48 horas en Carcassonne. ¿Qué ver y hacer? ¿dónde comer y dormir?

Su his­to­ria

Car­cas­son­ne en fran­cés y Car­cas­so­na en occi­tano o lengua de oc, está situa­da en el sur de Fran­cia, en la fla­man­te gran región fran­ce­sa de Occi­ta­nia, a medio camino entre Per­pig­nan y Tou­lou­se, y fácil­men­te reco­no­ci­ble des­de la auto­pis­ta que cir­cu­la entre estas dos ciu­da­des galas por su ciu­da­de­la amu­ra­lla­da, un con­jun­to medie­val res­tau­ra­do por Eugè­ne Vio­llet-le-Duc en el siglo XIX y que fue decla­ra­da en 1997 Patri­mo­nio de la Huma­ni­dad por la Unes­co.

 

Murallas de la Cité de Carcassonne

Mura­llas de la Cité de Car­cas­son­ne

 

Su loca­li­za­ción geo­grá­fi­ca la con­vir­tió en un impor­tan­te cen­tro de inter­cam­bio comer­cial des­de la épo­ca de la colo­ni­za­ción roma­na. Para pro­te­ger­se de las inva­sio­nes la ciu­dad se pro­te­gió con la cons­truc­ción de un muro en los siglos III y IV y esa par­te de mura­lla roma­na es aún visi­ble. En el siglo V los visi­go­dos ocu­pa­ron la ciu­dad y cons­tru­ye­ron más for­ti­fi­ca­cio­nes que siguen en pie. Los musul­ma­nes tam­bién la toma­ron por bre­ve tiem­po des­de el año 725 has­ta el 759 que fue­ron expul­sa­dos por el rey Pipino el Bre­ve. Lo que hace ver­da­de­ra­men­te impor­tan­te es su cons­truc­ción en sí como for­ta­le­za y los trá­gi­cos suce­sos vivi­dos entre sus mura­llas duran­te la Edad Media en la cru­za­da con­tra los albi­gen­ses cuan­do la ciu­dad era el feu­do de los cáta­ros. En agos­to de 1209 el ejér­ci­to de los cru­za­dos al man­do de Simón de Mont­fort y des­pués de sitiar la ciu­dad duran­te 15 días con­si­guió la ren­di­ción de sus habi­tan­tes.

El cata­ris­mo fue la doc­tri­na teo­ló­gi­ca de los cáta­ros, tam­bién lla­ma­dos albi­gen­ses, y que fue un movi­mien­to reli­gio­so que se exten­dió por Euro­pa Occi­den­tal en el siglo XI y logró lle­gar has­ta el siguien­te siglo entre los luga­re­ños del Midi fran­cés, espe­cial­men­te en la zona lla­ma­da Lan­gue­doc ya que con­ta­ban con la pro­tec­ción de algu­nos seño­res feu­da­les que eran vasa­llos de la Coro­na de Ara­gón. Sus pre­di­ca­dos impli­ca­ba una vida total­men­te asce­ta y renun­cia del mun­do mate­rial para con­se­guir la sal­va­ción divi­na. La Igle­sia Cató­li­ca con­si­de­ró esta doc­tri­na como ale­ja­da de la corrien­te mar­ca­da y tras un pri­mer inten­to de con­ven­cer­los por la pala­bra y la vuel­ta a la ofi­cia­li­dad, se invo­có la ayu­da de la coro­na fran­ce­sa que tam­bién vió una ame­na­za en el poder de los cáta­ros y se erra­di­ca­ron en la men­cio­na­da Cru­za­da albi­gen­se de 1209. El movi­mien­to se fue debi­li­tan­do y se extin­guió final­men­te a fina­les del siglo XIII.

Debe­mos su con­ser­va­ción y res­tau­ra­ción al movi­mien­to artís­ti­co del Roman­ti­cis­mo que puso de moda la Edad Media y más con­cre­ta­men­te a la inter­ven­ción de varias per­so­nas: Pros­per Meri­mée, ins­pec­tor gene­ral de Monu­men­tos His­tó­ri­cos de Fran­cia y el autor de la nove­la cor­ta “Car­men”, que sir­vió de ins­pi­ra­ción para el libre­to de la ópe­ra homó­ni­ma de Geor­ges Bizet, el que se intere­só por las rui­nas de esta anti­gua for­ti­fi­ca­ción defen­si­va y que estu­vie­ron a pun­to de ser demo­li­da. Tam­bién a un arqueó­lo­go local, Cros-May­re­vie­lle y que se pasó su vida supli­can­do por la res­tau­ra­ción de su villa. Y final­men­te Vio­llet-le-Duc, arqui­tec­to, arqueó­lo­go y escri­tor, que con­si­guió que la Com­mis­sion des Monu­ments his­tó­ri­cos en 1844 apro­ba­se su recons­truc­ción como la cono­ce­mos actual­men­te. Vio­llet-le-Duc fue famo­so, y muy con­tro­ver­ti­do, por sus inter­pre­ta­cio­nes en la res­tau­ra­ción de los edi­fi­cios medie­va­les, has­ta el pun­to que fue cri­ti­ca­do dura­men­te por el atre­vi­mien­to de sus solu­cio­nes y aña­di­dos no his­tó­ri­cos como las incor­po­ra­cio­nes en la par­te supe­rior de cada una de las torres de la mura­lla de techos en for­ma de cono que en reali­dad son pro­pios del nor­te de Fran­cia. 

¿Qué ver?

Dón­de antes se oían el batir de los ace­ros aho­ra se escu­cha la ale­gría de los turis­tas que la visi­tan. Dón­de antes se tenía mie­do de los cru­za­dos al man­do de Simón de Mont­fort inclu­so entre sus mura­llas inex­pug­na­bles, aho­ra su pobla­ción por un día, de habi­tual es muy peque­ña, se divier­te reco­rrien­do esta mag­ní­fi­ca obra defen­si­va que ha que­da­do para la pos­te­ri­dad.

Hay que entrar a La Cité, la más gran­de for­ta­le­za de Euro­pa, por la por­te Nar­bon­nai­se, que es la entra­da prin­ci­pal y que tras pasar la mura­lla exte­rior de 14 torres defen­si­vas y la siguien­te mura­lla inte­rior de 24 torres defen­si­vas, nos da acce­so a la Rue Cros-May­re­vie­lle lle­na de tien­das de obje­tos arte­sa­na­les y de recuer­dos de la visi­ta, has­ta lle­gar a Le Châ­teau Com­tal con visi­ta al Museo lapi­da­rio, la Cour d’hon­neur y la Cour du midi.

Salien­do des­de le Châ­teau Com­tal hay que visi­tar la mura­lla Oes­te para dar­se cuen­ta de la mag­ni­tud de la obra defen­si­va que se cons­tru­yó cen­tu­rias atrás. La Tour de la Jus­ti­ce, la Tour de l’In­qui­si­tion que con­ser­va algún ele­men­to pro­pio de sus temi­bles tor­tu­ras por here­jía y la Tour carrée de l’E­vê­que, son de paso obli­ga­do.

Para impre­sio­nar­se con el horror dan­tes­co de la fra­tri­ci­da bata­lla vivi­da en la liza, cam­po dis­pues­to entre las dos mura­llas inte­rior y exte­rior, hay que acce­der por la Tour St-Nazai­re o la Por­te d’Au­de.

La Basi­li­que St-Nazai­re es impres­cin­di­ble de ver por su vidrie­ras o vitraux y que pro­ce­den de los siglos XIII y XIV. Fue la cate­dral de Car­cas­son­ne has­ta 1801 cuan­do fue sus­ti­tui­da por la actual Cate­dral situa­da en la villa baja o bur­go de Saint-Michel. La actual igle­sia es de ori­gen romá­ni­co del siglo XI y que fue con­sa­gra­da como tal por el Papa Urbano II en 1096. Fue cons­trui­do en el mis­mo lugar que ocu­pó una cate­dral caro­lin­gia pero que por des­gra­cia no que­da nin­gu­na hue­lla en la actua­li­dad. Amplia­da al esti­lo góti­co entre 1269 y 1330

Salien­do de la Cité hay que visi­tar la Bas­ti­de Saint-Louis man­da­da cons­truir por el rey Saint Louis y que ofre­ce un plano regu­lar de los con­si­de­ra­dos de “la ville nou­ve­lle”. La cate­dral de Saint Michel, la igle­sia de Saint Vicent y el reco­no­ci­ble Canal du Midi son algu­nos de sus prin­ci­pa­les atrac­ti­vos.

Colorida calle de paraguas de la Bastide de Saint-Louis

Colo­ri­da calle de para­guas de la Bas­ti­de de Saint-Louis

 

¿Dón­de comer?

  • L’A­te­lier de la Truf­fe 51, rue Tri­vai­lle. Telé­fono 33 4 68 25 92 65 con este escla­re­ce­dor nom­bre, en este coque­to Bar à vins tan fran­cés, su patron Phi­lip­pe Barriè­re y anti­guo res­pon­sa­ble en la Cáma­ra de Comer­cio de la tru­fi­cul­tu­ra en la zona, sir­ve este apre­cia­do oro negro en sus dife­ren­tes opcio­nes mien­tras se acom­pa­ña de alguno de los vinos de la zona. Tru­fas que pro­ce­den de la cer­ca­na Mon­tag­ne Noi­re.
L'Atelier de la Truffe

L’A­te­lier de la Truf­fe

 

L'Atelier de la Truffe

L’A­te­lier de la Truf­fe

 

  • Le jar­din en ville 5, rue des fram­boi­siers. Telé­fono 33 4 68 47 80 91. Encan­ta­dor mul­ti espa­cio con terra­za para el res­tau­ran­te y en su inte­rior en for­ma­to con­cep sto­re con mobi­lia­rio y obje­tos de deco­ra­ción.
le Jardin en Ville

Le Jar­din en Ville

 

  • La Table de Franck Pute­lat 80 Che­min des Anglais. Telé­fono 33 4 68 71 80 70 Con dos estre­llas Miche­lin des­de el año 2012, ofre­ce una coci­na crea­ti­va, res­pe­tan­do los sabo­res de cada pro­duc­to pero con ese toque crea­ti­vo pro­pio de un dos estre­llas de la famo­sa guía roja gala. Una opción más eco­nó­mi­ca es su Bras­se­rie à 4 temps tam­bién del mis­mo chef Franck Pute­lat en 2, Bou­le­vard Bar­bés.
La Table de Franck Putelat

La Table de Franck Pute­lat

 

¿Dón­de dor­mir?

  • Hôtel Ara­gon 15, Mon­tée Com­be­le­ran. Telé­fono 33 4 68 47 16 31.  Hotel de tres estre­llas a 50 metros de la puer­ta prin­ci­pal a la Cité. Habi­ta­cio­nes cómo­das con aire acon­di­cio­na­do. Pis­ci­na exte­rior pri­va­da. Apar­ca­mien­to exte­rior para los clien­tes. Es el alo­ja­mien­to ideal para rea­li­zar una visi­ta tan­to a la for­ti­fi­ca­ción como a la Ciu­dad Baja por su pro­xi­mi­dad a ambas.

Direc­cio­nes gas­tro­nó­mi­cas impres­cin­di­bles:

  • La Fer­me 55, rue de Ver­dun. Es una epi­ce­rie fine espe­cia­li­dad en que­sos de Fran­cia y pro­duc­tos gas­tro­nó­mi­cos galos. Plan­ta a nivel de calle dedi­ca­da a mer­ca­de­ría gour­met y piso supe­rior con todo lo últi­mo en gad­gets para la coci­na y para la pre­sen­ta­ción en mesa.
Surtido de quesos en La Ferme

Sur­ti­do de que­sos en La Fer­me

 

  • Fro­ma­ge­rie Bous­quet  28, rue Char­trand que­sos arte­sano de leche cru­da como el brie de Meaux, St. Feli­cien, Com­té de dife­ren­tes madu­ra­cio­nes, Coeur de Neuf­châ­tel, etc.
Surtido de quesos en Fromagerie Bousquet

Sur­ti­do de que­sos en Fro­ma­ge­rie Bous­quet

 

  • Pâtis­se­rie Remi Tou­ja 10, rue de Ver­dun Para una mira­da dul­ce a sus crea­cio­nes entrar en su web de pas­te­le­ría moder­na, cho­co­la­tes, hela­dos y mer­me­la­das. Ha sido cam­peón de Fran­ce de pos­tres.
Patisserie Rémi Touja

Pâtis­se­rie Rémi Tou­ja

 

  • Cho­co­la­tier Yves Thu­riès 27–28 Pla­ce Car­not. Telé­fono 33 4 68 71 19 81.
  • Les Halles es el mer­ca­do cubier­to en la pla­za Car­not
  •  Domai­ne de Can­ta­lau­ze a las afue­ras de Car­cas­son­ne y con­cre­ta­men­te en la ville de Trè­bes, es un viñe­do don­de ade­más cul­ti­van aza­frán y ela­bo­ran acei­te de oli­va de sus pro­pios oli­vos. Tam­bién ven­den pro­duc­tos regio­na­les, rea­li­zan catas de sus vinos y alqui­lan casas para pasar estan­cias más o menos cor­tas en este mara­vi­llo­so y bucó­li­co viñe­do.
Cata de vinos en Domaine de Cantalauze

Cata de vinos en Domai­ne de Can­ta­lau­ze

 

¿Cómo ir?

  • Sin duda y de la for­ma más rápi­da y cómo­da es a tra­vés de los tre­nes direc­tos de Ren­fe SNCF en Coope­ra­ción, que une Bar­ce­lo­na, Giro­na y Figue­res con Car­cas­son­ne duran­te el perío­do de verano. Duran­te el res­to del año hay que hacer trans­bor­do.

Más infor­ma­ción

© 2019 José María Toro. All rights reser­ved

Un comentario

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