La Guarida (La Habana, Cuba)

Bienvenid@ a La Gua­ri­da.

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La Gua­ri­da. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

No es una madri­gue­ra. Tam­po­co un escon­di­te para ladro­nes per­di­do en la mon­ta­ña. La Gua­ri­da es uno de los “pala­da­res” (res­tau­ran­tes pri­va­dos) más céle­bres de La Haba­na, un icono del cine cubano y una caver­na míti­ca en la que dis­fru­tar de una cena glo­rio­sa. Cuan­do via­jes a la Lla­ve del Nue­vo Mun­do, pása­te por Con­cor­dia 418. Te ase­gu­ro que esta cue­va úni­ca den­tro de un pala­ce­te en rui­nas de más de un siglo pasa­rá a for­mar par­te de tus recuer­dos más lumi­no­sos.

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La Guar­dia. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Si no has vis­to fotos del res­tau­ran­te, bajar del taxi delan­te de su puer­ta pue­de lle­var­te al páni­co momen­tá­nea­men­te. ¿Se supo­ne que en este lugar tan lúgu­bre han cena­do la que fue­ra rei­na de nues­tro país, polí­ti­cos y depor­tis­tas de todo el mun­do, can­tan­tes y acto­res inter­na­cio­na­les? ¿De ver­dad que aquí han comi­do Spiel­berg, Mick Jag­ger o Cop­po­la? ¡Pero si se está cayen­do a tro­zos! Una vez supe­ra­do el espan­to ini­cial, ven­drán a bus­car­te y te acom­pa­ña­rán ama­ble­men­te por unas esca­le­ras de már­mol cocham­bro­so con ser­vi­lle­tas y tra­pos de coci­na ten­di­dos a los lados como ban­de­ras ondean­do al vien­to. Con los ojos abier­tos y el cuer­po enco­gi­do, en el ter­cer piso se abri­rá ante tu mira­da un espa­cio rebo­san­te de vida, olo­res increí­bles y una entra­ña­ble gen­ti­le­za. ¡“Bien­ve­ni­do a La Gua­ri­da”! Es lo que le dice Die­go a David en la famo­sa pelí­cu­la “Fre­sa y Cho­co­la­te”. Sor­pre­sa: estás en medio del caos y rozan­do el paraí­so. ¡Esto es La Haba­na, her­mano!

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La Gua­ri­da. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

El menú de La Gua­ri­da es una com­po­si­ción úni­ca de sabo­res tra­di­cio­na­les y emer­gen­te moder­ni­dad. Podrás ele­gir, por ejem­plo, una lasa­ña de papa­ya  y sal­pi­cón de maris­cos, un paté de cone­jo con man­go y tama­rin­do o unos tacos de mar­lín ahu­ma­dos con per­fu­me de ron como entran­tes. Como prin­ci­pal, tie­nes des­de una jugo­sa lan­gos­ta con quim­bom­bó, maíz y pimien­ta a un cochi­ni­llo con­fi­ta­do pasan­do por un deli­cio­so atún en caña de azú­car o tres solo­mi­llos con que­so azul y cho­co­la­te.  El agri­dul­ce de las calles de La Haba­na en esta­do puro se cola­rá  jugue­tón en tu boca mien­tras te acom­pa­ña como deco­ra­ción una ima­gen de la Vir­gen, la foto de Pedro Almo­dó­var jun­to al due­ño del res­tau­ran­te o los vasos dis­pa­res de una vaji­lla anti­gua y des­co­lo­ri­da. Como no podía ser de otra mane­ra, el pos­tre estre­lla de la casa es el Fon­dant fre­sa y cho­co­la­te, una peque­ña deli­cia que recuer­da la famo­sa pelí­cu­la que se rodó en 1993 en el pala­ce­te. Tres años des­pués, se abri­ría en este pun­to de cul­to para los segui­do­res del pre­mia­dí­si­mo film cubano, uno de los más cono­ci­dos tem­plos gas­tro­nó­mi­cos de la Isla.

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La Gua­ri­da. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Aun­que la car­ta de vinos no es el pun­to fuer­te de la Gua­ri­da –recuer­da que Cuba no es tie­rra de cal­dos- no te que­da­rás sin tu copa de vino chi­leno o espa­ñol. Si ade­más eres atre­vi­do, pue­des apun­tar­te a un ron Hava­na Club 15 años o a un fabu­lo­so San­tia­go de Cuba 25 años. Eso sí, no te olvi­des de pro­bar el café espe­cial de la casa, tan inten­so como la ciu­dad que te rodea. Y para bajar la comi­da, ¿qué mejor que un paseo por el Male­cón o tomar un dai­qui­ri en el Flo­ri­di­ta o en el hotel Ambos Mun­dos, loa favo­ri­tos de Heming­way en la capi­tal?

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La Gua­ri­da. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Recuer­da que si quie­res visi­tar La Gua­ri­da, tie­nes que reser­var con bas­tan­te ante­la­ción. Un e‑mail unos días antes, bas­ta­rá para vivir una expe­rien­cia sen­so­rial úni­ca cuan­do ate­rri­ces en la Isla. Te reco­mien­do que pidas una mesi­ta en el bal­cón para dis­fru­tar de todo el encan­to del lugar. Y lle­va efec­ti­vo por­que no admi­ten tar­je­ta de cré­di­to. El pre­cio medio sin vino ron­da los 30–35 euros por per­so­na.
La Gua­ri­da

La BSO de este post, como no podía ser de otra mane­ra, es el tema Chi­cha­rro­nes del falle­ci­do com­po­si­tor cubano Com­pay Segun­do. Toda una deli­cia musi­cal.

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos.

Minimalismo y Hedonismo

¿Tér­mi­nos con­tra­pues­tos? En abso­lu­to. Al menos así ocu­rre en mi caso: cada día nece­si­to menos cosas mate­ria­les y más expe­rien­cias vivas para ser feliz.  Lo veo cuan­do alzo la mira­da. Mi piso y mis arma­rios se vacían pro­gre­si­va­men­te mien­tras mi cora­zón y mi alma van lle­nán­do­se de recuer­dos, via­jes y viven­cias. He de reco­no­cer que ha sido una trans­for­ma­ción len­ta y que aún que­dan algu­nas cami­se­tas con la eti­que­ta pues­ta que me da pena tirar aun­que lle­ven tres años en el rope­ro. Sin embar­go, estoy con­ven­ci­da de que, a pun­to de cum­plir los cua­ren­ta, he entra­do en una pro­gre­sión mini­ma­lis­ta en la que ya no hay vuel­ta atrás: nece­si­to menos ropa y menos tras­tos de todo tipo en casa.
Me ago­bia tan­to ele­men­to inú­til y repe­ti­do revo­lo­tean­do cual agui­lu­cho a mi alre­de­dor. Odio los botes de cham­pú a medio lle­nar enci­ma del pla­to de ducha y no sopor­to las toa­llas bor­da­das y los tra­pos de coci­na inun­dan­do las gave­tas ¿Y que me dicen de la colec­ción de tup­per que nun­ca retor­nan vacíos a casa de mamá? ¡Lar­go de aquí malan­dri­nes inva­so­res! La “ope­ra­ción mini­mal” va a aca­bar con todos uste­des. Por pesa­dos.
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Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Sien­do sin­ce­ros, no soy un espí­ri­tu puro ni lo pre­ten­do. Sé que acos­tum­brar­me a no pasear de vez en cuan­do por los cen­tros comer­cia­les de mi ciu­dad será un tra­ba­ji­llo duro aun­que admi­to que tam­po­co ten­go la inten­ción de con­ver­tir­me en una dis­ci­pli­na­da ráca­na. No me gus­tan los extre­mos y no voy a com­prar­me un tris­te uni­for­me negro para negar­me un ves­ti­do boni­to o un collar de cuan­do en cuan­do. Ade­más, aun­que sue­ne a tópi­co, todos sabe­mos que esa sen­sa­ción de estre­nar unos zapa­tos nue­vos o un per­fu­me, sobre todo para muchas muje­res, es casi orgás­mi­ca. Bueno, casi no, lo es a cien­cia cier­ta y lo he sen­ti­do en mis car­nes. Sin embar­go, en los últi­mos tiem­pos cuan­do un momen­to de con­su­mis­mo irra­cio­nal inva­de mi cere­bro y esbo­zo una son­ri­sa malé­fi­ca mien­tras con­tem­plo la tar­je­ta de cré­di­to, res­pi­ro pen­san­do en la lige­re­za subli­me de unos arma­rios bien orde­na­dos y sien­to un ali­vio recon­for­tan­te. Así, sin ape­nas dar­te cuen­ta, resul­ta que, cuan­do empie­zas a  “abra­zar la fe mini­ma­lis­ta”, deseas menos cachi­va­ches ron­dan­do por las habi­ta­cio­nes de tu casa y tu men­te,  tie­nes la cabe­za más des­pe­ja­da y, enci­ma,  más tiem­po y dine­ro para delei­tar­te con pla­ce­res más reales y vibran­tes que un bol­so de piel de potro.
Las cosas que me gus­tan de ver­dad y que aho­ra dis­fru­to ple­na­men­te no lle­nan mis cajo­nes. Bueno, algu­nas sí, como mis libros. Pero eso, por aho­ra, es irre­nun­cia­ble. Una tar­de con mi her­ma­na, una bote­lla de Mer­lot, esca­par­se lejos el fin de sema­na o una cena espe­cial en casa son dis­fru­tes “lim­pios”.  Se gozan, se sien­ten a tope en el múscu­lo car­dia­co y no traen pol­vo a las estan­te­rías.
Inten­to ser mini­ma­lis­ta pero no renun­cio a los mara­vi­llo­sos momen­tos de hedo­nis­mo que me rega­la la vida. Todo lo con­tra­rio. Los acep­to con abso­lu­ta con­cien­cia de la suer­te que ten­go y doy las gra­cias cada noche a las estre­llas. Jus­to por eso, en este pun­to del camino, pre­fie­ro rodear­me de más expe­rien­cias y menos obje­tos. De hecho, si por casua­li­dad algu­nos de mis alle­ga­dos leen estas refle­xio­nes, apro­ve­cho para enviar­les un men­sa­je cla­ro y cari­ño­so. Como diría mi ado­ra­do can­tau­tor Ismael Serrano: “fami­lia­res y ami­gos”, aho­ra que se acer­ca la Navi­dad y mi cum­plea­ños, por favor no se gas­ten un euro en arti­lu­gios inne­ce­sa­rios. No se sien­tan mal. De veras que eso que están pen­san­do aun­que sea pre­cio­so no me hace fal­ta. Lo pro­me­to. Si a pesar de mi fran­ca adver­ten­cia, aún desean tener un peque­ño e inme­re­ci­do deta­lle con­mi­go, ¿qué tal si que­da­mos un rati­to y nos echa­mos unas risas con una bue­na copa de vino en la mano? ¿qué les pare­ce si me coci­nan unas galle­ti­tas sin glu­ten, com­par­ti­mos
una table­ta de cho­co­la­te negro o dis­fru­ta­mos de un con­cier­to de jazz en un bar per­di­do? Aun­que me bas­ta con un “te pien­so”, me encan­ta­ría.
BSO de este post Suce­de que a veces de Ismael Serrano.
© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos

Vino Hermaco by BlogHedonista de la D.O. Toro

¿Qué es la vida? Un fre­ne­sí

¿Qué es la vida? Una ilu­sión,

una som­bra, una fic­ción,

y el mayor bien es peque­ño,

que toda la vida es sue­ño,

y los sue­ños, sue­ños son.

De la obra “La vida es sue­ño” de Cal­de­rón de la Bar­ca

Hay sue­ños rea­lis­tas y otros impo­si­bles de cum­plir ‑nos pon­ga­mos como nos pon­ga­mos-. Algu­nos des­gra­cia­da­men­te se trun­can por las mil y una adver­si­da­des que nos depa­ra la vida, y nos vemos for­za­dos a rega­ña­dien­tes a tirar la toa­lla, mien­tras que otros nos per­si­guen a lo lar­go de toda nues­tra exis­ten­cia. Estos últi­mos son como la estre­lla polar que guia­ba a los anti­guos mari­ne­ros en medio de los océa­nos ‑cuan­do no se con­ta­ban con nues­tros actua­les avan­ces de posi­cio­na­mien­to– y les mar­ca­ba el nor­te. A pesar de tener cla­ro el camino, no son pocas las vici­si­tu­des que hay que supe­rar y a veces esos sue­ños entran en bucles sin sali­da, como en un tio­vi­vo que da vuel­tas y vuel­tas y otras en un ace­le­ra­mien­to ver­ti­gi­no­so de subi­das empi­na­das y repen­ti­nas has­ta lo más alto y caí­das de páni­co ‑inclui­dos tira­bu­zo­nes infi­ni­tos en un des­cen­so pre­ci­pi­ta­do- tal como una mon­ta­ña rusa. Y por si hubie­ran pocos obs­tácu­los en ese tra­yec­to hay que aña­dir el peor enemi­go que pode­mos tener: ¡noso­tros mis­mos! con nues­tras dudas y tri­bu­la­cio­nes que nos mina sin pie­dad la moral para seguir avan­zan­do en bus­ca de nues­tro obje­ti­vo final. Para supe­rar todas estas rocam­bo­les­cas situa­cio­nes se nece­si­ta, ade­más de algún gol­pe de suer­te que nos rega­le de vez en cuan­do la dio­sa for­tu­na, una cons­tan­cia inque­bran­ta­ble y una volun­tad de hie­rro para no per­der alien­to ante cada una de las difi­cul­ta­des, con­si­guien­do supe­rar eta­pas tras eta­pas has­ta alcan­zar el sue­ño final.

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Vino Her­ma­co by BlogHe­do­nis­ta

Uno de mis pro­yec­tos ha sido tener mi pro­pio vino y no han sido pocos los obs­tácu­los a supe­rar para con­se­guir­lo. Años atrás alqui­lan­do viñas, más tar­de com­pran­do barri­cas para ami­gos y por fin encon­trar una bode­ga que me daba casi total liber­tad para hacer reali­dad ese deseo eno­ló­gi­co, en la D.O. Toro que pare­ce un gui­ño del des­tino con el ori­gen topo­ní­mi­co de mi pri­mer ape­lli­do. Tam­po­co es casual el nom­bre ele­gi­do para la bote­lla: Her­ma­co que es todo un home­na­je a Her­mar­co de Miti­le­ne -sin la segun­da “erre” para hacer­lo más ama­ble al pro­nun­ciar­lo- el alumno aven­ta­ja­do de Epi­cu­ro, y su digno here­de­ro a su falle­ci­mien­to de la escue­la filo­só­fi­ca grie­ga del hedo­nis­mo, con­ti­nua­dor de las ense­ñan­zas de su men­tor en el Jar­dín.

Este vino tin­to crian­za del 2010 está ela­bo­ra­do con la varie­dad tem­pra­ni­llo autóc­to­na de esta zona, más cono­ci­da como Tin­ta de Toro. La ven­di­mia se reali­zó a mano y selec­cio­na­da en el pro­pio viñe­do. Enve­je­ci­mien­to en barri­cas fran­ce­sas (70%) y ame­ri­ca­nas (30%) duran­te 14 meses. Míni­mo con­te­ni­do de sul­fi­tos ya que la alta con­cen­tra­ción de tani­nos tie­ne un efec­to con­ser­van­te natu­ral.

Nota de Cata: Color cere­za pico­ta con ribe­tes vio­lá­ceos car­de­na­li­cios que vati­ci­nan una lar­ga vida de guar­da, para con­su­mir aho­ra o en los pró­xi­mos 10–15 años. Lágri­ma den­sa. En la fase olfa­ti­va, aro­mas de fru­ta del bos­que madu­ra y con finas tona­li­da­des de vai­ni­llas y espe­cias ade­más de un tos­ta­do que recuer­da al taba­co muy agra­da­ble. En boca es un vino equi­li­bra­do, con cuer­po, car­no­so, muy bien estruc­tu­ra­do, de paso ater­cio­pe­la­do, aci­dez muy armó­ni­ca y tani­nos inte­gra­dos.

Mari­da­je: armo­ni­za muy bien con arro­ces mar y mon­ta­ña, car­ne de ter­ne­ra en sal­sa, asa­dos de cer­do y cor­de­ro y tam­bién con entre­cot a la bra­sa.

Edi­ción limi­ta­da a la ven­ta. PVP 16 euros. Intere­sa­dos con­sul­tar en bloghedonista@gmail.com Trans­por­te gra­tui­to en Bar­ce­lo­na. Para otras pobla­cio­nes y fue­ra de Espa­ña pre­gun­tar en la mis­ma direc­ción elec­tró­ni­ca.

© 2015 José María Toro. Todos los dere­chos reser­va­dos

Postales para Noe

Está pasa­do de moda, lo sé. Escri­bir pos­ta­les es cosa del siglo pasa­do. ¿Quién nece­si­ta un arcai­co tro­zo de car­tón con una ima­gen tras­no­cha­da pudien­do reci­bir un fla­man­te whatsapp con foto incor­po­ra­da? Pues yo, la rei­na del “vin­ta­ge”. Me ale­gra lle­gar a casa, sol­tar las male­tas y encon­trar mi vie­ju­na pos­tal entre la publi­ci­dad y las car­tas del ban­co. O mejor aún: ate­rri­zar en Tene­ri­fe antes de que mi peque­ña ami­ga lle­gue al buzón. Cuan­do estoy de via­je me encan­ta com­prar una pos­tal boni­ta, ir a la ofi­ci­na de correos más cer­ca­na y, sobre todo, enviar­me bue­nos deseos y ale­gría a des­ta­jo. Pue­de pare­cer cosa de locos o de jubi­la­dos abu­rri­dos. Qui­zá de niños o soña­do­res de otro tiem­po. ¿Qué más da? Yo ya me estoy ima­gi­nan­do la pro­ce­den­cia de mi pró­xi­ma pos­tal mien­tras son­río de ore­ja a ore­ja.

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Foto de Noe­mi Mar­tin

BSO de este post Smi­le de Michael Jack­son. Des­de este pri­vi­le­gia­do púl­pi­to que nos pro­por­cio­na inter­net no para­mos de hacer pro­se­li­tis­mo de ese bene­fi­cio­so ejer­ci­cio que es son­reír,  por­que como decía Migue­li­to (una tira cómi­ca del dia­rio El País) “la tris­te­za no des­gra­va”.

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos

El Kursaal de San Sebastián se ha impregnado de aromas de cúrcuma y otros especias asiáticas.

Atrás que­dó la XVII edi­ción del Con­gre­so de San Sebas­tián Gas­tro­nó­mi­ka. Han sido 4 días muy inten­sos de pre­sen­ta­cio­nes, ponen­cias, show coo­king y de net­wor­king. Este año se ha diri­gi­do al des­cu­bri­mien­to de dos ciu­da­des que pivo­ti­zan todo el avan­ce gas­tro­nó­mi­co del con­ti­nen­te asiá­ti­co: Sin­ga­pur y Hong Kong.

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El stand de los hor­nos a la bra­sa Jos­per

Estas dos metró­po­lis reci­bie­ron una calu­ro­sa aco­gi­da de los ciu­da­da­nos de San Sebas­tián que se acer­ca­ron a cono­cer de pri­me­ra mano el street food asiá­ti­co que se mon­tó efí­me­ra­men­te en la entra­da del Kur­saal y que es todo un tri­bu­to a los que se orga­ni­zan por la calles de estas dos ciu­da­des: los food mar­ket de Sin­ga­pur y los hutongs de Hong Kong. Se pudo degus­tar pro­duc­tos y pla­tos repre­sen­ta­ti­vos de los res­tau­ran­tes que asis­tie­ron a este con­gre­so inter­na­cio­nal de gas­tro­no­mía como la sopa de fideo Lak­sa del res­tau­ran­te Les Amis del chef Peter Teo (Sin­ga­pur) las cro­que­tas de arroz y pollo “Chic­ken Rice” del chef Emma­nuel Stroo­bant (Sin­ga­pur), las deli­cio­sas cos­ti­llas de cer­do con café “cof­fee pork ribs” del chef Way­ne Liew del res­tau­ran­te Keng Eng Kee (Sin­ga­pur), las empa­na­di­llas Dim Sum de car­ne y el gui­so de pollo a las 1000 espe­cias del chef Josep María Kao del res­tau­ran­te Kao Dim Sum de Bar­ce­lo­na. Todo un luja­zo el poder pro­bar gas­tro­no­mía de miles de kiló­me­tros de dis­tan­cia sin des­pla­zar­se de la capi­tal donos­tia­rra y sin per­der de vis­ta la belle­za de la bahía de La Con­cha ni su mag­né­ti­ca baran­di­lla (reco­noz­co que padez­co el sín­dro­me de esa cen­te­na­ria baran­di­lla y que es lle­gar a esta ciu­dad, bajar­me del tren e irme direc­to a este emble­ma de la ciu­dad, don­de me pue­do pasar horas miran­do el mar, a la isla de San­ta Cla­ra y todo lo que suce­de en la pla­ya apo­ya­do en ella y que sólo me des­en­gan­cho cuan­do la gazu­za aprie­ta y enca­mino mis pasos como un poseí­do hacia los bares de la Par­te Vie­ja).

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Pla­to de tru­fa negra pre­pa­ra­do por Andrea Tum­ba­re­llo

Cla­ses magis­tra­les for­ma­ti­vas de diver­sas temá­ti­cas en el Aula Makro, en petit comi­té, como el diri­gi­do para recal­ci­tran­tes tru­fas lovers impar­ti­do por un diver­ti­do Andrea Tum­ba­re­llo, chef ita­liano afin­ca­do en el res­tau­ran­te madri­le­ño Don Gio­van­ni. 
Los chefs más repre­sen­ta­ti­vos de la gas­tro­no­mía de las ciu­da­des invi­ta­das, coci­ne­ros de reco­no­ci­do pres­ti­gio inter­na­cio­nal que con la sem­pi­ter­na son­ri­sa y acti­tud afa­ble y humil­de se pre­sen­ta­ron en socie­dad ante perio­dis­tas curio­sos por saber un poco más de su coci­na. De Sin­ga­pur nos tra­je­ron la fusión, la mez­cla de cul­tu­ras gas­tro­nó­mi­cas como la mala­ya, la chi­na, la India, la tamil, y la influen­cia de la colo­ni­za­ción bri­tá­ni­ca. Por su par­te Hong Kong apor­tó lo que se coci­na en los res­tau­ran­tes más lujo­sos y tam­bién la popu­lar, la que se come en la calle, muy rica en aro­mas y colo­res que reco­ge la tra­di­ción culi­na­ria de la coci­na man­da­ri­na, la de Sichuan, la de Yunan y la de Hunan. Mal­com Lee nos ilus­tró sobre la coci­na pera­na­kan sur­gi­da de la fusión mala­ya y chi­na de Sin­ga­pur. Ryan Clift insis­tió en el uso del uma­mi con­si­de­ra­do como el 5º sabor. Jus­tin Quek tra­jo la gas­tro­no­mía de lujo sin­ga­pu­ren­se. André Chiang ‑con­si­de­ra­do como el 5º de los 50 mejo­res de Asia 2015– ala­bó el papel de jugos y fer­men­ta­dos como alter­na­ti­va al vino en cual­quier mari­da­je
Por su par­te, los chefs patrios galar­do­na­dos con los lau­re­les de la pres­ti­gio­sa guía Miche­lin como Jor­di Cruz, Eneko Atxa, Mar­tín Bera­sa­te­gui, entre otros, mos­tra­ron sus últi­mas nove­da­des en el gran audi­to­rio y des­pués depar­tie­ron infor­mal­men­te con todos los asis­ten­tes por los pasi­llos. En la mis­ma sala que Josep Roca nos con­ta­gió un poco más de su amor por el vino, en su cata más gran­de jamás con­ta­da (y cata­da) rin­dien­do un emo­ti­vo home­na­je pós­tu­mo a su com­pa­ñe­ro de pro­fe­sión Juli Soler, y defen­dien­do la tie­rra que habi­ta­mos para poder seguir hacien­do vino. Por últi­mo, tra­jo para pro­bar un vino Jerez de 200 años que se repar­tió salo­mó­ni­ca­men­te entre los más cer­ca­nos a su púl­pi­to. El chef Paco Pérez nos hizo dis­fru­tar a par­tir del dicho que del “cer­do se apro­ve­chan has­ta los anda­res” y ni cor­to ni pere­zo­so nos impro­vi­só una man­te­qui­lla ‑mucho más salu­da­ble que la de vaca- y una cre­ma de cho­co­la­te a par­tir de los res­tos de una pata de jamón del ela­bo­ra­dor Artu­ro Sán­chez. ¡De ova­ción en pie!. El revo­lu­cio­na­rio Mario San­do­val pre­sen­tó un sus­ti­tu­ti­vo de la sal a par­tir de los poli­fe­no­les, los com­pues­tos bio­ac­ti­vos extraí­dos de la piel de la uva, y que tie­nen un gran poder anti­oxi­dan­te. Pre­sen­tó en pri­mi­cia tam­bién su nue­va colec­ción de vaji­lla “Dio­sa Anti­qua” ins­pi­ra­da en las sinuo­sas cur­vas feme­ni­nas. En con­clu­sión todos los coci­ne­ros coin­ci­die­ron por una­ni­mi­dad en rei­vin­di­car el sabor en el pla­to por enci­ma de la belle­za del mis­mo.

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Man­te­qui­lla ela­bo­ra­da con la pata de un jamón de cer­do ela­bo­ra­da por Paco Pérez

Como acti­vi­da­des para­le­las al Con­gre­so se ofre­ció la posi­bi­li­dad de asis­tir a una cla­se par­ti­cu­lar de coci­na o de gui­sar codo a codo con los pres­ti­gio­sos chefs Ele­na Arzak, Pedro Subija­na o Ando­ni Luis Adu­riz.
El Con­cur­so Nacio­nal de Parri­lla ‑ya va por la sex­ta edi­ción- pro­vo­có mucha segre­ga­ción sali­var entre los jue­ces, que valo­ran­do las pie­zas, la coc­ción, la tex­tu­ra y el sabor, pro­cla­ma­ron gana­dor a Jon Aya­la del Asa­dor Laia de Hon­da­rri­bia. La chu­le­ta tam­bién fue la pro­ta­go­nis­ta indis­cu­ti­ble de la cena cele­bra­da el lunes y el mar­tes en el mar­co incom­pa­ra­ble de uno de los sun­tuo­so salo­nes del Hotel María Cris­ti­na, sien­do reci­bi­da como una ruti­lan­te estre­lla de cine.
Por su par­te, en el Mar­ket estu­vie­ron pre­sen­te una selec­ción de las mejo­res empre­sas pro­vee­do­ras de pro­duc­tos ali­men­ti­cios y de bebi­das, así como indus­trias auxi­lia­res.

Espe­ra­mos ya impa­cien­tes que nove­da­des nos depa­ra­rá el año pró­xi­mo por­que segu­ro que nos sor­pren­de­rán aún más, tenien­do en cuen­ta que San Sebas­tián ha sido pro­cla­ma­da como la capi­tal cul­tu­ral euro­pea 2016. ¡Doble inte­rés! Sigo recor­dan­do esos aro­mas de espe­cias asiá­ti­cas que se han gra­ba­do en mi memo­ria olfa­ti­va.

© 2015 José María Toro. Todos los dere­chos reser­va­dos

Me gusta tener jet lag

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Foto de Noe­mi Mar­tin en su via­je a Argen­ti­na

Me gus­ta tener jet lag. ¡Y del bueno! De ese como el que ten­go aho­ra y que me hace estar des­pier­ta a las cua­tro de la maña­na reme­mo­ran­do los días pasa­dos. Nada de mela­to­ni­na ni de cucha­ra­di­tas de miel para con­ci­liar el sue­ño. Estas cosas hay que vivir­las con valen­tía y pun­do­nor. Me gus­ta el jet lag, el dolor en el hom­bro que duran­te unos días me deja la male­ta y la mar­cas en los pies de los cal­ce­ti­nes des­pués de quin­ce horas de vue­lo. Son mis heri­das de gue­rra favo­ri­tas. Cuan­to más dura la cica­triz, más lejano mi des­tino. Oja­lá vivie­ra siem­pre con­trac­tu­ra­da y soño­lien­ta. Me encan­ta el olor de mi neve­ra vacía cerra­da duran­te un mes, el pol­vo en los mue­bles y la acu­mu­la­ción de car­tas en el buzón. Y cal­zar­me de nue­vo los taco­nes y que me due­lan los pies. Des­pués de tan­tos días con san­da­lias pla­nas y depor­ti­vas es lo menos que me merez­co. Me chi­fla vaciar la male­ta, poner una bue­na lava­do­ra, tener que ir al super­mer­ca­do, vol­ver al tra­ba­jo con oje­ras y pocas ganas de revi­sar pape­les. Me lo merez­co por ser tan feliz. Por dis­fru­tar tan­to de la vida y de los via­jes, de los pai­sa­jes, del buen vino, de una son­ri­sa cóm­pli­ce al con­tem­plar una pues­ta de sol al otro lado del mun­do.  Es el cas­ti­go divino a mi hedo­nis­mo recal­ci­tran­te y lo lle­vo con dig­ni­dad y ale­gría. Me gus­ta el jet lag, la fal­ta de tin­te en el pelo y de cre­ma en las manos, la nece­si­dad de estar un día a fru­ta y el estar escri­bien­do estas líneas a las cua­tro de la maña­na por­que no pue­do dor­mir.

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos

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Foto de Noe­mi Mar­tin en su via­je a Argen­ti­na

Doy la bien­ve­ni­da a la recien­te incor­po­ra­ción como cola­bo­ra­do­ra (y ya somos 5) de Noe­mi, des­de Tene­ri­fe, con este post tan per­so­nal y des­crip­ti­vo de esa mara­vi­llo­sa y con­tra­dic­to­ria sen­sa­ción que se tie­ne al vol­ver de un lar­go via­je, cuan­do se vive en un esta­do bipo­lar de bajón y de melan­co­lía al recor­dar esos momen­tos mági­cos y mara­vi­llo­sos de “recal­ci­tran­te hedo­nis­mo” y de subi­dón cuan­do delan­te de nues­tra pan­ta­lla de orde­na­dor esbo­za­mos incons­cien­te­men­te son­ri­sas de ore­ja a ore­ja que nos ilu­mi­nan como una estre­lla ruti­lan­te que bri­lla con luz pro­pia en la noche inver­nal más oscu­ra del círcu­lo polar. Esa sen­sa­ción de flo­tar que alter­na con esa otra que nos devuel­ve de gol­pe a la tie­rra, mien­tras lee­mos infor­mes y más infor­mes que nos pare­cen de lo más vul­gar y abu­rri­do. Sólo fal­ta una pala­bra en medio de esos tex­tos ano­di­nos para que nues­tra ima­gi­na­ción nos trans­por­te a miles de kiló­me­tros y nos haga soñar en una nue­va esca­pa­da, en otra aven­tu­ra, como nóma­das que somos ‑bueno, unos más que otros- y que nece­si­ta­mos irre­me­dia­ble­men­te estar siem­pre en movi­mien­to, cono­cien­do gen­tes y luga­res nue­vos para emo­cio­nar­nos, por­que cada situa­ción es úni­ca. ¡Como cada uno de noso­tros!

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Foto de Noe­mi Mar­tin

La BSO de este post es Unco­ver de Zara Lars­son que con su enér­gi­ca y joven voz me trans­por­ta a mil y un luga­res vivi­dos, inclu­so a los que me que­dan por vivir. En espe­cial a todos aque­llos sitios que me han hecho vibrar, sen­tir la belle­za de las cosas y desear fer­vien­te­men­te que el via­je de la vida sea muy lar­go, car­ga­do de anéc­do­tas, de muchas risas y de algu­nas emo­ti­vas lágri­mas.