¡ES HORA DE DISOLVER TODAS LAS ANSIEDADES!

Según Curro Cañe­te, “el opti­mis­mo se entre­na y desa­rro­lla”
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Fotografía gentileza de Curro Cañete

Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Curro Cañe­te

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Curro Cañe­te es un hom­bre mági­co. Su segun­do libro: “El poder de con­fiar en ti” está entre los más ven­di­dos del momen­to en Ama­zon y Casa del Libro. Curro cree en la magia que se tra­ba­ja cada día por­que así ha crea­do el futu­ro que soña­ba y pre­ten­de que todos haga­mos lo mis­mo. Si lees sus refle­xio­nes, pen­sa­rás que es total­men­te posi­ble y que éste no es un libro más de cre­ci­mien­to per­so­nal. Es una obra bri­llan­te para releer y sub­ra­yar. Titu­la­do en Dere­cho y Perio­dis­mo y Más­ter en Coaching Per­so­nal y Pro­fe­sio­nal, Curro derro­cha sen­ci­llez, ama­bi­li­dad, ale­gría y opti­mis­mo. Es el ami­go-guía que todos qui­sié­ra­mos tener. Su pro­pó­si­to es cla­ro: que cada vez más per­so­nas sean feli­ces. Y pare­ce que no es tan com­pli­ca­do si nos enfo­ca­mos y, por fin, nos atre­ve­mos a vivir.
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-Dices en tu últi­mo libro que para ser feliz es nece­sa­rio mirar a la vida sin mie­do. ¿Crees que el mie­do es el prin­ci­pal obs­tácu­lo al que nos enfren­ta­mos cada día? ¿Es posi­ble vivir sin mie­do en cual­quier cir­cuns­tan­cia?
El mie­do pue­de ser un impe­di­men­to muy gran­de para que pue­das hacer tu vida. Lo mejor es enfren­tar­se a él con deci­sión y deter­mi­na­ción por­que en el momen­to en que lo haces obser­vas cómo se disuel­ve mági­ca­men­te. Con res­pec­to a la segun­da pre­gun­ta, vivir con muchí­si­mo menos mie­do es posi­ble, pero vivir sin mie­do es más com­pli­ca­do. Si lo logras te con­ver­ti­rías en Dios, en Jesu­cris­to o en Buda por lo menos, y pasa­rías a la his­to­ria, jeje.
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-¿La ansie­dad es mie­do a vivir?
 La ansie­dad es mie­do a que suce­da una fan­ta­sía catas­tró­fi­ca que está en nues­tra men­te o a que se repi­ta algo del pasa­do que nos hizo sufrir. ¡Es hora de disol­ver todas las ansie­da­des!
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-Soy una cobar­di­ca que se empe­ña en ser valien­te. ¿cómo lo con­si­go? ¿Se podría luchar con­tra una “gené­ti­ca ansio­sa o nega­ti­va”?
Los genes pue­den influir pero jamás tie­nen la últi­ma pala­bra.  Tu pode­ro­sa inten­ción de ser valien­te, si es ver­da­de­ra, te lle­va­rá a ser­lo. Y lo serás. Y recuer­da lo que dijo Aris­tó­te­les: “Si quie­res lle­gar a ser valien­te, actúa como si lo fue­ras”.
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-¿Por qué casi siem­pre pen­sa­mos que los demás son más afor­tu­na­dos que nosotros?¿Fomentan las redes socia­les una “fal­sa feli­ci­dad”?
No siem­pre pen­sa­mos eso. Pue­des dejar de com­pa­rar­te con los demás si te lo pro­po­nes. Y serás mucho más feliz si lo haces. Si nadie está cami­nan­do sobre tus zapa­tos y nadie tie­ne tu des­tino, ¿para qué vas a mirar el des­tino de otros?
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-¿Sere­ni­dad o feli­ci­dad? ¿Es la pri­me­ra sólo una par­te de la segun­da?
Creo que estás en lo cier­to: la feli­ci­dad es algo más gran­de, incon­men­su­ra­ble, que efec­ti­va­men­te está por enci­ma de la sere­ni­dad y del sufri­mien­to.
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-¿Se pue­de supe­rar cual­quier expe­rien­cia vital por muy dra­má­ti­ca que sea?
Cual­quier cosa que suce­da en la vida, por dra­má­ti­ca que sea, pode­mos enfo­car­la de un modo que nos haga menos daño. Hay gen­te que ha supe­ra­do cosas que pare­cían muy difí­ci­les de supe­rar. Por ejem­plo, Ire­ne Villa está hacien­do una vida extra­or­di­na­ria e inclu­so per­do­nó a quie­nes le habían arre­ba­ta­do sus pier­nas. Me cons­ta que es muy muy feliz.
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-Curro, has cam­bia­do de vida varias veces bus­can­do tu camino. De abo­ga­do a perio­dis­ta. De perio­dis­ta de éxi­to a “coach” en feli­ci­dad y escri­tor. ¿Qué hace­mos cuan­do hay aspec­tos de nues­tra vida que es impo­si­ble cam­biar (tra­ba­jo, enfer­me­da­des, “fami­lia­res impo­si­bles”) y que nos roban ener­gía? ¿Entra en jue­go la acep­ta­ción?
Para mí no hay nada impo­si­ble pero me pare­ce que antes de cam­biar algo hay que acep­tar­lo, sí. Cuan­do acep­tas algo tie­nes paz y cla­ri­dad de ideas y des­de ahí es mucho más fácil hacer reali­dad tus nue­vos deseos.
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-La gene­ro­si­dad for­ma par­te del camino hacia la feli­ci­dad. ¿Cómo pode­mos ser bue­nos sin caer en el “bue­nis­mo”?
Hay gen­te que con­fun­de ser gene­ro­so con com­por­tar­se de una mane­ra ton­ta. El que se com­por­ta de for­ma ton­ta es fácil­men­te mani­pu­la­ble. El que es gene­ro­so es cons­cien­te. Deci­de cons­cien­te­men­te con qué y con quié­nes quie­re ser gene­ro­so. Y has­ta dón­de.
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-¿ Y por qué nos impor­ta tan­to lo que opi­nen los demás? Tan­to como para cerrar la boca o apa­gar nues­tros sue­ños.
En mis talle­res Inten­si­vos, sesio­nes y con mi libro lo que más he bus­ca­do con­se­guir es una cosa: que la gen­te se libe­re del qué dirán. Es posi­ble libe­rar­se. Te lo pro­me­to. Y solo cuan­do te libe­ras pue­des hacer de ver­dad tu camino de vida. Y en tu camino de vida está tu feli­ci­dad.
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- No ten­go cla­ro si el opti­mis­ta nace o se hace…
El opti­mis­mo se entre­na y se desa­rro­lla. Has­ta la per­so­na más pesi­mis­ta pue­de apren­der a ser más opti­mis­ta si se deci­de a tomar­se el tra­ba­jo en serio.
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-¿Es más fácil ser­lo con­fian­do o cre­yen­do en la vida aun­que haya cosas que resul­ten inex­pli­ca­bles?
Efec­ti­va­men­te. Las per­so­nas ver­da­de­ra­men­te inte­li­gen­tes son las que con­fían en ellos y en la vida. Y con eso son feli­ces.
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-Y hablan­do de todo un poco ¿Se pue­de ser espi­ri­tual sin poner veli­tas o músi­ca new age?
Todos somos seres espi­ri­tua­les pero no todos lo sabe­mos. Des­cu­brir­lo for­ma par­te de uno de los apren­di­za­jes de la vida. Y como tú lle­ves tu espi­ri­tua­li­dad es cosa tuya. ¡Tie­nes liber­tad para hacer lo que quie­ras! ¿No es mara­vi­llo­so?
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-Abso­lu­ta­men­te, aun­que hay quien dice que el cre­ci­mien­to per­so­nal es una moda…
Hablar de cre­ci­mien­to per­so­nal es hablar de la vida pues todos esta­mos en per­ma­nen­te cam­bio y evo­lu­ción. El cre­ci­mien­to per­so­nal nació con todas las filo­so­fías y reli­gio­nes del mun­do, así que ha exis­ti­do toda la vida. Cada pelí­cu­la que ves, can­ción que escu­chas y libro que lees escon­de den­tro cre­ci­mien­to per­so­nal. Y el mayor genio del cre­ci­mien­to per­so­nal fue Jesu­cris­to. Otros gran­des genios del cre­ci­mien­to per­so­nal fue­ron Buda, Sócra­tes, Aris­tó­te­les, Pla­tón, Gandhi… por poner unos cuan­tos ejem­plos. Pero hay muchí­si­mas men­tes bri­llan­tes que nos han ayu­da­do a cre­cer.
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-¿Para crear un pre­sen­te dis­tin­to hay que mirar al pasa­do y lim­piar­lo de algu­na for­ma, por ejem­plo per­do­nan­do, o sim­ple­men­te olvi­dar­lo?
Lo impor­tan­te es que logres enfo­car­te en el pre­sen­te y en lo que quie­res crear a par­tir de aho­ra. En este sen­ti­do hacer las paces con el pasa­do y libe­rar­nos del ren­cor nos ayu­da muchí­si­mo a lograr más foco.
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Pare­ce que nos han edu­ca­do para repri­mir las emo­cio­nes. Aho­ra se habla de “ges­tio­nar­las” o sim­ple­men­te de sen­tir­las. ¿Qué hace­mos con nues­tro saco de emo­cio­nes?
Yo voto por lo que decían los gran­des filó­so­fos grie­gos: cul­ti­var las vir­tu­des. Es decir, voto por cul­ti­var las emo­cio­nes posi­ti­vas que tú sien­tes que te dan fuer­za y poder.
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-Des­pués de leer tu libro ten­go cla­ro que quie­ro cam­biar. ¿Cómo medi­mos el tama­ño de nues­tras metas y sue­ños sin pasar del cero al impo­si­ble?
Creo que la mane­ra de medir­lo es con la con­cien­cia. Tie­nes que lle­gar a ser cons­cien­te de lo que ver­da­de­ra­men­te deseas. Así podrás con­se­guir­lo.
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- ¿Al final el secre­to es el amor con mayús­cu­las?   
El amor es una mara­vi­lla. Estar ena­mo­ra­do de la vida es lo mejor que le pue­de suce­der a una per­so­na. Por amor esta­mos aquí y hacia el amor vamos. Tene­mos mucha suer­te. ¡No pudo nadie inven­tar un des­tino mejor!
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© 2019 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved
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Itadakimasu

Hace poco leí que para tener la men­te en for­ma resul­ta­ba fan­tás­ti­co apren­der tres pala­bras en otro idio­ma cada día. Como resul­ta que quie­ro lle­gar a vie­je­ci­ta y seguir dis­fru­tan­do de la vida, deci­dí poner­me a ello. La pri­me­ra pala­bra que resol­ví memo­ri­zar tie­ne su intrín­gu­lis pero me pare­ce encan­ta­do­ra. Como casi todo lo japo­nés. Más que un voca­blo, ita­da­ki­ma­su es una expre­sión que no cuen­ta con un equi­va­len­te en espa­ñol pero que debe­ría­mos adop­tar urgen­te­men­te para nues­tro idio­ma.  Ita­da­ki­ma­su sig­ni­fi­ca:  gra­ti­tud por los ali­men­tos a tomar. Se pro­nun­cia, se sien­te y se res­pi­ra. Por un lado, supo­ne agra­de­cer a las per­so­nas que han pre­pa­ra­do la comi­da que reci­bi­mos y, por otro, es el reco­no­ci­mien­to a los ali­men­tos en sí mis­mos: a las ver­du­ras, a los ani­ma­les que die­ron su car­ne, a las fru­tas que sabo­rea­re­mos…

En reali­dad, Ita­da­ki­ma­su es un ejer­ci­cio de con­cien­cia que dura ape­nas unos segun­dos pero que nos per­mi­te con­cen­trar­nos en lo que vamos a hacer: en este caso, comer.  En el noven­ta y nue­ve por cien­to de las oca­sio­nes, nues­tras comi­das son de todo menos cons­cien­tes. Engu­lli­mos delan­te de la tele o con­ver­san­do sin pres­tar aten­ción a lo que nos lle­va­mos a la boca. A veces, si lo hace­mos solos, lle­ga­mos a con­tes­tar correos o con­sul­tar el ins­ta­gram al tiem­po que desa­yu­na­mos o cena­mos. Un dis­pa­ra­te que cho­ca de fren­te con un famo­so pro­ver­bio zen: “Cuan­do cami­nes, cami­na. Cuan­do comas, come”. No se tra­ta de aban­do­nar de repen­te el salu­da­ble acto social que supo­ne com­par­tir una comi­da, sim­ple­men­te de vivir con un poco de aten­ción. De dis­fru­tar pero des­de den­tro.

La aten­ción ple­na o cons­cien­te, el mind­ful­ness del que tan­to oímos hablar últi­ma­men­te, debe posar­se en cada una de las ramas de nues­tra pre­ci­pi­ta­da exis­ten­cia. Algo tan sen­ci­llo como recor­dar la expre­sión Ita­da­ki­ma­su cuan­do mire­mos nues­tro pla­to, pue­de ser el comien­zo de una nue­va for­ma de comer. Inclu­so de vivir.

Libro reco­men­da­do: Comer aten­tos. Jan Cho­zen Bays. 

© 2019 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved

Eurovisión, atrévete a soñar

Si el pró­xi­mo año Euro­vi­sión se cele­bra­se en el Polo Nor­te, pro­ba­ble­men­te empe­za­ría a bus­car hotel en Long­yearb­yen este domin­go. Una vez que prue­bas, no hay mar­cha atrás. Te lo ase­gu­ro. Por suer­te, Israel que­da más cer­ca y tie­ne mejor cli­ma. En 2019, Net­ta, la cuar­ta vic­to­ria del país en cua­ren­ta años, nos ha traí­do a Tel Aviv con un lema poten­te: atré­ve­te a soñar. Dejan­do a un lado las cues­tio­nes polí­ti­cas, que no pier­den su tras­cen­den­cia por ello, los euro­fans han lle­ga­do a Israel des­de todo el mun­do (hoy cono­cí a un peruano que venía a apo­yar a Rusia) en son de paz. Esta sema­na en Tel Aviv se habla de músi­ca, de amis­tad, de tole­ran­cia. Ese es el espí­ri­tu del Fes­ti­val des­de sus ini­cios y en ésta: su sesen­ta y cua­tro edi­ción. El que no se lo crea, que ven­ga y lo viva in situ.

Bien­ve­ni­da en un edi­fi­cio de Tel Aviv

 

En esta oca­sión, como casi siem­pre, par­ti­ci­pa­mos de la fies­ta euro­vi­si­va sin opcio­nes a podio. Nos fal­tan entre­na­do­res y depor­tis­tas de  tra­yec­to­ria con­tun­den­te.  Es muy difí­cil aspi­rar a meda­lla y más con ama­teurs. De todos modos, hay que valo­rar la fuer­za,  el color y la ale­gría que Miki quie­re lle­var al esce­na­rio con “La Ven­da”, una can­ción que habla de qui­tar­se las más­ca­ras para vivir con auten­ti­ci­dad. Lo que todos nece­si­ta­mos en esta socie­dad con­fu­sa. El chi­co de Terras­sa se lo ha curra­do con las herra­mien­tas que tie­ne para inten­tar hacer una bue­na  actua­ción. Ya vere­mos si entra en el top diez. Sea como fue­re, nos ire­mos de Israel con la male­ta de mano rebo­san­te de nue­vas expe­rien­cias: visi­tar la Ciu­dad Vie­ja de Jeru­sa­lén, Naza­ret y el Mar de Gali­lea es ya una inol­vi­da­ble con­se­cuen­cia de esta edi­ción. Tam­bién cono­cer la incom­bus­ti­ble Tel Aviv, sus cafés, gas­tro­no­mía, sus pla­yas y su gen­te ama­ble por­que así es, al menos en las dis­tan­cias que hemos man­te­ni­do como hués­pe­des. Sin con­flic­tos de por medio.             

Pla­yas de Tel Aviv

 

Pro­ba­ble­men­te, Euro­vi­sión 2020 se cele­bre en un país más apa­ci­ble que éste, como Holan­da, Sui­za o Sue­cia, algu­nos de los favo­ri­tos. En cual­quier caso, el alma bri­llan­te de Euro­vi­sión siem­pre será la mis­ma, vaya don­de vaya. Esto, lo pro­me­to, es mucho más de lo que se ve en la pan­ta­lla. 

BSO La Ven­da de Miki Núñez.

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Miedos

Ade­la tenía ocho años cuan­do comen­zó la colec­ción. Ese día su madre le dijo que no podía ir con su ves­ti­do favo­ri­to al cum­plea­ños de Ana. Esta­ba vie­jo. ¿Qué iba a decir la gen­te? Un mie­do de color azul bri­llan­te, como el del ves­ti­do, se coló en su men­te: el mie­do al qué dirán.

Una maña­na de julio, el padre de Ade­la afir­mó rotun­do: ‑si sales tan des­abri­ga­da coge­rás una bron­qui­tis y aca­ba­rás en el hos­pi­tal. No era la pri­me­ra vez que don Anto­nio insis­tía con este tipo de pre­mo­ni­cio­nes. Así que Ade­la deci­dió que su padre tenía razón e hizo suyo el temor a las enfer­me­da­des. Era de color ver­de qui­ró­fano.

De su her­mano Joa­quín, un depor­tis­ta extre­ma­da­men­te com­pe­ti­ti­vo, Ade­la here­dó el mie­do dora­do a no ser la mejor en todo lo que se pro­po­nía. Y de su tía Mary, viu­da des­de hacía diez años, copió el mie­do gris ratón a la sole­dad. Ade­la pen­sa­ba que si aco­gía los mie­dos de su fami­lia se sen­ti­ría más cer­ca de ellos. Inclu­so, tomó pres­ta­do el terror vio­le­ta de su perro Lilo, que había sido reco­gi­do en la calle y tenía un extra­or­di­na­rio mie­do a que no le qui­sie­ran.

Poco a poco, Ade­la fue crean­do un enor­me y mul­ti­co­lor reba­ño de preo­cu­pa­cio­nes. Mie­do que alguien expre­sa­ba, mie­do que hacía suyo. Y así, cre­cía cada vez más angus­tia­da mien­tras su reba­ño se con­ver­tía en una gigan­tes­ca mana­da des­obe­dien­te e impre­de­ci­ble. Era como si los temo­res se comu­ni­ca­ran entre ellos y la visi­ta­ran con­ti­nua­men­te bus­can­do su ración de vida.

Un día, Ade­la se sin­tió total­men­te deses­pe­ra­da. Aque­lla jau­ría de mie­dos se había des­con­tro­la­do y se esta­ba apo­de­ra­do de sus días y sus noches. No la deja­ba seguir ade­lan­te. Así que, por fin, deci­dió pedir ayu­da. Con mucha pacien­cia, Ade­la apren­dió a dejar de ali­men­tar con pen­sa­mien­tos nega­ti­vos a su reba­ño des­bo­ca­do. Era una tarea difí­cil por­que había asu­mi­do su tra­ba­jo con­cien­zu­da­men­te duran­te muchos años. Des­pués de un lar­go tiem­po de esfuer­zo y con los mie­dos ya debi­li­ta­dos, resol­vió des­pren­der­se de ellos para siem­pre. Les dio las gra­cias por todo lo que le habían mos­tra­do de sí mis­ma, inclui­da su fuer­za y tena­ci­dad, y los acom­pa­ñó has­ta un pre­ci­pi­cio ima­gi­na­rio: ‑Has­ta nun­ca, chi­cos.

Lige­ra y feliz, Ade­la siguió su camino con el cora­zón aten­to. No que­ría vol­ver a vivir con mie­do.

BSO Mie­do de Pedro Gue­rra con Leni­ne.

© 2019 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved

 

De vinos y libros

Yo soy de vinos y libros. Ni cer­ve­zas arte­sa­na­les ni series de éxi­to. Creo que la últi­ma vez que me engan­ché a una fue a Hos­pi­tal Cen­tral, allá por el año 2000. Con­fie­so sin pudor que no he vis­to ni un minu­to de Jue­go de Tro­nos y tam­bién que no ten­go Net­fix. Pue­de que sea rebel­día vin­ta­ge o sim­ple igno­ran­cia. Opi­nen lo que quie­ran pero es que el tiem­po no me da para todo.

A mí me gus­ta ir de libre­rías y vino­te­cas más que de tien­das de ropa y com­ple­men­tos. Ver lo últi­mo que ha sali­do, lo que se está lle­van­do la gen­te, lo más leí­do, lo más bebi­do. Lo clá­si­co, lo de ple­na actua­li­dad.  Me encan­ta pasear entre estan­te­rías, des­cu­brir joyas, hojear libros, ima­gi­nar­me con ellos pues­tos. Catar tintos…Uno de mis múl­ti­ples ofi­cios frus­tra­dos es el de libre­ra. Y una libre­ría don­de se sir­vie­ra vino ya sería el éxta­sis.

 

La ver­dad es que encuen­tro un enor­me para­le­lis­mo entre el gus­to por el vino y la lite­ra­tu­ra. Te pue­den reco­men­dar libros y cal­dos y encon­trar­los fas­ci­nan­tes o leer dos pági­nas y parar en seco. O tomar un sor­bo y no ter­mi­nar la copa. Tam­bién ena­mo­rar­te de la por­ta­da de una obra o del dise­ño de la eti­que­ta de una bote­lla, de un títu­lo, de un nom­bre, de una deno­mi­na­ción de ori­gen, de un autor…  Al final en ambos casos,  lo que te hace feliz es lo que te toca el cora­zón y el pala­dar: lo que está bien hecho que nor­mal­men­te coin­ci­de con lo que está hecho con pasión.  Como en todo.

Otra de mis manías ina­mo­vi­bles es el papel. Qui­zá no sea la opción más eco­ló­gi­ca  pero por el momen­to no quie­ro leer en un libro elec­tró­ni­co. Bas­tan­tes pan­ta­llas tene­mos ya a nues­tro alre­de­dor. El día que me com­pre un e‑book será el mis­mo en el que beba vino en un vaso de plás­ti­co. A mí así no me sabe. Yo quie­ro sen­tar­me con mi libro, tocar­lo, oler­lo, usar mis mar­ca­do­res y sí, doblar una pagi­ni­ta cuan­do se ter­cie, pero con cari­ño. Y lo mis­mo con el vino, nece­si­to una copa de ver­dad, gran­de y bri­llan­te.

Tal vez con el tiem­po, empie­ce a ver series de madru­ga­da con un bote­llín de cer­ve­za en la mano. O me com­pre un e‑book y me des­car­gue con vora­ci­dad las últi­mas nove­da­des. Qui­zá en unos años pre­fie­ra ir a un cen­tro comer­cial en lugar de a una libre­ría. Dicen que la exis­ten­cia es puro cam­bio pero a día de hoy, 23 de abril de 2019, brin­do por los libros con una enor­me copa de vino cana­rio. Salud y lar­ga vida para ellos.

(Y mien­tras, escu­cho: Fee­ling Lonely on a Sun­day After­noon Ban­da Sono­ra de “La Libre­ría” de Isa­bel Coixet)

© 2019 Noemi Mar­tin. All rights reser­ved

 

 

La Hora del Planeta

El Audi­to­rio de Tene­ri­fe apa­ga sus luces. Lo veo des­de la ven­ta­na. Son las ocho y media. Encien­do tres velas y me sien­to en la cama con una libre­ta y un bolí­gra­fo. Ten­go sesen­ta minu­tos para escri­bir este post: es la Hora del Pla­ne­ta. Duran­te una hora no hay luz, ni móvil, ni tele­vi­sión. Todo está en off.

Ima­gino la vida sin elec­tri­ci­dad y en vez de estre­sar­me sien­to una enor­me pla­ci­dez. Supon­go que es momen­tá­nea. Refle­xiono sobre los cam­bios tan des­pro­por­cio­na­dos que se han suce­di­do en las últi­mas déca­das. Pien­so en como era la vida que me han con­ta­do mis abue­los y mis padres y como es la mía. Como era la Tie­rra hace unas pocas déca­das y como es aho­ra. Y sien­to una increí­ble pena. La Hora del Pla­ne­ta no sólo impli­ca apa­gar la luz duran­te sesen­ta minu­tos una vez al año. Supo­ne hacer un ejer­ci­cio real de refle­xión para con­cluir que los seres huma­nos somos la espe­cie más evo­lu­cio­na­da y egoís­ta que ha posa­do sus pies sobre este her­mo­so lugar que habi­ta­mos.  Bajo la luz tenue de las velas, el pesi­mis­mo me atra­pa. Tan­to ego­cen­tris­mo y al final nos esta­mos sui­ci­dan­do. ¿De ver­dad nece­si­ta­mos tan­to?

Res­pi­ro de nue­vo y visua­li­zo a mi madre con su veli­ta y su cua­derno hace sesen­ta años. Como yo estoy aho­ra. Son­río. No esta­ría mal esca­par­se una tem­po­ra­da al pasa­do. Una casa peque­ña cer­ca de la pla­ya, velas, libros, cua­der­nos y algu­na que otra bote­lli­ta de vino. Y mi chi­co y mi perra. Sin móvil, sin noti­cias tris­tes, sin cosas y sen­ti­mien­tos inú­ti­les. Sir­vien­do zumos natu­ra­les en un chi­rin­gui­to (es que la cer­ve­za no me gus­ta). Cier­ta­men­te sería muy hedo­nis­ta  seguir cele­bran­do la Hora del Pla­ne­ta duran­te tres o cua­tro meses. O el res­to de la vida.

Vuel­vo al pre­sen­te. A los plás­ti­cos, a la con­ta­mi­na­ción,  al con­su­mis­mo atro­pe­lla­do. Al rui­do inva­dién­do­lo todo. Como siem­pre recuer­da Papu, uno de mis maes­tros de medi­ta­ción, las mejo­res cosas de la exis­ten­cia: abra­zar, son­reír, bailar…son gra­tis. Y ade­más no dañan el Pla­ne­ta.

Aca­ri­cio a mi perra que me mira en la penum­bra. Ya casi ha pasa­do una hora. No sé si levan­tar­me para pasar este tex­to al orde­na­dor o com­prar­me una caña de pes­car y lar­gar­me des­de ya a mi casi­ta de la pla­ya. ¿Alguien se apun­ta?

(Escu­chan­do Colo­res en el vien­to)

Yo escucho corazones

Yo no escu­cho a los par­ti­dos polí­ti­cos ni a los sin­di­ca­tos. Tam­po­co a los medios de comu­ni­ca­ción que infor­man ses­ga­da­men­te.  Yo escu­cho a mi cora­zón, al de mi madre, al de mi abue­la y al de la abue­la de mi abue­la. Oigo inclu­so el eco que me lle­ga de más atrás: una lar­ga cade­na de muje­res valien­tes con la voz y el alma secues­tra­das. Si silen­cio mis preo­cu­pa­cio­nes, per­ci­bo tam­bién el lati­do del cora­zón de mis sobri­nas y el de todas las niñas que me cru­zo por la calle, has­ta advier­to el de las que aún están en el vien­tre materno. Y el de las muje­res de Áfri­ca y Amé­ri­ca, el de las chi­nas, japo­ne­sas o cam­bo­ya­nas, el de las que se encuen­tran en los cam­pos de refu­gia­dos, el de las que sufren vio­len­cia y des­am­pa­ro o el de las que se sien­ten dis­cri­mi­na­das en su tra­ba­jo cada día. Millo­nes y millo­nes de cora­zo­nes  resue­nan jun­to al mío en esta gran orques­ta soli­da­ria que hoy sale a la calle. Retum­ba en todos los poros de mi piel un emo­cio­nan­te sen­ti­mien­to de uni­dad con las muje­res y niñas del pla­ne­ta. Están en mí, colán­do­se en mis venas. Es un día her­mo­so a pesar de lo que sub­ya­ce detrás.

Por­que hoy rei­vin­di­ca­mos lo que nos per­te­ne­ce por natu­ra­le­za: algo tan sen­ci­llo como venir a esta Tie­rra para ser feli­ces y vivir en paz. Y para ello, es nece­sa­rio que sea­mos igua­les, abso­lu­ta­men­te igua­les en nues­tros dere­chos. Este vier­nes suma­mos cora­zo­nes para cele­brar todo lo  bueno que ven­drá y para inten­tar rom­per con nues­tro lati­do poten­te la cade­na de silen­cio, opre­sión y mie­do que aún rodea los cin­co con­ti­nen­tes. Aurí­cu­las y ven­trícu­los feme­ni­nos, ya es hora de reci­bir san­gre nue­va.

Al menos duran­te este 8 de mar­zo y como pun­to de par­ti­da, mire­mos más allá de nues­tro peque­ño espa­cio y  de nues­tros pro­ble­mas. Y sobre todo, agu­di­ce­mos el oído: bum, bum, bum, bum… Sién­te­los. Están ahí, jun­to al nues­tro, acom­pa­sa­dos y pro­fun­da­men­te vivos.

Yo no escu­cho a par­ti­dos polí­ti­cos ni a sin­di­ca­tos. Yo escu­cho cora­zo­nes.

“A las muje­res se les da mejor que a los hom­bres desa­rro­llar valo­res huma­nos como la bon­dad, la pacien­cia, el per­dón, la gene­ro­si­dad y la tole­ran­cia”. Dalái Lama

© 2019 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved.

¿Cuidamos de Santa Cruz de Tenerife?

Des­de hace algu­nos años ten­go un sue­ño. Me encan­ta­ría que mi ciu­dad, San­ta Cruz de Tene­ri­fe, se con­vir­tie­ra en una de las más lim­pias y sos­te­ni­bles del pla­ne­ta. Qui­zá es una de mis tan­tas ideas des­ca­be­lla­das pero estoy segu­ra de que no es un impo­si­ble. Si Hono­lu­lu en Hawái  lo ha con­se­gui­do, mi fan­tás­ti­ca ciu­dad y sus habi­tan­tes tam­bién son capa­ces.

Cuan­do paseo por sus calles y barrios los visua­li­zo impo­lu­tos como las ave­ni­das de Sin­ga­pur y Ade­lai­da, don­de casi podrías comer sobre la ace­ra. Tam­bién ideo sis­te­mas para que el aire que res­pi­ra­mos sea tan puro como el de las Mon­ta­ñas Roco­sas y dise­ño men­tal­men­te inmen­sos y salu­da­bles espa­cios ver­des. Has­ta ten­go pre­pa­ra­da una tari­ma ima­gi­na­ria para ins­ta­lar­la en el Par­que Gar­cía Sana­bria, al esti­lo de Hyde Park,  para que los tran­seún­tes pue­dan impro­vi­sar dis­cur­sos a media tar­de. Sería genial poder escu­char a nues­tros veci­nos con­tar sus pro­pues­tas.

Parque García Sanabria

Par­que Gar­cía Sana­bria

 

A veces, mien­tras reco­rro la Ave­ni­da de Ana­ga,  me des­cu­bro pla­ni­fi­can­do el trá­fi­co: más pier­nas y menos rue­das, ami­gos. ¿De ver­dad nece­si­ta­mos ir al gim­na­sio en coche para lue­go hacer una hora de cin­ta? En otras oca­sio­nes, sobre todo cuan­do bajo las bol­sas de basu­ra,  inven­to cam­pa­ñas de reci­cla­je con el anhe­lo de que lle­gue­mos a ser como San Fran­cis­co y sus ciu­da­da­nos, los más con­cien­cia­dos del mun­do en la sepa­ra­ción de resi­duos. Tam­bién, ¿cómo no? inge­nio fór­mu­las para con­ver­tir­nos en una “ciu­dad slow” don­de el con­su­mo mayo­ri­ta­rio sea el de pro­duc­tos de cer­ca­nía o kiló­me­tro cero y don­de nos tome­mos la vida más pau­sa­da­men­te.

La cam­pa­ña que aca­ba de lan­zar el Ayun­ta­mien­to de San­ta Cruz me gus­ta. Es sen­ci­lla pero cla­ra:  tu ciu­dad, tu casa. ¿La cui­da­mos jun­tos? La con­cien­cia ciu­da­da­na es sin duda el arma más poten­te para con­se­guir que el lugar que habi­ta­mos sea cada día más bri­llan­te y más vivo. Ade­más, están las “mul­tas gran­des para peque­ñas fal­tas”, como hacen en Cal­gary y con las que estoy abso­lu­ta­men­te de acuer­do, pero bueno podría­mos empe­zar por ilu­sio­nar­nos con mimar nues­tro entorno, ¿no?  Es más boni­to. Y más poé­ti­co.

Tene­mos la suer­te de habi­tar una ciu­dad pre­cio­sa y hos­pi­ta­la­ria den­tro de una isla mara­vi­llo­sa. La cali­dad de vida, el cli­ma y el mar nos acom­pa­ñan cada día. ¿Qué tal si nos com­pro­me­te­mos un poqui­to para que vivir y visi­tar San­ta Cruz sea una expe­rien­cia aún más hedo­nis­ta?

© 2019 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved

 

 

No corras

Esto no es un ale­ga­to anti­run­ner, te lo ase­gu­ro. Pue­des leer el post con total tran­qui­li­dad si te gus­ta tro­tar por el mon­te o el asfal­to. De hecho, esa es la úni­ca for­ma de correr que defen­de­mos, las demás han que­da­do obso­le­tas des­de el pasa­do 1 de enero. El 2019 que pro­yec­ta­mos ha de ser, por fin, un “slow year”: un año para dis­fru­tar de la cal­ma y apren­der a res­pi­rar como niños de nue­vo, para sen­tar­nos un rati­to al sol sin hacer nada, para gozar de un libro o de una copa de vino sin mirar el móvil. Un pro­pó­si­to hedo­nis­ta don­de los haya.

Pen­sa­rás que hay que cum­plir obli­ga­cio­nes, que hay que tra­ba­jar, dedi­car tiem­po a la fami­lia, a la casa, a las ruti­nas del día a día o inclu­so a los asun­tos que nos apa­sio­nan. Por supues­to. Pero, por favor, sin correr como un pollo des­qui­cia­do. El famo­so refrán “No dejes para maña­na lo que pue­das hacer hoy” está abso­lu­ta­men­te sobre­va­lo­ra­do. Segu­ro que sal­vo excep­cio­nes, eso que tan­to te ago­bia pue­des ter­mi­nar­lo maña­na, que el mun­do no se va a aca­bar por­que no orde­nes el arma­rio o te vayas a cenar con tu pare­ja en lugar de con­cluir ese dicho­so infor­me. Y si se aca­ba, que nos coja des­can­sa­dos.

No te car­gues de pla­nes que no te ape­te­ce cum­plir, no que­des con gen­te que no te haga feliz, no inten­tes lle­gar a don­de sabes que no pue­des, no vayas ago­ni­zan­do al gim­na­sio para des­es­tre­sar­te.  Para, pien­sa un poco, pon lími­tes, no corras. ¿La vida que quie­res lle­var es esa carre­ra con­tra­re­loj en la que se ha con­ver­ti­do?

Tal vez nos exi­gi­mos dema­sia­do. A noso­tros y a los que tene­mos a nues­tro lado. ¿ De ver­dad los niños nece­si­tan tan­tas acti­vi­da­des extra­es­co­la­res? ¿ Y los adul­tos nece­si­ta­mos tan­ta infor­ma­ción y tan­tas cosas super­fluas? ¿Es pre­ci­so tener todo bajo con­trol? ¿Hace fal­ta ser tan per­fec­tos?  La pala­bra renun­cia tam­bién está en el dic­cio­na­rio.

Qui­zá si no qui­tas el pie del ace­le­ra­dor  y te detie­nes para escu­char­te un ins­tan­te cada día, el cuer­po te obli­gue a parar en seco más ade­lan­te.  No corras, por favor. Haz­te ese rega­lo.

© 2019 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved.

 

 

 

 

 

 

 

Navidad Hedonista

Ya está aquí de nue­vo, insis­ten­te y abru­ma­do­ra. Tan colo­ri­da y bri­llan­te que a veces has­ta nos hace daño en la reti­na y segu­ro que en algu­na esqui­ni­ta del alma, aque­lla don­de habi­tan los que se fue­ron sin mar­char­se. Ya está aquí otra vez, derro­chan­do vian­das y arti­fi­cios. Es el momen­to del delei­te com­par­ti­do, del hedo­nis­mo fami­liar, del plu­ral noso­tros y tam­bién de la pacien­cia, la tole­ran­cia y el buen humor, de reco­no­cer­nos como seres socia­les que nece­si­tan la mano de los com­pa­ñe­ros de vida.

Pasa­mos por la Navi­dad a toda pri­sa, como quien pasa por un par­que de atrac­cio­nes, a veces algo tras­no­cha­do. Nos des­li­za­mos entre brin­dis y cen­tros comer­cia­les bus­can­do el mejor rega­lo, que es pre­ci­sa­men­te lo que vamos per­dien­do en el tra­yec­to: el tiem­po.

Des­de el Blog Hedo­nis­ta, con una copa de vino por ban­de­ra como no podía ser de otra for­ma, pro­po­ne­mos un minu­to de silen­cio. Pero no un minu­to tris­te y enlu­ta­do, no es nues­tro esti­lo. Inten­te­mos dete­ner­nos para res­pi­rar con con­cien­cia y dar las gra­cias al Uni­ver­so (o a quien sea) por­que aun­que a trom­pi­co­nes, segui­mos aquí una Navi­dad más. Somos afor­tu­na­dos. Qui­zá este vein­ti­cua­tro de diciem­bre sea­mos algu­nos menos que hace unos años pero segu­ro que aún nos que­dan son­ri­sas en la recá­ma­ra y unos ojos a los que mirar con cari­ño. Todo un teso­ro.

Des­cu­bra­mos la sen­ci­llez en medio de las luces y pen­se­mos en peque­ño para poder sen­tir­nos ver­da­de­ra­men­te gran­des. Goce­mos del momen­to sin hacer­le dema­sia­do caso a la men­te y sus boi­cots. Tal vez la Navi­dad sea algo tan sim­ple como nacer de nue­vo libres de equi­pa­je, como parar­nos a apre­ciar por pri­me­ra vez la magia de un abra­zo.

Feliz Navi­dad, hedo­nis­tas.

© 2018 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved.