Ana Vega del blog ‘Biscayenne’, publica ‘Cocina Viejuna’ de Larousse, con las recetas más características de la España de ayer y de siempre

Tenemos por costumbre decir que el pasado siempre vuelve, para casi todos los ámbitos y lo que nos pasa en la vida, llegue verdaderamente a volver o no, y que los que nos peinamos canas repetimos casi como un latiguillo en nuestras conversaciones de café. Pero ahora, Ana Vega Pérez de Arlucea nos presenta su primer libro ‘Cocina Viejuna’, donde nos demuestra que en la cocina esto no sólo es que siempre ocurra, si no que existen platos pasados que en realidad nunca llegaron a irse, y que lo verdaderamente moderno es recuperarlos con un twist actual.

Cocina Viejuna

Cocina Viejuna

 

El prólogo que Mikel López Iturriaga le brinda a Ana Vega ya nos hace intuir la envidia, como él expresa, que sentiremos al leer ‘Comida Viejuna’, no sólo por el rigor histórico y técnico que le reconoce a la autora contando los orígenes de los platos, si no por el sentido del humor que Iturriaga nos adelanta que se despliega a lo largo de toda la obra y que está seguro que nos enganchará con su mezcla de dulzura sin empalague y acidez constantes.

La autora comienza quitando hierro a la expresión “viejuno/a”, que en un primer momento podría generar rechazo en el lector, por poder entender equivocadamente que se trata de un adjetivo peyorativo. Ana Vega, sin embargo, utiliza este adjetivo desde el cariño, y nos hace reconocer a los que vivimos (y comimos) entre los años 60 y los 90, que la cocina era un tanto hortera, antigua, rancia incluso, pero que es en esta cocina en la que comienza a existir una gastronomía española creativa, sofisticada, y que queramos admitirlo o no, sienta las bases de todo lo que ahora en cierta medida nos avergüenza, pero que sin duda recordamos con ternura, simpatía y diversión.

El libro está dividido en 6 secciones que ya desde el índice nos provoca varias carcajadas: i) digno de restorán, ii) guateques y visitas, iii) meriendas infantiles, iv) iconos del verano, vi) banquete navideño y por último, el tan mítico vii) mueble bar, que no hay casa de abuelos, padres, tíos y demás familia, que no cuente con uno, y cuanto más surtido de clásicos como el anís del Mono, el gran Marie Brizard o el irrempazable ponche Caballero, mejor que mejor (o guay del Paraguay, que diría Ana Vega).

Receta de huevos rellenos del libro Cocina Viejuna

Receta de huevos rellenos del libro Cocina Viejuna

 

España aún no intuía la posterior y tan actual aparición de las esferificaciones y demás técnicas culinarias, pero de lo que sí empezaba a usar y abusar, es de los restaurantes y sus rompedoras creaciones, recreadas posteriormente en nuestras cocinas, y con las que esperábamos la ovación de nuestros invitados tras largas jornadas cocinando. Con fotos de restaurantes como el Zalacaín en Madrid en los años 80, y el Mesón de Cándido en Segovia, comienza un recorrido que comienza con una receta que era muy de tiros largos de aquella época: el cóctel de gambas. Y es que como así nos cuenta Ana, no había hogar bien avenido que se preciara que no contara con gambas en sus comidas de postín, lo que suponía prueba irrefutable de bonanza económica.

Y es que hay fechas en las que nadie teme al médico, ni al colesterol o la subida del ácido úrico, y sobre todo, hay personajes que protagonizan las más insospechadas ingestas de marisco: el cuñado, ese familiar político que puede acabar con todas las existencias de ese animal marino invertebrado y comestible. Toneladas ingentes que desde la llegada del frigorífico y el ultracongelado, y con la aparición de los bufés en los años 80, supuso una plaga de mini gambas congeladas, y el terror de todos los padres y suegros encargados de sacar adelante las comidas y cenas familiares en ocasiones especiales.

Como gran receta donde las haya (o las hubo), Ana Vega nos muestra una gran foto y receta de las tan afamadas gambas a la gabardina, decendientes directas de la alta cocina francesa: las gambas Orly, advirtiendo que únicamente pueden servirse con salsa tártara o vinagreta picante.

Como guinda al postre de este tronchante libro de recetas, nos quedamos con la tan afamada como denostada tarta al whisky. Esa pilingui de medio pelo que la autora nos relata relegada a la compra rápida y fácil para una comida más que informal, y cuanto más barata mejor, como bien podía ser una barbacoa. O un piqui-niqui, esa comida campestre que el español medio nunca supo imitar de los vecinos anglosajones, reyes de las comidas campestres más sofisticadas con cubiertos de plata y trajes de tweed, sustituidos en nuestro país por navaja y palo del lugar. En todo caso, y sea como fuere el estilo, suponía esta tarta una sobremesa adults only, que actualmente ha perdido grandes adeptos y está casi en peligro de extinción ¡por favor firmemos por su recuperación, forma parte de nuestra memoria histórica junto con las hombreras, las melenas al viento, y la enésima reposición de Verano Azul! Es como querer borrar de nuestra materia gris la televisión en blanco y negro, de dos canales, sin mando y de sus correspondientes cartas de ajuste.

Cocina viejuna de la editorial Larousse, a la venta en El Corte Inglés, Fnac, La casa del libro, Amazon y otras librerías.

© 2019 Raquel Carrio. All rights reserved.

Kayak Hobie y mi particular picnic marinero con estilo

Poco queda ya para el crucial mes de Octubre de este 2015. Para entonces habrá pasado un año de mi última revisión médica en que jure y perjure a mi doctora (yo a una fémina siempre le juro lo que haga falta) que perdería esos kilos de más que me sobran y me afean. Y sino lo consigo habrá otra monumental bronca, por todo ello me queda muy poco tiempo para poner remedio y eliminar esas acumulaciones de grasa que han formado un flotador en torno a mi barriga. Como soy un clásico ya tengo preparada mi báscula de aguja (me niego a usar una digital porque es demasiado cruel con su precisión suiza) y prefiero auto engañarme con la de toda la vida que me permite rebajarme unos gramos y como siempre tiraré a la baja (tampoco voy a ir en contra mío) para ir tomando buena nota de mis pequeños avances hasta llegar a la meta. Objetivo: rebajar 5 kilos.

Para lograr mi éxito, he ideado un plan A en que esgrimiré como defensa mi afición a la gastronomía y que me debo a mis lectores del blog. Si la cosas se pone chunga -que se pondrá y los gritos de su regañina se oirán hasta en Sebastopol  ¡y no os exagero!- guardaré silencio y me acogeré a la 5ª enmienda de los EEUU – esa que dice que no declararé en contra mío- y aunque no me servirá de mucho, me quedará siempre hacerle una caída de ojos y por último mirarla como un cordero degollado a punto del sacrificio para implorar misericordia en su rapapolvo que a todo esto tiene razón. Ya he agotado otros argumentos del tipo: «la carne es débil» -fue una de las primeras astucias delante de ella- y evidentemente no tragó. Razones del tipo «que me pierdo ante un buen tartar de buey cortado a cuchillo y una generosa copa de vino tinto de un Brunello di Montalcino, por citar unos de mis caldos preferidos» solo sirvió para que me sermoneara sobre la austeridad franciscana en la comida. Como podéis leer ya he agotado todo mi repertorio de pretextos, sólo me queda entrar a la ineludible acción.

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Foto tomada desde Hobie Center Barcelona en el Port Olímpic de la Ciudad Condal. Gentileza de Dani Ll.

Para eso tengo ya mi plan B, que puede tener algún resultado positivo, no lo sé, el tiempo lo dirá y mi constancia. Consiste en bajar y subir día sí y día también desde mi barrio de Les Corts hasta el Port Olímpic en bicicleta, aproximadamente unos 10 kms. Y continuar con un paseo desde el susodicho Port en kayak hasta el frontal de la playa de la Barceloneta. Un viaje de ida y vuelta que también me agotará lo suyo y seguro que me hará perder líquidos y quizás -solo quizás- acabe ganando un envidiable figura. Fernando, un hispalense al que el Guadalquivir se le quedó pequeño y decidió venirse a la Ciudad Condal para disfrutar del Mediterráneo, es el patrón de Hobie Center y el que me convenció días atrás con su gracejo y acento del sur para probar con este plan, antes de someterme a otra humillante tortura en mi próxima visita a mi especialista de medicina interna. Me habló de no tirar la toalla, de mi dignidad y de convertirme en un pincel que sería la envidia de todo el género masculino y la admiración del femenino.

Como casi me convenció, me he buscado otra razón todavía más fuerte que la voluntad de hacer este programa de ejercicio diario y siguiendo las bases del movimiento conductista, la misma del estímulo-respuesta del perro de Pavlov, he buscado mi propio incentivo para finalizar con éxito mi objetivo: acabar con un picnic marinero en el pequeño amarre de Hobie Center. Y así con una copa de vino y algo para comer se me hará más llevadero la vuelta a casa -que a todo esto es subida- y este entrenamiento por conseguir un cuerpo serrano. Todo sea por la salud … Y por no sufrir otra deshonra de mi idolatrada doctora y seguir con un historial médico sin mácula.

Hobie Center Barcelona está situado dentro del Port Olímpic de la Ciudad Condal en el Moll de la Marina frente al Hotel Arts y ofrece paseos por horas o días en kayak como ocio o como parte de un plan de entrenamiento físico en cualquiera de sus embarcaciones individuales o por parejas. También es una buena oportunidad para hacer salidas a pescar o conocer el frente marítimo de nuestra ciudad.

© 2015 José María Toro. Todos los derechos reservados.

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