San Borondón

Tenía siete años.
Fui a San Borondón.
Primero en un barco,
luego en un avión.
 
Viajé segura,
con cinturón
color dorado, color de sol.
Y con mi gato,
¡sin él no voy!
 
No conté  nada
por si pensaban que estaba loca.
O lo inventaba.
Qué más dará…
 
Era una isla de color fuego
con mil palmeras,
cerca de El Hierro
y de La Gomera.
Quizá La Palma,
no lo recuerdo.
Aunque lo intento. 
 
Estuve días
gastando el tiempo
entre sus playas y sus volcanes.
Lo pasé bien.
Conocí a niños muy diferentes,
muy fantasiosos.
Conocí a hadas,
conocí a duendes
con pies enormes.
 
San Borondón
está presente,
volver a ella sigue en mi mente
 y en mis dos alas:
 supervivientes de la existencia.
 
Isla en mi atlas de la utopía.
Yo creo en ti
y en mis delirios de niña eterna
Siempre lo hice…
Isla fugaz, rincón esquivo.
Ballena errante, vuelve conmigo.
© 2018 Noemi Martin. All rights reserved.

La risa

.
La risa como arma arrojadiza.
Contra las injusticias
y la incerteza.
Contra el dolor de cabeza.
.
La risa como vitamina,
suplemento imbatible.
Una dosis de risa
para acabar con la prisa.
-Oído cocina.
.
La risa aderezando
el  mal tiempo.
Con vino tinto,
pasión y queso.
.
La risa de postre.
Dulce final sin calorías:
tremenda lotería.
.
La risa como timón
y parabrisas.
Como escudo,
como capa.
Como visa
que todo lo paga.
Que nunca se gasta.
.
La risa.
Póntela de camisa.
Y no te la quites nunca.
Estará limpia.
.
© 2017 Noemi Martin. All rights reserved.
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