Navidad Hedonista

Ya está aquí de nue­vo, insis­tente y abru­mado­ra. Tan col­ori­da y bril­lante que a veces has­ta nos hace daño en la reti­na y seguro que en algu­na esquini­ta del alma, aque­l­la donde habi­tan los que se fueron sin mar­charse. Ya está aquí otra vez, der­rochan­do vian­das y arti­fi­cios. Es el momen­to del deleite com­par­tido, del hedo­nis­mo famil­iar, del plur­al nosotros y tam­bién de la pacien­cia, la tol­er­an­cia y el buen humor, de recono­cer­nos como seres sociales que nece­si­tan la mano de los com­pañeros de vida.

Pasamos por la Navi­dad a toda prisa, como quien pasa por un par­que de atrac­ciones, a veces algo trasnocha­do. Nos deslizamos entre brindis y cen­tros com­er­ciales bus­can­do el mejor rega­lo, que es pre­cisa­mente lo que vamos per­di­en­do en el trayec­to: el tiempo.

Des­de el Blog Hedo­nista, con una copa de vino por ban­dera como no podía ser de otra for­ma, pro­ponemos un min­u­to de silen­cio. Pero no un min­u­to triste y enlu­ta­do, no es nue­stro esti­lo. Inten­te­mos deten­er­nos para res­pi­rar con con­cien­cia y dar las gra­cias al Uni­ver­so (o a quien sea) porque aunque a trompi­cones, seguimos aquí una Navi­dad más. Somos afor­tu­na­dos. Quizá este vein­tic­u­a­tro de diciem­bre seamos algunos menos que hace unos años pero seguro que aún nos quedan son­risas en la recá­mara y unos ojos a los que mirar con car­iño. Todo un tesoro.

Des­cubramos la sen­cillez en medio de las luces y pense­mos en pequeño para poder sen­tirnos ver­dadera­mente grandes. Goce­mos del momen­to sin hac­er­le demasi­a­do caso a la mente y sus boicots. Tal vez la Navi­dad sea algo tan sim­ple como nac­er de nue­vo libres de equipa­je, como pararnos a apre­ciar por primera vez la magia de un abrazo.

Feliz Navi­dad, hedonistas.

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