Dieciséis despropósitos para 2016

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Fitz­roy Island (Océano Pací­fi­co) Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Cuan­do lle­ga el uno de enero, lo nor­mal es hacer acto de con­tri­ción. Duran­te toda nues­tra exis­ten­cia hemos sido malos-malí­si­mos y aho­ra toca con­ver­tir­se en ánge­les esbel­tos, depor­tis­tas de com­pe­ti­ción y aho­rra­do­res per­fec­tos. Pues bien, como decía un famo­so anun­cio: “el fro­tar se va aca­bar”. Des­pués de pen­sar­lo un rati­to, he deci­di­do que este año pre­fie­ro tener ros­qui­tas en la tri­pa, la cuen­ta en núme­ros rojos y dor­mir a pier­na suel­ta los domin­gos sin nece­si­dad de salir a res­pi­rar aire puro. Debe ser que la cri­sis de los cua­ren­ta me ha dado por ser con­tes­ta­ta­ria. No deseo ser run­ner, ni fashion, ni beauty, ni hacer­me sel­fies con fil­tro en blan­co y negro. Sólo quie­ro vivir como una mar­que­sa y ser polí­ti­ca­men­te inco­rrec­ta. Eso sí, siem­pre den­tro del abso­lu­to res­pe­to a los demás cuan­do se lo merez­can. Así que, para el que quie­ra leer­los, ahí van mis 16 des­pro­pó­si­tos para el año que comien­za:

  1. Come­ré y bebe­ré lo que me ape­tez­ca sin remor­di­mien­tos. A lo hecho, pecho. Sucum­bi­ré a los bajo­nes aní­mi­cos con una bue­na dosis de cho­co­la­te o una copa de vino. Ya no quie­ro ser vega­na, ni macro­bió­ti­ca, ni cru­dí­vo­ra. Ade­más los zumos ver­des y las len­te­jas con curry me dan dolor de barri­ga.
  2. Me sal­ta­ré las cla­ses de yoga o las de inglés para que­dar a almor­zar con una ami­ga, tomar un café con mi her­ma­na o sim­ple­men­te por­que me dé la gana.
  3. Deja­ré los pla­tos sin fre­gar o la lava­do­ra sin poner si alguien me lla­ma para ir al cine, un con­cier­to o para picar algo. La casa se que­da­rá tira­da si quie­ro estar deba­jo de la man­ta pen­san­do en las mara­vi­llo­sas musa­ra­ñas aus­tra­lia­nas.
  4. Toma­ré sol aun­que me sal­gan man­chas, arru­gas y patas de gallo a pesar de la pro­tec­ción solar. Me gus­ta el calor­ci­to y quién sabe si lle­ga­ré a ancia­na.
  5. Lle­va­ré el pelo des­pei­na­do y rese­co si pue­do evi­tar media hora de abu­rri­do seca­dor y diez minu­tos de mas­ca­ri­lla gra­sien­ta.
  6. Me que­da­ré en la cama los domin­gos has­ta que me ape­tez­ca levan­tar­me aun­que “pier­da la maña­na”. Lar­ga vida a los pija­mas de fra­ne­la y las zapa­ti­llas pelu­das.
  7. No con­tes­ta­ré men­sa­jes ni lla­ma­das cuan­do no me cua­dre. Seré anti­pá­ti­ca. Mi madre y mis ami­gos lo enten­de­rán.
  8. Prohi­bi­do aho­rrar. No cabe ten­ta­ción algu­na en este sen­ti­do. Los tipos de inte­rés son una por­que­ría.  Gas­tar en via­jar es la mejor inver­sión.
  9. Lee­ré más revis­tas del cora­zón y menos libros de cien­cia y salud. Ya sé per­fec­ta­men­te que la cúr­cu­ma y el té ver­de son estu­pen­dos para el híga­do. Aho­ra quie­ro ente­rar­me de los fan­tás­ti­cos tru­cos de belle­za de Tere­lu y las joyas que lle­va Leti­zia. Al menos de vez en cuan­do.
  10. Me maqui­lla­ré menos, lle­va­ré las uñas sin pin­tar y zapa­to total­men­te plano cuan­do me lo pida el cuer­po.
  11.  No pon­dré bue­na cara si estoy enfa­da­da con moti­vo. Tam­po­co salu­da­ré a los que comien­zan la maña­na con ric­tus amar­ga­do: hay gen­te que no cam­bia. Y si alguien me fal­ta al res­pe­to o hace un comen­ta­rio fue­ra de lugar lo man­da­ré a hacer puñe­tas sin remil­gos.
  12. No haré cur­sos de for­ma­ción sobre temas que no me intere­sen. Pre­fie­ro pasar­me la tar­de vien­do una pelí­cu­la de Dis­ney por muchos cré­di­tos y diplo­mas que me pier­da. Tam­po­co apren­de­ré fran­cés, chino o ruso.
  13. No daré expli­ca­cio­nes sobre mi for­ma de vivir, comer, pen­sar o amar. Pacien­cia cero con los entro­me­ti­dos.
  14. Pon­dré músi­ca por las maña­nas a toda mecha en lugar de oír las noti­cias. No inten­ta­ré dar­me duchas frías al levan­tar­me en invierno. Que me coman los virus y las bac­te­rias pero con cari­ño, por favor.
  15. No com­pra­ré en las reba­jas un buen abri­go o un bol­so de piel para guar­dar­los has­ta el invierno pró­xi­mo. Ya ten­dré tiem­po de hacer­lo si real­men­te me hacen fal­ta.
  16. No me haré pro­pó­si­tos que supon­gan un sacri­fi­cio o una car­ga inú­til. Se aca­bó el ser volun­ta­rio­sa y abne­ga­da.

Estos 16 des­pro­pó­si­tos se resu­men en dos: inten­ta­ré ser  extre­ma­da­men­te imper­fec­ta  y me ale­gra­ré pro­fun­da­men­te por ello. ¡Viva el hedo­nis­mo!

BSO: La vida es un car­na­val de Celia Cruz

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos

 

Feliz Navidad 2015

En esta épo­ca que des­pe­di­mos un año y salu­da­mos al nue­vo que está a la vuel­ta de la esqui­na, en ese momen­to ínti­mo de refle­xión cuan­do la noche de Navi­dad apa­ga­mos las luces, es cuan­do nos pone­mos a hacer balan­ce de lo bueno y malo que decía la can­ción de Mecano, de mirar hacia atrás y son­reír con todo el camino anda­do y de res­pi­rar fuer­te para seguir la hoja de ruta pro­gra­ma­da pre­via­men­te.

Entre los sue­ños cum­pli­dos ‑y que esta­ban en el pro­gra­ma- está la con­so­li­da­ción del blog, el vino Her­ma­co que ya está dis­po­ni­ble y por fin se pue­de dis­fru­tar, el mari­da­je de vino, cho­co­la­te (de Ferrer Pas­tis­sers) y per­fu­me (Ainea y L’es­sen­ce de Bada­lo­na)  ya es una reali­dad. Otros no esta­ban escri­tos en el borra­dor de hace un año y han apa­re­ci­do como por arte de magia o qui­zás por algu­na inex­pli­ca­ble con­jun­ción de pla­ne­tas, esos ali­nea­mien­tos que de vez en cuan­do ocu­rren y que como un tren ‑de esos que sólo pasan pocas veces por delan­te nues­tro– al que hay que subir­se en mar­cha sin pen­sár­se­lo mucho. Y ese rega­lo no pla­ni­fi­ca­do ha sido la amplia­ción de cola­bo­ra­do­res del blog, con otros esti­los que lo enri­que­cen, como Noe­mi des­de Tene­ri­fe con varios post,s  publi­ca­dos ya y su emo­cio­nan­te nove­la por entre­gas ‑hoy día de Navi­dad nos ha rega­la­do el capí­tu­lo 8 de la apa­sio­nan­te his­to­ria de sus muy hedo­nis­tas pro­ta­go­nis­tas Ana y Jai– Des­de Madrid, Rosa, una apa­sio­na­da del vino y del rock and roll, fan incon­di­cio­nal de Loqui­llo. Tam­bién des­de la Ciu­dad Con­dal, Lour­des, Nuria y Gem­ma apo­yan­do en la orga­ni­za­ción, sesio­nes de foto­gra­fía y su pos­te­rior reto­que ‑ya se sabe que una ima­gen vale más que mil pala­bras- Geòr­gia apor­tan­do ideas y nue­vas rutas, Jor­di como des­cu­bri­dor de vinos intere­san­tes, Ricard inves­ti­gan­do nue­vas car­tas de cóc­te­les, Pilar, Ange­la y Vicky dupli­cán­do­me don­de hicie­ra fal­ta, Dani con su cáma­ra réflex a cues­ta, David, Adrià y Jaz­mín echan­do una mano en el tema de las cer­ve­zas arte­sa­na­les. Y como hay que tener ampli­tud de miras… ahí están Alex des­de Aix-en-Pro­ven­ce y Ricar­do des­de Hel­sin­ki pasan­do infor­ma­ción.

Los nue­vos pro­pó­si­tos para el 2016 ya están escri­tos con tin­ta inde­le­ble en un archi­vo de mi mate­ria gris. Des­de lue­go toda esa lis­ta está lle­na de momen­tos muy hedo­nis­tas, de nue­vas sen­sa­cio­nes y emo­cio­nes ¡para qué negar­lo!

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Árbol de Navi­dad rea­li­za­do a par­tir de 96 bom­bo­nes Ferre­ro-Rocher

Brin­do des­de este púl­pi­to que me faci­li­ta inter­net por muchos años de con­ti­nuar con este sue­ño que es una reali­dad y com­par­to la ale­gría con Ferre­ro-Rocher por cum­plir 25 años ¡qué boni­to es sumar años! y los miro como un refe­ren­te a seguir. De ahí mi par­ti­cu­lar home­na­je a esta empre­sa ita­lia­na con su dul­ce y ten­ta­dor árbol de Navi­dad que pre­si­de el salón de mi casa for­ma­do por 96 bom­bo­nes de la icó­ni­ca mar­ca Ferre­ro. Les feli­ci­to tam­bién por el leit­mo­tiv de la cam­pa­ña de publi­ci­dad de este año: “Sabo­rea la belle­za”, que entra den­tro del uni­ver­so hedo­nis­ta. No me pue­do sen­tir más iden­ti­fi­ca­do.

Brin­do por todos los deseos cum­pli­dos y por los que nos fal­tan por cum­plir. Brin­do por todos los que se levan­tan una y otra vez por seguir sus sue­ños. Y brin­do muy espe­cial­men­te por los que no se rin­den. ¡En algún momen­to nos encon­tra­re­mos por el camino! ¡Feliz Navi­dad y un Feliz Año muy hedo­nis­ta!

BSO de este post Whi­te Christ­mas de Michael Bublé con Kellie Pic­kler.

© 2015 José María Toro. Todos los dere­chos reser­va­dos

 

 

Minimalismo y Hedonismo

¿Tér­mi­nos con­tra­pues­tos? En abso­lu­to. Al menos así ocu­rre en mi caso: cada día nece­si­to menos cosas mate­ria­les y más expe­rien­cias vivas para ser feliz.  Lo veo cuan­do alzo la mira­da. Mi piso y mis arma­rios se vacían pro­gre­si­va­men­te mien­tras mi cora­zón y mi alma van lle­nán­do­se de recuer­dos, via­jes y viven­cias. He de reco­no­cer que ha sido una trans­for­ma­ción len­ta y que aún que­dan algu­nas cami­se­tas con la eti­que­ta pues­ta que me da pena tirar aun­que lle­ven tres años en el rope­ro. Sin embar­go, estoy con­ven­ci­da de que, a pun­to de cum­plir los cua­ren­ta, he entra­do en una pro­gre­sión mini­ma­lis­ta en la que ya no hay vuel­ta atrás: nece­si­to menos ropa y menos tras­tos de todo tipo en casa.
Me ago­bia tan­to ele­men­to inú­til y repe­ti­do revo­lo­tean­do cual agui­lu­cho a mi alre­de­dor. Odio los botes de cham­pú a medio lle­nar enci­ma del pla­to de ducha y no sopor­to las toa­llas bor­da­das y los tra­pos de coci­na inun­dan­do las gave­tas ¿Y que me dicen de la colec­ción de tup­per que nun­ca retor­nan vacíos a casa de mamá? ¡Lar­go de aquí malan­dri­nes inva­so­res! La “ope­ra­ción mini­mal” va a aca­bar con todos uste­des. Por pesa­dos.
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Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Sien­do sin­ce­ros, no soy un espí­ri­tu puro ni lo pre­ten­do. Sé que acos­tum­brar­me a no pasear de vez en cuan­do por los cen­tros comer­cia­les de mi ciu­dad será un tra­ba­ji­llo duro aun­que admi­to que tam­po­co ten­go la inten­ción de con­ver­tir­me en una dis­ci­pli­na­da ráca­na. No me gus­tan los extre­mos y no voy a com­prar­me un tris­te uni­for­me negro para negar­me un ves­ti­do boni­to o un collar de cuan­do en cuan­do. Ade­más, aun­que sue­ne a tópi­co, todos sabe­mos que esa sen­sa­ción de estre­nar unos zapa­tos nue­vos o un per­fu­me, sobre todo para muchas muje­res, es casi orgás­mi­ca. Bueno, casi no, lo es a cien­cia cier­ta y lo he sen­ti­do en mis car­nes. Sin embar­go, en los últi­mos tiem­pos cuan­do un momen­to de con­su­mis­mo irra­cio­nal inva­de mi cere­bro y esbo­zo una son­ri­sa malé­fi­ca mien­tras con­tem­plo la tar­je­ta de cré­di­to, res­pi­ro pen­san­do en la lige­re­za subli­me de unos arma­rios bien orde­na­dos y sien­to un ali­vio recon­for­tan­te. Así, sin ape­nas dar­te cuen­ta, resul­ta que, cuan­do empie­zas a  “abra­zar la fe mini­ma­lis­ta”, deseas menos cachi­va­ches ron­dan­do por las habi­ta­cio­nes de tu casa y tu men­te,  tie­nes la cabe­za más des­pe­ja­da y, enci­ma,  más tiem­po y dine­ro para delei­tar­te con pla­ce­res más reales y vibran­tes que un bol­so de piel de potro.
Las cosas que me gus­tan de ver­dad y que aho­ra dis­fru­to ple­na­men­te no lle­nan mis cajo­nes. Bueno, algu­nas sí, como mis libros. Pero eso, por aho­ra, es irre­nun­cia­ble. Una tar­de con mi her­ma­na, una bote­lla de Mer­lot, esca­par­se lejos el fin de sema­na o una cena espe­cial en casa son dis­fru­tes “lim­pios”.  Se gozan, se sien­ten a tope en el múscu­lo car­dia­co y no traen pol­vo a las estan­te­rías.
Inten­to ser mini­ma­lis­ta pero no renun­cio a los mara­vi­llo­sos momen­tos de hedo­nis­mo que me rega­la la vida. Todo lo con­tra­rio. Los acep­to con abso­lu­ta con­cien­cia de la suer­te que ten­go y doy las gra­cias cada noche a las estre­llas. Jus­to por eso, en este pun­to del camino, pre­fie­ro rodear­me de más expe­rien­cias y menos obje­tos. De hecho, si por casua­li­dad algu­nos de mis alle­ga­dos leen estas refle­xio­nes, apro­ve­cho para enviar­les un men­sa­je cla­ro y cari­ño­so. Como diría mi ado­ra­do can­tau­tor Ismael Serrano: “fami­lia­res y ami­gos”, aho­ra que se acer­ca la Navi­dad y mi cum­plea­ños, por favor no se gas­ten un euro en arti­lu­gios inne­ce­sa­rios. No se sien­tan mal. De veras que eso que están pen­san­do aun­que sea pre­cio­so no me hace fal­ta. Lo pro­me­to. Si a pesar de mi fran­ca adver­ten­cia, aún desean tener un peque­ño e inme­re­ci­do deta­lle con­mi­go, ¿qué tal si que­da­mos un rati­to y nos echa­mos unas risas con una bue­na copa de vino en la mano? ¿qué les pare­ce si me coci­nan unas galle­ti­tas sin glu­ten, com­par­ti­mos
una table­ta de cho­co­la­te negro o dis­fru­ta­mos de un con­cier­to de jazz en un bar per­di­do? Aun­que me bas­ta con un “te pien­so”, me encan­ta­ría.
BSO de este post Suce­de que a veces de Ismael Serrano.
© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos

Viñachy, la bebida chyspeante

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Aún que­da verano para dis­fru­tar­lo y sabo­rear­lo. Me resis­to numan­ti­na­men­te a creer que hay pro­duc­tos y viven­cias que son sola­men­te para una esta­ción del año ‑obvia­men­te sino hay un cata­clis­mo o un cam­bio cli­má­ti­co a la vis­ta, segui­re­mos esquian­do en invierno y bañán­do­nos en la pla­ya en verano- para todo lo demás pode­mos jugar a adap­tar­lo con más o menos sen­ti­do, sin rom­per el orden natu­ral de las cosas, es decir sin actuar con­tra natu­ra. Ver­bi­gra­cia pode­mos comer hela­do de turrón en verano o pode­mos beber­nos una cer­ve­za bien fría en invierno y no por ello el cos­mos se tie­ne que rom­per en peda­zos.

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Mi des­cu­bri­mien­to tar­dío, ya avan­za­do el verano, en uno de los ana­que­les de la estan­te­ría de mi tien­da favo­ri­ta y pro­vee­do­ra habi­tual de mi des­pen­sa y de mi cava, de esta nove­do­sa bebi­da ela­bo­ra­da a base de Vichy Cata­lán con los vinos de la pre­mia­da bode­ga Casa de la Viña de la D.O. Val­de­pe­ñas, ha sido toda una reve­la­ción en el sen­ti­do de cubrir una nece­si­dad que hacía tiem­po iba anhe­lan­do. Y me expli­co lo que quie­ro decir, por un lado bus­ca­ba una bebi­da para ofre­cer a mis más jóve­nes invi­ta­dos y tam­bién para aque­llos amigos/as que no beben nada de alcohol ‑unos teme­ro­sos por sus efec­tos cola­te­ra­les, inclui­das mul­tas de trá­fi­co, y otros por su deter­mi­na­ción de odio vis­ce­ral a todos los eflu­vios etí­li­cos-  y por otro lado, que­ría algo  refres­can­te y lige­ro,  apro­pia­do para la épo­ca de calor, que me siri­vie­ra tan­to para ese momen­to dis­ten­di­do y des­en­fa­da­do del ape­ri­ti­vo, como para acom­pa­ñar pla­tos más lige­ros pro­pios del verano pero tam­bién del res­to del año.
De la con­trac­ción de estas dos gran­des mar­cas, ya cita­das ante­rior­men­te, se ha cons­trui­do este sim­pá­tio nom­bre que repre­sen­ta el idea­rio de esta nove­do­sa empre­sa: ViñaChy. Una bebi­da chys­pean­te, con bur­bu­jas y de poca gra­dua­ción con sólo 7%. Vie­ne con fuer­za para rom­per cli­chés y este­ro­ti­pos que están arrai­ga­dos en el ima­gi­na­rio colec­ti­vo, pre­sen­tán­do­se como una bebi­da opti­mis­ta, jovial, ale­gre y rompe­dora para dis­fru­tar social­men­te con mode­ra­ción.

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ViñaChy blan­co chys­pean­te: está ela­bo­ra­do con las varie­da­des char­don­nay, sau­vig­non blanc y maca­beo de Casa de la Viña jun­to a Vichy Cata­lán para obte­ner un vino de color ama­ri­llo con lige­ros refle­jos ver­do­sos, en boca es golo­so con aro­mas de fru­ta topi­cal, en espe­cial fru­ta de la pasión y tam­bién a peras madu­ras. Ideal para acom­pa­ñar ape­ri­ti­vos, maris­cos, aves y pes­ca­dos a la plan­cha y tam­bién arro­ces de maris­co.

ViñaChy rosa­do chys­pean­te: es el resul­ta­do de la unión de las uvas petit ver­dot y tem­pra­ni­llo de Casa de la Viña a Vichy Cata­lán para con­se­guir un vino de color rosa­do, aro­mas dul­ces y embria­ga­do­res a fram­bue­sa, en boca es fres­co. Para mari­dar con un sal­món ahu­ma­do, pes­ca­dos a la plan­cha, arro­ces y con tar­tas recu­bier­tas de fru­tas de bos­que.

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ViñaChy tin­to chys­pean­te: naci­da de la mez­cla de uvas mer­lot y tem­pra­ni­llo de la Casa de la Viña y Vichy Cata­lán para lograr un color rojo cere­za y ribe­tes de un boni­to vio­lá­ceo car­de­na­li­cio que se escon­de deba­jo de la espu­ma de las bur­bu­jas. Aro­mas de fru­tas negras del bos­que. En boca tie­ne un paso fácil y agra­da­ble. Para enno­viar con algún pla­to coci­na­do de pavo, pollo o cer­do ade­re­za­do con fru­tas como la pera, alba­ri­co­ques o inclu­so higos.

Edición limitada de latas vintage Pilsner Urquell

Más allá de este­reo­ti­pos y tópi­cos típi­cos de la cer­ve­za-apa­ga-sed y que la ídem bien fría es para el verano ‑como las bici­cle­tas, la pre­mia­da obra de tea­tro escri­ta por el falle­ci­do Fer­nan­do Fer­nán Gómez- hay toda una cul­tu­ra y tra­di­ción de cien­tos de años para con­se­guir que esta bebi­da lupu­la­da sea obje­to de cul­to por espe­cia­lis­tas y afi­cio­na­dos de espí­ri­tu ele­va­do que van un paso más allá. Detrás de una cer­ve­za hay el tra­ba­jo de maes­tros cer­ve­ce­ros que dotan de per­so­na­li­dad a su pro­duc­to, que es como la niña de sus ojos, pro­yec­tan­do todo su cono­ci­mien­to y expe­rien­cia en su obra, con­ven­ci­dos de que hay con­su­mi­do­res que eli­gen cer­ve­za para cada oca­sión y para mari­dar con los dife­ren­tes pla­tos.

La mar­ca Pils­ner Urquell, tal como la cono­ce­mos aho­ra, tie­ne una lar­ga his­to­ria a sus espal­das. Nació en 1842 en la ciu­dad de Pil­sen (Bohe­mia, Repú­bli­ca Che­ca) dan­do nom­bre al tipo de cer­ve­za pils­ner que es la más difun­di­da, popu­lar, cosu­mi­da e imi­ta­da por todo el mun­do. Esta cer­ve­ce­ría sur­gió a par­tir de las que­jas de con­su­mi­do­res en 1838 has­tia­dos de la baja cali­dad que se ser­vía en ese momen­to, cons­tru­yén­do­se en 1840 la fábri­ca de Bur­gess’ Bre­wery. Fac­to­res como el ficha­je del maes­tro cer­ve­ce­ro báva­ro Josef Groll; el apro­ve­cha­mien­to de un buen acuí­fe­ro ‑4 ríos con­flu­yen es esta ciu­dad che­ca- que sumi­nis­tra un tipo de agua sua­ve, de baja dure­za por su débil mine­ra­li­za­ción, y que bro­ta sin cesar (se nece­si­tan 15 litros apro­xi­ma­da­men­te para con­se­guir uno de cer­ve­za); el uso de nue­vas ceba­das de Mora­via; el lúpu­lo cose­cha­do en los alre­de­do­res de Saaz que apor­ta más ele­men­tos aro­má­ti­cos que los amar­gos nor­ma­les de esta plan­ta y que se usa como con­tra­pe­so a la dul­zor del mal­tea­do de la ceba­da; la baja fer­men­ta­ción de las leva­du­ras; el uso de una mace­ra­ción de decoc­ción que le da ese inten­so sabor carac­te­rís­ti­co de la mal­ta y el lage­ring (alma­ce­na­je) en sub­te­rrá­neos de la cer­ve­za siguien­do el mode­lo báva­ro de usar s de usar barri­les abier­tos, con­vir­tió la pre­sen­ta­ción en socie­dad de esta pale lager en un autén­ti­co éxi­to mul­ti­tu­di­na­rio entre los ciu­da­da­nos de la épo­ca.

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Lata de la izquier­da (ver­de) data de 1925 con ins­crip­cio­nes como “Ori­gi­nal Pils­ner Bier” la pala­bra ori­gi­nal se aña­dió como con­se­cuen­cia del cre­cien­te núme­ro de fábri­cas de cer­ve­za copian­do el esti­lo Pils­ner. La mar­ca se regis­tró en 1896. La lata de la dere­cha (blan­ca) es de 1937, lle­va impre­so el escu­do de armas de la ciu­dad de Pil­sen fecha­do en 1434 y tam­bién lle­va gra­ba­do la deno­mi­na­ción de “pils­ner bier” para inten­tar fre­nar las innu­me­ra­bles copias de esta lager. A par­tir de 1859 cada barril reci­bió una eti­que­ta y núme­ro de serie.

Con el pró­po­si­to de remar­car ese carác­ter arte­sano así como inci­dir de man­te­ner inal­te­ra­da su rece­ta cen­te­na­ria fiel al idén­ti­co pro­ce­so ela­bo­ra­dor, usan­do los mis­mos ingre­dien­tes y de ser la ori­gi­nal de los tipos pils­ner (pil­se­ner o pil­sen) lan­zó recien­te­men­te una edi­ción limi­ta­da de latas vin­ta­ge ‑de ven­ta en los cen­tros de El Cor­te Inglés de la Penín­su­la y Balea­res has­ta ago­tar exis­ten­cias- que repro­du­ce las his­tó­ri­cas eti­que­tas de 1925 y de 1937. Todo un rega­lo para colec­cio­nis­tas de esta míti­ca mar­ca cer­ve­ce­ra.

La cata se cara­te­ri­za por un color dora­do páli­do, de cuer­po lige­ro y refres­can­te, con un amar­gor ini­cial y segui­do de una dul­zor ‑de cara­me­lo- muy agra­da­ble. Para su degus­ta­ción es reco­men­da­ble usar el vaso ‑alto y estre­cho- crea­do espe­cí­fi­ca­me­ne para esta bebi­da mal­tea­da que cana­li­za los aro­mas hacia la nariz mien­tras se bebe. La tem­pe­ra­tu­ra ideal para dis­fru­tar­la es la de 7ºC y ser­vi­da con deli­ca­de­za para con­se­guir una espu­ma inten­sa, con­sis­ten­te, blan­ca sin mácu­la, cre­mo­sa y que per­du­ra.

Na Zdra­ví (Salud)

Premio Nuevo Espace ICON 2015

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Resi­den­cia Fran­ce­sa en Madrid

La sec­ción feme­ni­na del BlogHe­do­nis­ta, des­pués de un bre­ve paso por cha­pa y pin­tu­ra y subi­das en sus insu­fri­bles a la par que ele­gan­tes sti­let­tos de vér­ti­go, fue­ron las encar­ga­das de asis­tir a la entre­ga del Pre­mio Nue­vo Espa­ce ICON 2015 patro­ci­na­dos por la casa gala de auto­mó­vi­les Renault y el suple­men­to men­sual ICON que acom­pa­ña al dia­rio El País el pri­mer jue­ves de cada mes.

En un mar­co incom­pa­ra­ble, como es el pala­ce­te que ocu­pa la Resi­den­cia Fran­ce­sa en el cen­tro de Madrid, fue el lugar esco­gi­do para hacer la entre­ga del galar­dón al chef lau­rea­do y nue­vo Hom­bre ICON. La cui­da­da revis­ta ICON (que ellas leen a escon­di­das aun­que lo nie­guen) está enfo­ca­da al lec­tor mas­cu­lino de espí­ri­tu ele­va­do y como tal rei­vin­di­ca los dife­ren­tes esti­los posi­bles del hom­bre actual, moderno y cos­mo­po­li­ta, inclui­do los hips­ters.

Una fies­ta don­de no podía fal­ta el bri­llo y el gla­mour del famo­seo patrio más actual, como  nues­tro ido­la­tra­do Boris Iza­gu­ri­re, el sem­pi­terno ale­gre y son­rien­te Mario Vaque­ri­zo con su mele­na al vien­to, el actor Jor­di Mollá, el mallor­quín Ale­jo Sau­ras, la modis­ta Ele­na Bena­rroch, y un no-parar de estre­llas ruti­lan­tes del tea­tro, el cine y la tele­vi­sión.

La entre­ga del pre­mio fue dis­ten­di­da con un dis­cur­so impro­vi­sa­do y des­en­fa­da­do a car­go de Cyri­lle Rogeau, encar­ga­do para la oca­sión como anfi­trión y minis­tre-con­sei­ller à l’Am­bas­sa­de de Fran­ce en Espag­ne. Final­men­te fue­ron Samantha Valle­jo-Náge­ra y Pepe Rodrí­guez (dos de los seve­ros jue­ces de Mas­ter Chef) los encar­ga­dos de hacer subir al estra­do al chef Ramón Frei­xa para reci­bir su mere­ci­do home­na­je.

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Ramón Frei­xa reci­be su pre­mio de mano de Samantha Valle­jo-Náge­ra y Pepe Rodrí­guez

Y así entre risas y mucha feli­ci­dad, el coci­ne­ro de Cas­tell­fo­llit de Riu­bre­gós ‑con 2 mere­ci­dí­si­mas estre­llas Miche­lin y ser Gran Chef Relais & Châ­teaux des­de el 2012‑, cogió el micró­fono ¡ y no lo sol­tó! para con­tar en petit comi­té que le seguía encan­tan­do reci­bir pre­mios y que se defi­nía a sí mis­mo como chef de sen­sa­cio­nes, sen­ti­mien­tos y de refle­xión.

La cele­bra­ción fue ame­ni­za­da por la can­tan­te Leo­nor Watling y los VIP,s se divir­tie­ron como el res­to de los mor­ta­les. Igual que las chi­cas del BlogHe­do­nis­ta que por no des­en­to­nar y en un pru­ri­to de mime­tis­mo con el ambien­te rei­nan­te se deja­ron lle­var por la bue­na onda. Y así entre cana­pés, algu­na sacian­te cer­ve­za Iné­dit ‑esa mara­vi­lla crea­da por la fac­to­ría de El Bulli-  enno­via­da con un vibran­te que­so a la pimien­ta, y un refres­can­te y exqui­si­to gin­to­nic a base de MOM — la gine­bra pre­mium de la Bode­ga Gon­zá­lez Byass, ela­bo­ra­da con fru­tos rojos y una secre­ta selec­ción de botá­ni­cos- la fies­ta se dis­pa­ró y mis chi­cas se divir­tie­ron a lo gran­de.

Y lo que suce­dió des­pués de la fies­ta por las calles de Madrid, don­de los gatos y las gatas se pier­den, no me lo quie­ren con­tar. Sólo me citan al lau­rea­do Ramón Frei­xa: “No hay coci­na sin sor­pre­sa”.

Con la cola­bo­ra­ción de Rosa Peñue­las

© 2015 José María Toro. Todos los dere­chos reser­va­dos

Los perfumes de un espresso Piazza d’Oro interpretados por Juan Duyós

 

En el ate­lier de Juan Duyós, un con­tem­po­rá­neo mon­te Heli­cón, se escon­den entre telas, cos­tu­ras, dibu­jos, patro­nes, bobi­nas, alfi­le­res, mani­quíes, lápi­ces y deda­les, las 9 musas canó­ni­cas de Hesío­do, esas nin­fas escu­rri­di­zas y capri­cho­sas que guían sus vir­tuo­sos dedos, enca­mi­nán­do­le a hil­va­nar ideas y refle­xio­nes tra­du­cién­do­lo en pro­yec­tos y boce­tos que final­men­te se con­ver­ti­rán en colec­cio­nes de ves­ti­dos para la mujer moder­na, actual y cos­mo­po­li­ta, que pro­vo­ca­rá sus­pi­ros de admi­ra­ción entre el res­to de fémi­nas, tan­to cuan­do las cama­leó­ni­cas mode­los sal­gan con paso fir­me por la pasa­re­la delan­te del más exclu­si­vo front row como cuan­do algu­na de sus clien­tas paseen orgu­llo­sa­men­te sus tra­jes por las calles de cual­quier ciu­dad inun­dan­do de volú­me­nes, estam­pa­dos y colo­res vivos, apor­tan­do un extra de inten­si­dad y bri­llo capa­ces de ilu­mi­nar has­ta el día más gris y plo­mi­zo del invierno.

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Foto­gra­fía cedi­da por Grey Group

 

Fru­to de su espí­ri­tu ele­va­do, incon­for­mis­ta y per­so­na­li­dad mul­ti­dis­ci­pli­nar son las dife­ren­tes cola­bo­ra­cio­nes con mar­cas de pres­ti­gio para pre­sen­tar su par­ti­cu­lar visión, apor­tan­do un aire reno­va­do car­ga­do de opti­mis­mo como su recien­te con­tri­bu­ción con la mar­ca de café Pre­mium para hos­te­le­ría Piaz­za d’O­ro crean­do toda una serie de obje­tos: vaso de cris­tal para un lat­te mac­chia­to, con­jun­to de taza y pla­to para el ser­vi­cio de café, y delan­tal para el baris­ta. Todo ello con el mar­cha­mo pro­pio del dise­ña­dor, usan­do las flo­res para repre­sen­tar los aro­mas del espres­so per­fec­to. Ele­men­tos rela­cio­na­dos con ese momen­to pla­cen­te­ro y úni­co de degus­tar un buen café, aso­cia­do al final de un buen ága­pe, de encuen­tros con ami­gos y fami­lia­res, de un break a lo lar­go de la jor­na­da labo­ral y por supues­to cuan­do inun­da nues­tras coci­nas con sus agra­da­bles aro­mas a pri­me­ra hora de la maña­na que nos ayu­dan a des­per­tar­nos.

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Foto­gra­fía cedi­da por Grey Group

 

Piaz­za d’O­ro está orien­ta­do al con­su­mi­dor con cri­te­rio, exi­gen­te, que bus­ca sabo­res, mati­ces, inten­si­dad, con cuer­po, que la cre­ma se des­li­ce por la boca dejan­do un post­gus­to agra­da­ble, dul­ce, a cho­co­la­te y ave­lla­na como el blend 100% ará­bi­ca Piaz­za d’O­ro Dol­ce en lata exclu­si­va para el sec­tor de la res­tau­ra­ción. El papel del baris­ta es muy impor­tan­te en la pre­pa­ra­ción correc­ta de la taza de espres­so median­te su for­ma­ción y com­pli­ci­dad con este pro­duc­to de alta gama. Por otro lado la ONG Utz Cer­ti­fied garan­ti­za que el cul­ti­vo y reco­lec­ción se ha rea­li­za­do de mane­ra sos­te­ni­ble y res­pon­sa­ble que bene­fi­cia al con­su­mi­dor final en un mayor dis­fru­te con su taza de espres­so. Ade­más Piaz­za d’O­ro cola­bo­ra en la for­ma­ción de todos los tra­ba­ja­do­res de la plan­ta­ción y de sus fami­lias.

El café ha esta­do rela­cio­na­do siem­pre con la ins­pi­ra­ción y crea­ción de escri­to­res, pin­to­res y demás artis­tas, con­vir­tien­do sus sue­ños y sus fan­ta­sías en imá­ge­nes reales, esté­ti­ca­men­te bellas. Usa­do tam­bién para evi­tar que las musas no les pilla­se en el duer­me­ve­la, atra­pa­dos irre­me­dia­ble­men­te en los bra­zos de Mor­feo, dejan­do esca­par esos momen­tos de loca crea­ción que gra­cias a esos glo­rio­sos ins­tan­tes de numen lle­nan los museos de deli­ca­das pie­zas de incon­fun­di­ble her­mo­su­ra y tam­bién múl­ti­ples espa­cios de nues­tras ciu­da­des.

Ban­da Sono­ra de este post: Magic in the air de Magic Sys­tem feat Chaw­ki. Sigue con los pies el rit­mo de este tema, déja­te lle­var y pon­te a bai­lar, sal a la calle a con­ta­giar tu ale­gría, a rega­lar, a repar­tir gene­ro­sa­men­te la mejor, la más seduc­to­ra, con­ta­gio­sa y hechi­zan­te de tu son­ri­sas, por­que la magia que des­pren­de­mos es la que nos hace espe­cia­les, mara­vi­llo­sos, fas­ci­nan­tes, en defi­ni­ti­va úni­cos e irre­pe­ti­bles.

La Cornue

 

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La Cor­nue 1908 Color rojo Mon­drian

Entrar en el mun­do de las coci­nas y mobi­lia­rio de La Cor­nue es abrir una puer­ta a la ele­gan­cia y al lujo sin estri­den­cias, a enten­der el refi­na­mien­to fran­cés y el savoir fai­re que les carac­te­ri­za, a com­pren­der lo que sesu­dos este­tas siglos atrás le die­ron vuel­tas para defi­nir la pala­bra belle­za.

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La Cor­nue 1908 Color azul Mon­drian

El idea­rio de esta cen­te­na­ria mar­ca gala es de crear pie­zas úni­cas, al gus­to del clien­te, per­so­na­li­zan­do en colo­res, aca­ba­dos, deta­lles, etc. de cada una de las coci­nas encar­ga­das, lo que en inglés se corres­pon­de con la pala­bra bes­po­ke. Los arte­sa­nos que la crean siguen la línea del movi­mien­to Slow, por­que las cosas bien hechas requie­ren su tiem­po como los hor­nos a gas que repro­du­cen la bóve­da del metro de París y que con­si­guen una per­fec­ta difu­sión y cir­cu­la­ción del calor por su inte­rior evi­tan­do que los ali­men­tos se rese­quen y pier­dan la hume­dad, todo para que se con­ser­ven los sabo­res ori­gi­na­les intac­tos. Ade­más del de gas para asar car­nes, aves y pes­ca­dos, exis­te la posi­bi­li­dad de incor­po­rar en los mode­los Châ­teaux uno eléc­tri­co espe­cial para la pre­ci­sión que exi­ge la repos­te­ría. Tam­bién en la mesa de coc­ción se pue­de cus­to­mi­zar e incluir ade­más de la pla­ca Coup de Feu, la induc­ción, un tep­pan­ya­ki o un grill de pie­dras.
Son pie­zas crea­das para gas­tró­no­mos con espí­ri­tu ele­va­do y sen­si­ble, que dis­fru­tan con el pla­cer de coci­nar a fue­go len­to, de reci­bir y com­par­tir con fami­lia y ami­gos de las pre­pa­ra­cio­nes tam­bién úni­cas. Per­so­nas que se iden­ti­fi­can con la filo­so­fía Slow Food con el obje­ti­vo últi­mo de sabo­rear la feli­ci­dad en la coci­na, lo que se cono­ce como Mood Food.

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La Cor­nue 1908 Color ama­ri­llo Mon­drian

Para más deta­lles de los espa­cios per­so­na­li­za­dos de pre­pa­ra­ción, coc­ción, alma­ce­na­je y degus­ta­ción se pue­de ver en la web de La Cor­nue

La colec­ción de coci­nas 1908 en los colo­res carac­te­rís­ti­cos de Mon­drian es la ver­sión para foo­dies urba­ni­tas y tam­bién la más ase­qui­ble de todo el catá­lo­go de esta empre­sa que es todo un refe­ren­te a nivel mun­dial.

 

 

Zinzin Madrid

Flor de magnolio

Las flo­res del mag­no­lio es pre­sa­gio de buen tiem­po, de que el tris­te y desan­ge­la­do invierno de cie­los plúm­beos lo hemos deja­do atrás final­men­te, de que la pri­ma­ve­ra ya está afian­za­da fiel a su cita anual, de que todo vuel­ve a nacer mila­gro­sa­men­te una vez más con una explo­sión de luz, colo­res y aro­mas. Las tar­des se alar­gan y la esta­ción del verano ya está a la vuel­ta de la esqui­na. Ape­te­ce esas noches de cenas tran­qui­las, con una copa de vino, una bue­na com­pa­ñía y una mejor con­ver­sa­ción. ¡Sin pri­sas! Tam­bién del dol­ce far nien­te, sin­tien­do la bri­sa del mar, del sua­ve vien­to que aca­ri­cia nues­tra piel y nos refres­ca des­pués de un calu­ro­so día como el per­fu­me de las notas flo­ra­les y cítri­cas fina­les de la vela Zin­zin Madrid Flor de Mag­no­lio  . Invi­ta tam­bién a dejar­se lle­var por las fan­ta­sías más oní­ri­cas, por revi­vir la dul­zu­ra del amor, por vibran­tes días épi­cos de aven­tu­ras des­or­de­na­das, erran­tes, sin rum­bo, pidién­do­le a las estre­llas que nos ilu­mi­ne en nues­tro par­ti­cu­lar “Via­je a Ita­ca” para que el camino sea lar­go y nos haga rico de expe­rien­cias y sabi­du­ría.

Carac­te­rís­ti­cas téc­ni­cas: Ela­bo­ra­da con cera vege­tal per­fu­ma­da de acei­tes esen­cia­les natu­ra­les des­ti­la­dos. Sin para­fi­na. Dura­ción media de 50 a 60 horas con un que­ma­do uni­for­me y per­du­ra­ble duran­te toda la vida de la vela.

Pre­cio 35 euros de ven­ta en Zin­zin Madrid y en los pun­tos de ven­ta reco­men­da­dos en la pro­pia web.

Pd. Se acer­ca la noche más cor­ta. ¡No te la pier­das. Está lle­na de magia! ¡Y está muy rela­cio­na­da con el fue­go!

Zinzin- flordemagnolio

 

 

 

 

 

 

 

Cata con vinos sorprendentes.

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La cata orga­ni­za­da en el palo­mar (V.T. Cas­ti­lla y León) de detrás de la casa (D.0. Yecla) fue todo un derro­che de exce­len­cia (D.O. Toro) por par­te del  som­me­lier que se entre­gó con la mis­ma pasión que La Farao­na (D.O. Bier­zo) cuan­do se subía a un esce­na­rio, y así nos con­tó algo serio pero tam­bién con muchas risas, es lo que tie­ne el vino como efec­to secun­da­rio, anéc­do­tas sobre los cal­dos para res­tar impor­tan­cia al tema. Paso a paso (D.O. Cas­ti­lla La Man­cha), sin nada de impro­vi­sa­ció (impro­vi­sa­ción D.O. Pene­dés) y como él nos expli­ca­ba, a mi mane­ra (D.O. La Rio­ja) nos trans­mi­tió par­te de su saber sobre los aro­mas del vino, algu­nos espec­ta­cu­la­res y otros dife­ren­tes como el perro verde (D.O. Rue­da). A ren­glón apar­te tam­bién nos ense­ñó con tiem­po (D.O. Valle de Güí­mar)  a sen­tir los lati­dos del vino (V.T. de Val­de­ja­lón). Mano a mano  (D.O. Cas­ti­lla La Man­cha) hici­mos la cata a cie­gas y des­cu­bri­mos las uvas feli­ces con gran per­so­na­li­dad y tam­bién las uvas de la ira (D.O. Mén­tri­da).

Un pro­fe­sio­nal con dos dedos de fren­te (D.O. Cala­ta­yud) que le puso dema­sia­do cora­zón (D.O. Bier­zo) a la cata y ponien­do rum­bo al nor­te (D.O. Vinos de Madrid) nos pidió a los asis­ten­tes que le pusié­ra­mos más amor (D.O. Cata­lun­ya) y con­vir­tié­ra­mos en obje­to de deseo (D.O. Cava)  todo lo rela­cio­na­do con este néc­tar terre­nal (D.O. Cava) con prohi­bi­ción expre­sa de hacer el gan­so con el tema para que la bru­ja ave­ría (D.O. Vinos de Madrid) no nos eche una mal­di­ción y nos con­vier­ta  en galli­nas y focas (V.T. de Mallor­ca).

Una cata solo apta para tocats de l’a­la (toca­dos del ala D.O. Empor­dà)

Adver­ten­cia 1: este post es un gui­ño lite­ra­rio a la locu­ra que sen­ti­mos los apa­sio­na­dos por el vino usan­do los inge­nio­sos y a veces extra­va­gan­tes nom­bres de las eti­que­tas.

Adver­ten­cia 2: Cual­quie­ra pare­ci­do con la reali­dad  es pura casua­li­dad.

La ban­da sono­ra ori­gi­nal de este post es mi peque­ño home­na­je pós­tu­mo al gadi­tano Paco de Lucía que nos ense­ñó que un fla­men­co moderno era posi­ble con su tema Entre dos aguas Siem­pre nos que­da­rá la magia de su músi­ca. Aho­ra le toca ale­grar el cie­lo con sus acor­des.