La crema catalana es una dulce receta muy arraigada a las tradiciones gastronómicas catalanas y que es todo un icono goloso de nuestras comidas y aún más como postre tradicional del Día de San José o Día del Padre.

Nos remontamos a la noche de los tiempos para hurgar en los recetarios medievales catalanes como el Llibre de Sent Soví de 1324 y entre sus 220 recetas se encuentra la de llet malcuita y que consiste en una mezcla de leche hervida, pan y huevos pero sin caramelo en su superficie y que aparece también en el Llibre del Coch de 1520 como una receta similar. No es hasta el siglo XVIII en el libro Calaix de Sastre (Cajón de sastre) del Barón de Maldá que aparece ya varias veces como crema de Sant Josep. Ya en tiempos más próximos al nuestro y gracias a la popularización del soplete doméstico volvió esta receta con fuerza a las cocinas familiares y por supuesto a los restaurantes catalanes.

Pero no nos olvidemos de su leyenda (ninguna receta se salva) que cuenta que una monjas (quiero entender de clausura por la gran afición a rezar y endulzarnos la vida y para dar salida a los huevos entregados por los fieles a las monjas) que quisieron preparar un flan para la visita del obispo de su diócesis, pero quedó demasiado líquido y no se les ocurrió otra cosa que poner azúcar y quemarlo. El obispo cuando fue a probarlo exclamó gritando “crema, crema” refiriéndose a la excesiva temperatura caliente. Y así se dice que nació su nombre.
Leyenda o no, aplaudimos la reciente tienda abierta del Born Sucre Cremat que pone en valor esta golosina que forma parte de la memoria gustativa colectiva catalana.

La idea de esta tienda monográfica es de Mario Quintero y Sofía Fortuna cuando se dieron cuenta que había un vacío injustificado sobre la crema catalana, y que se tenía que poner remedio inmediatamente. De la misma manera que vamos a Lisboa y venimos cargados de los pasteles de Belém, o vamos a Baleares y el avión de vuelta huele a ensaimada, de Barcelona no te puedes ir sin tu crema catalana. Mario de origen brasileño aunque con bisabuela y abuelo naturales del Born, para más inri, y Sofía nacida en Portugal pero enamorada hasta las trancas de la Ciudad Condal, se pusieron manos a la obra con este proyecto. El objetivo es rendir homenaje a las yayas reivindicando este postre tan nuestro.

La tienda es inconfundible en el Born por su olor a caramelo quemado sobre su superficie. Son 150 ml de postre (y de felicidad) a un simbólico precio de 5€. Te lo puedes llevar a casa o disfrutarlo en el propio local después de verlo preparar y salivar al mismo tiempo (como el perro de Pavlov).

Comprometidos con la economía de proximidad los complementos como los carquinyolis son del Cobo de Tarragona, La Finca les suministra el café de especialidad, las cerámicas son de Regàs de Sant Celoni, la leche y la nata procede de Llet Nostra y los huevos son de Ous l’Estany de Girona. Por último (y no menos importante) el azúcar es de Sucre Bo.
Sucre Cremat. Carrer de Canvis Vells, 2. Barcelona.