“Si siembras amor y ternura, algo te será devuelto”

Tino Martín:  “Siempre estamos a tiempo de modificar nuestras creencias”

Tino Martin

Tino Martín

 

“Puedes apren­der a mirar tu vida como si se tratase de tu novia: son­ríele, háblale, escúcha­la, com­prén­dela, atién­dela, ámala…”, dice con­ven­ci­do nue­stro entre­vis­ta­do. Nun­ca es tarde. Tino Martín es mae­stro, psicól­o­go y ped­a­gogo jubi­la­do de la vida lab­o­ral pero no de la vir­tu­al. Sus más de cua­tro mil quinien­tos seguidores en Twit­ter (@tinomarting) dan fe de que su tra­ba­jo diario con­tinúa. Tino ha puesto empeño en cre­cer y rein­ven­tarse. En pon­er ale­gría al día a día con las fras­es y reflex­iones que com­parte en las redes. Y es, además de un luchador nato, un hom­bre bueno, sen­si­ble y gen­eroso. Lo digo sin temor a equiv­o­carme porque le conoz­co muy bien. Es mi padre. Sor­pren­di­do por mi interés en entre­vis­tar­le, insiste en que antes de empezar nues­tra con­ver­sación deje claro su pun­to de vista al respec­to: “acce­do a la peti­ción con una condi­ción: que mis opin­iones no mod­i­fiquen en abso­lu­to tu for­ma de enten­der y vivir la vida”.

¿Cómo estás pasan­do el con­fi­namien­to? ¿Qué es lo que más has echa­do de menos? 

Pues con pre­ocu­pación por la trage­dia san­i­taria, económi­ca y social que sufre el mun­do pero esper­an­za­do con la idea de que teng­amos la capaci­dad de repon­er­nos y volver a la sen­da de la nor­mal­i­dad en un tiem­po razon­able. Lo que más he echa­do de menos es, sin duda, la pres­en­cia de mis tres nietos.

Vivir estos momen­tos en el cam­po no tiene precio…

Afor­tu­nada­mente, el con­fi­namien­to me cogió en mi segun­da res­i­den­cia que defin­i­ti­va­mente se ha con­ver­tido en la habit­u­al. Es un priv­i­le­gio siem­pre y más en estos tiem­pos difí­ciles, ten­er la nat­u­raleza a tu disposición.

En ese refu­gio tin­er­feño en el que tran­scur­ren tus días, tienes tus huer­tas “eco”, tus gal­li­nas “felices”, tu espa­cio de tran­quil­i­dad y aire puro pero tam­bién estás conec­ta­do al mun­do a través de las redes sociales (Twit­ter)… 

Para mí es el equi­lib­rio per­fec­to. Todo esto: la nat­u­raleza y sen­tir des­de aquí la cer­canía de los demás, me apor­ta sosiego y paz inte­ri­or. ¿Qué más puedo pedir?

Creo que cuen­tas con más de cua­tro mil quinien­tos seguidores en todos los rin­cones del planeta.

Des­de luego no en todos los rin­cones pero estoy muy sat­is­fe­cho con los que ten­go porque sus aporta­ciones y su pres­en­cia ‑aunque sea en la dis­tan­cia- con­tribuyen a mi bien­es­tar. Y si alguno de mis tweets puede ayu­dar a alguien de algu­na man­era, pues doble­mente feliz.

¿ Y cómo se te ocur­rió entrar en este mun­do virtual? 

¿Has olvi­da­do que fuiste tú quien me ini­ció? Es algo que nun­ca te agrade­ceré suficientemente.

Es ver­dad… Aho­ra que lo dices, fue una gran idea porque me con­s­ta que tus fras­es de áni­mo y con­se­jos han puesto un poquito de luz a los días gris­es de muchas personas… 

No lo sé con certeza pero estoy con­ven­ci­do de algo: si siem­bras amor y ter­nu­ra, algo te será devuel­to. Esa idea me mantiene acti­vo en Twit­ter  des­de hace más de ocho años y es una inter­ac­ción enorme­mente grat­i­f­i­cante con un grupi­to de muy bue­na gente. Ejerce­mos de psicól­o­gos mutuamente.

Pues parece una opción fan­tás­ti­ca para mucha gente que se jubi­la y quiere man­ten­er la cabeza y el alma activos. 

Sí, creo que lo es. Yo tam­bién era de ese amplio grupo que pens­a­ba que las nuevas tec­nologías de la comu­ni­cación eran para nue­stros hijos y nietos. Pero, afor­tu­nada­mente, siem­pre esta­mos a tiem­po de mod­i­ficar nues­tras creen­cias. De ajus­tarnos a los tiempos.

Te ha sen­ta­do bien esa “mod­ern­ización” porque te veo en una for­ma estu­pen­da. Cada vez más…

¿Tú lo crees así? La ver­dad es que me encuen­tro bien y eso ya es mucho. Des­de hace tiem­po pien­so  que más que otra cosa, para la últi­ma eta­pa de tu vida “debes ahor­rar salud”. Y la salud es algo que te tienes que tra­ba­jar día a día, acom­paña­do o solo pero hacien­do camino siempre.

Y men­tal­mente, ¿cómo te cuidas? 

Pues mira, la salud men­tal y la físi­ca están ínti­ma­mente conec­tadas. Cuan­do te sientes físi­ca­mente bien, tam­bién estarás bien a niv­el men­tal. Y estar bien a niv­el men­tal, te empu­ja a cuidar tu salud físi­ca. Por tan­to, no hay ningún secre­to. Tan solo, ocu­parte de ambas por igual y no pen­sar que con machacarte en el gim­na­sio está todo resuel­to. Lo digo por los más jóvenes, sobre todo.

Por cier­to, ¿se puede apren­der a vivir con optimismo?

En la vida se puede casi todo. Así que tam­bién puedes apren­der a mirar tu vida como si se tratase de tu novia: son­ríele, háblale, escúcha­la, com­prén­dela, atién­dela, ámala…

Y, ¿cómo se mantiene la ale­gría en estos “días raros”? 

No es nada sen­cil­lo sobre todo para quienes han per­di­do o se encuen­tran en ries­go de perder a un ser queri­do. Tam­bién para quienes no tienen tra­ba­jo. En cualquier caso, creo que la ale­gría es con­se­cuen­cia de una labor bien hecha, sobre todo. Por tan­to, si estás sat­is­fe­cho o sat­is­fecha de como estás hacien­do las cosas, seguro que te encuen­tras muy cer­ca de la alegría.

Vayamos más atrás de estos días. ¿Qué le dirías al oído al Tino de hace cuarenta años?

Primero le daría un buen tirón de ore­jas y, luego, le repe­tiría durante un tiem­po: “la vida no se bebe en un sor­bo”; “el tra­ba­jo no puede ago­tar tu tiem­po”; “aprende a pen­sar rápi­do y a decidir despa­cio” y “aprende a decir no cuan­do esa debe ser la respues­ta”. Y, por últi­mo, tam­bién le diría: “ama y déjate amar”.

Ese Tino, como su her­mano y sus cin­co her­manas, se ded­i­ca­ba a enseñar y vivía rodea­do de niños y niñas, ¿qué aprendiste tú de los más pequeños? 

Muchísi­mas cosas pero, sobre todo, que la curiosi­dad y el interés por lo que te rodea es una gran fuente de luz y apren­diza­je para cada uno de los días de tu vida. Tam­bién, que si pierdes la capaci­dad de sor­pren­derte a ti mis­mo, empiezas a morir un poco.

Y volvien­do al pre­sente, ¿cómo crees que ser­e­mos después de este huracán demole­dor? ¿Volver­e­mos a ser los de antes o mejores per­sonas, como dicen algunos?

Pien­so que ni una cosa ni la otra. Me expli­co: van a cam­biar bas­tantes cosas en la man­era de enten­der la vida y de vivir­la des­de el pun­to de vista económi­co y social. En cuan­to a si ser­e­mos mejores, te diré que los buenos ya son mejores. Y los que no son tan buenos, no van a cam­biar de man­era sig­ni­fica­ti­va, des­gra­ci­ada­mente. Esto al menos, a cor­to y medio plazo.

Un sueño para cuan­do volva­mos a la “nor­mal­i­dad de verdad”…

Me gus­taría ver que todo este dolor ha servi­do para algo bueno, algo que me haga sen­tir que los sueños de otros muchos  no fueron fal­li­dos o estériles.

Miran­do al futuro, ¿qué cosas te quedan por vivir?

Dis­fru­tar y ver cre­cer como abue­lo lo que “por las prisas de lle­gar”, no pude ver ni dis­fru­tar a plen­i­tud como padre.  Esto sobre todo y, por lo demás, vivir agrade­ci­do y expec­tante el dis­cur­rir del tiem­po que me quede, sin­tién­dome útil y queri­do por los míos, espe­cial­mente. Como me he sen­ti­do siempre.

¿Y no has pen­sa­do en escribir un libro con tus viven­cias, pen­samien­tos y versos? 

Tal vez me coge demasi­a­do tarde. Si son cosas cor­tas me fluyen las ideas pero no sé si podré sen­tarme a reunir­las en algo más largo…Lo pensaré.

Bueno, ter­mi­namos aquí este ejer­ci­cio de reflex­ión en tiem­pos de  coro­n­avirus y pocas certezas. ¿Qué tal la experiencia? 

Pues te con­fieso que ha tenido un efec­to ter­apéu­ti­co y, además, ha sido una de mis mejores con­ver­sa­ciones con mi hija.

¡Gra­cias por TODO, con mayúsculas!

De ver­dad, ha sido un plac­er. Gra­cias a ti y bue­na suerte.

@2020 Noe­mi Martín. All right reserved

 

 

 

   

 

 

 

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