Itadakimasu

Hace poco leí que para ten­er la mente en for­ma resulta­ba fan­tás­ti­co apren­der tres pal­abras en otro idioma cada día. Como resul­ta que quiero lle­gar a viejecita y seguir dis­fru­tan­do de la vida, decidí pon­erme a ello. La primera pal­abra que resolví mem­o­rizar tiene su intrín­gulis pero me parece encan­ta­do­ra. Como casi todo lo japonés. Más que un voca­blo, itadaki­ma­su es una expre­sión que no cuen­ta con un equiv­a­lente en español pero que deberíamos adop­tar urgen­te­mente para nue­stro idioma.  Itadaki­ma­su sig­nifi­ca:  grat­i­tud por los ali­men­tos a tomar. Se pro­nun­cia, se siente y se res­pi­ra. Por un lado, supone agrade­cer a las per­sonas que han prepara­do la comi­da que recibi­mos y, por otro, es el reconocimien­to a los ali­men­tos en sí mis­mos: a las ver­duras, a los ani­males que dieron su carne, a las fru­tas que saborearemos…

En real­i­dad, Itadaki­ma­su es un ejer­ci­cio de con­cien­cia que dura ape­nas unos segun­dos pero que nos per­mite con­cen­trarnos en lo que vamos a hac­er: en este caso, com­er.  En el noven­ta y nueve por cien­to de las oca­siones, nues­tras comi­das son de todo menos con­scientes. Engul­limos delante de la tele o con­ver­san­do sin prestar aten­ción a lo que nos lle­va­mos a la boca. A veces, si lo hace­mos solos, lleg­amos a con­tes­tar corre­os o con­sul­tar el insta­gram al tiem­po que desayu­namos o cen­amos. Un dis­parate que choca de frente con un famoso prover­bio zen: “Cuan­do camines, cam­i­na. Cuan­do comas, come”. No se tra­ta de aban­donar de repente el salud­able acto social que supone com­par­tir una comi­da, sim­ple­mente de vivir con un poco de aten­ción. De dis­fru­tar pero des­de dentro.

La aten­ción ple­na o con­sciente, el mind­ful­ness del que tan­to oímos hablar últi­ma­mente, debe posarse en cada una de las ramas de nues­tra pre­cip­i­ta­da exis­ten­cia. Algo tan sen­cil­lo como recor­dar la expre­sión Itadaki­ma­su cuan­do mire­mos nue­stro pla­to, puede ser el comien­zo de una nue­va for­ma de com­er. Inclu­so de vivir.

Libro recomen­da­do: Com­er aten­tos. Jan Chozen Bays. 

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