S. Pellegrino celebró su Final Regional para elegir al Young Chef de los Países Ibéricos y Mediterráneos alzándose como ganador Albert Manso

El pasado 16 de de septiembre se celebró por la tarde en uno de los salones del Hotel W Barcelona la Final Regional para elegir al Young Chef de los Países Ibéricos y Mediterráneos (España, Portugal, Grecia e Israel) , del cual salió el ganador que irá directamente a la Gran Final de S. Pellegrino Young Chef 2020 que se celebrará en Milán los próximos 8 y 9 de Mayo de 2020. Allí tendrá que convencer a otro jurado y competirá junto a otros once jóvenes cocineros por conseguir el prestigioso título mundial de Young Chef 2020.

Philippe de Maillardoz, Director General de Nestlé Waters España, entrega del premio a Albert Manso

Philippe de Maillardoz, Director General de Nestlé Waters España, entrega del premio a Albert Manso. Fotografía gentileza de la organización

 

Y puntuales a la cita del concurso los postulantes a ganar esta Final Regional, comenzaron a cocinar para el severo jurado que valoraría no solamente el sabor sino también la presentación, las explicaciones y la técnica utilizada. Fueron horas de nervios, muchas veces incontrolados, de mucha concentración, de sudores fríos por errores no calculados previamente y de poner en el plato presentado todo lo aprendido en las mejores escuelas de restauración y en la práctica diaria entre los fogones compartiendo codo con codo con los mejores espadas de los restaurantes de los Países Ibéricos y Mediterráneos. Conseguir ganar esta Final Regional organizada por S. Pellegrino implica un reconocimiento implícito a todo el esfuerzo realizado hasta el momento, no sólo a nivel de técnica aprendida en los libros sino también de la pericia adquirida en el manejo de sartenes y ollas así como disponer de una gran creatividad para crear platos imaginativos, sabrosos y perfectamente hermosos donde otros, la mayoría de los mortales, solo vemos productos sin una aparente conexión, pero que estos jóvenes cocineros arman en cuestión de segundos un plato capaces de sacarnos desde nuestros adentros esa exclamación de «Wow» que lo dice todo.

Para poder participar en el concurso todos los participantes han tenido que superar los exigentes requisitos de ALMA- Escuela Internacional de Cocina Italiana, y que se basan en las Reglas de Oro con las que se rige este concurso internacional: habilidades técnicas, creatividad y convicciones culinarias personales. Además de ser menor de 30 años  y haber ejercido como mínimo un año como chef, sous chef o jefe de partida. Como novedad de este año y para cumplir con la igualdad de género, se ha pedido que, en la medida de lo posible, se incluya por lo menos a tres mujeres de un total de 10 participantes para cada región. Este prestigioso concurso mundial busca la próxima generación de jóvenes chefs pioneros en el uso de la gastronomía como instrumento social. Este año han participado 135 jóvenes cocineros de todo el mundo, y que ha estado dividido en 12 regiones.

Postulantes, plato presentado, cargo y restaurante donde trabaja y mentor que lo acompaña:

  • André Cameirao. Red Mullet And Heart In Embers. Liver Sauce. Black Garlic Charcoal And Homemade Paprika. Jefe de partida del Hotel Vila Galé, en Sintra (Portugal) Mentor: Rodrigo Mota Medeiros.
  • Spyros Kasselouris. Squid Land & Sea. Sous chef del Restaurante Selene en Gerakas de Atenas (Grecia) Mentor: Panos Tsikas.
  • Nelson Roque. Pesca Noble y Algas. Jefe de partida del Restaurante Mont Bar de Barcelona (España). Mentor: Domenico Ungaro.
  • Óscar Dayas Rodríguez. «The Transhumance» From The Coast. To The Summit. Chef del restaurante MAR Gastrotasca, en Las Palmas de Gran Canaria (España) Mentor: Juan Santiago Fuentes.
  • Erasmia Balaska. Lent’Eels From My Lake. Chef de Funky Gourmet en Atenas (Grecia). Mentor Georgianna Hiliadaki.
  • Andrea Ravasio. El Domingo del Campesino. Chef del restaurante Kai, en Adeje de Tenerife (España). Mentor Rubén Cabrera.
  • Mengxin Zhou. The Trout- Schubert. Chef del restaurante Somniatruites, en Igualada (España). Mentor David Andrés Morera.
  • Manuel Bentabol. Viña Ab 2019. Jefe de partida del restaurante Tribeca en Sevilla (España). Mentor Pedro Giménez Rodríguez.
  • Olga Feferkuchen. Whe Fire Meets The Sea. Sous chef del restaurante Selene, en Gerakas de Atenas (Grecia). Mentor Asaf Shtern.
  • Albert Manso Miras. Codorniz & Vino. Sous chef del restaurante Tickets en Barcelona (España) Mentor Francisco José Agudo Redondo.

Jurado:

  • Hernique Sa Pessoa. Alma. Lisboa. Portugal.
  • Fina Puigdevall. Les Cols. Olot. España.
  • Lucía Freitas. A Tafona. Santiago de Compostela. España.
  • Ettore Botrini. Botrini’s. Atenas. Grecia.
  • Orel Kimchi. Popina. Tel Aviv. Israel

Ganador del concurso: Albert Manso, sous chef del restaurante Tickets de Barcelona (con una Estrella Michelin 2019 y número 20 en la prestigiosa lista de The World’s 50 Best Restaurant 2019) con su plato secuencia de codorniz y vino. El jurado explicó que se trataba de «un plato redondo donde ha aplicado tres técnicas diferentes pero coherentes al mismo producto». Su nuevo mentor para acudir a la Gran Final será Henrique Sá Pessoa.

Cordorniz & Vino, plato ganador de Albert Manso

Cordorniz & Vino, plato ganador de Albert Manso. Fotografía gentileza de la organización.

 

Otros premios entregados en el mismo acto:

  • Acqua Panna Award for Connection in Gastronomy: para Óscar Dayas y su plato presentado porque representa la diversidad y reconoce la belleza de las diferentes culturas.
  • Fine Dining Lovers Community Award: para Andrea Ravasio ya que refleja la filosofía personal de este joven chef.
  • S.Pellegrino Award for Social Responsability: para Mengxin Zhou por su cocina de prácticas socialmente responsables.

Para finalizar la entrega de premios se sirvieron 4 platos para conmemorar los 120 años de existencia de  S.Pellegrino preparados por David Andrés (que conquistó el título en las 3 ediciones anteriores) y que fueron los siguientes:

  • The beginning of the Water Journey. Melon water with ham croquette.
  • 1899: When the brand was born. Duck anchovy with foie.
  • From Italy, to the world. Semi-dry tomato, parmesan sphere and basil.
  • Celebrating 120 years, looking at the future. Eel filled brioche.

Este menú aniversario de los 120 años se complementó con otros platos preparados por el Hotel W.

Previo al cóctel cena S.Pellegrino presentó la botella especial de 120 aniversario con un tallado especial en el centro y que recrea los diferentes ángulos de un diamante.

© 2019 José María Toro. All rights reserved

 

 

Para Iván desde la Isla de Mamma Mia

Querido Iván, te escribo este mail desde Skópelos, una maravillosa isla griega donde se rodó la versión cinematográfica del famoso musical de Abba, «Mamma Mia», con Meryl Streep y Pierce Brosnan. Seguro que la has visto. Realmente, este lugar es de película. Al poco de desembarcar en Skópelos y recorrer su verde y paradisiaca costa, empecé a sonreír imaginando el guión de mi futura vida «slow»: retirarme en unos años y arrendar un hotelito a pie de playa donde preparar desayunos bio con mucho yogurt griego. Además, ofrecer clases de yoga y meditación a los huéspedes. ¿Qué te parece la idea? ¿Estoy muy loca? Desde luego, soñar es fácil y más en un sitio de ensueño. Viva la redundancia y la fantasía. 
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Costa de Skópelos. Fotografía de Noemi Martin

Skópelos es una de las joyas del Egeo y forma parte, con unas cuantas hermanas más, del casi desconocido archipiélago de las Espóradas. Además de Skópelos,  también disfrutamos de unos días en la vecina Skíathos, a donde llegamos en avión desde Atenas en sólo media hora. Desde allí tomamos un ferry hasta Skópelos. Unos cuarenta y cinco minutos para arribar en un nirvana  de trazos verdes y azules.
La capital de la Islita (y digo Islita porque sólo tiene noventa y seis km2 y cinco mil habitantes) se llama también Skópelos y está presidida por un puerto animado plagado de tiendecillas coquetas y restaurantes acogedores. Uno de ellos es el Kiratso Kitchen Taverna: cocina tradicional recomendada por el mediático chef inglés, Jamie Oliver. Otro, el concurrido Anna’s, con un precioso patio con aroma a azahar y deliciosa música en vivo aderezando humeantes guisos caseros. Si, además, quieres que te recomiende un hotelito cerca del puerto, anota ahora mismo: Thea Home Hotel: trato familiar, posibilidad de tomar clases de pintura, habitaciones luminosas y desayunos fantásticos (prueba el pastel de queso de Skópelos). Sólo una advertencia: los gallos te despertarán muy temprano, aunque para un búho como yo, no es problema. Abrir los ojos con un estruendoso «kikiriki» me proporciona un sublime placer infantil.  
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Vista sobre Skópelos desde el Thea Home Hotel. Fotografía de Noemi Martin

Además de la capital, la Isla tiene pueblitos pintorescos y un montón de antiguos monasterios y ermitas que asoman sus tejados en medio de una exuberante vegetación. La playa de Stafilos, muy cerca del pueblo, es la primera de las maravillosas sorpresas naturales que te esperan en Skópelos. Para recorrer sus parajes, lo mejor es alquilar un todoterreno: la única forma de llegar a playas desiertas y alcanzar paisajes únicos, salvo que seas aficionado al senderismo, como es tu caso. Ten en cuenta que muchas de las carreteras  son intransitables con un simple turismo. Otra opción es alquilar un barquito y bordear la costa cual apacible «lobezno de mar». ¿Tú no habías sacado el título de patrón? 
El segundo destino que escogimos dentro de la Isla para vivir unos días de relax absoluto fue la casi desierta playa de Panormos. Un flechazo en toda regla. ¿Oyes mi corazón? Creo que es lugar más bonito en el que he pasado unas minivacaciones. ¿Has estado alguna vez junto al mar, oliendo una mezcla de sal y bosque? El encantador hotel Blue Green Bay se encuentra en  plena playa, rodeado de un espléndido bosque de pinos. Tomar una copa de vino en la terraza de la habitación es una «experiencia religiosa». Amén. 
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Terraza del Hotel Blue Green Bay. Fotografía de Noemi Martin

Cerca de Panormos se encuentran las playas de Milia y Kastani, bastante más concurridas y turísticas de lo que esperaba. De hecho, a esta última, al ser unos de los escenarios naturales de Mamma Mia, suelen llegar barcos cargados de visitantes procedentes de otras islas, a pasar el día. Así que, salvo que tengas un «momento chiringuito», evítala por la mañana y disfruta de sus aguas transparentes cuando caiga la tarde y Kastani, como una cenicienta del revés, vuelva a su originaria condición paradisiaca.  
El último de los lugares imprescindibles en Skópelos es la capilla de Agios Ioanis. Encaramada en la cima de una enorme roca sobre el mar, la imagen de la iglesia entre las nubes con el mar de fondo, se dibuja como un paisaje irreal. Si has visto, Mamma Mia, te darás cuenta de que es el lugar donde al final se casan los protagonistas, al menos por fuera. El verdadero interior de la capilla, al que llegarás sudando después de subir los escalones que llevan a la entrada, es mucho más pequeño y sencillo pero igualmente bello. 
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Capilla de Agios Ioanis. Fotografía de Noemi Martin

Como habrás comprobado por mis palabras, me he enamorado locamente de Skópelos. Espero que se me pase pronto o me veo buscando billetes para regresar en las próximas vacaciones en cuento llegue a casa. Esta Islita es mágica, te lo prometo, Iván. No te olvides de apuntarla en tu plan de viaje porque estoy segura de que tú también caerás rendido ante sus encantos y que, como a mí, te hará exclamar varias veces: «Mamma Mia».
Nos vemos pronto. I love you, my friend.   
BSO Mamma Mia de Abba
 © 2016 Noemi Martin. All rights reserved

Para Iván desde Rodas

Querido Iván, te escribo este mail desde el aeropuerto de Atenas. El móvil en una mano y mi pequeño trolley azul a los pies.

Tal como me pediste, aprovecho cada ratito que tengo para hacer acopio de impresiones y regalártelas. Seguro que entre todos los amigos que te vamos contando detalles de primera mano de nuestras escapadas veraniegas, organizarás el año sabático perfecto. Tu sueño está a la vuelta de la esquina después de tantos años imaginándolo.

Acabo de bajarme del avión procedente de Rodas, feliz de haber encontrado  rinconcitos geniales para mi archivo viajero. Me preguntaste el primer día que llegué si te recomendaría la Isla para gastar una semana de tu gran sueño. Era muy pronto. Aún no sabía que el secreto de la coqueta Rodas estaba en olvidarse de la primera impresión y sobre todo de las guías y los apuntes ajenos. El de tu amiga no cuenta, por supuesto.

Sé que, como a mí, no te gustan las aglomeraciones ni los lugares plagados de turistas. Por eso, te ordeno que apartes de tu planning la «imperdible» visita a Lindos o a la famosa playa de Anthony Quinn, aunque hayan sido los escenarios de Zorba el Griego. Si quieres, por curiosidad,  echa un ojo desde arriba y luego sal huyendo en busca de las calitas y pueblecillos interiores de los que casi nadie habla. Los hay. Pura paz.

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Klimt Pension dentro de la Ciudad Vieja de Rodas. Fotografía de Noemi Martin

Mi recomendación es que alquiles un coche al llegar al aeropuerto y des una vuelta a la Isla. De punta a punta. En un día puedes hacerlo. Te darás cuenta de que el este está un poco masificado. Demasiados hoteles y bastante caos, desde luego mucho más que en la costa oeste. Así todo alejándote de los  «hormigueros» podrás encontrar auténticas joyas como las casi desiertas playitas  de Charaki o el Mojito Beach en Lahania: un chiringuito fantástico con habitaciones y playa propia donde comer a ritmo de blues, hacer yoga y escuchar música en vivo al atardecer.

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Mojito Beach. Fotografía de Noemi Martin

Hablando de lugares de esos que nos gustan, con jazz y buen vino: en la Ciudad Vieja frente al Puerto de Mandraki, descubrí un restaurante que me encantó. Tanto que cené dos noches en él. Es el Auvergne Café junto a unas de las puertas de entrada. No te olvides de apuntarlo en tu Moleskine azul. Tampoco te quedes sin callejear por los pequeños pasadizos medievales de la parte más alejada de las tiendas de souvenirs. Hay rinconcitos encantadores y hotelitos coquetos donde pasar una noche romántica o feroz. A tu elección queda.

Por la parte oeste de la Isla, como te contaba, encontrarás un mar más salvaje que en el este, igual que en la punta sur. Quizá por eso la costa está menos construida y es más tranquila. Si llevas tu inseparable tabla de surf, como supongo que harás, te chiflará pasar por el cabo de Prasonisi: un paraíso para los amantes del viento que me recordó mucho a nuestras playas de Fuerteventura. Además, en el desértico oeste podrás recobrar la calma perdida en el bullicio, recorriendo parajes insólitos como el Castillo de Monolithos y dándote un baño en alguna de las playitas medio solitarias con taberna incorporada y tumbonas gratuitas que verás junto a la carretera. Por cierto, el mar está calentito.

Para finalizar tu recorrido por Rodas, recuerda visitar Kamiros, un espectacular yacimiento arqueológico de más de tres mil años enmarcado por el Egeo. Seguro que te emocionas tanto como lo hacía la Puri, nuestra profe de Historia del Arte del Instituto. ¿Te acuerdas como flipaba cuando hablaba de Grecia?

Bueno, hasta aquí mi pequeño resumen de Rodas. Ya te contaré en persona, tenemos una cena pendiente en La Noria. Un besito fuerte y recuerdos a tu chico. A ver si me lo presentas de una vez.

PD: no esperes encontrar el famoso Coloso de Rodas. Se lo llevó un terremoto cuando ni Jesucristo había nacido.

BSO Zorba el griego de Mikis Theodorakis

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Meteora: para tocar el cielo

Llevan más de seiscientos  años rozando las nubes griegas con sus tejados. Los seis monasterios ortodoxos de Meteora que quedan en pie -en su momento fueron más de veinte- se agarran a las rocas y al turismo que los visita para seguir atravesando el tiempo sin   arrugas. Cinco horas de camino o quizá seis, dependiendo del conductor del tren que te toque (aquí todo es un poco anárquico) separan Atenas de Kalambaka, el pueblo más cercano al valle junto con Kastraki. La monotonía de casi todo el trayecto -mucho verde, gallinas camperas en los andenes destartalados y unas cuantas ovejas despistadas- sólo la rompe el sonido musical del nombre de alguna estación como Paleofarsalos o el olor a los bocadillos de queso feta de tus compañeros de vagón.

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Meteora. Fotografía de Noemi Martin

Ya desde Kalambaka, a los pies de Meteora, descubres la grandeza insólita del paisaje rocoso formado por la erosión milenaria del río Tesalia y la actividad sísmica del lugar.                                Para ascender a los monasterios colgados del cielo (cinco de ellos masculinos y uno femenino) tienes dos opciones. Elige: hacer piernas y caminar durante unas horas por los senderos verdes y escarpados que llevan a los templos o simplemente subir en coche o bus. Lo dejo en tu mano aunque te recuerdo que en cualquier caso deberás superar grandes tramos de escaleras hasta alcanzar la entrada de cada uno de ellos. Y luego pagar los tres euros pertinentes con los que contribuir al mantenimiento de estas joyas religiosas voladoras. Además, si eres mujer y llevas pantalones, tendrás que  ponerte guapa con una de las faldas estampadas que te facilitarán antes de atravesar la puerta.

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Meteora. Fotografía de Noemi Martin

El interior de todos los monasterios es similar: capilla bizantina, pinturas de gran valor, museo, vistas inolvidables  y una terrenal tienda de souvenirs que te despierta del romanticismo zen que te invade al aspirar el olor a incienso reinante. Tal vez los más llamativos del sexteto, Patrimonio de la Humanidad desde hace años, sean el del Gran Meteoro: el mayor de todos, conocido por tener abierto al público un pequeño osario, y el de la Santísima Trinidad: el de más difícil acceso y en el que se tomaron imágenes para la película de James Bond, «Sólo para sus ojos». Tras la visita a los monasterios seguramente te apetecerá reponer fuerzas, sobre todo si has subido caminando desde Kastraki. Cuando llegues de vuelta de este entramado místico  y como todo en la vida no va a ser oración y recogimiento, podrás disfrutar de un buen puñado de tabernas tradicionales con sus braseros humeantes a ritmo de sirtaki. Llena tu tripa de ensalada griega, moussaka calentita o un buen tajo de carne. Pide una jarra de vino del lugar -a estas alturas encontrarás preciosos viñedos- y si brilla la luna, despídete del celestial paisaje con los pies en la tierra y la barriguita feliz.

– Un hotel: Doupiani House, encantador y tranquilo establecimiento con estupendas vistas a los monasterios. El desayuno es deliciosamente artesanal.

– Un libro: para el trayecto en tren, me llevé «Contra el viento del norte», una novela  ligera y entretenida escrita en forma de mails que vienen y van. Como la vida misma.

-Una banda sonora: «Para tocar el cielo». Esta canción de Tontxu se me metió en la cabeza desde que llegué a Meteora. Muy propia.

-Un sabor: yogurt griego con miel. Cremoso, calórico y relajante. Sobran comentarios.

BSO https://youtu.be/nQuSWqoYJyE de Tontxu con Antonio Vega.

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