La risa

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La risa como arma arro­ja­di­za.
Con­tra las injus­ti­cias
y la incer­te­za.
Con­tra el dolor de cabe­za.
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La risa como vita­mi­na,
suple­men­to imba­ti­ble.
Una dosis de risa
para aca­bar con la pri­sa.
-Oído coci­na.
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La risa ade­re­zan­do
el  mal tiem­po.
Con vino tin­to,
pasión y que­so.
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La risa de pos­tre.
Dul­ce final sin calo­rías:
tre­men­da lote­ría.
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La risa como timón
y para­bri­sas.
Como escu­do,
como capa.
Como visa
que todo lo paga.
Que nun­ca se gas­ta.
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La risa.
Pón­te­la de cami­sa.
Y no te la qui­tes nun­ca.
Esta­rá lim­pia.
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© 2017 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved.

Mi madre: la mujer orquesta

Mi madre es coci­ne­ra, cos­tu­re­ra, pelu­que­ra, doc­to­ra, psi­có­lo­ga y maes­tra. Mi madre es la mujer orques­ta. Acep­ta todos los empleos sin pro­tes­ta. Labo­ra a des­ta­jo en todos sus tra­ba­jos. Un cho­llo, vamos. Sacó la pla­za hace años y se nie­ga a reti­rar­se. Toca el bom­bo, la gui­ta­rra y sobre todo las cas­ta­ñue­las. Es lo que tie­ne ser una mujer orques­ta.

Mi madre mon­tó una guar­de­ría de nie­tos hace tiem­po. La atien­de con ilu­sión, sába­dos, fes­ti­vos y advien­to. Has­ta duer­me con los niños por si les des­pier­ta un gri­llo. La mujer orques­ta nun­ca se acues­ta por el día. Ni aun­que le toque la lote­ría.

Mi madre es médi­ca de guar­dia, abo­ga­da defen­so­ra y ase­so­ra espi­ri­tual. Es la mujer orques­ta total. Mi madre tra­ba­ja sin suel­do y con una son­ri­sa en la cara. Nun­ca para.

Mi madre es la mujer orques­ta y hoy se mere­ce un día de fies­ta.

BSO Las manos de mi madre de Mer­ce­des Sosa

© 2017 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved.

Mi padre

Mi padre me ense­ñó a mirar la vida con ojos poé­ti­cos.  A que las cosas bue­nas me ale­gra­ran mucho y las tris­tes me ras­ga­ran el alma. A afron­tar los pro­ble­mas con un toque de dul­zu­ra. Qui­zá por eso a los dos nos pican los mos­qui­tos. Debe ser esta san­gre azu­ca­ra­da. Tam­bién a hablar menos y escri­bir más. Y a emo­cio­nar­me sin medi­da y sin pre­jui­cios. Ya lo saben.

Mi padre me pre­pa­ró para ser una chi­ca edu­ca­da. La con­sig­na era cla­ra. No te olvi­des de dar los bue­nos días a todo el mun­do. Inclu­so a los bichos con pelo o plu­mas, tipo gallo o galli­nas: ‑Hola Teo. ‑Hola Pin­tas. Los for­ja­do­res de esos “hue­vos feli­ces” tan ricos se mere­cen un res­pe­to y un salu­do.

Mi con­cien­cia sobre el valor del dine­ro tam­bién es obra de mi pro­ge­ni­tor. Cien pese­tas por una can­ción en inglés y dos­cien­tas por una melo­día en el “orga­ni­to” a pilas. Que que­de cla­ro que, con poco éxi­to, inten­tó for­jar una artis­ta. Aun­que siem­pre nos que­da la pala­bra y la exis­ten­cia: obra de arte rega­la­da y eter­na­men­te agra­de­ci­da. Sor­bi­tos de café leyen­do el perió­di­co.

Mi padre me mos­tró los colo­res de la natu­ra­le­za y el ape­go a la tie­rra isle­ña. Man­da­ri­nas, higos y nís­pe­ros dora­dos en la huer­ta. Ver­du­ras por doquier, fres­qui­tas y cul­ti­va­das con amor y cons­tan­cia. Como todos los pro­yec­tos impor­tan­tes. Ces­tos de fru­ta y sue­ños para obse­quiar a fami­lia y ami­gos. Gene­ro­si­dad inusi­ta­da.

Mi padre me ense­ñó a pisar uvas y no pisar gen­te. Geo­gra­fía huma­na y divi­na. Vol­ca­nes de con­se­jos y recuer­dos. Via­jes en las enci­clo­pe­dias y en la carre­te­ra. Tra­yec­tos de con­ver­sa­cio­nes rum­bo al tra­ba­jo. Pie­dras en el camino. Algu­nas gran­des, otras peque­ñas. Y como la can­ción: rodar y rodar. Siem­pre hacia delan­te.  Mi padre me ense­ñó muchas cosas. Y las que aún le que­dan.

BSO Papá cuén­ta­me otra vez Ismael Serrano

© 2017 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved 

Autentiqum o la artesanía como verdadero lujo

En medio de este dis­pa­ra­ta­do, loco, ansio­so y estre­sa­do mun­do, hay un esco­gi­do gru­po de gen­tes que con­ser­van la cor­du­ra: ellos son los arte­sa­nos. Son como un soplo de aire puro,  pro­duc­to­res de pro­xi­mi­dad, de km.0,  que bus­can la rela­ción per­so­nal por enci­ma de ven­tas masi­vas y agre­si­vas. Refle­jan su magia y su uni­ver­so de sue­ños en cada pro­duc­to que mate­ria­li­zan.  Los hay de todo tipo des­de eba­nis­tas, orfe­bres, modis­tos, etc. y tam­bién podría­mos incluir en esta cate­go­ría a los coci­ne­ros. Son capa­ces de crear con sus manos, gra­cias a su expe­rien­cia adqui­ri­da con los años y su incon­te­ni­da genia­li­dad, ver­da­de­ras obras de arte, pie­zas esté­ti­ca­men­te her­mo­sas y que ade­más tie­nen la par­ti­cu­la­ri­dad de ser úni­cas e irre­pe­ti­bles. Com­prar pro­duc­tos arte­sa­nos es una deci­sión par­ti­cu­lar y por­que no nos con­for­ma­mos con un mode­li­to que lo lle­va todo el mun­do y  que­re­mos des­ta­car nues­tra per­so­na­li­dad con ese pañue­lo, som­bre­ro o joya que refle­je nues­tro espí­ri­tu ele­va­do.

Hay un cier­to pre­jui­cio social hacia todo el tema del tra­ba­jo manual. Por el con­tra­rio, toda la comu­ni­dad edu­ca­ti­va, tan­to psi­có­lo­gos como peda­go­gos infan­ti­les, insis­ten en lo bene­fi­cio­so que repre­sen­ta para los niños, y lo no tan niños. Se esti­mu­la y refuer­za los pro­ce­sos men­ta­les, exi­ge aten­ción y con­cen­tra­ción, se memo­ri­zan pasos, se desa­rro­lla la per­ser­ve­ran­cia y la pacien­cia (debe­ría de ser asig­na­tu­ra de recu­pe­ra­ción para más de un adul­to), se tra­ba­ja la crea­ti­vi­dad (pre­sen­te en el lóbu­lo dere­cho del cere­bro), se mejo­ra la psi­co­mo­tri­ci­dad en gene­ral y en par­ti­cu­lar el área moto­ra fina al coger sol­tu­ra en el mane­jo de los dedos como herra­mien­tas. Para aca­bar esta lis­ta de ven­ta­jas, cada vez que un niño afron­ta un reto y logra su obje­ti­vo se le está aumen­tan­do su auto­es­ti­ma, siem­pre y cuan­do se vea reco­no­ci­do tan­to en el len­gua­je ver­bal como en el más impor­tan­te “no ver­bal”.

joya artesanía

Joya arte­sa­na de Auten­ti­qum. Foto­gra­fía gen­ti­le­za de Mireia Casa­ma­da

Cono­cer Auten­ti­qum y a Mireia Casa­ma­da, como su alma mater, me ha abier­to un mun­do nue­vo. Com­pren­der el leit­mo­tiv que los unes y los apa­sio­nas ha sido entrar en una nue­va dimen­sión de pro­fe­sio­na­les que bus­cam la belle­za, la esté­ti­ca, la per­fec­ción en defi­ni­ti­va, sobre la cual, filó­so­fos y huma­nis­tas han ver­ti­do ríos de tin­ta en sus eru­di­tos libros duran­te siglos. Ellos son más prác­ti­cos y terre­na­les, bus­can esa mis­ma her­mo­su­ra pero plas­ma­da en sus tra­ba­jos. Este gru­po está for­ma­do por Marian Reyes, Anna Albert, Car­les Mar­tí y Dolors Just en el ámbi­to tex­til de som­bre­ros, bol­sos y estam­pa­dos. Por otro lado, y como alqui­mis­tas del siglo XXI en bus­ca de la pie­dra filo­so­fal, están los joye­ros Rodri­go Men­do­za y Núria Alva­rez de Lara.

“El arte es la fir­ma, el dise­ño es la mar­ca, la ARTESANIA es la hue­lla” Octa­vio Paz

© 2016 José María Toro. All rights reser­ved

 

 

Porque estamos vivos

Por­que esta­mos vivos. Sólo por eso des­pi­da­mos el 2016 con una son­ri­sa. Adiós ami­go. Y mira que has sido puñe­te­ro y quis­qui­llo­so. Pero esta­mos vivos. Un año más. Doce meses con sus lunas bri­llan­tes y estre­llas estre­lla­das.

Por­que esta­mos vivos. Pro­me­to que el año que lle­ga será más cari­ño­so. Como un bebé muy tierno. Y si nace vio­len­to, inven­ta­re­mos refu­gios de paz don­de escon­der­nos. Que tiren bom­bas. Que cai­gan misi­les. Que sue­nen sire­nas. Sere­mos fuer­tes, pacien­tes y opti­mis­tas. Por­que res­pi­ra­mos y eso es ya una vic­to­ria y un pun­to de par­ti­da.

Por­que esta­mos vivos. Y el sol nos lo recuer­da. Y pode­mos bai­lar con dolor de rodi­llas. Mer­cro­mi­na en el alma. Luz para nues­tros sue­ños. Cho­co­la­te que cura las heri­das abier­tas.

Por­que esta­mos vivos. Coge una copa y brin­da. Con amor y cere­zas. Comien­za des­de cero, o des­de menos ocho. Vís­te­te de ale­gría. Este será tu año. Haga­mos un con­ju­ro: olvi­dar el pasa­do. Reír has­ta ago­tar­nos. Sol­tar. Dejar pasar. Con un “abra­ca­da­bra”, mis mejo­res deseos: Muy Feliz Año Nue­vo.

© 2016 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved

Cómete el mundo

No entien­do muy bien a la gen­te que atra­vie­sa un océano enor­me y al lle­gar a su des­tino bus­ca deses­pe­ra­da­men­te un res­tau­ran­te espa­ñol para comer­se una pae­lla o una tor­ti­lla patria. ¡Qué me lo expli­quen, por favor!. Una cosa es que lle­ves dos meses en Viet­nam sobre­vi­vien­do con arroz y ver­du­ras y de repen­te divi­ses “Casa Mano­lo” y rom­pas a llo­rar de emo­ción. Otra es que ate­rri­ces en San­tia­go de Chi­le y no des­can­ses has­ta encon­trar unas cro­que­tas ibé­ri­cas y un bar de tapas.

La gas­tro­no­mía, ami­gos, for­ma par­te del pai­sa­je, del alma de los luga­res y ten­go cla­ro que pre­fie­ro gas­tar­me los cuar­tos en un buen res­tau­ran­te de comi­da tra­di­cio­nal que tres euros en una ham­bur­gue­sa de plás­ti­co y un refres­co para irme de tien­das. Por supues­to que cada uno es libre de hacer lo que quie­ra con su pre­su­pues­to y su pala­dar pero, en mi caso, cuan­do repa­so las fotos de mis via­jes no sue­lo son­reír cuan­do me veo en la puer­ta de una igle­sia de la que no recuer­do el nom­bre dos días des­pués. Lo hago cuan­do me reco­noz­co feliz toman­do unos vinos en aquel res­tau­ran­te per­di­do de un pue­ble­ci­to del nor­te de Argen­ti­na o pro­ban­do el mejor sushi que he comi­do en mi vida en el Mer­ca­do de Pes­ca­do de Tokio.

Que que­de cla­ro que cuan­do hablo de dis­fru­tar de la gas­tro­no­mía de un país o de una zona no me refie­ro a que­mar la visa en un res­tau­ran­te con tres estre­llas Miche­lin (qué tam­po­co está mal algu­na vez en la vida si pue­des per­mi­tír­te­lo) hablo de sitios con encan­to, con olo­res y sabo­res típi­cos, con luga­re­ños ama­bles que te expli­quen sus cos­tum­bres y te ense­ñan sus coci­nas. Me refie­ro a los gui­sos de esa mara­vi­llo­sa seño­ra ves­ti­da de negro con manos de oro y mira­da ama­ble o del coci­ne­ro joven que ha res­ca­ta­do las rece­tas de sus abue­los. No te pido que cuan­do via­jes comas gui­so de perro o sesos de mono. Tam­po­co que renun­cies a tus prin­ci­pios si eres vegano o pasas del azú­car. No quie­ro que vayas a res­tau­ran­tes lujo­sos, si como yo, eres de gus­tos sen­ci­llos. Tam­po­co es pre­ci­so que cru­ces la fron­te­ra por­que en nues­tro país encon­tra­rás una coci­na increí­ble­men­te vario­pin­ta. Bas­ta con que empie­ces a ser un poqui­to curio­so y que con­si­de­res que cono­cer y dis­fru­tar de la gas­tro­no­mía de un lugar es casi tan impor­tan­te o en algu­nos casos inclu­so más, que visi­tar sus museos y pai­sa­jes. El pla­ne­ta está reple­to de sabo­res por con­quis­tar. ¡Cóme­te el mun­do!

BSO Me como el mun­do ali­ñao de Car­los Chaouen

© 2016 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved

 

 

Gloria y la felicidad

En 2017 se cum­plen cien años del naci­mien­to de la popu­lar escri­to­ra Glo­ria Fuer­tes y su ima­gen vue­la ya por el mun­do impre­sa en la cola de un  Boeing 737–800 de Nor­we­gianComo una meta­fó­ri­ca tra­ve­sía a la infan­cia guia­da por la genial coman­dan­te Glo­ria. Le hubie­ra gus­ta­do, estoy segu­ra.

Poe­ta de niños y tam­bién de adul­tos. Genio y figu­ra. Mujer de ver­so en pecho, como el títu­lo de uno de sus libros. Filó­so­fa de la vida. Paci­fis­ta, humo­ris­ta, surrea­lis­ta. Y aho­ra “pilo­ta”. O casi.

¿Y qué ten­drá qué ver Glo­ria Fuer­tes con la feli­ci­dad del títu­lo? ¿Y por qué escri­bo sobre ella en un blog dedi­ca­do a las bue­nas expe­rien­cias? Es sen­ci­llo. Por­que leer a Glo­ria es pre­ci­sa­men­te un via­je a la feli­ci­dad, a mi niñez. Qui­zá a la tuya. Por­que una tar­de con un té y sus libros es ale­gría y opti­mis­mo en cada letra. Por­que “el dra­gón tra­gón”, “el hada aca­ra­me­la­da” y “don Pato y don Pito”, están en mis recuer­dos más diver­ti­dos y alo­ca­dos. Por­que sus rimas y colo­res for­man par­te de mi vida y mi cos­ta­do inge­nuo. Por­que no me per­día “La come­ta blan­ca”. Y por­que, lo admi­to sin pudor alguno y con con­tun­den­cia: “amo a Glo­ria Fuer­tes”.

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Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

En esta socie­dad de urgen­cias y dra­mas, nos haría bien des­em­pol­var su “dic­cio­na­rio estra­fa­la­rio” y empe­zar a dar­le un nue­vo sig­ni­fi­ca­do a las cosas. Recor­dar ante las des­igual­da­des y el machis­mo, que es posi­ble una navi­dad con “las tres rei­nas magas”. Y tam­bién supe­rar nues­tras difi­cul­ta­des como “el came­llo coji­to” y saber que pode­mos lle­gar a nues­tro des­tino des­pués de caí­das y pin­cha­zos.

Glo­ria no es una escri­to­ra úni­ca­men­te para niños. No sólo por­que una par­te de su poe­sía –como “Pecá­ba­mos como ánge­les” o “Isla igno­ra­da”- ten­ga un cala­do más inten­so y con­mo­ve­dor. Lo es por­que sus his­to­rias  y su esen­cia valien­te nos ayu­dan a son­reír y a seguir fabri­can­do qui­me­ras.

Har­ta de polí­ti­cos egoís­tas con ceño frun­ci­do, algu­na vez he fan­ta­sea­do ima­gi­nan­do a Glo­ria Fuer­tes como pre­si­den­ta del gobierno, reci­tan­do poe­mas y luchan­do por la igual­dad des­de su bon­dad y sen­si­bi­li­dad social. Qui­zá con ella, éste sería un país más tran­qui­lo y feliz. Al menos más diver­ti­do.

Qué boni­to es soñar. Qué boni­to es con­tar. Gra­cias por ense­ñár­me­lo, que­ri­da Glo­ria.

BSO La come­ta blan­ca inter­pre­ta­da por Rosa León.

© 2016 Noe­mi Mar­tin. All rights reser­ved.

Noche Solidaria en el Liceu de Barcelona

Por segun­do año con­se­cu­ti­vo, en la noche del jue­ves 15 de Sep­tiem­bre, el Liceu de Bar­ce­lo­na res­pi­ró más que nun­ca bon­dad y huma­ni­dad. Al ano­che­cer se reu­nie­ron 400 anó­ni­mos altruis­tas por un fin común, por una cau­sa soli­da­ria: pagar por asis­tir a la cena bené­fi­ca en el mag­ní­fi­co esce­na­rio del Gran Tea­tre del Liceu bar­ce­lo­nés. El des­tino de los fon­dos fue ínte­gra­men­te para la ONG el Casal dels Infants.

Una cena orques­ta­da en los fogo­nes por 4 chefs con­de­co­ra­dos con estre­llas de la famo­sa guía roja fran­ce­sa: Car­les Gaig, Nan­du Jubany, Car­les Abe­llán y Albert Adrià, que gene­ro­sa­men­te coci­na­ron y crea­ron un menú para la oca­sión, de esos de recor­dar y gra­bar con tin­ta inde­le­ble en la memo­ria poé­ti­ca y más hedo­nis­ta. Todo ello mari­da­do con los vinos y cavas Gra­mo­na y musi­cal­men­te con un repor­to­rio de can­cio­nes inter­pre­ta­das por el Coro de este tem­plo ope­rís­ti­co.

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El direc­tor comer­cial de Gra­mo­na jun­to a los 4 chefs: Car­les Gaig, Nan­du Jubany, Albert Adrià y al micró­fono Car­les Abe­llán. Foto­gra­fía de José María Toro

Los 41.000 euros recau­da­dos este año, superan­do con cre­ces la recau­da­ción del ante­rior, por la ven­ta de los tic­kets a tra­vés de Lets­Bo­nus, empre­sa cola­bo­ra­do­ra en este acto y espe­cia­li­za­da en la ven­ta de pro­duc­tos de ocio, se des­ti­na­rán a labo­res edu­ca­ti­vas y de inser­ción social de niños y jóve­nes en ries­go de exclu­sión social. El Casal dels Infants pres­ta aten­ción en barrios mar­gi­na­les dón­de el día a día de estos niños está lleno de difi­cul­ta­des. Dis­tri­tos como el Raval y el Besós de Bar­ce­lo­na, La Mina de Sant Adrià del Besós, o ciu­da­des como San­ta Colo­ma de Gra­me­net, Bada­lo­na y Salt son los bene­fi­cia­rios de sus acti­vi­da­des que ape­nas son por­ta­das de los gran­des rota­ti­vos. Un tra­ba­jo silen­cio­so de más de 1000 des­co­no­ci­dos volun­ta­rios, que muchas veces pasa des­aper­ci­bi­do para una gran mayo­ría, pero muy valio­so para la socie­dad en gene­ral y para sus recep­to­res en par­ti­cu­lar. Mucha­chos y mucha­chas vapu­lea­dos por situa­cio­nes aje­nas a ellos, como el pro­ta­go­nis­ta de “Los 400 gol­pes” de Truf­faut, y que vuel­ven a creer en el futu­ro y en sí mis­mos, niños y niñas que des­cu­bren que se pue­de vol­ver a son­reír, que vuel­ven a amar ir al cole­gio por­que alguien les ayu­da con refuer­zo esco­lar al salir de cla­se y les expli­can con deta­lle y cari­ño las lec­cio­nes del día, evi­tan­do el absen­tis­mo esco­lar y el aban­dono defi­ni­ti­vo. Chi­cos y chi­cas moti­va­dos en for­mar­se y prue­ba de ello fue que trein­ta de ellos par­ti­ci­pa­ron acti­va­men­te en esta gran cena como cama­re­ros y cama­re­ras.

El Gran Tea­tre del Liceu, situa­do en un extre­mo del barrio del Raval bar­ce­lo­nés, abrió sus puer­tas y aco­gió desin­te­re­sa­da­men­te en su espa­cio prin­ci­pal para que se cele­bra­ra este mag­ní­fi­co acto tal como se mere­cía, por­que es un even­to que debe bri­llar con luz pro­pia.

© 2016 José María Toro. All rights reser­ved.

Acuérdate de vivir

Como la leyen­da que se plas­ma en los vie­jos relo­jes de sol: “memen­to vive­re”. Por­que se nos olvi­da que somos efí­me­ros y peque­ños como goti­tas de agua. Que somos un ins­tan­te sin mar­cha atrás ni freno. Que nace­mos con la fugaz tarea de ser feli­ces.

Acuér­da­te de vivir. De dar cada paso ponien­do todo el amor que te que­pa en el alma. De mos­trar la son­ri­sa y las ganas. De meter la tris­te­za en tu chis­te­ra y sacar de gol­pe una palo­ma blan­ca. La magia exis­te. Bas­ta con mirar­nos.

Acuér­da­te de vivir. Hoy es un buen día para retor­nar de tu gue­rra, para aban­do­nar trin­che­ras y correr cam­po a tra­vés. Libre de nue­vo. Entre mar­ga­ri­tas dora­das y uni­cor­nios azu­les. Bajo el sol bri­llan­te y la luna lle­na de agos­to te espe­ra una son­ri­sa de pla­ta. Ese es mi rega­lo.

Acuér­da­te de vivir. De can­tar en alto. De seguir soñan­do. De subir mon­ta­ñas y pisar estre­llas. De sal­tar las olas y besar la espu­ma fría. De rozar la are­na, de tocar las nubes. No están tan lejos: te lo pro­me­to.

Acuér­da­te de vivir. Gri­ta, bai­la, vue­la. Súbe­te a la vida con manos sere­nas. Cóme­te las flo­res. Res­pi­ra con fuer­za. Abre las pupi­las, goti­ta valien­te. Mere­ce la pena.

BSO: Rega­lo para un pri­mer cum­plea­ños Ismael Serrano.

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos.

 

Tócame

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Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Tóca­me. Con la piel, la mira­da o la son­ri­sa. Me da igual pero tóca­me.

Me gus­ta el abra­zo humano y el gatuno. El abra­zo de oso y el modes­to roce de los dedos sobre el hom­bro cuan­do me encuen­tras. Vene­ro las manos recias, las des­fa­lle­ci­das y las que aca­ban de lle­gar al Pla­ne­ta. Las del obre­ro y el vio­li­nis­ta. Las que tie­nen arru­gas y man­chas. Las ado­les­cen­tes con uñas rebel­des.

Tóca­me si eres hom­bre, mar o tie­rra. Si tu cora­zón late en for­ma ani­mal o tie­nes flo­res. Tam­bién si te lla­mas aire ama­ble. Ado­ro el con­tac­to de la are­na y el agua sala­da sobre los poros. Y el del vien­to revol­vien­do mis rizos espon­tá­neos. Sal­vo cuan­do vuel­vo de la pelu­que­ría y los lle­vo ocul­tos. Que no nos enga­ñe­mos.

Tóca­me cuan­do esté feliz o llo­re a cán­ta­ros. Cuan­do hable sin parar o esté medio dor­mi­da. Cuan­do bai­le, tóca­me una can­ción de cuna o una copa de vino. Una bala­da cel­ta o un lirio blan­co. No ten­gas mie­do. Más allá de la piel y la vida que pal­pi­ta en mi muñe­ca, espe­ro esa lla­ma­da. Tóca­me con tu voz y tu ale­gría nue­va. No te la guar­des.

Tóca­me mi tic tac con un poe­ma. El que te gus­te. Me chi­flan las sor­pre­sas. Con un cua­dro de Fri­da o tu som­bre­ro rojo. Con tus galle­tas ricas y ese amor des­tem­pla­do. Con la amis­tad olvi­da­da, con tus pes­ta­ñas lim­pias. Con esa timi­dez tan escar­pa­da.

Tóca­me por­que sé que lo nece­si­tas y por­que yo tam­bién lo espe­ro. Por­que somos fra­gi­li­dad en medio de esta nada, en medio del sen­de­ro. Tóca­me por­que eres mi ami­go, mi aman­te o tal vez  mi perro. Tóca­me por­que tú eres mi paz y yo tu pega­men­to.

BSO Te va a pasar de Andrés Suá­rez

© 2016 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reser­va­dos.