Vino para dos. Capítulo 2

Se lev­an­tó, son­rió y me dio la mano unos segundos.

-Me he toma­do la lib­er­tad de pedir la cena. Después de catorce sem­anas mirán­dote a escon­di­das mien­tras comes y sueñas, creo que sé lo que te gusta

Su castel­lano son­a­ba lejano y suave. Esta­ba claro que no era español pero me sen­tía inca­paz de iden­ti­ficar la proce­den­cia del acen­to. Su mira­da firme y esas pes­tañas inmen­sas enmar­cán­dola me impedían agudizar el oído.

-Mien­tras traen los platos, si te parece bien, te pro­pon­go un juego. Con­teste­mos estas pre­gun­tas e inter­cam­biemos los pape­les al final del encuen­tro. Los abrire­mos, por sep­a­ra­do, cada uno en su casa. Si coin­cidi­mos en al menos la mitad de las respues­tas, volver­e­mos a encon­trarnos el próx­i­mo viernes a la mis­ma hora. Si no, mejor seguir comien­do a solas. ¿Te atreves? Sólo ten­emos cin­co min­u­tos para responder.

 Aunque nun­ca he sido demasi­a­do osa­da, acep­té el reto sin opon­er resisten­cia. Reconoz­co que me molesta­ba que este tipo, que ni siquiera me había dicho su nom­bre, quisiera ten­er­lo todo tan con­tro­la­do pero tam­bién me pre­ocu­pa­ba mucho no enca­jar en su cues­tionario extravagante.

Abrí el sobre ráp­i­da­mente y con­testé a las diez pre­gun­tas en el tiem­po estip­u­la­do. Para ello acer­có a mis dedos, mien­tras los roz­a­ba con suavi­dad, una increíble pluma de esti­lo mod­ernista. Hacía muchísi­mos años que no escribía con pluma, creo que des­de las car­tas de amor de mi ado­les­cen­cia. Todo era sor­pren­dente. Me sen­tía den­tro de una pelícu­la estram­bóti­ca pero me gusta­ba cor­rer el ries­go y, sobre todo, aunque pareciera una locu­ra, era feliz.

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Fotografía de Noe­mi Martin

Los inter­ro­gantes que deter­mi­narían la posi­bil­i­dad de nues­tra sigu­iente cita esta­ban escritos a mano, con la mis­ma letra encan­ta­do­ra de la primera nota. 

¿Blan­co o tinto?

¿Roma o Paris?

¿Auster o Murakami?

¿Peter Pan o El Principito? 

¿Crois­sant o tostadas?

¿Foie o langosta?

¿Nina Simone o Ella Fitzgerald?

¿Blade Run­ner o El Padrino?

¿África o Asia?

¿Atarde­cer o amanecer?

Después de con­tes­tar a todas las cues­tiones sin pen­sar demasi­a­do, el camarero empezó a servir la cena. Acier­to pleno:  tres platos ligeros para com­par­tir y un vino canario deli­cioso del que no sobró una gota. Una hora jus­ta. En el min­u­to sesen­ta llegó la cuen­ta. En el sesen­ta y uno cogió su cartera y pagó. Me dijo que tenía irse pron­to, como siem­pre. Sin más detalles. No me pre­gun­tó mi nom­bre. Yo tam­poco el suyo.

Hablam­os del plac­er de vivir, de la músi­ca que son­a­ba, de la luna llena. Remem­o­ramos via­jes y escapadas sub­limes. Sólo una hora pero los sesen­ta min­u­tos más radi­antes de mi exis­ten­cia. Me sen­tía tan bien. Al des­pedirse puso el papel con sus respues­tas en mi mano. Cogió el mío y me miró a los ojos. Esbozó una son­risa jugue­t­ona. 

-Has­ta el viernes que viene… o no

La BSO es Feel­ing Good por Nina Simone y sue­na mien­tras ambos rel­lenan el “cues­tionario”

© 2015 Noe­mi Mar­tin. Todos los dere­chos reservados

 

    

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