Respirando Oporto

Opor­to, entra­ma­do de calle­jue­las y pen­di­entes miran­do al Duero. Ter­razas bajo la luna. Teja­dos y azule­jos por doquier. El naran­ja. El azul.  Igle­sias y tien­das de dis­eño. Una hora menos, como en Canarias.

Oporto

Opor­to

 

Sushi y bacalao a la brasa. Latas de sar­di­nas dec­o­radas. Vino tin­to y verde. Bar­ras de gin ton­ic. Lo mod­er­no. Lo clási­co y lo deca­dente. La libr­ería Lel­lo. Har­ry Pot­ter y los ver­sos por­tugue­ses de Pessoa.

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Latas de con­ser­vas en La Casa Oriental

 

El sonido del tren en la Estación de Sao Ben­to. Un bar­co que te espera nave­gan­do el Douro. Puentes de hier­ro cruzan­do el cielo. Bode­gas son­ri­entes. Muito obri­ga­do.

Viajeros y turistas en la estación de Sao Bento

Via­jeros y tur­is­tas en la estación de Sao Bento

 

Café con paste­les de Belém. La vida des­de lo alto. La Torre de los Cléri­gos. El funic­u­lar. Un puña­do de flo­res. Cam­i­nar de la mano. Sen­sa­ciones dupli­cadas. Fados y melancolía.

La Torre de los Clérigos, uno de los símbolos de la ciudad

La Torre de los Cléri­gos, uno de los sím­bo­los de la ciudad

 

Ban­der­i­tas de col­ores. Luciér­na­gas imag­i­nar­ias en cada esquina. Bol­sos de cor­cho. Col­lares de botones. La mág­i­ca ribeira. Taber­nas en la noche. La Cat­e­dral. Mag­a­l­lanes explo­ran­do el mundo.

Escaparate de Aramarte. Artesanía con botones, en una de las calles principales

Escaparate de Ara­marte. Arte­sanía con botones, en una de las calles principales

 

Opor­to, cues­ta arri­ba con la son­risa pues­ta y una apues­ta segu­ra: volver a pasearte pron­to, a beberte, a mirarte refle­ja­da en la oril­la del río y tam­bién en mi libreta.

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