Florecimiento de las mimosas en el jardín Mimosa del Hotel Mandarin Oriental de Barcelona

Coin­ci­dien­do con la cita anual del flo­re­ci­mien­to de las mimo­sas en el oasis urbano del cén­tri­co Hotel Man­da­rin Orien­tal de Bar­ce­lo­na y con­jun­ta­men­te con la chef Car­me Rus­ca­lle­da han pre­pa­ra­do un mari­da­je gas­tro­nó­mi­co flo­ral y cro­má­ti­co para esta oca­sión tan espe­cial.

Esta plan­ta exó­ti­ca, con nom­bre tan melin­dro­so, anun­cia su reno­va­ción cícli­ca con una explo­sión del color 14–0848, según la inter­na­cio­nal cla­si­fi­ca­ción de Pan­to­ne que le dedi­có expre­sa­men­te el año 2009, y para cele­brar­lo el Hotel Man­da­rin Orien­tal de Bar­ce­lo­na abre su jar­dín homó­ni­mo para dis­fru­te visual de sus hués­pe­des, de los loca­les y forá­neos de paso por la Ciu­dad Con­dal.

Vermut Yzaguirre

Vemut Yza­gui­rre en el Jar­din Mimo­sa del Hotel Man­da­rin Orien­tal de Bar­ce­lo­na

Has­ta el pró­xi­mo 11 de febre­ro y de 12 a 15horas, entre tan­to color, anun­cio indis­cu­ti­ble de que la pri­ma­ve­ra se acer­ca a pasos agi­gan­ta­dos, ofre­cen un ver­mut de cor­te­sía a todo aquél que quie­ra dis­fru­tar de este momen­to úni­co. Se pue­de com­ple­tar la expe­rien­cia con el píc­nic Mimo­sa (pre­cio 18 euros) que com­pren­de una sopa mimo­sa pre­pa­ra­da con cala­ba­za, un hot dog de sal­chi­cha del país, mos­ta­za japo­ne­sa y mitzu­na. Se pue­de acom­pa­ñar de un cóc­tel mimo­sa o copa de cava Aire de L’O­ri­gan by Man­da­rin.

Picnic Mimosa

Pic­nic Mimo­sa en el Jar­din Mimo­sa del Hotel Man­da­rin Orien­tal de Bar­ce­lo­na

El mes de febre­ro ha deja­do de ser un mes ano­dino y tedio­so, de tran­si­ción al fies­te­ro mar­zo, por­que el Hotel Man­da­rin Orien­tal tie­ne pre­pa­ra­das más sor­pre­sas como la cele­bra­ción del Año Nue­vo Chino con su Bai­le del Dra­gón, el menú asiá­ti­co (59 euros), y el brunch espe­cial de entra­da al año. Duran­te esa sema­na se entre­ga­rán mone­das de cho­co­la­te pre­mo­ni­to­rio de que la bue­na suer­te esta­rá de nues­tro lado, otro gui­ño home­na­je a ese gigan­te asiá­ti­co. Otras pro­pues­tas son el brunch de Car­na­val o una vela­da úni­ca en el siem­pre ele­gan­te Blanc para cele­brar San Valen­tín, por­que el amor está en el aire y Cupi­do tie­ne sus fle­chas pre­pa­ra­das para lan­zar­las y dis­pues­to para ayu­dar­nos en estos temas del múscu­lo car­día­co.

Más infor­ma­ción de hora­rios y pre­cios en Man­da­rin Orien­tal Pas­seig de Grà­cia, 38–40 08007 Bar­ce­lo­na. Telé­fono 931 518 888.

© 2018 José María Toro. All rights reser­ved. 

BSO Naked de James Arthur.

 

Tenerife, Isla hedonista

 

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Tene­ri­fe. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Sur­gió en medio del Atlán­ti­co para hacer las deli­cias de los ena­mo­ra­dos del buen vivir. Estoy segu­ra de que es su come­ti­do. Si hay una isla en el Pla­ne­ta que mere­ce el títu­lo de “Hedo­nis­ta mayor del rei­no”, sin duda, es ésta des­de don­de escri­bo.

Ser hedo­nis­ta en Tene­ri­fe es muy sen­ci­llo. No es publi­ci­dad bara­ta ni pro­se­li­tis­mo isle­ño. Lo afir­mo con obje­ti­vi­dad abso­lu­ta por­que me encan­ta ser feliz y lle­vo sién­do­lo en este lugar duran­te cua­tro déca­das. Y cada día dis­fru­to más de sus rin­co­nes sor­pren­den­tes y de su mar­co azul.

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Tene­ri­fe. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Ser hedo­nis­ta en Tene­ri­fe es faci­lí­si­mo. No hace fal­ta que te esfuer­ces: el pla­cer y la belle­za te rodean. En el mes de febre­ro aún más. Esta­mos en Car­na­val y la gen­te son­ríe entre len­te­jue­las y pelu­cas de colo­res. No impor­ta que hayas pasa­do un mal día, que tu madre esté enfer­ma o tu con­tra­to sea pre­ca­rio. Tam­po­co que te haya deja­do tu novio o ten­gas un sar­pu­lli­do en la cara por hin­char­te a cho­co­la­te. Para eso está el maqui­lla­je y las care­tas. En esta Isla la ale­gría te per­se­gui­rá has­ta encon­trar­te de fren­te. No huyas, cobar­de.

Ser hedo­nis­ta en Tene­ri­fe está chu­pa­do. Tie­nes a tu dis­po­si­ción un sol esplén­di­do duran­te casi todos los días del año. Vita­mi­na D por un tubo, aba­jo el dolor de hue­si­tos  y los cata­rros. Pue­des tum­bar­te en una pla­ya de are­na sua­ve cual lagar­to vivi­dor. O dar­te un baño los fines de sema­na. O hacer surf, buceo o vela. Tam­bién sen­tar­te en una terra­ci­ta tran­qui­la a tomar un café o una cer­ve­za mien­tras el astro rey te con­tem­pla y tú le susu­rras al oído: ¡gra­cias por calen­tar­me tan bien, que­ri­do!

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Tene­ri­fe. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Ser hedo­nis­ta en Tene­ri­fe es un jue­go de niños…o de mayo­res. ¿A quién no le gus­ta un buen vino? En esta Isla colec­cio­na­mos cal­dos sabro­sos y “gua­chin­ches” por doquier.  Somos exper­tos en sabo­rear con pla­cer una “car­ne fies­ta” con “una cuar­ta” o un pla­to de que­so de cabra acom­pa­ña­dos de una con­ver­sa­ción ami­ga­ble y una mano en el hom­bro. ¿Y qué me dicen de unas papi­tas arru­ga­das con mojo y pes­ca­do sala­do?

Ser  hedo­nis­ta en Tene­ri­fe es lo más nor­mal del mun­do. Por­que pue­des res­pi­rar y entu­sias­mar­te mien­tras reco­rres sen­de­ros que bor­dean pai­sa­jes increí­bles. Por­que el cie­lo está lim­pio y las estre­llas se dis­tin­guen en la noche. Por­que un Vol­cán gran­dio­so nos cui­da des­de lo alto, entre un mar de nubes y reta­mas.

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Tene­ri­fe. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Ser hedo­nis­ta en Tene­ri­fe es muy fac­ti­ble. Tea­tro, con­cier­tos de músi­ca clá­si­ca, jazz o rock, un Audi­to­rio bri­llan­te a la ori­lla del mar, museos,  expo­si­cio­nes de foto­gra­fía, fes­ti­va­les varios y mucha sed de cul­tu­ra.

Ser hedo­nis­ta en Tene­ri­fe está tira­do. Los cana­rios somos cari­ño­sos y cer­ca­nos. No hay mayor pla­cer sen­so­rial que recrear­se en los rin­co­nes de esta acua­re­la gigan­te,  su gas­tro­no­mía, sus vinos y su miel, reco­rrién­do­la con un isle­ño afa­ble.

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Tene­ri­fe. Foto­gra­fía de Noe­mi Mar­tin

Así que total­men­te con­ven­ci­da de que la ofer­ta,  ade­más de ten­ta­do­ra es real,  lan­zo una invi­ta­ción al aire: ami­gos hedo­nis­tas del pla­ne­ta Tie­rra (y de otros si se ter­cia), aquí les espe­ra­mos.

Sean feli­ces.

BSO de este post Hue­llas del can­tau­tor tiner­fe­ño Pedro Gue­rra

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