concierto de jazz en un bar perdido? Aunque me basta con un “te pienso«, me encantaría.
BSO de este post Sucede que a veces de Ismael Serrano.
© 2015 Noemi Martin. Todos los derechos reservados
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