La Velo de Moritz es la nueva cerveza que homenajea el 90 aniversario de El Velódromo en Barcelona

El 90 ani­ver­sa­rio de El Veló­dro­mo es todo un acon­te­ci­mien­to y La Velo de Moritz, es el tri­bu­to de esta más que cen­te­na­ria casa de cer­ve­za para su cele­bra­ción. La Velo es una cer­ve­za sin fil­trar para recor­dar los orí­ge­nes, de color ama­ri­llo dora­do, de espu­ma blan­ca y aro­mas a plá­ta­nos, pimien­ta negra y a grano. Es refres­can­te en boca que ani­ma a beber­la.

Esta cer­ve­za, La Velo de Moritz, es tipo Sai­son y está ela­bo­ra­da con agua, mal­ta de ceba­da extra­pá­li­da y Vie­na, mal­ta oscu­ra de tri­go, lúpu­los: Eure­ka, Stris­sels­pat y ama­ri­llo y leva­du­ra ale de Moritz.

Cuen­ta Lluís Per­ma­ne­cer, gran cono­ce­dor de la his­to­ria de la Ciu­dad Con­dal, en un perió­di­co crea­do al efec­to, que el El Veló­dro­mo nació en 1933 gra­cias a la fami­lia Pas­tor, en un lugar casi desér­ti­co de esa épo­ca. En fin, hoy nadie lo diría, al con­tra­rio lo defi­ni­ría­mos como un visio­na­rio de su épo­ca, por­que Manuel Pas­tor y Pilar Bona, aca­ba­ban de lle­gar de Rubie­los de Mora en Teruel y abrie­ron la casa de comi­das, en el cha­flán de Mun­ta­ner con Lon­dres, que se lla­mó Casa Mano­lo (no podía ser de otra for­ma). Aquí se comía bien y abun­dan­te, ade­más de un aten­to ser­vi­cio y calu­ro­sos reci­bi­mien­tos, cuan­to tene­mos que apren­der de esa gene­ra­ción (ya se que­jó abier­ta­men­te Maru­ja Torres en algún artícu­lo en El País sobre lo des­agra­da­ble y poco sim­pá­ti­co del ser­vi­cio de los año 90 y ya entra­do en el 2000).

La Velo de Moritz es la cerveza sin filtrar para homenajear el 90 aniversario de El Velódromo en Barcelona

Sigue con­tan­to en este perió­di­co (con­si­gue uno por­que hará his­to­ria) Per­man­yer, que la segun­da gene­ra­ción, Mano­lo hijo, era tan ser­vi­cial o más que el padre, Mano­lo, has­ta el pun­to que lle­va­ba los cara­ji­llos a los empre­sa­rios de la épo­ca, en su bici­cle­ta de carre­ras para que no per­die­ran tem­pe­ra­tu­ra. Mano izquier­da en la ban­de­ja con el café y la otra mano, sin tocar el mani­llar, en el bol­si­llo como apun­ta en este perió­di­co el Sr. Peman­yer,

Cosas de la vida que lo rela­ta muy bien Per­man­yer, y que no lo voy a trans­cri­bir aquí para no alar­gar­me más, Mano­lo hijo, man­dó cons­truir el actual edi­fi­cio de dos pisos: aba­jo el nego­cio y en el pri­me­ro para vivir. El nom­bre que le puso fue el de Bar Veló­dro­mo dejan­do atrás el de Casa Mano­lo. Su pasión por la bici­cle­ta le incli­nó por este nom­bre que hoy es reco­no­ci­ble en toda Bar­ce­lo­na.

Este edi­fi­cio fue deco­ra­do en tonos cáli­dos y mucha made­ra, entre clá­si­co y art decons­truc­ción que era evi­den­te en el rótu­lo. La impo­nen­te esca­le­ra de cao­ba para subir al pri­mer piso le daba una auto­ri­dad que per­sis­te hoy en día. Esme­ra­do ser­vi­cio a la car­ta, dos mesas de billar del maes­tro eba­nis­ta Mon­for­te, y un lugar aco­ge­dor para la dife­ren­te parro­quia que lo fre­cuen­ta­ba. Des­pués vino la inú­til gue­rra fra­tri­ci­da y que Manuel Pas­tor aguan­tó el tipo y la fal­sa denun­cia has­ta que vol­vió a abrir pero ya no como antes.

El Velódromo abrió sus puertas en 1933

Pasa­ron los años de la pos­gue­rra y se con­vir­tió en café para cele­brar ter­tu­lia, y ya con el final de la dic­ta­du­ra y el comien­zo de la demo­cra­cia se con­vir­tió en un lugar de moda entre la juven­tud. Era uno de los loca­les de reu­nión de la Gau­che Divi­ne, el movi­mien­to de jóve­nes bur­gue­ses bohe­mios y de izquier­da. Con la jubi­la­ción de la ter­ce­ra gene­ra­ción, Manuel Pas­tor Sal­vat, deci­dió cerrar defi­ni­ti­va­men­te un día de verano de 2000. Esta­ba deci­di­do a ven­der­lo y aquí entra Moritz que con su ofer­ta ten­ta­do­ra se hizo car­go y res­pe­tó este esta­ble­ci­mien­to his­tó­ri­co. Ges­to que agra­de­ce­mos enor­me­men­te por seguir con este lega­do para la ciu­dad. Gra­cias Moritz.

Aho­ra ya sola­men­te te que­da pro­bar La Velo de Moritz (más arri­ba tie­nes la nota de cata por si lees en dia­go­nal y te lo has sal­ta­do) y con­se­guir este perió­di­co (ana­ló­gi­co) de los que se tocan con la mano y toda­vía guar­da un cier­to olor a tin­ta para con­ser­var­lo para las siguien­tes gene­ra­cio­nes y recor­dar este momen­to his­tó­ri­co.

Más infor­ma­ción y para com­prar esta cer­ve­za en Moritz y recuer­da de lle­var tu bote­lla Moritz de 1 litro para relle­nar­la y ade­más te aho­rras unos euros por ser sos­te­ni­ble.

Más infor­ma­ción en la web de El Veló­dro­mo

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