S. Pellegrino celebró su Final Regional para elegir al Young Chef de los Países Ibéricos y Mediterráneos alzándose como ganador Albert Manso

El pasa­do 16 de de sep­tiem­bre se cele­bró por la tar­de en uno de los salo­nes del Hotel W Bar­ce­lo­na la Final Regio­nal para ele­gir al Young Chef de los Paí­ses Ibé­ri­cos y Medi­te­rrá­neos (Espa­ña, Por­tu­gal, Gre­cia e Israel) , del cual salió el gana­dor que irá direc­ta­men­te a la Gran Final de S. Pelle­grino Young Chef 2020 que se cele­bra­rá en Milán los pró­xi­mos 8 y 9 de Mayo de 2020. Allí ten­drá que con­ven­cer a otro jura­do y com­pe­ti­rá jun­to a otros once jóve­nes coci­ne­ros por con­se­guir el pres­ti­gio­so títu­lo mun­dial de Young Chef 2020.

Philippe de Maillardoz, Director General de Nestlé Waters España, entrega del premio a Albert Manso

Phi­lip­pe de Mai­llar­doz, Direc­tor Gene­ral de Nestlé Waters Espa­ña, entre­ga del pre­mio a Albert Man­so. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de la orga­ni­za­ción

 

Y pun­tua­les a la cita del con­cur­so los pos­tu­lan­tes a ganar esta Final Regio­nal, comen­za­ron a coci­nar para el seve­ro jura­do que valo­ra­ría no sola­men­te el sabor sino tam­bién la pre­sen­ta­ción, las expli­ca­cio­nes y la téc­ni­ca uti­li­za­da. Fue­ron horas de ner­vios, muchas veces incon­tro­la­dos, de mucha con­cen­tra­ción, de sudo­res fríos por erro­res no cal­cu­la­dos pre­via­men­te y de poner en el pla­to pre­sen­ta­do todo lo apren­di­do en las mejo­res escue­las de res­tau­ra­ción y en la prác­ti­ca dia­ria entre los fogo­nes com­par­tien­do codo con codo con los mejo­res espa­das de los res­tau­ran­tes de los Paí­ses Ibé­ri­cos y Medi­te­rrá­neos. Con­se­guir ganar esta Final Regio­nal orga­ni­za­da por S. Pelle­grino impli­ca un reco­no­ci­mien­to implí­ci­to a todo el esfuer­zo rea­li­za­do has­ta el momen­to, no sólo a nivel de téc­ni­ca apren­di­da en los libros sino tam­bién de la peri­cia adqui­ri­da en el mane­jo de sar­te­nes y ollas así como dis­po­ner de una gran crea­ti­vi­dad para crear pla­tos ima­gi­na­ti­vos, sabro­sos y per­fec­ta­men­te her­mo­sos don­de otros, la mayo­ría de los mor­ta­les, solo vemos pro­duc­tos sin una apa­ren­te cone­xión, pero que estos jóve­nes coci­ne­ros arman en cues­tión de segun­dos un pla­to capa­ces de sacar­nos des­de nues­tros aden­tros esa excla­ma­ción de “Wow” que lo dice todo.

Para poder par­ti­ci­par en el con­cur­so todos los par­ti­ci­pan­tes han teni­do que supe­rar los exi­gen­tes requi­si­tos de ALMA- Escue­la Inter­na­cio­nal de Coci­na Ita­lia­na, y que se basan en las Reglas de Oro con las que se rige este con­cur­so inter­na­cio­nal: habi­li­da­des téc­ni­cas, crea­ti­vi­dad y con­vic­cio­nes culi­na­rias per­so­na­les. Ade­más de ser menor de 30 años  y haber ejer­ci­do como míni­mo un año como chef, sous chef o jefe de par­ti­da. Como nove­dad de este año y para cum­plir con la igual­dad de géne­ro, se ha pedi­do que, en la medi­da de lo posi­ble, se inclu­ya por lo menos a tres muje­res de un total de 10 par­ti­ci­pan­tes para cada región. Este pres­ti­gio­so con­cur­so mun­dial bus­ca la pró­xi­ma gene­ra­ción de jóve­nes chefs pio­ne­ros en el uso de la gas­tro­no­mía como ins­tru­men­to social. Este año han par­ti­ci­pa­do 135 jóve­nes coci­ne­ros de todo el mun­do, y que ha esta­do divi­di­do en 12 regio­nes.

Pos­tu­lan­tes, pla­to pre­sen­ta­do, car­go y res­tau­ran­te don­de tra­ba­ja y men­tor que lo acom­pa­ña:

  • André Camei­rao. Red Mullet And Heart In Embers. Liver Sau­ce. Black Gar­lic Char­coal And Home­ma­de Papri­ka. Jefe de par­ti­da del Hotel Vila Galé, en Sin­tra (Por­tu­gal) Men­tor: Rodri­go Mota Medei­ros.
  • Spy­ros Kas­se­lou­ris. Squid Land & Sea. Sous chef del Res­tau­ran­te Sele­ne en Gera­kas de Ate­nas (Gre­cia) Men­tor: Panos Tsi­kas.
  • Nel­son Roque. Pes­ca Noble y Algas. Jefe de par­ti­da del Res­tau­ran­te Mont Bar de Bar­ce­lo­na (Espa­ña). Men­tor: Dome­ni­co Unga­ro.
  • Óscar Dayas Rodrí­guez. “The Trans­hu­man­ce” From The Coast. To The Sum­mit. Chef del res­tau­ran­te MAR Gas­tro­tas­ca, en Las Pal­mas de Gran Cana­ria (Espa­ña) Men­tor: Juan San­tia­go Fuen­tes.
  • Eras­mia Balas­ka. Len­t’Eels From My Lake. Chef de Funky Gour­met en Ate­nas (Gre­cia). Men­tor Geor­gian­na Hilia­da­ki.
  • Andrea Rava­sio. El Domin­go del Cam­pe­sino. Chef del res­tau­ran­te Kai, en Ade­je de Tene­ri­fe (Espa­ña). Men­tor Rubén Cabre­ra.
  • Meng­xin Zhou. The Trout- Schu­bert. Chef del res­tau­ran­te Som­ni­atrui­tes, en Igua­la­da (Espa­ña). Men­tor David Andrés More­ra.
  • Manuel Ben­ta­bol. Viña Ab 2019. Jefe de par­ti­da del res­tau­ran­te Tri­be­ca en Sevi­lla (Espa­ña). Men­tor Pedro Gimé­nez Rodrí­guez.
  • Olga Fefer­ku­chen. Whe Fire Meets The Sea. Sous chef del res­tau­ran­te Sele­ne, en Gera­kas de Ate­nas (Gre­cia). Men­tor Asaf Shtern.
  • Albert Man­so Miras. Codor­niz & Vino. Sous chef del res­tau­ran­te Tic­kets en Bar­ce­lo­na (Espa­ña) Men­tor Fran­cis­co José Agu­do Redon­do.

Jura­do:

  • Her­ni­que Sa Pes­soa. Alma. Lis­boa. Por­tu­gal.
  • Fina Puig­de­vall. Les Cols. Olot. Espa­ña.
  • Lucía Frei­tas. A Tafo­na. San­tia­go de Com­pos­te­la. Espa­ña.
  • Etto­re Botri­ni. Botri­ni’s. Ate­nas. Gre­cia.
  • Orel Kim­chi. Popi­na. Tel Aviv. Israel

Gana­dor del con­cur­so: Albert Man­so, sous chef del res­tau­ran­te Tic­kets de Bar­ce­lo­na (con una Estre­lla Miche­lin 2019 y núme­ro 20 en la pres­ti­gio­sa lis­ta de The Worl­d’s 50 Best Res­tau­rant 2019) con su pla­to secuen­cia de codor­niz y vino. El jura­do expli­có que se tra­ta­ba de “un pla­to redon­do don­de ha apli­ca­do tres téc­ni­cas dife­ren­tes pero cohe­ren­tes al mis­mo pro­duc­to”. Su nue­vo men­tor para acu­dir a la Gran Final será Hen­ri­que Sá Pes­soa.

Cordorniz & Vino, plato ganador de Albert Manso

Cor­dor­niz & Vino, pla­to gana­dor de Albert Man­so. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de la orga­ni­za­ción.

 

Otros pre­mios entre­ga­dos en el mis­mo acto:

  • Acqua Pan­na Award for Con­nec­tion in Gas­tro­nomy: para Óscar Dayas y su pla­to pre­sen­ta­do por­que repre­sen­ta la diver­si­dad y reco­no­ce la belle­za de las dife­ren­tes cul­tu­ras.
  • Fine Dining Lovers Com­mu­nity Award: para Andrea Rava­sio ya que refle­ja la filo­so­fía per­so­nal de este joven chef.
  • S.Pellegrino Award for Social Res­pon­sa­bi­lity: para Meng­xin Zhou por su coci­na de prác­ti­cas social­men­te res­pon­sa­bles.

Para fina­li­zar la entre­ga de pre­mios se sir­vie­ron 4 pla­tos para con­me­mo­rar los 120 años de exis­ten­cia de  S.Pellegrino pre­pa­ra­dos por David Andrés (que con­quis­tó el títu­lo en las 3 edi­cio­nes ante­rio­res) y que fue­ron los siguien­tes:

  • The begin­ning of the Water Jour­ney. Melon water with ham cro­quet­te.
  • 1899: When the brand was born. Duck anchovy with foie.
  • From Italy, to the world. Semi-dry toma­to, par­me­san sphe­re and basil.
  • Cele­bra­ting 120 years, loo­king at the futu­re. Eel filled brio­che.

Este menú ani­ver­sa­rio de los 120 años se com­ple­men­tó con otros pla­tos pre­pa­ra­dos por el Hotel W.

Pre­vio al cóc­tel cena S.Pellegrino pre­sen­tó la bote­lla espe­cial de 120 ani­ver­sa­rio con un talla­do espe­cial en el cen­tro y que recrea los dife­ren­tes ángu­los de un dia­man­te.

© 2019 José María Toro. All rights reser­ved

 

 

Para Iván desde la Isla de Mamma Mia

Que­ri­do Iván, te escri­bo este mail des­de Skó­pe­los, una mara­vi­llo­sa isla grie­ga don­de se rodó la ver­sión cine­ma­to­grá­fi­ca del famo­so musi­cal de Abba, “Mam­ma Mia”, con Meryl Streep y Pier­ce Bros­nan. Segu­ro que la has vis­to. Real­men­te, este lugar es de pelí­cu­la. Al poco de des­em­bar­car en Skó­pe­los y reco­rrer su ver­de y para­di­sia­ca cos­ta, empe­cé a son­reír ima­gi­nan­do el guión de mi futu­ra vida “slow”: reti­rar­me en unos años y arren­dar un hote­li­to a pie de pla­ya don­de pre­pa­rar desa­yu­nos bio con mucho yogurt grie­go. Ade­más, ofre­cer cla­ses de yoga y medi­ta­ción a los hués­pe­des. ¿Qué te pare­ce la idea? ¿Estoy muy loca? Des­de lue­go, soñar es fácil y más en un sitio de ensue­ño. Viva la redun­dan­cia y la fan­ta­sía. 
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Cos­ta de Skó­pe­los. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Skó­pe­los es una de las joyas del Egeo y for­ma par­te, con unas cuan­tas her­ma­nas más, del casi des­co­no­ci­do archi­pié­la­go de las Espó­ra­das. Ade­más de Skó­pe­los,  tam­bién dis­fru­ta­mos de unos días en la veci­na Skíathos, a don­de lle­ga­mos en avión des­de Ate­nas en sólo media hora. Des­de allí toma­mos un ferry has­ta Skó­pe­los. Unos cua­ren­ta y cin­co minu­tos para arri­bar en un nir­va­na  de tra­zos ver­des y azu­les.
La capi­tal de la Isli­ta (y digo Isli­ta por­que sólo tie­ne noven­ta y seis km2 y cin­co mil habi­tan­tes) se lla­ma tam­bién Skó­pe­los y está pre­si­di­da por un puer­to ani­ma­do pla­ga­do de tien­de­ci­llas coque­tas y res­tau­ran­tes aco­ge­do­res. Uno de ellos es el Kiratso Kit­chen Taver­na: coci­na tra­di­cio­nal reco­men­da­da por el mediá­ti­co chef inglés, Jamie Oli­ver. Otro, el con­cu­rri­do Anna’s, con un pre­cio­so patio con aro­ma a azahar y deli­cio­sa músi­ca en vivo ade­re­zan­do humean­tes gui­sos case­ros. Si, ade­más, quie­res que te reco­mien­de un hote­li­to cer­ca del puer­to, ano­ta aho­ra mis­mo: Thea Home Hotel: tra­to fami­liar, posi­bi­li­dad de tomar cla­ses de pin­tu­ra, habi­ta­cio­nes lumi­no­sas y desa­yu­nos fan­tás­ti­cos (prue­ba el pas­tel de que­so de Skó­pe­los). Sólo una adver­ten­cia: los gallos te des­per­ta­rán muy tem­prano, aun­que para un búho como yo, no es pro­ble­ma. Abrir los ojos con un estruen­do­so “kiki­ri­ki” me pro­por­cio­na un subli­me pla­cer infan­til.  
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Vis­ta sobre Skó­pe­los des­de el Thea Home Hotel. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Ade­más de la capi­tal, la Isla tie­ne pue­bli­tos pin­to­res­cos y un mon­tón de anti­guos monas­te­rios y ermi­tas que aso­man sus teja­dos en medio de una exu­be­ran­te vege­ta­ción. La pla­ya de Sta­fi­los, muy cer­ca del pue­blo, es la pri­me­ra de las mara­vi­llo­sas sor­pre­sas natu­ra­les que te espe­ran en Skó­pe­los. Para reco­rrer sus para­jes, lo mejor es alqui­lar un todo­te­rreno: la úni­ca for­ma de lle­gar a pla­yas desier­tas y alcan­zar pai­sa­jes úni­cos, sal­vo que seas afi­cio­na­do al sen­de­ris­mo, como es tu caso. Ten en cuen­ta que muchas de las carre­te­ras  son intran­si­ta­bles con un sim­ple turis­mo. Otra opción es alqui­lar un bar­qui­to y bor­dear la cos­ta cual apa­ci­ble “lobezno de mar”. ¿Tú no habías saca­do el títu­lo de patrón? 
El segun­do des­tino que esco­gi­mos den­tro de la Isla para vivir unos días de relax abso­lu­to fue la casi desier­ta pla­ya de Panor­mos. Un fle­cha­zo en toda regla. ¿Oyes mi cora­zón? Creo que es lugar más boni­to en el que he pasa­do unas mini­va­ca­cio­nes. ¿Has esta­do algu­na vez jun­to al mar, olien­do una mez­cla de sal y bos­que? El encan­ta­dor hotel Blue Green Bay se encuen­tra en  ple­na pla­ya, rodea­do de un esplén­di­do bos­que de pinos. Tomar una copa de vino en la terra­za de la habi­ta­ción es una “expe­rien­cia reli­gio­sa”. Amén. 
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Terra­za del Hotel Blue Green Bay. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Cer­ca de Panor­mos se encuen­tran las pla­yas de Milia y Kas­ta­ni, bas­tan­te más con­cu­rri­das y turís­ti­cas de lo que espe­ra­ba. De hecho, a esta últi­ma, al ser unos de los esce­na­rios natu­ra­les de Mam­ma Mia, sue­len lle­gar bar­cos car­ga­dos de visi­tan­tes pro­ce­den­tes de otras islas, a pasar el día. Así que, sal­vo que ten­gas un “momen­to chi­rin­gui­to”, eví­ta­la por la maña­na y dis­fru­ta de sus aguas trans­pa­ren­tes cuan­do cai­ga la tar­de y Kas­ta­ni, como una ceni­cien­ta del revés, vuel­va a su ori­gi­na­ria con­di­ción para­di­sia­ca.  
El últi­mo de los luga­res impres­cin­di­bles en Skó­pe­los es la capi­lla de Agios Ioa­nis. Enca­ra­ma­da en la cima de una enor­me roca sobre el mar, la ima­gen de la igle­sia entre las nubes con el mar de fon­do, se dibu­ja como un pai­sa­je irreal. Si has vis­to, Mam­ma Mia, te darás cuen­ta de que es el lugar don­de al final se casan los pro­ta­go­nis­tas, al menos por fue­ra. El ver­da­de­ro inte­rior de la capi­lla, al que lle­ga­rás sudan­do des­pués de subir los esca­lo­nes que lle­van a la entra­da, es mucho más peque­ño y sen­ci­llo pero igual­men­te bello. 
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Capi­lla de Agios Ioa­nis. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Como habrás com­pro­ba­do por mis pala­bras, me he ena­mo­ra­do loca­men­te de Skó­pe­los. Espe­ro que se me pase pron­to o me veo bus­can­do bille­tes para regre­sar en las pró­xi­mas vaca­cio­nes en cuen­to lle­gue a casa. Esta Isli­ta es mági­ca, te lo pro­me­to, Iván. No te olvi­des de apun­tar­la en tu plan de via­je por­que estoy segu­ra de que tú tam­bién cae­rás ren­di­do ante sus encan­tos y que, como a mí, te hará excla­mar varias veces: “Mam­ma Mia”.
Nos vemos pron­to. I love you, my friend.   
BSO Mam­ma Mia de Abba
 © 2016 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved

Para Iván desde Rodas

Que­ri­do Iván, te escri­bo este mail des­de el aero­puer­to de Ate­nas. El móvil en una mano y mi peque­ño tro­lley azul a los pies.

Tal como me pedis­te, apro­ve­cho cada rati­to que ten­go para hacer aco­pio de impre­sio­nes y rega­lár­te­las. Segu­ro que entre todos los ami­gos que te vamos con­tan­do deta­lles de pri­me­ra mano de nues­tras esca­pa­das vera­nie­gas, orga­ni­za­rás el año sabá­ti­co per­fec­to. Tu sue­ño está a la vuel­ta de la esqui­na des­pués de tan­tos años ima­gi­nán­do­lo.

Aca­bo de bajar­me del avión pro­ce­den­te de Rodas, feliz de haber encon­tra­do  rin­con­ci­tos genia­les para mi archi­vo via­je­ro. Me pre­gun­tas­te el pri­mer día que lle­gué si te reco­men­da­ría la Isla para gas­tar una sema­na de tu gran sue­ño. Era muy pron­to. Aún no sabía que el secre­to de la coque­ta Rodas esta­ba en olvi­dar­se de la pri­me­ra impre­sión y sobre todo de las guías y los apun­tes aje­nos. El de tu ami­ga no cuen­ta, por supues­to.

Sé que, como a mí, no te gus­tan las aglo­me­ra­cio­nes ni los luga­res pla­ga­dos de turis­tas. Por eso, te ordeno que apar­tes de tu plan­ning la “imper­di­ble” visi­ta a Lin­dos o a la famo­sa pla­ya de Anthony Quinn, aun­que hayan sido los esce­na­rios de Zor­ba el Grie­go. Si quie­res, por curio­si­dad,  echa un ojo des­de arri­ba y lue­go sal huyen­do en bus­ca de las cali­tas y pue­ble­ci­llos inte­rio­res de los que casi nadie habla. Los hay. Pura paz.

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Klimt Pen­sion den­tro de la Ciu­dad Vie­ja de Rodas. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Mi reco­men­da­ción es que alqui­les un coche al lle­gar al aero­puer­to y des una vuel­ta a la Isla. De pun­ta a pun­ta. En un día pue­des hacer­lo. Te darás cuen­ta de que el este está un poco masi­fi­ca­do. Dema­sia­dos hote­les y bas­tan­te caos, des­de lue­go mucho más que en la cos­ta oes­te. Así todo ale­ján­do­te de los  “hor­mi­gue­ros” podrás encon­trar autén­ti­cas joyas como las casi desier­tas pla­yi­tas  de Cha­ra­ki o el Moji­to Beach en Laha­nia: un chi­rin­gui­to fan­tás­ti­co con habi­ta­cio­nes y pla­ya pro­pia don­de comer a rit­mo de blues, hacer yoga y escu­char músi­ca en vivo al atar­de­cer.

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Moji­to Beach. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Hablan­do de luga­res de esos que nos gus­tan, con jazz y buen vino: en la Ciu­dad Vie­ja fren­te al Puer­to de Man­dra­ki, des­cu­brí un res­tau­ran­te que me encan­tó. Tan­to que cené dos noches en él. Es el Auver­gne Café jun­to a unas de las puer­tas de entra­da. No te olvi­des de apun­tar­lo en tu Moles­ki­ne azul. Tam­po­co te que­des sin calle­jear por los peque­ños pasa­di­zos medie­va­les de la par­te más ale­ja­da de las tien­das de sou­ve­nirs. Hay rin­con­ci­tos encan­ta­do­res y hote­li­tos coque­tos don­de pasar una noche román­ti­ca o feroz. A tu elec­ción que­da.

Por la par­te oes­te de la Isla, como te con­ta­ba, encon­tra­rás un mar más sal­va­je que en el este, igual que en la pun­ta sur. Qui­zá por eso la cos­ta está menos cons­trui­da y es más tran­qui­la. Si lle­vas tu inse­pa­ra­ble tabla de surf, como supon­go que harás, te chi­fla­rá pasar por el cabo de Pra­so­ni­si: un paraí­so para los aman­tes del vien­to que me recor­dó mucho a nues­tras pla­yas de Fuer­te­ven­tu­ra. Ade­más, en el desér­ti­co oes­te podrás reco­brar la cal­ma per­di­da en el bulli­cio, reco­rrien­do para­jes insó­li­tos como el Cas­ti­llo de Mono­lithos y dán­do­te un baño en algu­na de las pla­yi­tas medio soli­ta­rias con taber­na incor­po­ra­da y tum­bo­nas gra­tui­tas que verás jun­to a la carre­te­ra. Por cier­to, el mar está calen­ti­to.

Para fina­li­zar tu reco­rri­do por Rodas, recuer­da visi­tar Kami­ros, un espec­ta­cu­lar yaci­mien­to arqueo­ló­gi­co de más de tres mil años enmar­ca­do por el Egeo. Segu­ro que te emo­cio­nas tan­to como lo hacía la Puri, nues­tra pro­fe de His­to­ria del Arte del Ins­ti­tu­to. ¿Te acuer­das como fli­pa­ba cuan­do habla­ba de Gre­cia?

Bueno, has­ta aquí mi peque­ño resu­men de Rodas. Ya te con­ta­ré en per­so­na, tene­mos una cena pen­dien­te en La Noria. Un besi­to fuer­te y recuer­dos a tu chi­co. A ver si me lo pre­sen­tas de una vez.

PD: no espe­res encon­trar el famo­so Colo­so de Rodas. Se lo lle­vó un terre­mo­to cuan­do ni Jesu­cris­to había naci­do.

BSO Zor­ba el grie­go de Mikis Theo­do­ra­kis

© 2016 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved.

Meteora: para tocar el cielo

Lle­van más de seis­cien­tos  años rozan­do las nubes grie­gas con sus teja­dos. Los seis monas­te­rios orto­do­xos de Meteo­ra que que­dan en pie ‑en su momen­to fue­ron más de vein­te- se aga­rran a las rocas y al turis­mo que los visi­ta para seguir atra­ve­san­do el tiem­po sin   arru­gas. Cin­co horas de camino o qui­zá seis, depen­dien­do del con­duc­tor del tren que te toque (aquí todo es un poco anár­qui­co) sepa­ran Ate­nas de Kalam­ba­ka, el pue­blo más cer­cano al valle jun­to con Kas­tra­ki. La mono­to­nía de casi todo el tra­yec­to ‑mucho ver­de, galli­nas cam­pe­ras en los ande­nes des­tar­ta­la­dos y unas cuan­tas ove­jas des­pis­ta­das- sólo la rom­pe el soni­do musi­cal del nom­bre de algu­na esta­ción como Paleo­far­sa­los o el olor a los boca­di­llos de que­so feta de tus com­pa­ñe­ros de vagón.

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Meteo­ra. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Ya des­de Kalam­ba­ka, a los pies de Meteo­ra, des­cu­bres la gran­de­za insó­li­ta del pai­sa­je roco­so for­ma­do por la ero­sión mile­na­ria del río Tesa­lia y la acti­vi­dad sís­mi­ca del lugar.                                Para ascen­der a los monas­te­rios col­ga­dos del cie­lo (cin­co de ellos mas­cu­li­nos y uno feme­nino) tie­nes dos opcio­nes. Eli­ge: hacer pier­nas y cami­nar duran­te unas horas por los sen­de­ros ver­des y escar­pa­dos que lle­van a los tem­plos o sim­ple­men­te subir en coche o bus. Lo dejo en tu mano aun­que te recuer­do que en cual­quier caso debe­rás supe­rar gran­des tra­mos de esca­le­ras has­ta alcan­zar la entra­da de cada uno de ellos. Y lue­go pagar los tres euros per­ti­nen­tes con los que con­tri­buir al man­te­ni­mien­to de estas joyas reli­gio­sas vola­do­ras. Ade­más, si eres mujer y lle­vas pan­ta­lo­nes, ten­drás que  poner­te gua­pa con una de las fal­das estam­pa­das que te faci­li­ta­rán antes de atra­ve­sar la puer­ta.

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Meteo­ra. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

El inte­rior de todos los monas­te­rios es simi­lar: capi­lla bizan­ti­na, pin­tu­ras de gran valor, museo, vis­tas inol­vi­da­bles  y una terre­nal tien­da de sou­ve­nirs que te des­pier­ta del roman­ti­cis­mo zen que te inva­de al aspi­rar el olor a incien­so rei­nan­te. Tal vez los más lla­ma­ti­vos del sex­te­to, Patri­mo­nio de la Huma­ni­dad des­de hace años, sean el del Gran Meteo­ro: el mayor de todos, cono­ci­do por tener abier­to al públi­co un peque­ño osa­rio, y el de la San­tí­si­ma Tri­ni­dad: el de más difí­cil acce­so y en el que se toma­ron imá­ge­nes para la pelí­cu­la de James Bond, “Sólo para sus ojos”. Tras la visi­ta a los monas­te­rios segu­ra­men­te te ape­te­ce­rá repo­ner fuer­zas, sobre todo si has subi­do cami­nan­do des­de Kas­tra­ki. Cuan­do lle­gues de vuel­ta de este entra­ma­do mís­ti­co  y como todo en la vida no va a ser ora­ción y reco­gi­mien­to, podrás dis­fru­tar de un buen puña­do de taber­nas tra­di­cio­na­les con sus bra­se­ros humean­tes a rit­mo de sir­ta­ki. Lle­na tu tri­pa de ensa­la­da grie­ga, mous­sa­ka calen­ti­ta o un buen tajo de car­ne. Pide una jarra de vino del lugar ‑a estas altu­ras encon­tra­rás pre­cio­sos viñe­dos- y si bri­lla la luna, des­pí­de­te del celes­tial pai­sa­je con los pies en la tie­rra y la barri­gui­ta feliz.

- Un hotel: Dou­pia­ni Hou­se, encan­ta­dor y tran­qui­lo esta­ble­ci­mien­to con estu­pen­das vis­tas a los monas­te­rios. El desa­yuno es deli­cio­sa­men­te arte­sa­nal.

- Un libro: para el tra­yec­to en tren, me lle­vé “Con­tra el vien­to del nor­te”, una nove­la  lige­ra y entre­te­ni­da escri­ta en for­ma de mails que vie­nen y van. Como la vida mis­ma.

-Una ban­da sono­ra: “Para tocar el cie­lo”. Esta can­ción de Tontxu se me metió en la cabe­za des­de que lle­gué a Meteo­ra. Muy pro­pia.

-Un sabor: yogurt grie­go con miel. Cre­mo­so, caló­ri­co y rela­jan­te. Sobran comen­ta­rios.

BSO https://youtu.be/nQuSWqoYJyE de Tontxu con Anto­nio Vega.

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